Rurouni Kenshin y sus personajes son propiedad de Watsuki Nobuhiro y Shueisha.

Género: Romance.
Rating: T (+16)
Capítulo relacionado: no.
Advertencia: ninguna.
Palabras: 1821.

#12.- Uniforme

Se sentó frente a Misao, aunque ella no se lo había pedido, la yukata entreabierta, el rostro inexpresivo. Ella le miró, analizándole con sus centelleantes ojos verdes.

—¿Ocurre algo, Aoshi-sama?

—Misao.

Se estremeció al oír su nombre escapar de aquellos labios. Apenas podía recordar la última vez que lo había pronunciado.

—Tenemos que hablar.

—¿Uh? Claro.

¿Querría reclamar el título de Okashira? Si era así ella no se opondría y estaba segura de que Aoshi lo sabía. Quizás quería volver a marcharse, esperaba que no fuese eso, porque la destrozaría.

—Me has dado alojamiento y has curado mis heridas.

—Claro.

—No tenías que hacerlo.

—Pero usted es...

—Un enemigo —replicó Aoshi sin dejarla acabar—. Ataqué a Okina. Te desprecié. Amenacé a los miembros del Oniwaban-shū del Aoi-ya. Intenté asesinar a Himura.

Misao quedó en silencio con los ojos bien abiertos, no era que no lo supiese o se hubiese olvidado, pero no esperaba que se pronunciase sobre ello de aquel modo tan frío, como si estuviese leyendo en voz alta el libro de cuentas del restaurante.

—Aoshi-sama —llamó, él la miró a los ojos—. Usted perdió el rumbo, eso no le convierte en un enemigo.

—Un traidor entonces.

Ella hizo una mueca nada conforme, pero no iba a discutir.

—¿Qué es lo que quiere?

Aoshi la miró consciente de que no quería pronunciarse sobre ello y, que insistir no le llevaría a ningún sitio.

—No puedes dejarme campar a mis anchas, como si nada hubiese ocurrido.

—P-pero...

—Un líder debe saber ser estricto.

Un líder. Misao dudaba que ella lo llegase a ser nunca, al menos el tipo de líder que había sido Aoshi en el pasado.

Esperaba un castigo, ¿cómo podía castigarle? A ella esas cosas no se le daban bien, pero tenía claro que él no se daría por satisfecho con una semana sin postre.

—Su uniforme —musitó. Aoshi la interrogó con la mirada.

—Retirarme no me parece un castigo.

—No —replicó—. Su shinobi, no puede volver a usar el que tenía cuando ostentaba el cargo de Okashira.

Le estaba degradando, no había mayor vergüenza que esa. No estaba seguro de si Misao era consciente de ello, o si por el contrario lo había considerado un castigo inocente. Como fuere no merecía un castigo menor a ese.

—No volverá a usarlo, nunca.

—Está bien.

—Y trabajará en el restaurante.

No dio muestra alguna de sentirse incómodo con ello, Misao sabía cuánto odiaba estar rodeado de gente, por eso lo había dicho esperando arrancarle, aunque fuese una leve mueca. Pero su rostro no varió ni un ápice.

—Puede llevar las cuentas —pronunció sintiendo que había fallado nuevamente en su labor de hacerle expresar algo—, no hace falta que sirva mesas.

—De acuerdo.

Aoshi la miró, parecía decepcionada con su respuesta, se preguntó qué había esperado que le dijese, si tal vez habría preferido que se negase para haberle podido expulsar.

—¿Qué ocurre? —le preguntó.

—Es sólo que...

—¿Prefieres que me marche? Si es así dilo y lo haré, no tienes que ser condescendiente conmigo.

Pareció dolida, como si sus palabras acabasen de hacer añicos algo dentro de ella.

—Es... —siseó, parecía estar a punto de llorar, no obstante, se puso en pie de un salto con los puños fuertemente cerrados—. ¡Es un idiota, Aoshi-sama!

El chillido de Misao resonó por todo el Aoi-ya, aunque el único que la escuchó marchar fue Aoshi que se quedó allí petrificado. La palabra "idiota" parecía resonar por la habitación burlándose de él. Cuando el resto de los miembros del Oniwaban-shū del Aoi-ya se asomaron por allí curiosos, encontraron a su antiguo líder solo e inmóvil.

—Idiota.

Aoshi giró el rostro, Okina rodeado del resto le había hablado desde la puerta, su cara convertida en una mueca burlona le enervaba.

—Eres idiota, Aoshi. Supongo que le has dicho que puede echarte si quiere. Tienes que saber que:

»Si Misao no quisiera que estuvieses aquí habría insistido para que Himura te matase, y de no haberle convencido, habría contratado a los mejores para hacerlo.

»Si Misao no quisiera que estuvieses aquí no habrías puesto ni un pie en esta casa.

»Si Misao no quisiera que estuvieses aquí no se habría molestado en curarte.

»Si Misao no quisiera que estuvieses aquí, no te habría estado llevando té y pastitas ni comida al templo. Y por supuesto no habría perdido su tiempo intentado hacerte reír.

»Si Misao no quisiera que estuvieses aquí podría dormir de un tirón, sin temer que desaparezcas de nuevo si cierra los ojos. Tampoco se habría pasado horas llorando por ti.

»Si Misao no quisiera que estuvieses aquí nadie se habría molestado en alimentarte ni en lavar tu ropa.

»Así que eres un idiota.

º º º

Aoshi prendió un pequeño fuego en el patio junto al cerezo, Misao estaba en la planta de arriba mirándole, lo sabía, aunque no hiciese ruido alguno. Desde que le llamara idiota que no había vuelto a acercársele, de eso ya hacía quince días.

El ninja regresó hacia el porche para tomar la caja de madera en la que había guardado su maltrecho uniforme nada más regresar al Aoi-ya, había dejado de merecerlo, más allá de la orden de Misao, ya no era digno de llevarlo. Regresó sobre sus pasos.

La oyó saltar por encima de la barandilla cuando se acercó al fuego con aquel shinobi que, había formado parte de su existencia desde los quince años.

—¿Qué está haciendo? —preguntó como si le horrorizase que aquel pedazo de tela pudiese arder.

Aoshi la miró con el uniforme entre las manos.

—Cumplir con tu petición.

Lo dejó caer sobre las llamas, Misao se movió intentando atraparlo, sin embargo, Aoshi la agarró por las muñecas impidiendo que lo evitase, forcejeó brevemente y se detuvo.

—¿Por qué?

La pregunta le enterneció por su tono de sincero desconcierto y la leve nota de dolor que destilaba.

—Ya no soy el Okashira, ese uniforme ya no me pertenece.

—Pero ¿por qué quemarlo?

Era una buena pregunta. Aoshi había pensado mucho en ello. Al principio había querido conservarlo para recordar a dónde no quería volver, un recordatorio textil de su estupidez; pero tras mucho meditar entendió que Okina y Misao tenían razón, era un idiota, no había sido capaz de entender algo tan simple como la preocupación de Misao retorciéndolo hasta el punto de creer que buscaba echarle.

No. Él no merecía un shinobi de Okashira, tampoco uno de alto rango. Tenía que volver a empezar, desde el principio.

—Sólo es un pedazo de tela. Ya no soy aquel Aoshi.

—Lo entiendo —musitó.

Aoshi se preguntó si realmente lo entendía, porque no estaba seguro ni de entenderlo él mismo.

—He encargado un nuevo uniforme, espero que no te importe.

—No... claro —musitó consternada mientras las llamas convertían la tela en cenizas.

—Sólo es tela —repitió, sin saber si realmente lo decía para consolarla a ella, o si se consolaba a sí mismo.

—Sí.

º º º

Misao seguía distante con él, había dejado de evitarle, pero apenas le hablaba, le hacía sentir molesto, aunque era consciente de que aquella situación la había provocado él mismo.

Había llegado el momento, había recibido su uniforme nuevo y quería que Misao lo aprobase. Se lo había puesto saltándose un protocolo que sabía que ella desconocía, porque tener que desnudarse frente a ella le habría resultado demasiado violento.

Estaba barriendo los pétalos del cerezo del patio, con aire ausente canturreando algo poco apropiado para una señorita, pero Misao no era una señorita en el sentido estricto de la palabra.

—Misao.

Se tensó un instante antes de girarse, clavó sus ojos verdes en los suyos y le observó, él no se movió. Su mirada resbaló desde sus ojos para recorrer su ropa desde los hombros hasta sus pies. Era incómodo para él, porque aquellos ojos parecían poder ver a través de la tela, más allá de su piel y músculos, parecían capaces de ver su alma sin esfuerzo alguno.

Era un uniforme de principiante, Misao se frotó los ojos como si estos estuvieran engañándola, pero no lo hacían. La única diferencia de aquel uniforme con el de un principiante común era el color, de un tono gris que a cualquiera que no tuviese la vista bien entrenada le parecería negro.

—¿Uh?

—¿Está bien?

La pregunta de Aoshi la obligó a mirarle a los ojos de nuevo.

—Ese uniforme... Aoshi-sama...

La entendía, era extraño, a él también se le hacía raro ir así vestido, con un uniforme de rango muy inferior al de cualquier otro miembro del Oniwaban-shū del Aoi-ya.

—Quiero hacerlo bien, Okashira.

Misao parpadeó, aquella era la primera vez en que Aoshi se refería a ella como "Okashira". No sabía cómo reaccionar a eso, ni qué hacer. Pero él si sabía qué hacer y cómo hacerlo. Ya lo había hecho antes con otro Makimachi, tiempo atrás, en un tiempo en el que todo era fácil y él era más feliz.

Tomándola por sorpresa se arrodilló en el suelo terroso salpicado de pétalos de cerezo del patio, sin importarle si alguien más podía verle hacerlo, las manos en el suelo, la cabeza gacha, en pose de total sumisión.

—Le juro lealtad, Okashira.

—No haga eso —suplicó con el eco de la escoba cayendo al suelo acompañando sus palabras.

—Mi vida le pertenece —continuó, ignorando su súplica, porque él quería volver a empezar y aquel era el modo correcto de hacerlo—, desde el día de hoy, hasta el día de mi muerte. Estoy a su servicio, si es que me acepta como un nuevo miembro del Oniwaban-shū, Okashira.

Misao no contestó, Aoshi alzó la vista, estaba llorando en silencio, tapándose la cara con las manos, temblando.

—Misao —la llamó, sin embargo, ella no le miró—. Okashira.

—No lo haga.

Se incorporó. A la mierda el protocolo. La abrazó ella se removió, tratando de soltarse primero, rindiéndose y devolviéndole el abrazo después.

—Es un idiota Aoshi-sama —susurró con la voz amortiguada contra él.

—Mi vida es tuya, puedes hacer con ella lo que gustes.

Los deditos de Misao se clavaron en su espalda, ignoró la punzada de dolor que le provocaron sus uñas.

—Lo único que quiero es que no vuelva a marcharse ¿es que no lo entiende?

No, Aoshi no lo entendía, porque él nunca podría haber sido un líder como la que era ella, no era piadoso, tampoco comprensivo y aún menos flexible. Sin embargo, quería aprender a ser un poco más como ella y restituir su honor como ninja.

—¿Entonces me aceptas de vuelta?

Esperó un nuevo "idiota", pero no llegó.

—Bienvenido al Oniwaban-shū, Aoshi-sama.

—No debes llamarme así, no es apropiado.

Misao alzó el rostro, las mejillas húmedas y rojas, los ojos brillantes.

—Ahora las normas las pongo yo y puedo llamarle Aoshi-sama.

Eso era cierto, pero a Aoshi, siendo de la vieja escuela, aquello seguía pareciéndole altamente inapropiado; pero, por supuesto, un subalterno no podía cuestionar al Okashira.

Fin

Notas de la autora:

¡Hola! Poco que decir, una teoría sobre el cambio drástico de uniforme de Aoshi, no sé si alguien ya había escrito sobre esto, pero esta es mi versión. Podría haber estirado un poco más la historia, porque daba para más, pero de momento se queda así. Espero que os haya gustado y, recordad que podéis dejar vuestras sugerencias sobre qué os gustaría que escribiera.
Nos leemos pronto.

º º º

Missao: ¡Hola! Pronto subiré "marzo", pero aún tendrás que esperar un poquito más. Un saludo.
Okashira Janet:
¡Hola! Jajaja algo tendrá que divertirle en esta vida a parte de meditar y sorber té como una anciana, además seguro que algo de Misao se le acaba pegando con tanto roce. La verdad es que da para algo más largo, quién sabe, tal vez algún día escriba sobre ello. Un beso.
Kunoichi Karla: ¡Hola! Qué bueno haberte alegrado el día. Gracias por seguir ahí, un besazo.