Sidestory 12
La esmeralda de los Mayfair
Cristina paseó por el laboratorio una mirada llena de curiosidad. Era la primera vez que se le permitía entrar a esa sección del Laboratorio Central de la Fundación Graude, a la que sus compañeros de trabajo solían llamar en broma "el agujero negro" porque quienes lograban el privilegio de entrar ahí nunca más volvían a participar en los proyectos menores, solo en las grandes (y misteriosas) empresas lideradas por la niña genio de la Fundación, Lilith Mayfair.
La sala en sí no era muy diferente de las demás que conformaban el enorme complejo del Laboratorio Central, excepto por un detalle: el enorme tanque cilíndrico que ocupaba el centro de la habitación y que llegaba hasta el techo. Cristina calculó que era lo bastante amplio como para contener a un oso... y estaba lleno de lo que parecía ser un líquido color ámbar.
Se acercó un poco más y echó un vistazo al panel de control que estaba junto al cilindro... ¡¿Signos vitales?
El líquido ámbar era tan espeso que al principio no notó la forma que flotaba dentro del cilindro...
-Miel de abeja –una voz infantil la sacó de sus pensamientos.
Lilith Mayfair en persona estaba ahí. Una niña pelirroja de trece años que no se diferenciaba de cualquier otra de su misma edad hasta que empezaba a hablar sobre ciencia o política. Cristina sonrió nerviosamente.
-Señorita Mayfair...
-Por favor, llámame Lilith, cuando alguien menciona a la señorita Mayfair, busco a mi abuela Mona.
Aquello sonó falso y tremendamente afectado, pero Cristina intentó no darle demasiada importancia.
-Dijo usted... ¿que esto es miel de abeja?
-Ajá. ¿Sabías que han encontrado jarras con miel todavía comestible en las tumbas de los faraones? –sin dejar de sonreír, Lilith se acercó al cilindro y lo rodeó caminando lentamente-. Por supuesto, existen formas más eficientes de conservar un espécimen, pero hice una excepción en este caso.
-Y lo que hay en el tanque...
-Es mi prima Morwen.
Cristina se quedó muda por un instante. ¿Era alguna clase de broma? Tenía que ser alguna clase de prueba. Sí, la señorita Mayfair sin duda quería probar si tenía suficiente estómago como para trabajar con ella...
-Es un lindo nombre –logró decir.
Lo que flotaba en la miel apenas podía distinguirse, pero su forma... Con un esfuerzo, Cristina se negó a sí misma el pensar en esa silueta como en alguien con nombre propio. Era un espécimen. Y, por lo que sabía, bien podría tratarse de un maniquí puesto ahí para jugarle una broma.
A pesar de los signos vitales.
-Ha sido sumamente interesante el investigarla –continuó Lilith-. Desgraciadamente, ya me ha dado toda la información que podía aportar y ahora sólo queda desecharla.
-Pero... er... todavía está viva, ¿no?
-Por supuesto. Muerta se había descompuesto en instantes, así que todas las pruebas debieron hacerse con el espécimen vivo, pero, debido a la naturaleza misma de las pruebas, me temo que ahora Morwen no sobreviviría más de unos minutos fuera del tanque... Ni creo que tenga mucho interés en permanecer con vida.
Cristina tomó aire, decidida a no dejarse ganar en ese juego.
-¿Y qué estaba investigando con ella?
-Hum. ¿Estás familiarizada con la mitología judeocristiana?
Eso logró que Cristina enarcara las cejas.
-Depende de a qué parte se refiera.
-¿Conoces la leyenda de los otros hijos hijos de Eva?
-¿Los que escondió de Dios porque no estaban limpios y entonces se convirtieron en duendes y hadas por haber sido negados por su madre?
-Exactamente. Pero no sólo en duendes y hadas... Los que los conocemos mejor los llamamos "elementales" y hay una sorprendente cantidad de variedades de esas criaturas... Mi querida prima pertenece a una de esas especies humanoides. Es una taltos, se encuentra entre los últimos de su especie.
-Oh.
-Lo que siempre me fascinó de los taltos desde la primera vez que tuve noticia de ellos fue su memoria. Poseen memoria racial y colectiva, ¿sabes? Bueno, una memoria colectiva bastante rudimentaria, pero efectiva a su manera. Necesitas reunir a un montón de ellos para que puedan empezar a recordar, lo cual no es muy práctico si estamos hablando de una especie casi extinta. Pero de todos modos me interesaba descubrir el mecanismo de esa memoria, por eso me metí en tantos problemas para conseguir un espécimen.
El discurso de Lilith fue interrumpido por la entrada de un muchacho que parecía demasiado joven para ser empleado del laboratorio. A decir verdad, tampoco vestía como si trabajara ahí y su cabello, largo hasta la cintura, habría sido un verdadero peligro dentro de ese lugar.
-Ah, Exael –saludó Lilith con una gran sonrisa. ¿Sería algún pariente suyo?
El muchacho empezó a hablar por medio del lenguaje para sordomudos.
-Está bien, hazlo pasar –indicó Lilith.
Exael asintió y abrió la puerta, la persona que esperaba del otro lado entró como un huracán, sin darle tiempo al joven para apartarse. Cristina lo observó apretar los labios como para contener una exclamación cuando la puerta lo golpeó en una mano.
El recién llegado era un hombre pelirrojo que tenía una gran semejanza con Lilith: los mismos ojos verdes, la misma expresión autoritaria... con el añadido de que parecía estar furioso. Nada más entrar, tiró algo a los pies de Lilith, de un modo que indicaba claramente que se sentía muy tentado a golpearla con dicho objeto en lugar de arrojarlo cerca de ella.
Aquello resonó fuertemente contra el suelo, y el pañuelo que lo envolvía se desató para dejar ver un brillo de oro y piedras preciosas.
Cristina se quedó boquiabierta por un instante. ¡Era un collar con la esmeralda más grande y perfecta que había visto jamás!
-¡Ahí lo tienes! ¡El legado de los Mayfair! –exclamó el hombre-. ¡Es eso lo que querías! ¿No?
Lilith abrió mucho los ojos y miró al recién llegado como si creyera que estaba loco. Bueno, Cristina probablemente lo estaba mirando de la misma forma. Una rápida mirada a Exael le demostró que el muchacho era el único en el laboratorio que parecía estar tomándoselo con calma.
-¿Cómo...? ¿Me han elegido a mí? –preguntó Lilith finalmente, con voz incrédula-. Pensé que el legado correspondía a Morwen y que ella elegiría a la siguiente dueña de la esmeralda...
-¡Deja de actuar como si YO fuera un idiota! –rugió el hombre-. ¡Soy tu padre, Lilith Stella Mayfair y te conozco mejor de lo que crees!
Eso explicaba la semejanza.
Lilith permaneció calmada e inexpresiva por un momento. Y entonces sonrió.
La suya ya no era la sonrisa de una niña alegre y avispada. Era una sonrisa espeluznante, digna de un película de terror. Cuando habló, su voz parecía tener milenios de antigüedad.
-No sabes ni la mitad de lo que crees saber, Adam Mayfair. ¿Sabes? Es realmente irónico que Mona haya decidido llamarte "Adam". Siempre lo he considerado un poco como una ofensa personal.
-¿De qué estás hablando?
-Nada que puedas comprender.
Adam contó lentamente hasta diez, en griego. Al parecer, no podía darse el lujo de perder del todo la calma en ese momento.
-Sé que tú secuestraste a Morwen. No sé dónde la tienes, pero no me cabe duda de que tú eres la responsable.
-¿Y por qué estás tan seguro?
-Alguien secuestra a la heredera de la familia Mayfair y lo único que pide como rescate es la esmeralda, aunque la familia posee joyas mucho más valiosas, por no hablar del dinero: no tiene sentido a menos que el secuestrador sea alguien de la misma familia y sepa lo que significa la esmeralda.. Ash y Morrigan están destrozados, Rowan y Michael tienen a toda la familia buscando a Morwen, y cuando digo "toda la familia" me refiero a TODA la familia. Y de una cosa puedes estar bien segura, Lilith Stella. Tu abuela no va a perdonarte esta.
-¿Y tú no me amenazas, Adam? –la sonrisa de Lilith seguía ahí y Cristina se cuestionó por cuarta o quinta vez en los últimos segundos si habría una forma de escaparse de ahí sin llamar demasiado la atención.
-Yo nunca amenazo –respondió Adam, sombrío.
La sonrisa de Lilith se suavizó sin llegar a convertirse en una sonrisa normal.
-Eres especial, Adam Mayfair, es una verdadera lástima que no seas capaz de darte cuenta de eso.
-¿De qué estás hablando?
Ella ladeó un poco la cabeza, contemplándolo como si fuera uno de sus especimenes de laboratorio.
-Has pasado toda tu existencia en el borde de lo sobrenatural y no has dejado que eso te afecte. Es más, ni siquiera te permites el ser capaz de apreciarlo... ¿o es que simplemente no puedes hacerlo?
-Como sea. ¿Dónde está Morwen?
-¿Por qué te preocupa tanto tu sobrina? No es que sea muy equilibrada mentalmente y, en definitiva, no te es de ninguna utilidad. Los taltos son imbéciles por naturaleza, pero no vale la pena tratar de manipularlos, son demasiado impredecibles. No puedes controlar a la familia a través de Morwen sólo porque eres su pariente favorito. Si quisieras ser el poder tras el trono, tendrías que aliarte con alguien que al menos tuviera una pizca de inteligencia...
Adam avanzó hacia Lilith hasta que ambos quedaron frente a frente. Al principio, Cristina creyó que trataba de intimidarla con la diferencia de estatura, pero luego tuvo la sensación de que el señor Mayfair en realidad no veía muy bien de lejos y estaba tratando de leer mejor el rostro de aquella extraña niña.
-No tengo tiempo para jugar ahora, Lilith. ¿Dónde está Morwen?
No había espacio suficiente entre ellos como para que alguien más se interpusiera, pero Exael lo consiguió de alguna manera, dando la impresión de que más que caminar se había deslizado desde donde estaba. Adam retrocedió unos cuantos pasos.
-Dónde. Está. Morwen –repitió, enfatizando cada palabra, y esta vez dirigiéndose al muchacho.
-Exael no es sordo, ¿sabías? –apuntó Lilith-. Y tampoco es mudo, por cierto. Es sólo que no le gusta escuchar su propia voz.
Exael la miró por encima del hombro, con una expresión de rabia que duró apenas un segundo antes de que volviera a asumir su apariencia calmada. Lilith dejó escapar una risita.
-Es insoportable cuando se empeña en echar sal en las heridas, ¿verdad? –le dijo Adam a Exael, con la misma calma que habría usado para comentar el clima. Exael asintió luego de vacilar unos segundos-. No le basta con el daño que hace, encima de todo tiene que dejar bien claro cuánto lo disfruta. Es por eso que me empeñé tanto en que Morrigan le entregara la esmeralda a Morwen, ¿sabes? Morrigan quería que la tuviera una hija mía, pero, desgraciadamente, la única hija que tengo es Lilith. Sería mejor para la familia ser gobernada por un ser no humano que por un ser inhumano. ¿Entiendes a qué me refiero?
Esta vez fue Lilith quien empezó a fruncir el ceño, especialmente cuando Exael asintió de nuevo, ahora sin dudar.
-Y justo cuando crees que por fin te has acostumbrado, hace o dice algo que te atrapa desprevenido y entonces todo duele igual que la primera vez –la voz de Adam había adquirido un tono confidencial-. No importa cuántas veces suceda ni cuánto tiempo pase, siempre es igual. Supongo que es irremediable.
-Oye, estoy aquí, no tienes por qué hablar como si no estuviera presente –protestó Lilith, enojada.
-Y, por supuesto –siguió Adam, ignorándola tranquilamente-, si hay algo que definitivamente la saca de quicio es el no ser el centro de la atención de todos. He llegado a pensar que todo lo que hace se debe a que tiene miedo a dejar de existir si no hay alguien pensando bien o mal de ella en todo momento.
Esta vez Exael se tapó la boca con la mano, como si estuviera tratando de contener la risa. No hubo ningún sonido, pero el gesto era bastante expresivo por sí mismo.
-¡Habla conmigo! –gritó Lilith.
Con un exagerado suspiro de resignación, Adam habló de nuevo, pero sin apartar la mirada de Exael.
-Sé es que tu problema conmigo es que desearías poder hacerme daño igual que al resto de todos los seres vivientes, pero nunca has podido lograrlo. Y basta con que yo aparte la mirada de ti por un segundo para que hagas hasta lo imposible por volver a tener mi atención. Pregunto por última vez. ¿Dónde está Morwen?
Exael miró hacia el tanque. Adam miró en la misma dirección.
-Oh...
-¿Qué harás ahora, Adam? –preguntó Lilith, sonriendo de nuevo.
Cristina se apartó lo más que pudo sin salir del laboratorio. Curiosamente, acabó junto a Exael sin haber podido notar en qué momento se había movido él.
Adam estaba dándole la espalda a los tres, mirando fijamente el contenido del tanque.
-¿Y bien? –preguntó Lilith.
-Esto matará a Ash y a Morrigan –dijo Adam, con voz distante.
-Sin duda. ¿Qué harás al respecto?
-Lo que ellos me pidan que haga.
Adam se encaminó a la puerta, ignorando nuevamente a la enfurecida Lilith, para detenerse cerca de Exael.
-No tienes que preocuparte por disponer del cuerpo. Se disolverá en cuanto entre en contacto con el aire.
-¡Adam! –gritó Lilith.
El señor Mayfair salió del laboratorio sin mirar atrás, la puerta se cerró tras él una fracción de segundo antes de que un pesado frasco se estrellara contra ella.
Cristina miró alarmada a su jefa
-Un día de estos voy a hacer que lamente esa manía suya de hacerse el listo –declaró Lilith, que había recobrado de pronto la calma.
Recogió la esmeralda y la contempló contra la luz unos segundos antes de dirigirse ella también hacia la puerta.
-Vacía el tanque, Exael. Morwen tal vez intente respirar, pero no durará más de un par de minutos y entonces se disolverá. Quiero que ese tanque esté perfectamente limpio para cuando yo regrese. Y mientras estás en eso, puedes explicarle a Cristina cuáles son sus deberes como mi asistente de laboratorio.
-¿Qué fue... todo esto? –le preguntó Cristina a Exael en cuanto se quedaron solos.
Exael empezó a hacer señas, pero se dio cuenta casi de inmediato que la científica no le estaba entendiendo, así que fue a la pizarra más cercana y empezó a escribir. Tenía una letra hermosa, en una forma que solamente podía lograrse luego de años y años de práctica.
"¿Qué crees que fue?"
-¿Una prueba? Quizá la señorita Mayfair quiere saber si puedo mantener la calma en una situación difícil...
Nuevamente, Exael se tapó la boca con la mano, expresando con toda claridad que estaba riéndose de ella. Luego de unos instantes, el muchacho volvió a escribir en la pizarra.
"Esa es una actitud prudente. Apégate a ella y no tendrás problemas trabajando para mi madre."
-¿Tu madre?... ¿Quién es tu madre?...
"Lilith Mayfair."
Cristina frunció el ceño.
-Te estás burlando de mí.
"Como ya dije, esa es una actitud prudente. Ahora, ayúdame a limpiar el tanque, ¿quieres?"
-De querer, no quiero, pero me imagino que será "prudente" ayudarte, ¿verdad?
"Chica lista. Me agradas."
Morwen había sido una joven sorprendentemente parecida a Lilith, y, justo como Lilith había dicho, no sobrevivió más que un par de minutos fuera de la miel y el tanque. Apenas el tiempo suficiente para aferrar la camisa de Exael con una mano temblorosa e intentar decir algo sin conseguirlo, con los ojos fijos en los del joven, que simplemente sonrió mientras aquel ser extraño se disolvía hasta desaparecer como si nunca hubiera existido. El único rastro de su paso fue una mancha de miel con la forma de una mano humana en la camisa de Exael.
Por señas, Exael le indicó a Cristina que podía empezar a lavar el tanque y ella obedeció en silencio, mientras elaboraba mentalmente una lista de todo lo extraño que había visto ese día. Luego la pondría por escrito y se dedicaría a investigar a los Mayfair con tanto empeño como si fueran otro más de los proyectos del laboratorio.
