Disclaimer: Todo lo que reconozcan como propiedad de Stephenie Meyer, lo es. La trama es en mayoría mía, la otra parte es basada en una película algo retorcida que les tendré que ocultar hasta nuevo aviso para no arruinar el misterio de la historia.


Capítulo 11

Venía todas las noches. Mi nueva cama, en mi nueva habitación, se hundía bajo su peso e inmediatamente sentía sus brazos rodearme. Era reconfortante. Ha pasado un mes desde que ellos murieron, y desde ese día en que exploté, no puedo dormir al menos que Él esté aquí.

Lo necesito.

Sé que estoy adquiriendo una costumbre nada saludable, pero Él es el único que me hace sentir completamente bien. La abuela lo intenta, e intento con ella, pero no me siento completa si Él no está.

El día me deprime, me enferma. Literalmente me enferma. Todo se calma en cuanto llega la noche, cuando Él se desliza a mi nueva habitación por la ventana. Sus brazos a mi alrededor, su olor a manzanilla, sus gentiles caricias y sus delicados besos me dan la cura para todos mis males.

Lo amo.

Me gustaría que mamá y papá pudieran ver cuán equivocados estaban al intentar alejarme de él. Aunque confieso que estaría dispuesta a sacarlo de mi vida, si eso significa que ellos volverán. Por mucho que eso me doliera.

Son casi las ocho de la mañana cuando me despierto. Él aún está aquí, rodeándome con sus brazos, sus manos descansan en mi estómago y el sonido de su constante respiración es fuerte en mis oídos.

Me quedo mirando sus manos, ahora que hay suficiente claridad puedo ver que sus uñas están sucias, muy sucias. Parece tierra. Frunzo el ceño. Quiero limpiarlas por él, pero la lima de uñas que la abuela me dio está al otro lado de la habitación, y la anemia que estoy sufriendo luego de que ellos murieran hace que me mareé si no tengo cuidado al levantarme.

Me convenzo de dejar sus uñas en paz, pero no puedo dejar de mirarlas. Están muy sucias, sus uñas nunca están sucias. Suspiro y salgo de sus brazos con mucho cuidado. Cuando logro sentarme, la anemia me ataca con fuerza y cierro los ojos hasta que el mareo se vaya.

- Mareada otra vez – dice con voz ronca, haciéndome saltar tres metros en el aire.

Me giro hacia él – ¿Te desperté?

- No, princesa – se sienta y toma mis manos, me estremezco pensando en sus uñas – Estaba viéndote dormir.

Sonrío tímidamente y me acerco lo suficiente para besarlo. Él suspira aliviado y me abraza fuerte, tirándome contra él antes de acostarse otra vez, llevándome con él. El repentino cambio de posición me provoca un fuerte mareo y tengo que dejar de besarlo para evitar vomitar sobre él.

- Princesa, tienes que comer. Tu anemia está empeorando – dijo cuando escondí mi rostro en su cuello. Puso una mano en mi espalda y empezó a frotar – Ha pasado un mes. Es hora de que vayas reivindicando tu vida, no puedes echarte a perder.

- No me estoy echando a perder, simplemente no tengo hambre – dije enfurruñada, él siempre estaba apurándome a que superara lo que les sucedió a ellos. Sabía que no le gustaba verme tan deprimida, pero no es como si voy a olvidarlos y seguir siendo horriblemente feliz. Ellos eran mi familia, mis pilares. No los puedo olvidar.

Paró de frotar mi espalda y apretó sus brazos a mi alrededor como si yo estuviera tratando de salir de ellos – ¿Qué pasará si te enfermas? Sabes que no podré vivir si algo te sucede, ¿cierto?

Cerré los ojos y lo apreté tan fuerte como él me apretaba, pero no duró mucho porque hubo un pequeño golpe en la puerta antes de que se abriera.

- ¿Señorita Bella? – era la voz de Renata.

Mi corazón se detuvo. Intenté apartarme, pero él no me soltó, solo suspiró como si estuviera cansado. Renata no hacía ningún ruido, pero sabía que seguía en la puerta. Seguí intentando apartarme, desesperada por detener a Renata de lo que sea que esté pensando hacer. Si ella le decía a la abuela, y también intentaba alejarme de él, no podría soportarlo.

Cuando logré girarme, a pesar de los mareos, pude ver a Renata de pie inmóvil en la puerta. Llevaba una bandeja con mi desayuno en las manos, y su rostro estaba pálido como la cal mientras miraba fijamente hacia nosotros. Más bien, mientras lo miraba a Él.

- Supongo que debo irme – dijo Él. Puso un beso en mi cabello y se levantó de la cama antes de caminar hacia la puerta. Se detuvo cuando llegó hasta donde Renata y la miró hasta que ella se movió de su camino.

Luego de que él estuviera fuera la habitación, Renata me miró. No supe definir bien su mirada. Era una mezcla de tristeza, enojo y miedo. Caminó hacia donde estaba y puso la bandeja de desayuno sobre la cama sin despegar los ojos de mí.

No sabía qué decir. Estaba aterrada - Renata… yo…

Ella despegó la mirada de mí para mirar al suelo – Debe comer su desayuno. Su abuela está preocupada por su alimentación.

Me apresuré hacia ella para tomar su mano – Renata, por favor. No le digas a la abuela. No se lo digas.

Su mirada seguía en el suelo – Vendré en treinta minutos para recoger la bandeja.

- Renata…

Se dio la vuelta y caminó hacia la puerta, pero antes de salir, giró la cabeza para mirarme fijamente – Con permiso – dijo y miró hacia el suelo otra vez. Hacia el mismo lugar que estaba mirando antes. Frente a mi cama.

No se fue de inmediato, sino que me miró y miró al suelo una vez más. Fruncí el ceño confundida y me incliné para mirar al suelo frente a mi cama.

Unos zapatos negros llenos de barro era lo que miraba.

Los zapatos de Él.

Levanté la cabeza para mirar a Renata. Ella ladeó ligeramente la cabeza y levantó las cejas, antes de salir y cerrar la puerta detrás de ella, dejándome no con una, sino dos preguntas en mente.

¿Dónde demonios estaba Él, que involucró tanto barro?

Y la más importante: Después de escabullirse por mi ventana durante un mes ¿Cómo era posible que se fuera tan tranquilamente por la puerta? ¿Sin zapatos?

Estaba sentada en el sofá mirando mis manos retorciéndose en mi regazo. Edward estaba acuclillado frente a mí, sus manos apoyadas a cada lado de mi cuerpo, encerrándome en el sofá.

Él no estaba aquí. Era solo Emmett que se había quedado dormido, como nosotros, en mi cama.

- Bella… - Edward seguía intentando hacerme hablar, tan obstinadamente, como yo he intentado evadirlo diciéndole que estaba bromeando con él. No está cayendo en eso. Dijo que la forma en que le pedí que me sacara de la habitación no era una broma – No voy a decir nada a Emmett si no quieres. Solo déjame ayudarte.

- No necesito ayuda.

- Antes creía que no la necesitabas, solo pensaba que eran repercusiones de la muerte de tus padres, pero lo que pasó hace un rato no tiene nada que ver con eso – puso una mano sobre mi rodilla antes de apretarla gentilmente - Lo que ha estado pasando todo este tiempo no tiene nada ver con eso.

Lo miré con furia - ¿Estás diciendo que tengo problemas?

En sus ojos no había lástima, sino algo de tristeza y dolor – Tienes pesadillas cada noche, te asusta tener alguien al lado cuando duermes, te hiciste daño intencionalmente con el refrigerador y ahora intentaste huir porque pensaste que él estaba aquí.

- No necesito un intento de psicólogo amateur.

Edward se acercó un poco más a mí, tomando mi rostro en sus manos – ¿De quién estás asustada, Bella? – cerré los ojos y negué con la cabeza – ¿Alguien… alguien te lastimó?

Abrí los ojos y lo miré, estaba esforzándome realmente duro para no llorar – Era una broma, Edward. Solo fue una pesadilla.

- Está bien - suspiró pesadamente y se levantó del suelo para sentarse a mi lado en el sofá – Lo siento, no quiero presionarte. Solo estoy preocupado.

Levanté la cabeza para mirarlo y no pude enojarme con él como desearía. No sé cuándo Edward se había convertido en alguien tan importante para mí, pero lo era. Tal vez estaba dándole la razón a Rose ahora, porque él era todo lo que necesitaba para estar relajada. Una necesidad que no me estaba empezando a gustar.

También lo necesitabas a Él, y mira lo que pasó.

Lo sé.

Sabía que estaba Edward preocupado, y por más que quisiera negarlo, quería sacar de él esa preocupación. Desearía poder decirle lo que había pasado, así él podría ayudarme como prometía. Porque él tenía la razón, tenía problemas, pero no voy a decirle. Jamás.

- ¿Chicos? – la voz ronca de Emmett llegó desde mi habitación. Aun sabiendo que era él, tuve una punzada de pánico en el estómago y apreté mis manos en mi regazo.

- Estamos aquí – medio gritó Edward mirando mis manos. Las pisadas de Emmett se escucharon mientras caminaba hacia la puerta y el pánico estaba creciendo. Inhalé temblorosamente, esperando a que sea Emmett quien apareciera en la sala de estar.

Edward puso sus manos sobre las mías. No quería mirarlo, vería la verdad en mis ojos, pero una de sus manos levantó mi cabeza agarrándome por la barbilla – Tranquila. Es sólo Emmett – susurró mirándome a los ojos.

Él sabía que le había mentido, y estaba respetando mi decisión de guardar silencio. Después de todo, yo no era una persona de bromas.

- ¿Qué están haciendo? – preguntó Emmett bruscamente, haciéndonos sobresaltar a los dos.

Estaba de pie frente a nosotros. Su ceño estaba fruncido, sus labios inclinados hacia abajo y tenía marcas de almohada en su mejilla izquierda. El alivio me llenó los ojos de lágrimas.

- He preguntado qué demonios está pasando con ustedes – dijo Emmett, su tono seco y exigente me sorprendió.

Edward se levantó del sofá y se estiró – Bella tuvo una pesadilla – dijo casualmente y caminó hacia la cocina a paso flojo – Tranquilízate, hombre, no estoy aprovechándome de tu hermanita.

Emmett miró mis húmedos ojos y su furiosa expresión cambió a una de preocupación – ¿Estás bien? – dijo sentándose a mi lado.

Asentí y me recosté en su hombro – Ya ha pasado.

Lo primero que hice al llegar al instituto fue buscar a Rose. Había estado llamándola a su celular todo el fin de semana, pero ella no contestaba mis llamadas. Emmett había estado insistiendo en que deberíamos ir a su casa para saber si estaba bien, pero Edward paró en seco sus planes diciendo que acercarnos a esa casa otra vez era buscar problemas. Mi aprobación estaba mitad en uno, y mitad en otro.

No pude encontrar a Rose durante los primeros tres periodos, así que cuando entré en biología y la vi sentada en su habitual asiento con la cabeza baja, me apresuré hacia ella.

- ¿Rose? – pregunté después de haberme sentado en mi silla y volteado hacia ella. Ni Jacob ni Irina habían llegado todavía.

Ella levantó la cabeza – Bella – dijo con ese tono de voz seco que nos caracterizaba a las dos y bajó la mirada por mi cuerpo, posiblemente buscando heridas - ¿Estás bien?

Asentí enseñándole mis manos, ya se estaban curando – ¿Tú estás bien?

Ella asintió también, y entonces nos quedamos en silencio. Yo jugando con un hilo suelto de mi camiseta, y ella haciendo perezosos círculos con su dedo sobre la cubierta de su libreta. Tenía el repentino impulso de abrazarla, había estado muy preocupada por ella, pero si no tenía agallas de preguntar su situación con su padre, mucho menos me atrevería a hacer algo como abrazarla en público. Aquella vez que nos abrazamos cuando nos sinceramos la una con la otra fue un momento especial, algo que necesitábamos para reconfortarnos. No estaba segura de si eso es lo que ella quiere ahora.

- Ustedes son realmente extrañas, ¿saben? – dijo Irina sentándose junto a Rose – ¿Qué se supone que hacen tan juntas todo el tiempo, si ni siquiera hablan? ¿Tienen un trastorno del habla o algo parecido? – arrugó la nariz – Bichos raros. Busquen ayuda, el consejero de la escuela es gratis.

Levanté la cabeza para poner todo el peso de mi "mirada de muerte" (como los chicos en el instituto nombraron a las miradas de Rose y mías) sobre ella. Nunca tenía humor para lidiar con Irina, por eso no les prestaba atención a sus comentarios, pero esta vez no quería que molestara a Rose.

- En nuestro silencio, hay mucha más sinceridad de la que podrás encontrar en cualquier conversación que tengas, lo cual es mucho más triste de lo que te puedas imaginar - dije en voz baja y seca – Y la próxima vez que te dirijas a nosotras con un comentario mordaz o malintencionado, me veré en la penosa necesidad de arruinar el costoso trabajo que el cirujano plástico hizo en tu nariz – ella hizo una cara de haber succionado un limón y abrió la boca para hablar. Levanté mi mano para detenerla - No pienses que estoy amenazándote. Solo estoy haciéndote saber lo que sucederá, si en caso tal, vuelves a intentar hablarnos a Rose y a mí con algo que no sea respeto – ladeé la cabeza y levanté una de las esquinas de mi boca. Estoy segura que parecía una asesina en serie - ¿Queda claro?

Irina me miró boquiabierta, puede que esta sea la primera vez desde que me conoció, que escuchaba mi voz. No me respondió, solo siguió mirándome hasta que me giré cuando el Sr. Banner empezó la clase.

No fue hasta que estuve sentada en la mesa de siempre en la cafetería a la hora del almuerzo, que me di cuenta que Jacob no había ido a clases ese día. Estaba tan absorta que no noté que no tenía compañero de laboratorio en biología. Al parecer, ayer por la tarde Jacob se rompió una pierna mientras trepaba el árbol frente a la casa de Angela, tratando de bajar la pelota de fútbol con la que él y Embry jugaban. Está en el hospital.

Angela, Ben y Embry iban a ir al hospital después del instituto. Abrí la boca para decir que iría también, pero Rose dijo que no podía ir. Inmediatamente le pregunté por qué.

- Estoy… castigada. El único lugar al que puedo ir es el instituto – dijo desmenuzando el pan de su emparedado intacto.

No le dije ni pregunté nada para no entrar en ese tema aquí en la mesa. Le dije a los chicos que esperaría a que Rose pudiera ir para que fuéramos juntas y nos fuimos a tomar el resto de nuestras clases.

- ¿Sabes si a Rose le sucede algo? – preguntó Angela mientras ella caminaba hacia historia y yo a geografía. Los salones estaban uno al lado del otro.

La miré, fingiendo confusión - ¿Por qué?

- Ha estado bastante rara, ¿no lo crees? – dijo mirando sus pies mientras caminaba – Ha estado así desde antes de acción de gracias. Estoy preocupada.

Suspiré y negué con la cabeza. No me sentía bien excluyéndola de las cosas entre Rose y yo, pero no puedo decirle lo que ocurre – No lo sé.

Angela levantó la mirada de sus zapatos para mirarme fijamente. Ella no me creía – Espero que no esté pasando nada grave – dijo hablando lentamente.

Desvié la mirada y me apresuré a entrar en el salón de clases. Ser deshonesta con Angela, que era tan buena conmigo y con Rose, agregaba un asunto más del que sentirme culpable.

Al terminar las clases, me encontré con Rose en el pasillo cuando pasó por mi casillero, así que ella esperó a que guardara algunos libros que no necesitaría y después caminamos a la salida – Oye, Rose… ¿cómo estuvo todo con tu padre después de que Emmett y yo nos fuéramos? – pregunté finalmente – Emmett estaba muy preocupado.

Se mantuvo en silencio hasta que llegamos al estacionamiento. Pasó una mano por su frente varias veces antes de responder – Tengo que agradecerle a Emmett por defen...

Antes de que terminara de hablar, capté una sombra por el rabillo de mi ojo. Entonces, unos musculosos brazos envolvieran a Rose en un abrazo y la levantaran del suelo. Me gire sorprendida, pero casi me da un infarto cuando Rose abrió la boca formando una perfecta "O".

Justo antes de empezar a gritar.


Hola! q tal?

Espero que les haya gustado el cap.

Pásense por mi otra historia, se llama A mis dulce, inocente e inexpertos diecisiete.

Un beso para ustedes, espero sus opiniones.

Nos leemos en el próximo cap.

Bye!