CÓMO LLEGUÉ ALLÍ
El Zoloft funcionó, y no tomó semanas, funcionó tan pronto como me lo tomé el primer día. No sé cómo, pero de repente me sentí bien respecto a mi vida... ¿qué demonios? Era una chica; tenía muchas más cosas qué hacer; había pasado por algo de mierda pero estaba aprendiendo de ello. Estas píldoras me iban a regresar a mi vieja yo, capaz de hacer cualquier cosa, funcional y eficiente. Estaría hablándole a las chicas en la escuela y les diría que estaba arruinada, que había tenido problemas, pero que lidiaba con ellos, y pensarían que era valiente y sexy y me dirían que las llamara.
Debió de haber sido un efecto placebo, pero era un gran efecto placebo. Si los efectos placebos eran así de buenos, deberían simplemente hacer de los placebos, la manera de tratar la depresión. Tal vez eso era lo que hacían; tal vez el Zoloft era la cubierta. Mi cerebro decía Sí, estoy de regreso y pensé que todo había acabado.
Esa fue mi primera experiencia con un Cambio Falso. Cosas engañosas, te va bien en un examen; haces reír a una chica; tienes una experiencia calenturienta en la parte baja del cuerpo después de hablar online y apresurarte el baño; piensas que todo ha terminado. Eso sólo hace peor cuando te despiertas al día siguiente y está de regreso con una venganza para demostrarte quién manda.
— ¡Me siento grandiosa! —le dije a Mamá cuando regresé a casa.
— ¿Qué dijo el doctor?
— ¡Me medicó Zoloft! —le enseñé el frasco.
—Ey, muchas personas en mi oficina toman esto.
— ¡Creo que está funcionado!
—No puede estar funcionando tan pronto, cariño. Tranquilízate.
Me tomé mi Zoloft todo los días. Algunos días me despertaba y salía de la cama y me cepillaba mis dientes como cualquier otro ser humano normal; otros días me despertaba y me quedaba recostada en la cama viendo el techo y me preguntaba cuál demonios era el punto de salir de la cama y cepillarme los dientes como cualquier otro ser humano. Pero siempre me las arreglé para tomarlo. Nunca traté de tomar más de la cuenta, tampoco; no era ese tipo de droga. No te hacía sentir nada, pero entonces después de un mes, justo como dijeron, empecé a sentir una boya que me mantenía a flote cuando me sentía mal. Si el Ciclo comenzaba, había un botón de pánico atado a mis pensamientos buenos; podía tocarlo y pensar sobre mi familia, mi hermana, mis amigos, mi tiempo en internet; los buenos profesores en la escuela... las Anclas.
Incluso pasé tiempo con Sarah. Ella era tan inteligente, seguro más inteligente que yo. Se las había arreglado para pasar por lo que yo estaba pasando sin ver a ningún doctor. Su tarea ya rozaba álgebra aun cuando estaba en el cuarto grado, y la ayudaba con ella, algunas veces garabateando espirales o patrones en las esquinas de las páginas mientras ella trabajaba. Ya no dibujaba mapas.
—Son geMarleyles, Rachel —ella diría.
—Gracias.
— ¿Por qué ya no hace arte?
—No tengo tiempo.
—Tonta. Siempre tienes tiempo.
—Oh, sí.
—Sí. El tiempo es un concepto hecho por las personas.
— ¿En serio? ¿En dónde escuchaste eso?
—Lo hice yo.
—No sé si eso es cierto. Todos vivimos por medio del tiempo. Nos maneja.
—Yo uso mi tiempo como quiero, así que yo lo manejo.
—Deberías de ser una filósofa, Sarah.
—Uggh, no. ¿Qué es eso? Diseño del interior.
Mi apetito regresó: primero café, yogurt y luego panecillos y luego pollo. El sueño, mientras tanto, estaba dos pasos adelante, uno atrás. Esa es una de las reglas de oro: los loqueros dicen que todo en nuestras vidas está dos pasos adelantes, uno atrás, para justificar que en ese tiempo tú, por decir, bebiste diluyente de pintura y trataste de aventarte de un techo. Eso es sólo dar un paso hacia atrás. Algunas noches no dormía, pero luego las dos siguientes dormía geMarleyl. Incluso soñaba: sueños de volar, sueños de encontrarme con Marley en un autobús y hablar con ella, mirarla. Nunca teniendo sexo con ella, desafortunadamente. Sueños en donde yo estaba saltando de un puente y aterrizando en un dado gigante de peluche, rebotando en el río Hudson de Manhattan a Nueva Jersey, riendo y mirando hacia atrás para ver en cuáles números había caído.
Cuando no podía dormir, apestaba. Pensaba acerca de que mis padres no iban a dejarme mucho dinero y podrían no tener el suficiente para mandar a mi hermana a la universidad y que tenía una tarea de historia y no había ido a la biblioteca hoy y no había revisado mi correo en días... ¿Qué me estaba perdiendo? ¿Por qué me preocupaba mucho por el correo? ¿Por qué estaba sudando contra la almohada? No estaba haciendo calor. ¿Cómo es que había fumado marihuana y masturbado hoy? Había hecho una regla: en los días que te masturbaras no fumabas marihuana y en los días que fumabas marihuana, no te masturbabas, porque los días en donde hacías ambas cosas se volvían días realmente desperdiciados, días en donde dabas tres pasos hacia atrás.
Comencé a trabajar en fases de poco a poco. Por tres semanas estaba geMarleyl, bien, funcional. Incluso a mi modo más funcional, no me verías por los pasillos y escucharías: "Allí va, Rachel Berry, me pregunto qué va a hacer" me verías y preguntarías: "¿Qué dice el anuncio detrás de esa chica, el club de anime se va a reunir hoy?" Pero estaba allí, eso era lo importante. Estaba en la escuela, contrario a estar en casa y en cama.
Entonces me pondría mal. Usualmente pasaba después de una sesión de relajación en la casa de Puck, uno de esos gloriosos momentos en donde estaba drogada y veía una muy mala película, algo con Will Smith en donde podíamos ver toda la publicidad y los agujeros de la trama. Me despertaba en el sofá de la sala de Puck, me dormía allí mientras que él dormía con Marley en la otra habitación, y querría morir. Me sentía desperdiciada y quemada, por haber desperdiciado mi tiempo y mi cuerpo y mi energía y mis palabras y mi alma. Sentía que quería ir a casa justo en ese momento para trabajar, pero no tenía la habilidad para ir al metro. Sólo me recostaría allí por cinco minutos. Cinco minutos más. Ahora cinco más. Puck entonces se levantaba y orinaba y me obligaba a interactuar con él, a desayunar y a aguantarme algunos bocados. Marley me preguntaba: "¿Estás bien, mujer?" y un sábado, mientras Puck estaba comprando café afuera, le dije que no.
— ¿Qué pasa?
Suspiré. —Me siento realmente deprimido este año. Estoy medicada.
—Rachel. Oh dios. Lo siento mucho —Ella vino hasta mí y me abrazó con su pequeño cuerpo—. Sé lo que es.
— ¿En serio? —Le devolví el abrazo. No soy llorona, sólo abrazo. Cursi, lo sé. Mantuve el abrazo lo que pude antes de que se volviera incómodo.
—Sí. Tomo Prozac.
— ¡No puede ser! —Me aparté de ella— ¡Debiste haberme dicho!
— ¡Tú deberías de haberme dicho! Somos como compañeras en enfermedad.
— ¡Somos las enfermas! —Me levanté.
— ¿Qué es lo que tomas? —preguntó.
—Zoloft.
—Eso es para tontos —Me sacó la lengua. Tenía un anillo— Las personas realmente arruinadas toman Prozac.
— ¿Ves a un terapeuta? —Quería decir "loquero", pero suena chistoso en voz alta.
—Dos veces a la semana —Sonrió.
—Jesús. ¿Qué sucede con nosotras?
—No lo sé —Ella comenzó a bailar. No había música puesta, pero cuando Marley quería bailar, bailaba—. Sólo somos parte de esa generación de chicos estadounidenses arruinados que toman drogas todo el tiempo.
—No lo creo. No creo que estemos más arruinadas que nadie más antes.
—Rachel, como el ochenta por ciento de las personas que conozco toman medicación. Por TDA o lo que sea.
Lo sabía también, pero no quería pensar en eso. Tal vez era estúpida y solipsista, pero me gustaba pensar sobre mí. No quería ser parte de alguna tendencia. No estaba haciendo esto por moda.
—No sé si realmente lo necesitan —dije—. Yo realmente lo necesito.
— ¿Crees que eres la única?
—No que sea la única... sólo que es algo personal.
—Bueno, bien, Rachel —Dejó de bailar—. No lo mencionaré, entonces.
— ¿Qué?
—Jesús. ¿Sabes por qué estás arruinada? Es porque no tienes conexión con otras personas.
—No es verdad.
—Aquí estoy, acabo de decirte que tengo el mismo problema que tú...
—Podría no ser el mismo —No tenía idea de lo que Marley tenía; podría ser maníaco-depresiva. La depresión maníaca era mucho mejor que la depresión, porque tenías las partes maníacas. Leí que ellos eran geniales. Esto era injusto.
— ¿Lo ves? A eso es a lo que me refiero. Pones esos muros.
— ¿Qué muros?
— ¿A cuántas personas les has dicho que estás deprimida?
—Mi mamá. Papá. Mi hermana. Doctores.
— ¿Qué hay de Puck?
—Él no tiene que saberlo. ¿A cuántas personas tú les has dicho?
—Por supuesto que Puck tiene que saberlo. ¡Es tu mejor amigo!
La miré.
—Creo que Puck tiene un montón de problemas también, Rachel—Marley se sentó a mi lado—. Creo que se podría beneficiar por tomar algo de medicación, pero nunca lo admitiría. Tal vez si le dijeras, lo haría.
— ¿Le has dicho?
—No.
— ¿Lo ves? De todas formas, nos conocemos unos a los otros muy bien.
— ¿Quién? ¿Tú y yo? ¿O Puck y tú?
—Tal vez todos nosotros.
—No lo creo. Me alegra conocerte, y me alegra conocerlo. Puedes llamarme, ya sabes, si te estás sintiendo mal.
—Gracias. Y de hecho no tengo tu nuevo número.
—Aquí.
Y me lo dio, un número mágico: lo puse todo en mayúsculas en mí móvil. Esa es una chica que puede salvarme, pensé. Los terapeutas te decían que lo que tenías que hacer era encontrar felicidad en ti misma antes que en otros, pero tenía la sensación de que si Puck no estuviera aquí y yo fuera quien abrazara a Marley por las noches y respirara en ella, sería muy feliz. Ambas lo seríamos.
En casa pasaba por los malos episodios acostada en el sofá y bebiendo agua que mis padres me traían, prendiendo la cobija eléctrica para calentarme y sudarla. Quería decirle a las personas "Mi depresión está actuando hoy" como una excusa para no verlos, pero nunca podía sacarlo. Habría sido divertidísimo. Después de unos días me levantaba del sillón y regresaba a la Rachel que no necesita excusas para sí misma. En esos tiempos, llamaba a Marley para decirle que me sentía mejor y ella me decía que se sentía mejor también; tal vez estábamos en sincronía. Y le dije que no bromeara conmigo. Y me sonreía y decía: "Pero si soy tan buena en eso".
En marzo, mientras tenía siete píldoras de mi último relleno, pensé que ya no necesitaba el Zoloft. Estaba mejor. Bueno, tal vez no estaba mejor, pero estaba bien, era un sentimiento extraño, una falta de peso en mi cabeza. Había logrado ponerme al corriente en clases. Había encontrado a la doctora Minerva, la sexta que el doctor Barney y yo intentamos, y encontré su actitud callada y tranquila amena para mis problemas. Todavía seguía teniendo 93's pero, qué demonios, alguien debía tenerlos.
¿Qué hacía tomando píldoras? Solo tenía un pequeño problema y me espanté y necesitaba tiempo para ajustarme. Cualquiera podía tener un problema empezando una nueva escuela. Probablemente ni siquiera necesitaba ir con un doctor en primer lugar. ¿Por qué, porque vomité? No estaba vomitando ya. Algunos días no comía, pero en los tiempos bíblicos las personas hacían eso todo el tiempo, ayunar era una gran parte de la religión, mamá me dijo. Ya estábamos muy gordos en Estados Unidos, ¿necesitaba ser parte del problema?
Así que cuando me acabé el último frasco de Zoloft, no tomé más. No llamé al doctor Barney tampoco. Sólo tiré el frasco y dije Bien, si alguna vez me siento mal otra vez, recordaré lo bien que me sentí esa noche en el puente de Brooklyn. Las píldoras eran para tontos, y eso se había terminado; terminé, estaba de regreso.
Pero las cosas vienen en círculos, bebé, y dos meses después estaba en mi baño, inclinándome al retrete en la oscuridad.
Bueno aquí un Cap. más espero y les guste
Nos leemos mañana
