¿Qué pasó?- pregunté muy suavemente.

Se quedó tenso y callado. Yo me senté en cuclillas frente a él y le tomé las manos. Manoel miraba el suelo, y estaba rígido e inmóvil. Lo esperé pacientemente, pensando en cuántas veces en los últimos días él me había sostenido silencioso mientras yo me descargaba en largas crisis de histeria.

Lo siento.- dijo dolorosamente.

Está bien. – Pasó un instante eterno antes de que volviera a hablar.

No podía soportar que me vieras.

Está bien. Te quiero mucho.- le dije. A él se le hizo un nudo en la garganta.

Gracias.- dijo en un sofoco, y se le cortó la respiración. Lo abracé mientras lloraba sin lágrimas, haciendo un esfuerzo sobrehumano por permanecer en silencio.

No sé a ciencia cierta cuánto tiempo estuvimos así. Cuando se repuso, mi pobre hermano, mi querido hermano, que siempre había sido una persona sociable, amable y complaciente, me miró con los ojos rojos llenos de angustia.

No pude evitarlo… ah, Bella, lo siento tanto.- debía estar muy desahuciado si se había olvidado de llamarme por el nombre que me había dado.

Está bien. No te preocupes.

No puedo no preocuparme… Si lo hubieras visto… - se detuvo de nuevo. Tomó aire otra vez.- salí de caza, salí de caza al sur, una zona de acampe poco conocida, porque no iba a poder aguantar hasta que volvieras. Llegué perfectamente hasta allí y quería volver rápido para saber cómo te había ido con los quileutes, y estaba bien; empecé a cazar y de repente sentí un aroma impresionante. Fue como si ese aroma me golpeara. Y lo sentí cerca y sentí mucha más sed que nunca en mi vida. Era peor que ser un vampiro recién nacido. Y no sé qué hice, porque recién tomé conciencia de lo que pasaba cuando estaba en el suelo, a mis pies.- y sollozó de nuevo. Lo abracé con fuerza.

Va a estar todo bien. No te preocupes. Va a estar todo bien.- repetí. Él trató de recomponerse y me tomó de la mano.

No va a estar todo bien.- repuso sombríamente.- Esto complica muchísimo las cosas. Y es mi culpa… ah, hermanita, lo siento tanto. Se me cruzó en medio de la cacería… estaba siguiendo a un lobo y se me cruzó…

No complica tanto las cosas…-dije yo. Pero sabía que era verdad. Para empezar, nuestros aliados se iban a enterar de esto y no les iba a gustar ni medio. Complicaba mucho las cosas. Nos tiramos en la cama agarrados de la mano. Yo deseé ser una niña de nuevo, me hubiera gustado que fuéramos niños los dos y no tuviéramos que preocuparnos por nada.- ¿Qué hiciste con el cuerpo?- pregunté abruptamente. Era un detalle escabroso y desagradable pero había que tenerlo en cuenta.

¿Qué cuerpo?.- susurró Manoel, a duras penas.

El del muerto.

¿Qué muerto? No maté a nadie, Bella.- Me tomó un momento entender las implicaciones de lo que había dicho. Si no había matado a nadie…

¿Qué? - pregunté. Él simplemente gimió. – Espera, ¿cambiaste a alguien y lo dejaste solo?

No… en unos depósitos abandonados no muy lejos de aquí…

¿Y si huye? Manoel, tenemos que encontrarlo YA.

Cerré todo bien. No está en estado de huir.

Manoel, alguien va a oír los gritos.

No, allí no hay nadie para oír los gritos…- murmuró. Estaba empezando a sonar incoherente y sabía que debíamos apurarnos; la situación era crítica y mi hermano no estaba en condiciones de pensar, ni mucho menos llevar la delantera como hacía habitualmente. No me sorprendía; era l primera vez que atacaba un humano desde hacía bastante tiempo y siempre había sufrido hasta límites impensados en estas situaciones. Además, podía calcular que no sabía si no hubiera sido mejor para su pobre víctima si no hubiera podido contenerse y lo hubiera matado ahí mismo.

Tendríamos que hablar con Carlisle.

Ay.-gimió Manoel.- Sí, tenemos que hablar con Carlisle.

¿Qué nos va a decir?

No sé.

Llámalo ahora. – Yo me estaba poniendo de pie, tirando de él.- llámalo ahora, y salimos hacia allá.

Ay, Isabel. Nos acaban de conocer. Y ahora me pasa esto-

Me parece que te va entender. Si quieres lo llamo yo.- repuse. Me dolió mirarlo a la cara.

No es asunto de ellos… no sé si lo tendríamos que decir.

Estamos en su territorio. Aparte, nos defendieron del lobo. Le dijeron que éramos amigos.

Manoel gruñó, tapándose la cara con las manos en un gesto de desesperación.

Oh, por Dios, como arruiné todo.

Dame el celular.

No. ¿Qué vas a hacer?

No podemos ocultarlo, de cualquier manera. Se van a enterar. Mira, voy a llamar a la casa de los Cullen.

Manoel no hizo ni dijo nada. Era algo completamente anormal en él, que por lo general se mantenía de una pieza ante las adversidades. Se quedó en la cama cabizbajo, totalmente inmóvil, y yo levanté el tubo. Sonó dos o tres veces y una voz femenina saludó.

¿Diga?

Hola, sí. Soy Bella. ¿Está Carlisle?

No, está en el hospital.- dijo la voz, ligeramente preocupada.- Habla Esme, Bella, ¿pasó algo?

Sí.- respondí yo, y de repente no supe cómo seguir.- Es… Manoel tuvo un problema.

Sí, dime.

Se fue de caza y se cruzó con un acampante.

Oh.-dijo Esme, comprendiendo.- ¿Cómo está ahora? Tu hermano, quiero decir.

Esta mujer era una maravilla. Cualquiera hubiera estado enojado, pero lo primero que se le ocurría preguntar era cómo estaba Manoel.

Está bien, dentro de todo,- susurré, sabiendo que Manoel me escuchaba de cualquier manera.- Mira, Esme, tenemos esta persona escondida, vamos a cuidar de él hasta que esté bien… y de allí en adelante, de hecho ahora voy para allá… pero ustedes tienen que saberlo, nosotros nos someteremos a cualquier medida que tomen.

¿De qué estás hablando?

Nos iremos si ustedes lo desean, pero sólo les pido tres días hasta que podamos movernos con esta persona…

Nosotros no vamos a echarlos.- dijo Esme firmemente.

Me encanta oírte decir eso,-musité.- pero piénsalo bien, ¿sí? Discútanlo, y lo que decidan estará bien. Y gracias por todo.- dije sentidamente.

Oh, querida, no digas eso…

Tengo que irme, Esme. Hablamos después. Hasta luego.

Adiós.- musitó ella, mientras yo cortaba.

Me volví hacia Manoel, esforzándome por no dejar que su aspecto destrozado me partiera el alma. Me miró con un rictus de dolor.

Lo siento, lo siento mucho, lo siento…- sollozó.

Está bien, Manoel. Vamos hacia allá.- repliqué, esbozando con dificultad una sonrisa y tendiéndole la mano. Tiré de él para ayudarlo a levantarse.- Sólo dime dónde está.

Los depósitos abandonados me dieron calosfríos. No hay nada, en realidad, en un depósito abandonado que pueda entrañar un peligro para alguien como yo; excepto quizás un vampiro joven y furioso, o un vampiro "carnívoro", viejo, experimentado y furioso. Pero no fue por que dentro me esperaba la primera de esas posibilidades que me estremecí.

En realidad, me aterró pensar en la agonía de los primeros momentos de la transformación en soledad, en un lugar enorme y oscuro. Me pregunté si Manoel estaba tan fuera de sí como esto parecía indicar; los enormes tinglados de concreto y chapa serían un anfiteatro para los gritos estremecedores de su víctima; cualquier sonido resonaría multiplicado por el eco sucesiva e inexorablemente.

Sin embargo, Manoel me guió, ausente y pálido, hasta un enorme edificio de concreto que ocupaba una manzana entera. Evidentemente no había sido un mero depósito si no una fábrica, antes de caer en el abandono. Lo seguí, sorteando lo que parecían viejas máquinas de coser industriales y desechos metálicos, cruzando el enorme y silencioso espacio de concreto en penumbras. En el otro extremo nos esperaba una escalera que se dirigía al subsuelo.

La escalera crujió bajo el peso de Manoel. Salté ágilmente tras él cuando hubo descendido los primeros peldaños. Nos internamos en la oscuridad: el subsuelo carecía de mayores ventanas aparte de unos pequeños tragaluces por los cuales se entreveían las baldosas de la acera iluminada por la luna.

Seguí la silueta oscura de mi hermano, el único ser viviente que me quedaba en esta tierra, que irónicamente, ni siquiera estaba vivo. Me deslicé tras él en el subsuelo poblado de cajas enormes de madera, ojeando discretamente los armatostes indefinidos de la maquinaria en desuso. La próxima escalerilla estaba en la cara opuesta del edificio; me pasmó el silencio; sabiendo lo que nos esperaba más abajo. Cuando bajamos al segundo subsuelo, entramos en un pasillo y aún no podía oír nada que me indicara la presencia de un vampiro nuevo en plena transformación.

Ya en el tercer subsuelo, que también poseía un pasillo y diversas habitaciones o sectores, sentí los gruñidos ahogados por la distancia y las paredes de cemento y mi hermano empezó a temblar a medida que caminaba. No se detuvo, lo cual me pareció una muestra de coraje enorme. Estaba caminando hacia las consecuencias de sus propios actos, y eso es el acto más íntegro que puedo imaginar.

Abrió la puerta del sector que estaba más alejado de la última escalerilla.

Comprendí que Manoel había escondido en el fondo de ese laberíntico edificio abandonado a su víctima. Se volvió a verme, pálido, invitándome con la mano a pasar, los ojos rojos llenos de miedo.

Bueno, es corto pero aquí está….. seguido del próximo capítulo.