El manto cenizo de la mañana cubría el cielo sobre la mansión. Los ruidos de los zapatos contra el suelo no se hicieron esperar, todo indicaba que sería una día agitado y una mañana llena de sorpresas.
Las manos y los codos se pusieron sobre la mesa del comedor. Las miradas curiosas chocaban entre ellas y los murmullos resonaban en coro. Las pocas personas que sabían lo que había acontecido anoche veían a los que venían y se sentaban. Aioria se levantó de su silla y habló.
—Escuchen —Aclaró su garganta, pasó su vista sobre los presentes verificando que no faltara nadie—. Hay algunas cosas que tenemos que decir. Son muy importantes así que presten atención.
Todos se miraron entre sí por segunda vez. La idea de lo que podía ser aquello por lo que los habían reunido quedaba al aire y parecía como si tratarán de absorberla con la mirada, pasándola por los rincones del comedor. Se formó de nuevo un ambiente de tensión.
—Anoche sucedió algo —Continuó—. Debo aclarar que yo no vi ese algo pero se que fue algo que asustó de muerte a la hermana de Seiya.
Las miradas se posaron sobre Seika quien estaba sentada al lado de Seiya.
—Seika, ¿Podrías decirnos que viste? —Preguntó Shaka en dirección a la muchacha.
Seika asintió con cierta inseguridad.
—Era una persona, creo. En realidad no lo sé. La vi desde las escaleras y me estaba dando la espalda. La veía parada detrás de la puerta de la cocina. Entonces volteó a verme —Se empezó a tensar—. Su-Su rostro estaba manchado de tierra y algo que parecía ser sangre. Sus ojos eran dos hoyos negros y tenían un punto blanco en medio, como si-si fueran sus pupilas. Y su boca e-era grande y-y sonreía y mostraba sus-sus colmillos...
Seiya puso su mano sobre el hombro de Seika para calmarla, se estaba alterando y él se estaba preocupando, además ahora estaba asustado por lo que había visto su hermana, nunca había pensado que algo así existiera y mucho menos en la mansión en donde había crecido.
Los demás estaban impresionados ante el relato. ¿Sería verdad? Seika mostraba un leve temblor en sus piernas y en su brazo derecho y sus ojos se atascaban en espacios vacíos.
—Muchas gracias, Seika —Shaka volteó hacia los hermanos esperando a que dijeran algo.
—Es verdad, yo la vi corriendo por el pasillo. —Habló Aioros—.Estaba muy asustada. Lloraba y temblaba y no podía hablar. Además había sangre en sus rodillas y su mano. Dijo que cayó sobre un vaso de vidrio roto.
—Alguien me empujó.
Los presentes posaron su mirada sobre Seika de nuevo. Esa oración les había puesto la piel de gallina.
—Estoy segura de que fue aquel... fantasma —Dijo Seika, preguntándose si en verdad era un fantasma. Claro, pudo ser su imaginación, diría la gente, pero el susto fue real, demasiado real. Además sintió ese empujé con claridad y no dudaba de que había sido ese mismo espectro quien la molestaba.
—Bien. Ahora es turno —Shaka se preparó para hablar. Todos escucharon atentos—. Anoche tuve un sueño, una visión —Se corrigió—. Aquel sueño me mostraba un mensaje no muy claro, parecía que un niño había escrito en la pared con crayón color tinto. El mensaje decía esto.
Shaka sacó una hoja del bolsillo de su pantalón y la deslizo hacia el centro de la mesa. Había escrito el mensaje tal y como lo había visto. Las letras volteadas, los puntos, las repeticiones, cada palabra. Todos se inclinaron hacia delante para leer y terminaron con una expresión confundida. ¿Qué significaba eso?
—Creo tener una idea de esto —Comentó Death Mask cruzando los brazos—, pero continúa.
Shaka asintió y volvió a dirigirse a los presentes.
—A continuación les descifraré el mensaje —Aclaró su garganta—. "Ella" es una mujer, una mujer que estuvo aquí anoche y "Ella" anuncia que llegará una maldición. La maldición que fue provocada por Ella cuando aún vivía. La maldición trae ciertas consecuencias las cuales ocurrirán por las noches. El reloj dará 12 campanadas de ahora en adelante pero no todos las podremos escuchar. Sólo a aquellos que puedan escuchar la doceava campanada les ocurrirá algo. No tengo entendido qué pero pasará algo. Cada vez que empiecen a ocurrir esas cosas tratarán de ignorarlas, no importa que sean, no escucharás, no verás y no hablarás. Oh, y no podemos salir de la mansión.
— ¿Qué pasa si alguien sale? —Preguntó Seiya.
—Quedará maldito de por vida y será obligado al aislamiento.
Todos los presentes escucharon atentos. Quedaron atónitos ante el mensaje. Aterrados. La palabra aislamiento dejaba un vació profundo en ellos. Ahora, así de la nada, había una maldición en la mansión y no podían hacer más que ignorar lo que causara. Tragaron saliva. Nunca habían deseado tanto el día como ahora, nunca sintieron la necesidad de sentir los rayos del sol como ahora. Todo esto había sido anunciado muy rápido.
Saori, atónita y espantada, miró a sus caballeros, ellos se mantenían calmados pero aquella expresión en sus rostros era inevitable. ¿Tendrían que vivir con ello por el resto de sus vidas? Era terrible, terrible en verdad. Deseaba con todas sus fuerzas que fuera un mal sueño.
Death Mask se levantó de su asiento, recargó sus manos sobre la mesa y se inclinó hacia delante.
— ¿Alguna vez han estado en una sesión?
Una sesión. Ese momentos que usaban los espiritistas para comunicarse con el más allá. Todos negaron con la cabeza preparados para recibir las palabras del caballero de cáncer.
—Escuchen. Conozco un... "juego" —Decía en el tono más serio posible—. Un juego que no es para nada infantil ni tampoco debe ser tomado como una broma. Se llama El círculo de la muerte.
—Death Mask... —Refunfuñó Afrodita, sabiendo a donde se dirigía en cangrejo.
—Oigan, ¿Les gustaría saber qué es lo que "Ella" quiere?
Los caballeros se miraron como si hablaran entre ellos a través de los ojos preguntándose si era una buena idea hacer ese tipo de cosas. Saga habló.
— ¿Es seguro?
—No te aseguro nada. Ya lo he hecho antes y no nos pasó nada a Kanon y a mi —Contestó Death Mask mostrando los dientes.
— ¿Hiciste una sesión con Kanon?
—El hombre era muy curioso y aventurero, ¿verdad? Decía no temer a nada y de hecho no pasó nada.
—No lo sé —La voz de Saori salió de entre sus compañeros, dudosa—. Nunca he estado en una de esas cosas pero me gustaría saber que pasa y qué tiene que ver este diario —Dijo sosteniendo el libro blanco.
—Eso lo sabremos pero tenemos que esperar a la noche. Tiene que ser antes de las doce así que prepárense, compañeros. Nos reuniremos aquí a las 10 en punto. Todos.
Todos asintieron, esta vez un poco más animados pero la inseguridad parecía aferrarse a ellos como un mosquito sediento. Se levantaron de sus lugares y recogieron los platos y cubiertos sobre la mesa.
La noche había caído rápidamente. Los faroles frente a la casa se encendieron junto con las luces de la casa. Death Mask había pedido una sola luz para la sesión la cual iniciaría en veinte minutos. Se prepararon y apagaron todas las luces y lámparas de la mansión menos la de la sala en donde sería el encuentro.
Poco a poco se iban acercando los pies curiosos llenos de emoción y nerviosismo.
—En el momento en que sean las 10 en punto apagarán las luces —Dijo Death Mask—. La única luz que tendremos será la del televisor.
Todos asintieron.
Los caballeros, Saori y Seika permanecieron sentados en la sala. Algunos hablaban entre sí y se preguntaban si estaban nerviosos. A algunos no les parecía la gran cosa. Trataron de llevar una conversación amena para aligerar las cosas.
El reloj pronto dio las 9:58 pm. Habían movido los muebles de la sala para sentarse en el piso en forma de círculo. Era un círculo grande por la cantidad de personas pero así era mejor según el cangrejo. Se colocó una vela en el centro y se encendió. Esa luz sería su centinela.
—Es hora —Dijo Death Mask al ver la manecilla del reloj moverse y dar las 10—. Apaguen la luz.
Y así Shura obedeció y la apagó. Sin esperar ni un segundo Afrodita encendió el televisor y volvió a su lugar a paso rápido. El televisor presentaba estática en su totalidad y permanecía mudo.
—Quiero que se tomen las manos, o no importa lo que hagan, debe de haber una conexión entre ustedes, ¿entendido?
Todos asintieron.
Y así iluminados por la luz del televisor iniciaron con la sesión. Death Mask sacó el papel en donde estaba el mensaje que había escrito Shaka y lo deslizó hacia el centro. Cerró los ojos y ordenó a los demás que hicieran lo mismo. Empezó a susurrar unas palabras casi imperceptibles para los demás.
—No abran los ojos a menos que yo se los permita. No los abran —Avisó el caballero de cáncer poniendo énfasis en las últimas palabras—El círculo de la muerte se ha cerrado y puede empezar.
El silencio gobernó, estimulando a la penumbra. Se podían escuchar las cigarras que cantaban esparcidas por los jardines. Se oía el aleteo de las aves nocturnas que se posaban sobre las ramas y sobre el techo. El crujir de la madera. Las respiraciones penetrantes de los participantes.
La vela que se encontraba en el centro empezó a agitar su fuego como el comienzo de una danza pagana. Hacia círculos y en momentos se hacía más prominente. La hoja de papel empezó a elevarse con suavidad de una esquina. Un delicado movimiento. Como sí quisieran darle vuelta a la página de un libro sin ejercer mucha fuerza.
De repente el collar que Saori había colocado en su regazo se abrió liberando a la música de su interior. Saori brincó de pánico, abrió la boca y aspiró con fuerza acaparando el aire a su al rededor.
—No abra los ojos —Dijo Death Mask, a lo que Saori quedó petrificada y cerró los ojos con fuerza.
La canción del collar inundaba los rincones de la mansión, entre los muebles, entre los libros, entre las sábanas y debajo de las camas. El eco se podía percibir entre los cuerpos. Las manos empezaron a apretar. Se escuchó el rechinar del colchón del sillón, alguien se había sentado.
—Está aquí —Susurró Death Mask para sí mismo. Abrió un ojo y miró hacia la sala. Nada. Miró a su alrededor y pudo divisar una pequeña sombra que se movía detrás de Saori. Volvió a cerrar los ojos.
— ¿Qué es lo que quieres? —Preguntó a lo que sea que estuviera ahí—. ¿Puedes responder? Si es así daños una señal.
Se quedó callado esperando algo. Todos parecían estatuas de Buda apiladas unas con otras. Ninguna podía moverse y si lo hacían temían que algo les pasara así que sólo esperaron. La música del collar silenció bruscamente. Se había cerrado. alguien lo había cerrado. Saori solo quería aventar el collar lejos de ella en esos momentos. Si lo estaban reclamando podían llevárselo ya.
— ¿Quién está ahí? —Siguió—. Si puedes contestar sólo da una señal.
Toc.
Se escuchó un golpe en la puerta de la cocina, pasmando a todos.
—Escucha, toca una vez si tu respuesta es Sí y dos cuando sea No ¿De acuerdo?
Nada respondió. Era solo el silencio que lo rodeaba. Pensó y prosiguió con otra cosa.
— ¿Necesitas algo de este lugar? —Preguntó y esperó.
Toc. Toc.
— ¿...Eres un hombre?
Toc. Toc.
— ¿Estás atrapada aquí?
Toc.
— ¿Quieres que te ayudemos a salir?
Esperó y esperó pero esta vez no obtuvo respuesta. Suspiró. Todo iba bastante bien, tal vez el fantasma ya no quería responder. Tal vez había cambiado de ubicación. Nunca se sabe donde puede estar. De nuevo se hizo silencio en la mansión. Death Mask abrió un ojo y esta vez nada se cruzó frente a él ni si quiera las partículas de polvo y de suciedad. Paseó la mirada por la sala yde nuevo empezó a formarse una sombra esta vez entre Seiya y Seika. Seika soltó un gemido tembloroso y Seiya le apretó la mano. Podían sentirlo.
— ¿Qué es lo que quieres? —Death Mask cerró los ojos y habló. La sombra se había posicionado detrás de Seika y esta empezó a temblar con la boca entre abierta. Sus dientes tiritaban.
—Seika, no abras los ojos.
La mencionada hacia todo lo posible por lo abrirlos. Sentía aquel ser en su espalda, recorriéndola, como si pasara la punta de sus dedos por toda su espina dorsal. Seika balbuceaba y apretaba la mano de Seiya y de Saori. Estaba pasando de nuevo.
— ¿La quieres? ¿Qué quieres hacer con ella, uh? —El tono de voz de Death Mask era atrevido y cínico. Oía como Seika balbuceaba más y más fuerte y como sus dientes chocaban entre si— ¿Qué quieres hacer? —Continuaba Death Mask más energético tratando de animar al espíritu para que fuera hacia él.
Seika estaba al borde del colapso. Sudaba, temblaba y balbuceaba. Era demasiado. ¡Demasiado!
—Death... —Seiya se estaba preocupando. Podía sentir el miedo de su hermana— Death, para.
—Acércate si quieres, ven aquí.
El fantasma empezó a enterrar sus garras en la espalda de Seika. Poco a poco se adentraba en su piel. Seika gritó de dolor y las lágrimas se desbordaron de sus ojos. Casi podía sentir el líquido emergiendo de la piel de su espalda.
— ¡Death Mask! —Aioros intentó detenerlo y callar sus palabras. Era demasiado. No podía seguir escuchando el llanto de la pobre Seika. No de nuevo.
Death Mask se adentró en un momento de silencio para pronunciar unas palabras en su mente. Había querido atraer al espectro hacia él pero algo había salido mal. Ese ser no iba a obedecer tan fácil. Poco a poco aquel espectro se iba calmando. Seika suspiró al no sentir más sus garras.
La sesión continuó después de eso. Las reacciones por parte de los espíritus que merodeaban la sala fue nula por momentos. El caballero de cáncer comenzaba a desesperarse. No veía nada pero podía sentir un manto pesado de energías sobre él y sobre los demás. No podían esconderse del todo. La voz de Shaka hizo que Death Mask casi saliera de su concentración.
—El papel. Alguien está escribiendo en el papel.
En efecto, la hoja que estaba en el centro junto a la vela empezó a cambiar. Unas nuevas letras aparecieron pero nadie podía saber qué decía. Shaka había pasado casi toda su vida andando con los ojos cerrados y prácticamente podía sentir y ver de esa forma.
— ¿Sabes qué dice? —Preguntó Mu quien sostenía la mano del de virgo.
"Cuidado" Citó Shaka. Simplemente eso. ¿Cuidado?
Algo se acercaba a ellos.
Un aire frío recorrió la sala con gran velocidad. Chocando contra los muebles y andando de un lado para otro como una bola de billar, como un insecto tratando salir de una habitación y chocando contra la ventana repetidas veces. Aquel extraño frío se extendía como una enfermedad y llegó a sentirse en los cuellos y las espaldas de los caballeros. El tragar de la saliva sonó en grupo. El frío empezó a juntarse para hacerse uno. El frío buscaba frió, necesitaba más frío, se perseguía a sí mismo, como un perro a su cola hasta que se pudo formar una silueta que sólo duró un segundo antes de que volviera a correr ruidosamente entre los cuerpos de los caballeros hasta detenerse en algún un lugar de la pared frente a ellos.
Hubo un silencio inquietante.
Death Mask abrió los ojos y vio un par de ojos azules extremadamente abiertos, mirando hacia la nada en señal de alerta.
—Hyoga —Lo mencionó, sorprendido, no tenía por qué abrir los ojos. Se estaba arriesgando—. Hyoga, cierra los ojos. Ahora.
El rubio no respondió, ni siquiera lo miró o mostró alguna señal de movimiento. Sólo miraba hacia arriba petrificado, con las pupilas dilatadas, en donde se reflejaba una horrible figura. Death Mask volteó por reflejo y en la esquina superior derecha se aferraba una figura con la cara deforme y con la mirada clavada en Hyoga. Era aquel espectro que Seika había descrito, estaba seguro, y desprendía un olor putrefacto. Este abrió su boca manchada de sangre vieja y seca y sus colmillos se separaron. Un sonido perturbador salió de su boca, como si arrastrara su aliento haciendo el ruido distorsionado de un grito. Death Mask abrió la boca de la impresión.
De repente el demonio lanzó un horrible grito al aire y saltó hacia Hyoga, atacándolo. El iris de sus ojos mar se encogió al ver venir al espectro y cayó de espaldas sosteniéndose con sus codos. Soltó un grito ahogado, se enderezó como le fue posible y empezó a mover los brazos y a dar manotazos al aire en señal de desesperación, como si se estuviera ahogando en un estanque profundo y su oxígeno se acababa rápidamente. El alboroto y los gritos hicieron que todos voltearan a verlo, inquietos, rompiendo el silencio y la concentración. Saori gritó y cubrió sus ojos. Shiryu y Camus lo sostuvieron para calmarlo, lo recostaron y trataron de tomar sus manos. El cuerpo de Hyoga vibraba descontrolado y con sus ojos vidriosos pedía ayuda. Todos los presentes lo rodearon.
— ¿¡Qué está pasando?! ¡Hyoga! —Camus tomó el rostro de discípulo por las mejillas y lo miró a los ojos, esos ojos llenos de temor y sufrimiento, tenían un brillo extraño y miraban suplicantes, como un cachorro a punto de ser sacrificado.
—A-Ayuda... —Alcanzó a decir Hyoga antes de desplomarse en las manos de Camus.
— ¿Hyoga? —Shiryu se preocupó aún más. Puso su mano sobre el pecho de su amigo. Aún respiraba. Miró a Camus.
—Hay que llevarlo arriba —Lo levantó y rápidamente corrió escaleras arriba. Los demás también lo siguieron.
En el cuarto de Hyoga todos se colocaron al rededor de la cama del bronceado en dónde este dormía muy profundamente. Parecía un acto de circo en donde la multitud miraba intrigada el acto de magia y no sabían lo que iba a pasar. Hyoga no se movía ni reaccionaba a los toques de sus compañeros. Sólo se alcanzaba a notar el muy leve ascenso y descenso de su pecho. Sus labios entre abiertos dejaban sale una pequeña corriente de aire. Shun caminaba de esquina a esquina. Ikki retorcía las manos frente a su estómago. Los dorados solo observaban esperando a que algo pasara.
—Death Mask, ¿qué pasó? —Preguntó Camus frunciendo enseño, rompiendo el silencio. El mencionado se encontraba desconcertado, no entendía que había salido mal.
—Esto no me da buena espina —Fue lo único que pudo decir sin quitar la vista de Hyoga.
— ¡Esto fue tu idea! —Gritaba Seiya sosteniendo la mano de su amigo—. Si Hyoga muere será tu culpa.
— ¡Nadie va a morir! —Gritaba Saori histérica entre lágrimas. Seika la abrazó para calmarla y ayudar a calmarse ella misma—. ¡¿Death Mask, por qué pasó esto?!
— ¡Esto no había terminado así antes! —Contestó Cáncer claramente alterado. Trató de calmarse y contenerse.
— ¿Qué va a pasar ahora? —Preguntaba Saori con la mano en el pecho y el rostro enrojecido.
—No lo sé... —Death Mask se paseaba su mano por su cabello para terminar en la nuca—. Por lo menos no está... muerto.
—Por lo menos —Decía Shiryu por lo bajo, viendo a Hyoga dormir.
— ¿Qué ha pasado con el fantasma que viste? —Preguntó Aldebarán con retraimiento.
—No lo sé. Desapareció —Aunque Death Mask no estaba tan seguro. Probablemente había inventado su respuesta. Abría que asegurarse.
La noche siguió y todos habían salido de la habitación de Hyoga. Este permaneció inmóvil durante el tiempo en el que las miradas lo rodearon. Había sido la escenografía de un velorio. Todos miraban hacia la cama con las manos juntas, las mujeres lloraban, se escuchaban murmullos. Se armó uno que otro drama. Todos observaban al difunto de la forma en que se admira a una pintura antigua trágica, sentimental y melancólica.
Nadie dormía, la mayoría de los inquilinos se había reunido en la habitación de Mu y Aldebarán. Hablaron de lo sucedido con intriga y en una parte, morbo. Y ahora se acercaban las 12 de la noche. Acordaron permanecer juntos hasta que concluyera el soñar de las campanadas. Fue grande su sorpresa. El reloj mostraba las 12:01 am. No había producido ningún sonido hasta el momento. Tal vez esta vez si había una falla. Muchos lo interpretaron como el corte del listón de inauguración, y la fiesta había empezado con el acontecimiento de esa noche. Estaban seguros de que esto no sería lo único que les pasaría.
