Quinto curso de Hogwarts.

Maldición.

Dolía. Muchísimo.

En momentos como estos, a la cabeza de Lily Evans no dejaba de venir uno y otro ver la imagen de su cómoda y cálida camita. ¿Por qué había tenido que ser mujer? O, bueno, mejor dicho, ¿por qué las mujeres tenían incorporado ese… regalo? ¿Y por qué dolía como mil demonios?

La pelirroja soltó un siseo por lo bajo y cambió el peso de su cuerpo al otro pie, incómoda.

Se encontraba, junto con los demás compañeros de su curso, en la puerta del Gran Comedor a punto de entrar para realizar el último examen de TIMOS: Defensa contra las Artes Oscuras. Notaba en su estómago, a parte de los pinchazos esporádicos que la asaltaban, un liguero hormigueo a causa del nerviosismo. E su cabeza iba repasando una y otra vez los apuntes previamente estudiados mientras no dejaba quieta la gomilla del pelo entre sus manos, la cual siempre tenía en su muñeca derecha para cuando la necesitara.

Denise y Charlotte estaban comentando uno de los puntos a entrar (mejor dicho, Chalotte se lo estaba explicando mientras Denise intentaba retenerlo en la mente). Por otro lado, Remus, como Charlotte, ayudaba a Peter en último momento y Potter y Black charlaban tranquilamente entre ellos, como si estuvieran el jardín junto al lago. Lily entrecerró los ojos. ¿Cómo demonios podían estar tan tranquilos? En ese momento, James, sintiendo el peso de una mirada, apartó los ojos de su amigo y, buscando, se encontró con esa hermosa mirada que tanto le gustaba. La sorpresa cruzó sus fracciones antes de sonreírle y guiñarle un ojo.

Lily se sonrojó y giró su rostro rápidamente.

Malditos días, maldito examen, maldito James…

—Bien, chicos, ya podéis entrar— anunció la voz firme de la profesora Lucien Owell, profesora de DCAO— Como sabéis, en silencio y cada uno a su sitio asignado. Adelante.

Media hora después, Lily se encontraba sentada en su lugar con el rasgar de las plumas sobre el papel como el único sonido que se escuchaba. Su mano viaja, aunque mejor dicho, se podía decir que volaba, respondiendo una tras otras las respuestas del examen.

Algún tiempo más tarde, Lily dejó de escribir notando una leve punzada en su mano. Suspiró y colocó un mechón de pelo tras su oreja. Llevaba varias semanas sin poder dormir bien entre los exámenes y los estudios. Deseaba terminar este examen. Acabarlo e irse a su habitación, tirarse en su cama y no despertarse hasta mañana. Sentía que no podía más con los nervios, el dolor y el cansancio.

La prefecta, intentando que la profesora no la pillara, observó por el rabillo del ojo a su alrededor. E, inconscientemente, terminó viendo a James Potter. James estúpido Potter. Se encontraba en la fila de al lado varios asientos más adelantes. Tenía la cabeza alzada, mirando el techo, con las manos tras su cuello.

Sintió como los colores viajaban a su rostro mientras justo en el momento que otro pinchazo aparecía en su estómago. Intentó ignorarlo. Ignorancia…

En realidad, ya no sabía ni como sentirse respecto a James Potter. De nuevo, James le hablaba, le sonreía, se burlaba de ella… y Lily, aunque le costase horrores admitirlo, se sentía muy bien, le encantaba. Porque notaba como un enorme peso hubiera sido quitado de sus hombros. Aunque eso, por supuesto, no pesaba decírselo.

Por otro lado… su amistad con Severus… la sentía como si estuvieran al borde de un barranco en donde un paso en falso podía ser catastrófico. No volvieron a cruzar palabra desde esa fatídica tarde. Más de una vez se había acercado ella para poder hablar, refutarle esas últimas palabras suyas, pero cada una de las veces Severus la ignoraba y pasaba de ella con un rostro de fría indiferencia. También, ahora, lo veía juntarse más con esos horribles chicos… esos defensores de los sangre puras. Y, aunque, habían sido ellos siempre compañeros de casas, de un tiempo atrás Lily veía a Snape más… cercano a ellos. Demasiado. Siempre estaban juntos, cuchicheando entre ellos… molestando a los demás. ¿En qué se estaba convirtiendo su amigo?

Cada vez que lo veía, Lily sentía un retortijón en el estómago junto con un dolor en pecho. Pero ya se había cansado de ir detrás de él. ¿Él quería ignorarla? Muy bien, así sería. Pero que conste, ella no había sido la que había roto la amistad.

La culpa era de la serpiente. Sus palabras, sus acciones…

Maldito tú también, Severus, pensó pasando una mano por su frente para echarse a un lado algunos mechones de su flequillo.

No llevaba una buena temporada.

Hoy no era su día, reconoció suspirando para ella.

Por lo menos llevaba bien esa asignatura. Estiró por unos segundos sus dedos pues los sentía un poco agarrotados y volvió a coger la pluma. Debía terminar el examen.

Examen, mi cama y a dormir.

—Venga, ven, ven, ven— exclamó Denise cogiendo a su amiga del brazo. Lily sacudió su cabeza haciendo una mueca— Oh, vamos, ¡el sol te hará bien!

—Denise tiene razón— apoyó Charlie pasando un brazo por sus hombros— Llevamos mucho tiempo sin salir a estar bajo los cálidos rayos del Sol. ¡Hay que festejar que hemos terminado los exámenes!

—¡Sí! — secundó la rubia con los ojos brillantes— ¡Esta noche haremos una fiesta!

—Pero yo solo necesito tumbarme un rato en mi cama…— se quejó Lily, intentando desistir a los intentos de sus amigas porque saliera al jardín junto los demás alumnos de su curso, los cuales reían, charlaban y bromeaban con la alegría y la despreocupación destilando de ellos, después de una dura época de exámenes. Aunque, en su interior, le gustaba la idea. Tumbarse en la hierba, cerrar los ojos y respirar el aroma natural.

—Bah. ¡No hay nada mejor como la naturaleza! — pareció que Charlotte le leyó los pensamientos.

Lily suspiró y, finalmente, cabeceó de acuerdo a sus planes.

Denise y Charlie sonrieron felices y tiraron de la pelirroja para llevarla hasta el jardín. Irían junto al lago.

Cuando la luz solar impactó en la piel blanquecina de la pelirroja, una sensación de calidez apareció en ella. Estaban a mediado de junio y este pegaba con todo su esplendor.

—¡Ah, chicas! — dijo Denise, mientras se acercaban al lugar, abriendo los ojos al acordarse de algo— No os lo he dicho, ¿no?

—¿El qué?

—¡Este verano me voy con Brandon a Egipto! —anunció y una enorme sonrisa se extendió por sus labios.

Sus amigas jadearon de la envidia.

—Oh, maldita sea, ¡llévame! — exclamó Charlotte fulminándola con la mirada en broma— Hazme un hueco en la maleta, rubia.

—Lo siento, chicas. Aunque vayamos con sus padres… para mi es un viaje para los dos— explicó encogiéndose de hombros de falsa indiferencia pero con un brillo en los ojos de emoción.

—Eso no vale— refunfuñó Charlie.

—No te preocupes, Charlie— dijo, entonces, Lily, arqueando una ceja— Una traición como esa no se perdona fácilmente.

—¡Oye! — protestó Denise ante las palabras.

—Es por eso— siguió diciendo como si no hubiera escuchado nado— que tú y yo nos vamos a ir por ahí.

—¿Dónde? — preguntaron las dos chicas. Lily soltó una carcajada al ver como hablaba con rapidez Denise.

—No lo sé. Ya lo pensaremos— respondió guiñándole un ojo a la castaña.

Charlotte añadió algo más, pero esas palabras no fueron escuchadas por la pelirroja. En realidad, fue la grave voz de Potter la que entró en su cabeza.

—Vamos, Lunático, Canuto— exclamó el joven. Lily se dio la vuelta y se encontró a los cuatro jóvenes subiendo la cuesta que venía desde el lago. La pelirroja se perdió por unos segundos en la sonrisa que había en sus labios. Entonces, la sonrisa se incrementó y la chica creyó distinguir un brillo en sus ojos marrones— ¡Eh, Snape! — sacó la varita— ¡Expeliarmus!

Severus Snape, quien en ese momento caminaba para dirigirse hacia el colegio, paró de pronto al sentir una sacudida y vio cómo su varita salía despedida a un lado. Sintiendo la furia en su interior, rápidamente fue a recogerla y cuando la tuvo de nuevo en sus manos se giró, encontrándose con los rostros pagados de Potter y Black, la sonrisa en Lupin y la risa en Pettigrew. Las personas que se encontraban a su alrededor alabaron a James y lo aclamaron.

—Muy buena, James— dijo Sirius palmeando la espalda de su amigo, divertido.

Ascendio— siguió conjurando James y de pronto, la serpiente se vio en el aire.

Snape ahogó un jadeo, haciendo aspavientos con los brazos para estabilizarse. Sentía la ira y la rabia bullendo en su interior. Todo era culpa del imbécil de Potter.

—¿Qué? — preguntó riendo James— Ya no somos tan brabucones, ¿no? Sabes que te la tengo tomada desde que te fuiste cual alma de la fiesta y creyéndote una princesita, Snivellus.

Sirius rio y este fue acompañado por los de alrededor aunque no entendieran el significado de estas palabras.

—Maldito Potter… ¡Déjame!

Las carcajadas de Potter se incrementaron, pero estas tuvieron que parar de pronto cuando una voz se oyó por encima de todo el ruido.

—¡Bájalo ahora mismo, Potter!

La mirada de James se alzó y sus ojos chispearon cuando se encontró con la mirada esmeralda puesta en él. Su hermosa Lily estaba radiante ese día. Y estaba tan bella enfadada… Las comisuras de los labios del joven se izaron.

—¿Qué hay querida Lily? — comentó guiñándole un ojo y pasándose la mano que no sostenía la varita por el pelo.

—Deja a Snape— insistió parándose a varios pasos de él. Los murmullos de su alrededor crecieron— Ahora.

—Oh, vamos, pelirroja, solo estábamos jugando— le restó importancia.

Lily, intentando ignorar con todas sus ganas los estragos de su cuerpo a causa de la sonrisa de Potter, echó un rápido vistazo a su antiguo amigo de la infancia. Su absurdo deseo de encontrarse con una mirada de agradecimiento o, aunque sea, reconocimiento murió justo en ese momento, pues lo que obtuvo, en cambio, fue la más absoluta indiferencia, como si ella no estuviera allí. Su enfado y su indignación la llenaron como nunca antes había pasado.

Ni Potter la había hecho sentir de esa manera.

Pero, a pesar de todo, Snape era… su Sev.

—No quiero repetírtelo, Potter. Baja ahora mismo a Snape— se oyó decir con la voz más fría y tensa que de costumbre.

James también lo notó y arqueó una ceja. Tuvieron que pasar unos segundos antes de que el joven Potter contestara.

—Muy bien, lo haré— aceptó. Sus ojos marrones se clavaron con firmeza en los de ella y Lily tuvo que esconder un estremecimiento que la recorrió entera ante la firmeza de esa mirada— Pero a cambio, querida Lily, tienes que salir conmigo.

Y antes de que ella pudiera contestar, Potter bajó la varita haciendo que Severus cayera al suelo con un golpe sordo. La pelirroja apenas lo notó, pues toda su atención estaba puesta en el moreno que le había hecho la proposición. Sintió como su corazón se aceleraba, como su estómago hormigueaba por sus palabras…

Pero al igual que con Severus… James, a pesar de todo, era… el estúpido Potter.

—Prefiero salir con el Calamar Gigante antes que salir contigo, Potter— espetó consiguiendo que su tono no temblara ni un ápice.

Una carcajada salió de los labios de Sirius, el cual, divertido por la característica charla de la pelirroja con su hermano, palmeó su hombro como muestra de apoyo. Lily cruzó los brazos, de pronto demasiado incómoda como para querer permanecer allí y James suspiró en su interior. De nuevo, Lily se había negado. Ya no sabía qué hacer para demostrarle a Lily que la quería. Severus, iracundo y, por qué negarlo, celoso, aprovechó esa distracción para levantarse. Potter se las pagaría…

—¡Petrificus tota…!

—¡Impedimenta!

—¡Ascendio!

En menos de un segundo, el hechizo de Snape había sido parado por James mientras que su compañero Sirius había hecho que, de nuevo, levitara.

En los ojos verdes de Lily, James pudo apreciar el asombro y reconocimiento junto con una pizca de diversión, pero duraron unos escasos segundos antes de que el enfado cruzara sus facciones.

—¿Atacando por las espaldas? — preguntó Potter, mirando burlón a la serpiente— Querías hacerte el bueno, pero en realidad eres como todas las demás: egoísta y rastrero.

—¡Potter! ¡Bajadlo! — gritó a punto de perder la paciencia. En un día como hoy, lo último que había querido había sido un encontronazo con las estupideces de Potter.

Debería haberse ido a la cama.

—Pero, Lily…

—¡NI PERO NI NADA, DÉJALE!

James sostuvo la mirada de la pelirroja por unos instantes antes de, finalmente, gruñir y asentir.

—Muy bien, tú ganas— aceptó de mala gana—Canuto, baja a Snivellus.

—Con lo que nos estábamos divirtiendo—se quejó Black y de fondo se oyeron voces, apoyándolo— Eres una aguafiesta, pelirroja.

—Maldito seáis…— mascullaba Snape para él, cuando, por segunda vez en la tarde, se calló al suelo. Se levantó y se ajustó la túnica con toda la dignidad que pudo reunir sin mirar a nadie.

—Será mejor que agradezcas que Lily estaba cerca…— espetó James mirando a Snape fríamente.

El rostro de Snape se coloreó imperceptiblemente.

—No pienso agradecer la ayuda de una sangre sucia.

El corazón de Lily, por unos segundos, dejó de latir. Imposible… Severus… Sev, su Sev, no le había dicho eso. ¿Cómo había podido llamarla de esa manera? A su mente llagaban miles de recuerdos que tenía junto a él, como juntos despotricaban contra James y contra esos ideales de la sangre… Recordó el día en el que él le prometió que nada los separarían… Y ahora él… ¿Cómo había podido ser tan estúpida? Todos los hombres eran iguales. Solo querían sus intereses… y podían pasar de ti como una persona ignora la presencia de una colilla en el suelo. James lo había hecho varias veces… y ahora Severus…

Ella no era nadie.

Sintió como sus ojos se aguaban ante el profundo dolor que se había instalado en su pecho. Parpadeó repetidas veces para esconderlas, pues no quería que la viera llorar. No quería que nadie la viera llorar, ni hasta donde le habían llegado sus palabras.

—Por supuesto— se oyó decir con voz monótona— La próxima vez no me meteré donde no me llaman.

—¡Miserable! — escuchó la voz de James con ira— ¡Pídele disculpas a Lily por haberle dicho eso!

—¡No necesito que me defiendas, idiota!— gritó ella mirando a Potter— ¡Tú eres igual que él!

La sorpresa se mostró en el rostro del chico que, incrédulo, la escuchaba.

—¿Qué? — exclamó—¡Yo jamás te diría… eso que tú sabes!

—Siempre estás desordenándote el pelo porque crees que queda bien que parezca que acabas de bajarte de la escoba, vas presumiendo por ahí con esa estúpida snitch, te pavoneas y echas maleficios a la gente por cualquier tontería... Me sorprende que tu escoba pueda levantarse del suelo, con lo que debe de pesar tu enorme cabeza. ¡Me das asco! —respondió de vuelta, con su mirada echando chispas.

Tras decir esas palabras, Lily se marchó de allí a paso rápido.

—¡Evans! — la llamó James, contrariado— ¡Eh, Evans!

Pero Lily no miró hacia atrás.

Y James, por primera vez en su vida, no supo qué hacer con su pelirroja.

·

Mil años después... ¡Voldemort ha renacido de sus ceniza! Buajajaja (?) Okay, no. Simplemente soy yo con un nuevo capítulo de esta disparatada pareja.

Parecen que las cosas estan yendo cuesta abajo para Lily... pero como compensación diré que cuando uno cae, ya lo único que le queda es ir subiendo escalones. ¿Qué creéis?

¡Decidme si os ha gustado!

PD: En el próximo cap... veremos otro hecho importante de la saga y que tiene que ver con Canuto. ¿Qué pensáis que es?