Archie estaba seguro que estaba perdido.

Solo sabía que aún estaba en Chicago. La dirección de la fiesta a la que pretendía asistir estaba equivocada. Eso o el taxista lo había llevado a otro lugar, después de todo el hombre le había mencionado que era su primer día en el oficio….

Aunque tenía que admitir que era su culpa y de nadie más, es decir, ya estaba en una fiesta, algo aburrida, sí, pero debió desistir de la idea en el momento que uno de sus amigos le hablo de esta otra fiesta muy exclusiva donde no dejaban pasar a nadie que no fuera alguien.

Su amigo estaba más borracho que una cuba.

Parecía estar oscureciendo y el muchacho caminaba por las calles tratando de encontrar algún transporte, era eso o encontrar la fiesta fantasma.

Aun así Archie se puso sus gafas oscuras para no perder el porte, colgó su blazer blanco sobre su hombro y metió una mano en un bolsillo de sus pantalones caros.

Nada de esto estaría pasándole si tuviera el auto ahora, pero los viernes le tocaba a Stear, por alguna extraña razón, Stear era de lo más antisocial, no necesitaba el auto un viernes por la noche.

Casualmente su hermano había alegado que esa noche iría a jugar póker con sus amigos del club de ajedrez.

Vaya nerd.

Archie se paró a esperar en la acera, finalmente había visto un par de taxis pasar pero iban ocupados, de pronto recordó que había traído consigo el paquete de cigarrillos que le había robado a Terry esa tarde.

A comparación de su amigo, Archie no era fumador empedernido y solo lo hacía por la imagen, a lo mucho fumaba un pitillo y el resto lo olvidaba en algún saco.

A su lado una voz femenina le hablo.

— ¿Tienes más?

El muchacho voltio para saber de quien se trataba, al fin había terminado por obscurecer pero aun así pudo apreciar la silueta femenina envuelta en un abrigo de piel tan negro como la noche.

Su cabello largo y rubio caía sobre sus hombros y su sonrisa bien y podía valer un millón de dólares.

— S... Sí. — titubeo muchacho sin dejar de verle mientras con manos torpes le extendía el paquete de cigarrillos.

Ciertamente se estaba comportando como un bobo y así no era él.

Bajo las farolas pudo estudiarle por un momento, pómulos altos, grandes ojos azules y un lunar cerca de la comisura de sus labios carmesí.

— Gracias. — dijo la mujer encendiendo el cigarrillo de la manera más sensual que jamás había visto. — No tienes idea de lo mucho que lo necesitaba. — suspiro la rubia dando la primera calada.

— No hay de qué.

Sentía como si le hubiese visto alguna vez, su rostro le parecía muy conocido pero eso no podía ser así porque Archie jamás había visto una belleza como aquella.

Solo en películas.

Definitivamente no era de su edad, pero tampoco era muy mayor, era de esas personas que nunca puedes descifrar sus años porque se ven tan bien que a momentos le hacen pensar a uno en la injusticia de la genética humana.

No es que él se quejara de esa injusticia pues se sabía con suerte en ese departamento.

— Iba de camino a una fiesta en Forest Glen pero creo que me he perdido — dijo la rubia hablándole como si le conociera de toda la vida.

Y él no tenía ningún problema.

— Me ha sucedido lo mismo — confeso el muchacho sintiendo bastante simpatía por la bella rubia con abrigo de piel. — Era muy exclusiva.

La rubia le miro con curiosidad y después le sonrió con sus dientes de perla — ¿estabas invitado?

Archie se pensó un momento su respuesta, por alguna extraña razón quería impresionarla pero algo le decía que ella no era una de las chicas ingenuas del instituto.

Era una mujer.

Y que mujer.

— Me pensaba colar— contesto algo avergonzado.

La mujer aplasto la colilla de cigarro contra su zapatilla de charol. — Pues yo creo que encajarías perfecto.

Después de lo que habían parecido siglos un taxi al fin había aparcado, ambos se miraron confundidos, especialmente Archie que a pesar de su fastidio de aquel día le iba a ceder el transporte, claro ella fue la primera en hablar.

— Bueno. Creo que tú tienes más tiempo esperando que yo. — dijo la rubia sin dejar de sonreír. — ¿Porque no subes al taxi?

— No podría hacerlo, las damas son primero. — ofreció el joven Cornwall con toda la galantería que pudo. — Lo digo enserio.

Algunos minutos pasaron donde ambos trataban de cederle el taxi al otro.

El chofer les miro con exasperación desde el espejo retrovisor haciendo sonar el claxon repetidas veces, si ninguno de los dos decidía subirse se marcharía sin más.

Los labios de la mujer temblaron y sus ojos brillaron con una maravillosa idea. — ¿Por qué no compartimos?

Entonces cuando los dos subieron al auto algo cambio y si el chico aun no la había descubierto el chofer lo hizo por él con solo dos vistazos a sus pasajeros.

— ¿¡Eleanor Baker!?— chillo el hombre en un gritito no muy varonil.

La rubia soltó una risita, rodo los ojos y después admitió que en efecto era ella. — la misma.

Eleanor Baker. La actriz. La mujer más hermosa icónica para los americanos de Marilyn Monroe.

Archie se congelo.

Era un verdadero tonto por no haberle reconocido el mismo.

Había estado hablando con Eleanor Baker. El amor platónico de su infancia y el de su hermano…

Que va, su hermano vivía obsesionado con Eleanor Baker y ahora lo entendía, La señorita Baker era la mujer más hermosa que había visto en toda su vida.

¿Pero que hacia sola en un barrio rico de Chicago esperando por un taxi?

Estrellas como Eleanor Baker se bañaban con el sol de California en sus mansiones de Beverly Hills y bebían champagne Dom Perignon para el almuerzo.

— Señorita Baker, por favor perdone por haberlos importunado a usted y a su amigo — se apresuró el chofer a disculpar con humildad. — me encantan sus películas.

— No se preocupe, le entiendo perfectamente.

— ¿A dónde les llevo?

Eleanor se encogió de hombros y miro al chico curvando los labios en una sonrisa de un millón de dólares. — ¿Por qué no vamos a buscar esa fiesta?

Archie asintió enseguida, esta tenía que ser la mejor noche de su vida.