¡He vuelto! :D Bienvenidos y bienvenidas los nuevos lectores y lectoras :D Lamento la tardanza con este capítulo, pero esta vez debo admitir que tuve dificultad en saber cómo desarrollar las escenas en este capítulo. Sé hacia dónde estoy llevando la fiction (lo tengo apuntado de manera cronológica, los eventos más grandes que sucederán al menos), pero a veces es un poquito difícil decidirse por la escena correcta XD

Bueno, espero no retrasar su lectura. Debo agradecer por sus reviews y a todas las chicas que quisieron averiguar la pequeña pregunta que les hice por inbox, muchas gracias :) Todas llegaron básicamente a la misma conclusión. :)

Unas pequeñas especificaciones:

-Esto es el diálogo-

-Éste es el pensamiento, o en algunos casos es alguna transmisión mediante algún medio de comunicación. En cualquier caso, lo especifico-

CG: Cámara de Gravedad

CEG: Centro de Entrenamiento General

(creo que esas son las únicas abreviaciones que empleé en este capítulo)

Disclaimer: DBZ y sus personajes no me pertenecen.


-12-

Bardock abrió los ojos lentamente cuando finalmente la luz del sol entró por una de las ventanas de su vivienda. De inmediato notó la ausencia de su compañera a su lado, y no porque se fijara en esos detalles, pero era un hombre de costumbres, y Gine solía dormir más que él y tardaba en levantarse.

–Las ventajas de vivir pacíficamente en el Centro de Abasto, supongo- murmuró para sí mismo mientras se ponía de pie. Se levantó de un solo golpe sin una sola prenda encima. Los saiyajin mantenían muy bien su calor corporal, por lo que el uso de ropa para dormir era innecesario. Dejó su cola caer sin preocupaciones, una de las ventajas de tener un lugar en donde dormir y saber que no lo matarían mientras descansaba. Se colocó su uniforme, pero no la armadura, no tenía humor de ponérsela desde tan temprano.

Se dirigió al comedor, le llegaba el olor a la comida. Cuando finalmente llegó notó que la mesa estaba vacía. Exhaló cansado. Sabía lo que significaba: Gine quería que la ayudara a cocinar. Gruñó al entrar a la cocina, pero no pudo evitar sonreír al ver a su compañera usando la armadura sin el uniforme abajo. Era una muy buena vista.

-Dormiste mucho- dijo Gine, sabiendo que él estaba cerca –Ten- se giró y le entregó los restos de algún animal –Caliéntalo, estoy preparando el resto del desayuno-

Bardock calentó la carne con su energía. No era muy bueno cocinando, pero negarle ayuda a Gine era algo que no haría. A pesar de que su compañera no tenía habilidad en la batalla, poseía la fuerza suficiente como para quebrarle algún miembro si se lo proponía, además había algo intimidante de las mujeres saiyajin. La ayudó en lo que pudo y finalmente comieron en la cocina, viendo innecesario ir a poner toda la comida a la mesa del comedor. La única razón por la que tenían una mesa era porque a veces Gine se decidía a preparar grandes animales y necesitaban un lugar donde cortarlos.

Bardock comió en silencio mientras Gine le contaba sobre algunas cosas del Centro de Abasto, pero eran los relatos sobre Milk los que le interesaban a Bardock, y ella lo sabía, así que se tomaba su tiempo para relatar a detalle cuando la terrícola estaba involucrada.

-Es una chica ruda- dijo ella.

-Necesita serlo más si quiere sobrevivir aquí-

Gine dio un sorbo a su bebida con el ceño fruncido –Si tan solo fuese una saiyajin… quizás así comprendiera mejor a Kakarotto-

Bardock no dijo nada, simplemente se quedó observándola –Kakarotto llegará hoy finalmente contigo-

-Ese niño heredó tu actitud tan descuidada. Hace una semana le dijiste que llegara conmigo, ¿y planea hacerlo hasta hoy? A veces creo que debí haber sido más dura para que me obedeciera sin preguntar-

Bardock rió levemente. Era verdad que Gine era una saiyajin amable, pero tenía un carácter fuerte de igual manera –Se parece más a ti que a mí-

-Eso lo dices porque tiene mis ojos- bromeó ella.

-¿Recuerdas lo que debes hacer cuando él llegue?-

Gine lo vio molesta –Lo hemos repasado bastante, creo que podré manejar a Milk y a tu hijo en una misma habitación-

-Bien- gruñó.

Gine lo miró detenidamente -¿Tienes algo que hacer con urgencia hoy?-

Bardock negó con la cabeza. Al no contar con un escuadrón no tenía mucha responsabilidad, sólo las misiones a las que Vegeta lo asignaba, pero últimamente el bravucón del príncipe parecía estar demasiado ocupado.

Gine le sonrió de manera seductora –No tengo que ir al Centro temprano hoy- comenzó a decir mientras movía su cola lentamente de un lado hacia el otro, haciendo que Bardock siguiera su ritmo con los ojos. Su compañera se dio la vuelta mientras buscaba algo más de comer.

Bardock se puso de pie siguiendo el movimiento ondulante de la cola de Gine, y antes de que ésta pudiera girarse, él la tomó por la cintura, sintiendo cómo ella se ponía rígida bajo sus manos –Creo que todavía tengo hambre- murmuró suavemente.

Gine sonrió –Todavía hay comida en el mueble-

-Planeo comer sobre ese mueble, pero no precisamente esa comida-

Gine sintió un escalofrío recorrer su toda su espalda hasta llegar a la punta de la cola, no importaba que llevaran años juntos, esa conexión tan extraña entre saiyajin era algo que los volvía adictos uno del otro. Y le encantaba eso.

0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0

Vegeta descendió de su nave. Por dos semanas se había mantenido fuera del planeta, solo. Fue a acabar con las tropas de Freezer cerca de la frontera de su imperio, había torturado y asesinado, básicamente había liberado su estrés. Podía ver que era esa hora de la noche donde ninguna sola estrella podía contra la oscuridad completa del cielo. Caminó por los pasillos de su castillo, sabiendo que a esas horas no habría nadie más despierto, pensó en dormir un poco, por lo que se dirigió a su habitación. Como soldado, no le importaba dormir en el suelo frío y húmedo de la nave, pero cuando podía se tomaba la molestia de dormir cómodamente en su cama.

Llegó a su recámara y se deshizo de su armadura y su uniforme. Se recostó en su cama y cerró los ojos esperando encontrar un momento de sueño, pero éste jamás llegó. Estuvo casi una hora despierto hasta que finalmente se dio por vencido.

-No está demás entrenar si ni siquiera podré dormir- dijo de malhumor.

Pensaba en colocarse su armadura de nuevo y escuchó un extraño sonido afuera de su habitación, en los jardines desolados. Salió al balcón, usualmente no le daba uso, pero debía admitir que la fría brisa de la noche resultaba algo refrescante.

No necesitaba de luz para poder ver bien en la oscuridad. Cuando finalmente divisó a la causante de tanto ruido se sorprendió un poco -¿Qué hace esa terrícola ahora?-

Bulma estaba a la mitad del jardín, con una extraña máquina que parecía tener dos antenas que giraban sin cesar. Ella parecía estar loca, con un cabello que lucía como el resultado de alguna explosión. No es que Vegeta se fijara en los detalles como esos, pero imposible no notar el cambio de cabello, especialmente cuando éste no cambia en un saiyajin.

Sin darse cuenta, se recostó sobre la baranda del balcón para observar a la terrícola. Debía admitir que no haberla visto ni interactuado con ella había resultado una experiencia muy agradable –Sino se la pasara gritándome todo el tiempo, quizás fuese soportable-

Bulma tenía puestos unos lentes que le permitían ver en la oscuridad –Bien, si logro redirigir la energía obtenida por el sol, quizás…- presionó unos cuantos botones en la tableta que tenía en la mano. La máquina comenzó a vibrar y Bulma sonrió -Funcionará, nunca nada de lo que yo hago falla- la vibración comenzó a aumentar y en un parpadeo, la nave explotó.

-¿¡Qué!?- gritó ella sorprendida -¿Cómo pasó esto? Quizás hice mal los cálculos de la energía- tiró la tableta al suelo ya frustrada -¿En qué me confundí? Tendré que ver los planos y rehacer los cálculos- llevó sus manos a su cabello, donde tenía varios lápices incrustados para no perderlos.

Frustrada lanzó un gemido al aire y acto seguido sacó una pequeña cápsula, de la cual salió su motocicleta –Necesito dormir- se subió en ella sin ponerse el casco –No debo estropear mi nuevo peinado, hacerme estos permanentes es difícil-

Vegeta rió al ver la escena. Era obvio que la terrícola se había frustrado de sobremanera, incluso había pateado el resto de la máquina o lo que sea que fuese lo que había construido.

-¿A dónde piensa ir?-

Vio a Bulma subirse en su extraño vehículo y salir del castillo. Vegeta se sorprendió al ver de lo que era capaz la moto en la que iba Bulma, ésta había subido el muro del palacio como si no existiera gravedad alguna.

-Está loca- dijo él al regresar al interior de la recámara. Ella le había hecho una pequeña escena exigiéndole tener una habitación propia en el castillo para no salir de éste por la noche, y ahora parecía ya no interesada en dormir ahí –Mujeres- fue la única explicación a la que Vegeta llegó.

Se acostó de nuevo en su cama y cerró los ojos -¿Qué era esa extraña máquina de la terrícola?- se preguntó a sí mismo durante un bostezo. Se giró de un lado, dándole la espalda al balcón. Sin darse cuenta, por primera vez en mucho tiempo, el sueño le llegó sin problemas.

Sus ojos se abrieron de nuevo apenas tres horas después, de por sí no solía dormir mucho. Se levantó no recordando cómo es que había conseguido dormir, sólo esperaba conseguirlo de nuevo por la noche. Se dio una ducha rápida y se dirigió a su trono; había estado ausente por dos semanas y esperaba ver que todas las órdenes que había dejado antes de partir se hubiesen cumplido para ese momento.

Sin embargo, sus pasos lo llevaron a la cocina, tenía hambre y no pensaba posponer su desayuno en lo absoluto. El silencio fue lo único que lo recibió en el lugar. Al sentarse y comer en la soledad recordó que había visto a la terrícola por la madrugada de ese día.

-Seguramente ni siquiera ha venido al castillo- balbuceó malhumorado. En cierta manera, estaba aliviado de no tenerla encima de él parloteando, como si alguna vez él fuese a contestarle algo; pero por otro lado tenía curiosidad en saber sobre la nave que había explotado en los jardines, y sobre su nueva decisión de no quedarse a dormir en el castillo –Su respuesta será tan ilógica como todas sus acciones-

Terminó de comer y se dirigió al Salón. Su escuadrón se encontraba ahí, pero Okkra fue la primera en percatarse de su regreso –Vegeta, imaginé que nos avisarías sobre tu regreso-

-Supongo que prefieres darnos la sorpresa de tu llegada sin avisar- dijo Kakarotto al ver que Vegeta no tenía intención de responder al comentario de Okkra -¿Lograste exterminar a todos los hombres de Freezer?-

-No quedó ningún solo insecto en mi imperio- contestó al sentarse en su trono -¿Qué hay sobre Tarble? Espero que ese gusano ya no esté en mi planeta-

Kakarotto se quedó callado, por lo que Celery contestó –Tarble sigue en el planeta, aparentemente la terrícola de Kakarotto no ha terminado con la nave que ordenó, Príncipe-

-No es mi terrícola- respondió Kakarotto de manera defensiva –Pero Celery tiene razón, Bulma está enfocada en mejorar las otras naves y… creo que dejó por un lado la nave de tu hermano-

Vegeta se molestó un poco, francamente quería a su hermano fuera del planeta; de hecho había pensado que ya estaría en camino a la Tierra cuando él regresara. Al ver el desagrado en el rostro del príncipe, Okkra tomó la iniciativa.

-Puedo ir a buscarla personalmente y recordarle de sus deberes-

-Si alguien la irá a buscar, seré yo- intervino Kakarotto, visiblemente molesto.

-¿Acaso no dijiste que no era tu mujer?- preguntó Celery, obviamente con una sonrisa fanfarrona –Sino lo es, no te importará entonces que Okkra vaya-

-Es mi amiga-

-¿Amiga dices? Kakarotto, creo que ese golpe en la cabeza que te diste de infante te afectó más de lo que creías- dijo Raditz desde el otro lado del Salón –Un saiyajin no necesita amigos-

Vegeta debía admitir que le estaba fastidiando la pequeña escena que se había formado frente a él, ¿desde cuándo su Salón era un lugar para hacer peleas personales?

-Suficiente- le dirigió una mirada a Okkra –Déjala, tengo cosas más importantes de qué preocuparme, la terrícola es la última de mis intereses-

Okkra se mordió el labio, odiaba cuando Vegeta no le concedía el permiso para hacer lo que quería, casi nunca sucedía, pero de igual manera odiaba estar en esa situación. Kakarotto se sintió aliviado, por un segundo creyó que Vegeta ordenaría ir por Bulma.

-¿Cómo va la producción de alimento?- A pesar que ser un gobernante no era su fuerte, a veces recordaba que un imperio recaía en sus hombros. No le daba mucha importancia, sabía que los de su raza podían sobrevivir a crisis como falta de alimentos y agua, era Freezer a lo que seguramente no sobrevivirían.

-Los terrícolas son bastante hábiles con los cultivos, la tierra que trajeron de su planeta es extremadamente fértil. Han hecho campos con varios desniveles y ahora tenemos nuestra propia producción, pero no es mucha, apenas alcanza para ellos y mucho menos para el resto del planeta-

Vegeta escuchó el reporte de Kakarotto, la mayor parte del tiempo el saiyajin de clase baja parecía no tener idea de lo que hacía, pero eran en momentos como esos cuando Vegeta se pregunta qué tan inteligente era Kakarotto. La única razón por la que lo había puesto en el antiguo trabajo de Nappa era para hacerlo sufrir, pero había demostrado tener destreza para ciertas tareas –Tarble tendrá que traer más tierra fértil-

-Creí que Tarble regresaría para no volver-

-Turles me pidió ir con Tarble, así que él será el encargado de regresar con tierra fértil-

Kakarotto no comentó nada, pero no pasó por alto la mirada de su hermano, había algo en sus ojos que le daba la impresión que él estaba al tanto de todo, a pesar que supuestamente Turles y él ya no tenían ninguna misión juntos.

-Sería bueno mandar un escuadrón con Tarble- dijo Kale, quien se había mantenido en silencio escuchando todo.

-Con Turles basta-

La respuesta tan áspera de Raditz hizo que Vegeta pensara un poco más las cosas. Se puso de pie –Si algún saiyajin quiere ir con la farsa de saiyajin que es Tarble, no se lo impediré. No me interesa si mi hermano llega a tener aliados, todos de seguro deberán de ser escorias-

Okkra y los demás se dispersaron, sabían que cuando Vegeta se levantaba del trono, la audiencia estaba concluida y no atendería a nadie más. Kakarotto salió del Salón algo intranquilo con la última noticia, ¿Turles? La última vez que había sabido de él fue cuando Raditz estuvo trabajando en su escuadrón.

-Pareces preocupado-

La voz de Celery lo sacó de sus pensamientos -¿Qué quieres? Tengo cosas que hacer, así que si planeas fastidiarme, yo…-

-Vamos, Kakarotto, ¿acaso no podemos llevarnos bien?-

El tono de voz que estaba empleando era distinto, Kakarotto la vio de reojo –Tú te has encargado de que no se pueda-

-Es porque eres un completo debilucho-

Ahí estaba de nuevo, la actitud tóxica que ella tenía hacia él -¿Qué quieres?- volvió a preguntar.

-No pude evitar ver que te molestaste al escuchar sobre Turles- se encogió de hombros –No es secreto que Turles tenga enemigos aquí y allá, pero es curioso cuando tú lo odias y Raditz parece tenerle admiración-

-¿Por qué me dices esto?-

Celery le sonrió de manera enigmática –Muchos saiyajin tienen alguna conexión con Turles, si planeas enviar a alguien con Tarble, bien sería mejor que fuese alguien de tu plena confianza-

-¿Como tú?-

Celery rió. Kakarotto notó que jamás la había visto reír antes, no estaba seguro si le gustaba o le provocaba terror -¿Tengo cara de querer ayudarte, Kakarotto?-

-Francamente, no tengo ni la menor idea de por qué estamos hablando tú y yo-

Celery se encogió de hombros –Quizás sólo quiero molestarte un poco- dijo sonriéndole de lado –O quizás hay algo más detrás de todo. De cualquier manera te recomendaría buscar personas de fiar y convencerlas de ir con Tarble… quien sabe, si me logras convencer, quizás te ayude-

Se paró frente a él y le colocó la mano en la mejilla –Si tan solo no fueses de clase baja, todo esto sería distinto- Se alejó de Kakarotto con un sutil movimiento de caderas.

Kakarotto estaba anonadado, ¿qué acababa de pasar? Celery y él no se habían podido llevar desde que tenía memoria, se habían conocido de niños, y un odio inminente nació en ella para él. Se llevó la mano a la mejilla que había sido rozada por la saiyajin. Se sonrojó –Mi padre tenía razón, todas las mujeres están locas-

0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0

Cuando Bulma finalmente abrió los ojos, le costó un poco reconocer la sala del pequeño apartamento, especialmente porque todo estaba de cabeza. Se reacomodó en el sofá, donde se encontraba atravesada. Sus zapatos estaban tirados y había utilizado su bata del laboratorio para cubrirse.

–Esto es peor que una resaca- dijo mientras se sostenía la cabeza.

El desvelarse tanto la agotaba mucho, además que había tenido sueños extraños últimamente, a veces pesadillas, a veces incoherencias, pero en las últimas dos noches había soñado con Vegeta. No eran sueños comprensibles, muchas veces soñaba que estaban en la Tierra, en la Corporación Cápsula, soñaba que él vivía bajo el mismo techo. Sonrió, la sola idea era una completa locura. Sus sueños variaban muchas veces, pero lo consistente era su constante relación; aunque a veces su relación parecía buena y otras mala, la mayor parte del tiempo eran discusiones, no comprendía perfectamente qué clase de relación tenían, pero era obvio que algo pasaba entre ellos.

Bulma se sonrojó al recordar que incluso había soñado con besar a Vegeta. Sólo había sucedido una sola vez, al inicio, pero había sido tan vívido que al despertarse se quedó recordando esa escena por horas.

-Como si Vegeta supiera lo que es un beso-

Nunca le había dado tanta importancia al tema porque, primero que todo, ella tenía a Yamcha, quizás no siempre estaban en sincronía, pero era obvio que estaban destinados a estar juntos, además podía jurar que ya había sido revivido, así que eventualmente estarían de nuevo juntos; y segundo, no veía a Vegeta como alguien a quien pudiese amar, el pequeño saiyajin era arrogante, orgulloso, solitario, frío, un asesino, y francamente dudaba que tuviese corazón.

-Aunque debo admitir que tiene sentido del humor-

A pesar de pensar todo lo anterior, ella admitía haber desarrollado cierta curiosidad hacia él. Sabía que era un ser aterrador, pero al mismo tiempo pensaba que había algo debajo de él, quizás no era tan malo.

-De hecho varias veces ha podido matarme de haber querido- se puso de pie –Supongo que tiene más paciencia de la que le doy crédito-

Entró a la cocina y se acercó a la pequeña refrigeradora, donde había un mensaje escrito: Trabajaré hasta muy noche, Milk.

Bulma sonrió, ¿por qué tenía que dejar firmado con su nombre el mensaje? No es que alguien más viviera ahí aparte de ellas dos –Es tan formal a veces-

Abrió su pequeña refrigeradora. Todo estaba ordenado adentro de ésta, lo que debían comer por la mañana, por la tarde, por la noche… lo que estaba listo para cocinarse, lo que no, lo que podía intoxicarlas sino lo hervían lo suficiente y demás.

–A Milk le gusta mucho el orden- tomó un pequeño emparedado que parecía normal.

Se sentó en un banco a comer en la oscuridad, la cabeza le dolía y no quería prender la luz –No vuelvo a tomar tanto café- mordió el pan –Estúpido Vegeta- mordió de nuevo –Estúpidos saiyajin-

Se quedó sumergida en sus pensamientos sobre Vegeta y sin darse cuenta se terminó el pan y fue por el segundo. Vio su reloj: casi medio día.

-Es una suerte que no haya regresado ese pequeño lunático, de lo contrario mandaría a pedir mi cabeza por tardarme tanto-

Se dio una ducha rápida y regresó el castillo en su moto, le encantaba sentirse libre cuando iba sobre su vehículo, sabía que esa libertad era ficticia, pues seguramente jamás se librarían por completo del reinado de los saiyajin, pero sentir el viento en su rostro era una algo que le recordaba la libertad que algún día tuvo.

Se dirigió directo a su laboratorio, donde se encontraban algunos shamoians y dos de los mecánicos que había logrado sacar de la prisión, claro que cada noche Raditz se encargaba personalmente de regresarlos a sus celdas. La expresión de miedo en los rostros de sus compañeros hacía que el estómago le diera vueltas –No quiero ni imaginar lo que tienen que pasar adentro de ese lugar-

-Bulma-

La saludó alegremente una mecánica. Bulma la había reconocido cuando fue a la prisión; ambas se habían visto varias veces en eventos y en pequeñas exposiciones científicas.

-Me alegra verte, Ozechi, ¿cómo van las naves?-

-Excelente. Las naves están en la última fase de la producción, sólo queda pendiente la nave que tienes tú a cargo-

-¿La nave que tengo…?- Claro, la había olvidado por completo. Al fondo de laboratorio estaba la mitad de una nave, más grande que la de Kakarotto y Vegeta, con la posibilidad de albergar alrededor de 30 pasajeros -Debo retomar ese trabajo antes de que me quede atrás-

-Señorita Bulma- dijo un shamoian pequeño que parecía estar agitado –Hubo otro accidente en el área de las naves-

-¿Otro?- Habían tenido demasiados accidentes desde el inicio de la producción en masa de las naves y armas. Comenzaba a preguntarse qué tan 'accidentales' eran. –Iré de inmediato. Ozechi, ven conmigo, en caso de que alguien esté lastimado, tomarás su lugar en el taller-

Ambas mecánicas salieron del laboratorio rápidamente. Cuando llegaron a los talleres se encontraron con un humano con el brazo quemado.

-¿Qué pasó?- preguntó Bulma arrodillándose para inspeccionar el brazo de su compañero.

-Fue mi descuido- dijo el pobre hombre bastante adolorido –Estaba soldando y, supongo que no fijé que el cable estaba quedando alrededor de mi pie, así que caí y el soplete quedó sobre mi brazo-

Bulma se puso de pie –Que te lleven a una enfermería-

-No- respondió rápidamente el hombre –No es necesario, estaré bien-

-¿Estás loco? Esa quemadura necesita tratamiento. La enfermería no está muy lejos, sólo hay que atravesar unos cuantos pasillos y…- pudo ver el terror en los ojos de su mecánico, ¿tanto miedo tenían de encontrarse con un saiyajin?

-Te llevaré yo misma-

-No será necesario- intervino un pequeño alien morado de enorme cabeza –Yo lo puedo llevar si me lo permite, los saiyajin no se acercarán conmigo a su lado-

Bulma recordó el nombre del alien: Rasin. Kakarotto le había dicho que no debía fiarse de él y su hermano gemelo, pero ambos habían actuado de una manera impecable hacia ella –Quizás demasiado impecable- pensó.

-Bien, te lo agradezco- se giró hacia el terrícola –Estarás bien. Luego ve a mi laboratorio, trabajaste suficiente por hoy. Ozechi, acompáñalo, seguro se sentirá mejor con un rostro conocido cerca-

El terrícola se puso de pie y se disculpó un sinfín de veces con ella. Bulma los vio partir, el mecánico era un chico alto, de piel morena y ojos de color oscuro, había sido trabajador suyo varias veces en la corporación, por lo que le tenía cierto aprecio.

-Tomaré su lugar- recogió el soplete y se colocó la máscara para protegerse de las chispas. Trabajó en el lugar del terrícola por un rato, escuchaba a los shamoians y otros aliens en el taller correr de aquí para allá. Pasada dos horas sintió la necesidad de detenerse, había soldado tantos metros cuadrados que le dolía la espalda.

-Esta nave ya está lista- dijo orgullosa. Pensó en regresar a su laboratorio para recoger unos planos, pero antes de poder alejarse de la nave, escuchó cómo los cables que mantenían a la nave en el aire comenzaban a soltarse -¿Qué pasa?-

La adrenalina en su cuerpo la hizo ponerse alerta. La nave era un poco más pequeña que la nave de Vegeta y Kakarotto, pero sabía que si le caía encima sería su fin. Corrió hacia la puerta, escuchaba cómo el resto de cables se comenzaban a reventar –Necesito salir de aquí-

-¡Cuidado!- gritó alguien.

Bulma se colocó en posición fetal debajo de una mesa, cerró los ojos y esperó, esperó a que el golpe llegara, pero nunca sucedió. Abrió los ojos y lo primero que vio fueron unas botas blancas, su mirada subió de un solo golpe en busca del rostro -¿Vegeta?-

-¿Se puede saber a qué juegas, terrícola?-

-¿Estás loco? Cúbrete, la nave te caerá- dijo con verdadera preocupación

Vegeta arqueó una ceja y levantó la vista, en efecto la nave parecía que iba a caer, pero un alien morado parecía haberla detenido –Veo que en dos semanas puedes perder la cabeza, mujer-

Bulma salió de la mesa y vio la nave –Vaya, Lakasei la detuvo- dijo relajada –Los cables se rompieron y pensé que me caería encima. Es una suerte que ese pequeño la detuviera-

Vegeta miró a Lakasei, quien estaba amarrando la nave a los cables de nuevo. Frunció el ceño –Lakasei… uno de los lacayos de Turles- Quizás era que su cerebro constantemente hacía asociaciones, pero le parecía curioso que entrando él y el accidente que parecía estar por suceder se hubiese detenido.

-No te esperaba de regreso tan pronto-

La voz de Bulma sacó a Vegeta de sus pensamientos –Maté a todos los que estaban husmeando en mi imperio- dijo como si ésa fuese la única explicación necesaria. Bulma le sonrió y él gruñó -¿Es ésa la nave de Tarble?-

-¿La nave de Tarble?-

Vegeta la vio molesto –La nave que te ordené que hicieras- Al final, había decidido ir directamente a ver si era cierto que la terrícola no había avanzado nada en la nave, ahora se arrepentía, ¿por qué la Mujer no podía simplemente hacer lo que él le ordenaba?

Bulma apretó los labios, la había vuelto a olvidar –Es… parte de ella-

-No eres buena mintiendo, terrícola- dijo Vegeta con una pequeña sonrisa de lado –Miénteme de nuevo y mato a uno de tus mecánicos- le advirtió.

-Creí que habíamos llegado al punto de nuestra relación donde ya no necesitábamos amenazas para relacionarnos- dijo de manera dramática.

-No hay ninguna relación- se dio la vuelta -Si para esta noche la nave no está terminada, te despedirás de tus cinco terrícolas-

-¿¡Qué!?-

Vegeta la vio sobre su hombro –Tienes hasta la noche, mujer-

0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0

Tarble estaba sentado en una mesa de un comedor del lado Sur del Muro. Desde que Bardock le había encargado entablar relaciones diplomáticos con los sureños, se había encargado de socializar con ellos. Al inicio había tenido dificultades por ser un saiyajin, especialmente por tener gran parecido con Vegeta; ahora ya contaba con algunos conocidos, en su mayoría niños que nunca antes habían visto un saiyajin, y algunos adultos que querían aprender a combatir, claro que él había sido claro al decirles que no era un gran combatiente.

-¿Algo más, guapo?- preguntó una de las camareras. Una alien fluorescente con 6 brazos.

Tarble le sonrió tímidamente –Todo está perfecto-

Se quedó sumido en sus pensamientos de nuevo. Había logrado estar en una posición aceptable dentro de los saiyajin de clase baja, pero aún así quería más poder. Había comenzado a darse cuenta que se desesperaba con mayor facilidad cuando Turles se retrasaba unas horas en entregarle la siguiente fruta, ¿acaso era un efecto secundario de comerlas?

-Lo que necesito es subir de nivel- dijo en voz baja.

Había estado entrenando y entrenando, pero sentía que se encontraba en un punto donde no avanzaba más –Quizás por eso Bardock me encomendó que hiciera estas relaciones políticas- dijo con amargura. Francamente prefería entablar relaciones amistosas que enfrentarse a otros, aunque desde que había comenzado a consumir esa fruta estaba disfrutando cada vez más de sus peleas que antes.

-Lamento la tardanza-

Tarble levantó la vista. Uno de los representantes de las razas había llegado. Iba con una capucha, pero Tarble ya lo había visto sin ella, era alto, delgado, verde y con el aspecto de un anfibio –Eres el primero en llegar-

-Te equivocas, saiyajin- el anfibio tomó asiento frente a él –Soy el segundo. No te debes desacreditar-

Tarble le sonrió, aunque era obvio que no se fiaba de él, era amable –Espero que los demás no tarden-

-No te preocupes, saiyajin, ya vienen, los puedo sentir-

Otros diez aliens entraron al comedor, y luego otros diez, y pronto fueron alrededor de 50. Todos eran representantes de distintas razas que habitaban el planeta. El último en entrar fue un ser que parecía un dragón, de gran volumen y color azul.

-Pueden cerrar- le murmuró al dueño del lugar, quien asintió y cerró la puerta, volteando el letrero que indicaba que el comedor había cerrado.

Todos los aliens se conocían entre sí, quizás no todos eran amigos, pero de igual manera había una gran tolerancia entre ellos. Tarble miraba a todos, unos parecían amigables, y otros parecían no sonreír nunca –Cálmate- se dijo.

-Creo que el chico aquí nos quiere decir algo- dijo el sujeto con forma de anfibio.

Tarble se puso de pie, nervioso –Les agradezco el haber venido. Como sabrán, soy el segundo príncipe de los saiyajin-

-El príncipe exiliado- dijo alguien.

Tarble apretó los puños –Sí, el príncipe exiliado, pero igualmente sigo siendo el príncipe. Mi hermano adora la guerra, si de él dependiera todos nos podríamos pudrir en el fondo del universo; yo quiero que esto acabe-

-¿Y cómo planea eso?-

-Freezer es el oponente, pero no solamente él. Todo la Organización Interplanetaria de Comercio debe venirse abajo, de lo contrario nada cambiaría-

-¿Y dejar a los saiyajin a cargo? Ya hemos visto de lo que son capaces-

-¿Pero han visto de lo que es capaz Freezer?- preguntó otro alien. Todos callaron, es cierto que Vegeta era despiadado, brutal, pero sabían que Freezer era capaz de peores cosas. Al menos Vegeta los había dejado vivir.

-No puedo prometerles completa libertad si Freezer es vencido, pero puedo ofrecerles más libertad de la que tienen ahora. La única razón por la que están en este planeta es porque la guerra destruyó sus civilizaciones o sus planetas ya no son seguros-

-Los saiyajin se encargaron de eso-

-Mientras peleaban contra los hombres de Freezer- agregó Tarble. No podía defender lo que hacían los saiyajin, pero podía retorcer las cosas. La habilidad del habla era lo suyo -Si esta guerra termina, a los saiyajin no les importará más qué suceda con ustedes. Lo único que les importa es el poder. Sin otro oponente, los saiyajin no tienen por qué ir en contra de ustedes-

-¿Qué nos asegura eso?-

-Yo puedo asegurarles eso. Si Freezer es vencido, yo me encargaré de que ustedes queden libres- Sabía que posiblemente estaba diciendo cosas que no podría cumplir, pero moriría intentando.

-¿Qué necesitamos dar a cambio?-

Tarble había esperado esa pregunta toda la noche, estaba preparado para ella –Necesito que peleen contra Freezer junto a los saiyajin-

Un silencio muerto llenó el comedor, parecía que nadie estaba respirando. Tarble dejó pasar unos segundos más antes de seguir hablando.

-No pelearán para mi hermano, no pelearán para los saiyajin; pelearemos juntos. Mi hermano es un estúpido si cree que podrá vencer a Freezer él solo-

-Y cuando Freezer y su familia muera, ¿qué sucederá entonces?-

-Yo…-

-Podemos matar al rey- dijo una voz en el fondo. Era un alien verde, con manchas púrpuras en su cabeza calva –Los saiyajin creen que todos los que estamos de este lado del Muro no sabemos pelear, pero están muy equivocados. Los saiyajin y los kabochan no son los únicos guerreros en este planeta-

Tarble estaba intrigado, no conocía al alien que estaba hablando, ni siquiera la raza a la que pertenecía. El acento con el que el extraterrestre hablaba le resultaba extraño.

-Muchos mueren en la guerra, príncipe exiliado, la muerte puede alcanzar a cualquiera, incluso a su hermano-

-Lo que estás diciendo es traición- dijo Tarble.

-Él no es mi príncipe, y jamás será, pero si usted jura cumplir su promesa de libertad, hincaré mi rodilla ante usted-

Tarble sentía la mirada de todos sobre él, ¿matar a su hermano? Ni siquiera concebía la idea de que alguien pudiera herirlo, mucho menos matarlo. ¿Era por esto que Bardock lo había enviado a hablar con los sureños? Sabía que él conocía el futuro, y manejaba a muchos como peones, pero no creyó caer directamente en el juego. ¿Ser el rey de los saiyajin? Claro, era un título sorprendente, pero demasiado peligroso, él no tenía el poder ni la destreza de un guerrero, además sabía que su hermano engendraría un heredero, ¿qué sería él en caso de que el infante llegase a ser más poderoso que él y más despiadado que Vegeta?

La paz del universo podía depender de él. Si su hermano se quedaba en el trono, la libertad y paz eran dos cosas que seguramente no sucederían, ¿pero si él se sentaba en el trono?

-La paz…- pensó. Miró a todos los aliens, todos dependerían de él, de su poder, de su casi inexistente poder de pelea.

–Lo haré- dijo en voz alta y solemne –No tengo intención de traer el caos al Universo, no quiero esclavitud, no quiero matanzas innecesarias-

El alienígena verde que se había ofrecido a la misión de acabar con Vegeta se inclinó ante él, y luego cada uno de los presentes lo secundó. Por primera vez en la vida Tarble se sintió respetado. Había añorado sentirse así por los de su misma raza, pero luego de tanto convivir con ellos llegó a la conclusión que la única manera de conseguir respeto sería demostrando su poder y siendo como ellos. La duda invadió su mente, ¿cómo podía conseguir el respeto de estos pacifistas, y luego intentar conseguir el respeto de los suyos empleando los puños? Cerró los ojos –Espero no perderme en esta búsqueda por el respeto de todos- pensó con temor.

0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0

Kakarotto rió ante la historia de Bulma –Esto te pasa por estar dejando tus obligaciones a un lado, ¿en qué tanto has estado trabajando para olvidar una orden de Vegeta?-

-Nada que te pueda interesar- respondió como si fuese algo sin importancia. Kakarotto podía ser su amigo, pero no le fiaba su plan.

-Es mejor que pongas todo eso en pausa entonces, luego que termines la nave que te ordenó Vegeta podrás seguir con ello. Y así me dejarás de utilizar como ayudante- Bulma lo tenía sosteniendo grandes piezas metálicas; lo había atraído con comida y, antes de darse cuenta, lo tenía cargando cosas por todas partes y ahora lo utilizaba como un objeto para sostener las pesadas piezas de metal –Aunque supongo que esto me ayuda a entrenar mi concentración y mis músculos-

-Me alegra que veas el lado positivo de las cosas- bromeó Bulma –Los chicos están armando el motor, estamos empleando un nuevo modelo, totalmente a base de energía solar. Será extremadamente veloz-

-¿Terminarán pronto?-

-Unas cuantas horas más-

Kakarotto vio hacia una pequeña ventana del laboratorio y frunció los labios –No creo que tengas unas cuantas horas más, ¿ya viste qué hora es? Vegeta seguramente terminará su entrenamiento pronto, y debo advertirte que él no duda en cumplir sus amenazas-

Bulma botó las herramientas y vio su reloj –No, no, no, hace poco era medio día-

-Eso fue hace casi catorce horas- dijo Kakarotto –Admiro que no sientes el tiempo pasar cuando trabajas, pero en este caso no te conviene, ¿qué haces?-

Bulma estaba tomando todas las herramientas y las metía en una pequeña caja -¿Está en su CG?-

-¿Quién?-

-¡Vegeta!-

Kakarotto se hizo hacia atrás, le tenía verdadero temor a los arranques de furia de Bulma –Sí, debe de estar ahí-

-Bien, ¿puedes ir con mis mecánicos y pedirles que se den prisa? Le temen a todo saiyajin, así que si vas personalmente te aseguro que no dudarán en terminar eso pronto-

-¿Y qué pasa con esta nave?-

-Diles que trasladen el motor. Ellos se encargarán de las pruebas-

Se quitó la bata, dejando ver su pantalón pegado, sus hermosas botas blancas y su blusa sin mangas que ceñía su silueta. Kakarotto se sonrojó un poco, conocía a Bulma desde adolescentes, y a veces olvidaba lo atractiva que era. Bulma se metió en un traje gris holgado y se colocó unos lentes protectores.

-¿Te quieres dar prisa?-

-Bien- dijo él molesto, no tenía ni la menor idea de lo que su amiga planeaba, y para ser sincero no quería averiguarlo. Bulma salió del laboratorio y lo dejó a él solo –De igual manera quería ir a ver a mi madre- murmuró malhumorado.

Fue hacia los talleres y se sorprendió al ver cuánto le temían esos terrícolas. Dio las instrucciones y los dejó tranquilos, se sentía incómodo de ver que alguien le temía sin ninguna razón justa –Supongo que para ellos, ser un saiyajin es suficiente razón-

Voló hacia el Centro de Abasto. Cuando Vegeta dejaba el planeta, él tenía un sinfín de tareas que hacer, por lo que no había podido ir a ver a Gine –Imagino que se molestará conmigo- dijo mientras volaba.

Al descender en el lugar, el olor de comida golpeó su nariz. Sonrió. Ahora recordaba por qué amaba ir a visitar a su madre. Entró al Centro sin problemas, todos lo reconocían, su madre nunca paraba de hablar de él: cómo es que el pequeño Kakarotto había alcanzado estar al lado del Gran Príncipe Vegeta.

Sabía en dónde estaba su madre, podía sentirla, además que su comida tenía un aroma peculiar. Llegó al sector donde su madre trabajaba sin perderse, a pesar que no había ido en meses recordaba a la perfección el camino.

-Madre- dijo al abrir la puerta con cuidado. Un cuchillo de casi treinta centímetros pasó a su lado, enterrándose en el muro –Veo que estás feliz de verme- bromeó.

-¿Cuánto más pensabas tenerte esperando? Tu padre dijo que vendrías hoy, pensé que sus visiones ya no funcionaban-

Kakarotto rodó los ojos. Claro. Su padre siempre sabía sus movimientos –También me alegra verte-

-No utilices ese tono conmigo, jovencito-

Kakarotto rió –Lo siento- se sentó en un banco frente a su madre –Ahora que Vegeta regresó, tengo un poco más de libertad-

Gine le sirvió un animal casi completo para comer –Imagino que debe ser cansado tener que hacer todo lo que él no quiere hacer-

-Al inicio sí, ahora es más fácil- dijo con la boca llena, pero Gine le entendió a la perfección.

-¿Y qué hay de Raditz?-

-Raditz siempre es Raditz- frunció el ceño -¿Sabes si Raditz y Turles todavía hablan?-

-Bueno… Raditz es el único que habla con Turles, supongo que todavía mantienen comunicación, ¿por qué?-

-Padre siempre me advirtió de Turles, pero Raditz parece entenderlo a la perfección-

Gine se sentó frente a su hijo, tomando una pieza del animal que parecía ser un búfalo gigante –Nunca me gustó la idea de que Raditz fuese con su tío en misiones, pero debía hacerse, Bardock dijo que…-

-Sé lo que Padre dijo- interrumpió Kakarotto –Él mandó a Raditz a la Tierra por mí, y luego lo envió con Turles para que no dijera nada- Kakarotto no lo decía directamente, pero culpaba a Bardock de muchas cosas, y una de ésas era la incapacidad de Raditz y él para llevarse bien.

-Kakarotto…- dijo Gine con un tono maternal.

-Terminé. El despellejar ese lagarto fue más difícil de lo que creí- dijo alguien que acababa de entrar.

Kakarotto se congeló al escuchar la voz y se giró para ver a su dueña. Gine sonreía. Y Milk parecía querer arremeter contra Kakarotto.

-Milk, me alegra que hayas venido. Te quiero presentar a mi hijo-

Milk sintió como si el lugar diera vueltas. ¿KAKAROTTO era el hijo de GINE?, ¿él era el saiyajin que había sufrido al asesinar a los seres de un planeta y se arrepentía todo el tiempo?, ¿ÉL era el saiyajin que estaba en desacuerdo con Vegeta?, ¿ÉL era el saiyajin en el que ella había estado depositando su esperanza?

Kakarotto vio a Gine y luego a Mik sin comprender, ¿qué diablos hacía ahí? Bulma nunca le comentó en dónde trabajaba Milk, y él realmente nunca se interesó en averiguarlo. Ahora se arrepentía de no haber preguntado.

Milk cerró los ojos y cuando los volvió abrir, sonrió, pero no era una sonrisa natural -¿Cuál es su nombre?-

Gine le devolvió la sonrisa –Es Kakarotto. Kakarotto, Milk es una linda muchacha que ha trabajado conmigo desde hace un tiempo, seguro si ambos se conocen se llegarán a agradar mucho-

Kakarotto comenzó a toser, no había logrado masticar desde que la vio entrar. Bebió toda una jarra de agua y se puso de pie –Es un gusto- su voz era casi robótica.

Gine los miró a ambos –Ahora entiendo por qué Bardock se divierte sabiendo cosas que otros no- Ella sabía que ambos tenían una cierta enemistad, pero no quiso decir nada, esto le parecía más divertido.

-Iré a traer unas frutas deliciosas para que te las lleves, Kakarotto. Mientras tanto conózcanse un poco- se puso de pie y salió de la habitación con una gran sonrisa.

Kakarotto estaba totalmente quieto. Miraba a todos los lugares, ¡había demasiadas cosas que ella podía usar como arma! Había aprendido a temerle a la furia de las mujeres, y sabía que Milk era bastante capaz de herirlo de gravedad si se lo proponía.

Milk se sentó frente a él sin decir nada. Lo vio intensamente hasta conseguir que Kakarotto se sonrojara y volteara el rostro –La única razón por la que no te ataco es porque Gine se ha portado amable conmigo. Me salvó de un soldado y me dio un lugar donde poder trabajar-

Kakarotto carraspeó –Mi… mi madre es muy bondadosa-

-Me dijo que su hijo menor heredó eso de ella. Ahora que sé que eres tú, imagino que toda madre ve a su hijo como un ángel, aunque éste sea un demonio-

Kakarotto rodó los ojos –Si conocieras a los otros saiyajin, me considerarías una bendición-

Milk se puso de pie instantáneamente, golpeando los dos puños sobre la mesa -¡No fue otro saiyajin más que tú el que asesinó a mi padre!, no fue otro saiyajin el que nos traicionó, fuiste tú-

Kakarotto apretó los labios –Sino era yo, alguien más lo hubiese hecho. Puedes repetirte que soy este monstruo que crees que soy, pero hay peores sujetos allá afuera. Si Vegeta hubiera estado en mi lugar, no habría ningún terrícola vivo en este momento-

Milk estaba al borde de las lágrimas. Estaba conteniendo tanto dolor y frustración. Cerró los ojos. No podía llorar frente a él. Sintió una mano en su hombro, abrió los ojos para darse cuenta que Kakarotto estaba a su lado.

-Lamento haberlo hecho. Si de mí dependiera, hubiera pedido que buscaran las Esferas para revivirlo, pero…-

Milk se alejó bruscamente de Kakarotto –Reviví a mi padre-

-¿Qué?-

-Busqué las Esferas luego de que te fuiste. Reviví a mi padre. Pensé revivir a todos los que habías asesinado, pero una voz me habló dentro de mi cabeza- Sabía que parecía una loca diciendo eso de la voz, pero era verdad -Me dijo que entendía mi situación, pero solamente podía revivir a mi padre, si revivía a los demás, algo terrible podía pasar- Llevó las manos a sus ojos -Soy una terrible persona- sollozó -Fui egoísta. Reviví únicamente a mi padre. Pude haber revivido a todos los demás pero tuve miedo de que algo peor llegara a suceder- sin darse cuenta, las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas -Soy de lo peor-

Kakarotto la vio sin saber qué hacer. Nunca había visto a una mujer llorar, al menos no una que no iba a morir. Pensó en acercarse a ella, pero Milk emanaba esa aura de no querer compasión, y mucho menos de su parte.

-Hiciste lo correcto. Si hubieras revivido a todos los que asesiné, Vegeta se habría dado cuenta de que el ejército, el cual yo reporté haber asesinado, al igual que a todos los reyes, estaban con vida. Y los habría matado a todos- Dio un paso hacia adelante, pero Milk se hizo para atrás -Quizás es mejor que me culpes a mí de todo, es más fácil-

-No necesito tu compasión, saiyajin- le contestó ella con desprecio.

-No es compasión, es la verdad-

Milk quedó callada, seguía con lágrimas en los ojos, pero poco a poco estaba recobrando su compostura –Eres una asesino, un monstruo traicionero, no sé cómo es que Bulma puede hablar tan bien de ti-

El silencio los rodeó. Ninguno dijo nada más por lo que pareció una eternidad hasta que finalmente Milk decidió romper el hielo –Ni creas que esto te libera de la culpa, encontraré la manera de vengarme por lo que hiciste. Pagarás por eso-

Kakarotto entristeció un poco, creía que habían avanzado algo esa noche –Lo imaginé todo- pensó con amargura.

Milk se dirigió a la puerta, pero antes de cruzar le lanzó una mirada; quizás era su imaginación, pero por un momento, Kakarotto percibió que ya no había tanto odio en esos hermosos ojos negros –Despídeme de Gine- dijo Milk.

Kakarotto se sentó de nuevo, sin dejar de sonreír –Quizás hice bien en venir-

0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0

Vegeta miraba de reojo a la terrícola mientras ésta terminaba las reparaciones. La mujer había entrado hace una hora, alegando de necesitar hacer reparaciones con urgencia; y en el momento en el que él quiso salir, ella le dijo que no podía, aparentemente el circuito que estaba quemado afectaba toda la CG, y la puerta no podía abrirse. Cuando él dijo que simplemente la rompería, ella le gritó. Él insistió y ella le explicó las repercusiones. Para hacer la historia corta, ahora estaban ambos encerrados.

Se había dedicado a hacer despechadas utilizando un único dedo. Se mantuvo en la esquina opuesta entrenando.

-Si me ayudaras, sería más rápido- se quejó ella. Y él se rehusó a responder –A veces no sé si eres machista o sólo un flojo-

Vegeta no detuvo sus movimientos, se rehusaba a compartir sus pensamientos y opiniones, sobre todo no con esa terrícola.

Bulma había comenzado a tararear, a veces se detenía cuando lo que estaba haciendo requería de toda su concentración, y Vegeta apreciaba cuando lo hacía, pero lo que más le disgustaba era que el escucharla tararear no era tan malo como lo recordaba –Luego de pasar tanto tiempo encerrado, incluso yo puedo perder la cabeza-

-Te has tardado demasiado, terrícola-

-¿Te molesta? Te exhorto a darme una mano- bromeó ella, ganándose un gruñido por parte del saiyajin.

-No tardaré mucho más, sólo queda verificar la máquina de gravedad…- retiró un panel de metal -Con esto basta- Se arrastró por el panel para trabajar el interior de la máquina, pero el calor se le estaba haciendo insoportable.

Salió del interior de la máquina y comenzó a quitarse el traje gris cubierto de grasa, esto llamó la atención de Vegeta; siempre la había visto con batas, trajes holgados que la protegían, no tenía ningún recuerdo de haberla visto de otra manera, o quizás sí pero jamás se había tomado la molestia de observarla… al menos no como lo estaba haciendo ahora. La Mujer se bajó la cremallera del traje hasta un poco más debajo de la cintura, sacó sus brazos y deslizó el traje hasta que cayó a sus pies. Vegeta seguía en la misma posición, a mitad de una despechada, no podía evitar verla de manera disimulada.

Nunca la había visto a detalle, sí claro, era imposible que olvidara su cabello tan llamativo y esos ojos tan celestes, ¿quién demonios tenía unos ojos así? Quizás era su atuendo tan vulgar, o quizás era el estar encerrado con ella por tanto tiempo, pero debía admitir que la mujer tenía más atractivo de lo que él le había dado crédito.

-Creo que terminaré esta conexión y podrás abrir la puerta, puedo sentir que te incomoda estar conmigo-

Bulma se limpió el sudor de la frente y de nuevo introdujo la parte superior de su cuerpo al interior de la máquina de gravedad. Trabajó en silencio por unos minutos más.

-¿Dónde está el desarmador?-

Vegeta la volteó a ver. Con una mano estaba sosteniendo algo adentro de la máquina mientras que con la otra buscaba el desarmador, el cual estaba un poco alejado. Exhaló profundamente, él quería salir de ese aprieto en el que estaba; en lugar de recoger la herramienta que Bulma buscaba, la pateó suavemente hacia ella.

-Te encontré- dijo ella orgullosa.

Vegeta sonrió de lado –Terrícola ilusa- Continuó su entrenamiento. No pasaron diez minutos cuando la Mujer salió de la máquina, con grasa en el rostro y en los brazos.

-Listo, todo está arreglado- sonrió –Ya puedes liberarte de mi compañía, pero debes de aceptar que no estuvo tan mal- le guiñó el ojo. Vegeta volteó el rostro y se dirigió hacia la puerta.

-Terminaron ya la nave de Tarble-

Eso detuvo los pasos del príncipe –Justo a tiempo, pensaba ir a averiguar eso en este momento-

Bulma sonrió sarcásticamente –Es una lástima que te hayas quedado encerrado conmigo por casi dos horas, ¿no crees? De haber ido antes, seguro te habrías topado con que no estaba terminada-

Vegeta abrió los ojos de par en par -¿Planeaste esto?-

-¿Planear? Esto fue una mera casualidad, Vegeta-

Vegeta le sonrió de lado –Bien jugado- Pocas veces lo habían atrapado con un truco tan sucio, pero sería la primera y última vez que la terrícola le ganara en algo así –Tienes algo en el rostro-

-¿En dónde?- se pasó un brazo engrasado en la cara, haciendo que la mancha de aceite se regara más por su rostro -¿Ya está?-

Vegeta asintió y salió de la CG con una sonrisa. Una pequeña victoria era suficiente. Había notado que la terrícola era vanidosa, así que andar mostrando su rostro casi negro sería un golpe duro –Con eso aprenderá-

Bulma recogió sus herramientas y su uniforme. Debía verificar si la nave en efecto estaba terminada, no quería estar hablando sin seguridad. Cuando llegó a su laboratorio, los terrícolas ya habían sido regresados a la prisión, sólo la esperaban Rasin y Lakasei.

-Supongo que todo está terminado aquí- dijo ella algo incómoda por estar sola con los gemelos.

-Todo funcionó a la perfección- dijo uno.

-Los motores funcionan a la perfección- continuó el otro.

-La nave está en perfecto estado, sólo falta la última prueba- dijeron ambos al mismo tiempo.

-¿La última? Creí que se habían encargado de eso ya-

-Imaginamos que usted querría hacerlo-

Bulma dudó por un instante. Vio su reloj –Mi intento de quitarme las ojeras jamás llegará- pensó vencida.

-Bien, lo haré mañana-

-Sería bueno que lo hiciera hoy, Señorita Bulma- se precipitó a decir Rasin.

-De esa manera, mañana ya estaría lista para despegar sin problemas- agregó Lakasei.

Bulma los vio de nuevo, pero se rehusó a hacerlo –Debo regresar a mi apartamento antes de que sea más tarde. Lo haremos mañana, chicos- Se dio la vuelta y salió del laboratorio –Encárguense de apagar las luces- gritó desde el pasillo.

Ambos alienígenas si vieron entre ellos –Mañana será- dijeron ambos en voz baja.

Cuando Bulma finalmente entró a su apartamento, se sorprendió al ver a Milk en la cocina, no era normal verla despierta a media noche -¿Estás bien?- preguntó de inmediato al ver a su amiga con un semblante triste viendo una fotografía.

Milk, quien no se percató cuando Bulma entró, se sorprendió –Bulma, hola- guardó la fotografía en su traje y le sonrió –No imaginé que vendrías, creí que te quedarías en el castillo esta vez-

-Ni loca- dijo la científica, arrojando al suelo sus botas –No pienso dormir bajo el mismo techo que un monstruo-

-¿Te refieres al Príncipe Vegeta?-

-¿A Vegeta?- preguntó Bulma sorprendida. Sí, Vegeta era un monstruo, pero no lo consideraba una amenaza tan grande como el otro saiyajin que estaba congelado –No, hay algo peor allá adentro, pero está en estado criogénico, aun así…-

-¿Quieres algo de comer? Traje algo del Centro-

-Déjame ayudarte- Cocinar no era su fuerte, ni limpiar, ni ordenar, pero aun así le gustaba ayudar a su amiga en lo que podía -¿Te sucede algo? Te noto algo distraída- comentó luego de estar en silencio por unos minutos.

-Debo confesarte algo…- ambas terrícolas se sentaron –Yo… la razón por la que no encontraban las Esferas, ¿alguna vez te preguntaste el por qué?- hizo una pequeña pausa antes de continuar -Yo reviví a mi padre un poco antes de que llegaran los saiyajin-

Bulma abrió los ojos de par en par. Sabía que alguien debió de haber empleado las Esferas, pero al ver que los muertos no habían revivido, imaginó que quien las encontró tenía algún deseo personal que cumplir. ¿Por qué le contaba eso Milk?

-No reviví a nadie más… tuve miedo de que algo malo pasara si llegaban a revivir todos-

Bulma sonrió con ternura –Y tuviste razón- le colocó una mano sobre el hombro –Si lo hubieses hecho, Vegeta se habría dado cuenta… y seguramente hubiese matado a todos los terrícolas para darle una lección a Kakarotto. Yo habría hecho lo mismo que tú-

Milk sonrió con tristeza –Eso fue lo mismo que me dijo Kakarotto-

-¿Hablaste con él de esto?-

-Fue accidental. No quería contarle esto a nadie, y mucho menos a ese asesino, pero… me dejé llevar. Resulta que Gine, la saiyajin con la que he estado trabajando, es su madre- sonrió con amargura -¿No es irónico? El saiyajin al que quiero matar resulta ser el saiyajin en quien estaba confiando para ayudarnos. Es como si el mundo estuviera disfrutando de esta broma cruel-

Bulma se mordió el labio. Podía interpretarse como una broma cruel, sí, pero también cabía la interpretación de que, de cierta manera, Kakarotto estaba ligado a ellas dos –Vamos, todo esto se solucionará. Arriba esos ánimos. Sé lo que te animará- se puso de pie alegremente, intentando contagiarle algo de alegría a su amiga –Te haré un pastel, sé que debo de tener un robot cocinero en alguna cápsula-

Milk rió –No te preocupes, yo me encargo de eso. Cocinar me ayuda a relajarme un poco, quizás puedas aprender a hacer un pastel de chocolate si me ayudas... por cierto... ¿por qué tienes la cara cubierta de grasa?-

Bulma palideció al escuchar eso, ¿grasa? Corrió al espejo más cercano y ver su rostro casi completamente negro la hizo enfurecer -¡VEGETA, ERES UN IMBÉCIL!- gritó, y por un momento deseó que Vegeta estuviera cerca para gritarle hasta que le sangraran los oídos.

0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0

Tarble abrió los ojos con dificultad. Vio hacia una ventana para confirmar que todavía era de noche.

-¿Quién demonios hace visitas a esta hora?- se levantó de su cama, la cual era una pila de rocas aplanadas cubierta con pieles de varios animales. Quizás no era de algodón o algún material para un príncipe, pero él la encontraba cómoda. Atravesó la pequeña sala de la cueva que había llegado a adaptar para hacerla su vivienda, llegó a la puerta y la abrió de un solo golpe, todavía no controlaba por completo la fuerza que había adquirido.

-Imagino que debe agradarte verme, ¿no es así?-

-Turles- bostezó –Esto es algo que no esperaba-

Turles le sonrió de lado y le ofreció una pequeña caja –La última fruta-

Tarbles palideció al escuchar eso -¿La última?-

-Me temo que sí, al menos hasta que lleguemos a la Tierra-

-Creí haber sido claro al decir que no la utilizaríamos para crear estas frutas-

Turles se encogió de hombros –Entonces será la última hasta que revisemos los planetas cercanos. Tardaremos un poco, pero espero que lo valga-

-Nada vale lo suficiente como para reducir un planeta a cenizas sólo por poder- dijo Tarble firmemente.

Turles sonrió de lado, una sonrisa apenas perceptible –Bien dicho, joven príncipe-

-¿Por qué me has traído esto ahora?-

-Me temo que me han informado que mañana partiremos-

-¿Mañana? Creí que tendría más tiempo… pero mi hermano no me ha convocado para informarme de esto-

-Tiene sus beneficios que dos de mis hombres estén trabajando con la encargada de las naves-

Tarble se quedó callado por unos instantes –Supongo que así debe ser. Veremos quién más está dispuesto a acompañarnos en esta misión-

-Creí que esto era una misión para un pequeño pelotón suyo-

-Así era, pero… creo que sería bueno comenzar a expandir el imperio un poco, ¿no crees? Quizás mi hermano esté de acuerdo con que nos llevemos algunos cuantos aliens para tomar la Tierra y hacerla una colonia. Después de todo yo estoy a cargo de la Tierra, y creo que eso sería algo ideal- sonrió con genuina inocencia; Turles, por el otro lado, se esforzó por sonreírle de vuelta.

-Por supuesto, príncipe- hizo una pequeña pausa –Creo que ya le quité suficiente tiempo, nos veremos mañana en la Zona de Despegue-

Ambos saiyajin se despidieron. Tarble colocó la caja sobre su cama, las manos le temblaban por comerla. Colocó sus manos sobre su cabeza y alborotó su cabello. Nadie le dijo que la necesidad y el hambre por el poder podían consumirlo –No- murmuró –Debo ser más fuerte que esto- Tomó la caja y la guardó debajo de unas piedras. Cerró los ojos e intentó dormir, a pesar que en el fondo de su cabeza esa necesidad de ir por la fruta lo estaba martirizando.

Turles volaba lentamente sobre el Muro. Sabía que Daiz estaba de guardia esa noche; cuando finalmente lo identificó, descendió frente a él con los brazos cruzados.

-Me temo que los planes cambiaron un poco. Tendré que llevarme algunos de tus hombres, bajo mi control total-

Daiz gruñó un poco –Yo debería ir también- Si había la oportunidad de probar la fruta del Árbol en su máximo crecimiento, él quería una mordida.

-Vegeta no dejará que el ex-príncipe de los Kabochan se aleje mucho de su vista-

-¡Todavía soy el príncipe de mi raza!- dijo Daiz alterado. Turles podía ser su superior, pero aun así tenía el orgullo de alguien que llevaba sangre real en sus venas.

Turles le sonrió de lado –Por supuesto que lo eres. Por eso te necesito aquí, sabes lo que debes hacer si esto falla-

Daiz pareció calmarse un poco –Bien. Buscaré a los mejores soldados de mi ejército para que te acompañen-

Turles asintió -Búscame a uno que pueda acusar del asesinato de Tarble, no quiero que algo tan insignificante levante sospechas-


De nuevo me disculpo por algunas faltas de ortografía que encuentren o palabras que haya omitido D: Algún día escribiré por la mañana y por la tarde, y no tendré estos problemas XD

Les agradezco que hayan llegado hasta aquí en la lectura, y siempre estoy dispuesta a leer sus comentarios :) De una vez les informo que el siguiente capítulo tendrá bastante de Milk con Kakarotto. :)