Subjetivo


Trunks salió al patio con un enorme pastel de chocolate decorado con fresas en una mano y un tarro de helado en la otra. Pilaf y Shu habían acompañado a su abuelo por algunas cosas a un laboratorio de una ciudad vecina y Mai se había quedado a ayudar a su madre con los arreglos de la máquina del tiempo.

Todo iba a ser perfecto, ahora Mai estaba en una de las mesas sosteniendo su rostro con una mano, el sol le daba un brillo especial en el cabello, se veía muy bonita. Le daría el pastel y el helado y entonces podrían tener un día de campo ellos solos.

Caminó hasta su mesa y la escuchó suspirar. Frunció el entrecejo cuando vio hacia la dirección en la que estaba mirando Mai. Ahí estaba él. Recostado en un árbol con la mirada perdida en su espada. Con ese aire de chico solitario y misterioso que lo hacía verse tan genial. Esa escena le era tan familiar, le recordaba a alguien y no se trataba de él mismo.

Trunks carraspeó un poco para llamar la atención de Mai.

—Es un lindo día, ¿no lo crees? —le preguntó, pero Mai no pareció escucharlo.

Trunks inspiró fuerte con fastidio.

—¿Eh? ¿Dijiste algo? —Mai volteó a verlo.

Una sonrisa tonta llegó a los labios de Trunks y se olvidó casi por completo de su fastidio inicial.

—Pues sí. —Bajó la vista hacia el césped y luego la levantó hacia el cielo—. Decía que es un lindo día.

—Muy lindo… —suspiró Mai mientras veía nuevamente en la dirección en la que estaba el Trunks del futuro. Luego pareció notar lo que traía Trunks en las manos y un nuevo brillo llegó a sus ojos—. ¡Ese pastel luce delicioso! ¡¿Y eso es helado?!

Trunks sonrió de manera tonta de nuevo y un ligero sonrojo se pintó en sus mejillas.

—Pues sí. —Se los ofreció—. Y son para ti. —Sonrió mirando el suelo.

Mai prácticamente se los arrebató de las manos.

—¡Es perfecto! ¡Tal vez esto lo anime un poco! —Empezó a correr hacia el árbol donde estaba Trunks—. ¡Ah! Por cierto, ¡gracias! —le gritó y se inclinó respetuosamente, luego continuó su camino.

Trunks se quedó paralizado con un brazo estirado hacia donde Mai corría; abría y cerraba los puños y la mandíbula. No podía pronunciar palabra o más bien no sabía ni qué decir, se había quedado totalmente pasmado viendo cómo sus planes se venían abajo.

—Es frustrante, ¿cierto? —dijo alguien tras él.

Sintió el rubor subir a sus mejillas por que alguien hubiera apreciado esa escena tan humillante. Ensimismado como estaba en sus pensamientos no notó cuando llegó el viejo amigo de su madre.

—¿Eh? ¿A qué te refieres? —preguntó tratando de negarlo con una seguridad que no sentía.

—Justo eso. —Yamcha señaló hacia la pareja que se encontraba bajo el árbol—. Te gusta esa niña, ¿cierto? —Bebió del refresco y lo vio con una mirada de total conocedor del tema.

Trunks no respondió, solo sintió cómo sus mejillas ardían. ¿Acaso era tan obvio?

—Te entiendo —asintió Yamcha con comprensión.

—No sé de qué hablas. —Se cruzó de brazos pero no podía quitar la vista de donde estaban Mai y su yo del futuro, ella parecía tan feliz partiendo el pastel y sirviendo el helado que debía ser para ellos, no para él.

Apretó los puños, Yamcha lo notó y sonrió con empatía.

—Me refiero a eso. —Giró la vista hacia donde estaban Trunks y Mai—. Tener a la chica, estar completamente seguro de ello, claro con sus altibajos, pero al fin y al cabo tenerla. —Luego frunció el ceño como si estuviera viendo otra escena—. Y de pronto llega este sujeto y lo cambia todo, de repente las cosas no son tan seguras como lo pensabas, de pronto ella empieza a prestarle más atención a él que a ti y para cuando te das cuenta la has perdido.

La cara de Trunks era indescifrable, su mirada se dirigió a Mai y su yo futuro y después hacia Yamcha quien le tenía una mano en el hombro intentando darle apoyo. Sintió un extraño dolor en el pecho, sentía ganas incluso de llorar de frustración, de nuevo estaba viendo la escena:

Mai le estaba sonriendo mientras le ofrecía el pastel! ¡Maldición! ¡¿Por qué a él no le sonreía así?! ¡Él había sido el que le había dado el pastel y el helado! ¡Él era quien debería estar disfrutando de su compañía! ¡No ese… ese intruso! ¡¿Qué había hecho él de especial para que ella sonriera así?! ¡Nada! ¡ni siquiera había sido capaz de salvar a la Mai de su tiempo! ¿Por qué Mai no se daba cuenta de eso?

—Pero no te preocupes, él se ira... —Le dijo Yamcha sonriente—. Entonces tendrás toda la atención de esa chica de nuevo. —Se puso de pie de nuevo y frunció el ceño y miró en dirección hacia el área donde se encontraba la cámara de gravedad—. O tal vez creer eso fue mi error. —Le palmeó la espalda y siguió su camino a la Corporación.

Lo último Yamcha lo había dicho más para sí mismo que para que lo escuchara él, sin embargo, esas palabras hicieron mella en los ya alterados nervios de Trunks. Y lo hizo pensar en algo en lo que no había meditado. ¿Qué sucedería si se quedaba para siempre? Porque si lo pensaba bien ¿qué tenía en su tiempo? Su mamá estaba muerta, no tenía papá, ni amigos, Goten no había nacido y habían matado a Mai. ¿Y si decidía quedarse? Era verdad que lo compadecía y mucho, era horrible todo por lo que había pasado, ¡pero no era justo! ¡No era justo que ahora viniera y quisiera quitarle lo que era suyo!

Todos hablaban de él, de lo genial que era, de lo educado y formal que era. Su mamá estaba encantada de tenerlo ahí, no hacia otra cosa que hacerle cumplidos, y su papá… ¡Su papá estaba siendo bueno con él! ¿Por qué no lo reprendía? ¿Por qué no le echaba en cara el no haber sido lo suficientemente fuerte? ¡¿Por qué no le daba uno de esos discursos que le encantaba darle a él sobre el poder y la sangre saiyajin?! ¡No era justo! Si se hubiera tratado de él seguro se hubiera molestado mucho y no solo le hubiera dado un simple regaño por escapar.

¡No podía quedarse! ¡Él tenía que irse! Este era su tiempo no el de él, si no había podido proteger a su familia era cosa suya, no iba a quedarse con la suya. Vio a Mai sostener el pastel frente a él y no lo soporto más, no solo le estaba quitando a su familia, le estaba quitando a la niña que le gustaba, incluso le estaba quitando su pastel. ¡Porque ese pastel era suyo! Lo había comprado con su mesada especialmente para él y para Mai, no para él. Su ki se disparó por el coraje que sintió. Su yo futuro pareció notarlo pues dirigió la mirada hacia donde se encontraba él.

Intentó calmarse, pues lo último que quería era que él supiera lo alterado que estaba. Lo vio decirle algo a Mai y luego ponerse de pie.

Ambas miradas se cruzaron nuevamente, la de él ceñuda y molesta, digno reflejo de la de su padre, y la del otro tranquila, apagada, siempre triste y melancólica. Y le sonrió; a él que lo miraba con odio. ¿Por qué lo había hecho? ¿Se estaba burlando? No, él sabía que no era eso.

Ya no quiso verlo más, no soportó su mirada, una mirada que lo hacía sentirse apesadumbrado, ni esa sonrisa triste. Se giró enfurruñado con los brazos cruzados. ¡Que se quedara con el maldito pastel! Le diría a su abuela que le comprara otro, que se quedara también el maldito helado y ojalá le doliera el estómago. A él ya no le importaba. Y si Mai se quería quedar viéndolo con cara de boba entonces era porque eso era: una boba.

Sintió que alguien le tocaba el hombro y se giró sorprendido al ver a Mai sonriéndole y ofreciéndole el enorme trozo de pastel que la acababa de ver sirviendo.

—¿Eh? —dijo Trunks confundido y volteó a ver hacia todos lados.

—Es para ti, niño. El otro Trunks dijo que a ti te encantaba este pastel. Y como tú lo trajiste me parece injusto no compartirlo, además él dijo que ya había comido.

Trunks abrió los ojos confundido. ¿Que ya había comido? Eso no era cierto, además, aunque lo hubiera hecho, si compartían gustos él nunca diría no a un buen pastel de chocolate con fresas y helado. Definitivamente su yo del futuro era raro. Por lo que había escuchado en el futuro no había mucha comida. ¿Desde cuándo no probaría un pastel?

—Entonces... ¿Quieres o te vas a quedar ahí parado? —le dijo Mai sacándolo de sus pensamientos—. Creo que hay suficiente para todos… —dijo en voz baja.

—Mai, ¿podrías esperarme aquí? Te prometo no me tardaré nada.

—Como quieras, niño, solo no te quejes si me como todo —le dijo indiferente.

Trunks tomó un trozo de pastel y emprendió el vuelo.


Trunks entró en su habitación después de haber estado volando para distraerse un poco, colocó su espada junto a su cama y se dejó caer. Sentía que el tiempo no pasaba, en su mente se repetían una y otra vez las escenas de la muerte de su madre y Mai, no soportaba estar ahí sin hacer nada. Se pasó la mano por el cabello y dejó escapar un lamentoso suspiro.

De pronto notó algo que llamó su atención, en el pequeño mueble junto a su cama había un enorme trozo de pastel de chocolate con fresas. Y sonrió, a pesar de toda la angustia e impotencia que sentía, un gesto tan simple había conseguido sacarle una sonrisa


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Espero les aya gustado, tenia ganas de escribir sobre esto.

Muchas gracias por leer y por dejar tan lindos rw. Son sus palabras las que me incitan a seguir escribiendo.

Gracias Schala por ser mi beta siempre.

Dev espero mejore tu resfriado y hayas podido leerme.

Sobre el titulo. Me pareció adecuado.

*subjetivo, subjetiva

adjetivo

1.

Que se basa en los sentimientos de la persona.

2.

[persona] Que hace juicios de valor dejándose llevar por los sentimientos.