Bueno, siento este período de inactividad, pero todo es culpa del último Final Fantasy, que me ha tenido enganchada desde el viernes XD Estúpido juego...

En fin, dejo por aquí el cap 12 del fic :D Y más abajo haré un poco de publi (?) que tengo una sorpresa para los fans de AltMal~

¡A leer!

-.-.-.-.-

Ezio suspiró por enésima vez en lo que iba de tarde, sobándose los ojos, y apoyó la cabeza en el respaldo del sofá con gesto de agotamiento.

—Odio los exámenes, de verdad que los odio. Si los exámenes fueran personas, los asesinaría uno a uno sin contemplaciones.

—Es posible, pero no lo son y tienes que pasarlos—respondió Leonardo, mirando con ojo crítico la pintura que tenía en frente.

—¿Y qué hay de ti? Es el final de carrera y todavía no sé nada del supuesto proyecto que tienes que realizar.

—No lo sé ni yo, amore, como para saberlo tú.

El Auditore hizo rodar sus ojos, negando con la cabeza, y volvió a coger los apuntes, aburrido y cansado. Leonardo, por su parte, parecía más relajado, a pesar de que tenía serios motivos para no estarlo en absoluto. Se acercaba el final de carrera, como Ezio le había dicho, y tenía que entregar un proyecto que estuviese a la altura del evento. Si bien había tenido todo el bendito curso para dedicarse a ello, había preferido atender otras cosas, como las cartas, sus pinturas o cualquier otra actividad poco importante, por lo que dicho proyecto no era más que eso, un proyecto.

Muy, muy lejano...

Tan lejano que ni la mente preclara de Leonardo lo había elaborado aun.

Oh, pero él se decía a sí mismo que no pasaba nada. Aun quedaba medio mes, tenía tiempo de sobra.

Solo se le olvidaba un pequeño detalle...

Tenía otras tareas que hacer, exámenes que aprobar y trabajos que planear para ocupar su verano, dado que ya tenía algunas ofertas, como otros de sus compañeros de carrera. Sin embargo, a él no le interesaba aquello. Estaba más pendiente de sus proyectos personales, de sus cuadros, especialmente desde que, hacía poco más de una semana, un crítico de arte había contactado con él, interesado en hacer algún trabajo junto al hombre.

Leonardo se encargaría de pintar cualquier cosa y el crítico se inventaría un significado para tener contentos a los ''expertos'' en arte que iban a las exposiciones, con sus trajes a medida de Gucci y sus comentarios absurdos sobre algo que no entendían, pero que trataban de hacer que sí sabían del asunto, mientras tomaban una copa de champagne de Gout de Diamants.

Si bien eso haría que el de Vinci tuviera que codearse con un sector de la sociedad bastante hipócrita, cosa que no le hacía especial gracia, probablemente podría hacerse un hueco en el mundo del arte, algo que le interesaba, en cierta medida. Después de todo, le gustaba pintar y crear obras de arte.

Aunque algunos de los encargos que había tenido en los últimos años por parte de conocidos o compañeros de la Università seguían a medias...o sin empezar.

—Leo, ¿puedes traerme algo para comer? Tengo un poco de hambre...

—Claro.

Ezio cerró los ojos, dejando caer los apuntes sobre su rostro, y a punto estuvo de quedarse dormido, como le solía pasar cada vez que se sentaba en el sofá de Leonardo. De verdad que ese mueble tenía algo que le invitaba al sueño.

—Si no te quitas eso de la cara, malamente vas a comer, Ezio.

El muchacho refunfuñó, tomando los papeles para dejarlos sobre la mesa, pero se quedó completamente estático al ver lo que tenía frente a él.

Era una cosa naranja, alargada y totalmente asquerosa.

—Quita esa zanahoria de mi vista, Leonardo.

El de Vinci rió, dándole pequeños toquecitos en la nariz con la hortaliza, divertido ante la cara de repugnancia que tenía Ezio en aquellos momentos, con el ceño fruncido y el puente de la nariz arrugado.

—Oh, pero si las zanahorias están buenas—comentó, acercándose un poco más al joven, sinuoso como una serpiente mientras apoyaba el brazo en el respaldo del sofá.

—No, eso es mentira.

Leonardo puso los ojos en blanco, como si estuviera haciendo un gesto de exasperación, y oprimió la zanahoria sobre los labios de Ezio, pasando su lengua por el largo de la hortaliza, acariciando con ella la boca cerrada del Auditore.

—¿Lo ves? No me he muerto.

Ezio frunció los labios aun más, aunque su mirada prácticamente estaba devorando al hombre. Si por él fuera, mandaría al diablo a la maldita zanahoria, tiraría a Leonardo al sofá y le daría a probar otra cosa que también era alargada.

A veces se sorprendía de lo mucho que aquel hombre lograba excitarlo con apenas unos simples movimientos.

Sonriendo ligeramente, el Auditore acercó rápidamente al de Vinci hacia él, apartando la zanahoria de un rápido manotazo, y besó su cuello por todas partes, dando pequeños mordiscos para incitar a Leonardo a hacer otro tipo de actividades que no tuvieran que ver con los estudios.

—No no no, Ezio...Tienes que estudiar, ¿recuerdas?

Separándose del joven, Leonardo cogió sus apuntes y se los tendió, dándole un mordisco a la zanahoria.

—Venga, no tienes todo el día y los exámenes son dentro de poco.

—Lo puedo dejar para luego.

—No, de eso nada.

—¡Oh, vamos! ¡Deja eso a un lado y hazme caso a mí!

—Tengo una idea, Ezio. Si sigues estudiando seriamente durante las próximas dos horas, te daré una recompensa. ¿Qué te parece la idea?

—Cruel.

El di Piero emitió una pequeña risa, encogiendo los hombros, y soltó los apuntes sobre el regazo de Ezio, dando a entender que, al menos por ahora, no iba a haber ningún tipo de acción entre ambos. Así pues, el Auditore siguió estudiando, un tanto frustrado y con cara de pocos amigos, mientras Leonardo se dedicaba a mirar sus pinturas inacabadas con gesto de aburrimiento, sin querer terminarlas. Tenía una nueva idea en mente, una idea mejor que lo que había estado haciendo, así que deshechó esos cuadros y comenzó uno nuevo que, probablemente, dejaría también a medias.

—En serio, Leonardo, en lugar de dedicarte a eso, deberías estudiar en serio para la que te espera y empezar de una vez el proyecto de final de carrera. ¿Qué pasa si vuelves a repetir?

—Pues...Probablemente deje la Università. Estoy cansado de ella.

—Precisamente por eso, quítatelo de encima este año.

Leonardo suspiró. Sabía que Ezio tenía razón, pero sentía tan pocas ganas de dedicarse a ello...

No obstante, tenía que hacer un último esfuerzo. Llevaba cinco años en la facultad de ciencias, después de haber desperdiciado un año y medio de su vida en otra carrera de la que se había cansado casi de inmediato.

Sentándose en el sofá, se recostó en el mueble y le instó a Ezio a que se acomodara sobre él. Extrañado, el muchacho simplemente encogió los hombros y se apoyó de espaldas sobre el torso de Leonardo, todavía estudiando, mientras sentía las pequeñas caricias del de Vinci en su cabeza, jugueteando con su fino cabello.

Estar así relajaba bastante al rubio, cosa que aprovechaba para tratar de pensar con mayor claridad, y pasó los minutos tratando de montar algo en su cabeza relacionado con su proyecto final, hasta que el ruido de la puerta lo despertó.

—¡Hermanitooo, abreee!

Ezio se incorporó, permitiendo de esa manera a Leonardo poder levantarse para ir a abrir a Alessandra, la cual se encontraba con una radiante sonrisa en el rostro.

—¿Y ese humor?

—¡He contactado con el chico este, el crítico de arte que te tiene en tan alta estima, y me ha dicho algo que puede que te interese! Está dispuesto a financiarte una exposición para mediados de octubre, pero...Es fuera.

—¿Qué haces tú hablando con...? Espera, ¿has dicho fuera? ¿Cómo fuera?

Ezio dejó de lado los apuntes, mirando a ambos hermanos con el ceño fruncido, pendiente de la charla que mantenían.

—Ajá, en el extranjero. Tendrías que estar mínimo seis meses en Francia, luego podrías volver, pero si triunfas, tendrías que ir de un lado para otro, ya sabes, por las exposiciones que tendrías. Me comentó que quería hablarlo contigo lo más pronto posible. ¿No es genial?

Leonardo miró a Ezio, los dos hombres quedándose en silencio ante la noticia. Si la exposición era en octubre, eso significaba que el di Piero tendría que irse a Francia unas semanas antes, por lo que estaría un mínimo de siete meses fuera.

—Pero... ¿Por qué seis meses? Es mucho tiempo para una simple exposición.

—Diferentes exposiciones, más críticos de arte, trabajos, encargos...Partiendo del hecho de que tengas éxito, por supuesto. De fracasar a la primera...No sé qué pasaría, él no me comentó nada. ¡Eso es que tiene muchas esperanzas puestas en ti!

—Es una...buena noticia—comentó el Auditore—. Estarías un tiempo fuera, sí, pero harías lo que te gusta, ¿o no? Piénsalo bien, no todo el mundo tiene ese tipo de oportunidades.

—Sí...

Frotándose los ojos, Leonardo se ausentó unos minutos para ir al baño, mojándose la cara y tratando de pensar con la mente fría. No podía desaprovechar esa oportunidad de ningún modo, pero tampoco quería estar separado de Ezio tanto tiempo. Temía que su relación pudiera verse perjudicada por ello.

Necesitaba pensarlo bien, con calma...Pero no tenía tanto tiempo como él esperaba. Tenía demasiadas cosas que hacer, poco tiempo para pensar, y en esos momentos lo único que quería era detener el paso del tiempo para poder tomarse aquel asunto con mayor tranquilidad.

—No tienes por qué aceptar si no quieres—se dijo para sí—. Pero esto es algo con lo que llevas tiempo soñando. No puedo simplemente dejar escapar algo así con tanta ligereza...

Confuso, volvió al salón, viendo a Alessandra charlando con Ezio, aunque el muchacho parecía algo distante, un hecho que la mujer podía apreciar también a pesar de seguir hablándole.

Pasado un tiempo, después de comer, la de Vinci optó por dejar a ambos hombres a solas para que pudieran hablar tranquilamente, no sin antes recordar a Leonardo que el crítico de arte necesitaba una respuesta clara antes de que concluyera el mes, y una vez solos, tanto el muchacho como el di Piero volvieron a quedar en silencio, cada cual pensando en sus ideas con respecto al asunto.

—Es una buena noticia, ¿eh?—dijo Ezio, sonriendo, mientras se acomodaba en el sofá—Pasarás un tiempo fuera, sí, pero no importa. Sólo será medio año, yo estaré ocupado con los estudios, tú con tus exposiciones...Se pasará rápido.

—Ezio, no quiero estar separado de ti tanto tiempo—contestó el otro, arrodillándose frente al joven, sus manos tomando las del Auditore y apoyándolas en sus rodillas—. Confío en ti, pero tengo miedo de que pueda pasar algo con nosotros, ¿entiendes? La distancia nunca es buena. Estaré en otro país, lejos de aquí, con mucho ajetreo y apenas podré dedicarte tiempo. No estoy dispuesto a ello.

—Vamos, Leonardo, es lo que te gusta, ¿o no? No voy a dejar que renuncies a una oportunidad así por miedo. ¿Sabes la de gente a la que le gustaría estar en tu lugar? ¡Eres un privilegiado! Sólo te pido que no te distraigas mucho y me hagas algo de caso de vez en cuando estando en Francia.

—¿Has decidido ya por mí, Ezio?

—Por supuesto, tú solo no darías el paso, amore. Menos mal que me tienes a mí para guiarte un poco...—dijo, pasando con cariño el pulgar por la mejilla del hombre, mirando sus vidriosos ojos azules.

Leonardo suspiró, esbozando una pequeña sonrisa, y atrajo al muchacho hacia él, besándolo con cierta desesperación.

Lo quisiera o no, ya estaba decidido.

—¿Vas a quedarte a dormir aquí?—preguntó el de Vinci al separarse, poniéndose en pie y dirigiéndose al caballete.

—Claro, mañana déjame despierto cuando vayas a tus clases y listo. Yo empiezo una hora más tarde que tú, sobre las doce aproximadamente.

El hombre asintió, volviendo su atención al lienzo, mientras que Ezio seguía estudiando, los dos sin poder centrarse del todo en sus respectivas tareas.

El resto del día lo pasaron casi en silencio, hablando de vez en cuando o, simplemente, dejando pasar el tiempo en compañía, como acostumbraban.

A la mañana siguiente, tras asearse y desayunar, el Auditore acudió a sus clases, andando por Venecia con aire distraído, y nada más entrar en su facultad, se topó de bruces con Claudia, su hermana menor.

—¡Claudia! ¿Qué...?

—Hola, Ezio. Mamá y yo vinimos esta mañana, cogimos el tren a primera hora. Te avisamos, pero no has contestado al móvil.

—Dios, el móvil...—murmuró, negando con la cabeza—Lo olvidé en...Lo olvidé—terminó por decir—. Lo siento. ¿Qué hacéis aquí? ¿Ha pasado algo?

—Sí...Oh, mira, creo que vienen a por ti. Tienes que hablar de unos asuntos con el decano, al parecer. Oye, Ezio...No te alteres demasiado.

—¿Alterarme?

Sin entender absolutamente nada, Ezio saludó a su madre y al decano, siguiéndolos hasta el despacho del hombre, y una vez allí demandó saber qué era lo que ocurría.

—Siéntese, Auditore—dijo el decano, tomando asiento tras la mesa del despacho—. Su madre me ha dicho que usted no sabe nada del asunto, dado que no ha podido comunicárselo antes, así que hablaremos sin rodeos.

—Deje que se lo diga yo, por favor—pidió María, girándose hacia su hijo—. Ezio, ahora que tu padre y tus hermanos han fallecido, me temo que no podemos seguir viviendo como hasta ahora. Ayer hablé con un amigo de tu padre, William Miles, seguro que reconoces el nombre. Ambos eran como hermanos, incluso llegaste a conocer a su hijo, Desmond.

—Sí, me acuerdo de él, de ellos, pero... ¿Qué quieres decirme con todo esto?

—Verás, cuando se enteró de la noticia, me llamó preguntando por nuestro estado...Y ayer me propuso algo a lo que no he podido negarme, dadas las circunstancias. Tiene una casa en Dakota del Sur, vive allí con su hijo, y después de contarle los problemas que tengo para encargarme de los gastos de tu universidad, con todo lo que eso conlleva, me ha ofrecido que te vayas a vivir con él. Él se haría cargo de ti y yo podría ahorrar para encargarme de tu hermana, dado que ella empezará la universidad dentro de poco tiempo.

—Quieres decir que...me tengo que mudar a Estados Unidos.

—Lo siento, Ezio, pero no tengo otra solución. Vine a pedir un traslado de expediente a la facultad de Dakota del Sur. No puedo seguir costeándote el apartamento, la carrera, tu manutención en general.

—Pero… ¿Y tío Mario? ¡Él tiene una finca cerca de Florencia!

—Sí, Claudia y yo iremos a vivir con él, pero no puede hacerse cargo de los gastos tuyos muy a su pesar. Ezio, ten en cuenta que hay que invertir mucho dinero en ti y yo sola, o con ayuda de Mario, no puedo. Él tampoco está en las mejores condiciones económicas y el tener que acogernos a Claudia y a mí le supone un gasto importante. Sin embargo, William no tiene reparos en ello. Para él, eres parte de su familia, y dispone de los medios para acogerte en su casa sin problemas. Ezio, cielo, debes entender que no podemos quedarnos aquí. No tenemos más opciones, ninguno de los tres.

El muchacho se quedó en silencio, tratando de asimilar todo aquello y, especialmente, intentando encontrar una forma de decírselo a Leonardo. El de Vinci se iba durante seis meses, pero él...Estaría fuera aproximadamente 4 años, con escasas probabilidades de poder visitarlo.

Por supuesto, no podía simplemente decirle a su madre que se negaba a ir a Dakota porque tendría que estar separado de su pareja mucho tiempo. María Auditore no sabía nada acerca de la vida personal de su hijo y, por otro lado, Ezio no sabría cómo se tomaría la noticia de que estaba saliendo con un hombre, aunque ella ya conocía a Leonardo y tenía una muy buena opinión sobre él.

—De verdad que siento que haya tenido que ser así, hijo...No es mi deseo el separarte de tus amigos, especialmente de Leonardo. Sé que ambos os apreciais mucho, pero seguiréis manteniendo contacto. Hoy en día, con todas esas cosas que ofrece internet...No es lo mismo, pero es menos que nada.

—¿Y Claudia? ¿Qué opina ella de todo esto?

—No quiere irse, pero no tiene más remedio que hacerlo. Y tampoco desea estar separada de ti, igual que yo...Pero hay que sacrificarse, Ezio.

Ezio sacudió la cabeza, pensando en tantas cosas a la vez que incluso llegó a marearse. Apoyándose en el escritorio del despacho, trató de serenarse, y finalmente se puso en pie, mirando a su madre.

—Si no hay otra solución, no puede hacerse nada.

—Me alegro de que lo comprendas, Ezio. Esto es muy difícil para todos.

—Si me disculpáis, llego tarde a clase. Por cierto, madre, ¿volverás a Florencia hoy?

—Eso espero, tengo que preparar las cosas. Te irás a Estados Unidos tan pronto como termines el primer año de carrera. Es importante que te esfuerces en estos últimos exámenes, ¿vale, cariño?

Asintiendo, el joven besó a su madre en la mejilla, se despidió del decano y salió del despacho, intercambiando un par de palabras con Claudia antes de ir al aula que le correspondía.

No podía creerse que aquello estuviera ocurriendo de verdad.

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Ooooh sí drama, drrrraaammmaaaa (?) A ver qué sucede con estos dos huehuehuehue~

Y sí, Aidiki... ¡Soy mala, cruel y retorcida Y DISFRUTO CON ELLO! No, es broma, en realidad soy un trozo de pan :D Y sigo tentándote con lo de Dragonlance ¬u¬ Vamos vamos, soy capaz de chantajearte...Solo lo dejo caer *risa malvada*

Aaaay Alex, créeme, me gusta escribir lemons MUCHO más descriptivos XD Pero tenía que tantear primero, por si acaso...Así que ahora que lo sé, el próximo será mejor ;)

Huehuehuehue TeTe (¿puedo llamarte así? Es más corto y...bueno, tendría su lógica XD), ¿quién te dice a ti que no es un (o una) Borgia quien esté involucrad en las cartas? ¬u¬ Aaaah y lo de los estudios...Estudiaba Bellas Artes, pero entre el profesorado y, por ende, las horribles clases...Imposible, así que lo dejé el mes pasado XD ¡Ahora seré un lastre hasta septiembre que vuelva a hacer algo con mi vida! *baila*

Bueno, como dije, aquí dejo la publicidad (?) Inicié un fic de Altaïr y Malik *w* Y como no sé dejar links por aquí, porque acaba apareciendo solo la mitad del enlace, os dejo el título: Novicios. Desde mi perfil podéis ir, obviamente XD En breves subiré el cap 2 de ese fic~

¡Gracias por los reviews! Ya sabéis que se agradecen un montón ^^

¡Ya nos leemos!