Voltron: Dark Universe

Capítulo 12:

"Bienvenido de vuelta"

Lance se movió en su cama. Luego creyó escuchar una voz que dijo —Está despertando —así que abrió sus ojos, aunque le costó trabajo.

—¡Buenos días! —Lance vio el rostro de Hunk arriba de él. Estaba sentado junto a su cama —Aunque técnicamente ya no son buenos días, tal vez buenas tardes, ¿o buenas noches?

—¿Hunk? —habló Lance. Se frotó los ojos y bostezó.

—Hola amigo, ¿Cómo te sientes?

—Mejor —Lance se sentó, entonces se sorprendió cuando vio a Keith recargado en la pared de brazos cruzados —¿Keith? ¿Qué haces aquí?

Keith le sonrió —¿Tú qué crees?

—Hemos estado cuidándote —dijo Hunk —también Pidge estaba con nosotros, pero ella se fue hace poco, ¿quieres comer algo?

—Seguro —dijo Lance.

Una vez que se hubo cambiado de ropa, lo llevaron al comedor y ahí se reencontró con Shiro y Coran. Para su sorpresa, Allura no estaba. Coran se encargó de guardarle un plato de comida. Comieron y charlaron sin prisa, después de todo no querían agobiar a Lance, no luego de todo lo que había pasado.

De hecho, ninguno de los presentes podía dejar de pensar en lo acontecido. Todos querían hacerle la misma pregunta: ¿Cómo había logrado sobrevivir? Les alegraba saber que estaba vivo, claro. Los tranquilizaba verlo comer, hablar, reír y caminar como si nada, pero la duda seguía ahí. Aun así, no querían apresurarse. Que Lance no recordara lo ocurrido podía ser algo bueno.

—Entonces —dijo Lance, una vez que masticó el último trozo de comida — ¿Puede alguien decirme cómo llegué a parar a una cápsula? —Lance los miró a todos, pero nadie le respondió. Sólo se miraron entre ellos en silencio —Oigan, oigan. Está bien. Sólo era una duda.

—No… —habló Hunk —no es que no queramos decirte, es que… no queremos que te preocupes por eso —se esforzó por sonreír.

—¡Sí!, eso es —dijo Pidge —es que, hay cosas más importantes ahora, como para recordar los malos momentos.

Lance sabía que le ocultaban algo, pero decidió dejar así el tema —Ustedes ganan. Si no es importante, supongo que está bien —dio un sorbo a su bebida. De pronto se estremeció.

—¿Qué ocurre? —preguntó Keith.

—No es nada —dijo Lance, bajando la vista —sólo fue un escalofrío… de pronto siento… —se detuvo unos instantes. Entonces alzó la vista tan sonriente como siempre —¡Siento deseos de ver al León Rojo! ¿Qué dicen? ¡Hay que salir a volar un poco!

Lance se veía decidido. Los otros Paladines compartieron miradas. Pidge habló mientras acomodaba sus lentes —Yo creo que es demasiado pronto para que salgas a pilotar. Aunque por otra parte, reestablecer tu conexión con el León podría ayudar a mejorar tu estado.

—¡Qué buena idea! ¿Shiro, no quieres acompañarnos? —dijo Hunk

—Aunque aún pilotara al León Negro, no iría. Iré a buscar a Allura, veré si necesita ayuda en algo.

—¡Tú te lo pierdes! ¿Qué esperamos? ¡Vamos! —Lance se levantó de inmediato. Y se detuvo en la puerta. Pidge y Hunk también se levantaron.

—¡Vamos Keith! —lo llamó Hunk.

Éste miró a Shiro —Ve con ellos. Cuídalos por mí, ¿sí? —le dijo Shiro guiñando el ojo. Keith le devolvió una sonrisa.

Se iba a levantar cuando Lance llegó y lo tomó del brazo —¡Rápido, tardas mucho! —corrió, y se llevó a Keith trastabillando.

Los Paladines se pusieron su armadura y ya iban hacia sus Leones, cuando Lance detuvo a Keith.

—Espera. Necesito preguntarte algo —miró a Pidge y Hunk —adelántense, nos vemos afuera.

Una vez que quedaron solos, Lance bajó la vista.

—¿Lance?

—Keith, yo sé que tú no me mentirías. Eres quien habla más directamente que nadie. Así que—Lance lo miró —¿podrías contarme lo que me pasó? —Keith titubeó —¡Está bien!, no lo digas. Al menos quisiera saber, cuán grave fue. Por favor.

Keith en verdad quería confesar, y a la vez no. Finalmente se acercó y apoyó sus manos en los hombros de Lance —Como ya oíste, no es el momento de hablar de eso. Pero quiero que sepas que tuve miedo —Lance abrió los ojos tanto como pudo, estaba sorprendido —Sí, así es. Yo… me sentí tan impotente, tan… incapaz de ayudarte que... —Se detuvo, luego se aclaró la garganta —Me alivia verte sano y salvo —Keith se apartó, sonriéndole a Lance.

Éste lo miró confundido, pero también le sonrió —Gracias Keith. Por, lo que sea que hayas hecho —Lance se estremeció de nuevo, y una descarga de energía se apoderó de él. Se irguió entusiasmado —¡Vamos entonces! ¡Keith, vamos!

Lance corrió por el pasillo. Luego volvió y le hizo señas a Keith para que lo siguiera, y ya que no tenía opción, Keith fue tras él. Cuando llegaron al hangar del León Rojo, Lance se detuvo confundido y miró a Keith —¿Qué le pasa al León?

—Creemos que el León había detectado que estabas en peligro, y decidió protegerse a sí mismo. Pero no debes preocuparte, ya que estás aquí todo volverá a ser como antes.

Lance volvió la vista al León y se dirigió a él a toda prisa. Se detuvo frente al escudo y posó su mano —De acuerdo, ¡Ahora! —Lance esperó. Y espero, y esperó, y esperó… pero se dio cuenta que el escudo no cedía, y volvió a tocarlo —¡Vamos! ¡León, soy yo! —dijo esperanzado. Pero nada ocurrió. Entonces Lance se preocupó —¿León? ¿Qué pasa? ¡Por favor! —Lance presionó con fuerza, y luego golpeó el escudo.

Keith, estaba detrás de Lance lo apartó cuando comenzó a golpear —¡Lance, calma!

—¡¿Keith, qué pasa?! ¿Por qué no me deja entrar? —Lance miró con desesperación al León Rojo. Y Keith lo miró a él preocupado.

—Lance, tal vez todavía necesitas descansar. Aún te faltan fuerzas para que el León vuelva a conectarse contigo. Sólo necesitas tiempo —Lance lo miró, y una clara tristeza se mostró en su rostro

—Puede que tengas razón —Lance se dio la vuelta y se dispuso a caminar, pero se tambaleó y Keith tuvo que sostenerlo para evitar que cayera.

—¿Lo ves? —le dijo mientras lo levantaba —todavía debes descansar.

Lance volvió a frotar su cabeza —tal vez —dijo desganado.

—Descuida, le avisaré a Pidge y a Hunk. Pero primero voy a acompañarte.

—No es necesario Keith. Puedo andar sólo. Voy a la sala común.

Lance se alejó muy lentamente. Keith estaba preocupado por él, pero por ahora no podía hacer nada por él.

La puerta del puente se abrió, y Allura entró. Avanzó hasta el monitor central, tecleó y sobre ella apareció una pantalla. Esperó. Entonces apareció el rostro de Kolivan.

—Princesa Allura —saludó él, a su manera.

—Kolivan —respondió ella —¿Pudiste encontrar lo que te pedí?

—Así es. Justo ahora estoy enviando toda la información que pudimos recabar. Espero que sea suficiente.

—Muy bien. Te lo agradezco.

—Princesa —dijo él —ya debes haberlo adivinado, pero si esto es cierto, deben tener cuidado. No sabemos exactamente de lo que es capaz.

—Ya lo sé, Kolivan. Estaremos en contacto.

Kolivan asintió, y entonces se desconectó. Para entonces, Allura ya había recibido una transferencia de datos. Al abrirlo descubrió textos de Altea, algunos eran del mismísmo Rey Alfor, y también registros de los Galra, redactados por el mismo Zarcon miles de años atrás.