Ana y Christian pertenecen a E.L. James, pero las vueltas del destino que los volvieron a juntar después del orfanato son nuestras!
Editado por thenewEmily
Capítulo 11: El enfrentamiento
Y aquí estoy, en los brazos del hombre que he amado toda la vida, él juega con mi cabello, me acaricia la frente mientras, en silencio, miramos la lluvia golpear la ventana del salón. Tenemos tanto que decirnos, tanto que perdonarnos. Pienso en Teddy, pero sé que no puedo contarle nada aun.
—Ana, tenemos que hablar. Te he buscado durante nueve años y no estoy dispuesto a perderte nuevamente. Al menos no sin intentarlo…
Esa declaración me deja helada. ¿Qué me está proponiendo? ¿Que retomemos nuestra relación como la dejamos hace nueve años? Es cierto que no quiero volver a vivir sin él, pero son tantas las cosas que han cambiado en estos años. Pienso que Teddy volverá mañana por la tarde y el encuentro será inevitable.
— ¿Qué pasa, pequeña? ¿No quieres intentarlo?
—No, no se trata de eso. Es que todo ha cambiado tanto en estos años. Ya no soy la chica de trenza que recuerdas. Yo tengo un hijo y nada será más importante para mí que él, debes saberlo…
—No sé cómo lidiaré con eso, te quiero solo para mí—, dice ofuscado —sin embrago, no esperaría otra cosa de ti… ¿Cuándo regresa el chico?
—Mañana por la tarde
— ¿Viene con su padre?
—No
Al menos sé que esto no es mentira… creo que debería pedirle que se fuera, pero no quiero perderle nuevamente.
—Pequeña, vamos paso a paso… ¿Sí? Lo primero es saber si quieres intentarlo de nuevo
Toma mi rostro entre sus manos y me obliga a mirarlo, Dios, esos ojos profundos, intensos, oscuros, siento cómo mi piel se torna escarlata, me suelto y bajo la mirada.
—Sí, quiero intentarlo
—Tendremos que ser sinceros y aclarar algunas cosas que pasaron cuando éramos jóvenes…
—Lo sé
Trago saliva cuando noto que el portón de la casa se abre y distingo las luces de un auto.
— ¡Mierda! Es Jack—. Miro sobresaltada a Christian, como quien es sorprendida en una infidelidad.
—Bien—, dice Christian resuelto, —así terminamos con esto de una vez.
— ¿Estás loco? No estás en condiciones de enfrentarte con él
—Pero… ¿Qué pasa Ana? Estás temblando…
—Nada—, digo sin mucha convicción.
— ¿Ana? Confía en mí—. Lo hago sin pensar bien en las consecuencias y me confieso.
—Tengo miedo
— ¿Miedo?—, Christian percibe toda la historia siniestra con Jack, — ¿Qué te hizo ese imbécil?
No soy capaz de contestar, no quiero decirle que me ha forzado, que me ha pegado, que ha hecho mi vida miserable por un tiempo. No quiero decirlo, porque he sido yo quien lo ha permitido.
—Mierda Ana… ¿Qué te hizo? Si te ha tocado un pelo lo mato
—Christian, por favor, ya viene—. Siento los pasos de Jack en la entrada de la casa, introduce su llave.
— ¿Tiene llaves de tu casa? — Asiento y veo la mirada de furia de Christian. —Hoy mismo se cambian las cerraduras, Ana.
Se abre la puerta y ahí estamos los tres, frente a frente, la cara de Jack es indescriptible. Hay una mezcla de sorpresa, confusión… ¿Ira? Jack entra y cierra la puerta, se saca la chaqueta mojada por la lluvia y la cuelga en la entrada. Se para frente a nosotros. Christian me tiene sujeta por la cintura, en un gesto más que posesivo. Momento tenso, después de un minuto sonríe y extiende su mano.
—Vaya, vaya, pero si no es Christian Grey, tanto tiempo.
Christian mira con desprecio la mano extendida y le contesta.
—No hace tanto tiempo, Jack. Si mal no recuerdo solo un par de meses.
Recuerdo entonces que durante el verano tuvimos una conversación sobre el padre de Teddy. Por supuesto él sabe quién es su papá, porque ha estado conmigo toda la vida. En ese minuto yo le dje que necesitaba decirle a Teddy la verdad sobre su padre, pero él me detuvo, me dijo que el niño querría buscarlo y que él no estaba en condiciones de conocer a Teddy, que su influencia sería nefasta para mi hijo, que le había visto pidiendo dinero en una esquina… para drogas.
—Veo que no habrá cortesía en este encuentro— dice Jack.
—No, no la habrá, tampoco habrá cinismos ni mentiras. Ya tendremos tiempo de aclarar las cosas entre tú y yo, pero ahora, como verás, estamos ocupados.
Se acerca a mí y me besa en la cien. Yo tiemblo al ver la mirada furiosa de Jack, Christian se da cuenta y me afirma contra él con fuerza, me protege.
—Ana… ¿No tienes nada que decir? — Pregunta Jack. Saco fuerzas del temor y resuelta le contesto.
—No, nada, espero que todo lo que me has dicho durante estos nueve años sea verdad, de lo contrario"
—De lo contrario qué, muñequita… ¿Me pegarás? — Sus palabras me recuerdan el golpe de la otra noche y me acobardo nuevamente. Jack lo percibe.
—Puedes estar caliente ahora con este sujeto, recordando cuando se revolcaban en el desván del orfanato, pero que no se te olvide, quién ha estado junto a ti todo este tiempo, aguantando tu mal humor, tu pequeñez…
—Cuida tus palabras Jack—, amenaza Christian lenta y oscuramente. Pese a su debilidad física, veo al hombre que me protegía hace años. —Tanta molestia ya se acabó para ti, ahora yo me haré cargo de ella— dice Christian.
— ¿Tú? Muerto de hambre. Apenas tienes donde vivir—. Es cierto, vive austeramente en un pequeño departamento, pero ese no es el tema.
—Yo no necesito que nadie se haga cargo de mí. Por si no se han dado cuenta yo misma cuido de mí y de mi hijo. Ahora vete Jack, Christian está herido y necesita descansar. Ya hablaremos nosotros más tarde
—Esto no se quedará así, tortolitos. Ya hablaré con cada uno de ustedes… por separado
—De ahora en adelante, lo que quieras hablar con ella lo haces conmigo presente. ¿Está claro? Ana no está sola
—Christian, Christian, cuántas cosas irás descubriendo… para el final de esta historia dudo que quieras seguir con ella. Pero no los interrumpo más, me voy—. Jack toma su chaqueta y se la pone.
—Las llaves Jack, por favor
Alcanzo a balbucear. Él me mira con desprecio, toma las llaves y las arroja a mis pies. Doy un salto al sentirlas caer tan cerca de mí. Luego abre la puerta y sale de la habitación. Las piernas me flaquean y Christian debe sujetarme para no caer. No doy más y lloro.
—Vamos, nena, cálmate, todo está bien. Yo estoy aquí y te amo y no te dejaré sola, lo prometo.
¿Qué ha dicho? ¿Qué me ama? El corazón se llena de júbilo, pero no puedo parar de llorar, todo esto ha sido demasiado y yo le he mentido tanto por proteger a Teddy. Él me abraza, me consuela. Tras unos minutos sentimos una bocina y me sobresalto, es Jack, debo abrirle el portón, pues ha devuelto sus llaves. Dando tropezones llego a la cocina y aprieto el botón que abre las puertas de mi casa. Lleno un vaso con agua y me lo tomo, necesito estar calmada para lo que se viene, pero no lo consigo y las lágrimas vuelven a mis ojos y un nudo se me instala en la garganta. Christian llega a la cocina y me toma por la cintura.
— ¿Qué pasa, Ana? — Su voz es casi un suspiro, apoya su frente en mi espalda. —Si no hablas conmigo no podemos avanzar, necesito que me digas qué pasa
—Lo sé, pero no todavía por favor
—Está bien, pero necesito preguntarte algo… ¿Por qué Jack cree que no te amaré cuando sepa toda la verdad?
—No puedo hablar de eso ahora, Christian, pero pronto lo sabrás…—. Me giro y lo miro, —yo no soy la chica que se fue hace nueve años atrás y en algo Jack tiene razón… yo creo que después de que conozcas toda la verdad… no querrás verme nunca más. En ese minuto yo te dejaré libre y sé que te irás… no me perdonarás
—No digas eso, Ana, por favor, te busqué por tanto tiempo… yo tampoco soy el chico que dejaste. Has visto mis cicatrices y tienes que saber que no son solo físicas. Ambos estamos dañados, pero juntos debemos curarnos y ser felices, por fin… ¿Qué es eso tan terrible que ocultas?
—No puedo hablar ahora… no lo resisto…
Seco mis lágrimas y lavo mi cara, debo estar horrorosa… bueno un poco más que todos los días, seguro la nariz roja y los ojos hinchados no ayudan a mi ya escasa belleza. Saco dos platos y descongelo una lazaña en el microondas, Christian debe comer algo y no puedo servir un solo plato, aunque el nudo en mi garganta no me dejará tragar nada. Él se sienta en uno de los pisos de la cocina y me observa afanar de un lado a otro, preparando una ensalada de lechuga para acompañar la lazaña. Saco dos copas y una botella de vino. Lo miro.
—Esta noche debemos brindar por nuestro reencuentro… aunque sea breve—. Y al decirlo se me llenan los ojos de lágrimas nuevamente.
—Es difícil saber si se podrá perdonar cuando no se conoce la falta.
Sonrío, pero no contesto. Mañana todo se descubrirá y él nos dejará… quizás no descubra que Teddy es su hijo y no sé si tendré el valor de decírselo a los dos. Aunque hay algo que debo aclarar antes de que sepan la verdad. Comemos en silencio, yo apenas un par de bocados, la angustia y los nervios pueden más. Baja la luz y la temperatura, así que enciendo la moderna chimenea y en segundos un delicioso fuego crepita en la sala. Elliot ha llamado, no podrá venir hasta mañana en la mañana. Sin Christian todo es más dificil en el bar.
Se viene una conversación inevitabe. Reviso la herida de Christian, está bien, no hay infección y cicatrizará muy pronto… No sé si las heridas que le causaré lo harán tan rápido como esta que estoy curando. Le entrego una copa de vino y no sentamos frente al fuego de la chimenea, en silencio. No hay música, solo el ruido del agua que cae afuera. Hay tensión, lo percibo, él está incómodo y yo no estoy mucho mejor.
—Ana, espero que pronto me cuentes por qué me dejaste, necesito saberlo para cerrar esa historia y comenzar de nuevo. Creo que me lo merezco por tantos años de silencio. Ya te he dicho que te esperé y te busqué por mucho tiempo… si hasta la señorita Grace intentó intervenir. Yo estaba destruido, tú eras la razón de mi vida y yo solo quería ser digno de ti, pero no lo fui… no sé si lo soy ahora, la verdad. Por favor no digas nada, necesito contarte esto:
—En esos días ciegos comencé a beber, me pasaba en los bares del barrio. Trabajaba aseando los baños a cambio de licor. Vivía borracho… como mi padre, me metía en mil peleas, por cualquier cosa… como mi padre. Cada pleito era peor al otro, yo solo quería que me mataran para no tener que seguir viviendo con el dolor de haberte perdido. La señorita Grace no sabía qué hacer conmigo, había cumplido los 20 años y el estado no se haría cargo de mí por más tiempo, menos si ya había estado en la cárcel por riñas menores. Pobre… creo que ella sufrió conmigo lo indecible… pero incondicionalmente, siempre estuvo ahí para mí.
—Un día me trencé en una lucha desigual, eran tres chicos y yo uno solo, estaba seguro de que me matarían a golpes, por fin había conseguido que me aniquilaran… eso creía por lo menos. Cuando ya se habían cansado de golpearme me abandonaron en la calle, no muy lejos del orfanato. Estaba inconsciente, tirado en el suelo cuando una mujer vino a mí… Pensé que era mi madre, la puta borracha muerta a manos de mi padre; después creí que eras tú, pues su voz era tan reconfortante, pero no… Elena me encontró moribundo y me llevó a un hospital. Me salvó, le avisó a Grace que me cuidaría. Ella era una mujer rica, culta, algo mayor y yo pensé que era un genuino interés por el prójimo…
No sé hacia dónde va la historia que me está contando, pero lo que es claro es que esto le ha marcado, a penas se mueve, está tenso y con la mirada perdida en el recuerdo. Sé que lo que dice le ha costado mucho… ¿Qué dolor hay detrás de esta historia?
—Me sané y ella me llevó a vivir a su casa, bajo la excusa de que necesitaba alguien que trabajara en ese lugar. Elena era casada, su marido tenía mucho dinero, trabajaba demasiado y ella se aburría. Era mucho mayor que yo, por lo que nunca sospeché lo que ocurriría después… Comencé a hacer pequeños trabajos en su casa, reparaciones pequeñas, unas lámparas, unos enchufes. Un día me pidió que la acompañara al sótano. Ella era una mujer muy atractiva y yo ya era un hombre, destrozado, pero un hombre. Esa mañana, bajamos y ella cerró con llave, me dijo que me deseaba y se acercó a mí… me besó con pasión y yo respondí con la misma locura, era un desahogo para mí. Luego me dijo que a ella le gustaba el sexo duro y que si quería follarla debía seguir sus instrucciones… Y así fue. Me ató las muñecas y rasgó mi camiseta. Luego tomó un látigo y me azotó, después me bajó los pantalones y succionó mi pene con fuerza.
—Sé que lo que te estoy contando puede sonar fuerte… pero querías saber cómo fueron hechas esas cicatrices… y ahora ya lo sabes
Trago saliva… no lo puedo creer. ¿En qué ha estado metido Christian por mi culpa? Nunca debí haberle dejado.
— ¿Cuánto tiempo estuviste con ella?
—Un par de años
— ¿La amabas?
—A mí manera, creo que sí… por un tiempo dejé de pensar en ti. Me enfoqué, entré a la Universidad, tuve un trabajo decente y sexo pervertido
— ¿Terminó?
— ¿Nuestra relación? — Asiento —sí.
Veo una sonrisa oscura asomarse en su rostro, Dios, he salido de un loco para caer en un sádico, papá estará orgulloso de mí.
— ¿Quedó algo de esa relación?
—Solo el gusto por golpear. No me malentiendas, esto no se trata de violencia doméstica, tiene que ver con infringir dolor para extremar el placer, pero no hablaremos más de eso ahora. Veo tu cara de terror y has comenzado a morder tu labio… y ya sabes lo que ocurre cuando haces eso, pero de verdad quiero sanar para penetrarte hasta que no sepas más de ti.
Sus palabras me han puesto a cien, se ha modificado el ritmo de mi respiración y me ha entrado un calor increíble. Deseo a este hombre con todas mis fuerzas, solo quiero que cumpla con sus promesas, soy suya. Acerca su boca y me besa, su lengua invade mi boca y me quita el aliento, lo quiero dentro de mí. ¡Ya! Pero sé que no es prudente por sus heridas. Nos separamos y nos miramos agitados.
—Anastasia Steel, no sé cómo he vivido todo este tiempo sin tus besos… pequeña, necesito que confíes en mí y me cuentes… necesito saber por qué te fuiste…
—Está bien… te diré…
Respiro hondo y me preparo… esta será una larga noche.
