¡Itadakimasu! –diálogo de los personajes

AU: Alternative Universe /Universo Alternativo

Espero que les guste. XD

Nota: Quinto aniversario en fanfiction, gracias a todos los lectores por seguirme leyendo y dejándome tan lindos reviews, les guardo un cariño sin igual. Este es un regalo para ustedes. Aclaraciones al final del capítulo.

Disclaimer: Yugioh! no me pertenece, (sino los hubiera hecho sufrir muaja.. jaja XD) sino que le pertenece a Kazuki Takahashi, yo solo utilizo los personajes para una linda historia.

"El Mundo de los Juguetes"

Capítulo XII: "Crónica de Aventureros"

Yugi llevaba de la mano a su ahora, hermano menor, Yami de seis años. Este ni se había molestado en recriminarle nada, iba sonriendo, viendo todos los juguetes. Unos los habían seguido por detrás, viendo la situación.

-Yugi nii san –habló Yami sorprendiéndole -¿A dónde vamos?

-A visitar al abuelo ¿recuerdas? –se sentía muy bien siendo el hermano mayor, pero no entendía porque su hermano mayor se comportaba así

-¡Cierto! ¿Y cómo llegaremos? –preguntó de nuevo

-Iremos en tren, es mas…

-¿y en avión? –preguntó con sus ojitos ansiosos

-Vamos en avión –sonrió

Se detuvieron en medio del campo. Le indicó que retrocediera. Alzó sus manos y una serie de chispas y luces hicieron aparecer un aeroplano, con su respectivo piloto. Transformó el sombrero de su hermano en gorrito y googles para el viaje, desapareció su capa y sombrero para aparecer los mismos accesorios. Se los colocó, una nube los subió al aeroplano, Yami iba sentado en sus piernas, Yugi colocó el cinturón en ambos y le indicó al piloto su destino.

El aeroplano arrancó, una pista imaginaria apareció frente a ellos, todos los juguetes les despedían. Yami sacó su manita saludándoles a todos.

Los juguetes veían impresionados la actitud del príncipe. Había sido tan frío con todos desde que había llegado, y al apenas transformarse, volvía a ser el pequeño amable y alegre del cual todos extrañaban. Volvieron a sentir el cariño de su gobernante, habían pasado años sin su presencia.

El aeroplano sobrevoló todo el valle, elevándose constantemente. Yami se acercó a la orilla, viendo maravillado las planicies cultivadas con verduras y frutas gigantes, que se alzaban con colores vivos. Más adelante, vieron la estación del tren, con vagones de colores que se alzaban por medio de grúas para el transporte de carga y otros juguetes, colocándoles en los rieles principales para engancharse con los vagones cargados.

-¡Mira! ¡Trenes! –exclamó Yami mientras Yugi asentía al ver la estación

-recorreremos todo cuando visitemos al abuelo ¡Nos divertiremos juntos! –Yugi había sido contagiado por el humor de su hermano, quien le veía sonriente –Verás que visitaremos todos los lugares del reino

Yami lanzó un grito al aire, largo y sonoro. Estaba feliz, era como un sueño hecho realidad. Poco importaba lo que había dejado, solo quería vivir ese momento.

El camino fue largo, la avioneta comenzó a descender a la hora de haber despegado. La pista imaginaria volvió a aparecer, quedando frente a una hermosa casita de galleta, chocolate y dulces. Al apenas bajar, Yami corrió hasta morder un enorme malvavisco que se alzaba en el patio de la misma, reluciendo como si se tratara de una estatua.

Yugi se movió para advertirle que no comiera, cuando de pronto, un hombre canoso, de mirada febril, ojos púrpura y vestido con traje de frac se acercó al pequeño quien disfrutaba a manos llenas del enorme malvavisco, atrayendo su atención con una pequeña risa traída por las campanas y el viento. El pequeño comelón, con su boca y manos llenas, volteó a ver a ese ser, iluminando su dicha.

-¡abfluetio! –pronunciando mal se acercó a abrazarlo mientras comenzaba a llorar

El anciano se vio manchado por el inoportuno malvavisco, pero poco importaba si recibía el abrazo de su nieto, los años habían sido crueles al separarlos. Yami había recordado a su abuelo, cómo lo había perdido en aquel entonces.

Su padre y él se encontraban en aquel frío apartamento, apenas se habían mudado a Estados Unidos. Ambos trabajando por separado sin siquiera mirarse. Era como un rencor mutuo. Sin embargo, el timbre del teléfono del padre sonó, al contestar, pudo escuchar la triste noticia. Su padre colgó y no tuvo ni siquiera el interés de informarle sobre su fallecimiento.

-¿No me dirás nada?

-Ya lo escuchaste, no debería repetírtelo –se levantó para recoger sus cosas e irse como si no hubiera sucedido nada

-¿Dónde lo enterrarán? –preguntó de nuevo

-Eso no debería de importarte, el muerto, muerto está, así que ¡Cállate! –bramó molesto

-¡Eres tú! –exclamó el pequeño tragando el malvavisco mientras intentaba calmarse, pero el peso de los recuerdos aún lo agolpaban en su pequeño pecho

-Lamento haberte hecho daño, Yami –se agachó hasta estar a su altura, este solo le veía mientras gimoteaba

-¿Por qué abuelito? –las dudas le carcomían

-Supe que has vuelto con tu madre –comentó ignorando la pregunta del menor

-Mamá me recibió con mucho cariño –habló mientras olvidaba su llanto –hermanito también, me trajo aquí y me dijo que estabas aquí –su abuelo rió al escucharle, al regresar a los seis años, era más inocente sus pensamientos

-Me alegro que tu hermanito te trajera, creo que por eso ¡Tendremos que divertirnos mucho!

El abuelo le tomó de la mano para caminar hacia Yugi, quien tomó la mano disponible mientras bajaban corriendo la colina en donde se alzaba la pequeña casa de dulces. Rodaron por la colina, siento detenidos por paredes de malvavisco que hacían de muro, separándolos de los ríos de agua. Reían viendo como habían quedado, llenos de caramelo verde, malvavisco y demás que había en esa colina. Yami sentía una alegría inmensa en su pecho, viendo al cielo, agradeciéndole a todo lo existente por la dicha que vivía en ese momento.

Su risa se mezcló con el viento, sonando armoniosamente, anunciando oficialmente su felicidad.


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