EPILOGO 1: CINCO AÑOS

Elsa se encontraba esa tarde en su estudio, poco después de la hora de la comida, absorta en sus papeles y sorbiendo una taza de té con leche, cuando fue interrumpida por un sonido muy familiar para ella.

Toc…toc…

-¿Sí?- dijo Elsa, sin levantar la vista.

-¡Elsa!- exclamó Anna- ¿todavía trabajando?-

Elsa levantó la vista al reconocer la voz de su hermana menor y sonrió.

-Sí, Anna, hay trabajos que nunca terminan- dijo Elsa con una sonrisa- ¿y que me dices de ti? Tu y Kristoff han estado ocupados…-añade señalando el abdomen crecido de Anna, quien se sonroja al hacerlo notar Elsa.

-Sí, bueno…- dijo Anna, apenada, ante la sonrisa de su hermana- venía a preguntarte si querías que lleváramos a Sofie al parque. Está soleado, y quizá sería bueno que conviva con otros niños…-

Elsa lo pensó unos segundos y sonrió.

-Por supuesto que sí- dijo Elsa, y se volvió a Sofie, que estaba en un tapete especial el suelo junto a su madre, mirando interesada los dibujos de uno de los libros que Elsa tenía en el estudio- ¿qué dices, Sofie? ¿quieres ir al parque con Anders?-

-¡Sí! Si quiero, mamá- exclamó Sofie, cerrando el libro de golpe y levantándose. Elsa rió. Se acercó a la niña para acomodarle el vestido y el moño morado que llevaba puesto en el cabello, aunque esperaba que regresara con todo hecho garras, señal de que se había divertido. Besó a su hija en la mejilla.

-Vamos, diviértete y obedece en todo a tía Anna- dijo Elsa.

-Sí, mamá- dijo Sofie, e hizo una reverencia- gracias, su majestad-

Y sin decir más, Sofie tomó la mano de Anna para ir al parque a jugar, mientras su tía cerraba la puerta del estudio de la reina. Anders casi brinca de felicidad al ver a su prima de la mano de su mamá.

-¡Sofie viene!¡Sofie viene!- exclamó Anders emocionado.

-Anders, como buen príncipe y caballero, tú llevarás la cesta con los sandwiches- dijo Anna.

-Saaaaandwiches….- dijeron los dos niños al mismo tiempo, relamiéndose los labios. Anders obedeció y tomó la cesta. Estaba pesada para un niño de siete años, pero hizo su mejor esfuerzo para cargarla él solo.

-Sofie, tú dame tu brazo- le dijo Anna- es muy elegante que una hermosa princesa lleve a su tía por el brazo-

Sofie sonrió y se puso de puntitas para alcanzar el brazo de Anna. Ésta lo acunó lo más bajo que pudo para que Sofie lo alcanzara sin problemas.

-Muy bien, los dos- dijo Anna- ahora si, vamos al parque-

Mientras salían del castillo y cruzaban las rejas para ir al parque cercando que estaba dentro de la ciudad real, Hans miraba la escena escondido detrás de uno de los pilares. Había estado en los establos, pasando tiempo con Sitron, cuando al regresar vio a su hija con Anna y con Anders. Una vez que se fueron, Hans frunció el entrecejo.

"¿La loca distraída de Anna se llevó a mi hija al parque? Será mejor que la siga, no vaya a perderla de vista" y, como buen padre celoso, siguió a Anna y a los niños.

Kai, que pasaba por ahí, bufó al ver que Hans nuevamente había corrido tras Sofie. Aunque ya tenía tiempo sin trabajar en el palacio, Kai seguía viviendo en él por invitación de Elsa. Y gozaba ver a los pequeños príncipes crecer. Kai sacudió la cabeza en desaprobación al ver a Hans.

"Será mejor que le avise a la reina Elsa".

x-x-x

Cuando llegaron al parque, Anna pidió a Anders que dejara la canasta en una banca, en la que ella se sentó para observar mejor a los niños.

-Vamos, vayan a divertirse- dijo Anna, sentándose cómodamente en la banca y acariciando su abdomen- Anders, será mejor que presentes a Sofie con tus amigos-

-Sí, Sofie, ven- dijo Anders, tomándola de la mano para llevarla a donde estaban los niños jugando- ¡todos te van a querer! Ven para que los conozcas…-

Sofie sonrió y corrió detrás de Anders, ante la mirada divertida de Anna. Anders presentó a su prima ante los otros cinco niños, quienes la veían con curiosidad por su extraño color de cabello, pero al final todos le sonrieron.

-Hola, Sofie- dijo uno de los niños más pecosos que había visto- ¿crees que eres buena para jugar a la pelota?-

-Sofie, me gusta mucho tu vestido- dijo una de las niñas rubias, y le mostró que traía un vestido azul- éste lo hizo mi mamá, ¿tu mamá hizo el tuyo?-

Sofie asintió, algo abrumada con las preguntas que cada vez se multiplicaban más. Era amigable pero no estaba acostumbrada a estar entre tantos niños. Anders acudió al rescate.

-¿Porqué no le enseñamos a Sofie como jugamos al barril?- dijo Anders en voz alta, distrayendo la atención de los demás.

-¡Siiii!- exclamaron los demás niños- ¡a jugar al barril!-

Sofie miró interrogante a Anders, quien le guiñó un ojo.

-Espera aquí y observa- dijo su primo, y Sofie asintió. Anders se dejó caer sobre la hierva, brazos estirados hacia arriba y piernas bien estiradas, y comenzó a girar sobre sí mismo en una pequeña colina de no más de medio metro. Una vez que llegó al final, cayó en una suave almohada de pasto y se echó a reír.

-Se ve divertido- dijo Sofie.

-¿Quieres probar?- preguntó Anders, y Sofie asintió.

Mientras jugaban, Anna leía un libro distraídamente mientras vigilaba a los chicos cada cierto rato, y solo sonreía al verlos divertirse. Hans había llegado unos minutos después que ellos, y se había ocultado en los arbustos a unos metros de Anna. Miró a su cuñada con desaprobación.

-Y dice que cuida a mi pequeña- gruñó Hans para sí mismo, mirando alternadamente a Anna y Sofie jugando y divirtiéndose- ni siquiera le pone atención, y…-

-¿Hans?- dijo una voz femenina junto a Ella. Hans sintió un vuelco al escucharla, al verse atrapado. Elsa lo miró con una enorme sonrisa- ¿qué rayos estás haciendo aquí escondido? Allá está Anna, y…-

-Shhhh…- dijo Hans, jalando a Elsa hacia abajo para que ella también quedara oculta en los arbustos.

-Hans, ¿qué te sucede?- dijo Elsa tratando de contener la risa.

-¿No lo ves?- dijo Hans de mal humor- Anna no está cuidando a Sofie. Está… leyendo y volteando de vez en cuando…-

Elsa sonrió y besó a su esposo en la mejilla.

-Tranquilo, desde aquí se ve que Sofie se está divirtiendo con Anders y con los otros niños- le dijo Elsa.

-Ese niño pecoso no me agrada para nada, se le está acercando mucho- comentó Hans frunciendo el entrecejo, y haciendo un ademán de levantarse de su escondite. Elsa se lo impidió.

-Hans…- dijo Elsa- es bueno que esté con otros niños, recuerda lo que te conté de aislarla, por sus poderes-

Hans bufó de mala gana. Elsa tenía razón. Ella había sufrido mucho de niña porque sus padres la habían tenido encerrada y escondida en su habitación, sin contacto con otros niños por miedo a que lastimara a alguien con sus poderes, y eso había causado que Elsa tuviera miedo de todo. No quería que Sofie pasara por lo mismo.

-Está bien- dijo por fin derrotado Hans. Se sentó en la hierva y siguió mirando jugar a los niños. Elsa decidió que aún no era seguro dejar solo a Hans, así que se sentó junto a él, apoyando su cabeza en el hombro de su esposo.

"Es la primera salida de Sofie sin nosotros, es normal que esté algo nervioso" pensó Elsa.

x-x-x

Sofie subió a la parte alta de la pequeña colina y se puso en posición para deslizarse hacia abajo. Los otros niños hicieron lo mismo. Solo Anders quedó fuera, él iba a decidir quien ganaba la carrera.

-Uno… dos… ¡tres!- gritó Anders.

Todos los niños comenzaron a girarse colina abajo, riendo y gritando que iban ganando. Sofie hacía lo mismo, reía tanto y su cabello ya estaba lleno de pequeñas hojas de pasto. El moño que le había puesto su madre había acabado en algún lugar a la mitad de la "pista de carreras".

-¡Vamos, Sofie, vas ganando!- exclamó Anders.

Sofie rió y giró con más velocidad. Al momento de caer a la meta, Sofie sintió un poco de vértigo por la caída y, en vez de caer en el mullido colchón de pasto, cayó sobre una cama de nieve. Los otros niños cayeron uno por uno sobre la nieve a sus lados, y se sorprendieron.

Sofie miró con pánico a su alrededor. Sabía que ella había causado esa nieve.

-¡Nieve!- exclamó el chico pecoso.

-Ya estaba aquí cuando caímos- dijo la niña del vestido azul- Sofie, ¿tú viste algo?-

Sofie estaba tan asustada que no dijo nada. Cerró sus dos manos y las escondió detrás de su espalda, apenada y con miedo de que los otros niños fueran a reprenderla o a burlarse por sus poderes. Nuevamente Anders llegó al rescate, y de un salto brincó a la pequeña fosa llena de nieve.

-¡Bien hecho, Sofie, ganaste y es tu primer día!- dijo Anders en tono despreocupado, tomando puños de nieve y lanzándolos al aire- el hombre de las nieves debió dejar aquí el hielo raspado que le sobró. ¿Y si hacemos un muñeco?-

-¡Si!- todos los niños gritaron, y se pusieron manos a la obra, sin poner más atención a como había ocurrido aquello. Hacía calor en el verano de Arendelle, y todos estaban agradecidos con el hielo. Anders se volvió a Sofie, le guiñó un ojo y le sonrió.

En ese momento, Anna llamó a Anders y a Sofie a merendar.

-Sandwiches- dijo Anders, ayudando a Sofie a salir del pequeño foso, y se volvió a los demás- dejen algo para nosotros cuando regresemos…-

Los niños murmuraron que sí, aunque ni siquiera los voltearon a ver. Sofie corrió a recoger su moño del pasto y después fue junto con Anders a la banca donde estaba Anna.

-¿Y bien?- dijo Anna, mientras colocaba el mantel en el suelo para servir los sandwiches- ¿se divirtieron?-

-¡Mucho, tía!- exclamó Sofie llena de felicidad.

Sofie ignoraba que a escasos metros de ella estaban sus padres escondidos tras unos arbustos, mirando la escena. Hans estaba más tranquilo ahora que Sofie estaba con Anna y su primo, y lejos de los otros niños, y Elsa solo sacudía la cabeza llena de felicidad.

-Tiene el cabello deshecho y el vestido lleno de pasto y lodo- dijo Elsa, con una enorme sonrisa- se está divirtiendo mucho, Hans-

-Así parece, Elsa- dijo Hans, abrazando a su esposa, sonriendo de verla tan feliz.

Mientras los niños comían los sandwiches con Anna, los reyes de Arendelle se escabulleron de regreso al castillo sin ser vistos por nadie. Hans subió al estudio a recoger el trabajo que quedó pendiente. Elsa abrazó a Kai tan pronto llegó, agradecida que gracias a su aviso hubiera podido presenciar el momento que su hija se divertía con otros niños sin miedo a sus poderes. Kai sonrió.

-Me alegro de verla tan feliz, su majestad- dijo Kai- ¿desea que le avise cuando llegue la princesa?-

-No es necesario, Kai, yo misma la esperaré aquí- dijo Elsa, sentándose en la escalera principal. Le sonrió a su antiguo mayordomo- además, usted ya no trabaja para mí, es un invitado de honor en el palacio-

x-x-x

Cuando volvieron del parque, Anders todavía tenía energía para cargar con la canasta vacía, pero Sofie venía casi arrastrándose del brazo de Anna. Elsa, que la esperaba en la puerta, sonrió y se dirigió a su hija. Se agachó para estar al nivel de la pequeña.

-¿Cómo te fue, Sofie?- dijo Elsa- ¿te divertiste?¿Anders te presentó a sus amigos?-

-Sí, mamá, estuvo muy divertido- dijo Sofie, mitad feliz y mitad somnolienta- mamá, ¿puedo ir mañana otra vez?-

-Mañana es día de deberes con tu padre- dijo Elsa- pero si los acabas a tiempo puedes ir…-

Sofie sonrió somnolienta, y Elsa decidió alzarla en brazos y llevarla a su cuarto. Sofie acomodó su cabeza sobre el pecho de su madre como había hecho desde pequeñita, y se aferró a tomar su trenza. Los viejos hábitos no mueren.

Elsa llevó a Sofie a su habitación y le dio un baño, ya que la mitad de su peso consistía en hierva y lodo.

-Mmm… así que aquí está la hermosa princesa que mandé a jugar esta tarde- dijo Elsa una vez que quedó limpia.

-¿Mamá?- dijo Sofie.

-¿Sí?- dijo Elsa mientras la sacaba del baño y la envolvía con una toalla para secarla.

-¿Te enojaste porque me ensucié?- dijo Sofie en tono preocupado. Elsa le estaba ayudando a vestirse para la cama.

-Por supuesto que no, pequeñita- dijo Elsa, sonriendo ampliamente- estoy muy contenta porque te divertiste e hiciste amigos nuevos…-

Sofie sonrió aliviada, mientras su madre la sentaba en su regazo sobre la cama, tomaba un cepillo y le cepillaba sus cabellos, los cuales eran de un tono perfecto entre los de Hans y los de Elsa.

-¿Mamá?- dijo Sofie nuevamente.

-¿Sí?- preguntó Elsa, sin dejar de cepillar sus cabellos.

Antes de que Sofie hiciera su pregunta, Hans entró a la habitación de la pequeña princesa, con un plato con galletas y un vaso de leche. Elsa sonrió ante la emoción de Sofie de ver a su padre con esos alimentos.

-¡Papá! Fui al parque hoy con tía Anna- dijo Sofie, emocionada- jugué con otros niños y nos rodamos en la hierva y comimos sandwiches-

-¿Y no me guardaste uno solo?- dijo Hans, haciéndose el ofendido. Sofie rió y tomó una galleta, la remojó en la leche y se la comió.

-Gracias, papá- dijo Sofie.

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Elsa dormía profundamente en su cama, sobre su costado derecho, abrazando a Hans con su brazo izquierdo, mientras que el rey de Arendelle dormía boca arriba, con sus dedos entrelazados aún en los cabellos de Elsa. Ya había pasado la media noche, y ambos estaban cansados por los trabajos del día: cartas, reuniones, visitas y demás.

-¿Mami?- Elsa sintió un par de manitas sacudiéndola, forzándola a voltearse sobre sí misma. Suspiró y parpadeó un par de veces para aclarar su vista.

-¿Sofie?- dijo Elsa- ¿qué pasó, cariño?-

-Mami, Nana ronca y no me deja dormir- dijo Sofie, apenada- además, tuve un sueño muy feo… un monstruo quería agarrarme, y tú y papá gritaban mi nombre, y…-

Elsa la escuchó, sintiéndose culpable. Quizá en su subconsciente recordaba algo de lo que había pasado alrededor de los días en que nació. Sonrió y se sentó sobre la cama, dejando que Sofie se echara a su regazo.

-Tranquila, pequeñita, fue solo una pesadilla- dijo Elsa con cariño- aquí estamos tu padre y yo, y te vamos a cuidar, ¿si?-

Se levantó para permitir que Sofie se metiera a la cama entre ella y Hans. Éste solo murmuró el nombre de Sofie tras un gruñido y volvió a dormir. Sofie sonrió y se acomodó junto a su madre, quien la abrazó contra sí misma antes de volver a dormir.

-Buenas noches, pequeñita- dijo Elsa.

-Buenas noches, mami- dijo Sofie, dando un gran bostezo.

Mientras se quedaban dormidas, Hans se percató de la presencia de Sofie. Se acercó más a Elsa y trató de abrazarla con su brazo derecho, quedando Sofie en medio de los dos. La pequeña princesa se quedó dormida con una sonrisa.

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A la mañana siguiente, Elsa levantó a Sofie para que se apresurara con su rutina. En la mañana era pasar tiempo con sus tutores, junto a Anders. A media mañana iba a tomar el té con Elsa mientras ella salía de su sesión con el consejo y se disponía a iniciar su trabajo de escritorio. Después del té, Hans iba por ella para sus deberes, que era aprender a montar a caballo y a usar la espada.

Sitrón estaba más que feliz de ayudar a las lecciones de Sofie, y se paseaba orgulloso mientras Anders la miraba con curiosidad montado en Sven. Algunos de los aldeanos se asomaban a ver a la pequeña princesa, y estaban de acuerdo que se veía hermosa y dignificada.

Al terminar las lecciones y después de la comida, tocaban lecciones de baile. Una vez que las terminó, Sofie estaba ansiosa de ir a jugar al parque otra vez con Anders.

-¡Sofie!- exclamó Anders desde la parte mas baja de la escalera- apresúrate, ya nos vamos…-

Sofie miró a su madre. Elsa le sonrió y asintió para que fuera. Esta vez ni siquiera se molestó en colocarle un moño, ya sabía donde iba a terminar, y le iba a estorbar para jugar. Sofie se inclinó.

-Hasta la cena, mamá- dijo la pequeña princesa- gracias, su majestad-

Salió del estudio y se dirigió a la escalera, para bajarla. Lo hacía con gracia, como si trajera un vestido largo, a pesar que el que traía puesto apenas le llegaba a las rodillas. Anders se impacientaba de ver a su prima bajar tan despacio.

-Apresúrate, Sofie- dijo Anders.

-Ya voy- dijo Sofie, sonriendo- una princesa jamás corre por las escaleras-

Al escuchar aquello, Anna se puso roja, recordando todas las veces que corrió, brincó, se deslizó y hasta montó una bicicleta por las escaleras. No dijo nada y, siguiendo la rutina, llevó a los dos niños al parque.

Elsa miraba sonriendo la escena desde arriba. Una vez que los niños desaparecieron con Anna, notó que Hans también estaba mirando. La joven reina lo miró sospechosamente.

-¿No pensarás en seguirlos…?- dijo Elsa.

Hans sonrió y abrazó a su reina.

-No, Elsa, claro que no- dijo Hans- ayer se divirtió mucho, ¿verdad?-

Elsa asintió.

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Una vez en el parque, al ver llegar a Anders nuevamente con Sofie, el grupo de niños corrió hacia ellos y los rodeó.

-Nos mentiste, Anders- acusó el niño pecoso- tu prima es la hija de la reina de las nieves. Por eso había nieve-

-Sí, nos mentiste- dijo otra de las niñas, más alta que Anders.

Todos los niños parecían molestos. Sofie se asustó y se escondió detrás de su primo. Anders no se movió de donde estaba plantado. Estiró los brazos para evitar que se acercaran a Sofie.

-Eres muy egoísta, Anders- dijo una segunda niña, pequeña, que se escabulló detrás de Anders y tomó la mano de Sofie- nosotros también queremos jugar con la nieve de Sofie-

Tanto Anders como Sofie se sorprendieron. De eso se trataba.

-No regañen a Anders- dijo Sofie- me da vergüenza decir que tengo poderes-

-¿Cómo crees?- dijo la niña pequeña- ¡tus poderes son asombrosos!-

-Sí, haz la magia, haz la magia- dijo el niño pecoso.

Sofie sonrió. Entre sus muchas clases, había aprendido a controlar sus poderes bajo la supervisión de su madre y de la reina de Oeste cuando llegaba a visitar. Elsa levantaba y bajaba las manos al liberar su poder de hielo. Leo, por su parte, giraba sus muñecas y doblaba los dedos. Y sabía que Ferdinand, rey de Troms, tenía que cerrar su mano y volverla a abrir para producir su poder de fuego. Pero Sofie tenía una manera especial de liberar sus poderes.

La pequeña princesa frotó sus manos una contra otra, ante la mirada interesada del grupo de niños, y sopló sobre ellas, haciendo caer una fina escarcha sobre los niños. Éstos gritaron felices. Anders sonrió y se sentó cerca de ellos, sin perder de vista a Sofie. Se tomaba su rol de primo guardián muy en serio.

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¡Hola! Bueno, les dejo la primera parte del epílogo. La segunda será un poquito más larga (me estoy preocupando que casi me sale otro fic, jojoooo ando algo inspirada, esperemos que dure. Espero que les haya gustado. Saludos a todos, y nos leemos pronto.

Abby L.

PD: Se siente bien estar fuera del búnker y que me dé el sol…