Los personajes pertenecen a la señora S. MEYER. Pero aquí estoy jugando de nuevo con ellos.

Gracias por su apoyo y si les gusta la historia espero me dejen sus comentarios, es la única manera de saber si les gusta o no.

A las chicas que no me abandonan rolu073, Mimi83, Shamyx, Susanna y Wanda, muchas gracias mis amores.

Sin más cháchara, aquí el capi…


Tratando de Olvidarte

Hasta siempre y por siempre, infinitamente.

No sé cómo llegamos a su habitación, pero en un momento estaba empotrada detrás de la puerta con Edward presionando toda su anatomía contra la mía, mientras nos besábamos de manera salvaje, comiéndonos, disfrutándonos, casi haciéndonos daño. Nos quitamos la ropa con desespero, lanzándola al piso hasta quedar completamente desnudos, para luego cargarme a horcajadas y llevarme a la cama.

—Dime que esto es real—decía entre besos—. Que estas de nuevo en mis brazos, que no me voy a despertar y que todo es un sueño.

—Aquí estoy, Ed. No le demos muchas vueltas a esto y disfrutemos—contesté jadeando. —Te deseo tanto, que duele.

—Y yo a ti, ¡Dios, había anhelado tenerte de nuevo así!, que me parece mentira—. Besaba y mordía toda la piel que encontraba a su paso, desde mi cuello hasta mis senos, dedicándole tiempo a uno y luego al otro, bajando hasta mi vientre para jugar con sus labios en mi ombligo, se detuvo en cuanto vio mi nuevo tatuaje—. Es muy sexy—dijo recorriéndolo sutilmente con su dedo índice—. Date la vuelta—susurró.

Hizo un camino de besos y lametazos con su lengua húmeda, desde el cuello hasta mi espalada baja, yo lo único que podía hacer era gemir y disfrutar de su tacto.

—¡Dios cuanto extrañé esto! —enterré mi cabeza en la almohada para apagar los gemidos mientras mis manos se enroscaban en las sabanas, Edward me estaba haciendo enloquecer.

Se detuvo justo en el tatuaje, dando millones de besos.

—Hasta siempre y por siempre, infinitamente. —Le escuché decir de manera entrecortada.

La emoción y la excitación era tal que entre gemidos se me escaparon unas lágrimas. Esas palabras me habían calado profundamente desde que las había pronunciado por primera vez años atrás.

Hizo su camino de regreso. Subió de nuevo besando mi cuello, presionando mi cuerpo contra la cama con su peso y rozando su erección contra mi trasero, abriendo mis piernas con las suyas y haciendo espacio entre ellas para ubicarse.

Entrelazó nuestras manos y yo me llevé su muñeca a los labios, le besé y después de delinear su tatuaje con mi lengua susurré:

—Hasta siempre y por siempre, infinitamente—repetí. Solo pude escuchar un quejido lastimero que salía de manera dolorosa de su garganta.

Se alineo y comenzó hacer presión para entrar en mí, suavemente, sin prisas y disfrutando cada segundo. Gruñendo palabras de amor en mi oído.

—Te amo tanto, nena, que duele.

Giré mi rostro buscado sus labios mientras levantaba mi pelvis para facilitarle el acceso.

—¡Dios! se siente tan bien. —Continuaba jugando en mi entrada, haciendo movimientos circulares, abriéndose paso tan lento que era una tortura.

—Te necesito ahora, Edward, por favor—gimotee. Necesitaba que me penetrara de una vez, sentirlo dentro de mí—. Hazlo ya.

De una sola estocada me penetró hasta el fondo haciéndome gritar de placer. Dejó de moverse por un instante mientras gruñía te amos.

—Te amo, te amo, nena. — Hacia tanto tiempo que no le escuchaba decirme así. Estaba completamente nublada, sobrepasada, en cualquier momento explotaría de gozo, esto era más de lo que esperaba, no sabía que él podía amarme tanto como yo le amaba y aunque pasara el tiempo seguiría siendo así, por siempre, infinitamente como el símbolo de nuestros tatuajes

Unos segundos después comenzó a entrar y a salir de mí, primero lento y profundo, llegando tan lejos como era posible. Yo deseaba moverme, abrazarlo pero me tenía presa contra su cuerpo y estaba inmovilizada, lo único que podía hacer era presionar sus dedos entrelazados contra las míos que llegaba a ser doloroso.

—Edward—era lo único que podía pronunciar en ese momento, decir su nombre una y mil veces.

—Dime que me amas, por favor, necesito escucharlo—rogaba en susurros—. Dime que sigues siendo solo mía, Isabella.

—Soy tuya amor, por siempre. Te amo. Siempre te he amado, Ed.

Siiii, mía, mía. ¿Te gusta? Así, suave o prefieres fuerte —gruñía.

—Más, necesito más, cielo. — Sus estocadas se incrementaron, eran constantes llegando a ese lugar que me hacía perder la cordura, todo mi cuerpo empezaba contraerse, estaba a punto de correrme, pero Edward suavizo sus envites.

Se arrodilló tomándome por las caderas haciendo que me incorporara y me sentara en sus rodillas, abrazándome por la cintura aun de espaldas a él. Hacia círculos acariciando mi abdomen, luego subía sus manos y tocaba mis senos, presionando los pezones, haciendo que me estremeciera.

—¡Oh, amor! Estoy muriendo aquí. Pero no me quiero correr aun—decía mientras besaba mi cuello y espalda.

—Cielo, por favor necesito verte—logré decir. Edward me alzó por la cintura y me giró hacia él sentándome a horcajadas.

Con una de mis manos me sostuve en su hombro abrazándole mientras que con la otra guié su miembro erecto para que entrara de nuevo en mí, bajé lentamente, perdiéndome en su mirada, absorbiendo todo el placer que me estaba embargando en ese momento. Lento, suave, caliente y resbaloso. Le besé con desesperación, todo un choque de lenguas, dientes y mordidas mientras comenzábamos esa danza que ambos conocíamos. Meciéndome de arriba hacia abajo, buscando el nirvana.

Estábamos sudando, yo me deleitaba viendo su rostro como se contraía y se distorsionaba por la lujuria, como gruñía por el placer que estaba sintiendo. Se veía concentrado haciendo un esfuerzo para no correrse.

—Así amor, ¿Te gusta? —decía mientras chupaba mis labios, el cuello, el lóbulo de mi oreja, mis pezones.

—Sí, Ed, me gusta—lograba decir entre jadeos.

—¿Cuánto?

—Mucho—dije contrayendo mi vagina y ganándome un gruñido de su parte.

—¡Mierda, nena! Para de hacer eso o me voy a correr.

Sonreí de satisfacción.

Edward tenía mis caderas bien sujetas con sus manos, elevando mi trasero tanto como podía sin salir de mí mientras yo me impulsaba con la punta de mis pies, luego bajaba para ir a su encuentro. Sentía centímetro a centímetro cada una de sus estocadas, como entraba y salía de mi cuerpo de manera sincronizada, para luego retirarse por completo y hacerlo de nuevo, impulsándose con fuerza, penetrando tan profundo y encontrando de nuevo ese lugar específico donde me hacía temblar de gusto.

Me empujó hacia la cama haciendo que me acostara de espaldas, arrodillándose y apoyando mis nalgas en sus muslos, cambiando el ángulo de penetración y llegando más adentro si eso era posible. Con su pulgar comenzó a torturar mi clítoris con movimientos perezosos y no aguanté más.

—Te quiero sentir, deseo ver tu rostro cuando te corras para mí.

Edward no había terminado la frase cuando yo exploté aferrándome a su cintura con mis piernas, dejándome arrastrar por el clímax y desencadenando el suyo. El orgasmo me golpeo fuerte, haciendo que me encorvara, despegando la espalda de la cama a raíz de las contracciones.

¡Edddwwwarrrrd! —grité.

—¡Puta madre! Me vengo, nena. ¡Oh , Bellaaaa! — Con una última estocada, lo vi tensarse y decir mi nombre entre dientes con la mandíbula apretada, cerrando los ojos y dejándose ir — ¡Jesús Cristo! —dijo apoyando su frente en mi pecho sin salir de mí.

—Lo mismo digo—logré articular. Sentía temblores por las pequeñas replicas que aun tenia del orgasmo.

—Decir… que ha sido increíble… es quedarme corto—susurró entre jadeos recuperándose.

Estaba completamente de acuerdo con Edward. Mi cuerpo lo sentía totalmente lánguido, no tenía fuerzas para más que acariciar su cabello con mis dedos. Noté como él continuaba estremeciéndose por mi roce.

Un minuto después salió de mí, acostándose al lado, entrelazando nuestras piernas y pasando su mano por mi cintura pero dejando su cabeza apoyada en mi pecho. Nos encontrábamos en ese silencio cómodo después de hacer el amor. Ese momento tan íntimo donde sobran las palabras.

Despejé su frente del cabello sudoroso mientras él hacia mapas imaginarios con sus dedos en mi vientre. Hasta que le escuché susurrar:

—No pares de hacer eso— le oí decir —. Y, Bella… No me dejes de nuevo por favor.


Bueno dos capítulos más, ya vamos a la mitad de la historia.

Besos,

Cleo.