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Los personajes pertenecen a Kishimoto-sensei. Salvo Natsukira, Mayara y Annael (estas dos ya no aparecen), de creación propia.

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Capítulo 12: movimiento

A principios de febrero, Akatsuki consiguió apoderarse del Hachibi. Fueron con todo, sin contenerse. Pese al aviso de Konoha, el Raikage no pudo contener aquella fuerza implacable; aunque salvó la aldea de la destrucción total. Pero, ¿a qué precio? Su hermano, Killer Bee, había sido capturado. Y a él no le quedaban fuerzas para ir al rescate.
Al menos, si servía de consuelo, habían eliminado a la mitad de aquel grupo maligno. ¿Qué motivación les llevaría a luchar de aquella forma, sin medir las consecuencias? Únicamente podía deberse a ideales extremistas.

El odio.

– Hemos confirmado la alianza entre las otras cuatro grandes villas, Raikage-sama.- comunicó uno de los exploradores.- La Hoja nos ofrece refugio hasta que podamos volver. A cambio de prestar la fuerza que nos queda.- continuó, en posición marcial.
– Así que Kumogakure ya no les interesa.- espetó el fornido Kage.- Me quedaré en mi hogar hasta el final. Quien quiera recibir ayuda de esos malnacidos… ¡puede largarse ya mismo!- bramó, destruyendo la última pared que quedaba en pie, de su despacho.

Sin un líder al cual seguir, las personas supervivientes partieron hacia el país del Fuego, buscando amparo de forma desesperada. Habían perdido demasiado para considerar las egoístas palabras de un hombre encerrado en sí mismo. El Raikage se quedó solo.

~ o ~

No tardaron en llegar al escondrijo más cercano, ya que debían extraer el bijuu del cuerpo moribundo. Haber perdido a varios compañeros, no parecía haber afectado al resto de la organización.

– Nos llevará siete días.- comentó Pain.- Zetsu, vigila los alrededores.- añadió, dirigiéndose al único que no estaba en la formación del Genryuu Kyuu Fuujin.

La extracción comenzó con las cuatro últimas personas que quedaban en Akatsuki: Pain, Konan, Deidara e Itachi. Zetsu nunca fue prolijo en el combate, por lo que tampoco contaba para aquella tarea. Lo suyo era espiar e informar: se le daba bien, como acusar indirectamente.

– Ese dichoso Tobi salió por patas en cuanto pudo.- masculló Deidara, recordando lo sucedido.

De fondo, se escuchaban los quejidos ahogados de Bee, quien estaba al borde de la muerte. Era el destino de todo jinchuuriki, ya que si se extirpaba el bijuu de su interior, éste perecía.

– Parece ser que, las cuatro restantes, se aliarán.- emitió el tipo-planta, surgiendo del suelo.
– Eso no resulta un problema.- insinuó Pain. El resto no habló.- No podrán adelantarse a nuestros movimientos.- manifestó, esbozando una leve sonrisa.

De repente, Itachi se sintió abrumado: conocía aquella presencia, pese a que no podía ubicarla. Konan también cambió su gesto.

– Existe una posibilidad.- lanzó una voz desconocida, desde las sombras.

~ o ~

Sakura volvió sola. Apareció por sorpresa en el campo de entrenamiento, donde Naruto estaba realizando ejercicios de rutina junto a Lee.

– Estoy lista para entrenar.- aseguró ella, ajustándose los guantes.

El rubio no lo notó en ese momento, pero la pelirrosa estaba preocupada por algo. No obstante, su gesto era diferente al de la vez anterior; lo que fuera que pasaba, no tenía que ver con una muerte anunciada o algo parecido. Más bien, a juzgar por la cara de la chica, no sabía cómo disimular ese atisbo de alegría.

– Pero, ¿estás bien? Quizá sea demasiado pronto.- musitó el ojiazul.
– No te preocupes. Pude estar con mi padre hasta el final, y lo entendí: debemos seguir adelante por nuestro propio futuro.- contestó la ojiverde, sin importar que Lee estuviese presente.
– Eso es. ¡Demostremos nuestro espíritu juvenil!- expuso el chico del mono verde, con sus grandes ojos encendidos.

Rieron ante la escenita, para luego retomar los ejercicios de rutina. Al mismo tiempo, la joven kunoichi recordó aquel último día en el pueblo natal de su progenitor…

"Una mañana, despejada y brillante, su madre se apuró en ir a avisarla. Parecía ser el día elegido; nada mal la elección, después de todo. Sabía que no aguantaría serenamente, tal como había practicado en las últimas semanas. Pero, incluso ella, estaba preparada.

– Quiero que vuelvas a Konoha en cuanto acabemos con el entierro.- le comentó su progenitora.
– Pero, mamá, no quiero dejarte sola aquí.- reprochó la hija, asombrada.
– Tu padre también lo quiere así. Sakura, debes volver a la aldea para seguir tu camino. ¿Lo entiendes?- explicó la mujer, abrazando a su primogénita. Sollozaba.
– Está bien. Por papá… lo conseguiré por él también.- murmuró la pelirrosa, refugiándose en la calidez de su protectora.

La ceremonia fue íntima y sencilla, tal como había pedido el hombre. La inscripción de la lápida citaba: 'Un marido excepcional y un padre maravilloso'. Las dos mujeres no pudieron reprimir el llanto. Un alma tan alegre se había marchado para siempre. Lo echarían mucho de menos, pese a las discusiones y los malos momentos. Así era una familia, después de todo.

'Nunca olvides quién eres. Pero, sobre todo, sé feliz… mi pequeña.'

Sakura jamás olvidaría las últimas palabras de su padre."

Mientras tanto, Sasuke había decidido reunirse con su tío Obito para entrenar. No sólo físicamente; también de forma mental. Sabía que necesitaba a un Uchiha para entender su propia historia, la de su clan.
Habría tiempo de sobra para volver a enfrentarse a Naruto. Sonrió.

– ¿Entiendes cómo conseguiste activar el Mangekyou?- inquirió el hombre, mirando a su sobrino. Estaba interesado en aquella extraña composición, aunque sabía que aquella última etapa difería en cada Uchiha.
– No cumplí lo que me contó mi her-… Itachi. En vez de eso, me odié a mí mismo, cuando me di cuenta de lo que había intentado.- reconoció el joven shinobi.
– Es el sino de nuestro clan: amor y odio van de la mano. Si perdemos a alguien querido, nuestro tormento se hace mayor. Eso provoca que, en nuestro cerebro, se activen los nervios ópticos. Así aparece el Sharingan.- explicó Obito, teniendo presente a Rin.- Tal vez seas diferente, Sasuke. Tal vez puedas controlar ese odio para hacerte más fuerte. Podrías haber cambiado la historia…- continuó, parando en última instancia. Le había prometido, a Natsukira, no hablar más de la cuenta.
– No es demasiado tarde.- dijo el ojinegro.- Me convertiré en Hokage para cambiar el mundo ninja.- lanzó, dejando atónito a su tío.- Pero, para eso, debo ascender a jounin primero. Así que manos a la obra.- finalizó, levantándose.

Obito mostró su apoyo a la idea. Se vio a sí mismo, formando parte de aquel equipo liderado por Yondaime. Sí, ayudaría a su sobrino a conseguir lo que él no había podido cumplir.

~ o ~

Tsunade había citado a ciertas personas en el cuartel general. Se estaba llevando a cabo una reunión estratégica para preparar el viaje a Sunagakure -y no dejar desprotegida a Konoha.

Jiraiya, Kakashi, Natsukira y tres de los mejores ANBU estaban allí, esperando las palabras determinantes de la Godaime.

– Si se están movilizando de esa forma… Es como si quisieran interponer un cerco entre el país del Fuego y el resto del continente. Y, luego, ¿qué? ¿Pretenden encerrarnos en Konoha? Haría falta un ejército descomunal para realizar algo así.- interpretó la rubia princesa.
– Tsunade-sama, incluso pequeños poblados civiles están desapareciendo. Perdimos dos hombres en el último rastreo, en una aldea fantasma llena de trampas. No sabemos cuánto tardarán, pero están preparando algo grande.- explicó uno de los ANBU presentes.

Antes de que la Hokage acabase su gruñido, Natsukira dio un paso al frente y la encaró. Tenía el Ryuugan activo, y no como disimulo. Parecía haber visto algo.

– Lo que voy a contar tiene que quedarse en este despacho.- comenzó, mirando a las personas presentes. Shizune había entrado unos minutos antes.- Akatsuki piensa atacar en marzo, justo en la fecha del examen. Quiere acabar con la Arena y mantener la atención de la Hoja aquí, además de cortar comunicación con las otras dos grandes aldeas que quedan en pie.- expuso, intentando que no le temblara la voz.- Y pueden hacerlo.- miró directamente a Tsunade.
– ¿Cómo lo sabes? ¿Lo viste con el Ryuugan?- preguntó ella, inquieta.
– No. Esto me lo contó Itachi.- hubo reacciones mezquinas al mencionar aquel nombre.- Escuchen. No le queda mucho tiempo; lleva años siendo un espía dentro de Akatsuki, pero es mucho más fácil enjuiciar a alguien sin conocer la verdad.- la chica descargó; no pudo aguantar más.- Está dando su vida por proteger Konoha. ¿Lo entienden?
– Es difícil de creer, teniendo en cuenta lo que pasó.- comentó Kakashi, acercándose a la chica para calmarla. Ella evitó el roce.
– Lo siento.- susurró la chica.- Dejando a un lado de dónde saqué la información, hay algo más: una presencia detrás de todo.- hizo una pausa, buscando las palabras adecuadas para describir lo que había visto.
– ¿Qué es?- pidió la rubia de ojos castaños.- ¿Quién es la mano ejecutora, Natsukira?- apuró.
– Un Uchiha de cabello largo, una extraña armadura roja y ojos de color violeta.- reveló la chica.- Un hombre malvado.- añadió, apretando los puños.

La joven ojiclara había visto el futuro, gracias al poder de su línea sucesoria. Un futuro que parecía lejano, pero inevitable.

– Madara…- titubeó Jiraiya.- Madara Uchiha.- pronunció, alertando a quienes lo acompañaban.

En ese momento, todo cobró sentido. El Sannin peliblanco se marchó como una exhalación. Tsunade no trató de detenerlo; es más, ella actuó de inmediato, dando órdenes concisas a los ANBU.

~ o ~

La voz llegó desde las sombras, en el lado más lejano de la cueva. No se sentía presencia alguna, pero daba la sensación de estar ahí. Observando. Escudriñando.

– Que haya un traidor.- siguió. El eco hizo resonar la última palabra.- Si no, ¿cómo es posible que supieran del ataque a Kumogakure?- inquirió, provocando reacciones dispares.
– Eso no importa.- respondió Pain.- Hagan lo que hagan, el resultado ya está decidido.- concluyó, de forma ambigua.
– Estoy de acuerdo. Además, el traidor sufrirá el mismo final que nuestros enemigos.- apuntó la misteriosa voz.
– ¿Quién narices eres? ¡Muéstrate!- lanzó Deidara, entre molesto y apocado.
– Ahora no es el momento. No seas impaciente.- recriminó el desconocido, aumentando la gravedad de su voz.- Nos veremos pronto. Adiós.- se despidió, sin más.

La risotada se iba alejando, junto con el sonido de los pasos. A juzgar por el ritmo y las repeticiones, debía haber más de una persona en aquella parte de la estancia natural. No obstante, Pain ordenó continuar con el trabajo hasta finalizarlo. No hubo más palabras durante los restantes seis días.

– ¿Cuándo vas a contarles lo que planeas?- preguntó el acompañante del dueño de la voz misteriosa.
– Eso no debería preocuparte.- respondió aquél.- Recuerda el trato. Solo eso.- dijo, sin dejar de caminar.
– Cuando Konoha caiga, serán tuyos.- aseguró la segunda presencia.
– Perfecto. Hasta entonces, no te esfuerces demasiado. No me gustaría que murieses antes de tiempo, Nagato.- expuso el enigmático hombre, de largo cabello negro. Vestía una armadura samurai.

Se separaron al salir del interior de la tierra. Llovía. Era de noche. Por última vez, unos ojos violáceos -con circunferencias concéntricas- miraron al desconocido. Con odio. Mucho odio. Zetsu observaba. Sonrió.

~ o ~

Tras aquella reunión tan esclarecedora, Natsukira se había quedado sin su más cercana meta: convertirse en jounin. Sabiendo que el examen de marzo ya no se llevaría a cabo -aunque serviría de tapadera para tomar desprevenido al culpable de aquella situación de emergencia-, ahora no tenía por qué esforzarse. Fue lo primero que pensó.
Sin embargo, su prioridad seguía reservada en lo más profundo de su ser. Y fue justo ese deseo lo que hizo que despertara de su sopor momentáneo: tenía que salvar a Itachi. Sabía quién era el causante de todo el sufrimiento por el que había pasado; y lo ayudaría a vengarse de ese tal Madara, antes de que perdiese la vista de forma definitiva.
Itachi se había convertido en su mundo. Desde hacía tiempo, realmente. Nunca se perdonó el haberlo abandonado. Pero, ¿qué podía haber hecho ella en aquella época? ¿Cómo se hubiera enfrentado al mundo de los adultos?

"Konohagakure fue fundada tras el acuerdo de paz firmado por los líderes del clan Senju y el clan Uchiha. Esos dos hombres fueron Hashirama Senju y…" ¿Madara Uchiha?- la morena había ido hasta la biblioteca, para conocer algo de la historia real.

Tsunade se lo había pedido, por si volvía a tener otra premonición. La Godaime iba a estar ocupada, estableciendo las defensas alrededor de la aldea. A Shizune le encargó la dirección del equipo médico, advirtiéndole que fuera cauta con la información -por si hubiera espías. A Kakashi le insistió en que tomase el liderazgo de un equipo ANBU, como antaño. Al final, el peligris aceptó, arguyendo que lo haría por proteger a quienes más le importaban; no había otra razón. Asimismo, la rubia princesa se apresuró en mandar avisos -con sus mejores rastreadores y mensajeros- a Sunagakure, Kirigakure e Iwagakure.

– Así que fue el único que pudo hacerle frente a Shodaime.- Natsukira seguía leyendo, ajena a su alrededor.

Alguien la espiaba, aunque desapareció poco después. Llevaba una máscara blanca.

– ¿Cómo puede seguir vivo?- se preguntó la joven, recolocándose el flequillo.- Si consiguió hacerse inmortal por algún medio, puede que su poder sea ilimitado. Y si es así… no habrá posibilidad de derrotarlo.-supuso, repiqueteando con las yemas de sus dedos en la mesa.

Espontáneamente, sus ojos tornaron dorados y volvió a escudriñar el futuro. Vislumbró algo terrorífico, considerando el temblor de sus manos: un futuro donde no habría futuro.

Y, entonces, lo entendió. Y sonrió amargamente.

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