Lindas niñas, ya estoy aquí. Como cada semana, muchas gracias por vuestra compañía y por vuestros comentarios bienintencionados que me estimulan como siempre a seguir con esta locura. Les agradezco que sigan conmigo.

A mi super equipo, Gaby Madriz y Maritza Maddox en la edición de los capítulos y a doña Manu de Marte en los adelantos del grupo, banner y todas esas bellezas que ella hace. Son las mejores, nenas ;-)

Gracias a todas y nos vemos la próxima semana. Besotes a todas.

Cata!

AHORA A LEER!


Capítulo 12.

Derek apareció en la cocina, vestido con sus pantalones negros y la camiseta blanca que usaba para dormir. Se despertó sobresaltado como si algún mal sueño lo hubiera empujado a salir de la inconciencia, aunque no recuerda que haya sido eso. La cuestión es que durmió hasta mucho más tarde de lo habitual, saltando como resorte de la cama improvisada de su ―pues Emmett se apropió de la suya―, cuando vio que eran ya pasadas las once de la mañana. Al atravesar el pasillo, se detuvo justo en la puerta del cuarto de Bella, poniendo la mano sobre el pomo de esta con la intención de verla, pero enseguida se retractó, caminando directo hasta la cocina con la esperanza de verla allí, pero en vez de encontrársela, vio a Emmett y a Alice hablando mientras bebían café.

―Bue-buenos días ―murmuró, acercándose a la alacena y sacando un tazón para llenarlo de la humeante bebida, pues necesitaba cafeína para afrontar el día y digerir algunas cosas de la pasada noche.

―Derek, hombre, que fue eso de que se pegaran las sábanas, no es propio de ti ―comentó Emmett con su tan característico tono de broma, alzando sus cejas negras sinuosamente.

―Sólo tenía sueño ―comentó, alzando sus hombros despreocupadamente. Enseguida miró a Alice― ¿Y qué hiciste ayer? Llegaste pasada la medianoche.

―Estuve recorriendo varios lugares, visitando a una vieja amiga que hice en el extranjero y que vive aquí… se me pasó el tiempo con ella. ―Explicó con tono monocorde, después de haber oído de Emmett lo buena que estuvo la cena de la pasada noche con los padres de Bella, y lo tonta que había sido de perdérselo. Al parecer, pensó ella con amargura, no la habían extrañado para nada.

―Me alegro que hayas salido con tu amiga, nena ―le dijo Derek, sonriéndole. El hombre bebió de su café y fue el momento aquel que Alice eligió entonces para hablar:

―Ahora que estamos los tres solos, quiero contarles de mis planes. He decidido no dejar pasar mucho tiempo de ir y hablar con Edward.

Emmett y el chef se miraron, desviando su vista hacia la mujer aquella, hermana de Edward Cullen, que con ayuda de ellos se había esfumado de esa misma ciudad.

― ¿Quieres que te acompañemos, o que alguno de nosotros….?

―No, voy a hacerlo sola.

―Nena ―la llamó Derek usando el pseudónimo cariñoso que solía usar con ella― creo que debes tener cuidado con eso. Tu hermano no sabe si estás muerta o no, la impresión que vas a darle, no será menor, quizás sea bueno que alguien interceda con él y se lo diga, no sé, o lo prepare, Marcus quizás.

Alice inspiró pensando en esa posibilidad. Marcus siempre estuvo en desacuerdo con que ella participara de ese mundillo del que su madre era la emperatriz, no pudiendo hacer nada para impedirlo, aunque sí hizo mucho cuando sus salvadores la sacaron de ese lugar denigrante, ayudándolos a no ser descubiertos.

―No puedo poner en evidencia a Marcus ―apuntó ella― Edward sabría que él tuvo algo que ver si intercede previo a mi aparición. Lo verá como un traidor y no quiero imaginarme como lo haría pagar, ¿comprenden?

―Está bien, pero quizás sería bueno que lo pusiéramos en sobre aviso de tus planes, para que él esté atento, o esté presente para contenerlo o algo…

―A tu hermano le va a dar un ataque si te ve prácticamente aparecer de la nada, como levantada de los muertos.

―Emmett tiene razón ―coincidió Derek― por cualquier cosa, es mejor que Marcus esté cerca.

―Está bien, hablaré hoy mismo con él, pero no tengo cómo contactarlo.

―No hay problema, le pediremos que venga para que hablen aquí, que es lo más seguro. Él ya estuvo aquí el mismo día que llegamos, sabe cómo llegar y no tendrá problema alguno en venir ―acotó el chef a la vez que Alice asentía.

―Por cierto ―dijo la chica― nunca los vincularé conmigo sobre lo que pasó aquel entonces. Quizás sea mejor que pasado el tiempo, le cuente que nos conocimos, no sé, en cualquier parte… por las dudas, digo, si alguna vez me ve con ustedes o algo así.

Emmett empezó a pensar en voz alta un plan creíble para que Alice le contara a su hermano de cómo era que se habían conocido, mientras Derek meditaba sobre el hecho que Edward Cullen no iba a querer tener lagunas respecto a quien ayudó a su hermana a escapar hace diez años. Probablemente una parte de ese hombre iba a agradecer que la rescataran cuando él mismo no pudo hacerlo, pero la otra parte iba a querer pedirle explicaciones del por qué no ayudaron a una chica menor de edad sin ponerse en contacto con ella durante todo este tiempo. Por la edad de Alice aquel entonces y lo desprotegida que estaba, era imposible que hubiera hecho las cosas solas, caviló, haciendo obvio el hecho que alguien más estaba detrás de su escape. Por lo tanto, Cullen no iba a quedarse tranquilo, y haría investigar la huella de su hermana, y tarde o temprano daría con ellos… sobre todo con él, a quien seguro ahora traía entre ceja y ceja por su vínculo con Bella.

―Creo ―interrumpió Derek lo que sus amigos hablaban― que debemos decirle la verdad a Edward, sobre nosotros ―dijo eso ultimo mirando a Emmett, quien le devolvió una mirada de incredulidad, como si lo que hubiera dicho era una absoluta locura.

― ¿Y para qué? Ese tipo nos va a querer despellejar…

―Por lo mismo ―explicó― tenemos que explicarle que hasta ahora no era seguro que Alice apareciera, porque su madre sí que hubiera acabado con nosotros.

Los tres quedaron en silencio, cada uno evaluando la posibilidad que Derek planteaba, pensando que era lo más sensato de hacer, a decir verdad.

―Creo que Derek tiene razón ―concordó Emmett después de un rato. Se levantó y dejó su tazón vació en el lavaplatos, acercándose luego hasta su amiga y dejando un beso en el tope de su cabello negro perfectamente peinado―. Habla con Marcus hoy y cuéntale lo que tienes, o tenemos planeado, oye los consejos del viejo y mañana ve al encuentro con tu hermano.

Después de eso se retiró a su habitación para arreglarse, pues debía salir a una reunión de negocios en la ciudad que aprovecharía de hacer. Derek acercó su banco hacia su amiga y puso una mano sobre su hombro cubierto por una blusa roja.

― ¿Tienes ilusión de verlo? ¿Realmente quieres hacerlo?

―Siento que se lo debo ―le explicó― siento que ya es hora, y pues no quiero seguir caminando por la calle con el miedo que alguien me reconozca y se lo diga… no sé.

―Nadie te reconocería ―apuntó él, acariciando su cabeza― recuerdo que llevabas el pelo muy largo, y su color era más claro. Además las facciones de tu rostro se han definido, eres toda una mujer.

Ella torció el rostro y sonrió con picardía, tironeando entre sus dientes su labio inferior.

―Creo que estás piropeándome…

―Eres una mujer hermosa, por qué no te lo diría, pero mi punto era que has cambiado desde entonces.

―Como sea ―se inclinó y descansó su cabeza hacia su amigo, inhalando el vestigio del perfume que seguro había usado el día anterior―. ¿Almuerzas conmigo hoy? Me tienes abandonada…

Derek suspiró y asintió con la cabeza, desviando sus ojos hacia la puerta de entrada de la cocina, no sabiendo siquiera si Bella estaba en casa o había salido, no tuvo el momento de preguntárselo a Emmett y sacar la pregunta a colación con Alice, haría torcer su buen humor y disposición. ¿Será que ella estaba aun en su dormitorio, recluida, o ya habría salido…?

― ¿Me estás escuchando? ―protestó Alice, sobresaltándolo. El pestañeó y miró a su amiga.

―Lo siento, nena, qué decías.

―Que podemos llamar a Marcus e invitarlo, ya que estaremos solos. Emmett seguro comerá afuera y ella dijo que no regresaría hasta la tarde…

― ¿No dijo dónde iba? ―la pregunta se escapó de sus labios sin querer, viendo como Alice rodaba los ojos y bufaba a la vez.

―La oí decirle a Emmett que iría donde sus padres y después no sé dónde, pero que no regresaría sino hasta la tarde.

―Ya veo ―contestó con apenas un hilo de voz. Ya hubiera querido él verla antes que se fuera, pues a decir verdad no sabía bien cómo habían quedado las cosas entre ambos después de la pasada noche.

― ¿Entonces, almorzamos o no? ―insistió ella, poniendo sus manos sobre las caderas. Derek inspiró y afirmó en respuesta.

―Claro, llamemos ahora a Marcus y vemos si nos acompaña, ¿está bien?

―Como digas.

La chica se retiró, quitándole la taza vacía de las manos a Derek y llevándosela junto a la suya hasta el fregadero para lavarla, hablando en tanto de lo que tenía ganas de comer, mientras Derek, perdido en los recuerdos de la noche anterior, pasaba sus dedos una y otra vez sobre sus labios, aun sintiendo el roce de los de Bella sobre los suyos.

**oo**

Nina, la bailarina amiga de Bella que estaba en la ciudad, quedó boquiabierta después de que la pusiera al tanto de todos los hechos que habían pasado desde la última vez que se vieron, justo antes que ella desapareciera de la ciudad. Le contó, torciendo un poco la realidad, de por qué se había ido tan rápido y sin decirle a nadie, contándole que finalmente está un poco arrepentida de haber seducido a su cuñado, quien ahora tenía una insana obsesión sobre ella. Por supuesto, le contó sobre la gente que conoció estando lejos de casa, no pudiendo esconderle a su única amiga lo ocurrido la noche anterior con el chef con quien además compartía un piso en el centro de la ciudad.

―O sea, no sólo tienes a un galán maduro detrás tuyo, ¡sino que a dos! ―exclamó impactada ― ¿Qué es lo que les haces, eh?

―Yo no hago nada… ―rebatió― al menos con Derek, las cosas son diferentes. Él es completamente diferente a como es Edward y…

―Y le gustas, joder. Es como un caballero andante defendiendo a su princesa, incluso fue capaz de venir hasta aquí para estar contigo… y se llevó su buen premio anoche, ¿no?

Bella, sentada junto a su amiga sobre el césped del parque cercano a la casa de sus padres, desvió su vista hacia el verde pasto y comenzó a quitarlo de hierba en hierba, pensando en el "premio" del que su amiga hacía referencia, cuestión que la tuvo en vela gran parte de la noche. Con Edward, nunca sintió lo que con Derek la noche anterior. No sentía estar haciendo nada malo, transgrediendo alguna norma, y no tendría por qué esconderlo. Se sintió tan a gusto, abstraída de todo y de todos, pensando en lo increíble que sería que aquel momento hubiera durado para siempre. Ni siquiera supo a ciencia cierta el tiempo que había durado cada beso, sólo recordaba la intensidad de su mirada azul y las suaves y escasas palabras que le dijo, que la confortaron. Ciertamente debía reconocer que desde hace mucho ella estaba esperando ese avance por parte de Derek, y le avergonzaba un poco reconocerlo y por tanto no se arrepentía de que finalmente lo hubieran hecho.

Recuerda que después de la sesión de besos, se relajó sobre el pecho de Derek, cerrando sus ojos a punto de dormirse allí, sentada sobre el taburete, percatándose él que era momento de ir a descansar. Abrazada desde atrás por la cintura, con su barbilla sobre su hombro, la llevó hasta la puerta de su habitación donde al llegar, la hizo girar y tras un último beso le deseó buenas noches y le abrió la puerta de la recamara para que entrara a descansar.

― ¿De qué tienes tanto miedo, eh? ―preguntó Nina, sacándola de sus recuerdos. Bella alzó la vista hacia la futura bailarina y arrugó su frente, perdida por el hecho que ella preguntara aquello. ¿Tenía miedo? Joder, sí lo tenía. Tenía miedo de lo que iba a pasar en adelante con Derek y tenía miedo de lo que ocurriría con Edward… Edward, que pese a todo, seguía siendo una presencia omnisciente que la atraía y la amedrentaba.

"Eres mía, y así seguirá siendo hasta que yo lo diga..."

"Tú me haces ser una persona diferente"

"Lo que siento por ti es tan o más potente de lo que nunca antes sentí por nadie…"

Esos y tantos otros dichos la hacían pensar que tenía una oportunidad con Edward, que él podía cambiar para bien de ambos, que podría ser sólo suyo… pero después recordaba sus mentiras y la oscuridad que él arrastraba, haciendo retroceder de él. Pero aun así, él seguía persiguiéndola, reclamándola como suya, insistiendo que regresara a él, que no había otro lugar donde ella debía estar.

Así que después de suspirar hondo, reconoció cuál era su temor.

―Edward, a eso le tengo miedo. Él no va a dejarme en paz, insiste en que soy suya… porque yo alimenté esos sentimientos… no debería de habérmele ofrecido como lo hice…

― ¿Lo amas, verdad? ―preguntó Nina. Casi inaudiblemente, Bella contestó:

―No quiero hacerlo… ―asumió con vergüenza―. Él no es para mí y como se han dado las cosas ahora con Derek, pues hubiera deseado que nuestro entorno fuera… diferente, que nada se interpusiera, pues Edward no me dejará tranquila sabiendo que está Derek.

―Pero Derek puede enfrentarlo, ¿no?

Claro que podía, y lo haría si era necesario. Ya le hizo ver aquel día que Edward llegó de la nada al departamento, que lo tenía a él como apoyo incondicional, dándole a entender que no estaba sola y de paso cuales eran sus intenciones… pero en ese enfrentamiento, muy seguramente sería Derek quien saldría perdiendo, pues Edward era capaz de todo para apartar las trabas en su camino, como sea. Ya lo sabía ella, ejemplo de ello fue cuando lo vio dispararle a un hombre y matarlo, y por lo que lo hubiera empujado a hacerlo; además estaba el hecho que lo podía involucrar con la desaparición de su hermana… y no quería ni pensar en qué nivel de ira detonaría en Edward.

―No se trata de enfrentarlos, se trata de que no importa con quien yo quiera estar. Edward piensa que si no es con él, no es con nadie.

―No puede obligarte… a no ser que tú secretamente quieras estar con él.

― ¡Dios! ―exclamó frustrada―. Si las cosas hubieran sido diferentes, yo… no hubiese dudado de estar con él incondicionalmente. Pero me hace daño, y mi nivel de autodestrucción tiene límites…

― ¿Entonces?

―Seguirá insistiendo… y no sé lo que tiene que pasar para que deje de hacerlo.

―Yo sé lo que tiene que pasar… ―anunció la futura bailarina―. Edward insiste en tenerte como un sucio secretito con el que puede follar cuando se le plazca, ¿no?

―Gracias por lo que me toca ―murmuró dolida Bella, pero Nina siguió adelante con su teoría y su idea.

―Creo que entonces, tú debes aparecer ante todos con un novio, ante tus padres, tus amigos, alguien como… ¡Derek! ¿Tus padres lo amaron anoche, eso te dijeron, no? Es el ideal, además ese hombre babea por ti, no tendrás que rogárselo. Entonces tú con tu novio, frente a tus padres y frente al mundo, mantendrá a raya a Edward, ¿no te parece?

―No quiero usar a Derek, ya bastante ha hecho por mí.

―Apuesto mis zapatillas de ballet que el hombre accederá encantado, no se sentirá obligado, así como tú tampoco estarás obligada, sabiendo como quedaste después de la sesión de besos de anoche… ¿o acaso el buen chef avanzó y se atrevió a meter la mano bajo tu falda?

― ¡Nina, joder, qué dices! ―exclamó espantada, golpeando el hombro de su amiga, quien se hizo hacia atrás, agarrándose el estómago por la tentación de risa.

―Pero hablando en serio… al menos deberías pensarlo, ¿no crees? Puedes pedirle que sea tu novio de mentira, o simplemente intentarlo con él. Puedes amarlo en el camino, siento que puedes hacerlo, y de paso dejar atrás al sexy cuñado tuyo.

¿Qué tan descabellada o ridícula era la idea esa de la chiquilla de dieciocho años? ¿Lo pensaría ella siquiera?

**oo**

Derek había quedado a solas en el apartamento, después que Marcus y Alice se retiraran luego de almorzar allí, quedando ambos que al día siguiente sería un buen momento para que ella apareciera ante su hermano, concordando con Derek aquello de que sería bueno que él estuviera presente por cualquier cosa.

Fuera de eso, no logró contenerse y le marcó a Bella a su móvil, respondiéndole esta que había estado con una amiga durante la mañana y que pasaría la tarde con sus padres y con Andrew, su sobrino, que pasaría la noche con ellos. Él le pidió que le avisara si necesitaba que fuera por ella, a la hora que fuese, diciendo ella que se despreocupara, que le pediría a su padre que la fuera a dejar, quien seguro estaría encantado de volver a verlo. Se notaba relajada y tranquila, cuestión que tranquilizó también a Derek. Al menos Bella sonaba natural al otro lado del teléfono, y no nerviosa ni mordaz como él temió. ¿Será que tenía una oportunidad sincera con ella, pese a todo?

De cualquier forma su curiosidad se disparó cuando ella le dijo que esa noche debían hablar sobre… algo que los incumbía a los dos, y que esperaba que él no fuera a enojarse por lo que hizo. Insistió Derek en que se lo dijera, pero ella se limitó a pedirle que esperara hasta la noche, cuando ella regresara.

Se instaló entonces frente a la laptop para revisar algunos detalles de su nuevo trabajo, y los perfiles de algunos de los chicos que seleccionó para que trabajaran en la que sería su cocina en aquel restaurante que estaba pronto a inaugurarse. Se concentró en eso, cuando el timbre de la puerta principal sonó. Mientras se levantaba para ir a abrir, pensaba que debía tener una aclaratoria conversación con el recepcionista, que dejaba pasar a cualquier persona sin avisarle, como aquella vez en que Edward se presentó.

Y menuda sorpresa fue la que se llevó cuando una mujer alta, de rasgos afroamericanos que él recordaba muy bien apareció frente a él detrás de la puerta.

― ¿Senna? ―preguntó algo aturdido, y ella con su sonrisa felina y seductora, dio dos pasos adelante, poniendo sus manos sobre los fuertes hombros de Derek, dejando un beso apretado sobre su mejilla.

―Cuanto me alegro de que aún me recuerdes, cariño ―dijo con voz profunda y sensual, haciéndose a un lado e auto-invitándose a pasar. Caminó despacio hasta la sala, como si fuera dueña del lugar, dejando a Derek detrás de sí, aturdido por su aparición.

Sin duda iba vestida como siempre, pero tan diferente de como él la recordaba: unos pantalones cortos negros, sobre unas medias del mismo color. Unos zapatos de tacón aguja muy altos, y una chaquetita de cuero que se ajustaba a la silueta de su torso, bajo el que se escondía una camiseta transparente. Su cabello negro iba suelto tras su espalda y el maquilla de sus ojos en tonos grises y labios rojos.

― ¡Qué lujo en el que vives! ―apuntó ella, girando sobre sus tacones, mirando la sala ― ¿Te ha ido bien en la vida, no?

―No me puedo quejar ―respondió con tono cortante, manteniendo buena distancia entre la mujer y él―. Si buscas a Emmett, él…

―No, no busco a Emmett ―lo contradijo, mirándolo con ojos maliciosos, cruzando sus brazos sobre el pecho ―. Vine por ti. Hace diez años dejamos algo pendiente…

―No lo creo.

Senna se carcajeó y negó con la cabeza. Derek no la acompañó en su risa, sino que enderezó su postura y mantuvo su semblante serio y contrariado por la presencia de esa mujer allí.

―Me abandonaste a mi suerte, cariño

―Deja de decirme cariño, Senna. Y lo cierto es que tú diste por finalizado todo entre nosotros, te sedujo más la idea de verte envuelta en ese mundillo, ¿lo olvidas?

―Eso está en el pasado ―caminó hacia él lentamente mientras hablaba―. Nuestra historia está inconclusa, y es inevitable sentir la electricidad que circula entre ambos, ¿acaso no la sientes?

―No, la verdad es que no ―extendió su mano y empujó hacia atrás suave pero firmemente a la mujer, dándole a entender que no quería su cercanía. Ella torció la cabeza y sonrió como sí aquello le causara gracia.

―Con nadie he sentido lo que sentí contigo ―susurró, cruzando sus piernas― la forma en que tuve sexo con otros hombres fue mil veces inferior a lo que sentía cuando tú, te metías dentro de mí…

― ¡Basta, Senna! ―exclamó él fuertemente, deteniéndola― Si no buscas a Emmett, no sé qué mierda quieres aquí.

―A ti, quiero tenerte de regreso a ti. Emmett me importa un comino.

―Lo que tuvimos fue una tontería, teníamos dieciocho años por vida de Dios, y ciertamente no estoy dispuesto a regresar allí…

―He sabido que no te molestaría tener un affaire con alguien tan menor… ―susurró, girándose sobre sus talones cuando vio la cara de espanto del guapo chef al decir aquello. Se mordió el labio y sonrió con malicia.

― ¿Qué quieres decir? ―preguntó él, jurando ahorcar a su amigo si se le ocurrió sacar Bella a colación. Ella movió la mano en el aire de forma despectiva, aun de espaldas a él.

―Da lo mismo, nada importante cariño ―quedó frente al sofá y se dejó caer en este con toda comodidad en este, extendiendo sus brazos a los largo del respaldo― lo que importa es lo que yo quiero, y lo que yo quiero realmente ahora mismo es tenerte desnudo sobre mí, dentro de mi…

―Suficiente, no estoy para oír tus estupideces. ―Profundamente indignado, caminó hacia donde ella sonreía como hiena, y la jaló duro del brazo obligándola a que se levantara, llevándola hacia la puerta, mientras la muy desquiciada entre risotadas le pedía que fuera más caballero. Derek pudo apostar que ella estaba drogada en ese momento, pues no entendía su comportamiento tan diferente.

Derek abrió la puerta y la empujó hacia el pasillo, amenazándola desde la entrada, totalmente ofuscado.

―No vuelvas a venir aquí, pues yo no querría nada contigo ni en mil años, ¿entiendes? Así que regresa al prostíbulo ese que adoraste visitar hace diez años y busca un hombre que te folle a cambio de dinero, como decidiste hacerlo aquel entonces ―y cerró la puerta sin darle el gusto a Senna de ver como esta se reía, como si fuera una buena broma la que él le dijo. Respirando pesado y con la frente afirmada en la puerta, oyó desde afuera.

― ¡Voy a volver, Derek, y vas a tener que ser gentil conmigo por tu propio bien!

Sus manos se convirtieron en fuertes puños cuando oyó aquello. Entonces, obligándose a recomponer la compostura, se irguió y caminó hasta el intercomunicador.

―Necesito al administrador del edificio ahora en mi apartamento ―soltó hoscamente al hombre al otro lado. Este carraspeó y con voz temblorosa, contestó:

―Va enseguida, señor.

Colgó, pensando en que no dejaría pasar aquella falta de seguridad en el edificio. ¿Qué hubiera pasado si esa loca hubiera llegado cuando Bella hubiera estado allí? ¿O momentos antes cuando Marcus y Alice estaban allí?

"¡Joder, mierda, lo que me faltaba, que esa loca apareciera…!"

**oo**

Edward instaló a su pequeño hijo ya dormido en su asiento trasero del coche, después de haber pasado por él a casa de sus abuelos. Cuando lo dejó bien asegurado, cerró la puerta y se giró hasta la casa, alzando su mano en señal de despedida a Renée que lo miraba por la ventana. Se metió tras el volante y puso en marcha el vehículo hasta la esquina de la casa, deteniéndose en un Ceda el paso. Allí inspiró, cerró los ojos y aferró el manubrio entre sus manos con tal fuerza que con un poco más de esfuerzo seguro lo habría hecho añicos. Podría haber gritado y maldecido también, pero eso rompería el pacífico descanso de su hijo.

Y es que no era para menos, pues el infierno se desató dentro suyo cuando su suegra, con mucha soltura y encantada de la vida, le dijo que Bella y el jodido chef ese eran novios. Tuvo que recurrir a toda su fuerza de voluntad para no ponerse a gritar improperios cuando Renée se lo dijo, y en ese momento dentro de coche, no había manera que pudiera dejar de reproducir en su cabeza una y otra vez ese maldito diálogo:

―Lo vi con mis propios ojos, ¿sabes? ―le comentó Renée, compartiendo con su yerno una taza de café― los chicos son tan buenos con mi hija, sobre todo Derek, que es encantador…

―No me diga… ―murmuró, tragándose la bilis con una bocarada de café.

―Él la cuida, y se miran de una manera… ―se quedó pensando en una palabra, mientras Edward arrugaba la nariz asqueado― que no era de simples amigos, así que cuando Bella me lo contó esta tarde, pues no me sorprendió.

―Me perdí un poco, ―dijo Edward, dejando la taza en la mesita de centro, arreglándose su chaqueta negra, pues se sentía algo incómodo― qué quiere decir con eso.

―Bueno, Bella me contó que ella y Derek son novios, o algo así…

―Como… cómo novios, si ayer acaban de ir a conocerlos… dijo ella que eran amigos…

―Una chica se guarda cosas, Edward ―dijo ella con picardía ―pero yo soy madre de Bella y creo conocerla. Creo incluso que desde antes que ella… se fuera, ya sabes, ya ellos se conocían, porque sus ojos brillaban desde entonces.

"¡Yo era el que le hacía brillar los jodidos ojitos a tu hija, Renée!" quiso gritar, pero se contuvo.

―Y tengo una teoría ―continuó ella― creo que se fue por causa de Derek, ¿sabes? él es mayor que ella, y creo que eso podría haberla puesto a la defensiva, pero a mí no me importa eso. Además él la quiere, se nota por como la mira… creo que se aman, ¿sabes?

―Quizás a Charlie le moleste ―comentó mordaz Edward, pasando sus dedos sobre su frente. Su rabia fue mayor cuando vio aparecer a su suegro con su hijo dormido entre los brazos, comentando sobre parte de la charla que había alcanzado a oír.

―No me molesta. Digo, uno espera que tu hija de dieciocho salga con un chico de su edad, pero como dice mi mujer, Bella no pudo haber elegido mejor, Derek es un buen tipo.

Después de eso, farfulló una excusa para retirarse de una vez antes de seguir oyendo estupideces, tomó a su hijo y salió de allí. No estaba dispuesto a seguir escuchando cómo elogiaban a ese maldito entrometido, ni mucho menos que los padres de la chiquilla con quien ya se encontraría, avalaran semejante estupidez de aquello que el cocinero ese era su novio.

"Bebé, te he dado demasiado espacio… no eres capaz de comportarte..."

Pero ahí estaba todavía, en la esquina de la casa, preso de la ira. Había aparecido de improviso aquella tarde en casa de sus suegros con la idea de ver a su bebé, pero ella, como presintiendo que él iría, se esfumó momentos antes que él llegara. Charlie la había ido a dejar hasta su piso en el centro. Ella seguía insistiendo en escurrirse de sus manos.

Llegó a casa, dejó que Jane acostara a su hijo en su recamara y él se fue hasta la cocina para buscar algo, cualquier cosa: más café, quizás un trago más fuerte de los que tenía en su despacho… o un cuchillo…

― ¿Necesitas algo, Edward? ―preguntó Tanya, tan servicial como siempre, mientras acomodaba algo en los estantes de la cocina. El hombre, cansado, se aflojó la corbata y se la sacó dejándola sobre el mesón, a la vez que se sentaba frente a este, apoyando sus codos sobre este, y la cara entre las manos, como si estuviera cansado.

―Una motosierra para desmembrar a un imbécil que se cruzó en mi camino… ―respondió sin quitar las manos de la cara. Tanya soltó una risa ligera, ubicándose frente a Edward.

―Eso no solucionaría nada.

―Sí que lo haría.

― ¿Y puedo saber a quién quieres descuartizar?

Edward tenía la misma fe ciega tanto en Tanya como en su esposo Marcus. Ambos habían llegado a caer en manos de la desquiciada de su madre hace muchos años atrás, cuando él era un niño. Habían cometido errores y Esmerald les salvó la cabeza, a cambio de su trabajo incondicional. Y ahí seguían a su lado, haciendo que todo fuera mejor, por eso no dudó en decírselo.

―Según mi suegra, Bella tiene novio, ―alzó la cara y pasó ambas manos por su cabello― y se trata del maldito cocinero que conoció cuando se escapó meses atrás… pero el muy maldito no sabe que ella es mía…

―Edward, no puedes presionarla…

― ¡No la presiono, Tanya! ―exclamó con violencia, tensando su mandíbula. Cerró los ojos e inspiró antes de agregar más tranquilo―. Maldita sea, todo está bien. Fui capaz de abrirme con ella cuando di con su paradero, le conté todo… se supone que ella iba a estar conmigo porque lo quería así, pero no sé qué pasó.

― ¿Eres consiente que Bella tiene dieciocho años? ¡Es una niña! Y espera que el hombre a quien ame sea un príncipe azul ―Edward iba a rebatir, pero ella no lo dejó―. Por más que digas que ella es madura para su edad y no sé qué otra cosa, sigue siendo una niña. Tú para ella estás lleno de misterio, y quizás fue eso la que la sedujo en un principio, pero bastó con verse más involucrada para salir corriendo.

―Ella sabe quién soy, sabe lo que siento… ―susurró, cubriendo sus ojos con la palma de su mano.

―Los sentimientos se demuestran, Edward. No basta con decirlos, por más fieras que sean tus palabras, si tus hechos no lo demuestran…

―Qué quieres decir.

―Primero: la estás obligando, y eso espantaría a cualquier mujer en su sano juicio. Segundo, Senna sigue paseándose por esta casa como dueña y señora, y tú sabes cómo trata a Bella. Estoy segura que ciertamente Bella cree que ella y tú tienen una relación o algo así… ¿Por qué no la tienen, verdad?

Edward arrugó la frente y se quedó callado. Había follado, o casi lo había hecho con ella por última vez en la muralla de su despacho, solo para taparle la jodida bocota. Ciertamente el silencio otorgó para Tanya una respuesta.

―Y por último, a una chica como ella, hay que cortejarla, y es seguramente lo que hizo ese hombre. A su edad, son propensas a enamorarse y dejar de hacerlo con mucha facilidad, pero lo que las arraiga a un amor duradero es el proceso de cortejo, que tú por cierto te has saltado, ¿o me equivoco?

― ¡Mierda, Tanya!

―Así que ahí lo tienes. Piensa en ello ―le guiñó un ojo y se levantó para tomar su chaqueta que había dejado colgada en el respaldo de una silla, dejando al hombre pensando en silencio.

Las cosas con Camille habían sido diferentes. A ella le valió un cuerno los cortejos, teniendo en aquel entonces la misma edad que Bella en ese momento. Pero por supuesto, no podía comprarlas, Camille era impulsiva, audaz, incluso desvergonzada, tanto que se sintió atraída por ese ambiente que a Bella le causó repulsión. Había sido entonces una soberana estupidez pensar que ambas reaccionarían igual, y él sabía que no lo haría, pero no sabía de otra manera de cómo hacer las cosas. Generalmente era cosa que sonriera para que las mujeres cayeran redondas a sus pies y le juraran amor eterno, pero ahí estaba él, persiguiendo a una jodida chiquilla de dieciocho años.

Y es que nunca nadie lo hizo sentir el deseo por olvidarse de todo lo demás y concentrarse solo en ella. Estaba dispuesto a limpiar su entorno, y su nombre para mantenerla a su lado, pero en una persona como él, que prácticamente había crecido en medio de la mafia, era imposible, aunque lo estaba intentando, pero a veces su lado oscuro ganaba y se dejaba ir. Pero quería ser mejor, por Bella y por su hijo, y olvidarse de todo lo demás…

¿Sería muy tarde ir ahora por ella, y comenzar a recitarle sonetos de amor? Pensó, mirando su reloj de pulsera. Iba a hacerlo, pero Marcus apareció en la cocina.

―Vine por Tanya y me dijo que estabas aquí ―palmeó su espalda cuando pasó a su lado―. ¿Está todo bien, amigo?

―Tú qué crees.

―Bueno, no es mi intención aumentar tu mal humor, pero…

―Mierda, Marcus, qué pasó ahora. ―Pidió saber, mientras se jalaba el cabello.

―Lo de siempre, Stefan y Vladimir, ya sabes ―el viejo Marcus, mano derecha de Edward, se alzó de hombros en señal de disculpa, pero aun así continuó cuando oyó los gruñidos del hombre frente a él―. Stefan insiste en que será la última vez que requiera tu ayuda, pero está desesperado. Vladimir está pagando el noviciado, ya sabes, hizo unos movimientos que fueron demasiado obvios…

―Se lo dije la última vez ―recordó masajeándose la sien― le dije a Stefan que si el inepto de su hermanito metía la nariz en sus negocios, se arrepentiría…

―Y está arrepentido ―acotó Marcus― necesita blanquear sus operaciones, los sabuesos de los federales están muy cerca, y dice ya han echado mano a lo habitual, tráfico de influencias y esas cosas. Además el dinero se le está escurriendo de las manos y necesita un préstamo de varios ceros, y dice que el único al que puede recurrir eres tú.

― ¿El narcotráfico ya no está siendo rentable? ―se mofó Edward. Se levantó del taburete y caminó hasta el refrigerador, sacando de este una botella de cerveza―. Marcus, la institución financiera que dirijo no hace obras de caridad, y por cierto ya no está interesada en taparle la mierda a un tipo de la calaña de Stefan. Se lo dije, y tú estabas presente.

―Lo recuerdo, pero el hombre está desesperado Edward… dice que podría hablar…

―Nada tiene para inculparme. ―Le dio un trago a su cerveza y continuó explicándose ―Podría hacerlo si Esmerald estuviera vivía, pues las operaciones fraudulentas se hacían bajo su administración. Los negocios que nos han vinculado con ellos no tienen vicios, fuimos cuidadosos con eso.

―Lo sé, lo sé…

―No quiero seguir con esa mierda, Marcus.

―Y te apoyo, mi amigo, simplemente cumplo con decírtelo. Stefan y su gente suelen ser insistentes hasta conseguir su objetivo.

―Si sigue insistiendo, me encargaré personalmente con ellos. Yo mismo llevaré a los federales directo a la mierda que trata de tapar, o los atravesaré con una bala en el cráneo para que me dejen en paz.

―No tan de prisa, Edward…

―Sabes que soy capaz de hacerlo, y sabes que es ridículamente fácil no dejar huellas.

―Edward ―lo detuvo Marcus―. Me estás hablando de dejar la mierda atrás, ¿recuerdas? Así que deja de hablar como un asesino en serie y céntrate en esto.

―Mi decisión está tomada ―dijo Edward dejando la botella de vidrio con un golpe seco sobre la encimera de granito―. Stefan y el bueno para nada de su hermanito Vladimir pueden seguir insistiendo y amenazarme, pero nada me hará cambiar de opinión. Así que avísales que dejen de molestarme, no tengo tiempo para ellos.

―Bueno… esto ―Marcus se abotonó su chaqueta―. Mañana dijiste que trabajaremos aquí en la mañana, ¿no? ¿Tienes otros planes?

―No, que estés aquí a las nueve estará bien ―suspiró y se quedó con los ojos fijos en la cerveza amarilla que llenaba ahora la botella transparente hasta la mitad―. Por la tarde tengo otro asuntito que atender.

― ¿Puedo saber qué asuntito?

―Bella ―dijo simplemente. Marcus no hizo comentario alguno, solo se lo quedó mirando, convencido que Edward no iba a dejar las cosas en paz con Bella, hasta que la tuviera atada a él. Aunque, meditó, quizás los planes esos se le aguarían… por la sorpresita que iba a presentarse ante él a mediodía del siguiente día.

Marcus entonces se despidió y salió de la cocina, dejando a un meditabundo Edward Cullen, que trazaba en su cabeza como es que traería a su bebé de regreso y bajo su propio pie, teniendo en cuenta las apreciaciones de Tanya, por cierto.

"Volverás a mí, bebé… lo juro"

**oo**

―No puedo creerlo… ―susurró Emmett, mirando a Bella y a Derek, quienes se sostenían la mirada en silencio―. ¿Puedo ser el padrino?

Derek desvió la vista hacia Emmett, fulminándolo con la mirada.

―Esfúmate, Emmett.

El aludido alzó las manos y en silencio se levantó del sofá y se retiró a su dormitorio. Derek entonces volvió a mirar a Bella, quien había bajado su cabeza y miraba hacia sus manos, avergonzada.

Después de llegar de casa de sus padres, se reunió con Derek, quien trabajaba en su laptop en la sala, y le contó la "brillante" idea que a su amiga Nina se le había ocurrido.

―Sé que hice mal… ―susurró casi inaudiblemente― tendría que habértelo comentado primero, pero…

―Mírame, Bella.

Ella muy lentamente alzó su vista hasta toparse con la del hombre frente a ella. Sintió entonces, no sabe bien por qué, escozor en sus ojos y un profundo deseo de ponerse a llorar, ¿de vergüenza? No estaba segura.

―Perdóname, Derek… ―atinó sólo a decir― mañana me retractaré con mi padres y…

―Un momento ―Derek buscó las manos de bella y las tomó entre las suyas, apretándolas sutilmente―. Dime por qué lo hiciste, y dime la verdad.

―Pensamos… pensé que sería buena idea para… mantener a Edward a raya… ¡Fue una estupidez, lo sé! No quiero que sientas que te estoy usando… ¡Dios, qué estúpida soy!

Y el dique de sus ojos se abrió y las lágrimas comenzaron a caer sin remedio, soltando sus manos del agarre de Derek para cubrirse su rostro avergonzado. Él suspiró y la atrajo hasta pegarla a él, acunándola en sus brazos; pegó sus labios en la base de su cabeza, inspirando el aroma de su cabello.

―Bella, necesito que me digas en qué punto estamos después de lo que ocurrió anoche ―se hizo hacia atrás y tomó el rostro contrito de Bella entre sus manos, limpiando las lágrimas que surcaron sus mejillas― dime qué quieres tú, que suceda de ahora en adelante, dime lo que sientes.

―Siempre te preocupas de lo que yo pueda sentir, pero y tú…

―Bella, dejé todo por venir hasta aquí, por ti, ¿no te resulta obvio? ―susurró, pasando la yema de sus dedos por los labios de ella―. ¿A caso eso no te da una idea? ¿Mis besos no fueron más que palabras?

―Derek…

―Yo te amo ―se inclinó y besó suavemente sus labios húmedos ―te amo y voy a hacer lo que sea por ti, lo que me pidas que haga para que te sientas segura. Puedes usarme, ¿sabes?, puedes hacerlo porque no pondré reparo en eso.

―No quiero usarte ―Bella se inclinó y escondió su rostro en el hueco del cuello de Derek―. Me das seguridad como no la he sentido con nadie. Me siento tranquila y confiada, y lo de anoche… nunca me había sentido así, me transportaste a un lugar del que no quería salir… no quería que acabara…

Derek sonrió y besó la frente de la chica, pensando entonces que lo que él sintió fue tan así como ella lo admitió.

―Juro que podía oír tu corazón ―murmuró él con sus labios pegados sobre la frente de ella. Bella sonrió y asintió despacio.

―Pensé que le iban a salir alas y que iba a escaparse de mi pecho.

Otra vez, Derek obligó a Bella a que alzara su rostro para poder dejar otro beso sobre sus labios, lo mar de contento.

―Entonces… ¿soy tu novio, o algo así? ―preguntó, torciendo su boca como queriendo esconder una sonrisa. Bella mordió su labio y se alzó de hombros.

―Podemos intentarlo ―susurró, ganándose una sonrisa de regreso del chef, ahora su novio y otro beso, esta vez más largo y que cobraba intensidad con el pasar de los segundos. Instintivamente elevó sus manitos hacia el cabello de él y hundió sus dedos en su espesa cabellera negra, mientras él bajaba sus manos hasta su cintura y la acercaba aún más a él, dejándola prácticamente sentada sobre sus piernas.

Tan fuerte y de prisa martilleaban sus corazones, y tan perdidos estaban ambos en ese beso, que no repararon en la llegada de la otra chica que vivía con ella.

Alice se quedó estupefacta en la entrada de la sala viendo la escena en el sillón frente a ella. No podía creerlo… una rabia incontenible se apoderó de ella, y destilando ironía se puso a aplaudir.

La pareja se despegó cuando el ruido de las palmas los sobresaltó. Miraron directo hacia allí y vieron a Alice sonreírles con sarcasmo.

― ¡Felicidades, Bella! ¡Ya conseguiste a un hombre que te cubriera la espalda! ¡Muy bien, muy bien hecho!

―Basta, Alice…

―No, no ―dijo ella, rebatiendo a Derek― si solo la estoy felicitando por lo rápido que se movió…

―Alice… ―insistió Derek con tono de advertencia, haciendo fricción en el brazo de Bella quien comenzó a temblar.

― ¡Esta niñita fue amante de Edward, lo sé! ―Exclamó, mirando a Derek, como queriendo acusar a Bella, la que ahogó un grito de espanto. Derek se levantó y caminó hacia ella con postura tensa y amenazante.

―No sabes lo que dices, Alice ―rugió tensando su mandíbula― así que deja de decir estupideces, y metete en tus jodidos asuntos.

Ella negó con la cabeza, incrédula por la reacción de Derek, mirando enseguida a Bella, quien se mantenía muda de espanto, con sus ojos otra vez llenos de lágrimas.

―Odio que estés abusando de alguien tan noble como Derek, él no se lo merece.

― ¡Ey, qué pasa aquí! ―exclamó Emmett apareciendo en escena―. Alice, que traes…

―Me jode la gente que como ella, abusa de la buena voluntad de los demás, eso me pasa ―y sin más, caminó hacia el interior, abriendo la puerta de su dormitorio, la que azotó al cerrar.

Derek sin demora caminó de regreso donde Bella lloraba en silencio, humillada, y la abrazaba a él fuertemente, intentando reconfortarla mientras la mecía suavemente.

― ¿Derek? ―preguntó Emmett, esperando sus indicaciones.

―Ve allá y dile que se controle, de lo contrario puede agarra sus cosas y largarse de aquí.

―Calma, amigo, voy a controlar a la fiera ―anunció y se retiró pasillo adentro. Derek en tanto, besó una y otra vez la frente de Bella.

―Oye, no le hagas caso…

― ¿Tú se lo contaste?

―No, Bella. Tuvimos que decirle que tenías una especie de parentesco con Edward, porque oyó una conversación que Emmett y yo tuvimos ―volvió a tomar el rostro de la chica para que lo mirara― yo nunca le diría algo así, nunca, ni mucho menos Emmett.

― ¿Entonces quién…?

―No sé… no sé, pero voy a averiguarlo.

La tomó entonces sobre sus brazos y la cargó hasta el dormitorio de la chica. La ubicó sobre la cama, le quitó los botines y la hizo meterse bajo el cobertor. Enseguida él que quitó sus zapatos y se acomodó junto a ella, abrazándola y haciendo que ella descansara sobre su pecho, meciéndola lentamente hasta que ella se quedó dormida.

―Voy a cuidar de ti, Bella, y voy a estar a tu lado como lo que tú quieras, hasta que me digas lo contrario ―prometió, besando el tope de su cabeza una vez más, pensando en que aquella noche se quedaría allí, velando el sueño de su amada niña.


GRACIAS POR ACOMPAÑARME, Y NOS VEMOS LA PRÓXIMA SEMANA!