Una vez más, ¡agradecimientos! a los hermosos comentarios de CuquiLuna3, SuicideFreakWord, PercyRossVulturiUchiha, Sinideas, Kuroneko1490, Murtilla y Coptesita (¡que gusto leerte después de AÑOS! =3).

Lamento no poder responder sus comentarios, pero este mes es un caos y apenas alcanzo a subir el capítulo -_- Miles de disculpas.

¡Ahora sí, a leer!


Capítulo 11: Sarasvati II

Durante su contemplación, el moreno pudo darse cuenta que Malfoy parecía realmente preocupado por Keane. Por un muggle. Hacia quienes había maldecido y escupido con malicia. A quienes había calificado como espantajos sin valor. Y si mal no recordaba, el propio rubio le había dicho que la salud del hombre era prioridad… ¿Qué podía decir a eso?

Era casi contradictorio y frustrante.

Malfoy no lo miraba a él, pero sí examinaba atentamente los gestos de Keane y le hablaba con amabilidad, como si quisiera hacerle las cosas más fáciles y cómodas al hombre. No había sido desconsiderado pensado en reventarlo a pociones o encantamientos, sino que había reparado en algo tan simple como el olor de la mandarina. Esa insignificancia lo había ayudado a despertar de su absoluto aturdimiento y además, le había prometido sanar sus dolencias.

-Ahora…- tomó el pequeño frasco fotosensible sobre la colcha del catre. El moreno supuso que era el responsable de ese olor a mandarina. –En India hay ciertos "métodos" que ayudan a reactivar o relajar zonas del cuerpo, externas o internas. Para nosotros, se podría llamar como "rito invocante" o algo así.- Harry asintió, moviéndose más cerca de donde el rubio y Keane estaban. Estar junto a la muralla, al costado de ambos, le permitía la observación de todo movimiento y la posibilidad de intervenir si la situación lo ameritaba.

Malfoy untó el dedo índice de su mano derecha con un líquido oleoso y fragante, sin mayor demora se dedicó a dibujar un circulo en medio de la frente del muggle. Repasando las aceitosas líneas una y otra vez. Harry supuso que la invocación se centraría en esa zona.

-Señor Keane, necesito que me mire.- pronunció calmadamente, dejando algo de espacio entre cada palabra y otorgando tiempo para su correcta interpretación. –Señor Keane.- llamó nuevamente, hasta que el sujeto levantó los ojos hacia él. El gesto no le era extraño al moreno, desde que había llegado a ese cuartucho, el hombre parecía absorto en su interlocutor.

Por algún extraño motivo, Harry frunció el ceño al ver a Malfoy acercarse un poco más a Keane. Lo cual era ridículo, considerando que el rubio necesitaba hacer contacto visual para la Legeremancia. Era algo completamente normal.

Respirando profundamente y calmando el nerviosismo dentro de su pecho, Draco posicionó sus manos en torno a la cabeza de Keane. Sus palmas a la altura de las orejas del hombre y ambos pulgares sobre sus senos nasales frontales. Entre ambos dedos debía encontrarse el Ajna o tercer ojo. Seguro Trelawney habría estado orgullosa de él.

-Éste tipo de invocación en particular busca reactivar el Ajna o el tercer ojo, el chakra de la intuición más allá de las palabras…- respiraba pausadamente, intentando trasmitir tanta calma como confianza pudiera. La Legeremancia era muchas veces una experiencia violenta y profanadora, quizás traumática para un muggle, quien nunca ha sentido una presencia externa dentro de sí. Y mirar tan de cerca esos ojos, a pesar de todo, era intimidante. –Lo ayudará a fortalecer la consciencia y el poder de voluntad. Que pueda guiar sus propios pensamientos y pueda resistir la intrusión.- murmuró, con esa maravillosa voz aterciopelada. Tranquila y un poco misteriosa.

Joseph sonrió al poder de esa voz. Y a los ojos inquietos de Potter.

-Bien.- lamió sus labios. -Señor Keane, si queremos que esto funcione, necesito que mantenga el recuerdo de lo sucedido hoy en la noche como lo primordial en tu mente, ¿de acuerdo?- luego de segundos eternos, el hombre asintió. –No importa si no puede llegar a detalles concretos o sí piensa que hay cosas que faltan… sólo quiero que tenga lo que recuerda de ese instante en su mente.- Keane no dijo nada, pero no pareció necesario. Draco se concentró y sin siquiera usar varita, pronunció un suave: –Legeremens.- y el rubio se sintió literalmente perforar esos azules ojos, con los suyos. Tan fácil y fluido como lo había esperado de la sensible y accesible mente de un muggle.

Ni Harry, ni Joe dijeron nada, cuando ambos hombres quedaron con sus rostros a un palmo de distancia. Estáticos e inexpresivos como dos trozos de madera. A pesar de su falta de fe a cualquier deidad muggle y sus prácticas usuales, el hombre negro rezó internamente porque nada malo sucediera.

Lo primero que vio Draco fue una suerte de borrones de colores, deslizándose y pululando de un lado a otro, en un movimiento fluido y a veces parpadeando sobre un fondo oscuro. Negro como el encierro o la falta de consciencia. Si observaba con mayor atención podía distinguir algunos contornos, como el borde de un dedo o la forma de un zapato, una calle difusa y zigzagueante, el borde del largo peciolo de la hoja de un Acer. Todo tan común y tan cotidiano como el caminar de la casa al trabajo y el rubio supuso que eran los residuos de esos lazos que debían ser eliminados. Tal vez la poción aún estaba luchando contra el encantamiento de Keane.

Se mantuvo quieto buscando la manifestación del hechizo de censura, sabiendo que todo movimiento significaría una invasión para la mente, con consecuencias imprevisibles y potencialmente negativas. Siguió observando los bordes irregulares y las formas difusas, admirando esas tonalidades chispeantes y a veces fantasmagóricas. Bello, tétrico, lamentable… Pero entonces comprendió algo que no había advertido, si esos colores inmateriales y parpadeantes eran tan cotidianos como suponía, eso significaba que no eran recuerdos censurados. Eran los recuerdos reales.

Para Brian Keane, todas sus estimadas remembranzas, el buscado reconocimiento y las alusiones de lo vivido tenían la apariencia de una figura difusa. Todo pasado y vieja experiencia pululaba dentro de su cabeza, parpadeante y esquivo, adquiriendo el mismo valor de aquello que se desea olvidar. Lo querido se vuelve ajeno, como un enemigo. Que injusto.

Se sintió girar en noventa grados, cuando distinguió algo hacia el fondo, hacia algún lugar adelante. El rubio sabía que no tenía pies que mover, por eso no se sorprendió al deslizarse de forma casi etérea. Como una excusa metafísica o la extensión de un extraño sueño. Simplemente se dejó fluir sintiendo las distorsiones tocar su piel inmaterial, ruidos entrecortados sonando por detrás de su cabeza, como una música de fondo, monótona y con el mismo volumen regular. Eso era todo.

Tal vez si se dedicara a ello, podría sentir algún aroma o podría percibir algo más que formas confusas, algo más que un sinsentido perturbando el orden de su propia cabeza.

El sonido de tacto sobre género llamó su atención, como si alguien recorriera con sus dedos el borde de un trozo de tela. Un poco áspero, pero definitivamente acariciante y armónico. Draco se dejó llevar por ese ruido, dándose cuenta que era la misma dirección que le decía su instinto. Por allí había magia y eso era lo único que importaba. Magia. Magia, como un dulce tentador. Magia, electrizando algo muy dentro suyo.

En medio de ese desierto caustico de la condición muggle, la magia cosquilleaba sobre su imaginaria piel y Draco se sintió respirar con profundidad. Completamente encantado.

Entonces, en un significativo momento, observó la estremecedora arquitectura del encantamiento, toda su compleja amplitud y su subyugante totalidad quedó atrapada en sus ojos como una fotografía impresa en su mente. En medio del negro telón de fondo largas tiras de tela azul, como cintas de raso o terciopelo, sobrepuestas unas sobre otras y en todas direcciones. Ocultando. Sellando. Prohibiendo. Hermosos listones de género azul prusiano, tan digno y majestuoso. El color de un rey.

Y en medio de todo, Draco distinguió una angosta cinta en plata. Foránea. Exótica. Esa era la hendidura para la llave, el cerrojo, ¡la fisura! La débil división que daría acceso a todo. La compuerta en la caja del tesoro. Quiso estirar su mano… pero casi en un flash, encandilante e inesperado, en su mente tomaron lugar dos labios. Se formó la imagen de una boca, añeja, calamitosa… antes de ser prácticamente expulsado de ese espacio mental. Joder. Joderjoderjoder.

Boqueó.

Boqueó y pestañeó, intentando enfocar los ojos azules de Keane, pero el rostro del hombre era un compendio de gestos adoloridos, tensión, músculos contraídos y pliegues como arrugas surcando su frente y boca.

Alejó su rostro del hombre y se concentró en sus propios pensamientos. Eso había sido intenso, a pesar de ser una mente muggle… a pesar de ser una mente profundamente dañada. Pero su corazón estaba latiendo rápido, quizás era emoción. Posiblemente era la sensación del descubrimiento, lo que alteraba su pecho. El conocimiento. La ventajosa pista en ese problema.

-Ya…- apenas murmuró. Su voz sonaba ligeramente gruesa, como si hubiese pasado mucho tiempo más que unos pocos minutos dentro de su mente. Lo cual era probable.

-¿Qué pasó?- tanto Potter como Joe se acercaron a él. Draco se dio cuenta que aún sostenía la cabeza del muggle entre sus manos y las apartó. Luego se giró hacia ellos y les hizo gestos para que esperaran.

-Lo siento.- dijo, a nadie en particular. –Señor Keane.- llamó, mientras sus manos temblorosas incursionaban una vez más, dentro de su bolsito de cuero. –Le daré algo para su jaqueca.- murmuró.

-Dámela a mí.- soltó Joe.

Apenas el rubio puso un pequeño vial con poción para la cefalea en sus manos, su compañero obligó al hombre a beberla. El rubio profundizó sus respiraciones y movió sus manos, abriendo y cerrando los dedos, tratando de calmar los estremecimientos. En algún momento sintió a Joe –o quizás era Potter-, recostar a Keane sobre el catre y cubrirlo con la lacónica manta de lanilla café. El hombre parecía removerse en la inquietud del malestar, en la punzada que parecía querer partir su cerebro, en la tensión de los músculos y el incómodo zumbido de la Legeremancia.

Draco le había prometido sanación, por eso le dejó su pañuelo con un poco más de fragancia de mandarina, cerca de su almohada. Eso además de la poción, debería tranquilizarlo o al menos, otorgarle un buen sueño.

Poco tiempo después Potter les hizo gestos hacia la puerta y los dos aurores salieron del cuartucho. Harry se detuvo un momento en el marco de la puerta, observando el cuerpo recostado de Keane, sorprendido por la amabilidad que había mostrado Malfoy con el hombre.

-¿Qué encontraste?- por primera vez Draco sonrió abiertamente, incluso ante la presencia del moreno.

-Lo sabía. De verdad soy un genio.-

-¿Qué?- Joe lo miraba con ojos interesados.

-Sí es un hechizo de censura. Puedo confirmarlo.- asintió. Acomodando un mechón de su rubio cabello, tras su oreja. –Verán, la gran mayoría, sino todos los encantamientos que se aplican en la mente, cobran formas concretas dentro y que permiten su reconocimiento. Como ocurre con el color o la forma de un hechizo.- miró a ambos y éstos asintieron. –Por ejemplo, los encantamientos de memoria como el obliviate, se ven como murallas de ladrillo… aunque es muy difícil de distinguir, porque se disimulan dentro de otros recuerdos.- Draco se dio cuenta que movía sus manos mientras hablaba, rápida, ampliamente y no quiso negarse el gusto de la alegría. Sonrió y mantuvo la expresividad de sus gestos. Qué importaba Potter y esa tonta enemistad. -Un Imperius se ve como cadenas, las mutiladoras de la voluntad. Las modificaciones de recuerdos, se ven como bordes o marcos. Los inhibidores de sentimientos se ven como grandes géneros o enormes telones de color, ocultando lo inherente, algo que siempre va a estar ahí.- hizo una pausa y lamió sus labios. –El hechizo de Keane está hecho como de franjas de tela o algo así. Esos son los lazos que les decía, los que se van construyendo a medida que el encantamiento se relaciona con la nueva información. Personas, lugares, objetos, etc.- Draco mantenía la orgullosa sonrisa, pero entonces Potter frunció el ceño.

-Pensé que eso ya lo sabias. Lo del hechizo de censura.- dijo.

-Sólo lo suponía.- suspiró, no quería que la sucia boca de Potter acabara con su felicidad. –Sabíamos que había cohesión gracias a lo visto en el interrogatorio, pero podría haber sido provocado por una maldición u otro tipo de hechizo. Ahora sabemos que es un cegador de recuerdos. Un Excaecationem memorias.-

-Bien…- el moreno conservó el gesto contrariado, pero al menos parecía considerarlo. Se cruzó de brazos y miró directamente a los pálidos ojos del rubio. -¿Hay algún contra hechizo?-

-Bueno, sobre eso tengo una buena y una mala noticia.-

-¿Cuál es la buena?- Joe frunció el ceño.

-Lo bueno es que ya sé cuál es la articulación para deshacer el encantamiento y de hecho es algo bastante simple… creo. Ya que, una vez teniendo "eso" no es necesario un conjuro especial o algo complejo.-

-¿"Eso"?- se escucharon sus voces, al unísono.

-Sí, "eso". Esa es la mala noticia.- suspiró. -No hay un contra hechizo. La llave es algo más concreto y particular, pero no es necesariamente un objeto. De hecho, podría ser una palabra, un vocablo o un sonido… no, no creo que sea algo tan burdo como un sonido.- el rubio sabía que la visión de esa boca tenía algo que ver. Un descuido. Como una huella digital en el borde de la cerradura violada. O como la huella de pisadas húmedas sobre la alfombra de una casa robada.

-¿Un vocablo?- ambos lo miraban como si no pudieran comprenderlo.

-Otra vez voy a hacer una suposición.- les advirtió. –Es sólo una hipótesis…-

-Hasta el momento has tenido razón.- le aclaró Joseph. Draco no pudo hacer más que agradecer el gesto.

-Creo que el responsable del hechizo en Keane cometió una pequeña falta. Seguramente pensó que siendo un muggle y tan susceptible a la magia, cualquier intento de indagación por nuestra parte lo dejaría frito o incapacitado. Por eso… mientras observaba la forma del encantamiento, en mi mente apareció una boca.-

-¿Cómo una visión mientras leías su mente?-

-Sí.- le respondió a Potter, observándolo tan intensamente como lo hacía el hombre. Obviamente Draco no se daba cuenta de la satisfacción que esto le producía al moreno. Un simple encuentro de miradas y Harry sentía que era un cruce que había estado esperando. La confluencia de sus ojos y la posibilidad de observarlo a gusto. Indagando dentro de esas pupilas frías y hostiles. –Pero yo diría que es más como un vestigio o una huella, que de cualquier forma es algo propio de la magia. Así como un Prior incantatem o el residuo de magia en un lugar, son rastros de algo que ocurrió y que en éste caso es responsable de la censura.-

-Entonces la imagen de esa boca es la responsable del encantamiento y de la posible llave…- decía Potter y Joe asentía, comprendiendo. –Es lo que Keane gravó en su mente como el ejecutor.-

-Sí. Es lo que creo.- corroboró, instalando la sonrisa nuevamente en su cara. Draco sentía que además del éxito de la Legeremancia, también había una maravillosa satisfacción de conquista. Algo cercano al triunfo. ¿Quién era el incompetente, Potter?

-¿Estás seguro? ¿No pudo haber sido una coincidencia?, ¿o una equivocación?-

Apenas el rubio frunció los labios, Joseph decidió intervenir.

-Coincidencia o no, lo importante aquí es saber cuál es la palabra, llave, cosa, o lo que sea.-

-Tal vez podrías revisar a los otros detenidos y-

-¿Y ver si ocurre otra coincidencia?- y la sonrisa sincera se transformó en un gesto ladino. Mordaz. -¿U otro error?-

Draco negó con la cabeza, antes de deslizar sus ojos lejos de Potter. Sí, estaba resentido y susceptible a todo lo que salía de su boca, siempre había sido así. Tal vez no eran palabras mal intencionadas, pero su mente lo había interpretado automáticamente como una ofensa. Como otra de esas jodidas traiciones.

Harry pestañeó, mirándolo, hasta que comprendió lo que estaba sucediendo. Cobbs sólo tenía el ceño ligeramente fruncido, con el silencio de quien sabe sobre la tensión entre ambos. ¿Malfoy seguía siendo así de infantil? ¿Lloriqueando por nada? ¡Esa había sido una simple y legítima pregunta! ¡Sólo una duda!

¿Tendría que cuidar lo que diga cada vez que hable con él? ¡Pues tendrá que esperar sentado!

-Con los antecedentes que tenemos, podría hacer una solicitud de retención sobre Keane.- comentó Harry finalmente. -Estuvo en contacto con una persona mágica, en posesión de objetos mágicos y aún tiene un encantamiento encima… eso es más que suficiente.-

-Perfecto. Ahora me voy a descansar.- soltó el rubio, comenzando a moverse en dirección al elevador.

-Iré por la bicicleta de Keane.- mencionó el hombre negro y de la misma forma como lo hacía Harry, Cobbs no dejó de mirar la espalda de Draco.

-Déjalo, ya han hecho suficiente. Hablaré con alguno de los aurores de guardia, para que vaya por ella.-

El moreno observó esa nuca cubierta de cabello rubio, lacio, seguramente sedoso, apenas tocando los hombros de Malfoy. Acariciando el cuello de su abrigo de franco, el pálido tono dorado en contraste con el negro del delicado paño de lana. Definitivamente fino. ¿Qué maldiciones le estaría dedicando esa pequeña cabeza suya?

¿Y qué esperaba? ¿Qué le pidiera disculpas? ¿Era un niño aún?, ¿haciendo un berrinche?, ¿marchándose indignado? Harry sabía que no era su culpa que el rubio fuera tan quejumbroso, pero aun así le sabía mal que todo resultara en ese malentendido. Sólo era una duda. Había sido una simple pregunta y ahora el rubio, con mayor razón, no le dedicaría ni una mirada. ¿El castigo de su indiferencia? ¡Qué más daba! ¡Eso era algo que ni siquiera debería importarle! ¡Maldito pijo!

-Potter.- fue sacado de sus pensamientos, Cobbs inclinó un poco la cabeza en un gesto de despedida. Harry sólo asintió.

Una vez que estuvo solo en el pasillo, se dio cuenta que debió haber agradecido el esfuerzo de esos dos… que tal vez, debió haberle dado las gracias a Malfoy.


Su varita había dejado de zumbar, hacía algo más de diez minutos. Ahora oculta bajo su almohada, Draco quería fingir que no debía levantarse, que no tenía un horario que cumplir, ni rostros que ver. Quizás si se convencía de que todo era temporal, fugaz, tan pasajero como la visión delante de sus ojos. Sólo debía pestañear para que el mundo cambiara frente a su rostro, porque después de todo, cada segundo es distinto al anterior.

Eso debía hacerlo sentir esperanzado.

Suspiró con los ojos perdidos en el cielo raso del dormitorio, en el antiguo cuartel de aurores. Obnubilado entre las vetas y los nudos de la madera, regodeándose imaginando figuras donde no había nada más que líneas y manchas.

Sabía que debía levantarse, en su mente estaba claro, pero se sentía adherido a la sábana… no, más bien era él quien había perdido la energía y se estaba dejando estar. La voluntad y la decisión con que había llegado para enfrentar el caso, se fueron debilitando lentamente. ¿Cuántos insignificantes días habían pasado y ya sentía que trabajaba con delatores y no con colegas? ¿Casi dos semanas?, no quería pensar en pasar meses con ellos.

Pero en fin, he aquí la prueba de su vida… ¡El Gran Ganesh!

…Y entre nos, seguro Ganesh era Slytherin, porque te pone unas pruebas que te jalas el cabello.

-Ey.- escuchó desde la cama contigua. Con parsimonia ladeó el rostro, sabiendo a quién encontraría. Joe regresaba de las duchas, vistiendo sólo los pantalones del uniforme y las botas sin abrochar.

-Ésta rutina me está matando.- anunció como única verdad, sintiendo su cabeza atorada en la almohada, igual que todo su cuerpo.

-Puedo decirle a Potter que te sientes enfermo. Es justificado después de una legeremancia.-

-No. No hablo sólo de dormir poco y fuera de hora.- hizo una mueca y regresó los ojos al techo. –Me agota estar molesto, tener siempre pensamientos de rabia. Lo gracioso es que antes estar enojado era mi especialidad. Planificando, maquinando, deseando mal. Antes era más fácil.- suspiró.

-No puedo decir que lo lamento.- Joe sacó una camisa de su casillero, tras la cabecera de la cama y comenzó a ponérsela.

El rubio suspiró sentándose en el centro del colchón, entonces recordó que ayer ni siquiera se había quitado la ropa de civil. Simplemente se había metido entre las mantas, desesperado por dormir. Ahora tenía los pantalones completamente arrugados y la incómoda sensación de que había sudado mientras dormía. Un maldito desastre.

-¿Te habías apiadado de Potter, no?- volvió a levantar los ojos y miró a su compañero. Ese era "otro" maldito desastre.

-¿Cuándo?-

-Ayer. Por eso fuiste a revisar a Keane, porque el interrogatorio fue un rotundo fracaso y Potter parecía al borde del colapso.- Draco sólo se alzó de hombros. ¿Qué más daba si había tenido una buena intención? –Te compadeciste de su desesperación, a pesar de sus palabras.- Ah, sí, las desgraciadas. Su gran debilidad.

-No "a pesar". Él dijo que yo era un incompetente y no lo soy. Tenía que hacérselo ver.- frunció los labios.

-Pero de todas formas eso te hizo sentir bien.- hizo un instante de silencio y terminó aclarando su punto. -Ayudarlo.-

-No pongas palabras en mi boca. ¿Qué acaso no te das cuenta dónde estamos?, al otro lado del Ministerio. Precisamente para no verlo, ni sentirlo cerca.- se quejó. -¡Aún estoy molesto!-

-Pero ya no quieres estarlo.- Draco mira hacia cualquier lugar y Joe sabe que no aceptará las cosas hasta que no se enfrentara a ellas. Entonces rodeó su cama y se sentó en el borde, junto a su compañero, pudiendo observar los cambios en su pálida cara. –Hay que aceptar que el tipo no tiene nada de tacto y a veces es un poco duro de cabeza, pero debes comprender que está bajo mucha presión.-

-¿Por qué siento que quieres convencerme? ¿Has hablado con Neville, acaso?-

-Ehm…- sonrió con gesto de obviedad.

-¡No me jodas!- pateó las cobijas y se puso en pie. –¿Sabes qué es lo peor de la conversación que estamos teniendo?, que me estás dando las mismas justificaciones que Neville… y bastante pobres, a decir verdad.- caminó hasta su armario y sacó su uniforme. -¡Pobre hombre que está estresado! ¡Pobre chico que derrotó al mayor mago oscuro de la historia y ahora vive en la eterna gloria! ¡Pobrecito porque es el Jefe de División más joven de la historia y le está saliendo una úlcera nerviosa!- esta vez tomó una toalla y la arrojó con fuerza sobre su cama. –Nadie sintió lastima por mí, porque seguro me lo tenía bien merecido. Esa maldita distinción es lo que más me jode. Así que ese cuento de "pobre Potter"… me importa una mierda.-

-¿Entonces vas a seguir odiándolo y haciéndose mutuamente la vida imposible?- Joe vio cómo su pequeño estuche con sus útiles de aseo, rebotaba sobre la cama, en otro ataque de rabia. –No es muy adulto de tú parte.-

-No lo sé… sólo dejen de tratar de convencerme para que sea bueno con él y lo ayude con su maldito desequilibrio mental.-

-Wow… ¿sabes cómo se sentiría él si te escuchara desde el pasillo o detrás de la puerta?-

El rubio se detuvo y lo miró con ojos apocalípticos, seguramente estaba mentándole todos sus antepasados.

-¿Puedo decirte algo sin que te enojes?- el hombre negro lo miró desde su lugar, sentado en la cama. El conspicuo silencio de Draco lo hizo pensar en un sí. –Es algo bueno…- tentó con otra de sus sonrisas amistosas e interesadas.

-¿Qué?-

-Potter realmente pareció impresionado por lo de ayer. De verdad, impresionado.- Joe mantuvo la mirada sobre su compañero, quien aún no relajaba el gesto, pero al menos había dejado de escupir espuma por la boca. –Es verdad que terminó en un malentendido, pero es porque ambos son demasiado susceptibles a las palabras del otro. ¿Preferirías que te ignorara?-

-Nosotros no podemos sencillamente tratarnos con indiferencia.-

El hombre entrecerró los ojos mientras escuchaba sus palabras, estaba seguro de que no era eso lo que le había visto hacer a su amigo. No ignoraba a Potter, pero no lo aceptaba del todo. Le hablaba a medias, lo miraba a medias, lo consideraba a medias. Y para alguien como Draco, a quien el contacto visual era tan importante, preferir enfocar sus pálidos ojos sobre una pelusa, era algo significativo.

Ese rubio taimado sí lo había tratado con indiferencia y Potter se había dado cuenta.

-Él tiene a sus amigos, que ellos lo saquen del agujero…- murmuró finalmente. Por algún motivo Joe, advirtió que había algo más en el mensaje. Draco lo había dicho una vez, pero él no lo había juzgado como una declaración.

-Te despreció…- dijo más para sí, pero el rubio lo había escuchado también. Sus labios se apretaron en una delgada línea. Ese era el Quid de todo. No era un prejuicio o una forma de decir. Era su verdad. –No es porque no sientas lastima por él, es que de verdad estás sentido porque te rebajó… Estás herido.-

-Pensé que era obvio.-

Por un instante se quedaron en silencio. Draco de pie junto a la cama, respirando profundamente, tal vez calmando todos los pensamientos y emociones que debían agolparse en su interior. Justo en ese momento Joe estuvo realmente seguro de algo.

-No voy a presionarte, pero ahora más que nunca creo que deberías arreglar las cosas con Potter. Si quieres redimirte, si quieres estar en paz contigo y pagar por tus errores del pasado… si en serio quieres hacer lo correcto, debes cerrar esa herida o nunca te sentirás tranquilo.- el hombre miró ese hermoso rostro ladeado, inclinado, mirando hacia ningún lugar en particular. Sabiendo que sus palabras eran verdad y el rubio sabría darles el lugar necesario. -Podrás ayudar a muchos otros, podrás aceptar y ser amigo de otros, pero cuando tengas que rendir cuentas sobre tus actos, entonces comprenderás que no hiciste nada cuando más se necesitó. Quizás no por él, probablemente sí sea un cretino, pero lo importante aquí es que habrás demostrado que no lograste dejar tus rencores, ni superar tú pasado por el bien de otra persona.- Draco apretó sus labios, pero ya no era un gesto de molestia. Era más parecido a la contención o la represión de algo más. –Sana esa herida.- dijo en última instancia. No interesaba Potter, lo que de verdad importaba era su bienestar.

-Él me salvó la vida en Hogwarts…- murmuró, –y nos libró de Azkaban a mí y a mí madre.- Joe simplemente asintió. No iba a juzgarlo por pasadas deudas de vida, el rubio sabía qué debía y qué quería hacer. –Nunca fue mi intención… yo nunca, yo…- negó con la cabeza, suspirando finalmente. -Es sólo que odio sus palabras… supongo que tanto como he odiado las mías alguna vez.-

Joseph volvió a asentir, como única respuesta.

-Es esto lo que me molesta… esta desilusión.- Draco negó y su cabello se agitó suavemente sobre sus hombros. Sedoso y liviano, como hebras de luz. Joseph esbozó una media sonrisa, considerando las incongruencias que cruzaban por su mente en esos momentos. –Gracias por acompañarme. Ya sabes, cada vez que me dan las mañas.-

-Somos amigos Draco, que él tenga tan… peculiares sentimientos, no significa que todos los tengan.- continuó por esa misma línea y esta vez su sonrisa fue completa, recreándose en la idea. –Si se dieran una oportunidad, estoy seguro que todo se solucionaría.-

-Tal vez.-

-¿Ese es un "tal vez" bueno?-

-¿Dónde quedó el no presionarme?- lo miró con ojos inquisitivos.

Joe rio un poco y el rubio decidió que lo primero que haría sería tomar una ducha, ya era suficiente de ropa usada, arrugada y sudada. Así comenzaba su día, sobreponiéndose a la calamidad interpersonal y por qué no decirlo, a ese desconcertante instante de inseguridad. Sentimientos que le eran muy conocidos, ¿eh?


La División 3 ya se había reunido en la Sala de Conferencias, cuando Draco y Joseph llegaron. Ambos recibieron miradas rápidas de cada uno de los presentes, todos lucían demasiado ansiosos y exultantes como para darles más interpretación que simples muestras de reconocimiento.

De hecho Finnigan, Weasley y Potter estaban inmersos en una emocionada conversación, cuando ellos entraron. Junto a ese nuevo trío de estrellas, Draco vio la pizarra donde estaba plasmado todo el desarrollo del caso; allí, hacia la izquierda estaban la foto de Keane y en pequeños trozos de pergamino, estaban escritas las palabras "Muggle", "Legeremancia", "Encantamiento de censura" y "Objeto-contra-hechizo".

Draco volvió a enlazar nuevamente cada cosa en su mente, concretando y dando significado a cada uno de esos burdos pedazos de pergaminos, como lo que realmente eran: el complejo entramado de solapadas acciones.

-Bien…- se escuchó la voz de Potter, todos comenzaron a tomar asiento en torno a la enorme mesa. El rubio suspiró, buscando los residuos de su buen ánimo en algún lugar de su corazón reformado. Se dejó caer en la que se había transformado en "su silla", Joe se situó a su lado y el irlandés junto a él. –Ya todos están al corriente sobre el muggle que Ron y Malfoy atraparon durante la noche. Brian Keane, veintitrés años, con domicilio confirmado en Bells lane, detrás del Aeropuerto Heathrow en Slough.- mientras iba hablando, los pequeños pergaminos sobre el pizarrón de pistas a su espalda, se fueron moviendo suavemente como llamados por su voz. -Detenido en callejón Pankhurst, Hounslow, con narcóticos muggles y un objeto de procedencia mágica. Se movilizó a través de una bicicleta que ya está en el almacén de evidencias, no hay nada anormal o huella mágica en ella. Según lo registrado durante el interrogatorio, es conocido del Sr. Dilmore y de Squib. En estos momentos se encuentra en un Cuarto de Retención… Robards firmó su detención a primera hora, así que estará allí hasta nuevo aviso.- asintió.

-Un agente de Cooperación mágico-muggle ya está siguiendo el protocolo para un detenido muggle.- comentó Robins, deslizando una hoja de pergamino sobre la mesa. –Se va a cubrir su presencia y se nos avisará si aparece como "Desaparecido" en la policía muggle. También nos notificarán si sus motivantes de retención son recurrentes… o sea, si aparece un mago buscándolo, si algún otro objeto mágico aparece entre sus posesiones fuera de aquí o si algún encantamiento no oficial lo afecta desde su detención.-

-Genial.- comentó Harry, tomando el pliego de pergamino y guardándolo en su propia carpeta. –Sobre Keane también hay más novedades.- soltó, mirando un momento hacia Malfoy y Cobbs. Como Harry lo había esperado, los ojos del rubio estaban enfocados en otro lugar y el mismo molesto mal sabor de boca que había sentido la noche anterior, se hizo presente. La idea de que no había agradecido el esfuerzo de Malfoy, aguijoneó su cabeza. –No sé si… prefieres hablar tú del tema, Malfoy…-

Draco se sintió crispar, completamente. Ahora que tenía tan frescos en su mente los recuerdos de la Sala de los Menesteres y la declaración de Potter, durante su juicio en el Ministerio, cualquier intento de discordia perdía valor. Pensar que Potter sólo era un hijo de las circunstancias y no se merecía sus malas intenciones, era su mayor censura. Tomar consciencia de esa situación, era lo peor que había hecho.

En una estúpida muestra de atención, Draco deslizó su mirada hacia el moreno y fue atravesado por sus ojos verdes. De cabo a cabo… y no pudo más que contener la respiración por unos segundos. Traspasado. Franqueado por los ojos más intensos que había visto. Joder. Negó con la cabeza mientras era literalmente acribillado. ¿Qué esperaba que dijera cuando tenía semejantes ojos sobre él?

Sabía que podía tomar todo el beneficio de la historia y regodearse de lo logrado la noche pasada, pero su lengua se había adherido a su paladar, subyugada por un pensamiento.

Una revelación. Como la que había tenido en Europa y lo habían hecho decidir irse a recorrer el mundo. Draco sabía que la idea que se estaba formando en su mente era ese tipo de descubrimiento. Una maravillosa epifanía.

Empuñó su mano derecha sobre su regazo, oculta bajo la mesa, procurando regresar su concentración sobre el caso.

-Bueno.- Harry apretó los labios, interpretando esa negativa como algo más determinante que la respuesta a su simple proposición. Ahora estaba aún más perturbado porque el rubio estaba acentuando su malestar. –En palabras simples. Después del interrogatorio Malfoy fue hasta el Cuarto de Retención de Keane, para examinar su estado. Al parecer se tenía dudas sobre el motivo de su conducta disipada… drogas, algo mágico, etc.- varios asintieron.

-Pensamos que podía ser algún tipo de reacción adversa, de la magia sobre una droga muggle.- comentó Travers y Harry movió la cabeza afirmativamente.

-Según lo que dice Malfoy no es nada de eso, Keane está así por motivos netamente mágicos. Más concretamente, lo que sospechábamos, un hechizo de censura.-

-¿Entonces está confirmado? ¿Es un encantamiento de censura?- la voz de Demelza sonaba sorprendida.

En otro momento Harry habría dicho que no. No. Malfoy simplemente "creía" que era eso, pero él no estaba para nada convencido. No estaba convencido ni con sus capacidades, ni con sus palabras, ni con nada que tuviese que ver con el propio rubio. Ahora era distinto.

-Sí.- miró a la mujer, intentando evitar enfocar sus ojos otra vez sobre el rubio. –Podemos confirmar que Keane está bajo un encantamiento de censura y no sólo eso. Malfoy practicó Legeremancia sobre él y pudo darse cuenta que no tiene un contra hechizo estándar, sino que hay algún tipo de llave para deshacerlo.-

-¿Qué clase de llave?- preguntó Bones y ésta vez miró a Malfoy.

-Durante la Legeremancia,- atajó Harry rápidamente. Él iba a decir eso. Él quería hacerlo. –Malfoy tuvo una visión sobre una boca. Dice que es algún tipo de huella o remanente del encantamiento.-

-¿Se pueden tener visiones dentro de la Legeremancia?- preguntó Finnigan.

-Creo que no es algo frecuente, pero puede ser a causa de todas las anormalidades a las cuales ha sido sometida su mente.- comentó Draco al fin. –Es seguro que además del encantamiento de censura, hayan aplicado Obliviates y otros similares.-

-Si tenemos en cuenta los progresos de Malfoy,- continuó Harry y todo ese agradable nerviosismo que había sentido antes, hacía nuevamente acto de presencia. Sí todo esto de la visión y la Legeremancia eran verdad, significaba un gran paso hacia adelante. Uno real, después de tantos meses, -la visión de esa boca o lo que sería más exacto, la pronunciación de ese "algo", podrían ser la clave para deshacer los encantamientos y obtener algún resultado concreto.-

-¿En serio Potter?, ¿lo crees?- Bones bufó, mirando al rubio con clara intención.

Draco no quiso imaginarse cómo iba a resultar la vigilancia en el Callejón Knockturn esa noche, cuando le tocase turno con ese compendio de inquietud, prejuicios y desconfianza. No tenía nada contra Bones, de hecho comprendía su resentimiento, pero Draco sabía que su paciencia tenía un límite. Sobre todo, si el hombre se ponía en plan estorbar o desacreditar su trabajo.

-Es lo que tenemos Warren, prefiero creer que es verdad y estamos un paso más adelante en este jodido caso.- Harry apretó los labios. Para variar alguien que le echaba la escoba abajo. ¡Gh! El moreno no quiso pensar que la frustración que estaba sintiendo justo ahora, era la misma que le había provocado al rubio ayer. –De cualquier forma, por algo Robards nos envió a Malfoy… si tienes algún problema remítete a sus credenciales.-

-Claro…-

Todos escucharon la respuesta del hombre, adornada con una sonrisa y un ligero tono de burla. Era evidente que a Bones le importaba un comino toda esa mierda de las credenciales. Y no que a Draco le afectaran sus desplantes o su boca malintencionada, lo que realmente le había provocado un fruncimiento de ceño era la natural pero tan impropia respuesta de Potter.

¿Lo estaba defendiendo? ¿Apoyándolo? ¿Respaldándolo? O tal vez era algo aún peor, la más grande hipocresía jamás vista, hecha por un Griffindor. No olvidemos que el pendejo aún lo consideraba como algo "desagradable", que le "mataba el humor", que su trabajo había sido una "coincidencia". La lista de adjetivos era bastante larga.

Uf… y estaba seguro que si miraba a su lado, Joe le estaría dedicando sus ojos con gesto ladino.

Escuchó el suspiro de Potter y Draco lamió sus labios. No necesitó ninguna observación especial o sentir su magia para darse cuenta que el hombre de pronto se estaba impacientando. En una increíblemente rápida explosión de frustración, sus hombros se habían cuadrado y su ceño se había endurecido ligeramente. Turbado, como si algo no le hubiese gustado. Inquieto por no recibir la respuesta que espera. Simplemente incómodo por algo.

El rubio supuso que era una reacción normal en él, porque no intentaba calmarse –quizás ni siquiera se había dado cuenta-, ni sus compañeros se habían alarmado. Y nadie puede pasar de la completa relajación a tal estado de tensión, si no es a través de una provocación constante y prolongada. Tampoco era saludable.

-¿Algo que informarme de la vigilancia en Knockturn?- su voz había sonado un poco más grave y seria.

-Nada.- negó Bones, aunque era una respuesta esperada. El turno le había tocado con Cobbs y ninguno había señalado alguna novedad, cuando se reunieron en el Cuartel. –Civiles regulares y a las horas correspondientes.-

-¿Algo más?- miró a todos en general.

-La última vez estuve con Weasley revisando la chimenea de Carlsson, mañana me gustaría probar la de Celestino.- comentó Joseph. –No he tenido mayores resultados con las dos anteriores, por eso me gustaría seguir probando con otros métodos… Realmente estoy pensando qué más puedo hacer.- hizo un mohín.

-Mañana vas conmigo.- apuntó Potter y Joe asintió. -¿Necesitas algo especial? ¿Algún recurso o algo que deba solicitar con anticipación?- el hombre negro miró hacia el techo y pareció meditar, con los ojos entrecerrados y la boca fruncida. Draco se divertía con esa expresión.

-No…- medio negó, medio asintió. –Bueno honestamente, no lo sé. No podría decirte algo concreto. Lo único de lo que estoy seguro es que la chimenea emisora es de un lugar cercano, lo que estoy tratando de hacer al presionar para volver a abrir el canal y hacerla bidireccional. Si se logra asegurar la vía, nos podríamos mover por Flu… pero el bloqueo ha sido bastante fuerte.-

-¿Has pensado una alternativa?- le preguntó el rubio. -¿Qué medios estas utilizando para abrir el canal?-

-La cantidad de polvos flu es tan pequeña que a los pocos intentos, se pierde el rastro mágico.- volvió a negar con la cabeza. -Lo mismo sucede con los rastros sobre el papel de embalaje en los paquetes o el rastro en los ladrillos. El problema es que al ser una chimenea de sólo recepción, los hechizos de rastreo son empujados fuera de la línea… ya sabes, fuera de la dirección…-

-¿Como una ventila de aire que fluye en una sola dirección? Es evidente que por más que empujes algo por ella, no se puede competir con esa fuerza particular.-

El rubio simplemente había dicho y varios se le quedaron mirando. Era seguro que nadie necesitara mayor explicación a lo que Cobbs estaba tratando de decir, pero la forma completamente lúdica y pertinente de la analogía, provocaba que se pensara en el problema desde otra perspectiva. No sólo se pensaba en la imposibilidad de una chimenea, sino que se podía visualizar una variedad de posibles factores que antes no habían sido contemplados. Habían sido un puñado de palabras ridículamente esclarecedoras.

Harry recordó ese comentario sobre las botellas a la deriva y el concepto cobró más sentido que nunca.

-La magia no es aire… claramente…- murmuró Travers, -y el bloqueo de una chimenea no se comporta como una simple ventila y aire pasando por ella. Pero…- y entonces frunció el ceño, pensativo, -la única forma que yo conozco para combatir una fuerza semejante, es utilizando una igual e inversa.-

Harry tragó y miró a Malfoy y Cobbs. No quería ni siquiera imaginar que esos dos resolvieran el tema de las chimeneas, también… y así nada más.

-Eso suena muy físico…- comentó Demelza.

-Pero tiene mucho sentido…- indicó Cobbs, levantando su dedo índice al aire. -¿Qué pasaría si se empuja una fuerza semejante?-

-En una de las chimeneas… o pasa o choca con el hechizo…- razonó el moreno, siguiendo esas líneas de pensamiento. Entonces Cobbs se giró hacia él y preguntó.

-¿Ustedes sólo siguieron el rastro, cierto? Hasta que dieron con el muro.-

-Yo soy usualmente el que hace rastreo.- respondió Harry. –El rastreo clásico es seguir la huella de magia y en éste caso indagación desde los polvos flu, como cantidad de polvos, su estado de combustión, la marca en el piso de la chimenea, etc. Cuando di con el encantamiento de bloqueo, intenté con contra hechizos y modos de romperlo, pero nada resultó.-

-Entiendo… Bueno, trabajar con chimeneas es realmente difícil, son casi como seres vivientes. Cada una es distinta.- Harry asintió, sintiéndose un poco tonto. –Hoy revisaré mis libros sobre el tema. Voy a ver si se puede hacer algo como lo que propone Travers.-

-Genial.-

Pero mientras su boca decía una cosa, la mente del moreno decía otra. Sabía que no era un experto en chimeneas y sería una ridiculez compararse con el otro hombre, ¡sobre algo de lo que no fue instruido en la Academia! ¡Y no era el único! Pero era… extraño. Ellos llevaban meses atorados, investigando y haciendo esas malditas guardias para finalmente no obtener nada y entonces llegaban esos dos y ¡todo parecía un montón de ceguera, malas decisiones y negligencia!

¿Por eso Robards lo llamaba siempre? ¿Harry sí estaba siendo negligente?

Si era así, entonces ¿Malfoy estaba salvándole el pellejo? ¿Malfoy estaba viéndolo hacer el ridículo, como un jefe mediocre? Ellos, que se reían de los denigrados aurores de la División 11.

Harry quiso reír de esa completa incongruencia, de ese maldito mundo paralelo donde había caído. Inclinó la cabeza hacia el frente y evitó mirar al rubio, ante la posibilidad de que se diera cuenta… de que leyera sus pensamientos. Frotó su palma derecha contra su frente.

-Necesito un café…- suspiró realmente cansado. –Por qué no hacemos un pequeño descanso, me gustaría que siguiéramos viendo los temas pendientes.- "O lo que sea que tengamos que ver", pensó. La mayoría asintió y varios marcharon hasta la improvisada mesa del café. El moreno se mantuvo en su asiento un momento más antes de levantarse también.


Continuará =)

Creo que Joe Cobbs, se ganó una palmadita en la espalda como un buen consejero para Draco... necesito uno como él en mi vida [suspiros]. Y creo que Potter alcanzó un nuevo nivel de inseguridades, todavía no decido si sentir lástima o simplemente ignorarlo... como lo hace Draco XD

¿Me merezco un comentario? =3