Los personajes son de SM y la historia es mía. Disfrútenla y dejen un review, siempre son bienvenidos

Capítulo 12

Estar sentada frente a dos personas desconocidas para ella, era escalofriante. No sabía que decir, no sabía que hacer o cómo actuar. La poca valentía que tenía parece haberse esfumado en el momento en el que se sentó en esa hermosa silla tallada de roble y asiento reconfortante.

Estar frente a Edward e Isabella Cullen era realmente estresante sin tomar en cuenta la confianza que exudaban sus cuerpos; no por nada en los tribunales eran unos tiburones con aquellos que se les enfrentaban.

Edward no sabía cómo iniciar esa conversación. Como le preguntaba a la joven enfrente de él, si el chico que va al mismo instituto que su cuñada es su hijo; Tanya le había asegurado 19 años atrás que el feto había muerto, dejándolo sin alguna esperanza de vida. Estaba tan nervioso que sentía su pulso en los oídos, debía calmarse o de lo contrario Isabella terminaría la reunión y lo llevaría al hospital. El obviamente no quería que terminara de esa manera. Él quería saber la verdad sobre su pequeño.

Por otro lado, Isabella pensaba que estaba haciendo lo correcto acompañando a su esposo, pero no estaba tan segura de que tan bueno sería para su salud; últimamente se había visto envuelto en cambios un poco bruscos en sus emociones, que temía que cualquier cosa que le dijera esa joven podría inclusive causarle la muerte.

-Puedes hablar de una vez. La paciencia no es lo mío- dijo Kate mientras jugaba con sus manos en su regazo.

-Quiero que me aclares unas cosas, solamente eso Kate- le dijo el cobrizo observando a la chica frente a sus ojos –Quiero que tú me digas la verdad- le dijo observando como la chica frente a él se ponía más y más nerviosa con el paso de los minutos.

Los minutos pasaron y se podía sentir la tensión en el aire.

Las tres personas se alteraron cuando escucharon un toque en la gran puerta de roble. Un "Pase" retumbo en la oficina y la enorme madera dio paso a Mindy, quien traía una charola con tazas y botecitos. Kate –ajena a la chica- seguía con la mirada en sus manos esperando por las preguntas del cobrizo, pues temía decir algo que no debía.

-He traído las bebidas que me pidieron, Sr. Cullen- dijo la chica dejando la charola en el enorme escritorio de su jefe.

Edward se estaba impaciente –por primera vez- con su asistente. Él quería que ella dejara todo como estaba, pero en cambio la pelirroja se puso a servir las tazas y pasarlas a cada persona. Para el cobrizo pasaron minutos insoportables antes de que Mindy saliera de la oficina. Nunca creyó respirar aliviado cuando la joven salió cerrando el despacho.

-Kate puedes por favor aclararnos ciertas cosas- le dijo Isabella a una sorprendida rubia que nunca –ni en sus sueños más extraños- pensó que la gran Sra. Cullen le dirigiría la palabra a ella.

-Está bien, ustedes díganme- les dijo ahora la rubia levantando su mirada y observando a las personas en frente de ella. Tomo una gran bocanada de aire para segundos después soltar lo contenido en sus pulmones, para darse un poco de valor.

Isabella volteo en ese entonces a mirar a su esposo, quien estaba nervioso –como ella- como para hacer la primera pregunta, así que ella tendría que empezar.

-Kate la razón de que estés aquí el día de hoy, es porque hace algunos días mi esposo descubrió algo que nos impactó a ambos- le dijo mientras su mirada recorría a la chica enfrente de ellos- Veras, cuando conocía Edward, él estaba pasando por una etapa difícil de su vida; alguien le había asegurado que su hijo había muerto y eso lo llevo a depresión- dijo la castaña. Isabella iba a continuar pero al observar al rostro de Kate, vio el asombro y confusión.

Kate estaba en shock, no sabía que decir o hacer. Ahora ciertas cosas encajaban en su cabeza. Tanya realmente supo manipular la situación para su beneficio –o eso creía- por todos esos años.

-Que tiene eso que ver conmigo?- pregunto temerosa a sus acompañantes, agachando el rostro sin dejar ver que ella realmente quería desmentir a su hermana, que ella buscaba la verdad y que su sobrino pudiera disfrutar de la familia a la que siempre debió pertenecer. Pero tenía miedo y no solo por su sobrino o por ella, tenía miedo de Irina; si ella se enteraba nadie descansaría –Yo no sé nada- dijo poniéndose más nerviosa con el paso del tiempo y por la mirada inquisitiva que Edward tenía en el rostro y que no se había despegado de su persona en todo el intercambio de palabras entre ambas mujeres.

-Kate- dijo Edward levantando un poco la voz –tienes que decirme si lo que dijo Tanya es verdad. Si mi hijo murió la noche en la que fui internado en el hospital por la maldita sobredosis. Dime- le exigió a la rubia dejándola en shock total.

-Cariño- dijo Isabella poniendo una mano en el hombro de su esposo, pues se estaba alterando un poco y eso era malo para su salud.

Haciendo caso a su esposa, Edward trato de tranquilizarse, pero no podía. Quería que Kate fuera sincera, que le dijera si en realidad su hijo estaba vivo y era aquel que había visto en el edificio. Y si no era así, quería que le dijera de una vez que lo que le había dicho, aquella mujer años atrás, que su hijo realmente estaba muerto.

Kate estaba desesperada, no sabía qué hacer. Sabía que tenía que ser sincera con ambos, pero tenía miedo. Que pasaría ahora. Edward alejaría a Estefan de ella y sus padres como castigo a ocultarle la existencia de su hijo. Podría sincerarse con ellos y decirle que ella no sabía nada de lo que acababa de escuchar. Que a ella le dieron una versión diferente de las cosas. "Qué hago?" se preguntó la rubia. Estaba claro que si les decía la verdad su sobrino tendría una nueva familia –algo que ella sabía que Estefan siempre quiso- pero por otro lado le daba en poco de celos y temor pensar en que su sobrino se olvide de ella y sus padres. Lo que más temía la rubia era que su sobrino no le perdonara el haberle ocultado a su padre, el no alentarlo a buscarle cuando murió Tanya, a que averiguara si era verdad que no lo quiso.

Estaba decidida a afrontar las consecuencias si eso hacía a su sobrino feliz. Que el destino hiciera lo que se supone que estaba escrito, pero ella diría la verdad y que Dios la cuidara a ella y a su esposo de Irina.

-Yo solo quiero pedirte que no interrumpas lo que tengo que decir- le pidió a Edward mirándolo justo a los ojos. Kate espero hasta que Edward asintió con la cabeza y, sin conformarse, volteo hacia Isabella para confirmar lo dicho. Cuando ambos habían asentido, ella decidió continuar- Cuando sucedió lo del altercado…- dijo no siendo valiente lo suficiente para decirlo con todas las letras que realmente quería decir –Después de unos días de que Tanya saliera del Hospital, mis padres me dijeron que ella estaba embarazada. Quiero que sepas que yo sé una versión diferente de los hechos; yo en ese tiempo estuve divida; estaba deprimida, alterada, temerosa, pero sobre todo odiaba estar cerca de mis hermanas, principalmente de Irina- les dijo observando sus rostros inmutables por lo que acababa de decir y ambos entendieron a lo que se refería –Estuve así por unos cuantos meses; fui a terapias, mis padres me ayudaban en todo lo que podían llevándome con el médico. Todo estaba relativamente bien hasta unos días después de que nació Estefan- les dijo perdiéndose en sus recuerdos –No entendía porque tú no estabas ahí, empecé a pensar y pensar en los motivos que tenías para perderte el nacimiento de tu hijo, pero no encontraba explicación. Tu siempre fuiste bueno conmigo y atento, me preguntabas por la escuela y cómo iba con los novios- les dijo haciendo una mueca y observando que Edward tenía las manos unidas y la vista perdida en ese gesto –Pasaron varios meses y tú nunca apareciste, yo siempre esperaba el día en el que fueras a conocer a tu hijo. Que un día llegarías y verías que algo bueno y hermoso salió de todo lo horrible de aquella fatídica noche- le dijo sin darse cuenta que pequeñas lágrimas corrían por sus mejillas –Un día tome el valor de preguntarle a Tanya el porqué de tu ausencia, lo que ella me dijo nunca lo creí- dijo quedándose callada por unos instantes –"Él no quiso saber nada de nuestro hijo. No quiere tener hijos. Así que te voy a pedir que no lo vuelvas a mencionar ahora que lo sabes. Mi hijo no tiene padre"- dijo a sus acompañantes dejándoles en shock por lo que acababa de decir la pequeña rubia –Yo nunca le creí. Yo las pocas veces en las que intercambiamos algunas palabras en el pasado, me dejabas conocerte y créeme que la persona que Tanya les vendió a mis padres no eras tú. No sonabas como tú mismo. Tiempo después, cuando Estefan cumplió los 6 meses, Tanya e Irina desaparecieron de casa y se llevaron al bebé con ellas. No supimos nada de ellas hasta 1 año después; mis papás no quisieron poner una denuncia a la policía, querían darles una nueva oportunidad a sus hijas y redimirse del daño que ya habían causado. Equivocadamente creyeron en que ambas cambiarían para bien, pero fue todo lo contrario- les dijo finalizando su monologo y quedando agotada por la cantidad de emociones que recorrieron su pequeño cuerpo en el transcurso de la historia.

Todos los presentes se quedaron pensando y asimilando la historia que la chica acababa de contar. Edward estaba emocionado y temeroso por lo que la joven acababa de decir. Isabella no sabía si sentir dicha o miedo por las palabras de Kate, no sabía que tanto podría su esposo resistir otra noticia como esa.

Todos guardaron silencio, pues no sabían cómo proseguir a partir de ahí. Que es lo que tendría que hacer cada uno para poder cerrar –ahora si- por completo ese capítulo en sus vidas.

De algo estaba seguro Edward, y era de que quería recuperar a su hijo y darle el amor que les fue negado a ambos por la maldad de Tanya, por esa mujer que alguna vez aprecio.

Isabella se sentía llena de emociones distintas, pero dos predominaban entre las otras. Felicidad y temor. Felicidad por su esposo y que ahora podría estar cerca del hijo que le fue negado. Temor por lo que esta noticia pueda provocar en él y en la reacción de su –ahora- hijo.

Para Kate las emociones que la embargaban –al igual que a Isabella- eran demasiadas y confusas. Sentía felicidad, miedo, terror y alegría al mismo tiempo. Miedo y terror por lo que pudiera pasar de ahora en adelante. Felicidad y alegría por su sobrino y la familia que ahora tenía.

Todos en ese despacho estaban al pendiente de sus emociones, ajenos a lo que a unas cuantas calles de ese enorme rascacielos sucedía.

Nadie estaba realmente al pendiente de sus acciones, nadie sabía que la tormenta y el dolor se avecinaban a sus puertas.

Nadie realmente supo cuándo o cómo es que iba a jugar su siguiente movimiento. Pero de algo estaba segura, y era que nadie sería feliz.