Primero que nada quiero aclarar que la siguiente historia no me pertenece, la historia original es de la autora de fanfics "sistercullen" quien muy amablemente me permitió adaptarla a los personajes de Inuyasha, quienes tampoco me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi.
Decidí pedirle permiso de adaptarla porque me pareció que encajaba muy bien con estos personajes, haber que opinan ustedes…
Una aclaración, el fic tiene contenido lemmon que en algunas partes puede ser considerado fuerte además de un vocabulario bastante "florido" entiéndase vulgar, conste que sobre aviso no hay engaño… Disfruten
D E M O N P R I N C E
Capítulos 25 y 26
El ruido de la campanilla de la entrada, distrajo a Rin que estaba tratando de restaurar un libro de antigua quiromancia. Se levantó rápidamente de su trona acolchada y miró a Izayoi, que se hallaba de rodillas rezando en un pequeño altar abarrotado de velas negras.
La mujer se hallaba tan sumida en sus oraciones que no miró a su aventajada alumna. Rin dejó el tratado de quiromancia en la suave trona y caminó hacia el exterior de la tienda.
Al ver a la mujer que yacía nerviosa en el umbral de la puerta, achicó los ojos. Podía ver su aura de color humo retorcerse alrededor de su cuerpo. Algo en ella no iba bien, su esencia emanaba podredumbre y cochambre, mucho más que un alma impura.
- ¿En que la puedo atender?- La voz surgió entre todos aquellos pensamientos y la receptora se giró para observarla.
Era bella, pero había una desquiciada locura en sus ojos. Rin caminó hacia ella y le sonrió algo nerviosa.
- ¿A quien busca?- volvió a preguntar.
La mujer la miró profundamente como si quisiera traspasar sus pensamientos y fundirse en ellos. Rin sintió un estremecimiento y los vellos de la nuca se le pusieron de punta. Aquella mujer era un peligro para ella misma y lo demás.
- He oído que aquí hacen buenos trabajos de magia negra- Rin la miró de arriba abajo. Se fijó en sus manos temblorosas y en el cristalino de sus ojos. Había llorado y bastante. La nariz tenía un ligero tono bermellón que la delataba. La boca de la mujer tembló- Pagaré bien.
- Viene al sitio indicado. Pero me gustaría saber donde le han dado esa información. No queremos que se expanda como la peste. Usted me entiende.
- Sí, claro- espetó nerviosa la mujer- Pero créame cuando le digo, que no puedo decírselo sin que me tache de loca. Prefiero mantener eso en secreto. Yo no diré nunca que vine a este lugar a beneficiarme de sus servicios y ustedes no desvelaran nunca que yo estuve aquí. ¿Dónde está la mujer?
Rin negó con la cabeza sorprendida.
- ¿Qué mujer?- sonrió apenas.
- Quiero que haga el trabajo la otra mujer. Dígale que salga.
Rin frunció los labios en un gesto de repulsión, al girar la cabeza en busca de la cortina que separaba la tienda del agujero donde habitaban. Debía llamar a Izayoi y no le gustaba para nada la idea, ella andaba bastante rara en los últimos días.
Pero antes de dar un paso para ir en su busca, la mujer salió bajo el tintineo de las cortillas de chorrillos.
- Pase dentro señora. La estaba esperando- La voz de Izayoi tronó en aquellas cuatro paredes, haciendo que la extraña mujer se estremeciera.
La mujer entró seguida de Rin. La morena se tapó la boca y la nariz para no inhalar el hedor que emanaba la esencia de aquella mujer de piel olivácea.
Inutaisho rió entre dientes y miró a su hijo con una ceja alzada.
- ¿Desde cuándo lo sabes?- preguntó el padre, sin ninguna muestra de interés- Si te digo la verdad pensaba que tu hermano iba a reclamarla y poner punto y final a este trastorno con Kagome. – Inutaisho le dio un suave golpecito a su hijo en el hombro y caminó rodeando el cuerpo de Inuyasha- Pero me alegro que al fin te hayas dado cuenta que esa muchacha es para ti. Por lo que puedo imaginar las cosas no van tan bien como tú pensabas. ¿No?
Inuyasha miró a su padre a los ojos y frunció el ceño apartando la mirada, atormentado.
- No.
- ¿Y qué esperabas? ¿Qué corriera hacia a ti y se abriera de piernas Inuyasha? Ella no es como la maldita de la hermana. ¿Ahora qué vamos a hacer? ¿Secuestrarla, dices? ¿Estás seguro que no puedes influenciar en ella de otra manera, sin ser necesario traerla aquí?
Inuyasha negó con la cabeza.
- Vaya con Kagome- Inutaisho dejó escapar una suave carcajada antes de volver a mirar el cuadro de su esposa desaparecida- Ella me recuerda mucho a tu madre, Inuyasha. Tengo miedo que reaccione como ella al saber lo que somos. Seria muchísimo mejor que la sedujeras en su ambiente, lejos de aquí. Apenas tenemos ningún poder sobre ella y no podemos convertir en glamur todo este maldito infierno. Pero me temo que si has venido en busca de mi ayuda es que no te queda otra opción.
- Dudo mucho que la haya. Es terca como una mula. No se aviene a razones, su cuerpo me desea pero su mente sigue siendo de ese humano débil.
Inutaisho alzó las cejas e intentó disimular una sonrisa.
- ¿El marido de la hermana? ¿Sigue estando enamorada de él? Oh…vaya eso sí que es mala suerte hijo mío. Debo preguntarte si de veras la amas.
Inuyasha caminó hacia su padre y observó unos momentos el fresco pintado de su madre.
- Es como algo que se ha ido metiendo en mi cuerpo poco a poco, enfermando mi mente. Cuando estoy a su lado e inhalo su olor me vuelvo loco y el deseo me embarga haciendo que me abalance sobre ella y la haga mía de todas las maneras posibles. Pero ella me rechaza una y otra vez.
Inutaisho miró a su hijo con determinación.
- Dime que has pensado.
Inuyasha sonrió ladinamente y comenzó a explicar a su padre…
Una semana después…
- El perfil de ese hombre no tiene nada que ver con lo que es en realidad Aome. Créeme cuando te digo que tengo un sexto sentido para esto- Inuyasha se había parado detrás de ella y la había enjaulado entre sus brazos, sintiendo Aome su dulce aroma en la parte superior del oído.
- Qué es de ¿familia? Porque Sango me dice exactamente las mismas palabras que tú has dicho. Creo que voy a empezar a creer que tenéis el don de leer mentes o algo por el estilo.
Inuyasha miró su rostro con adoración. Así, tan cercana a él, parecía una puta ilusión. Pero pronto sería suya y se relamió lentamente como un felino al pensar en aquella situación venidera.
- No es cuestión de leer mentes es cuestión de estudiar los rasgos de su rostro- Se apartó de ella, sintiendo la gelidez de la distancia y rodeó su mesa para sentarse en el único asiento libre que había para poder mirarla libremente a los ojos- Es un depredador. Mira su mandíbula y sus ojos. La protuberancia de las cejas. Ese hombre no tiene nada de dulce y tierno. No tiene nada que ver con esa chica. Como les des el visto bueno, te arrepentirás.
- Esto me supera. Al final voy a tener que agradecer a Sango que te nombrara mi asistente personal- gimió Aome en un denso murmullo.
Inuyasha se tensó y sus músculos se movieron todos en sintonía. Aquel murmullo digno de una gatita lo había enfermado de deseo. Apretó el puente de su nariz y cerró fuertemente los ojos. Aquella mujer lo estaba volviendo loco literalmente y se contuvo nuevamente de no lanzarse encima de ella y devorarla como soñaba hacerlo.
- ¿Qué te ocurre? ¿Te encuentras mal?- era la voz de ella. Preocupada.
Él abrió los ojos de golpe y sonrió como un autentico demonio. Enseñando todos sus perfectos dientes.
- Sí. Pero es pasajero. Pronto obtendré la cura.
- Bien- Aome cerró el ordenador y se levantó de la silla, acomodando bien su falda de tubo.
Inuyasha se la quedó mirando embelesado. El demonio se pellizcaba el labio inferior con dos de sus dedos mientras se comía literalmente sus curvas con la mirada.
Aome pasó a su lado y cogió la chaqueta de sastre de la percha.
- Tu hermana me espera en el bar de abajo. Tengo prisa.
Inuyasha se levantó de una manera demasiado rápida para ser un mortal y abrió la puerta de la oficina caballerosamente.
- ¿Puedo tentarte a que me invites a una copa? Llevo una semana sin ponerte la mano encima y creo que eso debería agradecerse con una copa. ¿Me invitas entonces?
Aome caminó sin hacerle caso.
En realidad Inuyasha se había portado muy bien aquella semana. No había intentado tocarla, aunque ella lo había deseado en varios momentos, preguntándose el por qué.
Claro que los comentarios malintencionados y con segundas, brotaban de él como la mala hierba. La tentaba de muchas maneras llevándola al límite y dejándola muchas veces demasiado tensa sin haber llegado a tocarla. Aquella mirada insistente que solo tenía con ella, la ponía nerviosa y la enfurecía al mismo tiempo.
Malhumorada traspasó la agencia bajo la atenta mirada de todas las féminas de la planta. Suspiraban como unas malditas cada vez que veían a Inuyasha y aquello la ponía literalmente de los nervios.
Sabía que estaba detrás suyo. Podía sentir su mirada insistente en su nuca. Había llegado a apreciar aquella sensación y la hacía sentirse mujer y única.
La liberación en lo que concierne al enamoramiento de Koga había sido algo que todavía la tenía asombrada. Quería salir con otros hombres, sentir, disfrutar…
Llegó al ascensor y las puertas no se cerraron totalmente. Inuyasha entró tras ella al girarse.
- Eres una pesadilla. Inuyasha…
Él se inclinó sobre el espejó de la pared de su espaldar y sonrió como un adolescente.
- Me conformo con ser tu pesadilla.
- No seas engreído. No formas partes ni de mis sueños ni de mis pesadillas, Inuyasha.
Él gruñó y ella alzó una ceja.
- ¿Qué ha sido eso?- volvió a preguntar, un tanto sería.
- Un gruñido- espetó el.
- ¿Tú…gruñes?
- Si.
- Hum…
Las puertas del ascensor se abrieron y salieron el uno al lado del otro.
Sango esperaba ansiosa la entrada de Inuyasha, lo había estado llamando mentalmente, pero las hormonas de su hermano no le habían dejado escuchar el llamado urgente de la pequeña súcubo.
- Hola Sango. Perdona la tardanza. Pero un perfil no dio la talla- Aome se sentó en la mesa ovalada y miró al camarero- Un Martini.
"Deja esa cara de gilipollas y deja de babear, te he estado llamando a gritos. Desde luego, Inuyasha, desde que estás loco por Aome estás perdiendo facultades"
Inuyasha dejó de mirar a su hembra y volvió la vista hacia su hermana iracundo.
"¿Qué coño pasa?"
"Es Shippo Nara. Viene para acá. Quiere contarle a Aome lo que somos, Inuyasha. El maldito es el nieto de un chamán. Inuyasha, escúchame. Como Aome sepa lo que eres antes de amarte te odiará y tu matrimonio será una pesadilla"
Inuyasha volvió la mirada hacia Aome. Estaba ojeando el periódico del día.
"No voy a permitirlo"
"Pues actúa hermanito"
Inuyasha sonrió a su hermana de una manera extraña. A Sango le pareció que nerviosa. Inuyasha se sentó al lado de Aome y emergió dentro de aquel periódico con ella.
- Espero que me perdones por lo que voy a hacer- dijo antes de rodearla con sus brazos.
- ¿Qué….?
Aome notó el calor abrasivo de los brazos de Inuyasha y sintió que volaba, perdió la conciencia y todo se volvió negro.
Izayoi había trabajado de valiente aquella semana.
Su principal temor había sido despejado y como una vez lo fue ella, ahora. En la actualidad, uno de sus hijos clamaba la esencia de una mujer con rabia y derecho. Aquello la enervaba y a la misma vez la enorgullecía. Hacía siglos que no veía a sus hijos, y ansiaba verlos, pero también los maldecía por ser hijos de quien eran, El demonio. Inutaisho era el rey desde hacía ya varios cientos de años. Pero la historia ahora no tenía nada que ver con ella y su marido, el cruel Rey de Los Demonios: Inutaisho. Era la muchacha que había visto entre ráfagas de fuego, en la mente de la mujer decadente que había pagado bien, para que la liquidase de una manera simple.
Rin también era una elegida, lo había visto claramente el día que la pusieron en su puerta a los pocos años de nacida. Tenía la señal en aquella cabecita sin cabello. La señal de los ángeles caídos.
Izayoi quiso armarla de la mejor de las maneras posibles, haciéndola una buena bruja en el arte de la Wicca. Y así había sido. Rin después de ella misma, era la mejor. Su belleza y exuberancia eran una nimiedad, si se comparaba con la sabiduría que había llegado a absorber a lo largo de todos aquellos años.
¿Pero para cual de sus dos hijos varones estaría destinada?
Al recordar a sus tres hijos se enfadó consigo misma. Sus rostros se habían borrado de su mente con el paso del tiempo y se martirizaba por ello continuamente.
Pero ella no podía concebir haber amado a un hombre que lideraba el mayor de los ejércitos malvados, Inutaisho. Y sus hijos, un día llevarían por estandarte este mismo hecho.
Pero ahora, todo había cambiado. Los sentimientos, el anhelo, el amor de uno de sus hijos estaba seriamente en peligro. Aquella mujer, unida a la predestinada de su hijo, la quería muerta, pero lo que aquella mujer extraña no sabía era que la vida de ambas estaba unida… más bien, la de la extraña a la de Kagome. Si Kagome moría ella caería segundos después.
No así al contrario.
Había una especie de mala corriente sanguínea por parte de la mujer que había llegado hasta ellas. Pero también había podido oler más allá de su piel, el aroma a azufre de quien ha vivido una temporada en el mismo infierno.
Todo eran preguntas que pronto tendrían solución.
- Izayoi. El altar ya está conformado. ¿A quién quieres invocar?
Izayoi giró su rostro hacia Rin y acarició el amuleto terminado entre sus manos.
- No voy a hacerlo yo, hija. Lo harás tú- Izayoi se acercó a Rin lentamente- Escucha hija. Escúchame bien. Quiero que invoques a Naraku, él me ayudó en su día. Necesitamos que alguien te permita viajar al inframundo. ¿Entiendes Rin?
Rin jadeó y tapó su boca con una mano. ¿Izayoi se había vuelto loca?
- ¿Estás diciendo en serio eso….si me dan el salvoconducto me mandaras al infierno?
La mujer asintió con fervor la cabeza.
Rin le dio la espalda y miles de preguntas se le atiborraron en la cabeza. Todo había sido demasiado extraño aquella semana….y ella sentía que iba a ocurrir algo. Su precognición se lo clamaba. Incluso había soñado con una extraña sombra enorme que la abarcaba de una manera total y por muy extraño que pareciese, ella se sentía poderosa y protegida.
Pero debía de confiar en su mentora. Aquella mujer, aunque algo extraña, la había acogido a una temprana edad, cuidándola y asesorándola en todo lo que ella sabía. Rin le debía la vida y ella era agradecida.
- Este bien- le dijo volviéndose para encararla- Pero antes dime que he de hacer allí.
Izayoi sonrió y cogió a la hermosa muchacha de un hombro, llevándola consigo a un mullido sofá.
- No temas Rin. Allí te enfrentaras con tu destino….
Rin sonrió a la mujer con benevolencia. Como si aquellas simples palabras totalmente enigmáticas, hubieran sido suficiente.
- Vamos a invocar a Naraku….
Sango había seguido a su hermano. No tenía ganas de encararse con aquel maldito nieto de chamán que le haría un espectáculo en el bar de las oficinas. En aquel bucle extraño, se preguntaba como reaccionaria Aome al saberse secuestrada.
La pequeña súcubo crujió los dientes y volvió a maldecir a su hermano, oyendo a lo lejos una suave risa socarrona.
Él sabía perfectamente todo lo que estaba pensando. ¡Maldito majadero!
Sintió como el suelo se reafirmaba en sus pies y vio la tierra roja de Amenek. Eran las tierras de los Shichinintai… ¿pero que pretendía el imbécil de su hermano?
Corrió tras de él, al verlo caminar hacia un edificio alto y antiguo.
- ¿Por qué la has traído hasta aquí? Podías haberla llevado a casa…allí estaría mejor…tú lo sabes…
Inuyasha chasqueó la lengua y la miró de soslayo.
- Lo hablé con Inutaisho. Es el sitio ideal. Si ella es como mamá, puedo conseguir algo de glamour y confundirla.
- ¿Y si no lo es? ¿Y si Kagome no es como mamá?
Inuyasha se paró en seco con Kagome entre sus brazos, miró a su hermana evaluándola.
- De sobras sabes que la elegida para el futuro rey sigue unos patrones. Tú antes que yo te diste cuenta de ello ósea que ahora no intentes confundirme, pequeña charlatana.
Inuyasha volvió a reanudar el paso, olvidándose completamente de su hermana. Abrió sin ninguna dificultad el grueso portón y caminó decidido, mirando de vez en cuando la faz de su bella secuestrada.
Una sonrisa ladina se dibujó en sus sensuales labios, anticipándose a todo lo que estaría por venir.
- Déjame estar con ella Inuyasha. Sabes que es mejor….
Inuyasha abrió la puerta de lo que parecía una habitación y no se volvió para encarar a su hermana antes de dejar a Aome en una mullida cama de terciopelo negro.
- Voy a estar dándome de cabezazos toda la vida contigo….- rugió, sin importarle que Aome despertase- ¡Creaste el vinculo con ella! ¡Con mi esposa, con mi mujer! ¡Maldita desviada de mierda! ¡Como yo vea que la tocas de una manera lasciva, te juro Sango, que te convierto en pira al segundo!
Sango lo miró muy seria y de pronto estalló en carcajadas.
Inuyasha se sentía un tonto y se pasó la mano por el cabello desordenado.
- Ya sabía yo que eso me iba a crear problemas contigo…- Sango seguía mondada de la risa- Pero somos hermanas de sangre hermanito y nada puedes hacer…¿sabes lo que quiere decir eso?
Inuyasha volvió a rugir, enormemente cabreado.
- Sí.
- Pues jódete. Ya, ya lo sé es un término, muy humano, pero estaba deseando de decírtelo. Juro por nuestro padre que he estado contando los días para esto- Volvió a estallar en risas, acercándose a la cama donde descansaba Aome- Ahora más vale que te marches y me dejes sola con ella. ¿O prefieres que te encuentre aquí cuando despierte? Es mejor que vaya preparando el terreno…Inuyasha.
Inuyasha apretó sus fuertes puños y miró una última vez a su linda secuestrada. Sango llevaba razón…
- Naraku, poderoso señor a quien el inframundo rinde culto. Tu que dominas desde los antros tenebrosos del infierno hasta la superficie de la tierra y sobre las aguas del mar. Tu espíritu infernal llave de paso hacia los infiernos. Yo te adoro, te invoco, te pido y exijo, después de entregarte mi don para que de él dispongas, que abandones las regiones infernales y te presentes aquí dispuesto a concederme lo que te pida. Rey del inframundo, de todo corazón y con el alma condenada te entrego el mayor de mis tesoros, mi sabiduría entera sí accedes a mis ruegos. Ven a mí, rey y señor, soy tu sierva, ninguna imagen o objeto religioso hay en mi casa. Rey del inframundo, preséntate sin temor a ser desobedecido, desciende, penétrame con tu luz, lanza tu sombra majestuosa sobre tu esclavo. Maldito, maldito, maldito sea el día en que sobre mi cabeza derramaron agua bendita, Naraku, señor, invoco tu presencia ante mí.
Rin extendida de brazos delante de un espejo como instrumento de pasaje, admiraba su cuerpo con una escasa túnica negra, obedeciendo pies juntillas todas las palabras que el libro de invocaciones inscribía.
Izayoi se hallaba en un rincón, abrumada por la escena que estaba contemplando. El amuleto yacía en el cuello de su ahijada. Era el símbolo de protección para viajar al infierno. Ya todas las cartas estaban encima del tablero. De un minuto a otro, Naraku haría acto de presencia y entonces él sabría él porque, de aquella invocación.
El espejo comenzó a deshacerse y de él comenzó a manar un extraño flujo morado, amontonándose en el suelo de la pequeña habitación.
Rin admiraba el espectáculo sin miedo. Su mente le decía una y otra vez que aquello era el principio de todo y a la misma vez el final.
De aquella masa deforme, comenzó a subir un extraño pico y poco a poco fue formándose lo que podía adivinarse como un cuerpo. Pocos segundos después un hombre fornido y con ojos negros como el carbón se irguió ante ella, llevándole más de dos cabezas.
- ¿Quién osa reclamarme?- bramó con una cruel autoridad.
- Rin Saynu.
- Y bien…Rin Saynu, torpe mortal sabionda. ¿Quién te ha formado para reclamarme?
- Yo, Naraku. He sido yo.
El demonio buscó la voz entre las sombras y Rin pudo apreciar el asombro del demonio en sus ojos oscuros.
- ¿Izayoi?- preguntó con otra cadencia de voz, que no tenía nada que ver con la primera.
Izayoi salió de entre las sombras y miró al demonio enorme, sonriéndole.
- Exacto, Naraku. Y necesito que Rin llegue al infierno. Sabes que solamente tú, puedes conseguirlo.
Naraku quedó pensativo un lapso de tiempo y siseó algo en una lengua antigua.
- ¿Qué has dicho?- Izayoi caminó aprisa hacia él y subió la cabeza para mirarlo a los ojos carbonizados- ¿Qué has querido decir?
El demonio se mostró nervioso y balbuceó.
- Olvidé que sabias la lengua antigua. Contigo desde luego no puedo…. Está bien. Inuyasha, Inuyasha ha estado confinado en mi mundo por siete años….
- ¿Siete años?- Izayoi casi gritó- ¿Por qué?
- Izayoi, tú no tienes ni idea… tu primogénito, ha dejado el infierno en manos de tu esposo, mientras se ha estado revolcando con esa humana. Todos queríamos que fuese Sesshomaru, y no él, el que ascendiera al trono cuando Inutaisho…
- ¿Cuándo Inutaisho…qué?
- Inutaisho quiere abdicar. Buscarte. Te echa de menos, mi Reina.
Rin, abrió los ojos asombrada y se giró levemente para admirar a la mujer que estaba posicionada a su lado.
Izayoi notó como nuevamente se abría la herida de su amor por Inutaisho y reprimió un gemido de agonía. Pero ahora…él no era importante, ni ella tampoco. Todo aquello era por la futura esposa de su hijo.
- Sigue- ordenó ella, intentando parecer impasible.
- Con todos mis respetos mi Reina, pero Inuyasha no está preparado para este hecho. Quise alejarlo de la humana y que Sesshomaru reclamara como suya a la que estaba destinada para Inuyasha.
- ¡Pero eso imposible! ¡Si esto se hace, ninguno de mis hijos varones será feliz!
- Calma, mi Reina. Por lo poco que yo sé. Sesshomaru no la ha reclamado.
Izayoi respiró hondo y miró a Rin haciendo un gesto indicándole que se marchara.
Rin, extrañada, hizo caso a su maestra y cerró la puerta tras de sí al marcharse.
- Naraku. Esa chica que se ha marchado, es la futura esposa de uno de mis hijos, llévala al infierno o te juro por lo más sagrado para nosotros que cuando vuelva al infierno te relegaré….
So ya se la llevó! Bueno chicas dejenme les advierto que de ahora en adelante las cosas se van a empezar a calentar y mucho, recuerden que las advertencias lo dicen, es Lemmon y M por lo tanto..., XD
Asi que las espero mañana, cuidense y miles de gracias por sus comentarios ^^
