NA: Uff, ayer al final no tuve tiempo de acabar este capítulo, bueno, muchas gracias por los review, también gracias por hacerme ver un pequeño despiste que tuve en el capítulo anterior, eso me ayuda a mejorar :)
Sin más, disfrutad ;)
Ni los personajes ni la historia son míos, solo el tiempo para la adaptación.
Capítulo 12: We can take it.
Sol. Sol sobre ella. Sol sobre sus párpados. Sol cegador que convirtió su plácido sueño oscuro en un brillante amarillo que soportó hasta que notó que le quemaba la cara. Fate abrió los ojos lentamente a la vez que daba la vuelta sobre sí misma, con un quejido de rabia. Era la segunda vez que se levantaba con resaca y aunque conocía la sensación seguía siendo lo más desagradable del universo.
No sabía si habían merecido la pena las risas y las tonterías de anoche como para aguantar ese dolor de cabeza y la constante sensación de que al mínimo bocado iba a vomitar. Sintió de nuevo cómo sus músculos recuperaban la vida que les había sido arrebatada mientras dormía y empezó a notar lo entumecido y cansado que tenía el cuerpo.
Aun así, no era peor que la última vez. Y quizás fuese porque no estaba tirada en un incómodo y pequeño sofá, sino que debajo de ella la superficie era blanda y caliente. Tenía una gruesa manta por encima que la socorría del frío y al menos no había dormido con los zapatos puestos. Pero no recordaba tampoco qué la había llevado a estar allí.
Pestañeó, haciendo un gran esfuerzo por recuperar la conciencia. La luz ahora no era tan molesta y no le costó tanto despertarse. Incapaz de aguantarlo, soltó un bostezo plácido.
- Buenos días, dormilona.
Era la voz de Nanoha. Sin tener todavía la mente del todo espabilada, Fate buscó de dónde provenía aquel sonido. Tuvo que dar la vuelta otra vez para encontrarse con los ojos abiertos de la cobriza, que estaba mirándola con una sonrisa en la cara. Seguía manteniendo sus mejillas ruborizadas y esa cara de felicidad que había surgido después de su pasional beso. Fate notó como, a pesar de estar medio inconsciente todavía, en su cara también se desdibujaba un color rosa suave.
- Buenos días, Nanooo – otro bostezo – ha.
Ella le respondió con una risa, sin poder contenerse.
- Son las doce de la mañana y llevo mirándote dormir unas dos horas.
- ¿¡Mirándome dormir!? – no tenía las cuerdas vocales preparadas para sorprenderse, así que después de eso decidió seguir susurrando.
- ¿Qué querías que hiciera? Cada vez que me intentaba ir me agarrabas más fuerte – ante las palabras de Nanoha, Fate apretó los labios, avergonzada.
Entonces fue cuando se dio cuenta de que estaban tiradas en la cama de Nanoha. La misma cama en la que anoche habían compartido el momento más íntimo entre ellas. No comprendía cuándo ni cómo habían decidido dormir juntas (y ante la mirada de quiénes) pero había vuelto a suceder. Se llevó una mano a los ojos y los frotó, sintiendo una punzada de dolor en la cabeza con cada pensamiento.
- Nanoha, tengo resaca.
- No eres la única – la mano de la cobriza recorrió el espacio entre ambas y la agarró de la cintura, atrayéndola hacia sí. Sin previo aviso, puso su cabeza en el pecho de Fate y cerró los ojos – estoy cansadísima.
Vale. Esto debe ser un maldito sueño. Fate, despierta.
Su corazón reaccionó solo, latiendo a una velocidad por encima de la normal. Sentía el pulso hasta en la punta de los dedos, y con manos temblorosas empezó a acariciar el pelo anaranjado de Nanoha, que se rio por la respiración acelerada de la rubia. Miró hacia arriba y se mordió el labio.
- Fate, te va a dar algo.
- Definitivamente sí.
Ambas intercambiaron una mirada larga e intensa. Había muchas cosas que decir, muchos matices que no habían especificado. La conversación de la noche anterior se esparcía en la memoria de Fate como un vago recuerdo de algo que no sabía si había ocurrido o no, pero los ojos de Nanoha se lo afirmaron. Tantos días diciéndose a sí misma que no iba a pasar, que no tenía una sola oportunidad con ella… Y en ese instante estaba allí, con Nanoha entre sus brazos.
Una sonrisa le afloró sola.
- ¿De qué te ríes? – preguntó Nanoha con otra sonrisa en su cara.
- No lo sé. Supongo que estoy… ¿Feliz? – sabía que a partir de aquel momento la confianza entre ellas pasaría a ser máxima, pero aún tenía cierta vergüenza a la hora de expresar lo que sentía. Era raro dejarlo salir sin morirse de dudas.
- Yo también lo soy, idiota.
Nanoha subió su cuerpo levemente y puso sus labios sobre los suyos. Fate podía certificar que un solo beso de la cobriza era suficiente para borrar todos los pensamientos que rondaban por su mente. Sin querer desaprovechar ese momento, Fate entreabrió los labios y profundizó el beso, poniendo una mano en la mejilla de Nanoha y acercándola más a su boca. La fatiga desapareció y ella cerró los ojos, notando el cálido beso de Nanoha reparar todo lo que estaba entumecido.
Era magia. Curaba cada herida. Y no solo las físicas.
Se separaron levemente y Nanoha se quedó apenas a unos centímetros de su boca, haciendo que Fate notase la respiración de la cobriza en su rostro. Estaba prácticamente sobre ella, y sus cuerpos encajaban tan bien que parecían ser parte de un puzle.
- ¿Este es tu tercer beso? – susurró Nanoha, mordiéndose el labio. Fate rodó los ojos, dudando entre la verdad o una mentira que salvase su decencia.
- Puede.
Con una risa de Nanoha, sus labios volvieron a juntarse y compartieron otro beso lento pero largo, como si el tiempo se detuviese cada vez que cerraban los ojos.
Esto es jauja.
Su corazón iba ahora a un ritmo tranquilo, su pulso había vuelto a la normalidad. La paz interior que le causaba estar sin la continua preocupación de ocultarle sus sentimientos a Nanoha (más lo suave que era su maldita boca) había relajado cada parte de su alma.
- Llevaba queriendo esto desde hace mucho tiempo – dijo Nanoha cuando se separaron, guiñándole el ojo.
Tiene que parar de hacer eso. De verdad. Es demasiado para mí.
- ¿Por qué no me lo dijiste antes? – a Fate le empezaba a parecer estúpido el tiempo que había permanecido en silencio para no romper su amistad con ella. Ahora que sabía que era mutuo, sentía que había desperdiciado su mente en conjeturas sin sentido.
- Por lo mismo por lo que no me lo dijiste tú. Pensaba que no te gustaba.
- ¡Pero si apenas era capaz de hablarte! Me pongo totalmente roja si estás cerca.
- ¿Ah sí? – Nanoha soltó una risita, dándole otro pequeño beso – ahora mismo no te veo roja.
- Esto es porque estás pegada a mi cara y no ves nada. Seguro que estoy roja – Fate pasó sus brazos alrededor del delgado cuerpo de Nanoha y acarició su espalda con sus manos.
Madre mía. Nunca pensé que podría hacer esto.
La cobriza sintió un escalofrío.
- Tienes las manos heladas.
- Siempre las tengo heladas.
- Me acostumbraré.
Fate tenía tantas cosas que quería decirle que no le salía ni una sola. La miró algo más, perdida en los ojos lavanda de Nanoha, escuchándola hacer comentarios tontos mientras lo único en lo que podía pensar era en el tacto de su espalda y en lo agradable que era tener encima a alguien tan caliente.
Pero aquello no duró mucho.
Alguien llamó a la puerta, despertando un flashback en la memoria de Fate. Nanoha se apartó de encima suya con un movimiento y ambas intentaron fingir cierto espacio entre ellas, aunque se miraron con desagrado por la interrupción. Antes de que pudiesen responder, Yuuno estaba entrando en el cuarto de Nanoha.
- Chicas, estoy reventado.
- Se nota – puntualizó Fate, con una media sonrisa. Ni el inoportuno de Yuuno era capaz de fastidiarle aquel momento de gloria. No quería pensar en lo que sería contarle a su amigo que estaba enrollándose con su cuasi novia, habría demasiado tiempo para que las preocupaciones volviesen a su cabeza. Ahora solo podía sonreír.
Tras una risa cantarina de Nanoha, Yuuno se arrojó sobre ellas, un peso muerto bastante más insoportable que el delgado y perfecto cuerpo de la cobriza. Fate emitió un quejido.
- Y-Yuuno… Vas a m-matarnos…
- Exagerada – susurró él bocabajo sobre la manta de la cama – no estoy gordo, soy de hueso ancho.
- ¿De hueso gordo? – aventuró Nanoha, con los ojos chispeantes de felicidad. Fate intentó no mirarla con amor durante mucho rato, con miedo a que Yuuno pudiese descubrirlo sin necesidad de que ninguna hiciese nada. Sabía que estaba comiéndose con los ojos a Nanoha pero no podía evitarlo.
- ¡Oye! – el rubio alzó la cabeza y Fate se obligó a centrar su atención en él - ¡Estoy fuerte! Por eso peso tanto.
- No lo dudo, Yuuno – Nanoha le golpeó con su dedo índice en la punta de la nariz y él sonrió, como cuando un perro recibe un premio por hacer un truco. Fate soltó una carcajada.
- ¿Cómo vas a ser fuerte si no haces deporte?
- ¡Voy al gimnasio!
- ¿Ah, sí? ¿A qué gimnasio?
- ¿El de Pokémon cuenta?
Fate no pudo evitar reírse ante la broma, por muy típica que fuese. Yuuno era un maestro en hacerla llorar de la risa pero eso era algo que nadie más que ellos conocía. Recordaba una vez en la que no había podido parar de reír durante dos días enteros, rememorando el chiste cada cinco minutos y estallando irremediablemente.
Nanoha también se estaba riendo.
- Me alegro mucho de que hayáis arreglado lo vuestro – los grandes brazos de Yuuno agarraron la silueta de ambas por encima de la manta – no me gustaba veros enfadadas.
Fate y Nanoha intercambiaron una mirada de culpabilidad por la inocencia de Yuuno. Ni tras lo del cine, ni con el ataque de celos de Nanoha, ni con el hecho de que hubiesen dormido juntas y abrazadas había visto lo que estaba sucediendo. Yuuno era un caso aparte. Se daba cuenta de lo que quería darse cuenta y poco más.
- Al fin y al cabo, me encanta ver que mi mejor amiga y mi chica se lo pasan bien juntas.
¿Mi chica? Vuelve a llamarla así y te corto los huevos.
Nanoha soltó una risa nerviosa y se recogió un mechón de pelo cobrizo tras la oreja, moviendo sus ojos de un lado para otro.
- Yuuno…
- Sí, vale, vale – corrigió él, sin dejar de sonreír – no eres mi chica todavía.
- Y nunca lo será…
- ¿Qué dices, Fate?
- Ah, nada, nada. Estaba pensando en voz alta.
Nanoha con bigote tenía un aire sofisticado inexplicable. Por mucho que Fate tratase de verle el lado cómico, no podía más que arrodillarse metafóricamente ante la grandiosa forma de actuar de la cobriza, que le hacía olvidar con un par de frases que estaba sin duda vistiendo un maldito bigote. Aún no habían pensado mucho en la caracterización pero Nanoha había insistido en llevarlo para sentirse más "hombre". Eso también sonaba gracioso, pero con su cara de decisión todo adquiría un tono severo.
- Desde el principio – dijo, con voz seria.
Yuuno se aguantó una risa, llevándose la mano a la boca. Era inevitable.
Si los ojos pudiesen ser cuchillos, Nanoha acababa de desenfundar una espada.
- ¿Qué? – esta vez él no se preocupó por soltar una carcajada – Pareces Freddie Mercury.
- ¿Se te ha ocurrido la broma a ti solo o has necesitado ayuda? – aunque Nanoha tuviese activado su modo frívolo, su forma suave de decirlo sonó a broma. Ella misma sabía que debía de verse bastante ridícula con aquello puesto. Lo había comprado en una tienda de disfraces medio en la ruina. La calidad del pelo en sí era pésima.
- Directora – rio Verossa detrás suya, poniéndole una mano en el hombro y haciendo que se girase levemente – tengo una duda – le plantó el papel con sus frases en la cara – creo que no sé cómo decir esto sin ahogarme.
- Lo haces bien, Verossa – suspiró la cobriza, llevándose las manos a la cabeza y cerrando los ojos muy fuerte. La resaca. Fate podía percibirla a distancia. Ella también la sentía y seguramente todos los presentes. Aquel ensayo tan gratuito había sido idea de Nanoha, que se había dado cuenta de que para esa escena solo hacían falta sus cuatro mejores amigos. Y con un par de pucheros había conseguido lo que quería.
Tenerlos allí, muertos de frío, de sueño, de hambre y de no sé qué más necesidades vitales.
- Oh, ¿te duele la cabeza? – Verossa se acercó a su oreja y dijo más fuerte - ¿¡Te duele la cabeza!?
- ¡Maldita sea! – gritó Nanoha, alejándose de él con la cabeza aun entre las manos - ¡Me va a reventar el cerebro!
Fate no pudo evitar soltar una risa, respondida rápidamente por Nanoha con otra mirada asesina.
- A mí no me mires – levantó los brazos en son de paz – no soy yo la que lleva un bigote.
Nanoha soltó un bufido y se cruzó de brazos como una niña pequeña. Le estaban haciendo el ensayo imposible por primera vez y no podía sacar la bestia mandona que tenía dentro porque su cuerpo estaba demasiado exhausto para reñirles. La rubia le dirigió una sonrisa cómplice, guiñándole el ojo, cosa que hizo que Nanoha relajase los hombros por primera vez en toda la tarde. Suspiró.
- Chicos, desde el maldito principio. Prometo que es la última vez.
- ¡Sí, señora! – dijo el rubio en tono de burla, haciendo un gesto militar. Nanoha le miró de reojo, molesta por ser comparada con un general.
- Yuuno...
- Ah, es verdad. ¡Sí, señor!
- ¡Aaaagh!
- Yuuno, no la hagas enfadar – esta vez fue Hayate la que habló. Estaba sentada en el suelo, a punto de dormirse sobre el escenario. Parecía realmente agotada – ya sabes cómo se pone cuando se enfada.
- ¿Insoportable?
- Aun puedo mandaros a la mierda a todos, eh – Nanoha estaba leyendo su diálogo con aire distraído, aburrida de escucharlos reírse de ella. Se hizo un silencio breve pero necesario – venga, de nuevo.
E interpretaron la escena desde el principio.
- Tracia, no puedo creer…
- Puedo explicártelo, Jasón.
- No quiero que me expliques nada.
- Señor conde, Tracia no quería hacerlo. Ella está arrepentida.
- ¿Arrepentida? ¿He oído esa palabra?
- Bóreas, yo…
- ¡Deja de jugar con todos, Tracia!
- Bóreas, hermano, vámonos ya de aquí.
- ¡De aquí no se mueve nadie! Voy a matarte, maldita rata de la calle. Por acostarte con mi esposa.
- Jasón, dime que estás bromeando…
- ¡No bro…!
El bigote de Nanoha se cayó de su cara cuando ésta alzó la voz. Todos se quedaron quietos, sin asimilar lo que acababa de suceder. El cansancio hacía que sus cerebros fuesen demasiado lentos, y necesitaron de la estruendosa risa de Verossa para darse cuenta de que realmente la cobriza acababa de hundir la poca reputación que le quedaba a ese bigote. Fate estalló en una de las carcajadas más ruidosas que le había salido nunca, aun sintiendo el estómago revuelto y el ensueño provocado por el alcohol de la noche anterior. Era lo único que le faltaba para que la tarde mereciese la pena.
- ¡No puedo creerlo…! ¡El bigote se te ha revelado, Nanoha! – Yuuno estaba tirado en el suelo llorando de la risa.
Nanoha intentó aguantar sus ganas de reír pero fue incapaz. Ante la visión de sus amigos sin poder apenas coger aire, ella también comenzó a reírse de sí misma, sorprendida aun de que se hubiese caído en un momento tan tenso,
- Esto es… - se paró para arrodillarse mientras se agarraba el estómago, sin dejar de reír – esto es una señal de cielo… Maldito bigote.
Estuvieron riéndose el tiempo suficiente como para acabar todos sobre el escenario, con los ojos llenos de lágrimas y sin aparente equilibrio. Cuando las risas fueron cesando, Hayate fue la primera en hablar. Incluso en su pésimo estado de ánimo no había podido reprimir las ganas de reír cuando había visto el bigote de Nanoha caer.
- Chicos creo… - una pequeña risa – creo que debemos dormir de una vez.
- Yo también lo creo – corroboró Yuuno con una sonrisa en la cara. Verossa se levantó el primero y ayudó a su novia a ponerse en pie mientras le preguntaba si se encontraba bien y empezaban a charlar sobre algo de la fiesta.
El rubio se les unió, interesado por los comentarios sobre la borrachera que había cogido Chrono, mientras Fate y Nanoha intentaban reponerse de sus carcajadas. Lentamente, Verossa, Hayate y Yuuno se fueron charlando juntos del escenario, dejándolas solas sentadas en el suelo oyendo de lejos sobre lo que hablaban. Bajaron los escalones y se perdieron por el enorme pasillo, de camino a la puerta.
- Voy a… - dijo Nanoha finalmente, dando un pequeño susto a Fate. Se había acostumbrado por unos segundos al murmullo y el silencio – voy a apagar las luces.
Con un quejido, Nanoha se levantó de su sitio y fue andando hasta el telón lateral del escenario, colándose detrás de él. Fate sabía que allí estaban los fusiles y también los cachivaches escénicos necesarios para cada momento de la obra. Había estado allí tan solo un par de veces para hacer una entrada triunfal en escena y en ambas le había parecido demasiado oscuro y húmedo.
Pero se obligó a ir tras Nanoha.
Aquella noche había supuesto tantas cosas… Para ella. Para su forma de ser. Para su vida, en general. Y, sobre todo, para su relación con Nanoha. No sabía exactamente qué era lo que iban a hacer ahora. Tan solo quería besarla de nuevo. Desde que habían sido interrumpidas por Yuuno no habían encontrado otro momento para repetirlo, y Fate lo estaba echando de menos. Como si fuese algo que hiciese diariamente, una rutina necesaria.
Esa sensación estaba matándola poco a poco y no había podido aguantar ni tres horas sin que surgiesen las dudas. Necesitaba hablar con ella a solas. Tenía que esperar al momento propicio y por fin había llegado. Miró por última vez hacia el resto del grupo, que ya había alcanzado la puerta. Yuuno les dirigió una última mirada, levantando la mano, diciéndole a Fate que les siguiera. Ella hizo un gesto de "espera", dando a entender que tenía que aguardar a Nanoha. Su amigo le dirigió un último "okey" antes de desaparecer tras la gran salida.
Y se hizo un silencio de verdad.
El teatro le pareció un mundo inmenso de pronto. Miró hacia arriba, fijándose en lo lejano que estaba el techo. Le produjo una especie de claustrofobia inversa, como si fuese a desmoronarse sobre ella.
Sin tiempo a más tonterías, Fate se levantó del escenario y anduvo hasta el telón. Se coló entre las telas, moviéndolas con los brazos intentando encontrar una entrada a ese submundo. Las catacumbas del mundo dramático.
Una mano la cogió de las sombras antes de que pudiese hallar la forma de pasar. Con una fuerza que ya conocía, Nanoha tiró de su muñeca para acercarla, una oscuridad profusa de pronto ciñéndose sobre ambas. Antes de que Fate pudiese decir nada, los labios de Nanoha ya estaban sobre los suyos. Intentó seguirle el beso, distraída, sorprendida por la rapidez con la que la cobriza había buscado su boca.
Luego se sonrió.
Supongo que ella también lo estaba esperando.
Agarró el cuello de Nanoha y repasó su nuca con los dedos. Ella tan solo la pegó más a sí, haciendo desaparecer la distancia entre sus cuerpos y profundizando el beso para convertirlo en uno lento y placentero. Lo que en un principio a Fate le había parecido pasión contenida ahora le resultaba una extraordinaria demostración de cariño. No sabía mucho de ese mundo pero podía percibir amor en la forma en la que movía sus labios.
Fate empujó levemente el delgado cuerpo de la cobriza hasta que ambas alcanzaron la pared más cercana, que no estaba muy lejos de ellas. Aquel espacio era bastante reducido teniendo en cuenta que estaba repleto de objetos y atuendos estrafalarios de teatro. No le fue difícil arrastrar a Nanoha hasta la pared y sentir su calor subir por el cuerpo de Fate, una ola que le hizo volver a notar los dedos helados por el frío de diciembre. Estaban literalmente una sobre la otra. No había ni un centímetro entre ellas.
La lengua de Nanoha rozó la suya de forma dulce. Dios, qué bien besaba. Parecía que quería derretirla con cada caricia.
Se separaron levemente, cogiendo aire. Fate se sonrojó al sentir las manos de Nanoha agarrando fuerte su cintura.
- ¿Se te ha quitado ya el dolor de cabeza? – aventuró, intentando no tartamudear en el intento de ser sexy. Nanoha levantó una ceja, apenas perceptible por la poca luz que había.
- Eres como una aspirina.
- ¿Lo soy?
- Lo eres – la frase salió como un susurro que golpeó sobre los labios de Fate. Ella tan solo podía fijarse en la manera en la que Nanoha miraba su boca, como cuando un niño ve chocolate en la nevera. Aquello le hizo reír.
- Nanoha, tenemos que hablar.
- Esa frase no, por favor.
Fate no pudo evitar reírse, ahora más alto. Repasó con sus dedos el flequillo cobrizo de Nanoha, distraída. Tenía muchas preguntas en la mente. Ninguna de ellas le parecía necesaria. No al menos para fastidiar aquel momento de perfección que ni siquiera podía asimilar. Pero tenía que hacerlas algún día, y cuanto antes mejor. Iba a ser complicado tratarlas en otro momento las semanas siguientes, teniendo en cuenta que se acercaba navidad y fin de año. Iban a ser fechas señaladas y no quería desilusionarse para aquel entonces.
Tenía la extraña sensación de que serían unas buenas vacaciones.
- ¿Qué es esto?
Vaya, que clara eres. Un aplauso en tu cara, Fate.
No se le había ocurrido otra manera mejor de empezar. Solamente quería respuestas.
- ¿Esto? – Nanoha la miraba atenta. Relajó las manos que tenía en la cintura de la rubia. Una pausa. - ¿Lo nuestro?
- Sí.
La cobriza se quedó en silencio un rato, buscando algo inteligente y sincero. Ella tampoco parecía tener muy claro lo que estaba sucediendo. Fate podía verlo en sus ojos. Aunque Nanoha era incapaz de mentir porque le delataba la mirada, la confusión era una de las emociones que ahora podía percibir en ella.
- Supongo que… Supongo que quiero estar contigo – musitó finalmente, con repentina seriedad – pero tú ahora tienes algo con Arf.
- Y tú con Yuuno.
Otro silencio. Este más incómodo, más frío. Uno sostenido con hilos.
- No quiero que hagas daño a Yuuno – fue lo único que Fate pudo articular de entre los miles de pensamientos que ahora rondaban su cerebro. Llevaba sintiendo una enorme culpabilidad desde que había salido de casa de Nanoha, con Yuuno a su lado contándole lo bien que se lo había pasado. Él era tan simple, tan austero, tan vivaz. No quería traicionar su confianza, apagarle la enorme sonrisa que también había sido capaz de remediar su soledad múltiples veces.
Se lo debía.
- Yo tampoco quiero que hagas daño a Arf. No por mi culpa, al menos – Fate pudo ver en los ojos de Nanoha las mismas emociones que ella estaba experimentando.
- Es como mi hermano. Nunca lo había visto tan ilusionado con nadie. No puedo decirle sin más que le voy a quitar su proyecto de novia.
- Arf tampoco se merece eso.
- Va a ser jodidamente complicado.
- Lo va a ser.
Tercer silencio. Uno más tranquilo, más sereno, sin tensión. Ambas perdidas en sus propios problemas, intentando encontrar una forma fácil de llevar a cabo el intento de relación más desastroso del mundo.
- Fate yo… - Nanoha subió una de sus manos y pasó sus cálidos dedos por el rostro pálido de la rubia, que de nuevo se vio obligada a apagar las luces de cualquier parte de su mente que no tuviese la palabra "Nanoha" grabada a fuego – Te…
- ¿Me…?
- Te…
La cobriza se mordió el labio y Fate le sonrió. Eran muchas cosas a la vez en poco tiempo. Quizás fuese que ninguna de las dos se había preparado para no ser rechazada. Fate se había convencido de que no tenía ni una sola oportunidad y de pronto se encontró durmiendo abrazada a Nanoha como si lo hubiese hecho durante toda su vida. Con la naturalidad que le había faltado delante del resto de personas.
- No vamos a hacerles daño – Nanoha había cambiado de opinión. Prefirió guardar aquella frase para otro día – tenemos que encontrar una manera de decirlo. En el momento adecuado.
- Mañana tengo mi cita con Arf – Fate desvió la mirada hacia sus pies, pasando su mano desde el cuello de Nanoha hasta su pecho.
- Lo sé. Y lo entiendo. No voy a estar enfadada ni celosa como ayer – la cobriza se enrojeció levemente, avergonzada por su comportamiento – estaba borracha ¿vale? No es que sea posesiva ni nada de eso.
- Ya, claro – Fate le dirigió una mirada de burla y Nanoha frunció el ceño, enfadada. Ella tan solo se rio, acercándose a sus labios para depositar un pequeño último beso. Susurró sobre su boca – las luces llevan ya mucho tiempo encendidas.
- Tienes razón – musitó Nanoha, sonriente. Sus pecas. Sus malditas pecas por toda su adorable cara – voy a apagarlas.
Se apartó lentamente de Fate y luego empezó a buscar algo por la pared, palpándola con las manos. Estaba todo muy oscuro. Eran incapaces de distinguir otra cosa que no fuesen sus propios cuerpos. Un instante de frío invadió los dedos de Fate y ella se los llevó a la boca para calentárselos con vaho.
Empieza mi primer intento de mentirle a Yuuno. Y, desgraciadamente, merece la pena.
