Disclaimer: Los personajes de Inuyasha no me pertenecen, son exclusivo de Rumiko Takahashi. Esta historia está libre de fin de lucro.

Nota: Capítulo editado.


La inseguridad de la negación

Rin estaba frente al computador, redactando algunos informes que le había entregado Sesshōmaru. Los cuales tenían que ser enviados a las cuentas electrónicas de todos los inversionistas de la compañía, entre ellos, Inutaishō.

A pesar de que estaba realizando su trabajo, había cosas que aún no dejaban descansar del todo a su abrumada mente.

Había pasado más de una semana desde el «pequeño» percance que tuvo en la oficina con Sesshōmaru.

El tema no se tocó para nada el día siguiente, ni los que vinieron después, era como si la discusión y aquel beso jamás hubieran pasado. Pero, aun así, ya no podía sentirse enojada, después de todo, el trato entre ellos había vuelto a la normalidad, como estaban haciendo desde que ambos se acoplaron en el trabajo. Sin embargo, no dejaba de molestarla, había muchas cosas que no llegaba a comprender.

Talló sus ojos con el dorso de sus manos, le estaban empezando arder y su vista comenzaba a ponerse borrosa. Cogió su bolso de bajo del escritorio y sacó de ahí un estuche y una liga.

Sujetó su largo cabello en una coleta, ya que —por muy raro que pareciera— ese verano en Tokio, había sido demasiado caluroso y muy pocas lluvias había tenido, para ser un lugar en donde era normal que casi todos los días lloviera.

Tomó el estuche de color morado y extrajo unos anteojos de armazón negro, los cuales se colocó. Por lo general no los usaba, sólo cuando su vista comenzaba a cansarse o había pasado mucho tiempo expuesta al monitor de la computadora.

—Pero que secretaria tan más sexy veo por aquí.

Rin levantó la vista rápidamente, para encontrarse a alguien que conocía muy bien. Por lo cual sonrió ampliamente.

—Kōga, que milagro verte por acá —se levantó y le dio un beso en la mejilla.

—Pues me gustaría decirte que estoy por acá, para saludarte y molestar al demonio para el que trabajas, pero lamentablemente es para traer malas noticias.

—¿Malas noticias? —Puso toda su atención en el pelinegro.

—Es mejor que te sientes, Rin.

Rin obedeció al instante que se lo pidieron y él mismo, tomó asiento en los asientos frente al escritorio, realmente estaba temiendo a lo que el novio de su mejor amiga le pudiera decir.

—Ayer por la noche, murió Sanosuke Sakata.

Los intensos ojos marrones no tardaron en llenarse de lágrimas, mientras con su mano derecha cubrió su boca. No esperaba tan sorpresiva noticia.

—¿Qué le ocurrió? —Preguntó melancólica.

—Un paro respiratorio —suspiró—. Lo que me dijo su esposa, es que no sufrió.

—Dios, aun no puedo creerlo —limpió rápidamente las lágrimas que se escaparon de sus ojos—. ¿Lo están velando?

—Por eso estoy aquí —se levantó de su asiento—. He venido por ti, para llevarte.

—Pero… —la tristeza le embargo— …aún estoy en horas de trabajo.

—No te preocupes por eso, yo hablare con tu jefe.

Sin más, Kōga dio camino hacia el despacho de Sesshōmaru sin pena ni gloria, como si fuera normal el que entrara sin autorización a dicho lugar.

—Espera, Kōga —trató de alcanzarlo, pero no lo logró, el pelinegro ya estaba dentro.

Entró al despacho y vio a los dos hombres, Kōga ya estaba tomando asiento en una de las sillas y Sesshōmaru tenía su mirada puesta en el susodicho.

—¿Qué quieres?

—Me voy a llevar a Rin, pero parece ser que tengo que pedirte permiso primero a ti —dijo ecuánimemente.

Rin no tardó en sentir los ojos dorados sobre de ella, que pedía una explicación de lo que estaba ocurriendo. Pero la secretaria no sabía que decir al respecto.

—Está en horas de trabajo, así que lárgate —volvió su atención al trabajo.

—Lo siento, pero no me puedo irme sin ella.

—Kōga…

—Tranquila, que este bruto insensible tiene que ceder.

El albino ya tenía la ceja alzada y con aquella expresión de enojo. Parecía ser que ni siquiera a Kōga lo trataba diferente, a pesar de ser «amigos».

—Deja tu mirada asesina para otra ocasión, que no tengo tiempo para aguantarla —se cruzó de brazos—. Ha fallecido una persona muy cercana a Rin, y la llevaré a su velorio y entierro.

Y el enojo se desvaneció del rostro de Sesshōmaru, quien dejó de ver a Kōga, para centrarse en ella, quien seguía parada a mitad del despacho.

—¿Quién? —Cuestionó directamente a ella.

—Ah… El señor Sanosuke Sakata, él es…era —corrigió— el abogado de mi padre.

—Deja lo que estés haciendo, cuando regreses lo terminas —mencionó, para volver a sus asuntos.

—Bien —se levantó Kōga, quien empezó abrochar su saco—. Vamos Rin, antes del que el explotador se arrepienta.

Kōga pasó al lado de Rin, que asintió a sus palabras. Pero antes de seguirlo, dio unos pasos hacia al frente y ofreció una reverencia a su jefe.

—Muchas gracias —agradeció, pero su semblante era bastante afligido.

Sesshōmaru sólo asintió, sin darle mayor importancia. Pero, aun así, ese gesto por parte de éste era algo que jamás olvidaría Rin.

—Con su permiso.

Dio vuelta y salió del despacho, para encontrarse con el pelinegro, que ya la estaba esperando.

Agarró su bolsa y su sacó negro, guardó los avances que tenía y apagó el monitor y el la PC.

—¿Lista?

—Sí.

—Vamos —Kōga se hizo aún lado, dándole el paso a Rin.

Así ambos tomaron dirección hacia el ascensor, en donde se ganaron la vista de varios de los empleados más curiosos, pero, Rin no mostro interés en ellos, la aflicción por la pérdida de su abogado, la estaba cubriendo por completo.

Al abrirse las puertas ambos entraron para ir directamente al fondo, en donde Kōga, no dudo en rodear con sus brazos los hombros de la pelinegra, quien no se negó al contacto, incluso se recargó en el torso de este.

—Gracias —musitó.

Kōga no dijo nada, simplemente la pegó más a él así refugiando el silencioso llanto de Rin.

~O~

Sesshōmaru se quedó pensativo, desde que la secretaria salió de la oficina. Sabía quién era Sanosuke Sakata, no sólo porque se mencionaba en el expediente de Rin. Sino porque lo llegó a ver un par de veces, cuando él trabajo para el padre de Kōga.

Lo que no se esperó, era que dicho hombre hubiera sido tan allegado a Rin, para que la tristeza se marcara en su rostro. Un cambio muy radical, puesto que en la mañana en que la vio, estaba que irradiaba felicidad, como era costumbre.

Y ahora que el hombre estaba muerto.

¿Quién se haría cargo del proceso legal del testamento?

La idea de que fuera Kōga quien tomaría el caso de Rin, no le resultaba para nada mal, incluso era beneficioso. Después de todo, Kōga estaba al tanto de lo que ocurría con Naraku y eso podría ayudarle mucho, sobre todo, para saber la importancia de las propiedades que le fueron heredaras a la secretaria.

Postró su atención a la puerta, al momento en que la tocaron. Ahora que no se encontraba Rin, sería un fastidio el tener que atender el llamado de todo aquel idiota, que necesitara algo de él.

—Adelante.

La puerta se abrió, dejando ver a la torpe secretaria de su hermano, y pudo notar el nerviosismo en ésta. Realmente esa mujer lo sacaba de quicio.

—¿Qué quieres?

—Señor… —la mujer seguía cubriéndose con la puerta—. Lo que pasa es qué…

Sesshōmaru frunció el ceño, si esa mujer no le decía de una vez por todas lo que quería, sería capaz de echarla a patadas, sin importarle que fuera la secretaria de la bestia.

—Le ha llegado un paquete —se deslizó al interior de la oficina con nerviosismo—. Me dijeron que se lo entregara directamente a usted.

Pero la mujer no se había movido de donde se encontraba, podía apreciar el miedo que sentía. El personal se había tomado demasiado a pecho, el estúpido apodo que le puso Inuyasha. Y quizás no estaban tan equivocados.

—¿Y qué es lo que esperas? —Alzó la voz con fastidio.

La mujer sólo dio un brinco hacia atrás, topando con la puerta. Ni siquiera para eso tenía gracia. Al menos la torpeza de Rin, tenían su propio estilo.

—Sí… —caminó a tropezones y llegó hasta el escritorio, en donde posó el paquete con exagerado cuidado—. ¿Necesita algo más, señor?

—Lárgate.

La mujer no lo pensó ni siquiera dos veces, salió tan rápido como sus inútiles pies se lo permitieron. Pero ya no le dio más importancia y centró su atención en el «paquete». Sabía muy bien que era y quien lo mandaba.

Agarró el envío y quitó el envoltorio color canela, para encontrarse con un par de carpetas, de donde algunas fotos cayeron sobre el escritorio. Cogió una de ellas, para encontrarse con Naraku y Magatsuhi, rodeados de un grupo de hombres que desconocía, pero podía intuir de quienes se trataba.

Dejó la foto a un lado y presentó interés en el contenido de las carpetas. Ahí se encontraba todo tipo de movimiento ilegal. Desde adquisiciones de terrenos y artículos valiosos, desde pinturas y reliquias. También estaban plasmado las diversas cuentas abiertas en el extranjero al nombre de Naraku y Byakuya.

Sin duda alguna, Hakudōshi Ootori era muy bueno obteniendo información de ese tipo. Está era la tercera vez que recibía información de ese calibre.

—¡Oye! ¿Por qué el estúpido lobo rabioso se llevó a Rin?

Sesshōmaru levantó la vista, para encontrarse con Inuyasha, que ya estaba apoyando sus manos sobre el escritorio.

Torció la boca de sólo ver la manera en que éste había entrado sin su autorización. Por lo tanto, ignoró la pregunta y volvió su atención en lo que si le importa.

—¡Keh! ¡Te he preguntado algo, bastardo!

—Lárgate.

Los dos pares de ojos dorados se encontraron, desafiándose abiertamente. Algo que le hizo recordar a Sesshōmaru, las peleas que llegaron a tener cuando eran jóvenes.

¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que golpeó ese rostro?

—¡Mierda, sólo contéstame! —Gritó irritado.

—Deja de ladrar, estúpida bestia —chasqueó la lengua—. ¿Conoces a Sanosuke Sakata?

—¡Ah! —Inuyasha se mostró desconcertado, por la repentina pregunta—. Sí, es un licenciado ya bastante viejo. ¿Qué tiene que ver esto con Rin?

—Falleció.

—Oh… —Toda la irá se esfumó, dando paso a una expresión desalentadora—. Ya entiendo.

Inuyasha retrocedió con toda la intención de salir de la oficina.

Sesshōmaru conocía tan bien a su hermano, que estaba seguro de que éste iría a buscar a Rin, para acompañarla.

—No tiene autorización de irte, Inuyasha —Sesshōmaru sonrió al ver que éste se detuvo enfrente a las puertas—. Tienes un par de informes que me tienes que entregar sin más tardar hoy.

—¡Keh! Ella me necesita.

—No es así —comentó ahora con seriedad—, ella esta con Kōga, por lo tanto, tú sales sobrando.

Inuyasha gruñó entre dientes un par de palabras que no entendió, pero que estaba seguro eran insultos para él. Pero poco le importaba, con la ausencia de la secretaria ya era más que suficiente por ese día.

Su hermano se giró para retirarse de ese lugar, pero antes de que eso pasara, lo volvió a detener.

—Te lo advierto, Inuyasha. Si te vas, te sancionare; el que seas el vicepresidente no quita el hecho que sigues siendo un empleado más y estas bajo mis órdenes.

Pero el menor de los hombres no dijo más y salió furioso del despacho, azotando la puerta. Algo que molesto en demasía a Sesshōmaru. Se estaba siendo costumbre el que cerraran la puerta con violencia.

Un poco más calmado, volvió a centrarse en los documentos enviados por Hakudōshi, y entre tanta palabrería, pudo encontrar algo que llamó demasiado su atención.

En dicha hoja se encontraban las propiedades de las cuales Naraku, tenía interés de hacerse, y ahí se encontraban las tierras pertenecientes a Rin. Pero las fechas que tenía estipuladas para poder abordar a la dueña, se habían ido posponiendo. Parecía ser que la sinceridad de la secretaria hacia Naraku, terminó haciendo que los planes de éste se aplazaran. Al final, no resultó tan malo la osadía de pequeña mujer.

Y ahora que el licenciado de Rin había fallecido, le daba más apertura, para saber el valor de dichas tierras o lo que fuera que éstas tuvieran, ya que el interés de Naraku por recuperar dichas propiedades, se ponía como lo primordial para dicho hombre.

~O~

Rin y Kōga estaban algo retirados de las personas que estaban presentes en el velorio. Aunque no eran muchas las que estaban presentes, se trataban de los familiares cercanos a la pareja. Por ello, ambos habían optado en apartarse un poco.

La pelinegra no soltó el brazo de su acompañante, nunca le había gustado los velorios y los entierros, le traían muy malos recuerdos. Por lo tanto, comenzaba a sentir un sentimiento de desolación que ni ella misma podía describir.

—Rin.

Tanto Rin como Kōga, voltearon a ver a la mujer de edad avanzada. Era Kaede Sakata, la esposa del difunto hombre.

—¿Dígame? —Posó toda su atención a la amable mujer.

—Acompáñenme un momento —les pidió a ambos.

—Sí.

La mujer caminó hacia el interior de la casa, Kōga y Rin le siguieron el paso con calma. Ninguno de los dos sabía que era lo que quería la anciana Kaede.

Ambos se detuvieron, al momento en que la mujer mayor abrió una puerta de lo que parecía ser un despacho. Al momento en que Kaede se hizo a un lado, les dijo:

—Por favor, pasen.

Rin entró primero, seguida por la anciana, siendo Kōga el último en entrar.

Se quedaron parados cerca del pequeño escritorio, viendo a la mujer que estaba buscando algo de los cajones del mueble viejo y desgastado.

—Mi marido me pidió —empezó a hablar, mientras sacaba unas carpetas—, que, si el llegara a faltar, inmediatamente les entregara estos documentos a ustedes.

»Por lo que se, se trata del testamento que dejó su padre.

—Entiendo —se acercó un poco al escritorio—. Pero no es necesario que lo haga ahora, usted está en duelo y no…

—No se preocupe, señorita Rin. Yo solamente estoy cumpliendo la voluntad de mi esposo —le sonrió, a pesar de tener una mirada triste—. Me dijo que le informara, que le pedía encarecidamente, que su caso cayera en las manos del joven Kōga. Ya que es la única persona en quien confía, para que pueda llevar sus asuntos legales.

Rin sintió por unos segundos la azul mirada de Kōga, al cual sujetó con más firmeza.

Ella no se había puesto a pensar en eso, hasta ahora que la mujer se lo mencionó, sin duda alguna estaba de acuerdo en que fuera el novio de su amiga, quien siguiera con los tramites, no confiaría en ningún otro licenciado más que en él.

—¿Estás de acuerdo, Rin? —Preguntó Kōga.

—Sí —lo miró y le sonrió.

—Permítanme, iré por una caja para guardar los expedientes.

Ambos asintieron y vieron partir a la mujer, quedando solos. De lo cual aprovecharon para hablar del tema.

—¿Estás segura de que sea yo quien prosiga con tu caso? —La cuestionó—. Si tú decides darle esa responsabilidad a otro, a mí no me molesta en absoluto.

—¿A caso no te sientes capaz? —Dijo con un tono burlón.

—¡Oye, por supuesto que sí! —Gruñó—. Ahora por burlona, voy aceptar y haré que te tragues tus palabras.

—Eso espero —sonrió melancólicamente—. En muy pocas personas confió, y sin duda, tú eres una de ellas.

—No te preocupes, velaré por tus intereses —le guiñó el ojo.

Rin asintió ante las palabras de su acompañante, estaba completamente segura de que Kōga era el indicado, para que le ayudara en ese complicado proceso, esperando que el pudiera avanzar mucho más, de lo que hizo Sakata.

~O~

Después del velorio, Rin optó por irse, ya que no se sentía bien para ir al entierro. A lo cual Kōga le sacó provecho y la invitó a comer, ya que era la hora del receso en su trabajo.

—Muchas gracias por invitarme a comer.

—No hay de qué, yo también me estaba muriendo de hambre —dijo, al momento en que llevó una patata frita a su boca.

—No sé si compadecer a Ayame o a ti.

—¿A qué te refieres? —Kōga mostró interés.

—De la comida, tú comes mucho y ella pues…

—Sí, ya sé que es un asco en la cocina —chistó molesto—, supongo que tendré que contratar alguna cocinera o algo así.

—¿Contratar a alguien? —Rin ladeó la cabeza a su derecha—. Es pera, no me estas insinuando que…

Rin abrió su boca en una perfecta O, al saber lo que Kōga quiso decir con esas palabras.

—No se lo vayas a decir —rascó su cabeza, mientras sus mejillas se tornaron rojizas—. Aun no sé cómo se lo pediré.

—No te preocupes, no le diré nada —el brilló había vuelto a sus ojos—. Pero dime, ¿ya tienes el anillo?

—Sí, desde hace un mes.

—¡Ay, ya me la estoy imaginando! —Suspiró—. Sin duda, es algo que ha estado esperando de ti con muchas ansias.

—Lo sé —se recargó en el respaldo de la silla—. Pero aún no estaba seguro de que esto funcionaría.

»Después de todo, tú sabes muy bien cómo se dio nuestra relación.

La pelinegra miró fijamente a Kōga, ella sabía muy bien lo turbia que fue la relación entre ellos dos. Sobre todo, por el lio amoroso en donde Inuyasha sufría por Kikyo, Kagome sufría por Inuyasha, en donde Kōga sufría por Kagome, y Ayame sufría por Kōga.

—Pero te puedo asegurar que, lo que siento por Ayame es genuino. Yo en verdad estoy enamorado de ella.

—A mí no tienes que convencerme de nada —le sonrió—. Ya lo había notado desde hace mucho tiempo. Y estoy muy feliz por ambos.

—¿Y tú?

—¿Yo qué? —Preguntó un poco arisca.

—¿Ya superaste al mocoso?

—Ah…supongo que sí —rascó su mejilla—. Ahora que él está casado, finiquitó lo que alguna vez tuvimos él y yo.

—Eso es bueno, tu mereces un hombre no a un niño —se le dibujó una amplia sonrisa—. Un hombre cómo…el trabajador compulsivo que tienes como jefe.

Rin lo miró, mientras sus largas pestañas se movían por el constantemente parpadeo. Tratando de asimilar el comentario que le lanzó de golpe y sin miramientos.

—¿Qué has dicho?

—Me escuchaste bien —se cruzó de brazos—. Por cierto, haces muy bien usando esos conjuntos. El lucir como una sexy secretaria da muchos puntos, ya sabes, las fantasías de nosotros los hombres.

—Pero ¿qué te hace creer tal tontería? Yo no tengo ningún interés en el señor Sesshōmaru.

—Porque cada mujer que mira a Sesshōmaru, mujer que cae rendida ante él, ya sea amorosa o sexualmente hablando —suspiró—. Y créeme, es muy difícil para mí admitir esto, pero ese bastardo siempre ha tenido suerte con las mujeres…

—Pero yo no…

—Sabes —la interrumpió abruptamente—, desde que supe que Sesshōmaru había regresado, no pude evitar el relacionarlos. Creo que son tal para cual —comió otra patata frita.

—Ya veo por qué Ayame me insiste tanto en que me lie con él. Es por tu culpa —lo apuntó acusadoramente.

—Yo sólo le comenté lo que pienso, es ella la que hace el drama —sonrió, mostrando su perfecta dentadura—. A parte, no me parece tan malo, creo que tú eres el tipo de mujer para él.

—¡¿Qué?!

Rin estaba bastante desorientada, no entendía porque Kōga había sacado ese tema.

Si bien, era verdad que ella se sentía atraída a su jefe, pero no de manera sentimental. Podía reconocer que admiraba ciertas cosas de él, pero nada que pudiera delatar algún sentimiento fuerte.

En ese instante recordó los dos besos, algo que podía ser como una prueba fehaciente para el pelinegro que estaba sentado frente a ella. Pero lo dudaba, ya que dichos sucesos no se los comentó a nadie, ni siquiera a Ayame. Y dudaba mucho que Sesshōmaru, fuera a chismearle lo ocurrido a Kōga. Así que la idea de que éste tuviera conocimiento de dichos acontecimientos no era factible.

—¿Por qué te espantas? —Rió—No estoy diciendo nada malo, ¿o sí?

—¡No…digo…sí! Estas hablando de mi jefe —exhaló con exageración—. Es una locura el que sólo lo menciones, sabes.

—El que sean jefe y empleada, no significa nada —siguió hablando con seguridad—. Después de todo, en la empresa no hay ningún código de fraternidad que impida uniones entre trabajadores y dueños.

—Ya deja ese tema, por favor —torció sus labios—. A mí no me gusta —mintió—, y dudo mucho que yo le pueda gustar.

»Es bastante obvio, ¿no? Yo ni siquiera califico como su tipo de mujer, yo no tengo nada de lo que pueda poseer una mujer como Kagura Ootori.

—¿Kagura? ¿Por qué mencionas a Kagura? —Mostró un dejo de molestia.

—Pues porque ella fue la prometida de señor Sesshōmaru.

—Vaya, sí que la gente es chismosa —apoyó sus brazos en la mesa, clavando sus ojos azules en ella—. No sé qué te habrán dicho, pero puedo asegurarte de que, Kagura jamás fue lo suficientemente buena para Sesshōmaru.

—¿Eh? —La curiosidad llegó al instante—. ¿Qué quieres decir con eso?

—Qué Sesshōmaru jamás amo a Kagura —rió divertido—. Más bien, Sesshōmaru no ha amado a nadie en todo lo que lleva de vida.

¿En verdad Sesshōmaru no amo a Kagura?

Pero si era así, ¿por qué se comprometieron?

—Entonces, ¿sus padres los obligaron? —Indagó.

—No, para nada —parecía ser que el tema divertía bastante a Kōga—. Inutaishō ni siquiera estaba de acuerdo con el compromiso de ese par.

—¡¿El señor Inutaishō no quiere a Kagura?! —Ahora si estaba más que sorprendida.

—Realmente le tiene bastante aprecio, pero… —se quedó un par de segundos en silencio—. Jamás le gustó para ser la mujer de su hijo. Inutaishō estaba consciente que su hijo no amaba a Kagura, e intuía que ella tampoco tenía sentimientos fuertes hacia Sesshōmaru.

Rin se quedó callada, la información que Kōga le había proporcionado no se lo había esperado.

Había ideado muchas teorías del porque su jefe terminó su compromiso con la hermana menor de Naraku, pero jamás pensó que fuera porque no había amor en dicha pareja.

—¿Pero conoces el verdadero motivo por el cual no se casaron? —Rin de alguna manera u otra, quería conocer el verdadero motivo de dicha separación.

—No, ya que tu jefe es un hombre que no le cuenta a nadie de su vida personal —alzó los hombros—. Pero tengo una fuerte hipótesis de que Inutaishō, tuvo que ver con ese rompimiento.

No le agradaba en nada, el pensar que tal rompimiento hubiera sido provocado por su exjefe. Simplemente no concordaba con la personalidad del hombre, sin duda, la idea de Kōga debía ser errónea.

—Entonces, ¿te animarás a conquistarlo?

La pregunta picara lanzada por Kōga, le sacó de sus propias divagaciones. Se centró de nuevo en él, que parecía más que divertido por la charla.

—Por supuesto que no —dijo molesta—. Ya te lo dije, él es mi jefe y no lo veré de otra manera.

—Está bien —sonrió sutilmente—. Al menos logre que dejaras esa careta de tristeza.

Rin se quedó muda, la verdad es que se había olvidado por un momento el deceso del señor Sakata.

Sólo pudo sonreír ante las palabras de su acompañante, la había hecho olvidar un poco la pena de su perdida.

~O~

—Hoy mismo me pondré a checar todos los documentos —dijo con seriedad—. Si es como dices, sin duda algo deben tener para que ese infeliz las quiera de nuevo.

Sesshōmaru observó a Kōga, que se encontraba enfrente suyo.

Lo había retenido desde que llegó, para hablar sobre el tema de la herencia. Había dado la orden a la secretaria de que no les molestaran en absoluto. Ahora que tenía la seguridad de que Kōga, se encargaría de los detalles legales de Rin, tendría menos complicaciones para obtener lo que quería.

—Intuyo que Rin, no debe de enterarse de esto, ¿no es así? —Le cuestionó.

Sesshōmaru simplemente asintió, no quería gasta palabras en lo que era obvio.

—Sesshōmaru, no quiero que Rin salga dañada de todo esto —los ojos azules lo miraron con frialdad—. Te pedí que la trataras bien, ella ha vivido tantas cosas como para que…

—No me interesa tu sermón —lo calló con fastidio—. Solo haz lo que te digo, de lo demás me encargo yo.

La penetrante mirada azulada no se apartaba de él, era como si de esa manera, Kōga pudiera sacarle algo relevante sobre todo el problema. Pero ni siquiera el Lobo Sunakawa podía amedrentarlo.

—Está bien —exhaló con cansancio—. De alguna manera, creo que no dejarás que nada malo le pase.

Sesshōmaru alzó la ceja ante comentario de Kōga, quien mostraba aquella sonrisa autosuficiente. No tenía duda alguna que lo había dicho con todo el afán de molestar.

—Por cierto —vio cómo se recargó en el escritorio al momento en que se levantó—. Jamás había visto a Rin tan sexy como ahora —sonrió socarronamente—. Más vale que la cuides, porque puede llegar cualquier garañón prometiéndole una mejor vida. Capaz y renuncia. Y dudo mucho que tú quieras eso, ¿verdad?

El albino frunció el entrecejo, al escuchar la sarta de idioteces que dijo Kōga. Y esa no era la primera vez en que mencionaba ese tipo de cosas referentes a Rin. En donde parecía tener bastante interés en que él prestara atención a la mujer. Sobre todo, la primera vez que hablaron desde su regreso a Japón.

Ten cuidado con Rin, porque persona que la conoce, persona que se enamora de ella.

Al principio no le tomó importancia a dicho comentario. Pero conforme iba viendo lo importante que era la secretaria, para la mayoría de las personas que la conocen, se había dado cuenta que Kōga no estaba tan alejado de la realidad.

Rin Honjō había enamorado a toda la gente que la rodeaba, a cada uno de manera distinta. Y entre esas personas se encontraban Inutaishō e Inuyasha.

~O~

Ya pasaban de las nueve de la noche y Sesshōmaru aún se encontraba en la oficina. Se había quedado, para terminar algunos asuntos pendientes y checar con más atención la información que recibió de Hakudōshi. Pero no había podido progresar demasiado, algo había faltado, algo que no lo dejaba en paz.

Rin no había venido a despedirse como ya era de costumbre, y ya habían pasado dos horas desde la salida del personal de la empresa. Pero la susodicha jamás cruzó el umbral de las puertas.

Apretó con fuerza el bolígrafo plateado que tenía en su mano derecha. Detestaba que una tontería como esa, lo perturbara. Que más daba si Rin no fue a despedirse, no era algo transcendental.

Molesto consigo mismo, Sesshōmaru se levantó de su asiento con la intención de terminar con todo de una vez y partir a su casa. Después de todo, allá también tenía una obligación de la cual hacerse cargo.

Guardó todo en sus respectivos lugares, sobre todo la información que tenía de Naraku, que se llevaría consigo, para seguir leyéndola en el departamento.

Cogió el maletín y su celular, que guardó en el bolsillo derecho de su pantalón negro. Dio camino hacia la salida del despacho, mientras se quitaba la corbata roja y abría los tres primeros botones de la camisa blanca.

Ese había sido un día especialmente bochornoso, tanto que, al liberarse de esa presión en su cuello, pudo sentirse mucho más fresco.

Al abrir la puerta paró en seco, al ver a la secretaria que aun trabaja en el ordenador. Ahora ya sabía el motivo por el cual, la mujer no había entrado a despedirse.

—Honjō.

—¿Sí, señor? —Respondió tan rápido como giró el asiento de la silla.

—¿Qué haces aquí?

—Terminando los informes, hoy es el día límite para entregarlos —le dio una corta sonrisa—. Pero ya estoy terminando, sólo me falta enviar los correos.

Sesshōmaru se había olvidado por completo del dichoso informe, había tenido tantas cosas en la cabeza, que eso era lo menos relevante para él.

Caminó hasta llegar a una de las sillas que estaban frente al pequeño escritorio de la secretaria, en donde tomó asiento, ganándose así la mirada curiosa de la pelinegra.

—Termina —le ordenó.

No era necesario de que dijera más, había sido bastante obvio la intención que tenía. Ya era bastante tarde y, dejar que Rin se fuera en el metro, no era una opción para Sesshōmaru.

Rin asintió y volvió su atención en el monitor, mientras sus dedos empezaron a teclear y mover en momentos el mouse.

Jamás había visto tan sexy a Rin como ahora.

No pudo evitar el recordar dicha frase de Kōga. Después de todo, se había dado cuenta de que algo se veía diferente en la secretaria.

Cuando Kōga había entrado a su oficina sin permiso, siendo seguido por Rin, se percató de que lucía una falda negra a la cintura que se ajustaban a las curvas de su cuerpo, una blusa blanca algo trasparente, el cabello azabache sujetado en una coleta algo desordenada y aquellos anteojos apoyados en el puente de la pequeña nariz.

Había sido una vista bastante grata para Sesshōmaru.

Con ese aspecto, la secretaria lucia realmente atractiva.

Ahora que la veía en primera fila, podía decir sin duda que, Rin Honjō era una mujer sexy sin siquiera proponérselo. Había una diferencia abismal entre la secretaria cotidiana que siempre se veía pequeña y dulce, y la secretaria que ahora mismo estaba observando, una que irradiaba sensualidad.

—¿Señor Sesshōmaru?

Sesshōmaru salió de su trance, poniendo atención a lo que la mujer quería decir.

—Ya he terminado, sólo iré rápidamente al tocador.

Se limitó en asentir, viendo como la pelinegra corrió tan rápido como los tacones se lo permitieron.

A pesar de todo lo que llamó su atención, terminaba quedando en segundo plano, al darse cuenta de que los ojos marrones no tenían su brillo tan característico y el desconsuelo seguía rodeando a la joven mujer.

Rin terminó de acomodar su blusa bajo su falda, para cerrar el cierre que se encontraba en la parte trasera. Salió del cubículo y fue directamente al lavamanos, se quitó las gafas y sin pensarlo dos veces, mojo su rostro. Se sentía cansada, tanto que en cualquier momento terminaría cerrando sus ojos. Pero no sólo eso, sino también lo abochornada que se sentía.

Detestaba que Kōga hubiera atinado en algo respecto a su jefe. Que en verdad se sentía muy atraída físicamente hacia él.

Cuando Sesshōmaru la llamó y volteó a verlo, se dio cuenta de que éste no llevaba la corbata puesta y que los primeros botones de la camisa blanca estaban desabrochados, dejando ver la clavícula pálida y marcada. Y como ese largo cabello platinado estaba ligeramente desordenado, dándole una apariencia más sensual y salvaje.

—¿Qué te ocurre, Rin? Deja de pensar en esas cosas —se regañó, dando unos cuantos golpes a sus mejillas.

Ella estaba segura de que no tenía necesidad de un hombre, sino que tenía necesidad de él, quería más que un par de besos. Estaba ansiosa de saber si Sesshōmaru, era lo que representaba.

Se miró al amplio espejo y pudo notar el sonrojo en sus mejillas. Cada día que pasaba, era una batalla perdida contra sus propios deseos.

—Un baño con agua fría, eso es lo que necesito.

Tomó una de las pequeñas toallas y se secó el rostro, tenía que apurarse, si no, su jefe sería capaz de venir a sacarla del baño por tardarse más de lo debido.

Depositó la toalla en el tanque, cogió las gafas y salió del lugar para dirigirse hacia donde el albino la esperaba.

Al llegar, el hombre aún seguía en el mismo lugar en donde lo dejó, tenía los ojos cerrados, su expresión se veía tan pacifica, tanto que le sorprendía, era como si estuviera dormido. Y como ser curioso que era por naturaleza, se acercó a él, para ver con más detalle las facciones de Sesshōmaru.

¿Cómo un hombre podía ser tan apuesto?

La mezcla de líneas masculinas y afinadas armonizaba a la perfección. La piel nívea parecía tan tersa y sin ningún rastro de imperfección.

Levantó su mano hasta el rostro del hombre, pero sin tocarlo, estaba tan tentada en acariciarlo, pero su propia inseguridad se lo impedía, ella no podía, no estaba bien.

Se alejó de él para volver al escritorio en donde sólo faltaba guardar sus cosas en el bolso, para poder irse de una vez de ese lugar. Estando lista, llamó al hombre.

—Señor Sesshōmaru, ya estoy lista.

Los dorados ojos se dejaron ver, al momento en que los parpados se abrieron con lentitud.

Sin duda, eran sus ojos los que más cautivaban a Rin. Que podían ser tan fríos como gemas preciosas o tan calientes como el oro fundido.

Sesshōmaru no dijo nada, sólo se levantó cogiendo su maletín y dando el paso a ella, a lo cual no tardó en acceder.

~O~

De nuevo se encontraban en aquel edificio, acompañado por la secretaria que terminó por salir del coche, para pararse frente a él.

—Muchas gracias por traerme —le dio una mueca parecida a una sonrisa.

¿Cuánto tiempo más la tristeza estaría acompañándola?

Odiaba ver a Rin de esa manera.

¿A caso se acostumbró tan rápido a la alegre y dinámica Rin?

Frunció el ceño de sólo pensar que así era.

—¿Señor, se encuentra bien?

Fijó su mirada en la mujer, que tenía su cabeza ligeramente ladeada hacia la izquierda, observándolo con interés. Algo que siempre le pareció muy infantil por parte de Rin, pero que no le desagradaba.

—Te quiero temprano mañana —fue lo único que se limitó a decir.

—Así será —asintió con un poco más de ánimo.

Sin más que decir, Sesshōmaru retomó su camino para montar el auto y retirarse, pero ante de pudiera abrir la puerta, sintió como algo jaló su saco. Al voltear se dio cuenta que eran las manos de Rin, que estaba cerca él.

La miró, esperando a que ésta dijera algo. Pero no pasó, sólo sintió como las manos dejaron la manga, para pasar a la solapa de su saco, apretándola y jalándola hacia ella, provocando que se agachara. Al momento en que eso ocurrió, sintió los labios de Rin, le dieron un corto y cálido beso, muy cerca de la comisura de sus labios.

—Muchas gracias por este día —esa vez la sonrisa era amplia y dulce—. Fue muy gentil conmigo —dio dos pasos hacia atrás—. Nos vemos mañana.

Sin más que decir, la mujer se giró y caminó hacia la entrada del edificio, en donde se detuvo y volvió a verlo, para despedirse con el movimiento de su mano. Y dando otra sonrisa se despidió y entró por completo al lugar.

Sesshōmaru aún petrificado en ese lugar, no entendía lo que acababa de pasar. No se esperó dicha acción por parte de la secretaria.

Se irguió tan alto como era y se le dibujó una corta sonrisa.

Sin duda alguna, esa mujer sabía cómo sorprenderlo.


¡Hola a todos!

Estoy aquí actualizando el nuevo capítulo, que si bien, no es tan impactante (como leí en los comentarios) como el otro capítulo, espero también sea de su agrado.

Como siempre, les doy gracias por seguir al tanto de la historia, espero y pueda seguir siendo así. Realmente eso me alienta a seguir. Aparte que no he parado de escribir. Estoy con constantes ideas que siento que la cabeza me va explotar.

Pero bueno, les mando un saludo, un abrazo y muchos besos. Espero verlos una vez más en los comentarios de este capítulo.

¡Nos estamos leyendo!