CAPITULO 12 – SIEMPRE SE PUEDE IR A PEOR

- 0 – 0 – 0 – 0 – 0 – 0 – 0 – 0 – 0 - 0- 0 – 0 – 0 – 0 – 0 – 0 – 0 – 0 – 0 - 0

No sabía cuanto tiempo había pasado desde que llegó a su casa y se metió en la cama, tal vez un día, tal vez dos. ¿A quién le importaba?

Con todas las persianas bajadas no entraba nada de luz, ella lo prefería así.

En algún momento oyó como alguien golpeaba la puerta enérgicamente. ¿Sería Lucius? La daba igual, no quería volver a verle nunca más, ni saber nada de él. Volvió a llorar con rabia, con angustia, con dolor, con vergüenza, nunca sus lágrimas habían tenido un sabor tan amargo, y sin saber bien cuando se volvió a quedar dormida por el agotamiento.

A lo que ella le parecieron varias horas después, creyó oír como algo golpeaba la ventana, pero no le hizo caso, no tenía fuerzas. Quería volver a dormir, pero no podía, no tenía sueño, y como pudo se levantó de la cama para beber algo, se sentía mareada.

Al pasar por la puerta de la entrada de camino hacia la cocina, vio que la habían dejado un par de cartas, pero las ignoró. Una vez allí bebió un vaso de zumo de calabaza y encendió la radio, quería saber que día era. "Domingo" y eran las tres y media de la tarde. Eso significaba que había estado dos días sin ir a trabajar. Seguramente alguien estaría preocupado por ella y aunque no tenía ganas, tendría que ir al día siguiente al ministerio, la gustase o no tenía responsabilidades con las que cumplir, pero primero volvería a la cama, se sentía tan cansada… Un par de metros antes de llegar, sonó el teléfono. Era su madre, y al parecer estaba muy preocupada porque acababan de ir Harry y Ron a buscarla a su casa. La habían contado que llevaba dos días sin aparecer por el trabajo y que nadie sabía nada de ella, incluido su novio Lucius, el cual les había dicho que se habían peleado y ella se había marchado de su mansión sin decir nada.

Al oír su nombre, Hermione comenzó a llorar. Su madre muy preocupada la preguntó que la pasaba y ella la explicó como pudo, entre llantos, parte de lo que había sucedido. La mujer insistió en que fuera a pasar con ellos una temporada, que seguro que su padre la perdonaba. Al principio Hermione no quería ir, prefería quedarse en su casa, llorando sin que nadie la viese, pero se empecinó tanto que al final tuvo que aceptar. "Está bien, solo serán un par de días" se prometió a si misma.

Unas horas después, al llegar a casa de sus padres, su madre la recibió con los brazos abiertos, y Hermione, abrazada a ella, lloró como si fuera una niña de cuatro años que se acaba de caer de un columpio.

A la mañana siguiente, cuando llegó al ministerio, lo primero que hizo fue decirle a su secretaria que si Lucius Malfoy iba a visitarla le dijera que no estaba. Al principio apenas se podía concentrar en sus quehaceres, ya que no dejaban de interrumpirla, primero Percy, después el mismísimo ministro en persona preocupándose por su salud, ya que ella había inventado que se había debido intoxicar, como los ponentes del congreso en Barcelona y no podía ni levantarse de la cama, aunque Kingsley no la creyó, pero al finalizar la tarde agradeció haber ido, ya que por lo menos durante esas horas había tenido la cabeza ocupada en otras cosas que no fueran Malfoy. Aunque la opresión que sentía en el pecho y el nudo de la garganta no la habían abandonado en ningún momento.

Al día siguiente, a eso de media mañana, oyó como al otro lado de la puerta de su despacho, su secretaría estaba intentando convencer a Lucius de que ella no estaba. "Cuanto antes pase el mal trago mejor" se dijo a si misma, pero cuando salió, el mago se había marchado, y su secretaria estaba al borde de las lagrimas.

- No me pida que vuelva a hacer algo así, por favor - la pidió.

- Lo siento, Lucy. No volverá a suceder. Si vuelve hazle pasar –A pesar de todo lo que había pasado, en el fondo deseaba volver a verle y que él la abrazara como antes, como siempre, y ella, embriagada por su calor, por su olor, cerrase los ojos y se dejase llevar, y que al abrirlos todo hubiese sido una horrible pesadilla.

Pero él no volvió, y la semana pasó. Sus padres y su secretaria, con la que había hecho amistad y la había contado parte de la historia, la decían que con el paso del tiempo el dolor cesaría, pero no era así. Cada día que pasaba, cada hora, cada minuto, su dolor se hacía más profundo, porque él había sido el gran amor de su vida y sin él no podía vivir, no sabía como vivir, se había vuelto completamente dependiente de ese hombre, de sus caricias, de sus miradas. Si él no estaba a su lado hasta la fruta más sabrosa perdía todo su sabor, y la obra de teatro más divertida a ella la resultaba el más cruel de los dramas.

Cuanto le echaba de menos… a veces se sorprendía a si misma pensando en que tenía que contarle algo que la había pasado, o en que tenía que invitarle al nuevo restaurante italiano que acababan de abrir y del que tan bien hablaba todo el mundo, pero a los pocos segundos se daba cuenta que eso era algo que no iba a volver a pasar nunca más, porque él la había engañando, se había reído de ella, la había usado, y volvía a llorar desconsoladamente.

Quería recuperar su vida de antes, esa en la que aunque no era feliz, por lo menos no se sentía tan derrotada y desdichada como ahora. Intentó pensar en como era esa vida, pero ni siquiera recordaba que hacía en sus ratos libres antes de salir con él. ¿A que dedicaba su tiempo?... ¿Quedaba con sus amigos?...si, eso hacía, pero ahora no tenía amigos, tal vez pudiese quedar algún día con Ginny, aunque sin que Harry lo supiera.

Estaba convencida que él y Ron sabían lo que la había pasado y que además se alegraban, ya que una tarde al salir del ministerio se tropezó con Potter y la miró de ese modo…Eso le dolió más que nada, ni siquiera fue capaz de preguntarla que tal estaba o un simple hola la hubiese bastado. Nunca se había sentido tan sola, ni tan deprimida, y todo por ese maldito de Malfoy que la había arrebatado hasta las ganas de vivir.

Ese fin de semana fue a su casa, a recoger algo de ropa. Lo que en principio iba a ser una estancia de un par de días en casa de sus padres, se estaba alargando por insistencia de su madre. Al llegar le pareció ver un elfo en la puerta, pero cuando volvió a mirar no había nada.

Estaba guardando varias cosas en una pequeña maleta, cuando alguien llamó a la puerta. No sabía que hacer, el corazón la latía muy deprisa ¿y si era él? El timbre volvió a sonar y ella se decidió a abrir. La sudaban las manos. Al abrir se tranquilizó, era su vecina de abajo para contarla que durante su ausencia habían estado yendo a buscarla un montón de hombres muy extraños, y ya de paso aprovechó para contarla los últimos chismes del vecindario. Cuando por fin se fue, Hermione suspiró aliviada, la mujer era agradable, pero a veces se ponía tan pesada…y ella tenía tan pocas ganas de hacer vida social…

Estaba casi terminando la maleta cuando el timbre volvió a sonar, seguro que era otra vez ella para contarla algo que se la había olvidado, siempre hacía igual, pero esta vez era Lucius, estaba muy serio, peinado con una coleta, vestido de negro de los pies a la cabeza y con su bastón de la empuñadura plateada en forma de cabeza de serpiente con las fauces abiertas. En cuanto le vio, le dio un vuelco el corazón e intentó cerrar la puerta, pero él fue más rápido y puso un pie en la entrada para impedirlo.

- ¿Qué quieres?- le dijo muy fría Hermione.

- He venido para hablar contigo –

- Entre tu y yo no hay nada de que hablar, así que vete – le dijo muy seria.

- No hasta que me hayas escuchado –

- ¿No te parece que ya he oído suficiente? – le respondió muy enfadada. "Que poco vergüenza" pensó.

- No – asintió, mirándola fijamente. - Mira, no se cuanto oíste aquel día, pero te aseguro que…-

- Lo oí todo – le interrumpió. – Y no me asegures nada porque ya no creo ni una sola de tus palabras –

- Por lo menos déjame que te explique…-

- ¡¡Márchate de mi casa!! – le gritó. Estaba apunto de ponerse a llorar y no

Quería darle esa satisfacción.

- Ya te he dicho que no me pienso ir sin que me hayas escuchado – la dijo con serenidad.

Si solo tuviese la varita a mano, se la había dejado encima de la cama, ¡¡mierda!!

De pronto, y sin que ni siquiera ella se lo esperase, le dijo fríamente - Está bien, pasa, me cuentas lo que has venido a decirme y te largas de mi vida para siempre. – Hermione se adentró en el salón y se puso a terminar de hacer la maleta, mientras él la miraba.

- Bueno, ¿Qué es eso que quieres decirme? No tengo todo el día ¿sabes?- le dijo bruscamente.

- ¿Te vas a algún sitio? – la preguntó

- Eso es algo que a ti no te importa – le respondió, y cruzándose de brazos le miró desafiantemente, el dolor se la estaba convirtiendo en rabia. – Estoy esperando –

- ¿Cuánto oíste? – la preguntó, apoyado en su bastón, sin mostrar ni rastro de ningún tipo de emoción.

- Ya te he dicho que todo –

- Si, pero quiero saber que es todo – la preguntó Malfoy. Ella se quedó pensando y le respondió.

- Desde que tú le decías a ese hombre que nunca había confiado en tu habilidad con las mujeres – se sabía la conversación de memoria, porque sonaba en su cerebro una y otra vez, una y otra vez sin parar.

- Lo siento mucho. Yo no quería que te enterases de…-

- Por supuesto que no, no te interesaba que supiera que eres un hijo de…-

- No es eso, Hermione, escúchame – la interrumpió -Al principio es cierto que te busqué para vengarme, os consideraba responsables directos a ti y a tus amigos de la muerte de mi hijo, y además quería recuperar mis pertenencias. Te mentí diciéndote que me había enamorado de ti y que había cambiado, lo admito, pero según te conocía y pasábamos más tiempo juntos todo cambió, tú me cambiaste…-

- Que falso eres – le respondió moviendo la cabeza ligeramente de lado a lado.

- Todo lo que te estoy diciendo ahora mismo es cierto –

- Si, seguro, como aquella mañana en tu casa -

- No Hermione, esto es diferente, aquella mañana…no estaba siendo sincero contigo, es cierto que alguna de las cosas que te dije fueron verdad, lo de que estaba en la ruina, lo de que me pasaba el día bebiendo, incluso de lo de que vi a Draco, pero tenía que convencerte de que…-

- ¿Y por eso me diste el filtro de amor? ¿Qué hiciste, le pediste a tu elfo que me lo echase en el te, verdad? – la preguntó sin inmutarse, aunque por dentro estaba deshecha.

- Estuviste tomándolo durante varios meses. Cada fin de semana que pasábamos juntos en mi mansión te dábamos un poco, pero la primera vez que lo bebiste sin darte cuenta fue aquel día en la fiesta del ministerio –

- ¿En la fiesta? Le preguntó extrañada. No se acordaba de mucho, pero desde luego sabía que él no se la había acercado con ninguna copa de nada, ella las iba cogiendo según el camarero pasaba con la bandeja, excepto una que la dio su jefa Totty y otra que la dio Kingsley, después de eso, apenas se podía acordar de algo.

- Si, alguien me ayudó a que te lo bebieras sin que sospecharas nada - Hermione rió amargamente. De pronto todo cobró sentido.

– Sin que sospechara…que imbécil he sido…y seguro que fue ella la que tuvo la idea de ascenderme para que luego me engatusaras para devolvértelo todo ¿verdad? – le miraba con asco, con rabia, con desprecio. - ¿Qué hiciste? ¿Te acostaste con ella para convencerla que te ayudase? ¿Sois amantes? –

- ¿Cómo se te puede ocurrir algo tan retorcido? -

- Porque te creo capaz de cualquier cosa, incluso de acostarte con una apestosa sangre sucia como yo para conseguir lo que deseas. ¿Cómo era aquello de que un Malfoy siempre consigue lo que quiere? Ahora lo entiendo todo. – dijo esto último casi susurrando, más para ella misma que para Lucius.

- Tal vez al principio te considerase eso, pero no ahora. No después de todo…-

-¡¡Por favor, ahórrate toda esa porquería!! ¿Ya has terminado con lo que venías a decirme?- les respondió furiosa.

- No. Quiero que sepas que entre la señora Sullivan y yo solo había un interés mutuo de venganza, nunca hubo nada más. Ella te odiaba porque no soportaba tener que trabajar con alguien como tú, consideraba que eras una enchufada del ministro y de Weasley y que no te merecías estar donde estabas. Y si, fue idea suya lo de tu ascenso-

A Hermione se le estaba revolviendo el estomago, cientos de imágenes se la estaban pasando por la cabeza. No podía dar crédito a lo que estaba oyendo, pero todo encajaba, el trato de su jefa al principio con ella y como cambió después; El ascenso, no es que no se lo hubiera merecido, pero sabía que había personas que llevaban mucho tiempo esperando por ese puesto; La relación con Malfoy, toda ella había estado llena de mentiras, de engaños, recordaba sus palabras de amor, sus promesas, sus besos, las veces que habían hecho el amor y sintió nauseas. Se sintió sucia.

- ¿Ya has terminado? - le preguntó con desprecio.

- Quiero que sepas que me enamoré de ti de verdad, y que nunca te hubiera pedido que me ayudases a recuperar mis pertenencias y que…- la respondió.

- ¿Sabes algo? solo espero que el acostarte conmigo te haya dado el mismo asco que me estás dando tú ahora mismo – le interrumpió con todo el odio y toda la repugnancia que estaba sintiendo. Se volvió, cogió su maleta a medio terminar y se marchó, dejándole en su casa completamente solo.

Al llegar a casa de sus padres por suerte no había nadie. Se dirigió al cuarto de baño y debajo del agua caliente de la ducha comenzó a llorar. Se sentía tan débil, tan dolida, tan humillada, tan sola… Se recostó sobre la pared y resbaló por ella hasta quedar sentada en el suelo con las rodillas en alto.

Cuando terminó de llorar salió de la ducha, había pasado demasiado tiempo debajo del agua, se dio cuenta al mirarse las manos y también se dio cuenta de algo más, el anillo de compromiso, todavía lo llevaba puesto. Lo contempló durante varios minutos, reuniendo fuerzas para lo que sabía debía hacer y cuando las tuvo, lentamente se lo sacó del dedo. La dieron ganas de besarlo, pero la cara de Lucius esa mañana en el despacho cuando le descubrió, se la apareció de repente, y lo dejó encima del lavabo.

Se miró al espejo, tenía los ojos rojos e hinchados, y la dio muchísima pena lo que vio. Había adelgazado, ya que apenas comía, y tenía ojeras. Esa mujer que veía allí no era ella, ella era joven, alegre, enérgica, valiente, pero la otra mujer del espejo era todo lo contrario. Un reflejo dorado sobre su cuello la llamó la atención, era la gargantilla que la regaló Lucius en navidad, no se la había quitado desde entonces ni para bañarse. Subió la mano lentamente y la acarició, estaba fría, como el corazón del hombre que se la dio. Una inmensa rabia se apoderó de ella y con la misma mano que la acariciaba, la sujetó con fuerza y dio un fuerte tirón hasta que consiguió arrancársela, dejando una fina marca roja alrededor. No quería nada procedente de él, así que cogió una pequeña cajita, puso las dos joyas dentro y se las envió a Malfoy con su lechuza.

...

Un par de horas después, su padre, que acababa de llegar, la dijo que tenía visita. Era Ginny con su bebe.

En cuanto se vieron se abrazaron muy emocionadas las dos.

- Tenía que venir a verte – la dijo Ginny. – Harry me dijo que se encontró contigo en el ministerio y que te vio muy mal, pero que no se atrevió a decirte nada -

- Ojala os hubiera hecho caso a todos, ahora todo sería diferente- la dijo llorando.

- Hermione, ¿que es lo que ha pasado?- la preguntó Ginny. Ella le hizo prometer que no se lo contaría a nadie, solo de pensar que la gente supiera, se moría de vergüenza. Le explicó todo, y su amiga, aunque intentó disimular su enfado, no pudo.

Pasaron parte de la tarde hablando, desahogándose. Algo tenía que sacar en bueno de todo eso, había recuperado a su amiga y había conocido al bebe. Ginny tenía razón, era precioso.

Había pasado tres semanas desde que escuchara aquella horrible conversación y lejos de encontrarse mejor, se sentía cada vez más deprimida y solo salía de casa para ir a trabajar.

Esa mañana, al llegar al ministerio, Lucy, su secretaria, la avisó de que Percy quería verla en su despacho.

En seguida se dirigió hacia allí, pero su jefe no estaba solo, Kingsley estaba con él.

- Buenos días, Hermione. Siéntate por favor – la dijo el pelirrojo muy serio.

- ¿Querías verme? -

- Si. Ha pasado algo muy grave de lo que hemos preferido informarte en persona – Hermione miró preocupada a los dos hombre y el ministro, que estaba sentado en la mesa de Percy, la entregó un documento.

- Me temo que esto es para ti-

Ella cogió el papel y leyó atentamente cada palabra, incluso varias veces para cerciorarse de que lo que estaba viendo era cierto. – Pero esto…no puede ser verdad…- decía mientras les miraba muy nerviosa.

- Lo es Hermione, y es una acusación muy seria – le dijo Kingsley – Tienes que acompañarnos al departamento de aurores, allí te van a interrogar por la denuncia que alguien ha hecho en tu contra por cohecho y tráfico de influencias -