Capítulo XII. Contra el mundo.

I

Estaba excesivamente nerviosa esa tarde, pues el recuerdo de la noche anterior aun estaba muy vívida en ella; por ese motivo fue andando hacia el departamento de Clint con mucha lentitud, como si quisiera darle oportunidad de que limpiara un poco su caos, subiendo las escaleras ante la confusión del mismo Bip. Sin embargo, antes de prepararse mentalmente para lo que iba a decir, se topó en la puerta del departamento una nota amarilla con letra a mano, la letra mal lograda de su maestro. "Te espero en el hoyo 1, no lleves arco", decía. Pudo haber sido un médico con semejantes garabatos.

-Al menos estaremos al aire libre. -Susurró para ella, sintiéndose un poco más relajada. Solo un poco.

Se fue de vuelta por la escalera, tranquila mientras se preguntaba por qué el viejo le pediría que no llevara arco si era un entrenamiento de arquería; anduvo por el sendero aprendido de memoria, tras haberlo cruzado tantas veces en otras ocasiones, remembrando la primera vez que cruzó por éste y el crujir de las hojas de los olivos negros. En esta ocasión no había hojas, las habían limpiado, mostrando el oculto camino de tierra que decía ser el famoso sendero. Sin embargo, el recuerdo de la noche anterior volvió a entrometerse entre su calma y sus pies, acentuándose en aquél contacto de sus finos labios cuando le obsequió el cálido y acanelado beso, tan cerca de su boca. Le dio náusea de nerviosismo, y un punzar de temor casi le obliga a darse la vuelta para huir, temerosa de querer verlo esa tarde.

-¡Katie! Espera.

Se congeló unos momentos acaso un metro antes de salir de entre los enormes árboles de olivo negro tras escuchar la voz de su maestro justo tras ella; se giró lentamente, notando al rubio policia con su usual sonrisa jovial pintada en la cara de hombre, andando por el sendero visible tras haber salido de otro camino no tan visible para ella. Era otoño ya, el aire corría fresco entre los árboles y entre ambos, tumbando más hojas doradas donde el sendero con la amenaza de volver a cubrirlo con su crujiente maleza. Estaba tranquila visiblemente, nerviosa por dentro, una mezcla de emociones muy curiosas y completamente nuevas para ella.

-Hola, Clint. -Saludó con un tono de voz bastante suave para ella, justo cuando llegó a su frente.

Sonreía. Él sonreía de una manera curiosa. Sospechosa.

-Te noto apagada, ¿no dormiste bien?

-Bueno, anoche me fui a la cama un poco tarde.

-¿Por el evento?

Asintió suavemente con la cabeza, pero no estaba siendo completamente franca con él. Su recuerdo le había quitado el sueño y el hambre.

-Kate, no vas a dar mucho estando cansada. -Se acercó a la chica con su usual calma, rodeándola en un medio abrazo conciliador para guiarla hacia el campo de esa manera. -Vaya, te comenté que no había necesidad de que trajeras tu arco, no vas a necesitarlo hoy.

-¿Cómo es que no voy a ocuparlo? Es un poco ilógico. -Susurró, enchuecando los labios levemente.

Salieron al campo abierto unos instantes después, mientras ella intentaba contener su temblor, notándose las dianas puestas en el mismo lugar en los troncos de los árboles cercanos; anduvo con ella unos cuantos metros, sin borrar aquella curiosa sonrisa, antes de separarse y dejarla parada en medio del dichoso campo, a merced del viento y las hojas de los olivos negros.

-Espérame aquí, no te muevas.

-Clint.

Su maestro se alejó hacia uno de los grandes árboles, en donde se encontraban su cajac claro y aquella belleza de arco que cargaba, forjado con madera blanca tallado a mano; se notaba bastante animado, como si tramara alguna travesura infantil. ¡Por Dios! Ya era todo un adulto, debería portarse como tal. Meditaba acerca del curioso comportamiento de su maestro, cuando notó que él había vuelto donde ella con aquella misma sonrisa curiosa; en sus manos llevaba un arco diferente al de él, pero ella no le prestó demasiada atención en ese momento.

-Katie, ¿dónde es que te consigues los arcos con los que practicas?

-Bueno, en la escuela. -Contestó de lo más normal. -Normalmente mi padre los compra cuando requiero alguno.

-El arco que llevas ahora te queda pequeño para la distancia que debe recorrer.

Le extendió el arco para que lo mirara, sosteníendolo con los dedos de ambas manos; aquél arco era sumamente especial, pintado en color negro con detalles en un intenso púrpura. Era un arco precioso, liviana y gracil, algo que la había maravillado gratamente.

-Es precioso. -Susurró levemente, contemplándolo.

-¿Te gusta? Ten, sostenlo.

Le entregó el arco entonces, y ella lo sostuvo tal como le indicó... descubriendo entonces que el arco estaba hecho a la medida, a la medida de ella. Tan pronto comprendió aquello, le dirigió la mirada, asombrada.

-Clint, ¿qué es...? -Susurró levemente, sin salir de su asombro, la mirada azulada brillante.

-Es para tí, Katie. -Se llevó ambas manos a los bolsillos de su pantalón de mezclilla, de un color oscuro. -Falta un mes para tu cumpleaños, pero el pedido llegó antes de lo que me habían dicho y no pude evitar mostrártelo, me he puesto tan ansioso como un niño con juguete nuevo. No es muy extravagante, pero te servirá mejor que...

No había podido evitarlo. Sus ojos se empañaron de la misma emoción al escuchar que era un regalo para ella, que lo había pedido a la medida para ella; emocionada, se lanzó a abrazarlo sin importarle el espectáculo que pudiese estar dando, teniendo cuidado de sostener el arco con la mano derecha, sintiéndose demasiado conmovida. Lo tomó desprevenido sin duda, fue evidente en su inestabilidad cuando la tuvo junto a él.

-Hey, Katie. -Susurró él, antes de abrazarla suavemente, un poco extrañado.

-Lo hiciste... pensando en mi... Clint...

-Calma, calma. -Le movió suavemente, sintiédose un poco nervioso. -No es para tanto.

Apenas había susurrado lo último cuando entendió lo que estaba sucediendo; a pesar de que ella era una chica que podía tener todo lo que quisiera con tan solo una palabra, nadie jamás le había obsequiado algo solo porque si, por mero afecto hacia ella. Fue tan fácil de deducir, y tan doloroso de comprender. ¿Era él tan importante para ella?

-Lo siento. -Contestó, y notó que estaba tratando de reponerse para actual tal como era ella. -Gracias por el detalle, Clint. Es muy especial para mi lo que has hecho.

No quiso dejarla ser; se inclinó un poco para así levantarla de forma sorpresiva, tomándola desprevenida y provocando que soltara un pequeño grito de susto. Sintió sus manos tomándolo de los hombros con algo de fuerza, como si realmente temiera caerse.

-¡Clint! -Le recriminó la chica, alterada y con el rostro enrojecido de vergüenza.

-Te miras muy bonita cuando me regañas. -Exclamó, mirándola entre risas.

-¡No digas esas cosas! -Se notó aun más nerviosa que antes. -¡Bájame ya!

Sintió entonces aquél trecho temporal que existía entre ambos, un trecho que parecía convertirse en una laguna oscura y turbia; la bajó con cuidado al suelo, soltándola suavemente, sintiéndose completamente desubicado... había aceptado sin más que ella le gustaba, que sentía cariño por ella. La noche anterior había resultado muco más fácil de asimilar, quizá porque estaba disfrazada de mujer entre maquillaje y tacones, pero ahora se mostraba tal y como era ella, natural...

-¿Pasa algo? -Cuestionó ella al verlo tan serio, algo inusual en él.

-¿Hm? -Se vio sorprendido. -No, ¿por qué lo dices?

-Bueno, te has puesto serio muy bruscamente. ¿Dije o hice algo malo?

Torció los labios. Ella se había sincerado con él cuando le confesó que le gustaba, a pesar de que estaba muriendo de fiebre en ese entonces; ahora era su turno.

-Estoy confundido. -Contestó, intentando acomodar sus pensamientos. Otra vez ese trecho temporal se encontraba allí, invisible entre ambos pero perceptible como el viento, cuando ella le decía todo tal cual lo sentía y él tenía que tomarse su tiempo para explicar con claridad.

-¿En qué cosa?

-Bueno... la noche anterior. -Notó que ella se había tensado súbitamente. -Te vi allí y no te conocí, ¿sabes? Cuando me llamaste no supe que eras tú hasta que comenzaste a hablar del incidente de la cafetería. Había estado pensando todo ese día en ir a tu casa para disculparme contigo por lo que...

-¿Por qué habrías de disculparte tú por algo que otra persona hizo?

Había un tono de dureza en su voz.

-Porque lo permití.

-Clint, creo que ya es suficiente. -Se había cruzado de brazos, dejando el arco apoyado en el suelo con excesivo cuidado, lista para soltar su lluvia de sentimientos espontáneos. -No necesito que te disculpes por algo que ella hizo... ¿qué es toda esta extraña fijación que tienes con esa mujer? ¿Acaso no ves lo que tienes frente a tus ojos? Está casada, ella no puede corresponderte... ¿Por qué no dejas que todo...?

Fue dura, directa, y estaba por soltar penurias aun más hirientes; la atrajo a él en un abrazo un poco fuerte, cortándole el aliento y las palabras que iban a salir, dejando la frente apoyada en la de ella. Pudo ver sus ojos claros mirándolo con sorpresa.

-Te contaré, Katherine. -Susurró para ella, sin dejar de mirarla aunque estaba consciente de que podía intimidarla y hacerla huir de él. -Natalia fue la primera persona a la que amé profundamente. Ella me hizo creer que sentía lo mismo por mi, pero no fue así... lo que ella quería era llegar a Steve, por mi. A pesar de la terrible decepción que me hizo pasar, no volví a sentir algo tan intenso por alguien, ni siquiera por Bárbara. Por eso mi cabeza siguió aferrada a ella, y ella siguió usándome para sus caprichos espontáneos. Soy un idiota, lo sé, quizá el más grande que ha existido.

-¿Por qué me dices esto? -Gimió, visiblemente dolida.

-Estoy siendo tan sincero como lo eres tú conmigo. Anoche, cuando te vi y supe que eras tú... sentí nuevamente aquello que Natalia me provocó y que pensé que no volvería a sentir jamás. En ese momento eras tú solamente, revolviendo mi ser como si fuese un adolescente, haciéndome sordo al mundo, Kate... en ese instante acepté que te quería. Te vi como a una mujer, me permití hacerlo, y mi mundo fue más nítdo.

Estaba fuera de si al hablar, sintiéndose libre misteriosamente. Tomó unos minutos para asimilar lo que le había dicho. ¿Estaba bien...?

-Clint. -Pronunció ella, insegura pero acelerada. -¿Qué estás tratando de decirme?

-Así es como se confiesan los adultos. -Sonrió de forma burlona, pero había un brillo en sus ojos. -Más vale que te acostumbres a ello. Te quiero, Katie.

-N-no juegues... conmigo...

Fue el último esfuerzo por refugiarse en lo absurdo, en su usual caracter; notó su aliento acanelado, así como sus manos ajustándola más por la cintura para apegarla más a él, hasta que la distancia fue inevitablemente nula. Tal como había pensado, sus labios tenían un suave sabor a canela, pero fue el contacto en los de ella la que le hizo perderse en un extraño letargo.

"Es él, quien me está besando ahora..."

-¿Aun piensas que estoy jugando contigo? -Había susurrado él tras separarse de ella, manteniéndola contra si, envolviéndola en su distintivo perfume.

-¿Tienes... más argumentos? -Cuestionó, un tanto más relajada. Había dejado las manos empuñadas en los costados de su abdomen. Era un simple beso, pero maravilloso.

-Tengo miedo de todo esto, por el asunto de que.. eres mucho más joven que yo.

-¿Y eso qué? -Frunció levemente el ceño, ajustando las manos como si temiera que le alejara.

-Eso es que yo si podría meterme en problemas.

-No quiero causarte problemas, Clint, ya te lo había dicho.

-Pero tengo más miedo de perderte, Katie. -La balanceó un poco, y ella se recargó en él cerrando los ojos. -De perder esta emoción que es tan genuina. Perdona si de repente sentiste que te he comparado con Natalia, ella y tú estan a millones de años de diferencia, tan solo quería explicarte la intensidad de lo que siento ahora, por tí.

-Supongo... -Susurró, suceptible. -Supongo que puedo... volver a maquillarme... así... así no te causaría... problemas, ¿no?

Él había reído de su inocencia, mientras dejaba un beso en su sien.

II

Sábado finalmente. Era Kate contra el mundo.

-Te noto muy relajada. -Había dicho Argelia, sonriendo de forma peculiar, como con complicidad.

Se encontraban bajo una enorme carpa blanca, la cual comenzaba a fulminarla un tanto por lo que había optado por colocarse sus lentes de sol; con ella se encontraban la morena Argelia, el rizado cabello alborotado por sobre sus hombros, así como la tímida Haydee, una quinceañera con rubio cabello largo y las cejas castañas. También estaba Isaí, notoriamente intranquilo, la mirada esmeralda puesta en ella con cierta dureza como si exigiera una explicación en silencio.

-Bueno, si, me siento bastante preparada. -Contestó, un tanto arrogante. -Estoy segura de que quedaré en primero hoy.

-Cuánta confianza. -Había soltado el muchacho con agudeza, bastante suspicaz.

-Parece que no me conocieras.

Isaí tuvo que sonreir, quizá un poco obligado. Kate iba a renegarle sin más su actitud tan curiosa, pero su blusa blanca de deporte fue tironeada a la altura de su cintura; extrañada, se giró un poco y tuvo que agachar la cabeza al no toparse nada en su campo de visión, topándose con un niño de no más de seis años, vestido con pantalón y chaqueta de mezclilla color azul, de rubios cabellos crespos y bonitos ojos grises. Estaba sonriendo casi de forma boba una sonrisa muy peculiar para ella.

-Hola, ¿eres Katie? -Cuestionó la criatura con dulce voz de niño, como si realmente estuviera encantado de ella.

-Si, soy Kate. -Contestó, confusa, mientras escuchaba el bullicio de sus amigos tras ella.

-Eres mucho más bonita de lo que creía.

Hubo risas contenidas de los muchachos, haciendo que la arquera se ruborizara de la vergüenza.

-¿Quién eres tú? -Cuestionó ella, intentando comportarse y fingir que se encontraba perfectamente.

-Mmm... ten. -El niño le extendió un papel doblado, color blanco. -Es para tí. Pero, ¿estás segura de que eres Katie?

-Estoy completamente segura de que soy Katie. -Tomó el papel que le extendía. -Gracias, supongo.

El niño se alejó entonces corriendo, bastante divertido como si hubiese estado jugando con compañeritos de escuela, perdiéndose estratégicamente entre la gente y los participantes solamente para dejar aun más confusa a la chica; terminó abriendo el papel doblado a la mitad, pensando en que seguir al niño solo le haría perder tiempo de torneo, notando que solo tenía una frase escrita a mano con tinta negra.

"As I look into your eyes, I see the sunrise."(1)

Miró a todos lados, sintiendo oleadas de calor y frío recorrerla de forma incesante desde los pies hasta la cabeza; esa era la letra de su maestro, y lo escrito era su canción favorita, una que solía tararear muy a menudo cuando estaba con ella. Estaba allí, y ese niño...

-Los participantes favor de acercarse a la mesa central de ingreso. -Exclamó una voz femenina por el parlante. -Los espectadores pueden tomar sus lugares en las gradas.

La gente comenzó a moverse entonces, entre palmadas y exclamaciones de "buena suerte", entorpeciendo sin más su visibilidad y su andar. No había podido verlo antes de las pruebas, y el niño...

-¿Alexander? -Cuestionó para si misma, aun más alterada si era posible. ¿Había visto al hijo de Clint?

III

-Estaba muy nerviosa. -Dijo Vivian, sentada en la grada más baja con la gracia de no entender semejantes asientos, al lado de Isaí, Argelia y la otra chica. Llevaba el cabello oscuro trenzado por sobre el hombro, y las canas plateadas resaltaban bellamente entre cada cruce. -Al inicio estaba muy confiada, pero de repente se puso muy nerviosa.

-Bueno, es algo importante para ella. -Contestó Clint, sonriente.

Se encontraba de pie al lado de Vivian, donde finalizaban las gradas, mirando hacia el campo de lanzamiento; pegados al cerco cromado frente a ellos se encontraban dos niños, Tamara con su amplia sonrisa de niña, y un chiquillo de cabello casi platinado, el mensajero de Katie, los cuales charlaban de nimiedades infantiles con palabras trascendentales para ellos.

-¿Sigue casado? -Cuestionó ella, suspicaz. -Pensé que había dicho que era divorciado.

-Lo estoy. -Se extrañó un poco, pero sintiéndose bruscamente nervioso.

-Veo que aun lleva el anillo puesto.

Se miró la mano izquierda, un tanto avergonzado. Aun llevaba el fino anillo platinado que él y Bárbara habían intercambiado durante su ceremonia civil, a pesar del tiempo que llevaban separados.

-Una costumbre que aun me cuesta quitarme. -Contestó. -Y bueno, es una especie de señal para Alexander de que no pretendo irme de su vida.

-Perdone si he sido un poco agresiva. -Se disculpó con cortesía serena. -Es solo que a veces me da la impresión de que Katherine está enamorada de usted.

La tercera flecha de la nombrada dio pulcramente en el blanco, provocando una lluvia de aplausos animados; Clint había sentido que esa flecha le había dado justo en el corazón, pues una punzada se le clavó en el pecho dolorosamente cuando Vivian había dicho aquello. Isaí, entre aplausos, se percató del gesto gélido del maestro.

-Bueno. -Contestó, intentando sonar razonable. -A veces yo también pienso eso. Me trata peor que Bárbara.

-Creo que, si los años no fuesen tantos, pudiese ser un buen complemento para ella... ha cambiado mucho para bien desde que lo conoció.

Se quedó petrificado con ello... ¿Vivian realmente estaba evaluando la idea de que estuviera con Kate en ese sentido?

-Me temo que sin esos años encima no tuviera la experiencia necesaria para ayudarla. -Sonrió, sintiéndose un poco más tranquilo. -Mi juventud tiene baches de los que me arrepiento.

-Todos los tenemos sin duda.

Hubo más aplausos. Kate había resultado triunfadora en las pruebas presentadas con calificación perfecta. Sin embargo, el sonido de su celular le había delatado que era hora de que Alexander volviera al lado de su madre, justo en ese momento, algo que le hizo maldecir en silencio. Iba a perdérselo.

IV

-...Con una puntuación perfecta, Katherine B. -Citó el juez.

Aplausos. Estaba en lo alto del podio, la sonrisa pintada en los labios con el orgullo de un ganador, pero la mirada azulada entre los presentes como si buscase a alguien en específico a quién presumir; finalmente, casi al final de todo el bullicio y los flashes de las cámaras, pudo notar a la persona que realmente estaba esperando desde el inicio del evento. Estaba parado por fuera de entre la muralla de gente. Estaba allí.

-¡Clint! -Gritó, emocionada, asustando a la pobre chica que le había puesto la medalla.

Ignorando todos los flashes y aplausos, así como la voz del juez orador, Kate se bajó del podio de un salto, asustando a los presentes pues tenía más de un metro de altura, y corrió emocionada entre la gente. No le importaba, estaba demasiado contenta en ese momento, como si nada más pudiera salir mal. Clint no se notó demasiado impresionado cuando la chica se le arrojó encima para abrazarlo, ante la mirada asombrada de algunos presentes, entre ellos Vivian, Argelia e Isaí.

-¡Pensé que no habías venido! ¡Torpe! ¡Estaba por pelearte!

-¿Cómo crees que faltaría...?

(1)Mientras miro en tus ojos veo el amanecer. Sunrise. Simply Red.