Bill y Mabel fueron al teatro de Gravity Falls, donde se suponía que él debía reunirse con Preston Northwest.

-¿Por qué en un teatro?-

-Ya lo verás.- respondió el rubio.

Al entrar, se podía escuchar música clásica retumbando por las paredes, lo que significaba que alguien estaba en el escenario principal haciendo algo. Bill la llevó por las escaleras, subiendo dos pisos, hasta llegar a una puerta doble con un hermoso emblema dorado. Una habitación para los privilegiados, pensó Mabel.

Tenía un balcón que daba una gran vista hacia el escenario, una mesa redonda con cinco sillas alrededor y una mesada que ocultaba bebidas con alcohol.

La castaña se acercó al balcón para ver los asientos de los espectadores, todos ocupados y una sola bailarina en el escenario, terminando su baile con una, tres, cuatro vueltas para detenerse en seco justo al momento que la música finalizó. Hizo una reverencia y los espectadores saltaron de sus asientos para aplaudirla.

-Es bellísima.- susurró Mabel, algo que Bill pudo escuchar, pero antes de que pudiera contestar una voz lo interrumpió.

-Es increíble, ¿no lo creen?-

Ambos giraron en dirección a la voz y se encontraron con un hombre trajeado elegantemente con las letra bordadas en su bolsillo de pecho. Una mujer, igual de elegante colgaba de su brazo, su cabello, a diferencia del hombre, era de un castaño más claro y poseía ojos azules.

-Preston. Priscilla.- saludó Bill, haciendo un gesto con la cabeza. -No lo hace mal, de hecho.- respondió.

-Eso es obvio. Fue entrenada por los mejores bailarines del mundo.- dijo para luego dirigir su mirada a Mabel. -¿Y esta señorita?- Preguntó con recelo.

-Soy Mabel Pines, Sr. Northwest.- respondió la castaña.

Ambos Northwest fruncieron el ceño al saber la identidad de la chica.

-Un...gusto.- contestó Priscilla.

Las personas en el teatro comenzaron a marcharse, al par que reinaba el silencio en la habitación.

-Nunca llegué a pensar que alguien que lleve el apellido Pines pise alguno de mis territorios.- habló Preston.

El agarre de Bill en la cintura de la castaña la hizo quedar firme, sin reaccionar al comentario.

-Y no será la última.- contestó el rubio.

El hombre entrecerró los ojos ante el doble sentido de la respuesta, cuando estaba a punto de replicar un carraspeo de garganta se oyó desde la puerta. Todos voltearon y vieron a la misma rubia que había estado en el escenario hace unos momentos.

Llevaba puesto un vestido simple color beige hasta un poco sobre las rodillas, cubierto por un saco color blanco, de un largor hasta debajo de las rodillas y las zapatillas de baile en los pies. Una sombra de color púrpura coloreaba sus ojos. Era hermosa, solo que su rostro de indiferencia no la hacía resaltar tanto.

-Ah, Pacifica, querida. Vamos, entra.-

La chica aceptó la invitación, asintiendo con la cabeza en señal de saludo hacia Bill y Mabel para luego dirigirse hacia la mesa y sentarse en una de las sillas.

-Bailas muy bien.- elogió Mabel.

Pacifica abrió la boca para responder pero su madre no le dio la oportunidad.

-Pudo haberlo hecho mejor.-

La rubia arqueó una ceja en su dirección, cuestionándola.

-La última vuelta no fue unos 360° perfectos, fue un 352. Debes esforzarte más.-

Su mirada cambió a una de indignación. -¡Pero...!-

En ese momento, para sorpresa de la castaña, Preston sacó una pequeña campana y la agitó, haciéndola sonar, callando a la rubia.

-Sí, madre.-

El Northwest, satisfecho, guardó la campana dentro de su traje y le indicó al resto que tomara asiento.

-¿Podrías recordarme la razón por la cual tenemos esta reunión, Preston?- Dijo Bill.

-Por supuesto.- contestó, aclarándose la garganta. -El tema de discusión es la unión de nuestras casas.-

El rubio arqueó una ceja. -¿Oh? Eso. ¿Qué planeas trayendo ese tema a conversación, Northwest?-

Preston se levantó y comenzó a caminar alrededor de la mesa. -Como ya sabrás, nuestras casas han sido aliadas desde hace mucho, antes de que tu padre falleciera.-

-¿Y?- Preguntó secamente.

El Northwest lo miró con molestia. -Mi punto es: si tenemos una unión más cercana, podremos eliminar a la casa Gleeful del mapa de Oregón para siempre, tregua o no.-

-¿Y una unión más cercana sería...?-

-Una boda. Tendrías que desposar a mi hija.-

-¡¿Qué?!- Exclamó la nombrada.

Mabel no sabía cómo reaccionar.

-Con todo respeto, padre, yo no deseo casarme con él.- dijo Pacifica apuntando con el dedo al rubio. -Rayos, ni siquiera deseo casarme en estos momentos.-

Bill se levantó abruptamente de la mesa, haciendo que la silla haga un rechinido contra el piso.

-Debemos discutir esto en privado, Preston.- murmuró, con una mirada impasible.

-Me parece bien.-

Ambos hombres salieron de la habitación, dejando a las tres mujeres en la sala. Pacifica tomo eso como un alivio y se levantó para ir al balcón y mirar hacia el escenario, todo ese tiempo bajo la mirada de su madre. Mabel después de un minuto decidió acompañarla.

-¿Qué eres tú de él?- Preguntó sin dirigirle la mirada.

Mabel se quedó pensativa. ¿Qué era ella de Bill? -Ni siquiera yo lo sé.-

La rubia la miró confundida. -Si no lo sabes ¿Por qué estas con él?-

Ella se encogió de hombros. -Quien sabe. Solo puedo decir que le tengo afecto.- le extendió la mano. -Soy Mabel, por cierto.-

Pacifica miro su mano, luego a ella. -Eso suena como un nombre de anciana.- dijo estrechando su mano de todas formas.

Mabel solo rió, dejando de lado el insulto. -Lo tomaré como un cumplido.-

La rubia solo ladeó la cabeza.

-Vamos ¿Al menos sonríes?- Preguntó con una media sonrisa.

-En ocasiones.-

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-¡¿Cómo te atreves a insinuar que me case con tu hija?!- Gritó un molesto Bill. -Cambiaría las funciones de cada agujero en tu cara si pudiera por insultarme.-

-Trataré de no ofenderme.- replicó Preston. -Y para ser justos; tú me ofendiste primero al traer a una ramera de apellido Pines aquí.- dijo sin perder la compostura. -Los Pines son los sucios estafadores doble cara de este pueblo.-

-No veo donde se diferencian de nosotros.- contestó el rubio.

-Al menos yo no te metí en la cárcel.-

-Pero sí conspiraste contra mi padre, infectándolo con ese virus que le ocasionó esa rara enfermedad.-

-Cabe destacar que eso fue plan de ambos. Debo admitir que fuiste bastante ingenioso para un niño de 13 años. Aún así no puedo creer que te juntes con alguien como los de su clase.-

-Es diferente.-

Ambos dieron una mirada hacia la puerta abierta, dejando ver la habitación por dentro, y por lo tanto a las dos chicas. La castaña había tomado una de las máscaras que había por ahí, colocándola al lado de su rostro e imitando la expresión de tristeza para luego sonreírle a la rubia, quien rodó los ojos y se cruzó de brazos.

-Es como una niña atrapada en el cuerpo de una mujer.- murmuró.

-O una familiar de una peste que necesita ser erradicada.- respondió el Northwest.

Bill lo fulminó con la mirada. -No voy a casarme con tu hija.- declaró.

-Pues considera esta alianza terminada.-

-Haz lo que quieras, no me importa.- replicó, caminando hacia donde se encontraba Mabel, quien lo miraba confundida junto con Pacifica mientras la tomaba del brazo.

Preston se molestó, apretando los puños. -Voy a destruirte, ¿Me oíste Cipher?- Dijo mientras el rubio pasaba de largo con la castaña detrás.

Él se detuvo. -Me encargaré de destruir todo tu imperio con mis propias manos.- siguió el Northwest"

Escuchó una pequeña risa del rubio mientras que volteó un poco la cabeza para verlo de reojo. -No si yo lo hago primero.-

Dejaron al trío Northwest, uno temblando de ira, procurando lucir indiferente y a la heredera con una sonrisa de satisfacción en el rostro.
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Volvieron al departamento y Bill instantáneamente fue a la cocina, sacando una botella de vino de un escondite en una lacena. La abrió y bebió directo de la botella para luego cerrarla y volverla a poner en su lugar. Todo mientras Mabel lo veía.

-Vamos a la cama, Estrella Fugaz.-

Se acercó a ella tomándola de los hombros, dirigiéndola hacia el dormitorio.

-¿Por qué me llamas así?-

Él emitió un sonido de como si estuviera pensando para luego acercarse a su oído.

-Porque una chica como tú, alegre y brillante como una estrella, no se puede encontrar todos los días. Eres única, Mabel.-
Ella sintió su corazón latir más rápido.

Al llegar a la habitación, la castaña rápidamente sacó un camisón de su maleta y procedió a cambiarse ahí mismo ¿Por qué molestarse, si él ya lo ha visto todo? Luego se dejó caer boca para abajo en la cama en la cama, ocultando su rostro en la almohada.

Bill, por su parte, solo se desvistió hasta su ropa interior y se lanzó a la cama, cayendo sobre la castaña, quien emitió un quejido de dolor al ser aplastada.

-Sabes que la cama es suficientemente grande para los dos ¿verdad?-

Él ignoró su comentario y la volteó, tomando su mano izquierda y llevándosela a sus labios.

-Eres mía. Solo mía.- murmuró mientras besaba lentamente su mano.

-¿Bill?-

-A lo que me pertenezca, lo trataré de lo mejor. Lo voy a mimar hasta que ya no pueda. Y todo aquel que moleste lo que es mío, lo voy a hacer sufrir, hasta que ya no sienta nada.- recitó, al par que bajaba su boca por su brazo, rozando peligrosamente sus colmillos por la piel blanca.

-¿Bill que disparates estás diciendo?-

Él la miró directo a los ojos volviendo a besar su mano, sin decir nada más y recargando su cabeza en su vientre.

-¿Podrías acariciarme el cabello?- Susurró.

Mabel no podía estar más confundida, pero aún así hizo lo que le pidió, escuchando el suspiro del rubio al par que la rodeaba con sus brazos.

-Pareces un niño.- le dijo sonriendo dulcemente.

-Un lindo niño.- replicó, haciéndola reír y a él también "Tenemos que mudarnos mañana.- dijo serio de repente.

-¿Por qué?-

Él se encogió de hombros. -Acabo de amenazar a una de las familias más poderosas del pueblo, y no quiero que sufras las consecuencias.-

Ella le levanto la cabeza, haciéndolo verla a la cara. -No te seré un estorbo.-

-El lugar a donde iremos te mantendrá a salvo.-

-Por favor no digas que me tendrás encerrada.-

Él sonrió. -Claro que no. Solo saldrás conmigo.- se apoyó en la cama para acercársele y darle un beso en los labios.

-Te encantará la mansión Cipher.-