DAENERYS

Todo estaba preparado. Daenerys llevaba esperando este día tanto tiempo que no sabía cómo sentirse. Se lo había imaginado de mil maneras, pero siempre con Drogon. Sin él no parecía tener sentido.

Había tenido que dejar ir a sus otros dos dragones, ahora mismo la venganza era más importante para ella que cualquier otra cosa. Había aceptado la propuesta de Brienne, pero la había hecho jurar no matar a Cersei hasta que ella llegara. Quería verla desangrarse en su propio castillo, por sus propias manos, delante de todos los que tuvieran ojos. Brienne se encargaría de tenerla localizada desde dentro, y Arya tendría a los dragones fuera. Nada podía ir mal. Sólo un pequeño e insignificante gusano no encajaba en toda la historia, y no sabía bien qué hacer con él. Pensó obligarle a luchar por su reina, pero era un maldito tullido y no sobreviviría (había jurado su protección en dos ocasiones, para su desgracia) Podría abandonarle allí, pero tampoco sobreviviría, y llevarle preso haría necesario que varios hombres se dedicaran exclusivamente a su cuidado, cosa que no iba a permitir. Decidió hacer aquello que había evitado desde que le encontró en aquella casita costera: hablar con él.

-Hola mi reina, ¿a qué debo el honor?

Estaba sentado en el suelo, encadenado, sucio y flaco. Se sentó delante de él, en una silla colocada especialmente para ella. El silencio se mantuvo por un tiempo.

-He oído el alboroto. Supongo que está a punto de marchar para Desembarco del Rey, y no sabe qué hacer conmigo. Siento causarle tantas molestias, pero os recuerdo que estaba tranquilo con mis manzanas y fuisteis vos quien me sacó de mi casa.

-Yo estaba tranquila en mi castillo y vos matasteis a mi padre. Casi no había salido del vientre de mi madre cuando destrozasteis mi vida, y aun os perdono la vuestra, ¿qué mas queréis?

-No quiero nada, sois vos la que entráis en mi tienda. Sois vos la que querréis algo de mí.

En su cabeza sólo una pregunta se repetía una y otra vez. Ser Barristan ya la había hablado de ello, al igual que otros, pero necesitaba oírlo de él.

-¿Por qué?

Por un segundo quitó su sonrisa irónica. Parecía sorprendido por la pregunta, quizá no estaba acostumbrado a escucharla. Había matado a su rey, al que juró proteger, ¿podía importar la razón del acto para hacerlo menos miserable?

-Iba a quemar la ciudad, los siete reinos habrían ardido bajo sus pies si hubiera tenido tiempo. Le había visto hacer tantas atrocidades… pero en esta ocasión… no pude no hacer nada. Lo siento mi reina pero de lo único que me arrepiento es de no haberlo hecho antes.

Cuando la reina salió de la tienda ordenó a todos los presentes que se movilizaran. Partían hacia Desembarco del Rey, sin el Matarreyes.

ARYA

Eran demasiadas emociones. Su madre estaba viva, pero en qué condiciones. La había abrazado y besado, pero…era su madre y a la vez no lo era. Todo era demasiado difícil. La discusión sobre Brienne había sido demasiado intensa para un primer contacto. Ella desconocía los juramentos rotos, desconocía incluso que se hubieran conocido. Para Aria todo era nuevo y complejo, se agolpaban los datos en su cabeza. Aun así, creía que el hecho de que Brienne le estuviera devolviendo una de sus hijas debería compensar el hecho de no matar al hombre que resultaba ser su marido, pero la opinión no era compartida por su madre.

No era lo único que tenían que discutir. Los siete reinos no podrían tener un gobierno peor, Tommen seguía siendo un niño y los Tyrrel manejaban todo a su antojo. Además habían permitido vivir a Cersei Lannister, y siempre que se mantuviera alejada de la política y su hijo, podía cometer las barbaridades que dispusiera, que cada vez eran más graves. Margaery no gobernaba bien el reino, su hermano no gobernaba bien el ejército y su abuela lo complicaba todo aún más.

Intentaba hacer razonar a su madre al respecto. Daenerys Targaryen iba a ser una gran reina, si se lo permitían. El apellido Stark no era precisamente cercano al Targaryen en esos momentos, pero si su madre y sus compañeros participaban en la guerra de su lado, podrían ganarse el favor de la reina, incluso puede que consiguieran recuperar Invernalia. Pero ya no hablaba con Catelyn Stark, sino con Lady Corazón de Piedra, y nunca accedería a nada que tuviera que ver con Brienne de Tarth, con una Targaryen, ni muchísimo menos con un Lannister.

Llevaban días reencontrándose, días discutiendo, días de explicaciones…y a Arya no le quedaban más días. Llevaba retraso, un fuerte retraso de cómo se supone que deberían haber ido las cosas, y no podía esperar más. La última de las discusiones había sido de las más acaloradas, incluso Gendry había intervenido para intentar apoyarla, pero aquella mujer era completamente impenetrable. Dejándola con la palabra en la boca (o en la garganta) Arya salió en busca de Rhaegar, que la esperaba con paciencia. Montó rauda mientras su madre la seguía pronunciando sonidos ininteligibles, hasta que la cortó en seco, cansada de discutir.

-Madre, voy a la guerra con o sin vos.- Y antes de que pudiera responder, Arya se levantaba sobre los cielos.

Lady Corazón de Piedra miró el hermoso dragón sobrevolar el lugar, entrecerró sus ojos sangrantes cuando el sol del atardecer penetró en el fondo de sus cuencas. Sabía que sólo podía decir una palabra, que a pesar del estado de su garganta salió fuerte, grave y profunda.

-¡GUERRA!

JAIME

La reina y sus hombres habían partido hacia Desembarco del Rey, dejándole abandonado en el campamento. Desconocía donde estaba, no había reconocido el lugar en todo el tiempo que llevaba allí así que estaba completamente perdido. Daenerys había dejado con él a Missandei, la maldita niña que le cuidaba y se aseguraba de que no muriera. La reina había jurado dos veces su protección, y parecía que se lo había tomado en serio. La llave de sus cadenas colgaba a lo largo del cuello de la niña, pero parecía determinada a no dejarle marchar. No soportaba seguir apresado mientras las dos mujeres más peligrosas que conocía se mataban en un castillo lejano (o cercano, ¿cómo podía saberlo?) Brienne podría acabar con Cersei con una sola mano, Cersei podría terminar con Brienne con una sola orden. Brienne tenía una espada de acero valyrio, Cersei tenía miles de espadachines. Cersei podría escupir fuego con sus palabras, Brienne tenía realmente un dragón. No podía imaginarse la lucha entre ellas, tampoco quería hacerlo. Había abandonado a Cersei a su suerte hace mucho tiempo, había terminado con ella, con sus demonios, pero seguía siendo su hermana, parte de él quisiera o no, y no deseaba verla muerta. Y Brienne…ni siquiera quería pensar en que pudiera pasarle algo. Tenía que salir de ahí, tenía que conseguir llegar a Desembarco del Rey, tenía que mediar entre ellas, tenía, tenía… tenía que crecerle la puta mano, era igual de probable que cabalgar a lomos de un caballo blanco al atardecer para salvar a sus dos doncellas. Estaba claro que esto no era una canción, ni jamás sería una historia digna de ser cantada. Los pensamientos se agolpaban en su cabeza y había gastado tanta saliva intentando convencer a la niña para que abriera sus cadenas que por una vez en su vida se le habían acabado los planes y las palabras.

De repente, ambos pudieron escuchar un ruido que, aunque muy lejano, pudieron reconocer perfectamente.

-Niña, viene uno de los dragones. ¿Sabes lo que hacen con las niñas pequeñas? Liberadme y os protegeré.

-Puede ser que vuelva Arya o Brienne.

-¿Y si no es así? Ya sabes lo que hacían durante el entrenamiento, desaparecían días para vagar por el cielo buscando niñas como tú para saciar su hambre. ¿Seguro que quieres comprobar qué intenciones trae el pajarito?

Los alaridos de la bestia acercándose cada vez eran más fuertes. Missandei soltó un pequeño grito ahogado y le desencadenó, aunque no muy convencida. Al salir fuera de la tienda, el dragón ya se les había echado encima.

Jaime puso a la niña tras él, pero sin armas y sin mano no era un escudo muy protector que digamos.

-Es Viserion.

-Ya lo veo.- Gruñó. Jaime estaba enfurecido, no con la niña, pero no podía evitar mostrar su ira. ¿Qué hacía Viserion solo? ¿Donde coño estaba Brienne y por qué no estaba con él? ¿Por qué había vuelto?

El dragón estaba inquieto, gruñía, se movía hacia los lados, barría el polvo con su cola…no paraba de moverse, pero no les atacaba. Jaime se acercó con cuidado. Viserion le gruñó, se alejó, volvió a gruñirle, escupió fuego en dirección contraria…

-Tranquilo. Has venido a buscarnos. Brienne, ¿entiendes? Brienne. Quieres ir con ella, ¿verdad? Llévanos a ella.

Pudo tocar su cuello levemente antes de que volviera a rugir y amenazarle.

-¡Brienne! ¡Brienne! ¿Entiendes?

La bestia paró en seco. Jaime se volvió hacia Missandei y la ayudó a subirse, después lo hizo él.

-No para de bufar, o gruñir o…está enfadado, vamos a acabar abrasados.

-Tranquila, no le gustamos pero ha venido a por nosotros, nos llevará con él.

-¡No deberíamos ir! La reina me ordenó manteneros aquí y protegeros.

-Pues su hijo el príncipe acaba de cambiar los planes. Todavía puedes bajarte

Las alas empezaron a moverse y las últimas palabras de Jaime se perdieron con ellos en el aire.

¡Muchísimas gracias por los comentarios! Nomada, me diste la idea de introducir a Gendry, que creo que puede dar mucho juego. Y Rochy, tu comentario de Cersei Leona-Psicópata me encantó, decidí darle ese punto más psicópata del que ya tiene. ¡Gracias y espero que os siga gustando!