-Y eso es todo –Candy se encontraba mirando por el enorme ventanal de su habitación. Su padre adoptivo, Albert no había dicho nada en todo su relato. Cuando Terry irrumpió en su habitación y se acostaron. Cuando le mencionó de su compromiso. Cuando le propuso retomar su romance.
-Que vas a hacer? –Albert se encontraba conmocionado. Ciertamente Candy era una mujer adelantada a su época. Una dama no iba cotilleando sobre sus aventuras pasionales. Podía ser tan zorra como quisiera de la puerta de su casa para adentro. Pero hacia afuera debía ser la imagen del decoro.
-Nada
-¿Qué?!
-Terry me trae recuerdos que abrasan mi corazón. Volver con él, si es que alguna vez estuvimos juntos. En un instante, en un momento de debilidad di un paso adelante y dos atrás. Es la misma piedra con la que me tropecé cuando era una niña con Anthony.
Albert era muy consciente de lo mucho que le dolia a Candy expresar esas palabras. Aún conservaba las cartas que Patty le mandaba informándole los abusos a los que era sometida por parte de Eliza. Cuando llegaba con el labio partido, la ropa quemada, las rodillas raspadas. Cuando la escuchaba llorar hasta quedarse dormida y susurrar el nombre de Terry en sueños. Estuvo a punto de sacarla del colegio, cuando aquella mañana la encontró tan cambiada; pero en una de sus visitas furtivas vio a la rubia arremeter contra la pelirroja. En ese momento supo que la inocencia y la pureza que lo habían encantado cuando la conoció en la colina de Pony habían sido arrancadas de la peor manera: lenta e inexorablemente. Candy había usado su inteligencia para obtener poder en la escuela, en los negocios y sobre su familia adoptiva. Sin embargo, con Albert era completamente diferente. Le ayudaba a cuidar de los animales y podía ver que lo disfrutaba de verdad. Aprendio a inyectar, suturar y no vacilaba cuando tenia que atender luxaciones. En los momentos que jugaba con Klin podía ver las arruguitas alrededor de los ojos que solo se veian en sonrisas autenticas.
-Candy, date una oportunidad. Mereces ser feliz.
-Lo sé. La tristeza no es para mi. Pero antes de eso, tengo que encontrar a alguien con quien pueda ser yo misma. El ha sido un fantasma. No conoce mis pesares, mis momentos mas bajos, esos en los que quiero abandonarlo todo. Nunca me ha visto llorar. Para el soy la chica escandalosa y revoltosa que se escapaba por su ventana con una cuerda. Nunca me conocio la faceta en la que huia de una realidad a la que no le caía bien. Donde me sobraba el dolor y me faltaba el valor para decirle adiós.
El reloj cu-cú sonó y Candy apresuró su café. Tenia que visitar los bancos y reunirse con los de la importadora. A unas manzanas de ahí. Un muchacho de ojos azul hielo observaba la foto del estreno de la obra. Candy había accedido a presentarse en la semana de estreno. Despues de eso la reemplazaria Susana Marlow.
Al otro lado de la ciudad, un chico de ojos azul intenso se servia el café matutino y revisaba el periódico; o eso parecía porque solamente se concentraba en la primera plana y ni siquiera en la primera plana. Sino en una nota que indicaba el estreno de la producción más reciente de John Walker, la nota iba acompañada de una fotografía del Sr. Walker acompañado de la estrella del momento: la talentosa y hermosa señorita Ardley, protegida del magnate hombre de negocios dueño de todo Chicago, William Ardley . Pasó los dedos sobre el rostro impreso y se mancho ligeramente los dedos de tinta. Mirando la sonrisa serena de la rubia. Era una sonrisa vacia, no llegaba a ser forzada, pero no se veía autentica. Como si la hubiera ensayado.
Hoy la noche me habla de tu piel
Y abrazandome esta la madrugada
Un adiós, un Te Quiero y un Porqué
Y nada
Terry había cumplido su sueño de ser actor. Aunque sus detractores le atribuían su creciente fama a su madre, Eleanor Baker. No negaba que su primer papel lo obtuvo gracias a ella. Pero su talento convencio a los directores de arriesgarse en su primer papel de importancia. Y ahora había conseguido el protagonico en la obra que mas expectativas creaba para la temporada invernal: Romeo y Julieta. Sin embargo, en los momentos a solas, donde tocaba la vieja armonica que Candy le había obsequiado para que dejara de fumar no dejaba de preguntarse el precio que tuvo que pagar. Cuando dejó a la rubia; embarcándose a lo desconocido, con la esperanza de volver a verla se planteó la posibilidad de perder su oportunidad, pero de lo que nunca dudó es del amor de esos ojos verdes.
Te recuerdo y te pierdo en un papel
Cuando apenas comienza la mañana
Cuánto pude quererte aquella vez
Y nada
No sabia exactamente que había perdido en el camino. Daría tantas cosas solo para ver de nuevo a la niña de sus recuerdos. Por quedarse colgado de su sonrisa. Recordando las travesuras que hicieron y sobre todo el primer beso a las orillas del pristino lago en Escocia.
Ojos verdes, ¡cuanto tiempo te miré!
Ojos verdes del color de la mañana
Susana era una chica callada, delicada y femenina. Además de guapa era una actriz prometedora. Sin embargo, era manipuladora, sabía exactamente qué botones presionar para obtener lo que quería. Desde el momento que vio a Terry se encaprichó de su pasado. Ciertamente el primogénito heredero de un duque y el hijo pródigo de la actriz mas famosa de Broadway le venia bien a su curriculum. Además de que era irresistiblemente guapo.
Escuchó la historia de Tarzán Pecosa y de las aventuras que pasaron durante la estancia en Inglaterra. Lo consoló y se cuidó de asistir a todos y cada uno de los estrenos en sus papeles, por pequeños que sean. Pronto la prensa la consideró la novia de Terry y este, ante todo era un caballero y los caballeros no andan por ahí desmintiendo los chismes de la prensa. Al final, si cuentas una mentira tantas veces terminas por creértela. Y ¿Quién sabe? A lo mejor y se hacía verdad.
Por eso en cuanto conoció a Candy, no le tomó mucho tiempo descubrir la identidad de Tarzán Pecosa. Si bien la mujer que llegó a los ensayos acompañada del Sr. Walker era a todas luces finísima. Cuando escuchó mencionar al Colegio San Pablo y después de notar la agilidad con la que se desenvolvía, sin importar el vestuario, no le quedó duda alguna. Le había insistido tanto a Terry para asistir a todos los ensayos y temió el reencuentro. Estaba haciendo un plan para evitarlo cuando escuchó a la rubia advertir que no quería a nadie ajeno a la obra entrar en el recinto. Lo que le daba algo de tiempo, por lo menos hasta el estreno.
Se había fingido indispuesta para asistir, Terry se había quedado a su cuidado. Pero en eso llegó la Sra. Marlow y Terry se excusó para salir y dejarlas solas. Antes de que Susana pudiera replicar, se había marchado. Cuando volvió, lo supo. Terry había estado con Candy. Podía ver la rabia y el desconcierto en la cara del chico. Lo confrontó. Después de una corta discusión Susana se salió con la suya. Terry había aceptado que iniciaran una relación seria. Y seria significaba un paso antes del matrimonio. Sólo tenia que aguantar una semana, después de eso Candy regresaría a Chicago para seguir siendo la esnob en la que se había convertido. Con sus negocios y su fortuna. Lejos de Nueva York, pero lo mas importante: lejos de Terry.
Susana controlaba las acciones de Terry. Pero ahí, en la soledad de su minúsculo apartamento el chico no podía dejar de preguntarse si había tomando la desicion correcta.
-Ojos verdes, no se si te olvidaré –susurró a la fotografía de la chica que había tenido entre sus brazos hace tan solo 24 horas.
…..y nada.
