DEL INFIERNO A LA GLORIA
Faltaban dos meses para que nuestro hijo naciera; y tres días para que Terry regresara de su Convención…
Por mi falta de madurez emocional he provocado tantos problemas incluyendo a mi bebé.
Había tenido tantas ilusiones de que al nacer lo tendría inmediatamente entre mis brazos, llevarlo a casa a los poquitos días de nacido y hacer la reunión de presentación… tal como Terry había planeado.
Pero nada de eso ha sido posible; mi bebé permanecerá un tiempo en el hospital materno mientras le realizan algunos estudios y se fortalecen sus defensas inmunológicas.
-Candy –Una mano conocida y familiar apretó mi hombro al tiempo que mencionaban mi nombre; su voz intentaba brindarme consuelo ante lo que acontecía… llevaba dos días sin dormir, dos días llorando y casi en ayunas –Tienes qué descansar… te enfermarás…
-No puedo…
-Debes, al menos, intentarlo…
-¿Tienes noticias de Terry?
-No
-Richard, siento que no puedo más. Mi mundo se cae a pedazos y no tengo esperanza…
-Ánimo, sé que eres fuerte y todo estará bien…
-No sé qué hacer… No sé si quedarme aquí con mi hijo o ir a buscarlo…
-Estamos haciendo todo lo posible para encontrarlo, no quiero que pierdas la fe y la esperanza.
-¿Por qué se dan las cosas de esta manera? ¿Por qué?
Richard me abrazó mientras lloraba tratando de encontrar en mi mente alguna respuesta ante cada interrogante.
La noche que Andrew nació yo pedí que le avisaran a Terry, ahora comprendo que no debí solicitarlo… esa noche él tomó la decisión de regresar y estar conmigo, con nosotros, un amigo le prestó amablemente una avioneta y junto con otro amigo emprendió el vuelo… una tormenta se interpuso entre él y nosotros…
Richard se ha encargado de la búsqueda, del ancho mar han sacado los restos de la avioneta y el cuerpo del piloto. De Terry y de su amigo, nada se sabe.
Me niego a creer que él nunca volverá a estar conmigo, que no conocerá a su hijo, que no estará para verlo crecer, para guiarlo, para amarlo…
-Estamos haciendo todo lo humano posible para encontrarlo, hay gente trabajando en ello, por favor, intenta conservar la fe, la calma, la esperanza.
-Sólo encuéntralo, Terry no puede estar muerto.
Después de mes y medio, en una fina sabanita de seda, Eleonor envolvió a Andrew para llevarlo, por fin, a casa.
Richard había asumido la presidencia de la Empresa, nuevamente; con la ausencia de papá, la falta de Terry y mi incapacidad para hacerme cargo, él era el único apto para sacarla avante.
-Así era Terry de bebé, mismos cabellos castaños, la naricita… yo decía que Dios cuando lo formó solo dio un pellizquito para formarla tan finita… te pareces a papá, bebé…
-Estaba pensando en que no se llame Andrew sino Terrence, en memoria de su padre…
-Hija… trata de seguir adelante.
-Lo extraño mucho, mamá; me hace falta mi esposo…
-Lo sé, créeme que puedo comprender lo difícil que es esta situación…
-Al menos pudimos despedirnos de papá, pero no de Terry, él prometió volver… si no hubiera sido tan tonta… tan impertinente… ¡Ay! Me duele el alma…
-Llora todo lo que tengas qué llorar, Candy, mi hijo desde donde esté velará por ti y por el bebé.
Al llegar a casa con el nuevo integrante, el ambiente era raro; querían sentir alegría porque mi hijo ya estaba en casa, y a la vez se sentía la nostalgia ante la… muerte de Terry.
Ambas familias estaban más que unidas, como si fuéramos una; Eleonor y mamá parecían hermanas y Richard había sido muy responsable con mi madre y hermanas; sus hijos habían regresado del extranjero para recibir al pequeño Terry en casa.
Esa noche se quedaron a pernoctar en casa, yo quería estar en la habitación con mi hijo, sola; hablarle de su padre, de la gran persona que era, de lo risueño y seguro de sí que mostraba ser…
Todos respetaban mi dolor y casi no hablaban de Terry o evitaban mencionar su nombre para no ahondar mi dolor –Está bien, mencionen su nombre, no quiero que lo olvidemos jamás… quiero que siempre se hable de él y de lo mucho que significó en nuestras vidas…
Cuando todos pasaron al comedor para degustar la cena, me disculpé y subí a la recamara de mi hijo, Eleonor tenía razón, era pequeño pero sus rasgos estaban completamente definidos, solamente tenía el color de mis ojos y el rasgo del mentón…
Cada día que pasaba le hablaba de la forma en la que su papá y yo nos casamos, claro le contaba las cosas de una manera que parecieran románticas y reconozco lo tonta que fui al no aprovechar la oportunidad que la vida me dio al ofrecerme el amor de Terry.
Me gusta sentarme en la silla mecedora que Terry había comprado especialmente para la hora de amamantar o de arrullar al bebé.
Me había resistido a dormir en la habitación que compartía con mi esposo, había prohibido que se tocaran, vendieran, regalaran o simplemente eliminaran sus pertenencias, todo estaba tal y como él lo había dejado, todo permanecía como esperando su regreso. Algunas veces abría el closet para oler su ropa, su aroma aún impregnado en sus prendas, me envolvía con las mangas de sus camisas o de sus sacos con la ilusión de sentir una vez más que él me abrazaba.
El pequeño Terry comenzaba a distinguir formas y voces, cuando llegaba mamá, Eleonor y Richard se emocionaba mucho, cuando le hablaba por su nombre me miraba con atención… me duele que él no haya escuchado la voz de su papá…
-Candy ¿Quieres que te sirva de comer?
-No, Dorothie, gracias…
-Debes alimentarte, hija.
-No tengo apetito, Ponny.
-Voy con el pequeño Terry, Candy.
-Está bien, Dorothie, gracias.
-Mira, en ese retrato se ven muy felices…
Terry había mandado a dibujar una de nuestras fotos de la boda, la mandó a pintar a acuarelas y la había puesto, orgulloso, en su despacho…
-Somos más que felices –Tomé el álbum de fotografías de ese día especial. Verlo de nuevo me trasladó hasta aquél momento:
Hizo todo lo posible para cumplir mi sueño de casarnos en el patio trasero de la casa, el bello atardecer frente a nosotros atestiguó la frase "hasta que la muerte nos separe" pero la muerte no tiene poder para que yo deje de amarlo, para que yo deje de sentirlo, para que deje de recordarlo…
"Así como este gran mar y el cielo se unen, así se unen sus almas en este día; ¿puede alguien decirme en donde termina el mar y comienza el cielo? Si fijamos nuestra vista en el basto horizonte, jamás podremos distinguir entre el mar y el cielo, parecen uno en forma, en color y en composición, cuando el cielo se enoja el mar se enfurece y cuando el cielo está alegre el mar está apacible, así deben ser ustedes: un mismo sentir…"
Papá bailó conmigo y luego Terry, bailamos toda la noche, comimos juntos y brindamos por nuestra felicidad.
Cuando todos se retiraron, Terry cumplió mi más íntimo sueño, caminar a la orilla del mar con mi amplio vestido de novia, todo el borde del vestido quedó empapado así como las orillas de su pantalón, corrimos, jugamos, chapoteamos, nos besamos…
Ese día entramos a casa al amanecer, los sirvientes contratados no permanecerían en casa así como ningún familiar…
-Terry … yo, yo nunca he estado con alguien… soy virgen…
-Mi amor… si no lo fueras no importaría porque ahora eres mía…
-Solamente tuya…
Terry me enseñó a amar, a entregarme, a disfrutar…
Sostuvo mi mano cuando papá se marchó, limpió mis lágrimas y fue firme para ayudarme a salir del infierno en el que estaba – Candy, de ser necesario yo te sacaré del infierno y te llevaré a la gloria.
De aquélla tarde en la que Ponny vio la foto a esta tarde en la que recuerdo mis días con Terry han pasado casi ocho meses, ya nadie comenta de su muerte, la búsqueda cesó hace tres meses… y yo no puedo olvidar a mi esposo ni un segundo…
Richard no quiere presentar al bebé en sociedad sino hasta que cumpla un año; y cuando el pequeño Terry, como le decimos de cariño, cumpla un año, Terry cumplirá un año de no estar entre nosotros.
Aquél sueño que tuve en el que veía a Terry alejarse de mi vida se ha vuelto en mi peor pesadilla.
Desde que Susana pisó mi casa para provocar tanto dolor, no había cruzado más la verja que mi amado puso como fronteras para delimitar la casa. Pero hoy me he armado de valor para atravesarlas y para enfrentarme a tal dolor de decirle adiós al amor de mi vida. Richard me ha dicho que yo debo asumir mi responsabilidad en la empresa y aprender lo que un día yo le enseñaré a mi hijo.
-¡Terry, te amo!
Comencé a caminar hacia la profundidad del mar mientras mi garganta se desgarraba ante los gritos de mi ser dolido…
-Solamente te ruego que me lo devuelvas, regrésame a mi esposo…
La sentencia de las autoridades fue: Desaparición, probable ahogamiento, días de búsqueda 151 por parte de las autoridades y 201 en total de investigadores privados… La noche de la desaparición fue tormentosa con ráfagas de viento de 115 km/hr. El aeroplano en el que viajaban fue desestabilizado por el viento e hizo que cayeran en el mar.
Buscaron por los alrededores, en una pequeña isla cerca del accidente, Richard contrató buzos profesionales… todo fue en vano.
-Terry, mi amor, te amo y te echo de menos…
Era tanto mi dolor que no me había dado cuenta que Richard permanecía de pie a mis espaldas, por sus mejillas rodaban lágrimas que reflejaban su dolor, ambos amábamos al mismo hombre, él como padre y yo como esposa; su mirada se perdía en la infinidad de agua que cubría esa porción de tierra y sus puños, impotentes y sin fuerza, permanecían a sus costados…
¿Cómo podía ser posible que tanta cantidad de agua no pudiera apagar las llamas de mi infierno personal?, al contrario, parecía avivarlas con cada ola que rompía en mis pies inmersos en ellas…
Lloramos en silencio y al día siguiente él tomó la decisión de llevar a cabo un memorial para Terrence Grandchester, padre.
-Él no está aquí… sus restos no están aquí…
- Candy, te ayudará a aceptar que Terry a partido…
-Me niego, no quiero…
Por encima de mi negación se llevó a cabo, la tumba de papá estaba muy cerca, los dos hombres que habían significado tanto para mí estaban tan cerca uno del otro.
Richard dio las palabras más hermosas que había escuchado jamás, cuando habló en el funeral de papá mencionó tantas cosas tan agradables de él, pero cuando habló de su Terry fue su corazón expuesto, sonrió, rió, citó y lloró al mencionar tantas cualidades de su desaparecido hijo.
Habló Tom, su mejor amigo de la universidad quien no daba crédito de lo que presenciaba…
Y yo hablé de lo hermoso que era vivir, convivir y estar con él. Ahora, tenía un lugar en donde llevar a su hijo para visitarlo.
Mis dedos pasaban por las hendiduras del epitafio que se colocó…Remarqué más de una vez su nombre y en mi mente le reclamé por habernos dejado…
Dorothie cuidaba muy bien a mi hijo con muchos consejos de Ponny, ahora ellas se resistían a que el pequeño Terry comenzara su formación en una guardería; decían que estaba muy chiquito, preguntaban que si habían hecho algo mal…
Cuando mi bebé cumplió su primer año de vida, Richard, en honor y en lugar de Terry, hizo un gran banquete, recordábamos con cariño a Terry y le dábamos la bienvenida a su primogénito y unigénito: "Terrence Grandchester Ardley era el sueño de los iniciadores, de los fundadores de la empresa local que con el paso de los meses y de su buena administración se convirtiera en una Multinacional. Un sueño consolidado, tal vez en el egoísmo, pero ahora hecho en una realidad. Cuando Albert Ardley y Graum Granchester se unieron para formar esta empresa su deseo fue que nunca pasara a manos de nadie que no portara los apellidos fundadores, Con William y con su servidor, el sueño continuaba, al nacer mi hijo Terrence mi parte del convenio estaba cumplido, al nacer Candice cada vez estábamos más cerca de la consolidación del deseo de nuestros padres; ahora el hermoso y bendecido fruto de Candy y Terry ese sueño se volvió realidad"
Hoy, a los cuatro años de vida de mi hijo, comienza una nueva etapa para nosotros, Terry irá a la guardería y yo asumiré la presidencia de "G-A, Multinacional de Tecnología y Consultoría"
-¿Lista?
-Lista…
Terry me sacó del infierno y me llevó hasta la gloria, y ahora era mi tiempo de cumplir cada una de mis promesas, todavía me duele su ausencia, me duele que mi hijo solo conozca de él sus fotos… pero Terry ha estado, está y estará presente en cada día de nuestras vidas, siempre y cuando nosotros lo deseemos.
Hoy es tiempo de vivir en la gloria.
Tampoco lo pude creer...
Sutcliff ;)
