I wanted to be wrong.
-Tengo una teoría.-
-¿En serio?- La otra chica asintió con ganas sin verla. –Eso es algo bueno después de tres horribles batidos de plátano seguidos.-
-¡Oye, estaban delicioso!- Los defendió para de inmediato volver a sorber lo poco que quedaba en su vaso. Tamao estaba frente a ella y la veía un poco aburrida. –Como decía…-
-Tienes una teoría.-
-Si, escucha.- Pilika miró para ambos lados, también volteó a ver a la señora en la barra, como si lo que fuera a revelar fuera un secreto de estado y, si alguien más lo oía, sería su fic. Tamao estiró un poco más el cuello en cuento Pilika se lo pidió con un ademán. –Yo creo que es por nuestro karma.-
-…-
-…-
-¿Karma?- Repitió si entender. –Y yo que pensaba que sólo se trataba de desviada atracción hacia tus semejantes.- Pilika rió ante lo que dijo y volvió a sorber un poco más de batido de plátano por su pajilla.
-No, bueno, aquello también tiene algo que ver.-
-¿No crees que ya es demasiado si pensamos en que el cosmos tiene que ver? Es decir, quizá no eran para nosotras.-
-¡Claro que lo eran!-
-No sé, creo que si eso fuera verdad, por lo menos hubiéramos recibido un beso suyo.-
-Yo recibí un beso suyo.-
-Te le abalanzaste, Pilika, eso no cuenta.- La aludida hizo un mohín de desilusión. Pero se recuperó al instante.
-¿Quieres otro?- Le preguntó, sonriente, mientras señalaba su vaso vacío. Tamao sólo se alejó del borde de la mesa, haciendo saber que no probaría ni un sorbo más de esa mezcla tan horrible. Negó con reticencia con la cabeza. –Ah, tú te lo pierdes.-
-o.o.o.o.o.o-
La mañana se había pasado muy rápido para la personal y humilde opinión de una de las solteras de casa. Ya casi era hora de almorzar y ella se daba el lujo de perder aquellos pocos minutos en los que pudo haber picado un tomate más. Sip, no sólo estaba perdiendo el tiempo de manera fenomenal sino que lo hacía apropósito.
Sonrisa de una completa ingenua.
Claro, ella pensaba que si el almuerzo tardaba un poco más de lo debido, ese ser humano que vive de lo que ella hace vendría corriendo a averiguar cuál era el motivo de la demora y, por consecuente, pasaría un par de minutos con él mientras lo incitaba a probar todo lo que estaba preparado por sus manos.
Y bueno, ella seguía picando las verduras con la mayor lentitud posible mientras no se daba cuenta que el agua corría, corría y seguía corriendo por el grifo abierto.
Suspiro de resignación.
-Creo que no vendrá.- Susurró para sí al tiempo que dejaba el cuchillo a un lado y se giraba a ver la puerta de la cocina. Un nuevo suspiro salió de sus labios. –Tengo tan mala suerte.-
-Arg, ni que lo digas.-
La niña se sobresaltó al instante, siendo obligada a darse la vuelta completa y apoyarse en la losa. Se impulsó lejos cuando sintió toda su espalda mojarse. Cerró el grifo de inmediato.
Hao la observó en silencio mientras se movía de aquí para allá dando pequeños saltos y grititos de asombro.
-Wau, eres la primera persona que conozco que se asombra más de cuatro veces seguidas.- Comentó con diversión. Tamao se sonrojó ante sus palabras. -¿Qué te pasa?-
-Nada.-
-¿Nada de nada?-
-Aja, ¡nada!-
¡Hn!
No le gustaba hablar con Hao, ¡no le gustaba! No es que le diera miedo ni nada por el estilo, sino que había llegado a la conclusión que su condición de gay lo hacía más irresistible a sus ojos, hacía que lo deseara más por estar vetado para ella, una chica. ¡Si! Ya le había pasado: con tan sólo voltear el rostro ya lo veía semidesnudo haciendo cositas de las buenas con el niño de Inglaterra, como aquella vez que entró a buscar la ropa sucia en el baño y…
Plaff!
-¡Oye, te estoy hablando!- Exclamó zarandeándola un poco más, parecía que se había quedado en estado vegetal de un momento a otro, y con lo delgada que era parecía una larga pieza de papel rosa.
Entonces, se le ocurrió despertar, empujándolo de inmediato.
–Por fin, pensé que ya se te había fundido el cerebro, niña.- Dijo con burla.
¿Niña? Que ella supiera, él no la sobrepasaba por más de 2 años y unos cuantos meses de diferencia. Pilika tenía razón: los hombres se ponen más creídos cuando tienen algo bueno a lo cual darle bien.
Tragó saliva y se alejó de él, caminando lentamente, pero saliendo por la puerta de la cocina corriendo. Debía salir de allí YA. Hao creyó escuchar un simple 'Debo irme'.
-Como quieras.- Respondió sin importancia. Sin embargo, hubo algo que llamó su atención de inmediato. Se horrorizó. -¡Oye, Tamao, la comida se…!- Muy tarde: la comida ya expelía un profuso humo negro desde la pequeña abertura en la tapa. –Genial, ahora nos moriremos de hambre.- Habló batiendo sus brazos, tratando de alejar el humo de su rostro.
-o.o.o.o.o.o-
-¡Pilika!- Llamó con fuerza, terminando de subir las escaleras de madera. Respiró hondo al llegar la segundo piso, desde donde pudo divisar los potentes rayos de luz entrar por la gran ventana del corredor. Aquello captó su atención por unos segundos.
Entonces, alguien la jaló del brazo con algo de rudeza. Se tambaleó al tiempo que soltaba un profuso grito de miedo.
Aich, si será…
-¡Yaaa! ¡¿Qué sucede?!- Exclamó histérica, tratando de que dejaran de obligarla a dar vueltas, empezaba a marearse y su cuerpecito no era precisamente el más fuerte. Siguió emitiendo grititos exagerados hasta que, por fin, un par de brazos la tomaron por la espalda y la hicieron quedar en estado neutral. Quieta.
Se sintió perder la conciencia, ¡pero solo por milisegundos!
-¿Qué…pasó?-
-Lo siento, Tamao, ¿estás bien?- Una voz, pensó ella, una de las voces más agradables que había oído en toda su virginal vida. Le hablaban muy cerca de su sentido auditivo y, como siempre que algo así sucede, se le erizó cada centímetro de piel. Un profuso sonrojo se le subió a las orejas, haciendo una adorable combinación con sus cabellos rosas. –Tamy, ¿estás bien? Oye.- Volvió a intentar captar su atención. Nada.
-Yo…-
-No quisimos molestarte.- Otra voz más. Era un poco dura, pero eso no le quitaba la suavidad con la que era emitida. Pudo asegurar que esa voz no estaba hecha para gritar. –Pasa que este idiota del Loro Loro—
Golpe.
-¡Deja de molestarme, chino odioso!-
-¡Deja de molestarme tú a mí!- Le respondió. Tamao seguía con ambos ojos bien cerrados, esperando que todo aquello pasara y que los brazos de su fantasía la soltaran con suavidad y amor.
Naah, ahí sólo la empujaría un poco y la sacaría de su camino.
Suspiro propio. Unas risas mal moduladas. Al parecer, algo muy gracioso estaba pasando o, simplemente, se había acercado caminando. Decidió abrir un ojo lentamente…luego el otro… Y sip, luego la boca para reírse femeninamente.
-¡¿Pero qué te pasó?!- Fue Horokeu el primero en soltar la piedra de maldad. Era obvio lo que veía, pero quería denigrar aún más al pobre chico humeado. Más risas. Hao gruño.
Golpe.
-¡Cállate, bestia!- Vociferó. Luego, mientras caminaba con dirección al baño, gruño con rabia. –Todo esto es tu culpa, rosada, ¡se te quemó la comida!- Habló antes de cerrar la puerta. Entonces, todos se le quedaron viendo a Tamao Tamamura como si fuera la cosa más horrible que había puesto una pata en la tierra o que se yo. La pobre aludida se sintió morir.
-¿Qué pasó qué?- Horokeu Usui había sido tocado internamente. También se sentía morir y el recuerdo del fiero rostro de Hao cubierto de humo negro ya no le parecía tan divertido. Decidió llorar las penas sobre las faldas de Tamao, literalmente. -¡¿Porqué me haces eso, Tamao?! ¡Yo que te quiero tanto!-
¿Qué? o.o
¡¿Qué?! O sea, ¡¿QUÉ?!
Y de repente todo se volvió tan blanco, rosa, rojo, azul. No sabía. Olía bien, todos sus sentidos se sentía volar por el interminable cielo de la alegría inesperada. Sonrió como boba sin notarlo, cerró los ojos lentamente.
-Ja…ja, ja.-Ahora reía como idiota, esperando porque su tan azulado príncipe la callara con un profundo beso.
Mientras tanto, Ren parpadeó. Horo se abrazó a él por protección.
-¿Qué le pasa?- Preguntó a su gatito al oído, en un tono muy bajo. Ren no dijo nada, seguía observando como la poca mentalidad puede hacer cosas grandes. ¡Tamao ahora parecía un ánima libre e idiota!
Se estaba empezando a babear.
-Que miedo.- Ren tragó saliva.
-o.o.o.o.o.o-
-¿Qué?-
Anna afiló su mirada al instante. Hao retrocedió unos pasos.
-Dije que iremos a comer fuera, idiota, ¿acaso hablo ruso?-
Hao hizo una mueca de fastidio. Entonces, notó cierta ausencia de progesterona revoloteando como libre pajarraco en primavera, además, no sentía ese dulce aroma frutal en el aire.
Alguien faltaba.
-¿Dónde rayos está tu hermana, Horo Horo?-
-o.o.o.o.o.o-
-Este te queda genial.-
-¿De verdad lo crees?-
-De verdad que lo creo.- Sonrisa de su amiga. La otra prosiguió. –Además, sabes que a mi hermano le gusta el azul.-
-A mí no me gusta mucho.- Pilika la vio con cara de circunstancia. –¡Bueno! No dije que lo odiara tampoco.-
-¡Me lo diste a entender!- Tamao la abrazó para que se callara. Ambas rieron. Pilika le devolvió el abrazo y, a los pocos segundos, se separaron. Esta le arregló el cerquillo un poco. –Listo, mejor baja—
-¡Pilika! ¡Apresúrate!-
La chica de cabellera celeste bufó aburrida: siempre era lo mismo, ¡como si se demorara un años en arreglarse! Un nuevo bufido escapó de su garganta ante esta idea que, a su parecer, tenía un poco de verdad. Tamao arregló el cuello de su blusa frente al espejo de forma rápida, luego tomó un pequeño bolso que andaba por allí. Pilika hizo lo mismo.
-¡PILIKA!-
-¡YA VOY, PESADO!- Gritó desde la habitación, demostrando en su rostro blanco que aquello ya empezaba a fastidiarle. –Vamos, Tamy.-
-o.o.o.o.o.o-
-¡¿Se fueron?!-
-Si, Anna dijo irían avanzando antes de que cerraran.- Comentó sarcásticamente Ren, quien ya estaba poniendo un pie fuera de la pensión. Pilika hizo una mueca de desagrado en respuesta.
-Es medio día, Ren, nadie cierra.- Dijo. El chino rodó los ojos.
-Sólo decía.-
-¿A dónde iremos?-
-A la--
-A un restaurante chino.- Se le adelantó Tao Ren, mostrando una muy burlona sonrisita en sus labios. Horo, quien se había quedado con la boca abierta mirando a Tamao, giró para mirar con molestia a su querido compañero. Este le devolvió la mirada.
Un momento. Esas miradas…esas…
-Aquí hay algo.- Habló Pilika. Todos se silenciaron y giraron a verla: traía un papelito en la mano. –Están en el…en el…en…- Pausa para rendirse y arrojar el papel hacia su hermano. -¿Puedes leer esos jeroglíficos? Que asco de letra.-
-Seguro la escribió Ren.- Risa compartida. Ren hizo una mueca.
-Gracioso, muy gracioso.-
-o.o.o.o.o.o-
-¿Seguro que era por aquí?- Asentimiento por parte de Ren. –Hemos pasado por este lugar tres veces, Rency.- Dijo en pos de derrota mientras se acercaba al chino y pasaba sus brazos por sus hombros y recargaba su peso sobre él.
-¿Rency?- Pilika parpadeó confundida.
-No me llames así, tarado.-
-¡Te llamo como quiero!- Se defendió mostrando un lindo puchero ante los ataques de su pequeño koi mientras que su hermana permanecía callada, observándolos. La vio, Ren la vio, ¿qué le pasaba para estar mirándolos tanto? –Oye, mocosa, ¿qué nos ves?- Mirada desconfiada.
Pilika Usui lo retó poniendo su mejor cara de niña malcriada al tiempo q ponía los brazos en jarras.
-No me jodas, hermano.-
-¡Oye, ¿qué te---
-Déjala en paz, Horo.- Ren lo detuvo con uno de sus brazos, mirándolo con seriedad. –Ven, vamos a sentarnos en ese parque.-
-¡¿Qué?! Pero, ¿qué hay con la comida?-
-Comeremos después.-
-¡Tengo hambre ahora!- Insistió, empezando a entrar en proceso de rabieta personalizada. Ren no le dijo más, tan sólo deslizó una de sus manos por la cintura del chico y, con la otra, se dedicó a delinear el contorno de uno de sus brazos.
-Y, ¿no puedes esperar por mí?- Mirada significativa. –Haré que la espera se haga más corta.-
Aquello si que había sido una revelación como pocas, Ren había dejado de hacer eso hace algún tiempo y, ahora, empezaba a ponerlo caliente con esas demostraciones públicas que lo ponían todo dispuesto. No le importaba la compañía de otras personas, ni siquiera la de su hermana ni la de Tamao, todo empezaba a hacerse más que borroso cuando el pequeño chino iniciaba ese juego de caricias en su pecho y brazos.
Quería besarlo…
Sus manos subieron hasta los hombros de Ren, pasando la yema de sus dedos por encima de la piel de sus brazos. Llevaba esa típica camisa sin mangas que dejaba entrever parte de su plano abdomen, en el cual se diseñaban unos ligeros cuadraditos por el entrenamiento. ¡Pero era tan lindo!
-Eres tan lindo…- Le susurró con una sonrisa, acercándose a sus labios intentando llegar más rápido al sacar su lengua y hacer que los tocara. Ren seguía sonriendo hasta que lo detuvo. Este comprendió. –Bien.-
-o.o.o.o.o.o-
-O sea, ¿me tiré casi dos horas arreglándome para esto?- Tamao cabeceó sin dejar de observar la escena a su lado. -¡¿Sabes qué?!- Pausa para que Tamao girara a verla asustada por su grito. -¡NO-ESTOY-FELIZ!-
-Ah.-
-¡Arg!-
Suspiro junto a una rabieta protagonizada por su mejor amiga.
-¿Qué vas a hacer al respecto? Solo resta mirar.- Proclamó con una voz a punto de morir al tiempo que regresaba su mirada hacia lo que parecía ser el enredo de brazos más lindo que había visto en toda su existencia. No podía evitar suspirar con pena cuando veía como Ren se estremecía notoriamente y mostraba una sonrisa cuando SU príncipe azul acariciaba parte de su piel desnuda.
No dejaban de besarse. Habían empezado con lentitud amorosa, como disfrutando de cada segundo en que sus bocas permanecían unidas, pero ahora, aprovechando que el parque parecía desierto, cubierto de traviesas hojitas otoñales, se jugaban a ver quién era el más fuerte entre los dos, quién podría domar la voluntad del otro. Era tan difícil de saber, ambos se devoraban con devoción, ayudándose con sus manos para lograr un mayor acercamiento.
Tamao se sonrojo en cuento escuchó un gemido bastante comprometedor venir de la banca de al lado. Luego pudo observar como Ren le llamaba la atención a su novio por ser tan pervertido, aludiendo a su presencia, la suya y la de Pilika. Este tan solo las observó por un segundo antes de reír, divertido por la hazaña.
Por lo pronto, continuaron con lo que había dejado a medias.
-Creo que ya estuvo, amiga.- Pausa para bajar la cabeza a modo resignado. –Siempre fue así, debimos aceptarlo.-
-¡No hubiera sido más fácil!- Replicó.
-¡Claro que sí!- Exclamó arrugando las cejas en señal de pasivo sufrimiento. Pilika solo la observó. –Me hubiera ahorrado tanto en esos asquerosos batidos de plátano.-
-¡Son deliciosos!-
Mueca de asco por parte de Tamao. La muchachita se cruzó de piernas antes de sonreír un poco.
-Sólo los tomaba porque me ayudaban a camuflar mi tristeza con el asco.-
-Mala.- Lloriqueó Pilika al oírla hablar así de su batido favorito. Tamao parecía tener doble careta. La miró con desconfianza. –Ahora me saldrás con que te juntas conmigo solo porque soy la hermana de tu amor imposible.- Tamao giró el rostro haciéndose la desentendida. Pilika ahogó un grito. -¡Maldita zorra!-
Eso había sido tan de broma que Tamao no sólo había soltado la carcajada del día, sino que también había logrado que la peliazul le devolviera el abrazo que le estaba regalando.
-Bien, puede que en parte.-
-Muérete, Tamao ¬u¬.- La aludida achicó los ojos.
-Y eso que aún no dije nada acerca de tu inesperado gusto por la leche.- Pausa para sonreír. –Es realmente asquerosa.-
-Nunca dije que no me gustaba.-
-Cada mañana bajas a desayunar tarde, así esperas a que Ren se la termine toda y luego le reclamas.- Explicó sabihonda, elevando las cejas muy sugestivamente. –Te he estado observando, amiga.-
-¡En fin!- Exclamó llegando a la conclusión de que sus excusas eran mucho más patéticas que las de su rosadita amiga. –Larguémonos a comer algo, vayamos a—
-NO iré a esa fuente de sodas.- Pilika abrió un poco la boca, mostrando el tanto de dolor que sentía al escuchar a su mejor amiga hablar mal de su lugar favorito en el mundo. –Es horrible.- Acentuó. Pilika pues…
-Te odio ¬.¬.-
Suspiro cansado. Tamao Tamamura emitió una sonrisita linda.
-Si, supongo que también te quiero.-
Fin.
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