HOLA NUEVAMENTE! Okay, okay me volví a demorar en actualizar T_T pero la verdad es que con lo de mis prácticas profesionales no he tenido tiempo para terminar el capítulo. Es en verdad agotador asistir a las prácticas en época de verano, pero la universidad me lo exige, con los respectivos créditos como si se tratase de un curso, así que ni modo pues. Y cuando creía que al fin dispondría de algo de tiempo… sucedió lo de las lluvias (les contaré al final T_T).
Darles las infinitas gracias por sus maravillosos reviews, por sus ocurrencias que logran sacarme más de un sonrisa. Y gracias también por las críticas constructivas, me ayudan a mejorar con mi trabajo :) :) 7w7
Bueno, aquí les dejo el capítulo:
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CONFESIONES
En la entrada del hotel familiar de aguas termales, los Katsuki, los Nishigori y el maestro Minako recibieron con mucha alegría a los recién llegados de Beijing. Makkachin fue el primero en salir a darles el encuentro, moviendo alegremente la cola con fuerza y, a pesar de su edad, dando pequeños saltitos en círculos. Ni bien divisó a Yuri a lo lejos, corrió hacia ella, parándose en dos patitas sobre su abdomen, y recibiendo a cambio muestras de cariño por parte de la japonesa.
– ¡Makkachin, yo también te extrañé! – reía tiernamente la joven patinadora, acariciando suavemente la cabeza del alborotado caniche y dejándose lamer la mejilla. A su lado, Viktor observaba la entrañable escena, cautivado, como siempre, por sus adorables gestos hacia el can. El que ella quisiera a Makkachin tanto como él…
Comentó con diversión:
– Makkachiiiiiiiinnnnn… ¡¿qué hay de mí?! ¡No puedo creer que me hayas cambiado por Yuri! – hizo un cómico drama con pucheros.
Los padres de Yuri los abrazaron y les dieron una cálida bienvenida, felicitándoles por el logro obtenido en China. Demás está mencionar que tanto Toshio como Hiroko habían "adoptado" ya a Viktor como "miembro de honor" de la familia Katsuki.
Luego se acercaron los Nishigori, quienes saludaron efusivamente a la patinadora:
– ¡Fue increíble, Yuri! – la abrazó su amigo de infancia Yuko con una sonrisa de oreja a oreja. ¡Yuri había obtenido la medalla de plata! ¡Yuri! Se atrevía incluso a pensar que no era la misma chica que había partido a China apenas unos días atrás.
Tanaka también la abrazó y le dijo cariñosamente:
– Yuri, estuviste genial. Esa presentación…
Sin embargo, sus tres parlanchinas hijas la interrumpieron:
– ¡¿YURI, ES CIERTO QUE VIKTOR Y TÚ SON NOVIOS?!
La pregunta de las pequeñas trillizas descolocó a la aludida.
– ¡AXEL! ¡LUTZ! ¡LOOP! – las regañó su papá, aunque manteniendo una mirada expectante en su vieja amiga.
Yuri no supo qué responder a aquello. Con los nervios a flor de piel, miró de reojo a Viktor… y descubrió que éste se encontraba conversando con sus padres y su hermana, y por lo tanto no había alcanzado a oír la incómoda pregunta de las niñas. Menos mal.
– Ehhhh… es un secreto – les sonrió lo mejor que pudo, ocultando la tensión.
El maestro Minako observaba la escena con curiosidad, alzando una ceja y pensando quién sabe qué cosas. Él acababa de llegar también de Beijing un par de horas antes, y había sido "testigo presencial" de los "hechos" en la pista de hielo al finalizar el programa libre.
– Bueno, pasemos de una vez; la cena se enfriará – invitó a los presentes la amable señora Hiroko. Todos entraron a la casa, Viktor y Yuri arrastrando sus maletas.
Yuri caminó hacia su cuarto. Éste lucía tal como lo había dejado unos días atrás: sábanas limpias, algunas lociones y perfumes sobre el tocador, algo de maquillaje que casi nunca usaba, el televisor, su viejo teclado, la laptop sobre un pequeño escritorio… y los innumerables posters de Viktor que había descolgado de la pared y que ahora reposaban en una caja bajo la cama. Sí, se tomó la molestia de agacharse y revisar por si las dudas.
Dejó su maleta en un rincón, y… la puerta de la habitación se abrió.
– Hoy no duermes hasta contarme todo – soltó su hermana con una pícara sonrisa de lado, cruzada de brazos y apoyada en el umbral de la puerta.
– Ehhhh… después de la cena – le aseguró la patinadora con una suave sonrisa y algo de rubor en las mejillas.
– ¡Dios, el mundo está de cabeza! – exclamó Mari. – ¡Pero por fin algo bueno! Si no estoy gritando en estos momentos es porque no quiero armar un escándalo delante de todos. Pero eso sí, platicaremos un rato, ¿eh? – le guiñó un ojo a su hermana menor. Ésta le sonrió con cierta timidez.
Se reunieron todos en la mesa. Viktor y Minako no paraban de elogiar el desempeño de Yuri en sus dos programas, haciendo que la aludida fuera el centro de atención de todos. Degustaron el delicioso tazón de cerdo (katsudon) preparado por la señora Hiroko, plato favorito de Yuri.
– ¡Y Yuri clavó un triple salchow! – relataba el maestro Minako mientras le daba un trago a su sake
Mari observaba sin intervenir en la conversación. ¿Era su imaginación, o Viktor miraba de tanto en tanto a Yuri, algunas veces de frente, otras disimuladamente? ¿Era su imaginación, o detrás de esos profundos ojos azules y esa tonta sonrisa infantil había algo más? En unos minutos lo sabría. Por lo pronto, lo del beso era ya un hecho.
Cuando terminaron finalmente de cenar y todos se despidieron -Toshio, Hiroko y Viktor se dirigieron a sus habitaciones- la mayor de las Katsuki siguió a su hermana a su dormitorio y cerró la puerta tras de sí:
– Espabila de una vez.
Yuri volteó y encontró a su hermana observándola fijamente. Suspiró dándose por vencido. Se quitó sus anteojos y los dejó sobre la cama. Se sentó en el borde de ésta, con Mari a su lado.
– ¿Por dónde empiezo? – resopló cansada.
Le contó casi todo: desde el porta pañuelos que recibió como regalo hasta la noche en la terraza del edificio durante el banquete; omitiendo obviamente ciertos "detalles".
Mari escuchaba atentamente el relato de su hermana, abriendo enormemente la boca o los ojos cada que Yuri mencionaba alguna circunstancia que, en otros tiempos, pensó imposible en ella dada su timidez. Aunque, viéndolo desde otra perspectiva, para Mari la situación no era nueva. De hecho, las experiencias que su hermana le narraba eran normales en una pareja de enamorados que recién empezaba a salir.
Pero esta vez se trataba de su hermana menor. Y eso hacía todo diferente.
– ¡Qué mono! – exclamó tras haber sacado a Makkachin de felpa de la maleta. – Se ve que es algo costoso – volteó y le lanzó una pícara mirada, alzando una ceja.
– Eso ya lo sé – Yuri la miró apenada. Tras el comentario de Yuzuru, le había estado dando vueltas en la cabeza al asunto. Ese muñeco de felpa bien podría ser un costoso artículo de colección.
– Bueno, ¿y qué más pasó? ¿Lo hicieron? – le preguntó su hermana mayor, distraída con el porta pañuelos.
- ¿Ehhhhhh?
Mari dejó el muñeco en la cama.
– Me refiero a si se acostaron, si tuvieron sexo – soltó sin más, mirándola fijamente e intentando esconder una sonrisa para no escandalizarla.
Yuri abrió los ojos de par en par y su rostro se tornó de un rojo granate fuerte:
– ¡NO, CÓMO CREES…! – exclamó alarmada, sintiendo fluir la sangre en su cabeza, rostro y orejas.
– ¡HAHAHAHAHAHAHA! – río Mari, colocando una mano sobre el hombro de su hermana. – Lo siento Yuri, por un momento olvidé que eres muy vergonzosa respecto a estos temas.
La patinadora la miró muy sonrojada y apenada.
– Okay, okay – agregó su hermana, cambiándole de tema: – Bueno, de todo de lo que me has contado, y de lo que me he podido percatar, solo puedo asegurar una cosa: Viktor se muere por ti – le guiñó un ojo con total convicción.
– Mmmmmm…
– Lo sé, confía en mí – le dijo mirándola fijamente. – Ni yo me lo llego a creer del todo, pero es lo que pude ver hoy – se encogió de hombros como si fuera lo más obvio del mundo.
Aquello animó un poco a Yuri e hizo que su rostro recuperase su natural tono pálido.
– Yo… no sé qué somos. Aún no he hablado apropiadamente con él al respecto – le confesó resoplando. En esos momentos sentía que podía confiar plenamente en Mari. Habían crecido muy unidas, a pesar de la diferencia de cuatro años de edad. Y Yuri siempre había servido de "tapadera" ante las constantes salidas y citas de su hermana. Pero esta vez era Mari quien estaba ayudándola a ella con un "tema algo similar".
– Pues háblale tú. Aunque estoy segura que él intentará algo pronto – Mari miró a su hermana menor con una pícara expresión. Porque era claro que todo pasaría demasiado pronto. Había leído perfectamente los gestos de Viktor durante la cena. Se le terminaría confesando y saldrían en poquísimo tiempo, tal vez mañana mismo, tal vez en un par de días.
– ¿Algo? – preguntó Yuri inquieta.
– Sí. Pero tú tranquila, ¿eh? – le guiñó un ojo. – Ah, eso sí, cualquier cosa, cualquier duda que tengas en el futuro, me preguntas – miró divertida a la patinadora.
Ahora bien, por otro lado… el estar en una relación implicaba ciertas "cosas". Solo esperaba que su hermana se encontrase preparada para cuando aquel momento llegara.
– ¿Dudas? – la miró su hermana sin entender.
– Já, sí. Ya verás que tendrás muchas – rió Mari.
Yuri no captaba del todo la indirecta, pero estaba muy feliz de contar con el apoyo de su hermana mayor. Estaba feliz porque su hermana aprobaba la relación con Viktor. Pero, sobre todo, estaba muy feliz porque su hermana tenía la certeza de que Viktor en verdad sentía algo por ella, Yuri Katsuki.
"Entonces él también…" – pensó para sus adentros, intentando en vano ocultar una tímida sonrisa.
– Gracias – le dijo finalmente a Mari, mirándola fijamente y sonriéndole con sinceridad. – Y pensar que siempre era yo quien ocultaba tus escapadas con Kousei.
– Hahahahaha cierto, pfffff han pasado ya muchos años de eso. ¿Cuántos años tenía? ¿Quince? ¿Dieciséis? ¡Vaya que era toda una adolescente hormonal! – volvió a reír su hermana al recordar los tiempos en los que se escapaba de casa para pasar todo el día con su novio de infancia y mejor amigo. Siempre salía con alguna excusa de un trabajo o reunión de grupo del colegio para irse "por ahí" con Kousei. Yuri, a sus once años, sabía ya lo que ellos "hacían" en sus escapadas, pero se asustaba tanto con aquello que prefería mantener todo en secreto de sus padres.
– ¡Y yo moría de miedo! Rogaba a Dios porque no te descubrieran. ¡La que se iba a armar si llegaban a enterarse! – sonrió Yuri al recordarse asustada, mirando constantemente al reloj cierta ocasión en la que eran ya las diez de la noche y Mari no llegaba. Sus padres estarían pronto en casa. ¿Y si no encontraban allí a su hermana mayor?
– Hahahaha pero quién diría que los papeles cambiarían. Para serte sincera, siempre pensé que acabarías casándote con Yuko. Él fue tu mejor amigo de infancia – miró a su hermana divertida y a la vez algo expectante.
Siete años antes… (Flashback)
Había obtenido la beca. Aquello bien podría cambiar su vida para siempre.
Yuri Katsuki no era precisamente la mejor alumna en matemáticas o en lenguaje. No era mala; estaba en el promedio, sus notas eran más que aceptables y tenían más que satisfechos a sus padres.
Sin embargo, cuando se trataba de arte…
Yuri era capaz de tocar un piano, pintar bellos cuadros en lienzo, bailar ballet y… patinar sobre hielo. Aunque en ninguna de estas actividades era una adolescente prodigio, al menos destacaba en ellas muy sobre sus compañeros de la preparatoria. Por eso había decidido aplicar a una beca. Y la habían aceptado.
Pero aún le quedaban tres meses para su graduación. Y más de medio año para poder ingresar a la Universidad.
Durante su vida escolar, Yuri no fue precisamente una chica sociable. Si bien tenía compañeros y demás conocidos con los que se llevaba muy bien, a ninguno consideraba realmente su amigo. Bueno, sí había alguien: su sempai y amigo de infancia: Yuko Nishigori. Pero Yuko se había graduado ya dos años antes.
Por otro lado, Tanaka Kushieda –otra amiga de Yuko con la que Yuri se llevaba muy bien a pesar de sus diferencias en la infancia- era también dos años mayor, y tenía su propio círculo de amigos en el cual prefería no irrumpir.
Durante el tiempo libre del primer año en la preparatoria, Yuri solía encerrarse en las salas de música, de arte o de danza: tocaba alguna pieza en piano, practicaba ballet o se esforzaba en algún lienzo que casi nunca terminaba. Con sus dos trenzas oscuras, sus gruesos anteojos y la basta de su falda a cuadros hasta las rodillas, casi nadie se le acercaba. Había una excepción, claro está: Yuko Nishigori, su también compañero de pista. Porque Yuri pasaba todo el fin de semana en el Ice Castle Hasetsu, la pista de patinaje sobre hielo y su lugar favorito de Hasetsu.
Pero cuando Yuko se graduó, Yuri se quedó casi sola. Nunca faltaba alguien que la acompañara de regreso a casa o comiera con ella durante el almuerzo… pero no era lo mismo. Sin embargo, poco a poco se fue acostumbrando a ello.
Yuko le había "presentado", cuando tenía once años, al entonces campeón junior y ahora medallista senior Viktor Nikiforov. Y Yuri empezó a seguir la vida del ruso, convirtiéndose en una más de sus fans.
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– ¿Qué tal? – le preguntó uno de esos días Yuko mientras clavaba un triple axel. – ¡Ya me falta poco para superar a Viktor!
– ¿Piensas dedicarte al patinaje artístico? – inquirió Yuri con curiosidad. Aunque la verdad era que su amigo estaba aún bien lejos de superar al veinteañero medallista. Pero de todas maneras era genial. Era el "príncipe" del Ice Castle Hasetsu. Y la persona, aparte de su familia, con la que pasaba más tiempo. Le quería mucho, no tenía duda de ello. Aunque no podría decir si en plan amical o romántico.
– Ummm, no lo creo la verdad. Digamos que es más como una afición.
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Viktor, a sus veinte años, era ya uno de los mejores patinadores artísticos del mundo; su novia era una bailarina del ballet Bolshoi –al que Yuri, aunque quisiera, nunca asistiría por razones económicas-; era ya modelo de varias marcas deportivas; era heredero de una gran fortuna; era uno de los hombres más guapos del medio… Y ella, Yuri Katsuki, era tan solo una adolescente de preparatoria de casi diecisiete años, siguiendo paso a paso la vida de su ídolo.
Pues para ella el patinaje sobre hielo no era una simple afición; era una parte de su vida, era su sueño, era lo que más amaba hacer. Y allí estaba, con una carta que acaba de recibir de la Universidad de Detroit, especialista en Artes y que contaba con su propio equipo de patinaje que la representaba en diversos torneos institucionales.
Tal vez aquello era cosa del destino, pero no desaprovecharía la oportunidad.
Semanas después se enteró de que Tanaka Kushieda estaba embarazada de Yuko. Pero Yuko no tenía una relación con ella; era extraño.
Luego le llegó el chisme de que ellos dos habían estado bebiendo en el cumpleaños de un amigo, y pues…
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Se despidió con tristeza de Yuko, dejándolo todo un estrenado padre de trillizas. Se despidió de su familia, prometiéndoles llamar seguido y esforzarse y dar lo mejor de sí para convertirse en una gran profesional. Se despidió de su perrito Vik: "No me olvides en todo este tiempo, amigo" le dijo con lágrimas en los ojos, acariciando su pequeña cabecita mientras el caniche movía alegremente la cola.
Ahora sí, se iba a cumplir su sueño.
(Fin Flashback)
Yuri pensó en ello un momento. Debía por fin admitir algo:
– Pasábamos mucho tiempo juntos. Sabes, quizás en el fondo alguna vez yo también lo creí – le confesó sin más. Esta vez era diferente; ya no sentía vergüenza y podía hablar con su hermana con total naturalidad respecto al tema.
– Era de suponerse – le comentó Mari. Para ese entonces ambas se habían recostado en la cama mirando al techo, con los brazos tras la cabeza y con Makkachin de felpa a un lado. – ¿Todo se complicó tras el embarazo de Tanaka?
– Supongo. Tengo mis dudas. Tal vez fue una ilusión adolescente, porque en ese tiempo…
– También te gustaba Viktor – la interrumpió su hermana terminando la frase. – Pero en ese entonces lo de Viktor era también una ilusión. La de una simple fan.
– Exacto.
– Pero ahora es diferente. Estás enamorada de Viktor, ¿verdad?
Yuri pensó unos segundos. No la respuesta; después de todo lo ocurrido la tenía más clara que el agua. Lo que pensaba eran las palabras adecuadas para que su hermana captase la situación. Recostada, giró hacia ella:
– Sí – dijo finalmente resoplando. – Y creo que él siente lo mismo.
Mari abrió enormemente los ojos, mirándola muy sorprendida. No esperaba oír aquello de su hermana:
– ¡ESA ES LA ACTITUD, MUJER! – se levantó de golpe de la cama, haciendo un puño. Yuri también se incorporó y volvieron a sentarse en el borde. – Hahahahahaha – rió Mari - ¡Quién diría que el trasero ruso se convertiría en mi cuñado y…!
– Oye, no le digas así… – la interrumpió Yuri algo sonrojada haciendo un pucherito. Aunque con cierta seriedad en su voz.
Aquello dejó nuevamente perpleja a Mari:
– ¡Vale, vale! ¡Solo tú tienes derecho a comentar sobre su espléndido trasero! – levantó ambas manos en su defensa, riendo aún más y causando un gran sonrojo incluso mayor en su hermana, poco acostumbrada a esa clase de comentarios. Aunque en el fondo Mari sí que estaba bastante sorprendida. ¿Cuándo había cambiado tanto Yuri? Hace unos meses no era más que una patinadora que pensaba retirarse, pesimista, con baja autoestima. Y ahora que había obtenido la medalla de plata competía para clasificar al Grand Prix Final… y prácticamente estaba en una relación con Viktor Nikiforov, patinador artístico, modelo de diversas marcas deportivas, heredero de una gran fortuna, hombre muy guapo y uno de los solteros más codiciados del medio. Aunque pronto, muy pronto, dejaría de serlo.
¡No podía estar más orgullosa de Yuri! ¡Su hermana se había esforzado tanto! ¡Había entrenado hasta el cansancio…! Y en verdad Viktor había logrado cambiarla; le había enseñado un nuevo mundo tal como Yuri dijo en Tokio en la presentación de su tema de patinaje. Aunque la misma Mari lo había intentado miles de veces, debía admitir que era Viktor quien en verdad había conseguido hacer que su hermana confiara más en las personas de su entorno.
Después de todo, Yuri sería feliz. Se lo merecía. Y Viktor se veía que era una buena persona, pero… "pobre de él si la hace sufrir" pensó para sí misma. "Si algo así pasa se las verá conmigo".
– ¿En qué piensas? – le preguntó Yuri, mirándola con curiosidad y esbozando una sonrisa. Su rostro se había recuperado del sonrojo.
– En que Viktor se sacó la lotería contigo – le sonrió a su hermana menor.
Yuri no pudo evitarlo… y le dio un gran abrazo.
– Gracias, Mari – le dijo, apoyando la cabeza en su hombro. Se sentía mucho mejor compartiendo sus dudas con su hermana. Aquello también le agradecía a Viktor: gracias a él había aprendido a confiar en otras personas. Viktor, Mari, Yuko, Mhichit…
– ¡Mhichit! – exclamó deshaciendo el abrazo. Desbloqueó su iPhone y encontró varios mensajes de WhatsApp de su amiga.
– Así que Mhichit es la madrina después de todo – soltó Mari una risa de lado, alzando una ceja.
– ¿A qué te refieres?
– ¿Qué, no has revisado las redes sociales? – se sorprendió Mari. – Upsss.
Ni bien Yuri abrió sus cuentas de Facebook e Instagram, le llovieron cientos de notificaciones: mensajes, publicaciones, notas, links, tags… Todos ellos referentes al "BESO O ABRAZO" del que se especulaba en la web. Suposiciones, teorías, opiniones de los fans; inclusive fotografías de la "escena" desde diversos ángulos del coliseo que aun así no lograban deshacer del todo la interrogante que se había vuelto tendencia.
Grande fue su sorpresa al ver las publicaciones de Mhichit en Instagram… y encontrar el selfie que se tomaron en la recepción del hotel; aquella fotografía en la que su amiga posaba en la esquina inferior izquierda con cara de "oh, my god", cubriéndose la boca con una mano. En el centro de la foto, un Viktor sonriente rodeaba con un brazo los hombros de una también sonriente Yuri. Hasta allí todo ok, ¿verdad? Pero Mhichit había añadido en la descripción: "With them" seguido de un corazón, para finalizar con el hashtag "#VIKTURI". La fotografía había sido publicada apenas unos minutos después de que se despidieron de Mhichit y Celestino en el hotel. Así que todo ese tiempo…
Yuri recordó aquel cartel que llamó su atención en el aeropuerto de Tokio. Ponía la misma palabra "VIKTURI" rodeada de un corazón. Ahora todo tenía sentido.
Mhichit, sin saberlo, había creado una nueva palabra, un nuevo término para el lenguaje de los amantes del patinaje artístico y sobre todo para los fans de Viktor Nikiforov y Yuri Katsuki.
Aunque en el fondo, Yuri no sentía mucha vergüenza al pensar en aquello. Había cosas más importantes, como una conversación pendiente, que preocuparse por una simple publicación en las redes. Además, su amiga no lo había hecho con mala intención.
Por un segundo se dio cuenta que la publicación de cierta manera le parecía incluso agradable. "¡Vaya que estoy muy cambiada!" reflexionó para sus adentros, sonrojándose en un gesto que su hermana consideraría "adorable".
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– ¿Crees que papá y mamá sepan algo?
– Pffffff… ¡¿en serio?! - Mari puso los ojos en blanco. - Vimos la transmisión de tu programa libre en vivo. ¡E-N V-I-V-O!
Yuri palideció tras oír aquello.
– E-entonces, ¡¿p-por qué no me han comentado nada aún?!
– Tal vez porque no han tenido tiempo de hacerlo. ¡Mujer, apenas si acabas de llegar! Aunque conociendo a mamá, apuesto que está esperando a que tú misma se lo converses.
Era cierto. Los señores Katsuki siempre habían respetado las decisiones que tomaban sus hijas. Como cuando Yuri decidió ir a estudiar a Detroit. Su menor, muy aplicada durante la preparatoria, obtuvo una beca para estudiar en Estados Unidos. No iban a truncar las metas y aspiraciones de Yuri. Por otro lado, también aceptaron a Viktor en su casa. Si bien la presencia del ruso les había resultado en un primer momento algo inquietante, éste había conseguido ganarse su cariño y confianza.
– Pues tendré que explicarles la situación. Aunque yo misma la desconozco – dijo más para sí misma, algo inquieta, algo nerviosa. ¡¿Cómo explicarle a su mamá lo de Viktor?! Como nunca había salido con alguien, le resultaba todo un tanto embarazoso.
Yuri y Mari conversaron un rato más hasta que sintieron que el sueño les invadía. Empezaron con pequeños bostezos y luego pesadez de párpados.
– ¡Las tres y media de la madrugada! – exclamó Yuri alarmada.
Las hermanas Katsuki se despidieron. Mari se fue a su habitación y Yuri se deshizo de los jeans para colocarse ropa más ligera.
Con una gran sonrisa en su rostro, se durmió en un santiamén.
…
A la mañana siguiente, en San Petersburgo, Rusia…
Desde fuera, el recinto lucía imponente y enorme como siempre, desde que tenía memoria. A esas horas de la mañana, el viento soplaba con fuerza de un lado a otro, desprendiendo pequeñas hojas de los árboles cercanos y alborotando su sedosa cabellera rojiza. No era para menos, el otoño estaba a punto de despegar en todo su esplendor y la ciudad de San Petersburgo no era ajena a aquel cambio climático de estación.
"Ya falta poco. Pronto una fina capa nívea cubrirá todo".
Mila Babicheva amaba el hielo. Y no necesariamente el hielo de la pista de patinaje a la cual estaba ingresando.
– ¿Tan temprano por aquí? – la saludó una voz masculina desde el centro de la pista. La patinadora se sorprendió al encontrar a alguien allí a esas horas. Aunque en el fondo ya lo veía venir. Lo conocía bastante como para saber que él pensaba igual que ella. No por nada lo consideraba su "segundo hermano mayor".
– Lo mismo va para ti – se encogió de hombros. - ¿Preparándote para el nacional ruso? – le guiñó un ojo desde la barandilla.
– Mmmmm, puede ser – le sonrió ligeramente Georgi. – Tú aún tienes oportunidad en la Copa NHK.
Cierto. Georgi no había clasificado al Gran Prix y eso de alguna manera la entristecía.
– Por eso vine; quiero entrenar y dar lo mejor de mí – le comentó a su amigo con tristeza.
Georgi la miró fijamente. Se lo había estado preguntando desde hacía días. Él había observado de cerca los entrenamientos y el buen rendimiento de su compañera de pista. No, ella no fallaba un solo salchow. ¿Entonces, por qué en el programa libre…?
– Dime la verdad – encaró a la pelirroja, saliendo de la pista y acercándose a ella.
Mila sintió que los músculos se le tensaban. Ya sabía de qué iba ello. Y no podía mentirle a él. Él la conocía mejor que nadie. Bueno, tal vez igual que Viktor.
Tragó saliva antes de empezar su relato:
– Luka me envió un mensaje en WhatsApp antes de mi programa libre. No tengo ni idea de cómo consiguió mi número – habló rápidamente. – Me dijo que estaba esperando mi presentación, y que cuando llegara a San Petersburgo me buscaría para conversar – resopló. – No quiero que lo haga. ¡No quiero volver a verlo en mi vida! ¿Sabes? por eso me puse nerviosa. Quería hacer un excelente programa libre para restregárselo en la cara y cuando nos encontrásemos mandarlo bien al diablo.
Georgi la escuchaba atentamente.
– Pero no me salió bien – a Mila se le empezaba a cortar la voz. – Arruiné todo. Mi presentación fue pésima. A las justas conseguí salvar mi último salto… - apretó con fuerza sus puños, intentando en vano contener una fina lágrima. Ésta cayó suavemente por su mejilla derecha.
– Todavía tienes una oportunidad. No es tan malo; estoy completamente seguro de que clasificarás.
A esas alturas, Mila había empezado a sollozar bajito, sin hacer ruido. Simplemente dejaba que las lágrimas cayeran libremente por su bello rostro. Era frustrante haber quedado en cuarto lugar. ¡Ella era la medallista de bronce del Grand Prix del año anterior! ¡Se había esforzado tanto…! Estaba segura de que Yakov y Lilia se sentían muy decepcionados con su participación. Al igual que Yuri, Viktor y Georgi.
No había llorado ni en el kiss and cry, ni en su habitación del hotel, ni en el banquete, ni en su viaje de retorno a Rusia. Pero allí, en aquella pista de patinaje, en su pista de patinaje, podía darse el lujo de hacerlo a sus anchas.
– Mi caso es diferente – su compañero de pista interrumpió sus pensamientos, quitándose los patines. – Anya estuvo en el coliseo observando desde un palco mis programas junto a ese tipejo…
– Georgi… - lo interrumpió la patinadora secándose las lágrimas.
– Digamos que estamos en las mismas. Pero al menos tú ya no sientes nada por el jugador de Hockey ese, ¿o me equivoco? – le sonrió con tristeza.
A Mila no le era ajena la situación sentimental de su amigo. Desde un comienzo detestó a Anya, con su altanería y sus poses de diva; así como tiempo atrás había detestado a Amanda. ¡¿Por qué sus amigos no podían conseguirse novias más "adecuadas"?! Al menos Viktor había sentado cabeza y parecía haber iniciado algo con la japonesa Katsuki. Aquella mujer era bellísima, y, aunque no la había tratado lo suficiente, daba la impresión de ser una buena persona. No sabía explicarlo, pero Yuri Katsuki se le hacía una chica de nobles sentimientos.
– Creo que cupido se la ha cogido con nosotros – rió al fin la pelirroja dándose cuenta de la patética situación en la que se encontraban ambos. – ¡De tal hermano, tal hermana! Pero sabes, cuando clasifique al Grand Prix iré con Yuri al Tomorrowland – le guiño un ojo divertida. Si hace unos momentos había llorado, todo rastro de llanto se había esfumado casi por completo.
– ¿Tomorrowland? – repitió Georgi con escepticismo.
– Sí, mis contactos me van a conseguir dos entradas.
– Já, ¿y con Yuri dices? A la gatita no le gusta el electro – se burló. Ya podía imaginarse a Yuri tapándose con fuerza los oídos y gritándole "bruja" a Mila por haberla llevado a aquel evento en el que la música digital, el alcohol y el despampanante bullicio eran los principales protagonistas.
– Lo que pasa es que estás envidioso porque no te invité – rió la pelirroja sacándole la lengua.
– Sabes muy bien que no me gusta esa música.
– Cierto, el anciano solo escucha baladas y canciones de desamor – se burló. – Aunque en realidad por eso no lo hice.
– Bueno, bueno, ¿y por qué tanto afán por asistir a ese dichoso evento?
– Pues… no te lo diré. ¡Es un secreto! – exclamó contentísima.
Pero Georgi sabía que Mila terminaría revelándole sus planes. La rusa era así: cuando había algo que le gustaba demasiado, no podía evitar callárselo y terminaba por informarle a todo el mundo en qué consistía aquello.
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– Quiero ver a alguien – soltó sin más la pelirroja unos minutos después con una sonrisa de oreja a oreja.
– ¿Alguien? ¿Quién? – Georgi se llevó una mano a la barbilla, frunciendo el ceño pensativo.
– Sí. Creo que me he enamorado – suspiró la pelirroja dando una vueltita. – Otabek Altin.
Georgi abrió enormemente los ojos:
– ¡¿ALTIN?! – exclamó. Conocía de lejos la trayectoria del kazajo. Éste, al igual que Mila, se presentaría en la Copa NHK.
– Sí, pero tal vez lo conozca antes en Japón – suspiró Mila. – Bien podríamos cruzarnos en recepción o en los camerinos. Entonces ir al Tomorrowland sería como una cita – le guiñó un ojo.
– ¿Y por qué llevas a Yuri?
– Porque si voy sola no me darán permiso mis papás – bufó tras recordarlo.
Georgi no pudo evitar reír ante el comentario. Mila, a sus dieciocho años, aún tenía ciertas actitudes adolescentes.
– No te has enamorado – le dijo trayéndola a la realidad.
Mila lo miró desconcertada:
– ¿Ehhhhhhh?
– Solo te gusta. No lo conoces, nunca has compartido momentos, experiencias, vivencias con él. Dime, ¿sientes por Altin lo mismo que sentiste en su oportunidad por Luka?
Aquello desenfocó a Mila. Porque sabía que la respuesta era más que obvia.
– No
– Perfecto – le dijo Georgi. – Tampoco has respondido a mi pregunta anterior: ¿Ya no sientes nada, NADA por ese jugador de Hockey?
La pelirroja dudó unos segundos: – No.
– Por eso empezarás desde cero. No está mal volver a enamorarse – él le guiñó un ojo.
Esta vez Mila asimiló lentamente las palabras de su compañero… hasta que cayó en cuenta de algo. Sonrió burlonamente.
– ¿Y tú ya lo has hecho? ¿Te has vuelto a enamorar?¨– le preguntó a Georgi con sorna. Éste desbloqueó su móvil y buscó algo… hasta que lo levantó y le mostró la pantalla. En su lista de contactos de WhatsApp figuraba el nombre de una mujer: Tatiana Ivánova. – Adivina – le sonrió desafiantemente.
En eso, resonaron pasos acercándose la pista… y Yuri Plisetsky hizo acto de presencia, llevando el cabello sujeto en una coleta alta y vistiendo leggins deportivas y camiseta oscuras. Al parecer había pasado ya por el vestidor, pues llevaba su par de patines en la mano.
La rubia adolescente se sorprendió de encontrar a Mila y a Georgi en la pista de patinaje:
– ¿Y ustedes? – preguntó quitándose de la oreja uno de sus audífonos. Apenas eran 7:30. A.M, hora muy temprana para entrenar sobre todo en sábado, al menos para la dormilona pelirroja.
– ¡Yuriiiiii! – se abalanzó hacia ella Mila. – ¿Qué escuchas? – tomó entre sus manos el audífono que colgaba del cuello de la recién llegada.
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(POV YURIA)
Así que vinieron temprano. Me lo esperaba del anciano, pero de la bruja…
Le quito rápidamente el audífono. Está bien… puede que la música de Altin no sea tan mala después de todo.
Pero si la loca de Mila se entera que estoy escuchando la composición que me pasó por WhatsApp el otro día…
Con el handsfree, disimuladamente cambio de canción. Ahora se reproduce "By The Way" de Red Hot Chili Peppers. Mucho mejor así.
– ¿Ehhhhhh?
Arranco de un solo tirón los auriculares de la pequeña entrada de mi móvil; la voz de Anthony Kiedis se oye en volumen alto.
– ¿Verdad que me acompañarás al Tomorrowland? – me abraza Mila por la espalda, exclamando con voz chillona. El anciano de Georgi parece burlarse. Hmph.
– ¡¿Sigues con eso?! – le increpo. Dice que si ambas clasificamos, iremos a ese dichoso evento. En ningún momento he dicho que la voy a acompañar; no sé de donde rayos se hace esas ideas. Además, ¿para qué quiero ver yo en vivo a Otabek Altin? Está bien que me guste alguna creación suya, pero tampoco es que sea la gran cosa. Solo tiene un par de composiciones y… cara de ser un grandísimo aburrido.
Aunque tras mirar unos videos en internet debo admitir que sus programas de patinaje sí son buenos. La verdad no me lo esperaba de alguien que se dedica a pasar todo el rato en una PC.
– Oye, ¿qué tanto piensas? – alza una ceja la loca.
– Nada de tu incumbencia.
– Cierto, cierto. La gatita anda enamorada últimamente…
– ¡Estás loco! ¡Eso era para alejar de mi camino a unos cuántos idiotas! – espeto interrumpiendo al anciano que ya empezaba a burlarse. Debo admitir que, ahora que han reiniciado mis clases en el colegio, soy menos acosada por mis compañeros y demás alumnos. Y aunque el pervertido de Boris sigue molestando con sus mensajes, no es nada que no pueda controlar con unas cuantas palabras y emojis.
– Ay, ya decía yo que esa publicación en Instagram era falsa – hace un puchero Mila. – Respecto a romance eres un cero a la izquierda. No tienes ni una pizca.
– No, no la tengo – me cruzo de brazos torciendo la boca. ¡Ellos ya saben que no me interesan esas cosas! No entiendo por qué se ponen fastidiosos.
– Bueno, ¿van a entrenar? – nos pregunta Georgi cambiando de tema. – Ya son casi las 8.A.M, Yakov no demora en llegar.
Sin agregar nada más nos calzamos nuestros patines. "By the way I try to say I'll be there, waiting for…" finaliza la canción de Red Hot en mi teléfono móvil.
…
Horas más tarde en Hasetsu, Kyushu… (POV YURI)
El ruido de mi teléfono celular me despierta. Tengo los músculos de los brazos y piernas contraídos, y el rostro congestionado. Me fui a dormir muy tarde…
Doy un gran bostezo. La luz del sol de agosto ingresa por los bordes de la cortina semi descorrida de mi ventana, alarmándome de un momento a otro. En otoño el cielo generalmente permanece nublado, pero si hay aunque sea un poquito de sol…
Desbloqueo rápidamente la pantalla de mi móvil y allí lo tengo: 11:02.A.M… ¡Es tarde!
Con la mayor velocidad que mi cuerpo me permite, salgo de la habitación trastabillando y me doy una ducha en el pequeño baño que comparto con Mari y que se encuentra al lado de nuestros dormitorios. Cuando regreso a mi cuarto me visto ágilmente con unos pantalones de mezclilla grises y una camiseta turquesa corta y dejo mi cabello húmedo suelto. Me pongo mis anteojos.
Camino hacia el comedor. A estas horas ya todos deben de haber desayunado. ¡Qué vergüenza! No es para menos, anoche me acosté demasiado tarde. La conversación con Mari era necesaria de todas formas, pero…
Me detengo en seco. Por el pasillo del otro extremo que también desemboca en el comedor, Viktor aparece llevando puesta la típica yukata verde de nuestro hotel. Tiene el cabello húmedo pegándose en su frente y parte de su rostro. Se percata de mi presencia y me sonríe, con el rostro todavía adormilado. Así que también acaba de despertar. Supongo que fue a darse un baño a las aguas termales.
– Yuri – suelta como si nada, pasándose las manos por el cabello húmedo.
– ¿Han desayunado ya? – pregunto algo inquieta, acercándome. Todavía no sé cómo dirigirme hacia él tras lo ocurrido durante el vuelo y en el aeropuerto.
– No lo sé – se encoge de hombros. – Acabo de levantarme.
¿Entonces somos pareja? ¿Estamos en una relación?
– Ven.
Hago que me siga hasta la cocina. Efectivamente, en el lavaplatos encuentro una pila de tazones, cubiertos, palillos, platos, tazas y vasos. Es más que obvio que ya han desayunado. Pero entonces…
¡¿Dónde rayos están todos?!
– Ahora que lo pienso, no he visto a nadie – me dice frunciendo el ceño.
Probablemente mamá haya ido al mercado, papá haya ido por el periódico y se haya entretenido conversando con alguien… y Mari… no se me ocurre qué pueda estar haciendo. Aunque ella es muy impredecible, bien podría haber ido a ver a alguna amiga o incluso haberse encontrado con el mismísimo Kousei.
Esto no hace más que inquietarme. Estoy a solas con Viktor, en mi casa.
¿Es éste el momento adecuado para hablar con él respecto a "nosotros"? Si es que existe algún "nosotros", claro.
Levanto la mirada… y descubro que Viktor me observa fijamente, como analizándome. No puedo leer su expresión. Pero, por contradictorio que parezca, a la par de sentirme nerviosa también me siento muy cómoda con él.
– ¿Desayunas conmigo? – le sonrío.
Mientras preparo un desayuno occidental -café, huevos y tocino revuelto-, Viktor increíblemente ayuda a lavar algunos platos. Se me hace extraño porque sé que está acostumbrado a una vida llena de lujos y comodidades; él probablemente no sea el tipo de persona que te imaginas haciendo devotamente los quehaceres domésticos. Pero ya veo que me equivoqué nuevamente. Aún hay muchas cosas que desconozco de él.
En vez de optar por nuestros clásicos tatamis, nos sentamos a la mesa, frente a frente. Makkachin se acerca meneando la cola y le lanzo una hogaza de pan que consigue atrapar en el aire al instante.
– Hahahahahahahaha – ríe Viktor. Sí, con esa risa refrescante y despreocupada que muchas veces me deja pensando. – Te quiere mucho – me dice sonriendo. – ¿Quieres mucho a Yuri, verdad Makkachin? –le pregunta a nuestro amigo, quien emite un suave ladrido y continúa moviendo la cola a más no poder. Le hace una suave caricia en la cabecita.
Sonrío ante la escena. Sé que Viktor ama a Makkachin… y ahora yo también lo hago. Makkachin se ha convertido en un gran amigo consentido para todos en la familia.
Makkachin… alguien indispensable en su vida…
– ¿Cuándo le toca su control? – le pregunto a Viktor tras haber dado un trago a mi café. Aunque no lo parezca debido a la energía que lo caracteriza, Makkachin es prácticamente un perrito anciano y requiere de cuidados especiales.
– September – le da una mordida a su hogaza de pan. – El doctor te dijo cada dos meses, ¿cierto? Creo que guardé la fecha en mi agenda. De un rato reviso en mi móvil. Pero no pasaba de la quincena.
La vez que fui con ellos al veterinario, hice de intérprete, pues Viktor no habla japonés.
Seguimos conversando, esta vez sobre mi próxima competencia: la Copa Rostelecom en Moscú.
Vaya, voy a conocer el país natal de Viktor.
– ¿Puedo tomarme hoy el día libre, verdad? – comento en un tono infantil. El no entrenar un día no me afectará, ¿o sí?
– Yuuuuuriiiiii, ¿ya te quieres hacer la vaga? – me responde Viktor en un puchero, pero a la vez puedo notar seriedad en su voz. Sostiene en su mano a la altura de su pecho una hogaza de pan que supongo pensaba llevarse a la boca antes de ser interrumpido con mi pregunta.
– ¡Pero acabamos de llegar! – suelto en un fingido tono quejumbroso.
– Justo por eso es que… - no termina la frase. Makkachin ha estado dando vueltas alrededor de la mesa todo este tiempo. Quizás al ver que Viktor no comía… Pero el hecho es que ¡ha saltado y le arrebatado de la mano el pan a Viktor!
– ¡MAKKACHIN! – exclama Viktor sorprendido, abriendo enormemente los ojos. No se esperaba aquello. Ni yo tampoco, así que…
– HAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHA! – no puedo evitar carcajearme al ver el gesto de disgusto de Viktor mientras nuestro amigo termina de comer lo que ha sustraído y se vuelve a dirigir a nosotros moviendo la cola como si nada, sin una pizca de arrepentimiento – HAHAHAHAHAHAHAHAHA! – esta vez me llevo una mano a mi estómago ya lleno.
Viktor chasquea infantilmente la lengua.
– ¡Estamos en guerra, Makkachin! – apunta con un dedo hacia el aludido.
– Hahahahahaha – continúo riéndome. Viktor bromea haciendo un infantil gesto de disgusto.
– Tranquilo – levanto mis manos en son de paz, siguiéndole el juego y aguantando la risa – Puedes comer mis tostadas, estoy llena.
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Recogemos los platos, tazas, tazones y los llevamos a la cocina. Los colocamos en el lavaplatos.
– Olvidaba lo buen cocinera que eres – me dice acercándose y mirándome a los ojos.
– Gracias – le sonrío por el cumplido.
¿Es ahora? ¿Es éste el momento adecuado? Es decir, estamos solos en la cocina. Estamos solos en la casa. Tal vez una oportunidad así no se vuelva a dar. Sé que cuando retomemos los entrenamientos pasaremos más tiempo a solas, pero Viktor no parece ser el tipo de persona que mezcla lo profesional con lo personal.
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(POV VIKTOR)
Al final Yuri se da la vuelta separándose un poco de mí, y tomando una esponjilla… se pone a lavar los platos.
Observo detenidamente su estrecha espalda: su cabello húmedo todavía suelta pequeñas gotitas de agua; es un poco largo y muy sedoso. Estoy seguro de que debe emitir la suave fragancia del shampoo que suele usar, ese que me he acostumbrado a oler en estos dos días que he recostado varias veces mi cabeza en su hombro.
Han pasado demasiadas cosas en tan solo dos días…
Mientras restriega los platos, Yuri debe tener una linda expresión adorable, como siempre. Si me acerco y hago que se dé la vuelta, estoy seguro que volverá a sorprenderme con aquel rostro que parece haber sido esculpido por los mismísimos ángeles. Vestida con esos pantalones de mezclilla flojos y esa camiseta turquesa, se ve tan frágil…
Contengo un impulso de abalanzarme sobre ella y abrazarla con todas mis fuerzas. Quiero sentirla entre mis brazos, respirando con dificultad, con el pulso acelerado y con el rostro todo ruborizado en un tierno gesto. Quiero probar sus labios, pero…
Me paro a su lado, tomo otro plato entre mis manos y lo lavo también. No dejaré que haga todo el trabajo ella sola. Si le digo que yo me encargo de todos los platos, recibiré un "NO, DESCUIDA" por respuesta. Yuri es así; no le gusta incomodar a los demás.
– No sabía que se te dieran bien estas cosas – comenta mientras restriega la grasa de un tazón. La miro de reojo: efectivamente, tiene una expresión tan serena en su bello rostro, adornada por sus hermosos ojos café tras sus anteojos.
– ¿Eh? – contesto cautivado por su voz.
– Tú sabes, los quehaceres de la casa – me parece que sonríe.
– De hecho no se me dan nada bien – ahora yo le sonrío.
– ¿Entonces? – me pregunta. Puedo denotar sorpresa en su voz. Me parece que intenta concentrarse en el plato con espuma que tiene en la mano.
– Quería hacerlo, eso es todo. Quería ayudarte – ahora soy yo quien tiene la mirada fija en un vaso que estoy secando. Porque si la miro a ella una vez más…
Pero sé que al final no podré evitarlo.
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(POV YURI)
Cada vez que Viktor dice algo como esto… un pedacito de mi ser salta de felicidad.
Intento ocultar una tonta sonrisa y me concentro en enjuagar los cubiertos. En unos pocos minutos terminamos de secar casi todo; incluso hemos lavado los trastes del desayuno de más temprano del cual nos han excluido.
Estoy colocando el último plato en el secador al lado del lavatorio, volteo y… Viktor, frente a mí, se me acerca. Mucho.
De un momento a otro mi pulso se acelera. Hace tan solo unos segundos he estado tranquila, terminando con los trastes… pero ahora siento una gran agitación en mi interior, en mi cabeza, pecho y garganta. Viktor es el único que logra esos drásticos cambios en mí.
No puedo evitarlo… y levanto la mirada, perdiéndome una vez más en sus bellos ojos azules.
Entonces se me acerca mucho más si es posible, sujeta con una mano mi cintura y con la otra mi nuca… y me atrae hacia él en un abrazo.
Como si de un acto reflejo se tratase, recuesto mi cabeza sobre su hombro, rodeando con ambos brazos su cuello. A estas alturas me tiembla todo el cuerpo, y debo tener el rostro más colorado que un tomate maduro. Pero son pequeños detalles sin importancia.
Se siente tan bien… Se siente tan cálido…
Permanecemos unos segundos así, escuchando la respiración del otro… hasta que deshace el agarre en mi cabeza. Con el corazón latiendo a mil me separo de él, y entonces toma mi mentón con su mano derecha, haciéndome levantar la mirada y… deposita un suave y pequeño beso en mis labios.
Una vez más… mi corazón parece haberse desprendido de mi pecho.
Nos miramos a los ojos un instante, intercambiamos una fugaz sonrisa y… Viktor toma una de mis mejillas entre sus manos y la acaricia suavemente, sonriéndome otra vez. Lentamente acerca su rostro al mío.
Ya sé qué hacer.
Inmediatamente, como si mi organismo hubiera estado esperando algún estímulo del exterior, correspondo al beso en la misma intensidad con la que Viktor lo ha iniciado. El beso ha empezado lento, acompasado, para luego tornarse algo más ágil. Instintivamente he rodeado nuevamente su cuello con mis brazos y él ha soltado mi mejilla y tiene sujeta mi cintura con sus manos.
No puedo creerlo. Me da mucha vergüenza admitirlo, pero… es esto lo que en verdad he estado esperando. Es decir, desde ayer en Tokio no hemos vuelto a besarnos, hasta ahora claro. ¡¿Cómo puede ser posible que extrañe sentir sus labios contra los míos, cuando he pasado más de veinte años sin besar a alguien siquiera una sola vez?!
¿Absurdo, verdad?
Creo que poco a poco se está volviendo una adicción. No sabría decirlo, pero no puedo evitar el contacto físico con él. Me gusta mucho, de hecho.
¡DIOS, YA NO TENGO REMEDIO! ¡ME HE CONVERTIDO EN TODA UNA PERVERTIDA!
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(POV VIKTOR)
Nos separamos para tomar aire y continuamos besándonos. Wow, en verdad no me esperaba esta reacción en ella. Respondió rápidamente, como si incluso lo hubiera estado deseando tanto como yo. ¡Yuri está besándome también! La tengo abrazada de la cintura, atrayéndola más a mí (no quiero soltarla). Creo que ya estamos aprisionándonos contra el borde del lavaplatos.
"Sí, Yuri. A tu lado soy muy feliz." Eso le dije la noche pasada en la terraza del edificio durante el banquete. ¿Será feliz en estos momentos, tal como yo lo soy ahora mismo, preso de sus besos?
Sé que lo que siento es real, y la verdad es extraño porque nunca antes había sentido algo parecido por alguien. Todo esto es nuevo para mí. Pero se siente maravillosamente bien. Sí, soy feliz, pero además…
¿Cómo se llamaba este sentimiento? Creo haberlo leído en alguna novela, o haberlo escuchado en alguna canción.
Sí, ya recuerdo…
No tengo ni la menor idea de cuánto tiempo ha transcurrido, pero cuando ya nos hemos cansado de acariciar y jugar con los labios del otro, nos separamos. La observo fijamente: sus labios lucen sonrojados y húmedos allí donde la he besado. Ella me devuelve la mirada. Su muy sonrojado rostro derrocha ternura...
Entonces esconde su rostro en mi entrecuello.
¿Eh?
Supongo que no quiere que la vea más. Yuri no está acostumbrada, esto debe ser vergonzoso para ella. Pero quiero hacerla sentir cómoda, segura. Quiero transmitirle todos los sentimientos que en estos momentos oprimen mi cabeza y mi pecho.
La estrecho entre mis brazos.
– Yuri...
– Shhh no digas nada – me interrumpe en un susurro.
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(POV YURI)
Viktor rodea mi espalda en un abrazo. Con una mano acaricia suavemente mi cabeza, recorriendo con sus dedos mi todavía húmedo cabello. Aquello logra de cierto modo reconfortarme. El pensar que muy probablemente –ahora creo que un noventa por ciento- él sienta lo mismo que yo, genera una serie de emociones y sentimientos totalmente nuevos para mí.
La yukata verde que lleva puesta se ha corrido un poco, dejando parte de su pecho al descubierto, justo en el lugar donde he recostado mi cabeza. Mi mejilla se aprieta contra su cálida piel. Me llega su aroma, a jabón y loción de baño –acaba de salir de las aguas termales- y la fragancia me envuelve.
Cuando por fin me animo, me aparto un poco, levanto la mirada y encuentro sus bellos ojos azules, fijos en los míos oscuros. Me sonríe; yo finalmente le sonrío también.
Nos separamos. Viktor toma mi mejilla izquierda y la acaricia suavemente, sonriéndome. Se me acerca y, sujetando mis mejillas, deposita un suave beso en mi frente.
–… – me dice algo en ruso que no logro entender. No importa, por el suave tono de su voz supongo que se trata de una frase cariñosa. Con aquello solo consigue hacer que el corazón me dé un brinco.
Viktor me observa fijamente, luego baja la mirada hacia mis labios, y yo a los suyos y… volvemos a juntarlos. Pero…
Se oyen pasos acercándose. Alguien ingresa a la cocina… y abre enormemente los ojos. Definitivamente no se esperaba encontrarnos allí.
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Y bien, ¿qué les pareció?
Les voy a ser sincera: Este capítulo en realidad es la mitad del que tenía planeado originalmente. Pero resulta que entre tipeo y tipeo… ¡llegué por poco a las 30 páginas! La verdad no quería estresarles con un capítulo más largo, y dudé respecto a qué hacer hasta que opté por dividirlo. No sabía en qué parte hacerlo, así que intenté poner algo de suspenso sobre la escena en la cocina. La verdad no sé cómo salió, como les digo acabo de terminar de tipear justo en este momento y no he dado una revisada general. Cualquier duda, crítica háganmelo saber.
Pero como les dije casi llegué a las 30 páginas, así que pues en agradecimiento a su apoyo y sus lindos reviews, aquí les traigo un pequeño adelanto (sin editar, claro):
"Cuando abrió la puerta de su habitación… encontró a Viktor… muy lejos de como se lo imaginó. No solo no llevaba puesta una yukata -Yuri pensó que como él había insistido tanto, optaría por vestir una también- sino que, hecho, se veía muy… no tenía palabras para describirlo. Bueno… se veía como en la portada de esas revistas de espectáculos en las que solía aparecer antes de convertirse en su entrenador.
Viktor vestía jeans, zapatillas casuales, una camiseta blanca, y sobre ésta una camisa negra abierta con las mangas dobladas a la altura de los codos. Llevaba el cabello algo húmedo, en su cuello una cadenita y en su muñeca un reloj y en su hombro un pequeño morral y…
– ¿Yuri? – la sacó Viktor de su ensimismamiento.
Yuri no sabía qué decir. Al lado de él, ella se veía tan… ¿ordinaria? Tal vez debió haberse esmerado más en su apariencia. Tal vez debió haber optado por algún vestido o quizás por una yukata como le había insistido él. Pero ya era muy tarde; no podía regresar a su habitación y cambiar su atuendo.
Viktor se percató de su desconcierto.
– ¿Pasa algo? – le preguntó cambiando su semblante animado por uno de preocupación.
– No, nada – ella movió suavemente la cabeza. – Vamos – le sonrió apenada, saliendo y cerrando de golpe la puerta de su habitación."
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Sí, en el siguiente capítulo, que llevará por nombre VEGA Y ALTAIR (estoy segura que ya adivinaron de qué se tratará con solo leer el avance y el título :P ) finalmente Viktor y Yuri tendrán la muy dichosa "conversación pendiente". Deséenles suerte XD.
RESPUESTAS A REVIEWS: (las dejé para el último esta vez porque son varias). Antes que nada, me hubiera gustado responder los reviews por MP, pero no sé si se habrán enterado… Soy de Perú, y en mi país están ocurriendo una serie de lluvias y huaicos (desborde de ríos) que están inundando, aunque parezca mentira, las ciudades más importantes como son Lima, Trujillo y Piura. Gracias a Dios vivo en una zona segura, en un distrito cercano a Trujillo, pero Movistar ha estado cortando la señal de internet. Es más, mientras tipeo esto estoy sin internet.
Bueno, mis más sinceros agradecimientos a:
: Jajajaja, por lo del banquete ni te preocupes XD (risa misteriosa).
Io-chan Ao-sama: (La "nueva" al igual que yo, aunque a estas alturas ya no debe serlo XD) Jajajaja pero si la música de Ed Sheeran ya lleva un par de años en el mercado! Su música romántica me parece muy buena (y eso que no me considero para nada cursi, todo lo contrario!) Bueno y sí, técnicamente NO FUE UNA CONFESIÓN. Por otro lado… creo que Yuri ya no es tan inocente XD. Jjajajaja dices que lo de "es mi primera vez" te recuerda a una canción. Si se soluciona el problema de internet te enviaré un MP para que me la pases 7w7 :) Gracias por tus lindos reviews 7w7 (le regala un Viktor. ¿O prefieres un Yuri?).
Gotti Calavera: Sí, se comporta como quinceañero 7w7 (así lo amamos).
chris LM: Loca, no mates a Ameliaaaa! (¿Era "Amelia"?) Te extraño monga, no tengo la app de Messenger, cualquier cosa publica en mi muro (hoy la señal estuvo lenta en mi móvil y no pude responderte TuT) Espera, espera… ¡¿TE SIENTES ACOSADA?! Omg! ¿Quién? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? 7w7 Espera, ¡esto ya se está volviendo demasiado personal! Jajajajajaja. Love you, best friend :) (a ti te regalo un Miketsukami. ¿O prefieres un Yukine? 7w7).
Vladimir674: Muchas gracias, gracias! (se emociona) :)
Aly Zama: Sí, es el efecto Nikiforov 7w7. Ese Yuzuru y sus ocurrencias. Pero no lo malinterpreten, no lo hace con maldad; creo que es despistado y no se da cuenta.
Valkiria: Owwwww, gracias, gracias! (llora de la emoción TuT) La verdad es la primera vez que escribo algo así de romántico; no sabía cómo hacerlo. Tuve que escuchar música y baladas en inglés (me gusta ese idioma). Gracias por el review :)
Yukime Hiwatari: Jajajajaja, has creado una nueva ship! Ok, se vale shippear todo lo que se mueva XD 7w7.
sharayanime: No, ese hombre no conoce el autocontrol 7w7 jajajajajajaja. En cuanto a… "¿Evgenia?" JAJAJAJAJAJA, pensé que nadie se daría cuenta. ¿Pero es ése su nombre? Mmmmmm, ya veremos qué pasa ;) Gracias por el review :)
Guest: LA CHARLA ENTRE LAS HERMANAS! XD. Y respecto a Yuzuru… él es un personaje de relleno, nada más. Tuve mis dudas al inicio respecto de si incluirlo o no, pero la verdad me faltaban personajes para la categoría masculina, y la verdad a la mayoría de lectores no les gusta que se incluya demasiados OC. Y pues viendo que en Wattpad abundan las novelas "INTEGRANTE DE ONE DIRECTION" x READER -_- -.- lo consideré. Gracias por la crítica, la tomaré en cuenta. No quiero desnaturalizar la personalidad del talentoso patinador japonés. Gracias por el review y por seguir esta historia! :) (le da un abrazo).
Mina: ¿Eres la misma "Guest"? Bueno, como le expliqué a "Guest", no es mi intención desnaturalizar la personalidad del talentoso patinador japonés. Gracias por el review y por seguir esta historia! :) (le da una abrazo).
Rin: Gracias por tu review! :) 7w7.
Y GRACIAS TAMBIÉN A ESOS LECTORES SILENCIOSOS! :) 7w7.
Bueno, me despido y prometo (esta vez sin falta) subir en cuatro o cinco días a más tardar el próximo capítulo.
¿Me dejarían algún review?
¡Los quiero mucho, besos! :)
