Kagami empujaba la puerta del cubículo con todas sus fuerzas, pero esta no se abría. Pateó, golpeó y hasta hizo el intento de caer con su espalda sobre la puerta con todo el peso de su cuerpo, sin éxito. No sabía de qué material estaba hecha, pero algo era seguro, y es que Akashi no había escatimado en gastos para el parque si no podía ni agrietar la puerta que los mantenía encerrados en el baño.
- Maldita sea, no se abre… - El tigre de Seirin había llegado al extremo de morder el seguro hasta sufrir de dolores en la boca para ver si así al menos rompía un poco el hierro trabado.
- Kagami-kun, mejor ya déjalo – Kuroko estaba detrás de él, sentado sobre el retrete revisando su celular, en busca de señal para llamar a Furihata y preguntarle cuanto más iban a tardar.
- ¿Hace cuánto tiempo que estamos encerrados?
- Unos veinte minutos.
- A este paso voy a considerar pasarte por debajo de la puerta…
- Kagami, no entro ahí.
- Eres casi un fantasma, deberías ser capaz de traspasar la puerta al menos un poco.
Kuroko ignoró la estupidez de Kagami y concentró su atención en el celular, mientras que el pelirrojo trataba de no perder la cabeza en un lugar tan pequeño.
Aomine miraba desde un rincón como Kagami moría de los nervios por no poder salir. La fase uno del plan estaba dando resultado, ahora tenía que pasar a la fase dos. Se acercó a los aspersores de emergencia que había en el techo del baño y encendió una flama en su mano. El calor del fuego fue suficiente para encender el equipo contra incendios, justo encima de la pareja.
- ¡Maldición, lo que faltaba! – Kagami trató de cubrirse con su chaqueta, mientras que Kuroko no tenía nada encima.
Kagami, al darse cuenta de lo desprotegido que estaba su amigo, lo agarró del brazo y lo presionó contra su pecho, en un intento por mantenerlo lo suficientemente seco. Aomine miró la escena y apagó los aspersores con un chasquido de dedos. La fase dos ya estaba completa.
- Parece que paró – Kagami soltó a Kuroko, quien tenía la cara roja – Ese Akashi debería revisar mejor este lugar, tiene muchas fallas para el primer día – Kagami dejó su chaqueta sobre la tapa del retrete y revisó a su amigo - ¿Estás bien Kuroko?
El mencionado desvió la mirada y se abrazó a sí mismo, buscando calor, mucha agua le había caído encima y la ropa que llevaba era muy ligera. Lo más seguro era que se enfermara.
- Mejor quítate la camisa para secarte más rápido – Kagami trató de ayudarlo, pero Kuroko se negaba – No seas terco Kuroko, si te quedas así te vas a enfermar.
- Estaré bien….
- No digas tonterías, no es como si alguien fuera a espiarte o algo así.
- Tú me verás, es vergonzoso….
- ¡Bien! – Kagami se quitó su camisa casi seca y se la dio a Kuroko – Ponte esto y sácate la ropa, al menos hasta que se seque o Akashi regrese con la ayuda.
Al ver como Kuroko hacía caso a Kagami, Aomine celebró su estupidez, la fase tres consistía en Kagami haciendo algo así, ahora ya podía pasar a la fase cuatro.
Kise miraba de un lado a otro, confirmando sus sospechas: Aomine no estaba ni tampoco Kuroko o Kagami. Momoi también se empeñaba en buscar, aunque más se preocupaba por encontrar al lindo protegido de Aomine en vez del mismo íncubo.
- No están por ningún lado Kise-chan. ¿Y ahora qué hacemos? – Momoi estaba haciendo pucheros, pues sabía que Aomine haría cualquier estupidez por tener a Kuroko y Kagami lo suficientemente cerca para perder la inocencia, y lo mínimo que quería era estar presente cuando pasara.
- No lo sé – Kise se estaba poniendo nervioso. Una cosa era perder de vista a Kuroko en su camino al instituto o a la casa, y otra muy diferente era hacerlo en un parque de diversiones con mucha gente. ¡Peor si Aomine tampoco estaba a su lado!
- Tal como le gusta a Dai-chan, despistar a los demás para hacer su jugada maestra – Momoi seguía buscando con la mirada por sus alrededores, sin éxito.
- Bueno, si encontramos a ese tal Akashi seguro los encontraremos también a ellos.
- Yo estoy viendo a Akashi y no está con Kuroko, le está gritando a un estúpido aparato en su oído.
- Kise giró su cuerpo a donde señalaba Momoi y en efecto, ahí estaba el amigo de Kuroko tratando de calmar a su novio, quien estaba con el ceño medio fruncido y hablando por teléfono. Kise se acercó hasta quedar casi al lado de Furihata y escuchó la conversación en silencio.
- ¿A qué se refiere con que no hay nadie disponible? ¿Está diciendo que mi planeación no fue adecuada?... No me importa que un idiota se esté atragantando con aceite tratando de arreglar la rueda de la fortuna, ¡Quiero que alguien venga inmediatamente a abrir esa puerta!... No, es usted quien no entiende, ¡mis amigos están ahí adentro y ya pasó cerca de media hora!... ¡Si lo estoy apurando es porque temo que el idiota de Bakagami rompa esa puerta con su cabeza!
Basto escuchar el sobrenombre de Kagami para saber que todo era obra de Aomine. Lo que terminó de confirmar sus sospechas fueron las risas que escuchó en el interior del baño, muy parecidas a las del íncubo que siempre lo sacaba de sus casillas y no podía dejar de pensar, seguido de los aspersores que se abrían y las maldiciones de Kagami. Lo que siguió a aquel suceso fueron los gritos de Furihata y la desesperación de Akashi por hacer que algún empleado fuera a su encuentro.
- ¡Más les vale mandar a alguien ahora mismo antes de que la gente piense que hay un incendio en los baños!
Kagami estaba mirando fijamente a la puerta, después de haber colgado la ropa de Kuroko encima de la misma. En lo personal, no le importaba estar con Kuroko en ropa interior, ya lo había visto en los vestidores luego de las prácticas, era normal ver a otro chico desnudo cuando hasta se habían bañado juntos; el problema era que Kuroko le había dicho expresamente que no lo mirara hasta que sus ropas secaran o llegara la ayuda, ¿la razón? El pobre fantasma de Seirin estaba solamente con la camisa de Kagami y su ropa interior. Por su bien, Kagami le había dicho que se quitara todo lo que estuviera mojado, y su playera junto a sus pantalones estaban completamente empapados. Por suerte la camisa de Kagami lograba cubrir hasta parte de sus muslos, pero aun así no se sentía tranquilo. Revisaba su celular a cada momento, sin señal, esperando que Furihata llegara con Akashi y algún cerrajero o persona que pudiera sacarlos de ahí.
- Kuroko, ¿sientes frío? – Kagami trataba de ignorar la incomodidad que le provocaba tener a su compañero de juego detrás suyo, solo con su camisa puesta y completamente sonrojado, aunque lo último lo tenía un poco preocupado - ¿Te sientes mal?
- No, estoy bien – Kuroko seguía mirando fijamente su celular, tratando de ignorar la anchura de la espalda de Kagami – Gracias por la camisa por cierto.
- No fue nada.
El íncubo, viéndolos desde el filo de la puerta, puso en marcha la fase cuatro de su plan para hacer que Kagami cayera ante la tentación.
"Vamos Kuroko. Esta es tu oportunidad para acercarte a Kagami"
"Pero… Kagami puede pensar que soy asqueroso…"
"No pensara eso si lo haces sentir bien….Sabes que lo quieres…."
"Yo…."
Las manos de Kuroko se movieron por instinto hasta tocar la espalda de Kagami. Rodeó su cintura con ambos brazos y se recostó sobre la parte baja de su espalda, provocando un pequeño sobresalto en Kagami.
- ¿Kuroko?
- Tengo un poco de frío Kagami…. Abrázame….
Al escucharlo, Kagami sintió el impulso de hacer lo que decía, se giró y le dio calor con un gran abrazo para mantenerlo tranquilo. Al principio, no sintió nada raro, pero luego las manos de Kuroko se deslizaron por su espalda hasta llegar a sus hombros, para después recorrer sus brazos lentamente. Un escalofrío recorrió su cuerpo al percatarse del aliento de Kuroko en su cuello, cerca de su oreja.
- Estamos tan cerca…. – Kuroko rodeo su cuello con ambos brazos, colgándose de él – Pero aún tengo frío….
Kagami se resbaló con el agua que aún había en el suelo por los aspersores. Puso una mano de apoyo en la tapa del retrete y la otra en el suelo, protegiendo a Kuroko de golpearse contra las baldosas azules, quedando ambos rostros a la misma altura, viéndose a los ojos. Sus labios estaban muy cerca, la respiración de ambos se mezclaba en el poco espacio que los separaba, Kagami estaba hipnotizado por el momento y Kuroko solo podía pensar en que lo que hacía no era del todo correcto. No era el momento adecuado, ni la forma de hacerlo, pero esos labios estaban frente a él, rogándole por besarlos con pasión y deseo, los mismos que estuvo ocultando en el interior de su corazón desde el primer instante en que supo de sus sentimientos. Poco a poco fueron acortando la distancia hasta ser casi nula, y de alguna forma lo hicieron, se besaron, primero de forma tímida y luego más apasionados. Kagami no sabía realmente lo que estaba pasando, no tenía en claro lo que sentía por Kuroko, si era amor o simple amistad, solo tenía en claro su deseo por no terminar el beso y seguir así, con él y solo con él. Ambos se separaron lentamente en busca de aire, dejando un hilo de saliva en el aire.
- ¿Kuroko….? – Kagami aún tenía a Kuroko entre sus brazos, mirando fijamente a sus ojos.
- Kagami…. Yo….
El sonido de la puerta abriéndose los interrumpió, junto a las voces de Akashi y Furihata, llamándolos para saber si estaban bien.
- ¡Kuroko! ¡Kagami! ¡¿Están bien?! – Furihata golpeó la puerta desesperadamente después de ver la ropa de Kuroko sobre la puerta de metal.
- ¡Sí! Pero Kuroko va a necesitar un cambio de ropa – Kagami se levantó del suelo, dejando a Kuroko sobre el retrete.
- Le traeré ropa de una tienda. ¡Akashi consiguió que alguien viniera para abrir la puerta! ¡Quédense tranquilos!
Luego de un par de minutos, la puerta fue abierta, dejando ver a ambos jóvenes algo mojados y un poco rojos de la vergüenza. Furihata ayudó a Kuroko a cambiarse mientras que Kagami le contaba lo sucedido a Akashi y se quejaba del mal funcionamiento del sistema de incendio. Una vez fuera, los cuatro fueron a comer algo, mientras que Aomine se reunía con Momoi y un Kise muy molesto.
- ¡Lo que hiciste fue trampa! – Kise lo señaló con un dedo y una mirada acusadora, viendo con enojo como el íncubo se reía en su cara.
- Me atrapaste – Dijo Aomine con una sonrisa y las manos alzadas en señal de rendición – Aunque si se hubieran tardado un poco más, seguro habría completado mi misión con creces.
- ¡Eso quisieras idiota!
Kise daba gracias en sus adentros por haber logrado traer a un cerrajero que había venido al parque con su familia para que ayudara a Kuroko a salir de ahí. Hasta donde había podido ver en la mente de Kuroko, Aomine había hecho que se besaran y nada más, pero si se hubiera tardado, esos dos no habrían salido vírgenes de ahí.
- ¿Y bien? – Aomine se acercó a Kise y levantó su cara con un dedo en su barbilla.
- ¿Y bien qué? – Preguntó Kise, confundido.
- ¿No vas a hacer una pataleta como la otra vez? Yo voy ganando esto.
Kise sonrió confiado y apartó la mano de Aomine con un pequeño golpe.
- Eso es lo que crees, pero en realidad me has dado una pequeña ayuda.
Aomine no tuvo tiempo de preguntar, pues el grupo de amigos se estaba moviendo. Durante el resto del día, se subieron a todos los juegos que habían disponibles en el lugar: las tazas giratorias, la montaña rusa, el martillo, un barco pirata que se movía como péndulo y hasta el carrusel, aunque este último fue a pedido de Furihata. Lo único que quedaba era la rueda de la fortuna.
- ¡Vamos chicos! ¡Será divertido! – Furihata jalaba del brazo a Akashi, quien feliz se dejaba llevar por su novio.
- Pero solo pueden subir en parejas – Kagami miraba la atracción sin mucho interés. Él prefería los juegos rápidos y con fuerza, cosa que no tenía la rueda de la fortuna.
- Ese no es problema. Yo subiré con Akashi y tú con Kuroko. Vamos Kagami, se lo debes por el incidente del baño.
Al escuchar las palabras de Furihata, ambos se pusieron completamente rojos. Intentaron ignorar ese tema como si nunca hubiera ocurrido, y ahora iban a volver a estar solos. Querían negarse, pero la mirada emocionada de Furihata junto con el aura oscura de Akashi los imposibilitó de hacerlo. Se formaron para subir y una vez que llegó su turno, caminaron con pesadez y desgano. Kise, quien sentía la incomodidad de Kuroko, se puso en el techo de su casilla junto a Aomine. El íncubo estaba curioso por ver lo que pasaría después, puesto que los había dejado en una situación comprometedora y el cupido a su lado no hacía nada por arreglarlo como siempre. La pareja de chicos estaba en silencio, evitando el contacto visual y las charlas innecesarias, hasta que una voz cortó el silencio.
- Oye…. Kagami-kun…. – El primero en hablar fue Kuroko, con la cabeza gacha y muy nervioso – Sobre lo del baño….
- Olvídalo Kuroko. Lo mejor será hacer como que nada paso.
- Pero….
- Kuroko, en serio, dejémoslo así. Seguro para ti es incómodo luego de ese incidente, y si te soy honesto, para mí también lo es, un poco. Por eso, mejor dejémoslo como un accidente, por el bien de los dos.
Kuroko sentía como las palabras de Kagami abrían viejas heridas. En el pasado, se había confesado y había sido rechazado por su amigo de la infancia. Shigehiro había sido muy amable con él desde que fueron pequeños, incluso le enseñó a jugar el deporte que tanto amaba. Se separaron en primaria y se volvieron a encontrar en secundaria, confundió su amabilidad excesiva con amor y acabó con el corazón roto. No quería sufrir eso de nuevo, mucho menos a manos de Kagami, y si él quería olvidar el beso que se dieron, no iba a detenerlo, mucho menos contradecirlo, porque ese era su deseo.
"No digas eso"
La voz de Kise se hizo presente en la mente de Kuroko, sobresaltándolo.
"Sabes que no quieres dejarlo así"
"Él quiere dejarlo así"
"Esa no es razón para que tú te quedes callado. Date valor, dile lo que piensas"
Tal vez estaba cometiendo una locura al sincerarse estando a varios metros del suelo, pero si las cosas se ponían mal, no dudaría en saltar. Tomó aire y dejó salir todo lo que tenía que decir.
- ¡Kagami! – Gritó, captando la atención del mayor – No me siento cómodo dejando el tema así.
- Eres muy terco. Ya te dije que….
- ¡No me importa lo que digas! ¡Yo no quiero dejar este tema así! – Kuroko alzaba más y más la voz, asegurándose de que Kagami no pudiera interrumpirlo – Escúchame, puede que para ti haya sido incómodo, pero para mí significó bastante. Ese beso fue el primero que di en toda mi vida, y no me arrepiento de habértelo dado a ti, te agradecería que respetaras eso.
Kagami se quedó mudo al escuchar la declaración de Kuroko. Él recordaba haber dado su primer beso cuando era un niño de Kinder, a una linda niña en una obra de teatro de la escuela. No fue la gran cosa y tampoco esperaba recordarlo hasta ahora, pero Kuroko nunca antes se había besado con alguien y no fue precisamente en un momento romántico. Se sentía culpable, quería compensarlo, y aunque iba en contra de todo lo que los amigos hacen, se armó de valor.
- Kuroko – Kagami le pidió que se acercara con un gesto de manos, a lo que el chico accedió en silencio.
- ¿Kagami? – Una mano agarró su nuca y lo empujó hasta chocar ambos labios. Kagami cuidó que el tacto fuese profundo pero gentil, sin chocar los dientes ni meter mucho la lengua. El beso tomó desprevenido a Kuroko, pero respondió a él lo mejor que pudo. Ambos se separaron para recuperar el aliento, teniendo ambas frentes una contra la otra – Escucha bien, porque solo lo diré una vez. Esto es un pago por lo que paso en el baño, pero nadie tiene que saber sobre esto.
- ¿Por qué?
- Porque…. Empezarían a fastidiar y eso, así que dejémoslo como algo de un día.
No era lo que quería, pero Kuroko se conformó con eso. Le dio un último beso casto en los labios y se sentó a su lado, apoyando la cabeza en su hombro.
- Está bien, lo dejaremos así por ahora….
Kise y Aomine observaban la escena, el cupido complacido y el íncubo algo insatisfecho.
- No puedo creer que hice tanta planeación para que todo acabara con un estúpido beso.
- Bueno, avanzaron en su relación. Creo que deberías conformarte con eso Aominecchi.
Aomine miró a Kise, confundido.
- ¿No me dirás Aomine como siempre?
- No hay necesidad – Kise se acercó y le dio un beso en la mejilla, causando un leve sonrojo en su rostro – Por ahora creo que te lo agradeceré, Aominecchi.
Ambos se quedaron en silencio un rato, viendo el atardecer. Una visión cruzó por la mente del íncubo, una imagen de él siendo un niño y una persona a su lado, ambos viendo el mismo atardecer en una pradera, como si se tratara del espectáculo más lindo que alguna vez hubieran visto.
- Es curioso – dijo Kise – Siento como si ya hubiera estado aquí antes.
Aomine no dijo nada y dejó que Kise se recostara en su hombro, igual que Kuroko. La sensación que llenaba su pecho no tenía nombre para él, se supone que no siente nada y así es como seguirá, pero solo por un instante pensó que estaría bien si Kise se portaba así de vez en cuando.
En una casilla atrás, Akashi veía la escena completa junto a Furihata, ambos abrazados y muy felices de ver un progreso.
Me alegro de que hayan dado un paso al fin – dijo Furihata, tomando fuertemente la mano de Akashi, que colgaba de su hombro.
Lo sé, es algo muy bueno considerando lo lento que puede ser Akashi.
¡Ya lo creo!
Momoi apareció detrás de ambos, sorprendiéndolos. Akashi quitó su brazo de los hombros de Koki y le dio pase a Momoi para que entrara en la casilla.
Ha sido un tiempo Momoi – Akashi le dio un abrazo, aunque a simple vista parecía darlo al aire.
¡A mí me alegra volver a verte Aki-chan! – Momoi le correspondió y luego lo soltó para ver a Furihata - ¿Este es Furi-chan?
Sí, él es.
¡Un placer conocerte! ¡Yo soy Momoi, una súcubo del inframundo! – Momoi extendió su mano a Furihata, quien la tomó con cuidado.
Un gusto, yo soy Furihata Koki, actual pareja de Akashi – Furi soltó su mano y susurró por lo bajo - ¿Eres una amiga de Akashi de cuando era un demonio?
¡Sí! Aunque me sorprende que lo sepas, o siquiera puedas verme.
Solo puedo ver a los demonios que Akashi me permite ver, y al parecer quería que te viera a ti y a los dos seres que siguen a Kuroko.
Mientras Furi y Momoi se conocían mejor con una pequeña charla, Akashi veía a Kise y a Aomine. El aire que lo rodeaba antes se volvió algo melancólico y suspiró con tristeza. Furi, al darse cuenta, se movió hasta quedar a su lado y rodeó su brazo con ambas manos.
¿Qué ocurre Akashi?
Nada, es solo que…. No sabría bien cómo explicártelo….
Podrías hacerlo como cuando me confesaste que fuiste… un demonio.
Akashi sonrió débilmente y centró su vista en el sus pies. Aunque quisiera, no encontraba las palabras adecuadas para confesarle a Koki de su pecado. Momoi, al saber lo que Akashi sentía, suspiró con pesar. Sus dos amigos estaban juntos, tal como antes, pero los recuerdos de la separación siempre iban a estar en su mente. Incluso ahora, sabe que Akashi no se perdona por lo que paso.
Ahora que están juntos de nuevo, siento que lo que paso hace siglos fue injusto – Akashi miró a Momoi, dejándose abrazar por su novio – Me pregunto si ellos podrían perdonarme….
Aki-chan, no puedes culparte de eso. Ni tú ni Asmodeo o Chamuel deberían.
Momoi, sabes que fue nuestra culpa.
La súcubo lo abrazó del cuello, tratando de darle consuelo junto a Koki. Las heridas del pasado eran muy profundas, para Akashi y para ella, pero si querían enmendar sus errores, tenían que apoyarlos ahora.
Aki-chan, por ahora lo mejor es ayudarlos. Después de todo, fue por su reencuentro que Nijimura mandó a Kise de regreso a la tierra.
Hola!
Me disculpo por el retraso. Casi no logro publicar esta semana, me llenaron de trabajos en la universidad y estuve tan de lleno en eso que me faltó un poco de tiempo para escribir.
Como acaban de leer, Akashi tuvo mucho que ver con la perdida de memoria que Kise y Aomine tuvieron, el pobre se siente un poco culpable por eso y Momoi está en las mismas condiciones.
Aomine tuvo un vago recuerdo del pasado con Kise y nuestro querido rubio siente que ya estuvo en un lugar parecido antes. En el proximo capitulo profundizaré un poco más en el asunto, así como en la experiencia previa que Kuroko tuvo en el amor.
Por ahora, dejaré algo en claro: Furihata no fue un ángel o un demonio, él era un humano cuando conoció a Akashi, entonces ¿cómo puede verlos? Tal vez lo diga en el proximo capitulo.
Nos leemos luego!
