Advertencias

Los personajes, salvo algunas excepciones, no me pertenecen.

No todo sale de mi imaginación. Esta historia está inspirada en el hilo argumental de las dos primeras películas, con lo es posible que escenas, diálogos, etc, estén tomados o inspirados de ellas u otros lugares. Igualmente, muchas cosas han sido cambiadas a mi antojo, con lo que muchos detalles no coincidirán con el mundo de las películas de Crows Zero y Crows Zero II.

Esta historia contiene escenas explicitas de sexo, violencia y lenguaje soez.

NO soy escritora, esto es por diversión, estoy abierta a cualquier duda o crítica fundamentada y respetuosa.

Los capítulos son escritos en primera persona, pero al haber tres protagonistas que los narran, al iniciar el capitulo encontraréis las iniciales P.V.S ; P.V.G Y P.V.A. Esto se traduce en: punto de vista de S= Serizawa, G= Genji y A= Airi (Oc de la historia)

Capítulo 12

* * * P.V.S * * *

Tokio y yo salimos del hospital donde está Tsutsumoto a eso de las 5, manteniéndonos en silencio hasta llegar a la calle.

Al pobre Tsutsumoto lo han dejado hecho un cristo, y la rabia que nos corroe hace que estemos abstraídos en nuestros pensamientos, planeando venganza en lugar de estar hablando. Las cosas son muy extrañas, y eso lo único que nos mantiene aún quietos sin cobrarnos lo que han hecho.

Lo cierto es que también estoy callado porque Tokio no sabe nada de lo de la tregua que hice hace cuatro días, y vislumbro que es cuestión de minutos que sepa todo, y no le mole nada el enterarse.

No sé si mentir o decir toda la verdad.

-Serizawa, ¿qué coño está pasando? ¿Por qué le dieron ayer esa paliza a Tsutsumoto? –Pregunta finalmente, muy serio, mirándome mientras yo saco un pitillo y pienso la respuesta. No sé si de veras no sabe nada, o lo pregunta para probarme simplemente. Sé que anoche estuvo con Tokaji.

-Hay gente del grupo de Genji que está muy impaciente. Ha sido una provocación.

-¿Y qué hacemos aquí? Tenemos la fuerza necesaria, deberíamos haber declarado la guerra anoche mismo y haberte consolidado como líder.

Expiro el humo mirándole fugazmente, encontrando en su rostro la incomprensión. Parece que Tokaji no le ha contado nada de mi charla con Genji, cosa que agradezco profundamente. No quiero tener bronca con él, pero sé que tarde o temprano sabrá la verdad... Estoy acorralado, y mentirle no sería de ser buen amigo.

-Genji dice que no tiene nada que ver con lo que pasó anoche, no sería justo. –Suelto con calma, sintiéndome yo mismo gilipollas ante mis palabras.

Sé por la cara de indignación que se le queda a Tokio que piensa exactamente lo mismo, y no tarda en pedirme explicaciones, cada vez más confuso y sorprendido.

-¿Y tú te crees eso? Genji está muy confiado, si no fuera por Makise y Chuta ya habría peleado contigo.

-No es tan idiota, Tokio. Sabe que está en una importante desventaja numérica.

-Bueno, eso es cierto... Hay cosas que no encajan muy bien, ahora que lo pienso. Genji puede ser temerario, pero no es un cobarde como para atacar a traición a uno solo. Y que unos tíos de segundo hayan decidido esto, sabiendo las consecuencias... ¿Qué pasa? ¿quién es el interesado realmente?

-No lo sé aún. Pero pienso averiguarlo. –Afirmo para después llevarme el cigarro a la boca, y comenzar a caminar alejándome lentamente.

Tokio espera unos segundos y grita mi nombre para que me detenga y siga contestando a sus preguntas. A quién pretendía engañar, sabía que no iba a colar.

-¡Tamao! Sé que hay algo más que hace que todo esto cuadre un poco, y que me estás ocultando. ¿De qué tienes miedo?

Sus palabras llamándome indirectamente cobarde y mentiroso me cabrean automáticamente, haciendo que me gire y le fulmine con la mirada.

-No soy el único que oculta cosas. Tú no eres idiota, pero yo tampoco, Tokio. Firmé una tregua con Genji la semana pasada para no pelear definitivamente hasta que tú estuvieras bien, porque es evidente que algo malo te ocurre, y es grave.

-¡Estoy perfectamente! ¡Puedo luchar! –Me grita ofendido, haciendo que la gente que pasa alrededor se asuste y nos contemple.

-Eres un mentiroso.

-¡Y tú un líder de mierda! ¿Por qué vas por ahí haciendo lo que te da la gana sin consultarlo con nadie? Además, no tienes que parar nada por mí ¡Y menos sin consultarme! ¿¡Qué clase de amigo eres?!

-¡No quiero que te ocurra nada, joder! –Le grito igualmente enfadado, dejándome llevar por la rabia. -¡Lo hago por ti, imbécil! ¡Deberías estar dentro de ese puto hospital!

Un segundo después, Tokio corre hacia mí rompiendo la escasa distancia que nos une, intentando darme un puñetazo que esquivo con rapidez, agarrándole acto seguido con furia de la pechera.

Antes de que pueda decir o hacer nada, él se queda muy quieto, con los ojos abiertos de par en par, tratando de decir algo. Pronto me doy cuenta de que algo no va bien.

-¡Tokio! ¡Tokio! ¡Qué ocurre! –Le grito asustado mientras se desmorona en mis brazos perdiendo el control de su cuerpo. Es entonces cuando clamo auxilio a la gente de los alrededores, que pronto avisan a alguien del interior del hospital.

Unos minutos después aparecen dos enfermeros cargándolo sobre una camilla velozmente, y tras ellos un médico que les dice cosas muy rápido, y después comienza a preguntarme a mí sobre lo ocurrido.

En el momento en que tengo que contestar, siguiéndolos por los pasillos del hospital, me doy cuenta de que el miedo me ha dejado sin habla, y sólo logro tartamudear como un gilipollas.


A las 8 y media aparezco por las calles de mi barrio de vuelta a casa, sintiendo sobre mí una gran losa. Esa losa es el miedo y la impotencia después de que toda la mierda de Tokio haya salido a la luz. No voy a mentir, nunca me había asustado tanto, y aún tengo parte de ese temor en el cuerpo.

El médico habló con Tokio después de que volviera en sí, pasada algo más de una hora, y me preocupé de poder escucharlos para conocer la pura verdad.

Tiene un aneurisma cerebral, que no sé muy bien qué coño es, pero es jodido, sobre todo en el punto en que se encuentra el de Tokio, ya que está bastante desarrollado y tiene que operarse de inmediato o morirá inminentemente en cualquier momento.

La guinda del pastel es que en su situación ni siquiera la cirugía le asegura nada, y podría igualmente palmarla en la mesa del quirófano. Joder... Todo es una puta mierda.

Contengo mi rabia apretando los puños mientras acelero el paso, pensando en que Tokio es fuerte y va a luchar contra todo esto, y yo estaré a su lado. Lo primero que tengo que hacer es convencerlo de que se opere, porque el muy testarudo no entiende que aunque tenga pocas posibilidades, si no lo hace no tendrá ninguna.

Mi mente se colapsa de nuevo ante tantos problemas y preocupaciones, con lo que me llevo la mano a la cara y suspiro fuertemente, tratando de no pensar en que ese ataque fue culpa mía.

-Hola, Tamao.

Al llegar a la puerta de la casa de mi tío me encuentro a Airi esperándome con cara de perro, lo que no augura nada bueno. Perfecto, el día mejora por momentos.

-Airi, ahora mismo no puedo hablar contigo...

-Que te jodan, Tamao. Eso mismo me dijiste ayer, junto con que hoy sería el día adecuado; Pero has intentando como siempre que se me olvide y continúe con mis cosas, a ver si con suerte no me doy cuenta de que me estás ignorando.

-No estoy de humor para aguantar tus gilipolleces. –Le respondo con el mismo enfado que ella muestra. Verdaderamente no tengo ganas de ser delicado, no hoy.

-¡Qué gracioso que tú digas eso cuando eres el que entra a un bar y le parte la cara a un tipo! ¿Qué ha pasado ahora? Me han dicho que ese es el que intenta quitarte el puesto en Suzuran.

-Sí, ¿y qué? Esto es cosa mía, ya tienes tu respuesta y sabes de que va esto, así que ahora hazme el favor de largarte a tu casa.

-No pienso irme a ningún lado hasta que me digas a qué vino eso. No estabais en Suzuran, ¡no estabais dentro de vuestro juego de machitos!

No sé por qué coño está tan alterada, pero en esos momentos no le presto ninguna atención al detalle y la discusión sigue ascendiendo peligrosamente.

-¡Yo no me meto en tu vida! ¡Deja de ser como nuestro puto padre y tratar de controlarlo todo, y que la gente haga lo que tu quieres, Airi!

-¿¡Pero es que no te das cuenta de que se te está yendo de las manos?! ¡No estás en el parvulario, Tamao, ni tienes ya 12 años. Madura! Joder no puedes vivir así siempre ¿Qué harás con tu vida el año que viene, eh, imbécil?

-Es algo que sólo me concierne a mí, desde luego no dar por culo como tú constantemente. Me largaré si es necesario. –Le digo sin gritar, pero profundamente cabreado mientras la miro fijamente. Sus ojos se tornan vidriosos al instante.

-Claro, eso se te da genial. ¡Déjame tirada otra vez como cuando te fuiste de casa sin ni siquiera despedirte, cabrón! ¡Pasa de todo sin que te importe el daño que me haces!

Me doy la vuelta y comienzo a alejarme deprisa al lado contrario mientras ella me sigue gritando y reprochando lo que sé que le dolió inmensamente, pero decido olvidar la culpa que me azota ante su llanto y sufrimiento, sabiendo que en aquel momento nada se puede arreglar.

A lo lejos escucho como mi tío sale alertado por los gritos y se acerca raudo a mi hermana al verla de ese modo, para después gritar mi nombre en balde, ya que ni me inmuto y continúo caminando hasta perderme de su vista.

Lo único que quiero en estos momentos en los que la sangre me arde de rabia, enfado y miedo, es destrozarlo todo y llorar.

Gracias a todo el que lo lea!