Capítulo 12. Flora in Fraganti
Una vez más, mezcla de personajes ficticios y reales. Y un par de menciones especiales que no pude resistirme a no poner.
(Flashback. Londres)
Mary Darling no fue la única que sufrió terriblemente la marcha de su hija mayor. George Darling era un hombre práctico, serio y bastante frío, pero el día que su niña desapareció sintió en lo más profundo de su alma que la culpa era suya pues no había sido capaz de comprender ni ser más paciente con su hija. Amargado por los remordimientos, juró que no saldría de la perrera de Nana hasta que Wendy volviera. Sentía que eso era lo justo y lo correcto, pues siempre había sido quizá un poco exagerado. Por mucho que su mujer le pedía amablemente salir de ella, él siempre replicaba que ese era el lugar que le correspondía. Incluso iba a trabajar dentro de la perrera, todas las mañanas unos hombres se encargaban de transportarla en un coche, que lo llevaba a la oficina y regresaba a casa de igual modo a las seis. El señor Darling, que siempre había sido muy orgulloso y muy sensible a la opinión de los vecinos, en aquellos momentos parecía importarle bien poco lo mucho que su esperpéntico comportamiento llamaba la atención.
-Esto es un castigo para ti, ¿no es así, George? ¿Estás seguro de que no estás disfrutando con ello?- le preguntó con timidez su esposa en una ocasión
-¡Pero mi amor!- respondió él ofendido
También desde aquel día fue mucho más cariñoso y atento con John y Michael y con Nana, pues también pensaba que una de las razones por las que su hija desapareció era porque no la había demostrado bien cuánto la quería y cuán importante era su familia para él.
Recuperar a Wendy fue una de las mayores alegrías que sintió George Darling en su vida, fue por eso que volver a perderla, y a Baelfire, le rompió una vez más el corazón y le devolvió a la perrera. La gente pronto dejó de hablar y burlarse de aquel hombre y pasaron a admirarle profundamente. Incluso su jefe, uno de los hombres más rancios y que menos aguantaba las tonterías y chiquilladas de toda Inglaterra se solidarizó con él, al menos al principio. Lamentablemente la perrera se vio infectada de termitas y acabó hecha astillas. George Darling intentó sustituirla por otra, pero su jefe, quien ya se había cansado de ser solidario, le advirtió que si volvía a presentarse a trabajar con esa payasada no se molestase en volver. El señor Darling estuvo a punto de ofrecer a su jefe tomar su empleo y hacer algo anatómicamente imposible con él, pero dado que necesitaba el trabajo para alimentar y proporcionar un techo a su familia finalmente desechó la idea. Pero no pasó un solo día sin que diese un beso y un abrazo a sus hijos y les dijese cuanto les quería. Tristemente la tragedia posee una singular habilidad para unir a las personas, y en este caso unió aquel matrimonio y aquella familia más que nunca.
Una mañana George y Mary Darling encontraron un espejito de mano sobre su mesilla de noche, casi se desmayaron al cogerlo y ver el rostro de su hija en el cristal. Los señores Darling no creían en la magia, no comprendían cómo era que podían ver y hablar con su hija a través de un espejo, no entendían cómo era que su Wendy y Baelfire no habían cambiado, seguían teniendo la misma edad que el día que desaparecieron. Pero una vez más podían ver a sus hijos y decidieron no protestar. Lo importante es que gracias a aquel espejo los Darling podían saber de Wendy y Baelfire. Hablaban todos los días. Por desgracia la alegría duró poco, pues en 1914 el mundo decidió entrar en guerra, en el que fue uno de los conflictos más mortíferos de la historia. John, que siempre había sido el más patriota, fue de los primeros en alistarse y Michael se unió a su hermano en las trincheras poco después. George Darling también fue llamado a filas. Mary Darling, deseosa de ayudar de algún modo, trabajó como enfermera en el hospital, atendiendo a los heridos y a todas las víctimas de la guerra, uno de estos fue su propio marido, que tras ser herido en el frente fue trasladado a Londres. De los millones de víctimas que se cobró la Primera Guerra Mundial, dos de ellas fueron los señores Darling, él a consecuencia de la infección de las heridas causadas por un ataque con bomba de gas mostaza, ella de una grave gripe que contrajo en el hospital. Murieron juntos, dados de la mano, con una foto de su familia en el bolsillo.
(Fin del flashback)
(El País de Nunca Jamás)
El día que Wendy supo del trágico destino de sus padres, lloró desconsolada durante toda la noche y tuvo fuertes pesadillas durante varios días. Esta vez fue Peter quien se encargó de abrazarla y consolarla por las noches, sintiéndose un miserable desgraciado, pues por culpa de su egoísmo la persona que más le importaba en el mundo no había podido pasar con su familia sus últimos momentos de vida.
-Trae aquí a mis hermanos, Peter- le casi exigió una noche- Me da igual si odias a los adultos o si estás enfadado con ellos. Trae aquí a John y Michael, no puedo perderlos a ellos también-
Y Peter, en contra de los deseos de su Sombra, lo hizo. John y Michael se trasladaron a vivir con la tribu de los Pickaninny, pues no querían saber nada del campamento de Pan. No tardaron en adaptarse a la vida allí, aunque nunca les gustó el País de Nunca Jamás, soportaban vivir allí porque al menos estaban con su hermana y Baelfire. John y Michael deseaban volver a Londres, puede que sus padres hubiesen fallecido, que la ciudad hubiese cambiado, y solo Dios sabía que habría sido de su casa, pero para ellos era su hogar, era el único lugar que aceptaban como hogar. En cambio, para Wendy su hogar era el lugar donde estaba con sus seres queridos.
Pasaron muchos años, aunque en Nunca Jamás eran difíciles de calcular. Baelfire seguía planeando cómo escapar de allí y llevarse a los Darling consigo. Desde que sus hermanos estaban en la isla ya no se sentía solo, pero aquel lugar seguía sin ser un hogar para él. Para él un hogar era un lugar que echaba de menos cuando estaba lejos, donde además estaría su familia. Un hogar para Baelfire sería cualquier sitio lejos de Nunca Jamás donde viviera con sus seres queridos. Sentado sobre un acantilado, observaba el Jolly Roger navegando a lo lejos, aun sentía resentimiento por Garfio, y entonces se le ocurrió. La nave del manco pirata usaba una vela especial para viajar entre mundos, una vela hecha de las plumas del caballo Pegaso y podía levantar el barco entero y hacerlo volar. El capitán la escondía celosamente en su camarote, desplegándola únicamente cuando viajaban, y Baelfire sabía dónde la guardaba. El muchacho iría al Jolly Roger, conseguiría la vela de Pegaso y la usaría para escapar del País de Nunca Jamás.
Una noche pudo observar como Garfio y algunos de sus compañeros se dirigían en balsa a tierra. Aunque no era habitual que los piratas visitasen la isla, de vez en cuando se atrevían a hacer alguna incursión. Bae supuso que Garfio quería buscar el campamento de Pan o algún medio que poseyera la isla para derrotar al "Cocodrilo". Bae vio en esta excursión su oportunidad, supo que tendría que actuar con celeridad, pues no sabía cuánto tardarían los piratas en regresar. Podría haber usado el polvo de duende e ir volando al barco, pero tras la mala experiencia que había tenido en su vida con la magia, rechazaba usarla fuera cual fuera la necesidad. Lo que sí hizo fue tomar algo de polvo de amapola, pues seguramente el barco no estaba vacío y no quería ser descubierto ni enfrentarse a algún pirata borracho, sería descubierto y todo su plan se iría al traste.
En cuanto los piratas pusieron un pie en la playa y se adentraron en la jungla, Bae, armado con su espada, salió de su escondite y remó rápidamente hasta el barco. No necesitaba una linterna, pues con la luz de la luna tenía suficiente iluminación. No tenía tiempo que perder. Él mismo había fabricado su propia balsa. Llegó al barco y trepó, asegurándose de que la cubierta estaba vacía, muy silenciosamente empezó a desplazarse por el barco. Cubriéndose la boca y la nariz con un pañuelo, esparció el polvo de amapola, de manera que todo pirata que quedaba en el barco cayó en un profundo sueño, si el ron no se le había adelantado. Por mucho que odiase a Pan, tenía que reconocer que sus lecciones de supervivencia y escape eran muy útiles. Velozmente y sin hacer un solo ruido, Bae entró en el camarote el capitán y buscó la vela en su escondite, la encontró, pero cuál no sería su frustración cuando se percató de que era demasiado grande y de que él solo no sería capaz de transportarla. Desenvainó su espada y cortó un pedazo que le resultase más manejable, rezando para que aun así la vela funcionase, doblándola cuidadosamente se lo escondió bajo la ropa y dobló así mismo la vela de manera que Garfio no descubriese la mutilación de ésta a menos que la desplegase. Salió del barco con el mismo sigilo y remó de nuevo a la isla justo antes de que los piratas regresasen. Una vez en su cueva, ocultó la vela lo mejor que pudo, consciente de que nadie más que él debía saber de su existencia, pues suponía su único medio de escape.
¿Qué habían estado haciendo Garfio y sus secuaces durante el tiempo que Baelfire les robaba? El infame capitán estaba más que harto de aquel demonio de Pan, por lo que una vez más se adentró en la isla no solo esperando encontrar algo que le permitiera derrotarle, sino también al Cocodrilo. Buscaba polvo de duende, "sueño mortal", cualquier cosa con la que poder derrotar a sus enemigos. Y fue durante esta excursión que se topó con la casita de Wendy. Garfio sabía la importancia que tenía aquella muchacha para Pan y se le ocurrió que podía serle de utilidad. Ocultos tras los arbustos, aguardaron el momento en que Wendy regresase de visitar a sus hermanos y sus amigos los indios y se dirigiera al campamento de Pan, nada más verla, los piratas se abalanzaron sobre ella. La metieron en un saco e intentaron inmovilizarla, pero Wendy era una luchadora y aun a ciegas empezó a patalear y a golpear a sus atacantes para librarse de ellos, pero antes de que lograse alcanzar su cuchillo o su espada, el capitán la golpeó con más fuerza de la necesaria con su garfio y la dejó inconsciente. Los piratas regresaron rápidamente al barco con su presa, antes de que nadie los descubriese, pero tarde para detener a Baelfire.
Wendy se despertó un par de horas después con un dolor punzante en la cabeza. No tenía sangre pero sí un incipiente chichón que alguien se había molestado en cubrir con hielo. Se dio cuenta de que estaba tumbada en una cama, en un camarote iluminado débilmente por la luz de una vela. Mareosa, procedió a levantarse lentamente, aguantando el reflejo de vomitar. Ya en pie y aun sujetando la bolsa de hielo contra la cabeza, caminó por el camarote y tambaleándose llegó hasta la puerta. El señor Smee la esperaba al otro lado. Wendy supo dónde estaba y para su horror comprobó que también estaba desarmada. Al menos la alivió comprobar que estaba vestida. Con una educación que Wendy ignoraba el pirata del gorro rojo poseyera, la indicó que le siguiera, ofreciendo incluso el brazo para que la muchacha se apoyara. Ella desconfiaba, pero viendo que la costaba caminar en línea recta y no le quedaba más remedio, tomó finalmente el brazo que ofrecía Smee. No tardaron en llegar al camarote del capitán.
Smee abrió la puerta a Wendy con una galantería propia de los nobles caballeros de las novelas románticas. El camarote estaba sencilla pero elegantemente decorado con cortinas rojas y una alfombra a juego. Velas iluminaban toda la habitación con su titilante luz dorada. Y en el centro una gran mesa llena hasta los topes de mangares que hacen la boca agua solo con pronunciar su nombre. Presidía la mesa el capitán Garfio, con una enorme sonrisa y los más exquisitos modales tan bien aprendidos en su Colegio Eton.
-Oh, querida, me alegra ver que has despertado. Por favor toma asiento. Te estaba esperando- dijo cortésmente
Wendy no entendía lo que estaba pasando, pero a pesar de su desconfianza se sentó a la mesa, aun se sentía mareada y el suave bamboleo del barco no hacía sino aumentar esa sensación. Al momento de sentarse, Smee con delicadeza le colocó una servilleta impecablemente limpia en el regazo y le ofreció una copita de ron y un puro, Wendy rechazó ambas ofertas.
-Wendy Darling. Es un gran honor tenerte en mi barco. Francamente, debo admitir que no estaba seguro si aceptarías mi invitación- dijo de nuevo Garfio
-¿Invitación?- exclamó Wendy indignada- De donde yo vengo esto que habéis hecho vos recibe el nombre de secuestro-
-Lamento si el trato de mis hombres fue rudo. Verás, llevan tanto tiempo en el mar y sin una madre que me temo han olvidado sus modales-
El tono de Garfio siguió siendo increíblemente cordial durante toda la velada.
-¿Y a qué debo el placer de vuestra invitación, capitán?- preguntó Wendy con ese tono mezcla de cortés y sarcástico propio de las damas y profesoras que había visto toda su infancia
-Pensé que te gustaría alejarte un rato de las obligaciones maternas. Por favor, come, nuestro cocinero se ha esmerado esta noche especialmente para ti-
A pesar de todos sus años en Nunca Jamás, Wendy no había olvidado ni un ápice de sus modales. Y decidió que lo mejor en aquella situación sería comportarse como la señorita que sus padres la habían enseñado a ser. La comida ciertamente estaba deliciosa. Para amenizar la velada, Garfio procedió a contar algunas de sus aventuras en alta mar, si eran ciertas o no ya es otra historia. No poseía la habilidad de Wendy, pero desde luego sabía mantener la atención del público.
-¿De verdad conocisteis a Long John Silver?- preguntaba Wendy boquiabierta
-Preciosa, soy el único hombre al que temía Barbacoa. Y el propio capitán Flint temía a Barbacoa- afirmaba Garfio
-¿Barbanegra fue vuestro maestro? ¡Es el mejor de todos los piratas!-
-Bueno, lo era hasta que le superó su discípulo- dijo Garfio sin ningún tipo de modestia
-¿Visitasteis Nassau? ¿Conocisteis a "Calicó" Jack, Charles Vane y Benjamin Hornigold?
-Por supuesto, cielo. Todo pirata que se precie debe visitar aunque solo sea una vez en su vida ese paraíso de libertad-
-Es impresionante ¿Y al capitán Kidd, Edward England, Henry Every, Samuel Bellamy, Ned Low...? ¿Os topasteis alguna vez con el Holandés Errante?-
-Más despacio, preciosa. Vaya, los conoces a todos- el capitán estaba verdaderamente asombrado
-Las de piratas son mis historias favoritas- confesó ella- Cuando era pequeña encontré un libro que hablaba de Barbarroja, sir Francis Drake y sir Walter Raleigh y quedé fascinada-
-Es que somos fascinantes. En una ocasión me topé con un pirata galés, siempre encapuchado y con cuchillas ocultas en unos brazaletes. Y a otro que capitaneaba el navío más rápido que he visto jamás, con velas negras; las mujeres siempre lo abofeteaban cuando lo veían, no sé por qué-
-Habéis tenido una vida apasionante, capitán-
-Oh, muchas gracias. Pero ya basta de hablar de mí. Hablemos de ti, preciosa. No he podido dejar de observar que tienes muchos conocimientos sobre la piratería, dime, ¿alguna vez has pensado hacerte pirata?-
-Debo admitir, capitán, que cuando era más pequeña, pensaba en llamarme Flora in fraganti-
-Un nombre precioso. Me sentiría más que dichoso de contar contigo entre mi tripulación. Y mis muchachos también-
Smee rió de un modo más llamativo de lo que debería y Garfio se vio obligado a mandarle callar con una mirada que helaba los huesos. Wendy pudo notar que había un doble sentido oculto entre las palabras del capitán.
-¿Qué diría tu madre si fueses pirata?- preguntó de nuevo el capitán
-Mis padres fallecieron en la guerra- respondió ella con tristeza
-Oh, lo lamento muchísimo, tesoro. Mis padres también murieron cuando yo era pequeño. Y mi querido hermano mayor también me dejó. No pensemos en cosas tristes que no podemos cambiar ni evitar. Hay una cosa más que me gustaría saber de ti, Wendy. Ahora que hemos empezado a conocernos mejor. Tengo mucha curiosidad, ¿cómo viniste a parar aquí?-
-He de admitir que me escapé de casa. Mis padres querían que creciese-
-Crecer. Sí, sé lo que es eso. Mi padre también quería que creciese. Entonces no entendía por qué. Crecer está lleno de dificultades, responsabilidades y todos esos sentimientos complicándolo todo. Cuan afortunado es Pan de vivir libre de ellos-
Wendy le miró con una mezcla de desconcierto y horror.
-Ah, no, preciosa. Pan no puede amar. Es parte del enigma de su existencia. Y en caso de sentir algo, dudo que sea amor en el sentido estricto de la palabra-
Wendy miró a su plato vacío sin poder ni querer creer las palabras del capitán pirata. Ella estaba totalmente segura de sus sentimientos por Peter, pero si era cierto que lo que él sentía no era amor, entonces ¿qué era? En aquel momento Wendy era la viva imagen de la congoja. No, se dijo a sí misma, Garfio estaba equivocado. El pirata no conocía tan bien al muchacho como ella. Puede que Peter nunca la hubiese dicho con palabras que la amaba, pero se lo demostraba cada día con sus acciones, el modo de hablarla, de mirarla, de sonreírla, de acariciarla el rostro con delicadeza por las mañanas.
-Querida mía. No llores. No tiene por qué ser así- continuó el pirata- Verás, yo también era reacio a crecer en un principio y el solo pensamiento de ello me producía una profunda angustia. Hasta que un día me di cuenta de que tanto si lo quería como si no, crecer era algo que tenía que hacer. Y una vez que lo acepté, me sentí mucho mejor. Y descubrí que no era tan horrible, no es todo tan tedioso, restrictivo y lleno de responsabilidades. Desde luego puede parecer mejor y más fácil la vida despreocupada de la infancia. Pero hay mucho más en la vida adulta. Y tú lo sabes-
-Sí, lo sé-
Wendy admitió por primera vez en voz alta una realidad de la que hacía mucho tiempo se había dado cuenta. Y al igual que le sucedió a Rufio cuando la confió su pasado, esto la hizo sentirse liberada, más ligera. Como ya se ha dicho, no es posible crecer físicamente en Nunca Jamás, pero sí mentalmente, y Wendy había madurado. Si bien todavía encontraba ventajas en la infancia, había descubierto que la adultez era mucho más de lo que ella pensaba. Durante mucho tiempo Wendy había deseado aventuras, y no había dejado de hacerlo, simplemente ahora quería otras cosas de la vida. Quería cosas distintas. Se había dado cuenta de que ya no la importaba crecer, incluso quería hacerlo. Quería ser escritora, quería volver a estudiar, quería votar, quería formar su propia familia, casarse y tener hijos. ¿Era eso malo? ¿Iba eso en contra de todos sus anteriores deseos de vivir una vida llena de excitantes aventuras? Por supuesto que no. Había tiempo para todo, tiempo para divertirse, tiempo para ser responsable. Wendy había podido experimentar muchas aventuras y las quería seguir experimentando, solo que ahora se sentía preparada para vivir otra totalmente diferente. Su habitación estaba llena de cuadernos con miles de historias encerradas, sus propias experiencias en Nunca Jamás le daban material para una novela. No le gustaba hacer deberes ni exámenes, pero sí aprender. Recordaba haber leído sobre las sufragistas en el periódico de su padre, quizá en todo el tiempo que llevaba fuera las mujeres inglesas habían conseguido el derecho al voto. Formar una familia no significaba despedirse de las aventuras para siempre, el mismo hecho de ser parte de una familia ya es una aventura en sí. Ella sabía que el matrimonio y la maternidad no eran para todas las mujeres, pero para ella sí. Había pensado incluso el nombre que le gustaría poner a su hija, Jane. Observó un momento a Garfio, recordando lo que le resultó tan fascinante de él cuando le conoció, era un adulto en un mundo de niños, la prueba de que el tiempo pasa lo queramos o no y tarde o temprano debemos aceptar.
-A ti te gustaría crecer algún día, Wendy. Pero Pan en cambio preferiría sufrir la peor de las torturas y la más lenta de las muertes antes que eso. Yo podría hacer tu deseo realidad, preciosa. Si tú quieres, puedo llevarte de vuelta a tu mundo para que crezcas. O puedes enrolarte en mi barco y navegar por los mares, lo que desees- ofreció el capitán
-¿De verdad me llevaríais de vuelta a casa, capitán Garfio?- preguntó ella
-Killian, por favor-
¿De verdad me llevaríais de vuelta a casa, Killian?-
-No tienes más que pedirlo, tesoro-
La conversación se vio bruscamente interrumpida por una nerviosa llamada a la puerta. Intentando ocultar su fastidio, Garfio abrió la puerta. Se trataba de Smee, que les había dejado a solas un rato antes, llevaba su gorro rojo en las manos y algo brillante se removía dentro de él.
-Discúlpame un momento, he de tener unas palabras con mi primer oficial-
Garfio cerró la puerta tras de sí. Wendy se levantó velozmente y pegó el oído a la puerta, había reconocido ese brillo y ese sonido, era Campanilla.
Campanilla se encontraba dando un paseo por la jungla cuando oyó un grito, volando rápidamente en dirección del sonido fue testigo de cómo los piratas secuestraban a Wendy y la llevaban a su barco. El hada los siguió. Una vez en el barco intentó mantenerse oculta y espió la conversación del capitán y la muchacha, intentando averiguar cuáles eran los planes de Garfio y si podía ayudar a su amiga. Tan concentrada estaba en escuchar que no se percató de que el leal señor Smee se acercaba por detrás hasta que la capturó en su gorro rojo como a una mariposa.
-Lamento mucho molestarle, capitán- se disculpó Smee- Pero por lo visto tenemos un polizón a bordo-
-Vaya, vaya. Hola Campanilla. ¿Nunca te han dicho que es de mala educación escuchar detrás de las puertas?- dijo Garfio
Como respuesta, Campanilla pronunció una serie de blasfemias y maldiciones que, de no haber sido ellos piratas, se habrían desmayado. Garfio cogió uno de los faroles que colgaban de la pared y, sacando la vela, encerró dentro a la pequeña hada, no sin antes atarla de brazos y alas con un cordón.
-Nada de trucos, querida, no me gustaría tener que romper una de esas preciosas alas. O pronunciar ciertas palabras. Ponla a buen recaudo, señor Smee-
-Sí, capitán-
Alisándose la chaqueta, Garfio volvió a entrar en su camarote, donde se encontró a Wendy sentada frente a la mesa, como si no se hubiese movido de su sitio. Pero en realidad Wendy lo había oído todo. El capitán se sirvió una copa de ron y ofreció otra a Wendy, que ella rechazó educadamente, diciendo que se estaba haciendo tarde.
-La noche es joven, querida mía. Igual que nosotros- dijo
-Killian, creo haber tomado una decisión. Aun así, me gustaría tener un poco más de tiempo para reconsiderar su generosa oferta- dijo ella
-Por supuesto, preciosa. Smee ha preparado un camarote para ti. Ve a descansar-
El capitán acompaño a Wendy a sus aposentos y una vez la dio las buenas noches, cerró su puerta con llave y regresó a su camarote a por más ron. Wendy esperó a que la noche estuviese bien avanzada y dejase de oír ningún ruido. Cuando estuvo segura de que todos los piratas se habían dormido o al menos caído presa del estupor del alcohol, utilizó unos alambres llevaba ocultos en sus botas a modo de ganzúas. Puede que si Garfio la hubiese secuestrado la primera vez que visitó Nunca Jamás habría creído sus palabras, pero a estas alturas no era ni de lejos la misma chica inocente e ingenua y tras tantos años conviviendo con un experto mentiroso era capaz de detectar la mentira en otras personas con bastante facilidad. Ella misma mentía cada vez mejor, aunque no era algo de lo que se sintiese orgullosa. Debía admitir que las palabras sobre la incapacidad de Peter para amar la chocaron bastante al principio, pero procuró fingir que estaba mucho más afectada por ellas de cómo se sentía realmente. Aunque le habían gustado mucho las anécdotas de Garfio, fue capaz de ver a través de las palabras del capitán y descubrir sus verdaderas intenciones. Garfio no la había "invitado" a su barco porque quisiera ofrecerla una tranquila cena, o un viaje de retorno a Londres, y menos aun un puesto dentro de su tripulación. Todo lo que hacía Garfio tenía que ver con lo mismo, capturar a Peter Pan. Garfio había secuestrado a Wendy con la esperanza de obtener así información sobre el niño mágico, atraerlo hacia su barco y tenderle una trampa.
Wendy se deslizó en el mayor de los silencios por el barco, buscando a Campanilla. Finalmente la encontró en la bodega, aun dentro del farol, oculta entre las botellas de ron. La joven se apresuró a liberar al hada y la apremió a ocultarse. Justo cuando llegó a la cubierta, se encontró cara a cara con Garfio y Smee.
-Parece que he vuelto a subestimarte, Wendy. Un error que no pienso volver a cometer-
Wendy parecía estar acorralada, pero Campanilla se acercó por detrás de los piratas y los golpeó con un remo. La muchacha cogió a la pequeña hada y corrió por la cubierta, pero antes de lograr saltar por la borda, uno de los camaradas de Garfio la atrapó. Wendy soltó a Campanilla.
-Avisa a Peter, corre. Dile que es una trampa. No te preocupes por mi- dijo ella mientras forcejeaba con su captor
Campanilla no quería dejar sola a Wendy, pero el pirata empezó a pronunciar las palabras y la muchacha lo silenció con un cabezazo en la nariz antes de que las terminase, por lo que el hada se vio obligada a alejarse volando a gran velocidad. Para asegurarse de que Wendy no volviese a escaparse Garfio la ató al mástil del Jolly Roger, afirmando que con la primera luz de la mañana la haría caminar por la plancha.
-¿Para qué esperar hasta mañana, capitán?- preguntó ella con el mayor de los desprecios posibles, no queriendo darle la satisfacción de verla asustada
-Confío en que tu querido Pan venga a rescatarte. Le estaré esperando- dijo él de un modo tan siniestro que hasta el más fiero de los lobos de mar habría temblado
Peter buscaba a Wendy por toda la isla cuando apareció Campanilla casi sin aliento y le contó lo sucedido. Peter bullía de rabia y odio contra el pirata. Despertó a los Niños Perdidos, quienes al saber que habían secuestrado a su madre se apresuraron a coger sus armas y prepararse para la batalla. Fue a buscar a Baelfire y los hermanos Darling y les contó lo sucedido.
-Sé que no confiáis en mí y no os culpo por ello. Pero vuestra hermana me importa más de lo que nadie sabrá jamás y estoy dispuesto a todo para recuperarla-
Era la primera vez que Peter admitía sus sentimientos en voz alta, los habitantes de Nunca Jamás tenían una idea de ello, pero que él lo dijese en voz alta lo hizo más real.
-Es una trampa, Peter. Garfio la secuestró para intentar sonsacarla información sobre ti, ahora confía en que vayas a rescatarla y entonces os mataros a los dos- advirtió Campanilla
-Pues no podemos permitir que eso pase, ¿no crees, Campanilla? Esta vez o Garfio o yo- dijo el muchacho muy confiado y decidido
Dedico este capítulo a mis amigas Ziu y A, mis piratillas assassins.
En el próximo capítulo, Peter Pan y los Niños Perdidos acuden al rescate de Wendy. El gran duelo Pan-Garfio tendrá lugar. ¿Quién vencerá?
