Naruto y sus personajes no me pertenecen.

Pensamientos.


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Capítulo 11

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No pensé que siguieras con vida. No creí volver a verte. Y, sobre todo… no imaginé que permanecieras todavía en mi mente.

La vida es como un río: unas veces lleva agua, otras no, y en ocasiones, hay que luchar contra la corriente. Sasuke Uchiha reconocía que su vida era una mierda, desde que nació; le pareció tan patético que la gente murmurara aquello, comparándose con cualquier cosa estúpida.

¿Él qué tenía? Nada.

Estaba solo, podía hacer lo que quisiera; finalmente era libre. Sin embargo, su libertad era meramente superficial, porque nada parecía cambiar y se seguía sintiendo como el mismo infeliz de siempre. Inclusive, era más infeliz que antes.

Llevaba dos años viviendo en París y no formalizaba amistad todavía con ninguna persona. De hecho, evitaba a toda costa el contacto humano, como si éste le fuera repulsivo.

¿Habría sido diferente si me quedaba en Japón? Sasuke suspiró pesadamente, bien conocía la respuesta.

Contempló su reflejo ante el espejo que tenía en el baño. Se miró fijamente las ojeras, apenas visibles, bajo sus ojos; no había podido dormir en semanas. ¿Alguna vez he dormido bien desde que llegué? Se restregó el rostro con el agua fría del lavabo y dejó las llaves abiertas, tratando de disipar las preguntas bobas que usualmente se formulaba por la mañana.

Humedeció también el cabello azabache y volvió a verse. La verdad es que físicamente era exactamente igual que hace dos o tres años, quizá debido a su mala alimentación no simulaba los veintidós años que tenía. Si bien, el pelo lo llevaba más largo y con un flequillo cubriéndole la frente y posiblemente era más alto, además de que los músculos en su cuerpo apenas comenzaban a formarse. No era precisamente un hombre fuerte, al contrario, era muy delgado y su abdomen estaba escuálido, pero en sus brazos se notaba un poco más de masa.

Podría tener un físico más atrayente si dedicara su tiempo a algo productivo, como un trabajo, deportes, o algún pasatiempo. Pero nada de eso le importaba.

Cerró el grifo y el ruido del agua dejó de irritarlo. Chasqueó la lengua, saliendo del baño para vestirse.

Tomó lo primero que encontró, aún no olía mal así que decidió colocarse aquella playera negra y unos pantalones azules. El resto de ropa sucia lo abultó encima de su cama, ya después se encargaría de resolver ese pequeño problema.

Advirtió la hora en el reloj digital en una mesita pequeña, y gruñó. Ya se le había hecho tarde.

¿Tarde para qué?

Tomó las llaves y salió hacia la calle, encontrándose con un sujeto tan inusual como el color de su cabello y sus ojos. El hombre no tardó en posicionarse frente a él y le saludó con una sonrisa demasiado cínica.

—¡Hey! ¿Listo para otro glorioso día?

El hombre era japonés, por lo cual podían hablar en su idioma natal.

Sasuke hundió las manos en sus bolsillos y pasó de largo frente a él. El chico con cabellera plateada escapó una risa burlesca, deteniendo a Sasuke por el hombro.

—Deberías responder cuando alguien mayor que tú te habla.

Sasuke se giró para verlo.

—Que tengas canas no significa que seas más respetable.

Le dijo para después retomar su camino. El hombre no se ofendió, al contrario, se mofó con más intensidad.

—¡Hey, Sasuke!, ¿has oído la historia de mis canas?

Le gritó mientras el azabache lo ignoraba, alejándose.

—La repites todos los malditos días —susurró—. Estúpido Hidan.

Hidan no era un hombre mayor, posiblemente con una diferencia de unos diez años, o quizá menos. Poco le importaba el 'cómico' relato acerca de su cabello color ceniza.

Sasuke siguió un camino que bien conocía, transitando de largo por el Boulevard de Rochechouart. Mientras avanzaba, trataba de advertir las muecas en la gente, divirtiéndose por las sonrisas fingidas que esparcían a cada brote y porque en su mayoría, todos lo veían con superioridad. Racistas.

Europa estaba llena de racismo, más cuando los rasgos culturales eran sumamente notorios, tal como su apariencia asiática.

Se dirigió a una cafetería sobre una avenida popular en el distrito IX. Se sentó en una mesita que daba vista a la calle, concentrando sus ojos en ningún punto en específico.

Entonces, una mesera parada frente a él logró sacarlo de su ensoñación.

—El especial de hoy es pastel de zanahoria —dijo, con un tono demasiado empalagoso.

Sasuke la miró directamente a los ojos, pero ésta no se inquietó, hasta le sonrió con coquetería y contoneando su cuerpo en movimientos leves de un lado a otro.

Habló con perfecto francés.

—Pastel de chocolate y café.

La chica se esfumó, pero al instante regresó con el pedido. Cuando acomodó todo, el azabache pudo notar que la mesera le dedicaba sonrisas traviesas de tanto en tanto. Luego, le guiñó un ojo, dejando un trozo de servilleta encima de la taza de café, para después irse.

Sasuke no tuvo que tomar el papel para darse cuenta que contenía un número telefónico, solamente lo apartó como con asco. Si no fuera porque tenía demasiada hambre no se tomaría el café.

En París las mujeres eran más atrevidas. Normalmente, cuando una chica en Japón se le declaraba, lo hacía con un gracioso sonrojo y aceptaba con lágrimas que jamás iba a ser correspondida. En cambio, en Europa todo funcionaba con otro estilo, las féminas no tenían vergüenza e iban por ahí enseñando gran parte de su cuerpo sin pudor.

Después, se atrevió a tomar el papel en sus manos y guardarlo en el pantalón.

Bebió todo el café y por la ventana observó un grupo de jóvenes andando con instrumentos musicales a sus espaldas. Una chica pelirroja llevaba una guitarra, un hombre alto cargaba un clarinete, y un tercer hombre moreno con un violín.

Iban riendo a carcajadas, mientras el chico del clarinete tocaba entre risas. A simple vista, eran músicos con futuros prometedores, con vidas cálidas y felices.

Sasuke suspiró cuando los jóvenes doblaron por la esquina y dejó de verlos. No eran más que un trío de incrédulos e idiotas. Chicos con suerte. Un destino con suerte. En el fondo deseaba que algo muy malo les ocurriera.

Gruñó cuando involuntariamente probó el pastel de chocolate. Lo hizo a un lado en seguida. Él odiaba las cosas dulces, y precisamente aborrecía el chocolate. Así que dejó una buena cantidad de dinero y salió del lugar, sin esperar por el cambio.

Avanzó por un par de calles aglomeradas, sintiéndose molesto por el alboroto del gentío. Tenía que crujir fuerte sus dientes para no salir corriendo de ahí. Mas, cuando descubrió la vista de la Torre Eiffel, se relajó.

Se dejó caer sobre el pasto, admirando de pronto la danza de la fuente. Después, fijó su vista en la torre, alzando su cabeza para contemplar desde el nacimiento hasta la punta. Eran casi más de trescientos metros, y era sin duda, el lugar más emblemático de París, sino es que el más famoso.

Solía asistir mucha gente, tanto turistas como locales. Casi siempre eran parejas enamoradas que se besaban o se profesaban amor eterno. En el tiempo que había visitado ese lugar, fue testigo de al menos de diez propuestas de matrimonio.

Imbéciles.

Muy cerca de él se hallaban un grupo de amigos mixto, posando para una fotografía. Dos chicas simulaban tocar la torre, mientras los otros dos adolescentes hacían caras sorprendidas, abriendo por demás la boca y los ojos.

Ridículos.

En todo el perímetro se encontraban muchachos así, tomándose fotos en poses absurdas.

Sasuke enterró el rostro en la palma de sus manos, nublando sus sentidos por un momento. Sintiéndose avergonzado por la máscara de mediocridad que rodeaba todo su mundo; seguramente muchas de esas personas tuvieron que ahorrar por largos años para conseguir viajar a París. Sasuke sonrió de medio lado, él tenía demasiado dinero y no trabajaba por él, ni siquiera estudiaba. Todos los días se levantaba a la hora que se le antojara, iba a dónde quería y malgastaba en tonterías, aun así, el dinero parecía no terminársele jamás. Evidentemente, era mucho más superior que todos ellos.

Él ya no era el mismo de antes, claramente renació y se convirtió en otro Sasuke diferente. Su aspecto podría ser casi idéntico al de hace dos años, pero su personalidad se transformó en una mucho más fría e indiferente, alguien egoísta que se había desecho de sus sentimientos. Ahora, se decía a sí mismo que era incapaz de sentir nada.

—Disculpe…

Alguien lo llamó y aunque escuchó la voz de una mujer, no hizo caso. Apretó sus ojos.

—Disculpe...

Quizá solamente se hacía creer que no tenía emociones, porque muy en el fondo percibió envidia al estar en la cafetería y encontrarse con aquellos músicos. Probablemente eran celos, porque ahora ya no tenía ilusiones o deseos a los que aferrarse.

—Oiga.

Arrugó el entrecejo y levantó la cabeza con brusquedad.

—¿No le interesaría comprar una estatuilla de la Torre Eiffel?

Frunció la nariz y negó iracundo. La otra chasqueó la lengua y no continúo insistiendo.

Eso sucedía muy a menudo, cada vez que iba allí. Solían confundirlo con un turista y ofrecerle replicas a escala de la torre de hierro. De verdad estaba cansado de toda esa hipocresía.

Y con el crepúsculo en el cielo, una corriente helada perforó en su piel y Sasuke maldijo por no haber llevado un abrigo aun sabiendo que París era muy frío. Refunfuñó, su plan de suicidio tenía que dejarlo para otra ocasión.

Por pura curiosidad, dirigió sus ojos hacía el lugar por el cual la vendedora se había marchado. No la encontró, pero al instante que su mirada chocó con una silueta femenina, su corazón comenzó a palpitarle desorbitadamente.

Abrió sus oscuros orbes y se puso de pie, casi sin aliento. A unos cuantos metros vislumbró a una muchacha de larga cabellera rubia, con un abrigo negro y unos jeans de mezclilla ajustados. La detalló perfectamente, era ella.

Sonrió sarcástico para sí mismo y acto seguido, se restregó los ojos. Probablemente se trataba de una ilusión y eso era lo que le causaba gracia. Ya había pasado tanto tiempo desde que la vio por última vez en su mente.

Cuando abrió de nuevo los ojos, los enfocó en la misma dirección, asustándose al reparar que la imagen de ella no desapareció. A diferencia de sus alucinaciones pasadas, ésta parecía tener vida propia, pues se movía con agilidad y sonreía amenamente, además de que su cabello dorado resplandecía más que en sus sueños.

No, no puede ser ella. Volvió a reír.

Ella disfrutaba del momento, tomando fotografías de la Torre en distintos ángulos.

Él la contempló, pensando que le gustaría que ella fuera real. Mas, en un breve momento, la chica volteó la mirada justo a su dirección y pareció que lo miraba también. Sasuke se sobresaltó rápidamente, descubriendo que las pupilas azules de ella reflejaban asombro.

Cruzaron miradas por un largo minuto, sin evadirla ninguno. Ella abría la boca, como si quisiera decir algo desde lejos, pero no animándose a hacerlo.

Entonces Sasuke lo entendió.

Es Ino. Era ella y era real.

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Continuará

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N/A:

Es corto y estaba indecisa de subirlo así. Pero alguien me dijo que en algunos libros los capítulos son diferentes, a veces son más largos y otras más cortos. Y la verdad es que no veía este capítulo terminando de otra manera.

Igual, muchas gracias por leer!

A mis amadas: Juvia, AS'Shadow, GrayWolf, Espiritu Salvaje, Clary y ALE-SAN KATYCAT.


Respondiendo comentarios Guest

. Juvia: Holis! gracias de nuevo por tu hermoso comentario. Las cosas se irán resolviendo poco a poco, realmente yo también creo que Itachi no es malo (? xD pero es todo lo que diré, jajaja. Sobre Itachi enamorado de Ino... Uhm, no es mala idea... mmm, quizá pueda haber algo de eso, jaja no lo sé :P Todo puede suceder. Por hora, agradezco infinitamente que sigas la historia, me animas mucho a seguir.

. GrayWolf: Oh, un nuevo lector :D muchas gracias por animarte a comentar y darme tu opinión, espero que todo te haya resultado muy grato de leer y que continues comentando los demás capítulos que vayan saliendo. Muchas gracias por decir que soy buena escritora, jaja, gracias de verdad. Y sobre Itachi como hermano mayor, creo que no tengo más nada que decir :P sería mucho spoiler.

. Clary: Ya está aquí la continuación, nena. Sí, fue muy triste todo el pasado de Sasuke, y que recibiera una mala noticia a penas estuvo en Francia, pero todo sucede por algo. Ojalá que la continuación te agrade y me des tu punto de vista, que lo estaré esperando con mucho gusto.