- Veras – dijo él –tengo un problema y necesito que me ayudes.
- ¿Qué?– Dije sarcásticamente – Victor Dashkov me nesecita. ¡Dios!– agrande mis ojos en disimulando asombro - ¿Qué no puedes hacer?
- La verdad– murmuro sonriendo - solo los guardianes están entrenados para manejar a los Strigoi
- ¿Strigoi?
- Si, un ejército de Strigoi me sigue. Así que debemos reunir los más letales guardianes– me dio una mirada –y tú, eres uno de ellos.
Whoa. Una batalla, pero…
- ¿De cuantos Strigoi hablamos?
En su cara murió la sonrisa.
- Muchos – dijo secamente
- ¡Debes de decirme! - le grite - ¡tengo que prepararme!
Me observo por varios segundos y asintió
- 70 o más
- ¿Qué? - Mi mandíbula casi choca contra el suelo. No podía hablar enserio. ¿70 Strigois? -¿Cuántos guardianes tenéis?
Su cara se ensombreció más lo cual me dio a entender que éramos sobrepasados en número
- Tienes 50 guardianes
Nos quedamos mirando fijamente y el pánico corrió dentro de mí. Era pánico por la lucha a la cual me enfrentaría, pero había pánico que provenía en el vínculo.
- ¿Cuánto tiempo tenemos?
- Dos días.
¡Por Dios!, grite internamente.
- Ok– susurre. De repente me sentía cansada – Debo descansar
Victor asintió. Se giro y me enseño una habitación.
Me senté en la cama y me entre en la cabeza de Lissa. Todos estaban reunidos donde debería estar parqueado el auto.
- ¿Dónde está Rose?– preguntaba Lissa, histéricamente.
- ¿Qué ha pasado?– pregunto Mia
- No debimos dejarla sola– murmuro Adrian.
Adrian y Lissa dejaban transmitir sus emociones en el rostro. Ira, preocupación y más ira.
Tasha y Christian intercambiaron miradas incomodas, pero esta vez no podían hacer nada para calmarlos, pues ellos también estaban preocupados.
Dimitri estaba sentado en una roca mirando a la nada.
- ¿Qué piensas? – le pregunto Lissa, dándose cuenta de que un pensamiento rondaba en él.
- Rose no se iría– dijo Dimitri sacudiendo la cabeza – Ella no nos haría esto. Debe haber sido algo importante.
- ¿La encontraron los guardianes?– lloriqueo Mia.
- No– respondió Adrian.
Su tono de voz asusto a Lissa. Ella intento ver su aura y al lograrlo, observo que estaba oscura. Solo algunos rayos dorados la pintaban, pero muy pocos. Era casi negra. Lissa se acerco a él.
- Adrian – dijo Lissa suavemente – Debes calmarte. La encontraremos.
Él se giro, dándole la espalda a Lissa. Saco un cigarrillo y se alejo hasta una zona verde.
- Dijiste algo importante– la voz de Christian hizo que Lissa dejara de observar a Adrian -¿Pero qué?
- No lo sé– dijo él – debemos encontrarla
- No – dijo Tasha – debemos encontrar a Sydney. Tú sabes donde vive. Iremos allá y pensaremos que hacer.
- Debemos encontrar al hermano de Lissa– dijo Eddie – esa es la misión.
- Una misión que era para Rose. Eso decía la nota – murmuro Dimitri
- Si– acepto Mia – pero ella ahora no está. Rose quería que encontramos al hermano de Lissa. Eso es lo que debemos hacer
- ¿Qué?– Grito Lissa –no sabemos dónde está. No sabemos si la han secuestrado Strigois.
- ¿Por qué se arriesgarían los strigoi a secuestrarla en la luz del día? – pregunto Mia irónicamente - No puede ser eso
- Porque– respondió Dimitri – Rose tiene muchos enemigos en los Strigoi.
- Pero no podemos encontrarla– dijo Christian –no por ahora.
- La encontraremos – la voz de Adrian estaba un poco más calmada – y eso va a ser pronto.
- Por ahora, debemos ir a encontrarnos con Sydney – repitió Tasha
- ¡No! ¡Debemos ir a buscarla! – Gruño Lissa -¡Ahora!
Lissa estaba preocupada y sentía ira porque se tomaran las cosas tan en calma
- Liss– dijo Christian –no sabemos dónde buscarla. Además no podemos dejar pasar la cita con Sydney. Recuerda que nosotros también somos buscados. No podemos exponernos así.
Lissa sabía que él tenía razón, pero su preocupación por mi era demasiada alta.
- Vayan ustedes, yo buscare a Rose
Se giro con su cabello rubio dorado flotando sobre sus hombros. Ella corrió rápidamente, pero no lo suficiente para que Dimitri no la alcanzara.
- No princesa– él murmuro
- Suéltame– ordeno ella
Dimitri la observo seriamente. En sus ojos había decisión y preocupación
- No podemos hacer esto. No sabemos donde ella esta y aunque esté en manos de Strigoi podrá vivir durante unos días más.
- ¿Por qué estás tan seguro? ¿No recuerdas lo que querías hacerle?
- Si, a cada momento– dijo Dimitri.
Lissa al oír y ver el dolor en Dimitri, sintió rabia contra ella misma por herirlo
- Lo siento. No quería decir…
- Pero es verdad – dijo con melancolía
- Recuerda– Lissa lo miro detenidamente –tú no eras tú
Dimitri le dio una mirada que dejaba claramente entendido que no estaba de acuerdo, pero decidió dejarlo pasar y volvió al tema
- Rosa estará a salvo, porque si son los Strigoi quien se la han llevado, ellos querían divertirse con ella
Lissa al comprender el significado de las palabras, se multiplico por diez veces su preocupación por mí
- ¿Crees… crees que la podrían despertar?
- No. Ella tiene demasiados enemigos entre los Strigoi – repitió –no podemos hacer nada por ahora. No te debes poner en peligro.
Aunque la preocupación y la ira quemaba a Lissa por dentro, asintió y siguió a Dimitri donde los demás.
- Debemos conseguir un auto– menciono Tasha
- ¿Qué les parece aquel?– pregunto Eddie
Señalo un auto deportivo con vidrios polarizados. Era muy autentico y guapo. Debería valer millones.
Christian asintió
- Es perfecto
Corrieron hacia el auto. Dimitri iba al volante otra vez. Él no vacilo en las avenidas de New Orleans. Pareciera como si siempre hubiera vivido aquí.
Llegaron a la calle donde vivía Sydney. Ella estaba parada afuera de su casa mirando el auto que se acercaba. Se veía muy preocupada y nerviosa, ya que para ella seguíamos siendo criaturas de la noche. No sabía como manejaría esta situación al no estar presente entre ellos.
Dimitri se bajo del auto y le hizo una reverencia.
- ¿Srta Sydney?– pregunto
Ella se quedo en silencio por unos minutos, estudiándolo.
- Si– respondió - ¿Quién es usted?
- Soy Dimitri Belikov – respondió – guardián de la princesa Vasilisa
Lissa se acerco a donde estaba Dimitri
- ¿Valisia Dragomir?– pregunto ella
Sus ojos se dirigieron a ella. La estudio desde su cabello hasta sus pies.
- Si– respondió Lissa –puede llamarme Lissa
