Yo estaba allí…La primera vez…
Recuerdo ese día, tenías casi 3.
Nos detuvimos en MacDonald para almorzar.
Estabas tan contento, porque la mayoría de las veces que nos deteníamos era en cualquier bar.
Yo también estabas contento.
Me encantaban sus hamburguesas.
Tu seguías diciendo que amabas a MacDonald.
Y que querías una cajita feliz.
Nos lo debes haber dicho unas 15 veces antes de que llegásemos.
Querías una cajita feliz, con un lindo juguete.
Cuando entramos, pedimos nuestras cajitas y nos sentamos para comer.
Nos faltaba mucho para terminar.
Todos los otros niños que estaban allí comenzaron a gritar alegremente.
Hablaban muy excitados.
Era Ronald MacDonald que traía globos para todos los chicos.
Tu nunca lo habías visto antes.
O tal vez lo habías visto en la TV…
De todos modos, vino a nuestra mesa.
Todo tu cuerpo se tensionó y te acercaste a mí.
Se agachó y se acercó a tí.
"Hola, ¿cómo te llamas?" te preguntó.
Se te fue todo el color de la cara.
No respondiste.
"Está bien, Sammy. No te quiere lastimar." te dijimos papá y yo.
El bueno de Ronald sonrió y te trató de dar un globo.
Lo miraste como si fuera veneno.
Luego gritaste.
Como si te estuviera tratando de matar o algo así.
Estabas histérico.
Pateabas y te arrastrabas.
Papá te tuvo que sacar de allí.
Seguías pateando y gritando.
Aún cuando ya estábamos en el auto, seguías sin calmarte.
Me senté contigo en el asiento trasero y traté de calmarte.
Te abracé muy fuerte.
Te asiste a mí ansiosamente.
Seguías llorando apoyado en mi pecho.
Mi camisa estaba húmeda por tus lágrimas.
Luego de aproximadamente 20 minutos, mientras papa conducía, te habías calmado un poco y sollozabas quedamente.
Papá nos miraba con preocupación por el espejo retrovisor.
"¿Porqué estás tan asustado Sammy?, sólo es un payaso" te pregunté.
Sacudiste la cabeza pero no contestaste.
"No te quería lastimar, yo le hubiera pegado si lo hubiera intentado, Sammy." te dije.
Me miraste con ojos enormes, aún con lágrimas en ellos que rodaban por tus mejillas.
"Tiene una cara fea, y es extraño, a mi no me gustan las caras feas y extrañas." Me dijiste finalmente, "Odio a Macdonald." Agregaste antes de enterrar tu cara en mi pecho otra vez.
"Nunca voy a volver, nunca." Dijiste con voz débil contra mi camisa.
Y no te he llevado a un MacDonald desde ese momento.