N.A.: ¿Qué puedo decir? Lo siento tantísimo. Simplemente tuve el mayor bloqueo de la historia, no se me ocurría absolutamente nada para enfocarlo. (Luego seguramente me odiaréis, ya veréis por qué.) Pero después de haber leído la mitad de los libros de True Blood y la trilogía entera de 50 sombras (¿nadie más se ha enamorado de Christian Grey?) anteayer me vino la inspiración, así que me puse a escribir como una loca. Así que aquí está, disfrutad.

Capítulo 12

Punto de vista de Elena:

Toda decisión tiene consecuencias. Hasta aquélla que en apariencia es insignificante puede repercutir para siempre en nuestras vidas.

Cuando besé por motu propio a Damon Salvatore, sabía que era una decisión que a largo plazo iba a lamentar, pero no pude evitarlo. Estar con él era tan natural, me sentía tan a gusto... Como si estuviera predestinado a que sucediera. Sus palabras, sus intentos de flirteo, la manera en que sus ojos se clavaban en los míos, esa cosa que hace con los ojos, su sonrisa torcida. Todo en él ejercía una fuerza en mí que me atraía inexorablemente hacia él, como dos imanes que, cuando los colocas en la posición adecuada, se unirán irremediablemente.

Cuando estaba besando a Damon no pensaba, actuaba por mero instinto. Y mi instinto me decía que a la mierda todo. Que debía disfrutar del momento, alejarme de toda la basura que había en mi vida y olvidarme del mundo aunque solamente fuera por cinco minutos. ¡Pero qué cinco minutos! Nunca me había sentido así con nadie. Ni Matt, ni ninguno de los chicos con los que he salido en toda me vida me había provocado las sensaciones que los labios de Damon me provocaban. El deseo abrasador, el impulso de tocar cada centímetro de su glorioso cuerpo, las ganas de ir más allá... Nunca me había sucedido.

Y yo sabía que él se sentía igual. Sus manos vagaban por todo mi cuerpo, por cada curva, cada pulgada de piel. Todo se reducía a él y a sus frías manos que me volvían loca, al igual que sus labios, que tan pronto besaban los míos como viajaban por mi cuello, mi mandíbula, los lóbulos de mis orejas; succionando y mordiendo suavemente mientras exploraba todos mis puntos sensibles y haciéndome gemir quedamente cada vez que los tocaba.

Mis manos, que por fin estaban liberadas de la férrea sujección de las de Damon, viajaban por su pecho hasta el dobladillo de su camiseta para subírsela. Él me ayudó con un grácil movimiento de hombros y al segundo, su musculoso pecho estaba al alcance de mi vista (y de mis manos) otra vez. Comencé a pasar las manos por su pecho desnudo, y plantando pequeños besitos a lo largo de su cuello, la clavícula, el pecho, los pezones; con lo que me gané un leve gruñido por su parte.

"Ah, ah. Nada de provocarme, señorita Gilbert." Dijo él con voz ronca mientras vovía a atraparme las muñecas con una mano y con la otra agarraba el dobladillo de mi camiseta y me la sacaba por encima de la cabeza, dejándome completamente desnuda de cintura para arriba. Damon paró durante un par de segundos para examinarme. Supongo que estaba comparándome con Katherine.

"¿Disfrutando de la vista?" Pregunté con mi mejor sonrisa pícara. Él sonrio levemente.

"Oh, ya creo que sí." Susurró antes de bajar la cabeza para besarme con suavidad los pechos y atrapar un pezón entre sus labios, haciéndome gemir suavemente y arquear la espalda para disfrutar más de su tacto. Después de trabajar deliciosamente sobre mi pezón, centró su atención sobre el otro. Yo luché contra la mano que me agarraba las muñecas para enterrar mos manos en su pelo y empujar su cabeza contra mi pecho, pero él no me dejó. Poco a poco, su boca fue bajando sobre mi estómago hasta mis caderas pasando la lengua sobre mi ombligo. Cuando llegó al elástico de mis pantalones, levantó los ojos, como pidiéndome permiso. Yo asentí antes de que pudiera arrepentirme. Despacio, como si quisiera darme tiempo para cambiar de opinión, me fue bajando los pantalones cortos del pijama y me sacó los pies de ellos uno después de otro, sin prisas. Una vez que mis pantalones estaban en el suelo, Damon fue subiendo desde mis pies hasta mis bragas, dándome pequeños besos que encendían mi piel a su paso. Era como si quisiera torturarme. Yo me mordí el labio.

"Damon..." Suspiré.

"Shh, princesa. Todo a su tiempo." Cuando finalmente llegó a mis bragas, yo estaba más ansiosa que después de hacer la prueba de acceso al equipo de animadoras, y entonces... sonó el timbre.

¡¿Qué?

¿Esto era una especie de broma cósmica o qué? Puse los ojos en blanco y di unos suaves cabezazos contra mi almohada para aliviar la frustración.

Damon, aparte de frustrado, estaba alerta. Me había soltado las muñecas y se levantaba a toda velocidad sin parecer ni un poquito afectado por lo que acababa de pasar. El evidente bulto en sus pantalones era lo único que lo delataba. Me sorprendí a mí misma mirándolo fijamente y fantaseando con lo que podría haber pasado de no ser por la inoportuna interrupción de vete a saber quién. En ningún momento se me pasó por la cabeza que fuera Stefan o alguien más que quisiera arruinar mi ya de por sí jodida vida, en aquel momento lo que llenaba mi cerebro era una inagotable frustración sexual. La voz de Damon me sacó de mi burbuja de enfurruñamiento interno.

"Quédate aquí." Me susurró. Yo sacudí la mano en señal de acuerdo. Estaba demasiado cansada para discutir ni para saludar a quien quiera que quisiera matarme, por muy... arrogante que pueda parecer.

Al segundo, Damon desapareció por la puerta de mi habitación. Y al siguiente, estaba de vuelta. Ni si quiera me asustó. "Elena, tienes que bajar." Dijo ya en voz normal.

"¿Por qué?" Pregunté confusa.

"Lexi ha llegado."


"¿Así que tú eres la razón por la que el destripador ha vuelto?" Dijo la vampira rubia que me examinaba atentamente. "Pues no me extraña, querida."

Yo arqueé una ceja. Ya me estaba comenzando a arrepentir de haber invitado a esta mujer a mi casa. ¿Es que todo el mundo a partir de ahora iba a compararme con Katherine?

A mi lado vi que Damon ponía los ojos en blanco. "Lexi, déjalo, ¿quieres?"

Ella se reclinó en sobre uno de los sillones de mi salón, observándonos a ambos con una sonrisa que no sabía qué podía encerrar.

"¿Cómo piensas parar a Stefan?" Le pregunté para romper el incómodo silencio que se había impuesto sobre nosotros.

"¿Por qué? ¿Te preocupa que pueda sufrir?" Respondió ella alzando una ceja perfectamente depilada.

Fruncí el ceño.

"¿Qué?"

"Discúlpala," dijo Damon, "al parecer hemos interrumpido algo." Dijo sonriendo y guiñándome un ojo.

"¡Cierra el pico, Damon!" Ooooooh... Parecía que no se llevaban muy bien... Pues qué guay, ¿no?

"Pero tienes un plan, ¿no? Damon me ha dicho que ya lo has hecho antes."

"Sip." Dijo ella poniéndose en situación. Cogió su mohila y se puso a sacar cosas. Aquella parecía la mochila de Buffy Cazavampiros: estacas, pequeños virales con un líquido amarillento que no sabía qué era, las cuerdas más gruesas que había visto en mi vida y una botellita de cristal con unas flores rarísimas dentro.

"¿Qué es eso?" Preguntó Damon señalando los viales.

"Esencia de vervena. Esta cosita," dijo Lexi cogiendo uno de los viales, "puede dejarte KO durante doce horas inmediatamente después de inyectarla en tu sistema. Después rociamos estas cuerdas con la esencia, lo atamos y si, por algún casual, resiste a la vervena inyectada, no podrá moverse. Luego tenemos las estacas de toda la vida para inmovilizarlo brevemente y flores de vervena, por si Katherine dos quiere defenderse."

¿Katherine dos? ¿Qué demonios le he hecho a esta mujer para que me trate así?

"¿Cómo voy a defenderme con unas flores?" Pregunté, confusa.

Lexi puso los ojos en blanco y suspiró. Me pasó la botellita con las flores y dijo:

"Ábrela y roza a Damon con una de las flores."

Yo le lancé una mirada inquisitiva a Damon, quien tuvo el detalle de explicarme:

"Me va a quemar."

"Aaah... Entonces, ya no hace falta que te pase la flor por ningún sitio." Le dije sonriendo levemente. Él me devolvió la sonrisa aliviado. Era una sonrisa preciosa, una de las cosas que me encantaban de él... Espera, ¿de dónde ha salido eso? Me sonrojé al recordar lo que Lexi interrumpió.

"Una pena." Dijo Lexi, interrumpiendo (otra vez) un precioso momento. "Bueno, no nos queda más que esperar a que tu querido hermano pequeño se presente y lo noqueamos." Añadió, dirigiéndose a Damon.

"Un pequeño problema." Dijo Damon. "Steffy se presentará de día. Y yo no tengo anillos especiales de sobra." Lexi se echó para atrás desanimada.

"Entonces, tendría que entrar en la casa." Intervine yo. "Ya ha sido invitado, así que ni Jeremy ni Jenna tendrían que estar aquí. Bajaríamos las persianas, para que no entre la luz solar."

"¿Y tú qué harás? Stefan no se va a tragar que le dejemos entrar en la casa de repente."

"Ahí es donde entras tú. Le vas a decir a Stefan que te lo has pensado y que aceptas tu oferta, le dirás que yo estoy en la parte de atrás de la casa, donde Lexi lo esperará. Lexi y tu lo reducís y ya está." Dije como si aquello fuera a ser lo más fácil del mundo.

Lexi me miró con cara de aprobación y dijo:

"Tú serás el cebo."


Lexi estuvo de acuerdo con el plan de inmediato. Estuvimos perfeccionándolo unos minutos y después nos pusimos manos a la obra para aislar la casa.

En cuanto tuvimos un momento a solas, Damon me agarró del brazo y me arrastró a una esquina todavía más alejada de Lexi.

"Espero que en tu plan no sea imprescindible que tú estés aquí cuando llegue Stefan, porque no vas a estar en ningún lugar en cincuenta kilómetros a la redonda de esta casa cuando eso pase." Me siseó furiosamente.

"No." Respondí categóricamente en un susurro. "Stefan sabrá si estoy en casa o no. ¿No te has parado a pensar que pueda tener vigilada la casa o que pueda oír el latido de mi corazón una vez esté aquí? Se olerá en seguida que es una trampa si no me oye dentro de casa."

"Eso no lo sabes. Lleva muy poco tiempo con la dieta humana, sus sentidos no tienen por qué estar tan desarrollados. No tienes que estar aquí." Respondió él. Parecía desesperado. Entonces hice la pregunta del millón de dólares:

"¿Y a ti qué te importa? Lo único que quiero es que tu hermano me deje en paz a mí y a mi familia de una vez y creéme cuando te digo que haré lo que haga falta para conseguirlo, ¿entendido?" Él se quedó callado, no se movió, se limitó a mirarme con sus preciosos ojos azules muy abiertos. "Bien, ahora, si me disculpas; tengo que ayudar a Lexi a aislar la casa antes de que amanezca." Terminé mientras intentaba salir de la esquina a la que me había arrastrado, pero él siendo un cabezota redomado, se movió para impedirme el paso. "Damon..." No acabé de decir su nombre y sus labios estaban sobre los míos.

No era nada parecido a lo de antes, ahora no se trataba de deseo ni de volverme loca con su capaz lengua; sus labios destilaban dulzura, como en esos besos de las películas. Cuando se apartó, sus labios estaban a apenas un centímetro de los míos. Yo me quedé mirándolos hasta que la voz de Damon me sacó de mi trance y me obligó a mirarle a los ojos.

"No puedo darte un motivo," susurró. Su aliento me hacía cosquillas, "pero quiero que estés segura. No voy a dejar que te pase nada, ¿de acuerdo?"

Yo asentí levemente, él juntó nuestras frentes durante un momento y me la besó. Un segundo después, ya no estaba.

N.A. (2): Lo sé, me odiáis con todas vuestras fuerzas, pensáis que después de todo este tiempo, voy y publico esta mierda de smut (que ni si quiera llega a smut), que tampoco es para tanto ni mucho menos. Pero es que me he estado leyendo la fic bastantes veces en este tiempo, y simplemente no lo veía. Sé que he ido súper lenta, prometo ir algo más rápido, pero en la historia, Damon y Elena se conocen de un día. No me parece muy adecuado, y convertiría a Elena en una zorra, así que me he dicho: Mejor algo suave y ya veremos qué pasa.

¿Qué? ¿Qué os parece? Dejad una review y me lo contáis todo. :)