12. Patriarca Camus
Cuando el caballero de Acuario despertó para tomar posesión de su cargo temporal como Patriarca, no se imaginó lo que ello acarrearía.
Acompañado de su vecino Afrodita, subió las escaleras hasta la habitación de Arles.
Sobre el colchón, tirado en el suelo, dormía Shura plácidamente. Contra una de las paredes reposaba el somier quebrado en dos, junto a la estructura de madera.
El caballero de Piscis dejó escapar un gemido que sonó como un lamento suplicante. Camus barrió la estancia con su mirada gélida, buscando en cada rincón lo que debería ser recompuesto.
—Qué desastre— murmuró el francés resoplando, mientras se acercaba a su compañero que seguía durmiendo, ajeno a las visitas que habían entrado en el cuarto sin avisar—. Vamos Shura, despierta de una vez, que hay mucho trabajo que hacer— dijo moviendo el cuerpo del español con el pie.
Shura comenzó a respirar más fuerte y rápido, remoloneando en su despertar. Levantó la cabeza de la almohada, fuertemente estrechada entre sus brazos. Parpadeó suavemente, molesto con la luz que se filtraba por la ventana y por el despertar brusco. Sentía la boca seca y dándose media vuelta pudo entrever a esas dos figuras inoportunas que le miraban desde arriba. Resopló una vez más y trató de domar su cabello, atusándoselo de mala manera, mientras bostezaba abiertamente y lentamente fue incorporándose. Esperaba dejar caer las piernas por el borde del colchón, hasta que cayó en la cuenta de que estaba tendido directamente sobre el suelo.
Gruñó una maldición y finalmente se incorporó, quedando a la altura de los intrusos.
—He dormido fatal esta noche. Se rompió— dijo señalando los escombros de la cama apoyados en la pared.
Camus frunció el ceño más aún y entrecerró los ojos.
—Las cosas no se rompen solas. La habéis roto entre todos, así que ya podéis ir haciendo acopio de dinero para reemplazar la cama de Arles. Y ejerciendo hoy de Patriarca, esa es mi primera orden. Quiero una cama nueva para esta misma noche.
Ante la posibilidad de una queja proveniente del caballero de Capricornio, Camus le señaló la puerta para que se fuera de la estancia. El español refunfuñó mientras salía del cuarto.
Una vez a solas, el francés se pasó la mano por la cara y chasqueó la lengua con gesto de disgusto.
—Mañana regresan el Patriarca y Arles, hay muchísimas cosas que hacer y lo peor de todo es que no sé ni por dónde empezar.
—¿Qué tal por el principio?— sugirió Afrodita, mientras peinaba la peluca gris.
Camus asintió con un leve cabeceo y recogió el dossier para leerlo.
"Camus, caballero de Acuario.
Eres el penúltimo para reinar como Patriarca. Entre tú y Afrodita tendréis que solventar todo lo que haya sucedido hasta entonces, que me atrevo a aventurar que va a ser una hecatombe lo que me encuentre. Pero como dice el refrán, ojos que no ven, corazón que no siente. De vosotros dos depende que mi corazón no sienta ira y furia al regresar y ver cómo me habéis dejado el Santuario.
Como ya le expliqué a Angelo, los jueves no suelen ser días de especial actividad en el Santuario. De hecho la tarde la tendrás libre para hacer lo que quieras.
Pero por la mañana tienes que realizar un par de tareas.
Orden del día (prioridad):
—Entregar informes con las misiones asignadas a los caballeros que aparecen en la lista adjunta a este dossier. Léetelos para que tengas todo bien claro de a dónde los envías y con qué objetivo.
—Asimismo, con este objetivo, deberás ir a las arcas del templo y pensar una asignación para cada caballero enviado. Si necesitas más dinero, pídele a uno de tus compañeros que vaya a un cajero de Rodorio.
Fácil ¿verdad? Sé que eres responsable y podrás hacer entrar en razón a tus compañeros. Lo dejo en tus manos.
Serás Patriarca en funciones desde que Shura te entregue las vestiduras hasta las 06:00 de la mañana del día siguiente. Dormiréis en mi cuarto. A las 06:00, el compañero que te releve tiene que presentarse en mi templo para poder realizar el traspaso de poder.
El viernes por la noche regresaremos, aunque no sé cuándo exactamente. Llamaré por teléfono para concretar la hora. Así os doy tiempo a que dejéis todo limpio y ordenado para cuando llegue.
Cuídate mucho. Fdo: Patriarca Shion"
Los dos caballeros de oro se miraron con pesar.
—¿Crees que nos dará tiempo?— preguntó Afrodita, colocando el casco a Camus.
—Lo dudo. Pero si no nos da tiempo, vamos a tener que concentrarnos todos en hacer una limpieza rápida.
—¿A qué te refieres?
El francés inspiró profundamente antes de responder.
—Pues como cuando éramos niños y nos mandaban recoger nuestros juguetes, que en lugar de colocar cada cosa en su lugar, cogíamos todo y lo escondíamos en el armario o debajo de la cama. Daba la apariencia de recogido aunque si abrías el armario era como una avalancha caótica.
Afrodita se llevó la mano a la boca, dejando escapar una leve risa.
—No te imagino haciendo eso.
Camus esbozó una sonrisa mientras un leve rubor aparecía en sus mejillas.
—Es que no imaginas cómo dejaba mi habitación Milo cuando éramos pequeños. Parecía como si hubiera pasado un huracán, y claro, antes de que llegaran nuestros maestros, había que recoger todo deprisa y corriendo para que no nos pillaran. Lo malo es que una vez mi maestro Aparctias abrió el armario y…bueno, tan sólo te digo que durante una semana no pudimos sentarnos. Si tan sólo no le hubiera caído en la cabeza aquella pelota de baloncesto y el microscopio en el pie— confesó nostálgico—. Bueno, sentimentalismos aparte, hay trabajo que hacer y no quiero entretenerme más. Tengo que desayunar y hacer lo de las misiones.
Afrodita asintió y dejó a Camus a solas en la habitación mientras recogía los papeles adjuntos y los repasaba rápidamente.
Tras bajar a desayunar, el francés se dirigió a la sala principal para sentarse en el trono dorado. Aún era muy temprano para mandar llamar a nadie, así que se sentó tranquilamente y de entre la túnica se sacó un libro. "Cómo ser Patriarca y no morir en el intento", escrito por Shion y con prólogo de Arles. Acomodándose como pudo, sus ojos se depositaron rápidamente en las hojas del libro, perdiéndose en la retahíla de consejos que el Patriarca había plasmado, como ejercicio antiestrés recomendado por un terapeuta.
Completamente absorbido por la lectura, dio un respingo en el trono cuando fue interrumpido bruscamente por Aioria y Aldebarán.
—¡Hay noticias del Inframundo!— gritó el griego. El libro que Camus sujetaba entre sus dedos fue a parar al suelo.
—Podríais llamar antes de entrar, si no es demasiado pedir— gruñó el francés molesto con la entrada de sus compañeros—. A ver, contadme qué pasa.
—Deathmask ha regresado para darnos información, pero dice que tiene que regresar de inmediato ya que la situación se va a poner bastante fea— comenzó el brasileño—. Resulta que Saga ha tomado el control del Inframundo y está utilizando a todos como sus sirvientes particulares. Aioros, Dohko y Nergal están escondidos aún, pero Kanon escapó y anda buscando la Judesca. El problema es que su sentido de la orientación es pésimo y creemos que ha podido perderse por alguna de las prisiones. Entonces no saben qué hacer. Es un contratiempo, ya que si pillan a Kanon, se joderá todo.
El francés repasó mentalmente las palabras de nuevo.
—Dile a Deathmask que busquen a Kanon sin armar alboroto. O al menos que se pongan en contacto telepáticamente con él, y que se haga pasar por su hermano. Si Saga tiene poder en el Inframundo, los espectros quizá no sepan que son gemelos, con lo cual hay una vía de escape…
[En el Giudecca…]
—¡TODOS FIRMES!— bramó Saga. Frente a él, las filas de espectros aguardaban quietos y silenciosos colocados según su estrella relativa y su rango.
El caballero de Géminis bajó los peldaños y se cruzó de brazos. A su derecha, los espectros de estrella terrestre y a su izquierda los de estrella celeste.
Caminó entre las filas, observando a cada uno de los allí presentes. Con la mirada al frente, erguidos y callados.
—¡Alce la cabeza! ¡Las manos a los costados! ¡Póngase bien derecho, está pasando una revisión, no está en la cola de la frutería! ¡Haga el favor de cuidar su armadura y límpiela a diario! ¡DESPIERTE! ¿Usted de qué se ríe? ¿Acaso le hago gracia, soldado?— iba gritando a los que fallaban su inspección.
Tras cerciorarse de que todo estaba en orden, Saga regresó junto a Hades y se sentó en la chaise longue con un suspiro.
—Les hace falta más disciplina, pero a partir de ahora van a saber lo que es bueno— informó al dios del Inframundo. Éste sólo desvió la mirada hacia Saga y permaneció impasible.
Dirigiéndose a los espectros de nuevo dio una voz.
—¡RETÍRENSE!— a continuación dio un par de palmadas —.¡Minos, Aiacos! ¡Traednos el desayuno! ¡Pandora, tráeme a Radamanthys!
La mujer asintió rápidamente y fue en busca del Wyvern, quien apareció minutos después travestido de doncella. Saga sonrió satisfecho.
—Mírale…la rubia ya sabe andar correctamente con los tacones— dijo en tono de burla—, acércate preciosa que quiero comprobar una cosa.
Obedientemente, el inglés se acercó.
—Agáchate— exigió el griego. Radamanthys sintió un escalofrío recorrer su espalda ante tal petición. Mentalmente pidió que no fuera a mandarle algo indecente.
—Apártate el flequillo.
El espectro suspiró aliviado y retiró los mechones rubios de su frente. El entrecejo estaba aún enrojecido, pero despoblado de cualquier pelo. Además, Pandora había limpiado las cejas un poco más, dejándoselas más perfiladas.
Satisfecho con el resultado, Saga sonrió con regocijo.
—¿Qué tal la experiencia? Así te ves más atractivo, ¿no crees, Pandora?— preguntó a la mujer. Ésta como respuesta agachó la cabeza y afirmó levemente, completamente colorada.
Radamanthys alzó una ceja, ya separada, al escuchar aquello. En algún momento haría algo.
—Sin embargo…creo que necesitas que te depile un poquito más...— musitó Saga, pasando los pulgares por las cejas rubias del inglés. Éste tragó saliva al adivinar las intenciones del griego.
—Túmbate en la chaise longue y cierra los ojos— pidió al espectro.
Radamanthys se echó tembloroso en la tumbona e hizo lo que le ordenaban. Saga se sacó del bolsillo una banda de cera fría y la frotó entre sus manos unos segundos.
Separó cuidadosamente las dos bandas pegajosas y las pegó encima de las cejas del espectro quien se incorporó de golpe al sentir aquello.
—¡Esto sí que no! ¡Quítame esto o no respondo de mis actos!— gritó iracundo. El caballero de Géminis se cruzó de brazos y observó al espectro que se había puesto de pie y se descalzaba mientras tanto.
—Pues eso es lo que iba a hacer ahora, para eso te las puse— respondió calmadamente Saga.
El inglés empezó a tirar de ellas pero se levantó algunos pelos, provocando que se retorciera de dolor.
—¡Que no se quitan así, bruto! Ven aquí— dijo Saga, acercando las manos. Con habilidad tiró de las dos bandas con fuerza en dirección contraria al pelo.
El Wyvern chilló de dolor y salió corriendo con las manos colocadas sobre las cejas.
—¡Ostia puta cómo escuece!...un momento… ¿¡Y MIS CEJAS!?
El caballero de Géminis que estaba riéndose a carcajada limpia le mostró las bandas de cera.
—Aquí están— dijo sin parar de reír—. ¡Ahora pareces lemuriano ajajajajaja! ¡Ven Radamanthys, que te pinto los dos lunares!
[En el Santuario…]
Camus preparaba las misiones que tenía que encomendar y el dinero que tenía que asignar a cada uno para ello. En un cuaderno realizó un diagrama de los viajes y los caballeros, así como la cantidad idónea de dinero.
Mientras tachaba un par de números, mandó llamar a Milo. Éste apareció a los pocos minutos con cara de sueño. El francés alzó una ceja y consultó el reloj.
—¿Qué quieres ahora?— dijo el griego, restregándose los ojos.
El caballero de Acuario frunció el ceño y apretó los dientes.
—Milo, soy Patriarca en funciones, no me trates tan condescendientemente.
Por respuesta, el caballero de Escorpio bufó descontento y repitió la pregunta más formalmente.
—Tienes que ir a Rodorio— Milo emitió un gemido como protesta —. Vas a ir sí o sí, ya que tienes que sacar dinero de la cuenta común de Shion para los caballeros que tengo que enviar a diversas misiones. Tráeme 1.800 euros, por favor. Y vete ya, que no tardarán en llegar. Les he convocado en media hora— dijo Camus, tendiéndole la tarjeta de crédito y susurrándole el pin.
Con una mueca de desagrado, Milo se marchó del templo a toda prisa.
Aún no había regresado cuando los caballeros convocados aparecieron por la puerta.
Ptolomey de Flecha acompañado de Algethi de Heracles. Camus, al verlos, les indicó que se acercaran y les comentó las misiones que habían sido asignadas a ellos dos.
—A ver, vosotros dos tenéis que ir a Irlanda. Allí iréis al templo del dios Dagda y ofrecer los respetos de Atenea. Llevaréis la rama de olivo como símbolo de paz entre las deidades y participaréis del culto druida. Como véis, suena divertido.
En ese momento entró Milo y tras saludar a los caballeros presentes le tiró el fajo de billetes a Camus.
—Ahí tienes. Y toma, la tarjeta— dijo alargándosela.
Ptolomey y Algethi se miraron confusos por la familiaridad con la que el caballero de Escorpio trataba al Patriarca.
El francés aguantó la ira como pudo y replicó un "gracias Milo" ásperamente. Sin apartar la mirada de su amigo, que se había alejado del trono y se apoyó en una columna con los brazos cruzados, contó los billetes y tendió una parte a los dos caballeros que tenía frente a él.
Tras esto, los despidió rápidamente y en cuanto se marcharon Camus se retiró el yelmo dorado.
—Que sea la última vez que me tratas de esa manera tan despectiva, sobre todo delante de terceros— reprendió duramente.
Milo, dirigiéndose hacia el trono señaló a su amigo.
—Me despertaste, a sabiendas de que ayer me acosté muy tarde— replicó el caballero de Escorpio.
—¡Por Zeus, Hera y el Olimpo entero! ¡Si te doy una orden es para que la cumplas, no para que te la pases por la entrepierna y encima me contestes de malas maneras!— gritó Camus, exasperado.
—¡Disculpa mis modales, Patriarca Amargado! El que lleva una temporada siendo un borde de mierda eres tú, que no sé qué mosca te ha picado conmigo para que me trates de manera fría y distante.
—¿Yo borde? ¿YO BORDE? Pero tú…¡No me hagas hablar, eh! ¡Que bastante tengo con tener que arreglar todos los destrozos que habéis ocasionado en el Santuario!
—¡Pues sí, eres un borde! ¡Y estoy harto de que me trates con desprecio, como si fuera el responsable de todo lo malo que te sucede! ¡Lo que sucedió en Epidauro no fue exclusivamente culpa mía y si no hubieras estado tan borracho no te hubieras acostado con esa señora!
—¿Maestro?— preguntó una voz desconocida.
Milo y Camus, enfrascados en la agria discusión, callaron súbitamente. Se miraron aterrados y ladearon las cabezas a la vez para ver quién había interrumpido el combate verbal.
Frente a ellos dos, Isaak del Kraken les miraba con el rostro desencajado, sujetando las correas de la caja que acarreaba su recién arreglada armadura.
—¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué tienes el pelo gris? ¿Y por qué llevas la túnica del Patriarca?— preguntó de nuevo, acercándose cautelosamente.
Camus abrió la boca sin saber muy bien qué decir.
—Es que Shion quiere hacerse una túnica nueva y necesitaba a alguien de similar peso y talla como modelo, ya que él se encuentra reunido en estos momentos— soltó Milo, automáticamente. Su amigo le miró de soslayo y después a su ex alumno.
Isaak parpadeó un par de veces y respiró aliviado.
—Creía que ahora ejercías tú de Patriarca, qué susto.
El francés alzó una ceja, sin saber cómo tomarse esa última declaración.
Recomponiéndose, se incorporó del trono y bajó a saludar al general.
El caballero de Escorpio se excusó y desapareció por la puerta, camino de su templo.
—¿Problemas en la pareja?— preguntó burlonamente Isaak, señalando con la barbilla el lugar por donde Milo se había esfumado.
—¡Que no somos pareja, qué manía!— dijo lastimeramente el francés, perdiendo los estribos.
—Vaya maestro, usted que siempre fue tan serio, frío y distante…verle tan descolocado me resulta extraño. ¿Sucede algo importante? Milo mencionó algo de una señora— trató de indagar el finés.
Camus recuperó la compostura rápidamente y respiró profundamente para meterse en el papel de siempre.
—Cosas sin importancia, no te preocupes. Dime, ¿te arregló la armadura Mü?
—Sí, la verdad es que estaba hecha trizas y ahora está perfecta. Por cierto, estuve buscando a Hyoga, pero no le encuentro. He preguntado a mucha gente del Santuario, pero todos me dicen que no le han visto en todo el día, ¿sabes dónde puede estar?
El caballero de Acuario frunció el ceño, con gesto de preocupación.
—¿No estaba en el templo de Acuario? ¿Ni en el Coliseo? ¿Has preguntado a sus compañeros de bronce? Quizás haya ido a Rodorio…
A todas las preguntas Isaak contestaba negativamente.
—Si incluso me metí en el recinto de las amazonas para preguntarle a Marin, pero Shaina vino hacia mí gritando como una posesa y me echó de una patada. Pero nada, que no le encuentro.
Camus recayó entonces en una cosa y se dirigió rápidamente de vuelta al trono. Revolvió los papeles que tenía ante sí y leyó uno de ellos.
—Es que además, se supone que está citado para que le diga…para que Shion le encomiende una misión junto a Seiya. Ya debería de estar aquí. Es más, ya deberían estar los dos— murmuró preocupado.
Isaak suspiró apenado.
—Bueno, no importa. Ya cuando tenga otro rato libre me pasaré a visitarle. Dile que le he venido a ver, por favor. Tengo mucha prisa, ya que Poseidón me requiere para una reunión muy importante. Anda un poco misterioso últimamente, no sé qué se traerá entre manos— pensó para sí mismo, mientras se despedía de su maestro.
El caballero de Acuario lo despidió con un saludo cordial y lo dejó marchar, prometiéndole que notificaría a Hyoga su visita.
Una vez que se marchó, Camus mandó llamar a Marin.
La amazona acudió rauda a su llamada.
—Disculpa Camus, es que estoy preocupada porque no encuentro a Seiya. Hoy teníamos entrenamiento y no ha venido a mi llamada.
El francés se sorprendió ante ese hecho.
—Pues ya somos dos
Acto seguido, el francés se ajustó el casco dorado y acompañado de la amazona, salieron del templo mayor en busca de sus respectivos pupilos.
No se habían alejado demasiado cuando vieron a Shunrei caminando con semblante preocupado en la cara. Se acercó a los dos maestros y les preguntó por Shiryu.
—¿Sabéis dónde está? Tenía cita con el dentista hoy no le veo por ninguna parte. Espero que no me haga lo de siempre, que se esconde en el sitio más remoto del Santuario para evitar ir— dijo recordando sucesos del pasado con su pareja.
—Pues nosotros estamos buscando a Hyoga y Seiya, ¿no les has visto? Porque a Shun ni a Ikki tampoco les he visto en todo el día— respondió Marin.
Shunrei suspiró preocupada y dijo no saber nada tampoco de los caballeros de Pegaso y Cisne.
—¿Y dónde estarán?— se preguntó Camus.
[En el Inframundo…]
—¿Seguro que es por aquí?— musitó un asustado Shun, quien observaba todo alrededor, pendiente de que sus cadenas detectaran cualquier enemigo.
Seiya asintió afirmativamente y conminó a sus compañeros a seguirle.
—Pero esto es extraño…ese portal por donde nos lanzamos, nos ha enviado directamente al Inframundo, sin pisar la prisión primera donde está Lune. Tampoco nos hemos cruzado con Caronte. A decir verdad, no nos hemos cruzado con nadie, esto está desierto— dijo Shiryu, avanzando a medida que se cercioraba de que nadie les seguía o acechaba.
—¿Pero dónde estamos?— exclamó Hyoga, asustado.
De repente sintieron un cosmos familiar e Ikki apareció de detrás de una columna de aspecto retorcido.
—¿Se puede saber cómo cojones habéis llegado aquí?— preguntó alarmado ante sus compañeros.
—¡Hermano!— gritó ilusionado Shun, al reencontrarse con él. Ikki le apartó el abrazo que iba dirigido a él.
—No me abraces delante de la gente, que me da vergüenza— gruñó molesto—. Está bien, contadme ahora qué sabéis y por qué estáis aquí.
[En la Giudecca]
Tras haber recorrido las diversas prisiones pasando desapercibido en algunos casos y visto con terror en otros, Kanon llegó al fin a la puerta que daba a la sala principal donde se hallaba Hades.
Apoyando la oreja en la puerta, escuchó a su hermano hablar con alguien animadamente. Las risas se sucedían continuamente y un trajín de pasos continuo. Al oír unas pisadas detrás de la puerta, el gemelo corrió a esconderse tras una columna de mármol de la antesala.
La puerta se abrió y de ella salió Radamanthys, vestido aún de sirvienta sujetando unos tacones en las manos.
—Cabronazo, hijo de perra, griego rencoroso de mierda, me las vas a pagar todas juntas, Shion se va a enterar de todo lo que estás haciendo y ya verás ¡sí, ya verás cuando toque mi venganza! Será terrible y desearás no haber nacido— gruñía con evidente tono de cabreo el espectro de Wyvern.
Kanon se pensó unos segundos si seguirle o no, pero aunque le podía la curiosidad de ver a su archienemigo siendo humillado, consideró más sensato permanecer escondido. No estaba el horno para bollos y temía meter la pata hasta el fondo.
Antes de que el Wyvern desapareciera por el pasillo, la puerta se abrió nuevamente y apareció Saga, con algo en la mano.
—¡Te olvidas de tus cejas Radamanthys!— dijo lanzándole los restos de bandas de cera a la cara.
El inglés, se giró iracundo y le gritó un insulto que hizo temblar los cimientos del Inframundo.
Saga sonrió para sí mismo y dejó marchar al juez, quien desapareció entre las sombras del templo.
Antes de que se diera la vuelta, escuchó un siseo. Arrugó el entrecejo, tratando de averiguar el origen de aquel sonido.
—¡Psst! ¡Hermano, aquí!— susurró Kanon, asomando la cara de detrás de la columna.
El gemelo mayor dio un respingo y mirando previamente a todos lados, se acercó a su hermano.
—¿Pero tú qué narices haces aquí? ¡Regresa ahora mismo al Santuario!—susurró contrariado Saga.
Kanon sacudió la cabeza y se cruzó de brazos.
—Yo también quiero gobernar el Inframundo un rato. Quiero vengarme de Radamanthys— dijo convencido.
Saga se pasó la mano por la cara en señal de desesperación.
—Idiota, si te ven aquí te despedazan ¿me oíste? Sólo me respetan a mi porque tengo el anillo de Nergal. Y tú no lo tienes, así que lárgate antes de que pase algo. Y no te preocupes por el Unicejo que ya me he vengado de él— respondió en voz baja.
El menor le miró con ilusión.
—¿Qué le has hecho? ¿Lo has grabado en vídeo? Quiero verlo. De todas formas, quiero vengarme de él también, aunque tú se las hayas hecho pasar canutas, yo quiero torturarle.
El mayor le relató lo acontecido, aguantando la risa que le producía recordar la cara de cabreo del Wyvern.
—Joder, pero tú le has visto. Yo no. Anda, déjame regir el Hades un rato. Nadie se dará cuenta, somos gemelos. Ni siquiera es necesario que me haga con el anillo, con tal de que me vean igual que tú, seguirá todo bien. Por favor. Anda. Venga. Sólo unos minutos. En lo que vas a decirle a Aioros, Nergal, Deathmask y Dohko que estás bien. Sólo ese ratito.
—¡Un momento, un momento!— dijo Saga, procesando la información que le había dado su hermano—. ¿Están aquí esos cuatro, aparte de ti?
El menos asintió, aún con pose de súplica.
—¿Y a qué mierda han venido?— preguntó de nuevo el mayor.
Kanon se encogió de hombros.
—Supongo que para que le devuelvas el anillo a Nergal y regreses al Santuario.
Llevándose los dedos pulgar, índice y corazón al hueso nasal, Saga emitió un bufido y empezó a desvestirse.
—Ten, ponte mi ropa y actúa como si fuera yo. No digas nada, solamente quédate quieto y come algo en lo que voy a ver a esos. No tardaré. ¡Y no la líes! Que como descubran que eres tú, no dudarán en apresarte— dijo dándose media vuelta y saliendo corriendo en dirección contraria.
—¡Pero hermano!— llamó Kanon a Saga, pero éste ya se había alejado demasiado como para oírle— Que no me has dejado que me desvistiera para darte mi ropa…— dijo en voz baja, mientras veía a su hermano correr en cueros por el Inframundo—. En fin, es su cruzada personal para traumatizar a la gente— pensó, mientras se desvestía y se ponía las ropas de su hermano.
[En el Santuario…]
Los caballeros de oro presentes en el Santuario se hallaban reunidos en la sala principal con Camus, quien se hallaba sentado en el trono con actitud seria.
—He hablado con Ereshkigal y me dijo que los cuatro se lanzaron por el portal al Inframundo— comunicó a sus compañeros.
Los dorados se sorprendieron ante tal información.
—¿Y qué hacemos ahora?— preguntó Mü, visiblemente preocupado. La situación se estaba torciendo de sobremanera a menos de 24 horas para la llegada de Shion.
Camus se mesó los cabellos tras retirarse el casco y la peluca gris, murmurando un "dejadme pensar".
—No nos va a quedar otro remedio que bajar a buscarles— dijo Aioria, temiendo por la vida de los jóvenes caballeros de bronce.
—¿Todos?— preguntó Shaka, frunciendo el ceño.
—Es evidente que no todos podemos bajar, algunos tenemos que quedarnos aquí para implantar orden. Además, no podemos dejar a Afrodita solo en su día como Patriarca— respondió Camus, al ver el semblante de pánico del caballero de Piscis.
—Bien, pues ¿quién quiere ir conmigo al inframundo?— preguntó Aioria.
Rápidamente, las manos de Milo, Shura y Aldebarán se alzaron.
Camus contempló a los cuatro compañeros y asintió.
—Está bien. Vosotros iréis al Inframundo. Shaka, Mü, Afrodita y yo nos quedamos aquí. Trataremos de ordenar el Santuario mañana antes de que venga Shion. ¿Comprendido? Pues venga, los que tengáis que ir al Inframundo, id a ver a Ereshkigal. Los demás a dormir.
Los dorados asintieron y salieron dispuestos a acatar las órdenes.
Tras despedirlos a todos, llamó al caballero de Escorpio.
—Oye Milo— dijo suavemente. El aludido se dio la vuelta—. Perdóname por gritarte hoy, no era mi intención.
El griego inspiró profundamente.
—No pasa nada, está olvidado. Perdóname tu a mi por lo mismo— dijo esbozando media sonrisa.
—¿Amigos de nuevo?— preguntó Camus, alargando la mano derecha.
Milo la estrechó sin dudarlo y atrajo a su amigo contra su cuerpo, abrazándolo.
—¡Maricas!— gritó Aioria, que había vuelto a entrar al ver que su compañero se retrasaba.
—¡Que no somos novios, coño ya!— gritaron ambos de vuelta.
Tras esta despedida, Camus se dirigió hacia el cuarto de Arles, subiendo las escaleras pesadamente.
Al llegar a la puerta y abrirla, vio que no había reemplazado la cama.
—Cuando Shura regrese, le voy a criogenizar el esperma— murmuró cerrando la puerta tras él.
NOTAS:
¡Penúltimo capítulo ya! El desenlace de esta historia será en el próximo y último capítulo. ¿Podrán Afrodita junto a sus compañeros ordenar el Santuario? ¿Qué pasará con los dorados enviados al Inframundo? ¿Y los caballeros de bronce? ¿Se hará Radamanthys injertos de pelo o empezará a emplear poderes de telequinesia como Mü y Kiki? ¿Y qué sucederá cuando regresen Shion y Arles?
Todo esto, en el próximo capítulo.
Por cierto, he mencionado a Aparctias. Es el caballero que he asignado a Camus como su mentor, el mismo que en mi fic de "Serket". Aunque una historia no tenga que ver con la otra, cada vez que mencione a los maestros de los caballeros, usaré lo que ya he creado en ese otro fic. Si queréis saber un poco más de él, os toca leer XD nah es coña, en los primeros capítulos, al final viene la explicación de su nombre y la armadura que le asigné. Es OC.
Agradecimientos: a Raixander, Jundyu, Mary Yuet, Jabed, Shionlover, Lule de Zodiak, PrincessVirgo, Lobunaluna, Tomoechan100, NebulaChain, Kaito Hatake Uchiha, HolyOak, Nina789, Lesty, Konan Akatsuki, Gilraen Fefalas 90, Megaterio, Manzana Higurasi Brief, loveshun, Amazona Dorada, Sanathos Ananke, Nike Cherie, shiro24kuro, mayte, alnash de leo y los anónimos que habéis dejado comentario a lo largo de esta historia. ¡Muchísimas gracias! Espero no haberos defraudado hasta ahora.
También a los que habéis dado como favorita y la seguís cada vez que publico, aunque hubo un tiempo que no pude hacerlo con la facilidad de ahora.
Gracias a todos por seguir aquí :)
