Hola chicas! Lamento no haber podido actualizar el jueves, día oficial del pecado como ha establecido una amiga mía debido a que es el día de actualización de esta historia :) Jajaja Bueno, como siempre, espero que os guste una vez más el capítulo, sé que no doy mi cien por cien pero me gusta que y cómo lo hago. Besos!
Scorpius apenas si podía concentrarse en DCAO, el bulto que asomaba en sus pantalones le estaba poniendo en un apuro. Además de que las miradas que le dirigía Albus Potter, uno de los compañeros con los que compartía clase, no le daban la seguridad necesaria como para mostrarse confiado en sí mismo sino que le hacían sospechar que su situación era más que evidente.
Si el chico Potter supiera el verdadero motivo de su actual problema, Scorpius estaba seguro de que se mostraría más cohibido.
Y el motivo no era otro que la prima pelirroja – cuyo nombre coincidía con el símbolo floral de Inglaterra- del chico que había heredado los ojos de Lily Potter.
A pesar de que había pasado gran parte del fin de semana con Rose, el breve encuentro que habían mantenido durante el cambio de clase había sido más que suficiente para que ahora él estuviera en esta incómoda situación.
Scorpius no veía la hora de que la clase por fin terminara. Iría en busca de Rose para devolverle con creces la faena que le había armado.
Scorpius no pudo evitar sonreír ante su propio pensamiento. Nunca lo diría en alto, pero le encantaba el método utilizado por la chica para dejarle a él viviendo entre las mismísimas llamas del infierno.
Evocar las llamas del infierno sólo sirvió para que Scorpius se acordara del cabello de la chica iluminado por la luz del sol cuando amanecieron juntos la mañana del domingo.
No hacía ni 24 horas que habían quedado considerablemente saciados – y agotados- pero Scorpius no podía evitar pasar tanto tiempo sin acariciar la suave piel de la chica, que le volvía loco.
La campana sonó; Scorpius recogió a toda prisa sus útiles, cubriéndose como pudo con su maletín salió del aula en dirección al Bosque Prohibido.
Rose habría acabado su clase de Cuidado de Criaturas Mágicas, pero siempre se quedaba a ayudar al semigigante, lo que indirectamente le daba puntos extra aunque ella fuera totalmente ajena a ese hecho.
Mientras bajaba por los terrenos, se cruzó con varios alumnos que lo miraron un tanto extraño pero él iba cegado intentando encontrar a la chica pelirroja.
Cuando Scorpius dejó a todo el tumulto de hambrientos alumnos atrás, pudo ver a Rose recogiendo los que parecían ciruelas espachurradas contra el suelo.
Scorpius dejó sus enseres al lado de los de la chica, acercándose lentamente hacia ella, aprovechó la posición de la chica para aproximarse a ella besándole la nuca.
Rose se estremeció ante el contacto del cuerpo del chico. No contaba con él en ese momento pero no podía negar que le agradaba en demasía que Scorpius hubiera ido a buscarla.
-¿Qué tal te ha ido la clase?- Rose se incorporó apoyándose en el pecho del chico; Scorpius agarró a la chica por las caderas, acercándola a él. Rose pudo sentir la entrepierna del chico en su espalda. Se sonrojó. – Veo que me has echado de menos. Te estás haciendo adicto a mí.
-Si tú no buscaras por los pasillos, quizás no tendría ahora este problema.
-¿Problema? ¿Quién ha dicho que sea un problema?
Rose se giró quedando pecho contra pecho con Scorpius, la erección de este contra su estómago, lo que provocó que sintiera un ligero pinchazo en sus partes más íntimas.
-El hecho de que tu primo me haya visto de esta guisa. Y el hecho de que nos puede ver cualquiera aquí, tal y como estamos.
Scorpius abrazó más fuerte a Rose, quien colocó una de sus manos en el cuello del rubio. La chica no pudo evitar besar los rosados labios del chico, que le resultaron altamente apetecibles.
-En el bosque no nos puede ver nadie, Scorpius. Absolutamente nadie.
Scorpius sólo sonrió en respuesta mientras era arrastrado por la chica gracias a su corbata. La fricción de la que era su parte más sensible en ese momento contra Rose no producía más que desasosiego en su interior. Además de unas ganas terribles de repetir –aunque mínimamente- lo que habían hecho en la ala de los Menesteres.
Su encuentro había sido bastante intenso, no sólo por lo que disfrutaron posteriormente sino por todo lo que se habían dicho. Y que todavía no habían aclarado.
Rose chocó contra un árbol, quedando su espalda contra el tronco y su cuerpo contra el atlético cuerpo de Scorpius. Rose quedó intimidada por la intensidad de la mirada del chico.
Todo pensamiento cuerdo que Scorpius podría haber mantenido en su mente hasta entonces, se disipó cuando vio a la chica morderse el labio inferior.
Pegó su cuerpo contra ella, besándola efusivamente siendo él quien la mordiera, haciendo que una pequeña herida sangrara levemente.
Una de sus manos se coló por debajo de la camisa blanca de Rose – que estaba fuera del borde de la falda después de la clase con Hagrid- acariciando su vientre pasando por su cadera.
Rose no pudo impedir arquearse contra el chico, que estaba mucho más duro que al comienzo de su encuentro.
-¿Antes de comer? ¿Enserio te apetece?
-Contigo antes, durante y después si hace falta, Rose.
Scorpius atacó el cuello de la chica, para ir bajando por toda la piel que dejaba visible la camisa reglamentaria.
Rose no pudo haberse calentado más con las palabras del chico; evitando pensar lo que Scorpius pensaría después, comenzó a rozar sus piernas contra las suyas.
Scorpius, ni corto ni perezoso, tomó ambas piernas de Rose con sus manos, entrelazándolas en su cadera. Rose se sintió a merced del chico aunque lo que estaba haciendo era tan excitante que no podía pensar con claridad.
Rose vio como Scorpius intentaba hacer maniobras para desabrocharse el pantalón con una mano mientras que con la otra la agarraba a ella. Para ayudarle, decidió recostarse más en el tronco.
Scorpius sólo pudo mirarla en agradecimiento. No podía llegar a comprender como se entendían también si apenas hacía dos meses eran totalmente extraños.
Quedó totalmente libre, disponiéndose para hacer disfrutar a la chica – una vez más- acarició suavemente el borde de la ropa interior de la chica, retirando parte de ella para poder internarse.
Rose creyó ver las estrellas en cuanto sintió dentro al chico, al igual que le ocurrió a él. Sus cuerpos estaban unidos, pegados el uno al otro como nunca lo habían estado.
Rose gimió cuando Scorpius comenzó un lento vaivén entrando y saliendo de ella, aunque no completamente. Rose apoyó su cabeza contra el tronco quedando sus pechos a la altura de los ojos de Scorpius, quien no dudó en besarlos aún así fuera por encima de la tela.
Scorpius evitaba que los movimientos fueran demasiado bruscos, ya que no quería que la chica se hiciera alguna herida contra la madera pero cuando ella comenzó a moverse también, acelerando el ritmo, el poco control que tenía se esfumó completamente.
Tomó a Rose por su trasero, empujándola contra su miembro. Scorpius se sintió en las nubes cuando Rose cruzó sus brazo en su cuello, haciendo aún más profunda la penetración.
Si el fin de semana había sido intenso para los dos, esto no se le podía comparar. Rose sintió su centro estremecerse haciendo que Scorpius fluyera en su interior. Con un agudo grito, Rose llegó al clímax.
Scorpius apoyó su frente en la de Rose, zafiro y mercurio encontrándose. Scorpius besó a Rose de manera intensa, sin duda alguna nunca podría volver a vivir esto con otra chica.
-Creo que no podré contigo después de comer.
Rose no pudo evitar sonreírle, besándole tiernamente. Scorpius la depositó suavemente en el suelo después de estabilizar sus respiraciones. A la pelirroja le fallaron las piernas, producto de la adrenalina corriendo por sus venas.
Se volvieron a sonreír; antes de salir del bosque, comprobaron que no había nadie en los alrededores. Cuando estuvieron completamente seguros, recogieron sus cosas poniéndose en marcha para ir al Gran Comedor.
Durante el camino, los primeros copos de nieve se posaban en los desordenados rizos de la chica aunque Scorpius se afanaba en quitarlos una y otra vez.
Se despidieron en uno de los pasillos, tendrían que separarse para no entrar juntos y causar alguna sospecha.
Cuando Rose se sentó, creyó morir; su falda estaba manchada de la esencia de Scorpius, con un rápido fregoteo, limpio toda prueba que pudiera quedar.
Un comentario de uno de sus compañeros de casa la puso aún más en alerta.
-Tiene cara de acabar de correrse. Joder, con la Weasley.
Rose enrojeció. Su mirada se dirigió hacia la mesa de las serpientes desde donde Scorpius comía sonriente lanzándole miradas de tanto en tanto. Su preocupación se esfumó y comenzó a jugar con el chico, eso sí, cuidando que nadie les pillara.
