Hola! Es lunes y comienzo a escribir el capítulo :D, siento no haber escrito el fin de semana pero -como ponía en la otra nota- no estuve en casa, así que comienzo hoy.


Espero que os guste.

CAPÍTULO 12: CONFESIÓN

Jueves. Habían pasado ya tres días desde la muerte de la madre de Kagami y el pelirrojo aún seguía mal; bueno, era normal, la muerte seguía siendo reciente pero él tampoco intentaba ponerse mejor y ese era el problema, que si no lo intenta las cosas no cambiarían e irían a peor, y si van a peor ni el moreno podría llegar a ayudarle después.

El cielo estaba despejado y el sol, con sus brillantes y cálidos rayos, calentaba e iluminaba las calles de Tokyo, entrando con su luz tímidamente por las ventanas de las casas.

Aomine se despertó por culpa del despertador de su móvil que comenzó a sonar cerca de las siete y cuarto de la mañana con un tono monótono que cansaba al oído. Cogió su móvil de la mesita de noche y lo apagó, pegando un fuerte bostezo mientras estiraba sus brazos para desperezarse. Miró por la cama y frunció el ceño, ¿no faltaba alguien ahí? Se incorporó mirando por toda la habitación, ¿Kagami? ¿Dónde estaba aquel idiota? Aomine, con una mano en la frente rascándose el pelo, se levantó de la cama. ¿Cuándo se había levantado Taiga? ¿Y por qué no le despertó a él?

Con paso vago y arrastrando los pies por el suelo salió de la habitación, seguía medio dormido y con el pelo todo revuelto; recordó que anoche se duchó antes de irse a dormir.

Anoche... Anoche hizo mal en no avisar a nadie de que se quedaría jugando un rato con Kise en las canchas, se preocuparon por él e incluso fueron a buscarle; Kagami sí que tendría que haberlo pasado mal, el pobre Kagami que solo le tocaban desgracias en la vida y si llegaba a perder a Aomine... No, no deseaba pensar en lo que haría ese pelirrojo.

Escuchó voces y murmullos procedentes del salón, una voz masculina y otra femenina, las cuales pudo reconocer a la perfección: Kagami y Alex. ¿Pero qué hacían despiertos tan temprano? Al llegar vio como Alexandra le estaba ajustando la corbata del uniforme a Kagami; Taiga llevaba puesto todo su uniforme de escuela, la camisa blanca con botones que le llegaba un poco ajustada por las mangas, aquellos pantalones de tela negra que se ajustaban perfectamente a sus largas piernas y una chaqueta por encima, ¿y qué hacía con eso puesto? Vio que su labio ya no estaba tan hinchado pero seguía de un color rojo con reflejos morados.

-¿Qué hacéis? -preguntó el moreno-. ¿Dónde vas, Kagami?

-Taiga hoy irá a clase -respondió Alex peinando un poco al tigre-. No puede perder tantos días y tú tampoco, Aomine, deberías irte a casa y después al instituto.

-Pero... pero ¿acaso no viste lo qué pasó cuándo le dejamos solo en casa? Kagami, ¿estás seguro qué puedes ir? -se acercó a él, poniéndose a su lado.

-Lo intentaré, Aomine -la voz de Kagami era como un ronco susurro; clavó su mirada en Aomine quien le miró también deseando que aquel brillo de alegría volviese en los ojos de Taiga-. Tú me lo dijiste ayer, ¿no? Debo intentarlo...

A Kagami se le veía desanimado como siempre, y era verdad que había adelgazado en tan pocos días, esta vez Aomine se fijó y de veras que ya deseaba que se pusiera bien, porque si acababa por dejar de comer iría al hospital y a saber cuanto tiempo se quedaría allí dentro en rehabilitación. ¿Por qué de repente le entraron ganas de darle un abrazo? ¿De protegerlo entre sus brazos? Porque Kagami estaba cabizbajo y no le gustaba verle así, pero por mucho que desease que Taiga volviese a ser como antes no lo iba a conseguir tan fácilmente, esto requería tiempo y dedicación, como cuando haces aprender a un niño a andar, o cuando practicas algún deporte.

-¿Qué queréis desayunar, chicos? -Alex interrumpió a los dos muchachos.

-Lo que sea -dijo Aomine-. Mientras esté rico y hagas mucho como por ejemplo unas buenas hamburguesas... ¿verdad, Kagami?

-Yo no tengo hambre -Taiga se encogió de hombros mientras caminaba para sentarse en el sofá.

No quería ir a clase, y no quería quedarse sin la compañía de Aomine, tenía miedo de ir, de ver gente, de estar solo... ¿Estaría haciendo una buena decisión? Tenía que hacerlo, por Aomine, él quería verle bien y aunque costase Kagami lo conseguiría... ¿Lo haría, verdad? "Nunca lo harás, inútil, ¿estar bien, tú? No deberías sentir nunca más felicidad, no después de haberle dicho eso a tu madre, después de haberla gritado como si fuese un perro".

-Ves con él -susurró la rubia al moreno dándose cuenta de que Kagami comenzaba a deprimirse nuevamente-. Yo veré lo que preparo.

-Iba a hacerlo de todos modos... -Aomine se sentó junto a Kagami quien tenía las manos juntas viendo como comenzaban a temblar levemente; el peliazul posó su palma sobre la cabeza de Kagami, como siempre solía hacer-. Kagami, ¿qué pasa?

-Na-Nada -Taiga giró su vista hacia Daiki; tenía los ojos húmedos a punto de que las lágrimas comenzasen a desbordarse de nuevo por las mejillas pero las intentó retener, quería ser fuerte, quería enseñarle a Aomine que podía lograrlo-. Estoy... bien -tragó saliva haciéndose daño con el nudo en la garganta que tenía, no sabía cuanto tiempo más aguantaría así.

-¿De veras? -Kagami asintió mientras Aomine acariciaba suavemente su mejilla-. ¿Por qué me mientes?

Con la boca entreabierta Kagami observaba a Aomine con ojos tristes, apagados y llenos de miedo y cobardía; es verdad, ¿por qué le mentía? Él ya sabía que estaba mal, tal vez otras personas se lo creerían cuando dices que estás bien pero Aomine no, a él no le podría mentir. Titubeó un poco antes de acercarse lentamente a él y recostarse en su hombro, eso era lo que le llenaba un poco, sentir el calor que emanaba el cuerpo de Daiki, sentir sus suaves caricias con esos dedos largos, sin imperfecciones y escuchar su reconfortante voz consolándolo.

Comenzó a llorar en silencio, el único indicio que hizo saber a Aomine que Kagami estaba llorando fue su sacudida de hombros.

-Lo estás haciendo bien, Kagami -le cogió de la cara con las dos manos, apartándolo de su hombro y mirándole. Y Aomine, cada vez que miraba el rostro de Kagami tan cerca, con esa expresión tan sumamente adorable que Taiga tenía, se preguntaba como había tenido tanta suerte de haber conseguido que alguien así confiase en él y dependiera de él, porque es que, cada vez que le miraba, le entraban unas cosquillas en el estómago incapaces de controlar, no podía evitar observar sus labios, no podía evitar mirar cada detalle de su cara-. Me siento muy orgulloso de ti.

-Aomine... -murmuró mientras cerraba los ojos haciendo que las lágrimas cayesen más abundantes, apoyó sus manos con las de Aomine que yacían en su cara mojada y apretó los dientes queriendo contener las lágrimas-. Gracias... Gracias... -balbuceó.

Aomine se sonrojó mientras levemente se mordía el labio inferior; joder, no podía con aquella escena tan mona, con aquel Kagami tan indefenso, era demasiado para él.

-Tsk, idiota -le secó las lágrimas de los ojos mientras Alex aparecía con dos platos a rebosar de comida.

-Aquí tenéis, yo desayunaré luego -dijo Alex con una sonrisa mientras despeinaba a Kagami con una mano-. Te acompañaré al instituto, ¿vale, Kagami? Aomine no podrá porque él también debe irse.

Taiga asintió levemente mirando a Aomine, éste cogió el plato y comenzó a comer como si no hubiera un mañana, y pensar que Kagami hacía lo mismo hace menos de una semana... Ahora el apetito era escaso, no sentía mucha hambre ni mucha sed y comía porque le obligaban, pero debía hacer un esfuerzo, por Alex y por Aomine, ellos dos estaban cuidando de él todo este tiempo y Kagami lo único que supo hacer era llorar y estar tumbado, así que cogió su plato y pinchó un trozo de comida con el tenedor, Alex sonrió mirándole, "Kagami quiere recuperarse, lo hará, estoy segura", pensó ella ajustándose las gafas.

Se llevó lentamente el tenedor a la boca, mascando aquel cacho de salchicha con los dientes, se estaba forzando y sabía que ocurriría si se forzaba a comer más de la cuenta.

-Oi, Kagami, ¿ya empiezas a comer por tu cuenta de nuevo? -Aomine había acabado con su plato-. ¿Ves? Dije que al final conseguirías recuperarte poco a poco.

Pero a Kagami, recibir los halagos de Aomine, le hacía más feliz aún, así que con hambre o no comenzó a comer acabándose más de medio plato que al final no le sentó nada bien porque le empezaron a entrar arcadas y no tuvo otro remedio que ir al baño a vomitar.

Con una mano en el estómago y sentado de rodillas frente al váter, comenzó a echar toda la comida por su boca, jadeante cerró los ojos y se quedó ahí un rato más por si le entraban más ganas de vomitar. Después de cinco minutos se levantó lavándose la cara y las manos, le quemaba un poco la garganta. Salió del baño y ahí le esperaban Aomine y Alex, preocupados.

-¿Estás bien, Taiga? -Alex fue la primera en preguntar, acariciando el hombro del tigre.

-Sí... estoy bien -respondió Kagami con un tono de voz bajo-. Lo siento.

-Tsk, tampoco debiste haber comido tanto, idiota -gruñó Aomine.

-Yo quería enseñarte que podía recuperarme... -Kagami se encogió de hombros-. Lo siento... No sirvo ni para eso...

-Taiga, no digas eso nunca más -Alex le pegó una colleja en la cabeza-. Tú eres capaz de todo, ¿vale?

-La próxima vez no te fuerces tanto, Kagami -Aomine le acarició la cara y acercó sus labios besando la frente del tigre, este le miró a los ojos acordándose de cada detalle que había en ellos, esos preciosos ojos azules tan oscuros como el fondo del mar, electrizantes e hipnóticos, ¿qué había en la mirada de Aomine que hacía que le gustase tanto? Se dio cuenta de que se había quedado embobado y apartó la vista, sonrojándose.

-Será mejor que nos vayamos, Taiga -habló Alex-. Se nos va a hacer tarde.

Kagami asintió y se apartó de Aomine cogiendo la mochila con los libros del salón, Alexandra cogió su otra bolsa con el uniforme del Seirin, toallas y una botella de agua y se dispusieron a marchar hacia el instituto. Aomine se vestiría y también iría a su casa para cambiarse y asistir a clases, debía hacer el examen que no hizo el otro día con un justificante firmado por su madre. A Kagami no le gustaba nada aquella idea de ir a clase, se estaba sintiendo nervioso y angustiado solo de pensar que estaría solo la mitad del día, ¿y si le entraba algo en mitad de clase? ¿Y si sus pensamientos llegaban a ser tan fuertes y deprimentes que no podía lograr controlarlos? No dijo ni una palabra porque quería hacer ver a todos, quería demostrarles que podía. "Se acabó" se dijo a sí mismo, cambiaría, y aunque la muerte de su madre había sido reciente y no pudo haberse despedido de ella tenía que recordar las palabras de Alex, las que decían que su madre no estaba enfadada ni le guardaba ningún rencor, pero...

"¿Cómo puedes sentirte bien después de haber hecho tal barbaridad? ¿Es qué no tienes sentimientos? Monstruo, deberías morirte por querer llegar a a estar bien, tú, basura, ¿acaso no ves que tú madre no está viva? ¿Qué por tu culpa no ha podido morir en paz? Ni siquiera le has dado el placer de despedirse de ti como es correcto; tú, que solo has sabido insultarla, gritarla, ¿y por qué? Por un simple deporte, por el básquet; pues vete con el básquet, él no te va a devolver a tu madre, ni siquiera merecías tener una madre como la que tuviste, no mereces ni vivir en este mundo...". Sus pensamientos eran los que decidían por él, haciéndole sentir cada vez peor; sí, la cabeza de Kagami era algo parecido a un infierno, hundiéndole día a día, y cada vez que intentaba avanzar su mente proyectaba otro pensamiento haciendo que se debilitara y tropezase, cayendo y rompiéndose como si de un jarrón se tratara.

Andaban hacia el instituto Seirin, Kagami en silencio mirando al suelo con los hombros encogidos; cada paso, un pensamiento malo, tenía miedo de quedarse solo ahí, no quería, no quería ir, quería quedarse en casa junto Alex y Aomine, pero no debía decir nada porque así... Así no se decepcionarían con él.

-Hemos llegado, Taiga -la voz de Alex fue como agujas clavándose en el corazón de Kagami, la gente entraba, niños y mayores, algunos hablaban y reían en la puerta, otros corrían porque llegaban tarde a su clase-. ¿Hoy Touou y Seirin entrenan juntos, no?

-S... Sí -murmuró Kagami cogiendo las asas de su mochila con fuerza.

-Pues nos vemos cuando acabes, hasta después.

-Adiós... -Taiga lleno sus pulmones de aire preparándose para el gran día que le esperaba hoy, comenzó a caminar a paso lento sin echar la vista atrás.

Ya dentro de la estancia se sintió muy perdido, había mucha gente por los pasillos yendo a sus respectivas clases, gritando, empujando, riendo... Kagami no sabía que hacer allí, ¿qué asignatura le tocaba? ¿Por dónde debía avanzar? Se quedó parado en medio del pasillo, tantas voces a la vez no le gustaban nada, le hacían sentir débil y pequeño -y esto hace unos días le daba igual.

-Kagami Taiga -escuchó de repente una voz masculina, muy grave, haciendo que se sobresaltara-. ¿No vas a clase?

-Ah... Maestro, sí, yo... Iba a ir ahora -respondió Kagami intentado sonar lo más normal que podía. Aquel hombre era su profesor de matemáticas -clase que le tocaba ahora-, le siguió entonces, mirando a todos los lados con el corazón a cien, notaba que se agobiaba allí.

Al llegar vio que los demás alumnos esperaban en la puerta y uno de ellos era Kuroko, el joven peliceleste estaba leyendo un libro con su expresión neutra de siempre hasta que se dio cuenta de que Kagami había llegado, mantuvieron la mirada unos cuantos segundos, y Kuroko pudo ver a través de los ojos de Kagami que él no estaba bien.

-Kagami-kun, buenos días -saludó el más pequeño-. ¿Dónde has estado estos días? La entrenadora estaba preocupada por ti, te ha llamado muchas veces.

-Ah... Kuroko... -intentó no mirarle directamente, se le hacía incómodo-. Bueno, no me encontraba muy bien y tenía el móvil apagado.

-Hoy entrenamos de nuevo con Touou, esta vez debemos ganar el partido, Kagami-kun, ¿estás listo? -comenzaron a entrar en clase.

-Claro, siempre estoy listo... -Kagami, con mirada perdida, adelantó a Kuroko, definitivamente el chico peliceleste sabía que algo malo ocurría con Kagami porque él nunca había estado tan desanimado, ni siquiera después de perder un partido, siempre quería dar lo mejor de sí, siempre decía y gritaba que no perdería con aquel entusiasmo que tenía, pero ahora era diferente, su voz era apagada, sin ganas, deprimente se podía decir.

Después no hablaron más, la clase empezó y el profesor explicaba algo sobre ecuaciones a lo que Kagami no prestó mucha atención; el pelirrojo miraba por la ventana a algún punto perdido de allá fuera, su mente no estaba donde debía estar, su mente le comía por dentro metiendo presión, se sentía muy angustiado en aquella clase.

"No tengo ganas de nada. Me aburre todo. No puedo concentrarme, ni en atender en clase y mucho menos en leer un libro. No siento aquel placer que sentía cuando pensaba que iba a jugar a baloncesto, ahora simplemente me da igual, mejor dicho, prefiero estar tumbado durmiendo; y una cosa, por muy pequeña que sea, me cuesta hacerla, como esta mañana; me fue muy difícil levantarme para asistir a clase, tuve que hacer un esfuerzo casi sobrehumano. Aomine, dices que lo intente, pero no puedo, de verdad que no puedo, es muy difícil, es difícil dejar de culparse... Es difícil olvidar".

Aquellos fueron sus pensamientos durante la primera hora; al acabar, les tocaba literatura japonesa, debían ponerse por grupos de tres personas para buscar información sobre autores japoneses importantes y entregarlo el día siguiente; como los grupos eran al azar a Kagami le tocó con dos alumnos con los que no solía tener contacto y bueno, se sentía un poco raro ahí.

-¿Esta tarde podríais quedar para hacerlo? -preguntó un chico de cabellos marrones y ojos verdes.

-Tú sabes que yo sí -respondió su compañero-. ¿Y tú... em, Kagami-san?

-¿Eh? -fue interrumpido de sus pensamientos, se dijo entonces que debía comportarse normal con ellos para que no comentasen nada ni criticasen nada-. Pues... -con mucho esfuerzo volvió a comportarse igual que el Kagami que siempre era, pero claro, todo fingido-. No lo creo, tengo que entrenar y luego tengo que ir a trabajar, pero si queréis hago mi parte en casa, cuando vuelva.

-Oh, claro, ¿me das tú número y te digo lo qué tienes qué hacer cuándo llegue a casa?

-Claro, apunta -Kagami intentó sonreír mientras le decía su número al chico de pelo marrón. Kuroko observaba desde otro grupo viendo como el carácter de Kagami había cambiado relativamente pero él no se lo creyó, sabía que Taiga estaba fingiendo, se podía ver claramente en su mirada, perdida, destrozada y rota.

Las tres primeras horas fueron mejores de lo que Kagami había esperado, no le dio ningún ataque de ansiedad pero sí ganas de llorar, que esta vez pudo retener ya que otras veces no lo habría hecho; y aunque los pensamientos fueran atroces pudo combatirlos, pudo fingir estar bien delante de su clase. Llegó el patio y Kuroko, junto a Taiga, caminaron por el pasillo sin decirse ni una palabra, Tetsuya estuvo a punto de decir algo varias veces pero prefirió callárselo, por inseguridad.

Vieron a Riko y a los demás compañeros sentados en un banco bajo un árbol con hojas amarillentas a punto de caerse; se acercaron y Riko abrió los ojos algo sorprendida al ver a Kagami.

-¡Kagami! -se levantó enseguida del banco-. ¿Qué demonios te pasaba? ¡He estado preocupada por ti! Creíamos que te había pasado algo.

-Estoy bien -Kagami se encogió de hombros-. Lo siento, pero tenía el móvil apagado.

-¿Estás preparado para el partido de esta tarde? -Kiyoshi le pegó una buena palmada en la espalda a la que Kagami no reaccionó de ninguna forma-. Espero que hayas llegado bien en forma, porque estos dos días han sido bastante...

-¿Bastante qué? -Riko entornó los ojos y a Kiyoshi se le cayó una gota de sudor por la frente-. Lo que pasa es que les he hecho hacer triple entrenamiento -dijo inocente-. Pero contigo, Kagami, estoy enfadada.

-¿Por qué? -su voz sonó algo distante, pero Riko no le dio mucha importancia.

-¿Por qué, preguntas? ¡Has faltado un montón de días a la práctica! Ésta semana solo has ido un día y tampoco es que hayas hecho gran cosa y a ver si hoy me voy a llevar la sorpresa de que tampoco te apetece, ni mañana, ni el siguiente día... ¿Sabes qué tenemos un partido la semana que viene contra Kaijo, no? ¿Y sabes lo qué pasará si perdemos?

-No es mi culpa -nadie se fijó en el labio de Kagami, el cual seguía algo rojo e hinchado-. Yo no podía...

-¿No podías? ¿Por qué? -Riko frunció el ceño-. Y no me vengas con excusas baratas.

-Ha pasado una cosa -Kagami se estaba sintiendo bajo presión allí, con todos sus compañeros mirándole.

-¿Qué cosa? -levantó una ceja-. Y ahora me dirás una tontería como que tu padre o tu madre han muerto.

Kagami se quedó de piedra, ¿cómo narices podía haber dado en el clavo? La suerte no acompañaba para nada a Kagami porque su corazón comenzó a acelerarse, comenzó a pensar en el día que le dieron la noticia de su muerte, como un vacío comenzó a formarse en el pecho, y un dolor tan agudo que no podía dejarle respirar. Aún no se creía del todo lo que había ocurrido, aún seguía en estado de shock; comenzó a temblar levemente llevándose la mano al pecho, sintiendo una opresión y el mismo vacío que tenía se iba haciendo más grande. Aomine... Aomine... Necesitaba a Aomine en aquel momento, sentía que le iba a dar algo ahí en medio de todos sus compañeros.

"Está muerta... Está muerta... Por mi culpa, por mi obsesión con el básquet no he podido decirle adiós, no he sabido cuidar de ella... Solo soy un inútil que no sabe hacer otra cosa que jugar a eso, a ese maldito deporte por el cual he discutido con mi madre. Muerta... Le dije que se muriera... ¡Mierda! ¡MIERDA! Mi vida es una mierda, ¿quién demonios me va a querer? No merezco ni a Aomine, ni a Alex, solo merezco insultos, solo merezco estar solo, no podré recuperarme... No podré, nunca, tal vez nunca debí haber nacido... No quiero más esto, me duele mucho, no puedo más...". Débil e indefenso se sentía ahora y un tremendo nudo en la garganta se formó de nuevo, deseaba gritar, deseaba liberar todo aquel sufrimiento que guardaba, y deseaba hacerlo en los brazos de una sola persona: de Aomine.

-No es una tontería... -la respiración de Kagami se hizo entrecortada y decidió dar media vuelta para irse, las lágrimas se desbordaron mojando sus blancas mejillas, más pálidas que otros días por la falta de alimento.

Llegó al baño y se encerró en uno de los cubículos apoyándose contra la pared y cayendo al suelo; se abrazó a sus rodillas y sus temblores se hicieron mucho más intensos, de vez en cuando soltaba algún gemido pero eso no bastó para que se calmara. Las tres siguientes horas no fue a clase, sino que se quedó allí, llorando, ¿por qué Riko debió haberle mencionado aquello? Sabía que fue pura casualidad pero aún así...

¿De qué servía vivir estando así? ¿De estar culpándose cada día, cada minuto, y cada segundo? ¿De no poder mejorar? Kagami tenía una respuesta, una única respuesta que le daba una tenue luz entre tanta oscuridad, Aomine, él era la razón por la que intentaba mejorar aunque le costase.

Las clases acabaron y con ello empezó el entrenamiento, los chicos entraron en el gimnasio con bocadillos y agua en sus manos, debían comer rápido antes de comenzar a entrenar. Riko estaba un poco confusa por lo que había pasado antes, ¿de verdad alguien de su familia había muerto? Si era así ahora se sentía muy mal por haberle dicho aquellas cosas a Kagami y esperaba que viniera para poder disculparse con él. Kuroko se acercó a Riko, haciendo que la chica se sobresaltase.

-Kagami-kun no ha venido a clase estas tres últimas horas -dijo bebiendo de la botella de agua.

-¿Ah no...? -la mirada de Riko era una mezcla de preocupación y tristeza; por la puerta del gimnasio apareció Alexandra, andando hacia los banquillos, todos se quedaron sorprendidos al verla.

-Hola -saludó ella con una sonrisa-. Tiempo sin vernos.

-¡A-Alexandra! ¿Qué haces aquí? -Riko, como siempre, fue la primera en hablar.

-Vine hace unos días -miró por todos lados-. ¿No está Taiga?

-No... Bueno, verás... -se mordió el labio inferior-. ¿Ha pasado algo con algún familiar suyo?

-¿Eh? ¿Por qué lo dices? -la rubia se sentó en el banquillo junto a Riko.

Ésta le empezó a contar todo lo que había pasado en el patio, Kuroko, Kiyoshi, Hyuuga y los demás también estaban ahí para decirle detalles, y, cuando acabaron de decirle todo, Alexandra suspiró, frunciendo el ceño; no debió haber dejado que Kagami fuera a clase, aún no, no estaba listo para estar solo tanto tiempo. Alex pidió que no divulgasen la noticia, después de prometerlo, comenzó a explicarles todo lo que había pasado con la madre de Kagami, y de lo que le pasó al pelirrojo mismo, de la compañía de Aomine y el por qué vino ella. Nadie parecía creérselo, era extraño y difícil, sí, pero era la verdad, una verdad en la que Kagami estaba en estado de depresión. El tiempo pasó, y así, media hora después la puerta del gimnasio chirrió dando paso a un grupo de personas con uniforme negro, ya estaban ahí los miembros del Touou listos para cualquier desafío.

-Y Kagami aún no ha vuelto... -Alexandra se levantó-. Iré a buscarlo.

Los de Touou se pusieron al lado de los de Seirin, con expresión despreocupada se encontraba Aomine con una mano puesta en su cintura. Momoi estaba a su lado, ese día él y ella no hablaron de nada en particular.

-¿No os falta alguien? -preguntó Wakamatsu-. ¿Acaso vuestro jugador estrella se ha asustado de perder otra vez y se ha ido? -rió este, Aomine le lanzó una mirada fulminante pero Wakamatsu no se quedó callado-. ¿Qué? Son nuestros rivales.

Entonces, antes de que Alex comenzara a caminar, Kagami apareció corriendo por la puerta con su uniforme puesto con una sonrisa fingida en sus labios. Sus ojos, muestra de que había estado llorando por lo hinchados que estaban, se mostraban tan apagados como siempre. Había estado pensando y decidió que debía mostrarse "bien" frente a sus compañeros porque sus pensamientos se lo dijeron, "sonríe, Kagami, nadie necesita saber que no estás bien, nadie necesita saber de tu dolor, ¿a quién le importa eso?".

-Hola, siento haber llegado tarde -saludó el pelirrojo.

-Kagami... -Riko puso cara triste-. ¿Estás bien?

-Claro -por un momento la expresión del tigre era de total depresión, pero acabó sonriendo nuevamente-. ¿Por qué no iba a estarlo?

Alex se le quedó mirando sintiendo pena por él; ella misma sabía lo mal que lo estaba pasando Kagami y no se explicó porque intentaba ocultar sus verdaderos sentimientos, Aomine también le miraba con el ceño fruncido, ¿cómo le habrá ido el día? ¿Lo habría pasado muy mal? Pudo ver su sonrisa, pero no la que él quería, detrás de aquella falsa sonrisa escondía su verdadero dolor, su verdadero vacío y eso hacía sentir mal a Aomine, ver que lo fingía todo...

Al igual que Riko, Alex y Aomine, los compañeros de Kagami ya sabían lo que le pasaba, no dijeron nada porque Alex pidió que no lo hicieran, pero harían todo lo que estuviera en sus manos para ayudarle.

A Kagami le costaba mantenerse así, y no sabía cuanto tiempo más aguantaría "bien", no sabía cuanto tiempo le quedaba para querer llorar de nuevo. Ahí estaba Aomine, deseaba abrazarle, deseaba contarle todo lo que se le pasaba por la cabeza, sentir sus manos acariciando su pelo... Deseaba volver ya a casa pero aún quedaban horas que a Kagami se le hacían más que eternas.

-Bueno... -Riko comenzó a hablar de nuevo-. Como habíamos decidido la semana pasada vuestro entrenador, Harasawa, y yo, vamos a hacer que hagáis un trabajo por parejas.

-¿Y-y en qué consiste? -preguntó Sakurai con timidez.

-Tranquilo, Sakurai, ahora os lo explicaremos todo -habló el entrenador de Touou.

-Lo siento...

-Oh venga, no empieces -gruñó Wakamatsu.

-Los del equipo Touou tienen que escoger una persona del Seirin, y como los de mi equipo son más, los que no tengan pareja del otro equipo harán el trabajo entre ellos, ¿me habéis entendido? -todos respondieron un "sí" al unísono ante la pregunta de Riko-. Bien, elegid pareja y luego os digo lo que tenéis que hacer.

Al principio les costó de decidir, pues a ninguno de los dos equipos les hacía ilusión trabajar juntos, pero tras varios minutos de decisión, tras discusiones, y también porque Momoi había ido para ayudarles llegaron a un acuerdo.

-A ver, a ver, calmaos -la chica pelirrosa comenzó a hablar-. Como no os decidís os tendré que poner yo como quiera -se mordió el labio, pensativa-. Dai-chan irás con Tetsu-kun...

-No -interrumpió el moreno, Momoi alzó una ceja-. Yo voy con Kagami, te dije que ya lo tenía decidido.

Kagami estaba atrás de sus compañeros sin decir palabra, concentrándose en no caer de nuevo, pero al escuchar su nombre proviniendo de la boca de Aomine no pudo evitar alzar la vista.

Satsuki mantuvo una mirada seria unos cuantos segundos con Aomine, Daiki ni pareció inmutarse.

-Está bien... -suspiró apretando el puño-. Imayoshi-kun, tú irás con Hyuuga-kun, Wakamatsu-kun con Izuki-kun, Susa-kun con Kiyoshi-kun y Sakurai-kun con Tetsu-kun, ¿os parece?

-A mí me parece bien -habló Teppei.

-¿Ya lo tenéis? -Riko vino con Harasawa y unos papeles en sus manos. Los chicos se pusieron con sus respectivas parejas-. Bien, la actividad consiste en hacer una cartulina, incluyendo imágenes, textos, de cualquier tema relacionado con el baloncesto.

-¿Hah? Esto parece un trabajo que nos ponían en primero de la ESO -se quejó Aomine.

-Este trabajo os ayudará a hacer mejores relaciones con la otra persona -Riko se cruzó de brazos-. Lo quiero para la semana que viene, y quien no lo haga se llevará su castigo -sonrió-. Ahora, media hora de calentamiento y luego partido.

Los del Touou se fueron a una canasta y los del Seirin a la de la otra punta, tanto un equipo como el otro comenzó a tirar balones a canasta. Kagami solo cogió el balón y se quedó mirándolo entre sus manos. El básquet... Su madre... "He sustituido a mi madre por el baloncesto... ¿Y es por eso que el destino me lo ha pagado así? ¿Arrebatándomela? Tsk... Maldición, todo por culpa de mi maldita ambición, joder... Estoy destrozado, no puedo más... Cada vez va a peor, cada vez me siento más mal, más débil, con menos ganas de hacer cosas... Solo me gustaría estar tumbado llorando...".

-¿Taiga? -la voz de Alex le sobresaltó-. ¿Qué ha pasado? ¿Dónde estabas?

-Lo siento... Es difícil fingir estar bien... -Kagami apretó el balón, Alex, en cambio, le acarició la cara.

-No tienes por qué fingir, Taiga.

-¿Y si se ríen de mí? ¿Y si me critican? No quiero que me vean como realmente estoy, tengo miedo... -tragó saliva con dificultad.

-Nadie se va a reír de ti, ¿Aomine lo ha hecho? ¿Yo lo he hecho? No, ¿entonces por qué deberían hacerlo los otros? -Alex realmente parecía una madre.

-Alex... -murmuró el pelirrojo-. No quiero volver al instituto hasta que no esté bien... Por la cabeza se me han pasado ideas horribles que espero no hacer, no puedo evitar pensar en eso... Tengo miedo de que algún día ocurra, no quiero ser un estorbo para vosotros...

-No eres ningún estorbo, Taiga, te lo he dicho muchas veces; cuando lleguemos a casa hablamos de todo ¿vale? -Taiga asintió mientras daba media vuelta y caminaba hacia sus compañeros que estaban en fila tirando pelotas.

Kagami intentó no pensar en nada pero le fue casi imposible, la media hora pasó y el partido estaba a punto de comenzar; como siempre, en medio de la cancha los dos equipos se alinearon uno en frente del otro saludándose con un inclinamiento de su cuerpo. El árbitro, que era Riko, tiró el balón a lo alto y en ese momento el partido ya estaba en marcha. El primero en coger el balón fue Kiyoshi, mirando a sus laterales para ver a quien se lo podía pasar; tiró hacia Kuroko, quien después hizo un pase hacia Hyuuga, el de gafas corrió botando el balón hacia la canasta contraria y se dispuso a hacer un triple, en cuanto lanzó el balón alguien moreno y de pelo azul le paró la jugada; Aomine era quien poseía ahora el balón y corrió, veloz como una pantera, como un rayo cayendo del cielo, hacia la otra canasta, imparable, dribleando a todos sus adversarios hasta que, a unos metros de poder marcar se encontró con Kagami Taiga, el tigre que le impedía avanzar; en otras ocasiones habría sido difícil combatir con él pero esta vez Aomine no tuvo ninguna dificultad en pasarlo y marcar de un mate.

Se dio cuenta entonces de que a Kagami le costaba concentrarse, le vio allí, parado, y pudo fijarse como apretaba sus puños. Frunció el ceño y giró para recoger el balón y entregárselo al otro equipo. Esta vez fue Seirin quien marcó gracias a Izuki, quien pudo burlar a Wakamatsu que defendía la canasta; el primer tiempo acabó y Touou iba ganando por varios puntos de ventaja.

-Está resultando bastante fácil -dijo Imayoshi mirando de reojo a Seirin-. ¿No os parece qué no están metiendo tanta presión como otras veces?

-Y Kagami no está jugando como siempre hace -habló Susa-. ¿Les habrá pasado algo?

-Mientras ganemos todo va bien -dijo Satsuki mientras tendía una toalla a Aomine-. ¿No os parece? Si llegan a estar así en el partido real es una victoria segura.

Aomine resopló pero no dijo nada, de verdad que Momoi no entendía nada, bueno, era normal, nadie le había dicho que la madre de Kagami había muerto y estaba pasando por una fase de depresión, pero igualmente ¿se veía no? Se podía ver perfectamente que Kagami no estaba bien, en sus gestos, en su voz, en su mirada. Mientras tanto el pelirrojo tenía una toalla puesta por la cabeza y miraba al suelo con los brazos apoyados en sus rodillas, por su culpa estaban perdiendo, por culpa de no poder hacer nada...

-Hmm... Tú harás esto, ¿vale, Hyuuga? -le señaló un punto en su libreta-. Y Kagami... Haz lo que puedas.

El pelirrojo no respondió, ¿es qué ya no confiaban en él para ganar el partido? Parecía que no... En todo caso, era normal, ¿cómo iban a confiar en alguien como él? ¿En alguien tan desastroso, tan inútil?

-Vale... -susurró intentando formar una sonrisa en su rostro.

El segundo tiempo comenzó, esta vez Seirin pudo marcar más puntos gracias a la estrategia que Riko había formado, pero esa suerte se terminó en cuanto Imayoshi supo que es lo que estaban haciendo. Como siempre, Aomine robó el balón y rápido como el viento se dirigió de nuevo a marcar, Kiyoshi le seguía desde atrás mientras Kagami, de nuevo, defendía la canasta, esta vez hizo un esfuerzo y paró el balón de Aomine, no supo como pero llegó a manos de Kiyoshi, quien lo lanzó con fuerza hacia Izuki y este lo pasó a Kuroko que lo lanzó a canasta, marcando.

En el primer tiempo de la segunda mitad las cosas se hicieron mucho más complicadas para el pelirrojo, quiso creer que había logrado olvidarse por un momento de aquellos pensamientos pero no fue así.

Él, en la canasta de Touou, esperaba a que alguien de su equipo le lanzase el balón, entonces, antes de que pudiera cogerlo llegó Aomine poniéndose delate suya y cogiéndolo a dos manos, comenzó a botarlo y a correr para marcar de nuevo; Kagami también comenzó a correr detrás de él, quería enseñarle que podía hacerlo, que volvería a ser el mismo de antes... "No lo lograrás, nunca has logrado nada, ¿a quién le importa lo qué pienses? Siempre serás el estorbo de todos, existen personas mucho mejores que tú, no vale la pena correr, inútil, las basuras como tú deberían quedarse en una esquina, callados, sin amigos, ¿aún después de morir tu madre prefieres seguir jugando a baloncesto? ¿No prefieres recordarla un poco más? Se ve que no... Das asco". Y con esto Kagami desaceleró su ritmo, quedándose parado en medio de la cancha con la cabeza gacha; mierda... Otra vez no... "Deberías odiarte más, ¿no sientes ese vacío? ¿No sientes ese dolor? A tu equipo no le importas, ellos pueden sin ti; a Aomine no le importas, ¿no ves que no te ha dirigido la palabra en todo lo que llevamos de entrenamiento?" De nuevo perdido, confuso, con miedo, con fragilidad... Era cierto... Él no era nadie en la vida de los demás...

-¿Kagami, estás bien? -Kiyoshi se acercó a él, apoyando una mano en el hombro del pelirrojo, éste se apartó con brusquedad con los ojos muy abiertos.

No respondió, en cambio se fue corriendo hacia los vestuarios, Riko quiso levantarse pero Alex la detuvo negando con la cabeza, la entrenadora comprendió que debía dejarlo solo. Sacó entonces a Mitobe para que jugase, todos en el campo se quedaron un tanto extrañados con aquella reacción de Taiga, Aomine sabía perfectamente que podía haber ocurrido y deseó que ya acabase el partido para ir con él; estuvo pensado casi toda la mañana en Kagami, había muchos detalles que aquel pelirrojo hacía con los que Aomine se sentía muy bien, hasta avergonzado, ¿sería malo enamorarse de un hombre? A él siempre le repugnó eso, pero viendo a Kagami... No sabía como explicarlo, pero no le daría asco darle un beso.

Kagami llegó a los vestuarios y lo primero que hizo fue caer de rodillas al suelo comenzando a llorar con gritos desgarradores. Notaba que cada vez se debilitaba más, temblaba de nuevo, y su respiración se hizo rápida, incontrolable.

-No sé que hacer... -se tapó la boca apretando los dientes-. Me duele tanto... Mamá... ¿Qué he hecho? ¿Qué he hecho...?

El partido terminó con Touou de ganador, los de Seirin fueron al banquillo a beber agua y demás al igual que los del otro equipo; Momoi, seria, cogió a Aomine del brazo llevándoselo hacia los vestuarios, separados de donde Kagami estaba.

-Oi, ¿qué haces? -Aomine frunció el ceño.

-Dai-chan, necesito decirte una cosa -Daiki se encontraba sentado y Momoi de pie, en frente de él, aquel lugar solo lo ocupaban ellos dos; entonces, Kagami se había calmado e iba a salir ya por el pasillo para disculparse con todos hasta que escuchó las voces de Aomine y Momoi al otro lado de la otra puerta entreabierta que había.

-¿Qué cosa?

-Dai-chan... yo... -se sonrojó, nerviosa apretó los puños-. ¡Te quiero! ¡Te amo! No sabes cuanto me ha costado decirte esto, hace años que llevo enamorada de ti pero nunca he encontrado la forma de decírtelo y me duele que no lo veas, me duele que te separes de mí por otra persona, siempre hemos estado juntos pero ahora... Ahora siento que cada vez nos distanciamos más...

Aomine abrió la boca, sorprendido, y alzó las cejas sin poder creérselo, ¿Momoi enamorado de él? No se lo esperaba, ¿era por eso qué actuó así? Kagami, detrás de la puerta también se quedó incrédulo, siguió escuchando, Momoi comenzó a llorar.

-Sí, lo siento por haberme comportado así con Kagami-kun, pero no podía evitarlo, ¡estaba celosa! Celosa de ver que te gustaba más la compañía de él antes que la mía, de que fuiste con él a sitios que no habías ido conmigo... -cogió aire-. Necesitaba decírtelo, cada vez que te veo, cada vez que hablo contigo, me haces sentir importante, me haces sentir la mejor persona del mundo... Te quiero, Dai-chan, te quiero, quiero estar contigo, quiero... quiero casarme contigo, formar una familia juntos...

-Sa... Satsuki... -se levantó del asiento algo sonrojado y la abrazó, ella abrió los ojos pero no movió ni un solo músculo, era la primera vez que recibía un abrazo de Daiki, jamás lo hubiera esperado-. Lo siento Satsuki, pero yo no puedo cumplir con tus expectativas... A mí...

-¿¡Por qué!? -se apartó de él, empujándolo-. ¿No soy suficiente para ti? Tengo todo lo que te gusta -se secó las lágrimas-. Dai-chan, por favor, no me hagas esto... No sé de donde he encontrado valor para decírtelo pero lo he hecho, no me rechaces... -pidió con ojos suplicantes.

-¿No crees qué a mí me puede gustar otra persona?

-¿Eh...? -Momoi apretó los puños-. ¿Otra persona...? -sus hombros se sacudieron mientras miraba al suelo-. He sido una idiota por creer que podía haber algo entre tu y yo... Lo siento... -después de eso se fue corriendo por la puerta, ni siquiera se dio cuenta de que Kagami estaba ahí.

El pelirrojo vio como los del equipo Touou venían y se quedaron extrañados al ver a Momoi de esa manera, aunque no le dieron mucha importancia y siguieron andando, tampoco dijeron nada cuando vieron pasar a Kagami por su lado.

¿Le gustaba otra persona, eh? Kagami también había sido un idiota por pensar que Aomine llegaría a quererle algún día, pero era imposible, Daiki era un chico que jamás querría a otro chico... ¿Había hecho mal en enamorarse de aquel peliazul, no? Ahora se sentía mal, ¿había otra persona en la vida de Aomine? ¿Quién sería?

"Soy un imbécil, me doy asco, es normal que no pueda gustarle a Aomine, ¿en qué narices estaba pensando? Tsk, mierda, mierda... No debería volver a verle, debería darle asco estar con alguien como yo, ahora... Ahora me siento culpable por haberme enamorado de él, joder... Pero no puedo evitarlo, solo estoy interfiriendo en la vida de Aomine, por mi culpa Momoi se ha puesto a llorar; ellos dos siempre han estado juntos y un día voy y... y me interpongo en sus vidas; joder, soy el peor estorbo que alguien puede encontrarse... Siento haberme enamorado de ti, Aomine, siento estar dependiendo de ti, pero eres lo único que me hace feliz... Cada día te quiero más, cada día me enamoro más de ti, y me está costando mucho retener mis sentimientos...".

Kagami no se paró a hablar ni con Alex ni con sus compañeros, solo salió rápido del gimnasio, con su bolsa de deporte en las manos. Alex se quedó extrañada, ¿qué había pasado? ¿Por qué no se iba con Aomine? Después de cinco minutos vio salir a Daiki y corrió hacia él, preocupada.

-¿Ha pasado algo con Taiga?

-¿Heh? ¿A qué te refieres?

-Acaba de irse solo, ni siquiera ha parado para decirme algo, también vi a Momoi salir llorando, ¿tienes idea de algo?

-Lo de Satsuki sí, a Kagami no sé que puede haberle ocurrido, a lo mejor sigue mal por lo de antes... -suspiró-. Maldición... Iré a buscarle.

-Yo me quedo para ayudar a Riko a recoger, nos vemos en la cafetería.

-Adiós -y con eso, con varias llamadas de Wakamatsu desde detrás -al cual no hizo ni el menor caso- se fue del gimnasio en busca de Kagami.

Fin.

Siento haber tardado tanto D: Bueno, no sé que contar, hace frío y va a llover, espero que os guste el capítulo (?) Ok, eso no ha rimado XDD