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Disclaimer: Los personajes de Magic Knight Rayearth son propiedad de las geniales CLAMP. El resto de los personajes son de mi autoría (con todo y sus fanarts XD). Muchas gracias por leer. Fic hecho sin fines de lucro por fanas para fans.

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Guerreras Mágicas: La nueva historia.

Bella y misteriosa…

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En otro lugar de Céfiro Anaïs ya dormía, mas no profundamente, el más mínimo canto de un pájaro la hubiera despertado, el cansancio la había hecho dormir, pero la incertidumbre no la dejaba llegar ni al estado delta del sueño.

La mañana había sido excitante, y no en un grato sentido. Muchas emociones en un solo día.

FLASH BACK

Después de finalmente acabar por correr de verdad lo más rápido que pudo ante su desesperación por encontrar una salida y alejarse así de la soledad de ese espeso y tupido bosque el cual no parecía tener fin, se había detenido un momento pues sus pulmones le exigían tomar un poco de aliento y su corazón golpeaba como tambor de festival japonés, parecía que reventaría si no le daban un poco de descanso. Se dejó caer al suelo al fin, agotada, deseando más que otra cosa en ese momento agua, la cual no tenía.

Estuvo sentada un buen rato recuperando el aliento, debía haber recorrido un buen tramo corriendo, aun así, no parecía encontrar cosa parecida a un salida. Descansó un poco más, pues le faltaba aire hasta para pensar, agradeció la gentil ráfaga de viento que cruzó en esos momentos. Después de un tiempo se paró de nuevo, miró hacia el árbol en el que había estado recargada y decidió que treparlo y asomarse por sobre su copa sería un método para saber a qué se atenía si quería encontrar una salida.

Su metro setenta y ocho, le haría más fácil la tarea, aun así estaba un poco alta la primera rama, simplemente subió sobre una de las maletas y fácilmente alcanzo su objetivo comenzando a trepar hasta la parte más alta del árbol. Al llegar a la cima divisó a unos 500 metros tal vez, lo que sería el fin del bosque, sintió alivio y se mantuvo un rato ahí para poder orientarse mejor hacia dónde dirigirse, una vez aprendida la ruta bajó del árbol, tomó sus maletas y retomó camino.

Caminó y caminó hasta llegar por fin a la salida, encontró campo abierto y… siguió caminado, la verdad no es que no fuera muy atlética, pero caminar tanto en un solo día sin encontrar ni ayuda o respuesta, comenzaba a hastiarla un poco. Quería respuestas, quería descanso y parecía ser que en ese punto del camino no obtendría ninguna de las dos. Se sentó en una piedra y se puso a meditar la situación; no sabía dónde estaba, ni por qué, no había nadie a la redonda y su cuerpo comenzaba a debilitarse, se había salido de casa sin desayunar en el entendido de que no tardaría más que el trayecto de su casa al aeropuerto y de regreso, tampoco esperaba que al llegar le entregaran de inmediato sus maletas pero no la tardarían horas esta vez, confiaba en que en 15 minutos a lo más estaría de vuelta en un taxi camino a casa con sus maletas. Su madre le había sugerido desayunar algo pero en ese momento no había tenido apetito, creyó que al volver su estómago ya consentiría alimento. Pero, salvo recuperar sus maletas, nada había salido de acuerdo al plan… De esto aprendió algo: a no dar nada por sentado, pues no sabes qué es lo que puede pasar y que la vida da giros realmente inesperados en segundos.

Miró alrededor y los árboles que ahí había no parecían tener frutos o al menos nada que ella reconociera como tal, pensó entonces en ese justo momento que en el bosque que había dejado atrás, debía haber algún árbol frutal pero no lo había pensado hasta ahora, pues en el bosque, su única prioridad había sido salir, y ahora no tenía ganas de regresar todo el camino andado por la vaga esperanza de una fruta, no le quedaba más remedio que seguir adelante y buscar ayuda, o comida, pensó que incluso encontrar una zanahoria silvestre por ahí sería una bendición… Pero por el momento tendría que seguir y seguir.

El paisaje le era desconocido, había naturaleza sí, pero ahora que se fijaba bien, no era naturaleza conocida, los arboles eran de hojas extrañas como nunca había visto, las flores de extraños colores, pues ella no había visto nunca una flor verde, de tallos y hojas verdes sí, pero de pétalos y pistilos verdes, eso jamás, pero no le dio mucha importancia, ya que después de todo la Tierra era tan vasta y diversa cuando de naturaleza se trataba, que bien podían ser especies que ella no conocía, continuó caminado y pensando, cuando de repente algo pasó veloz frente a ella, un animal pero… Había sido un animal tan extraño como raudo, aun pese a su veloz carrera Anaïs pudo distinguir algunos rasgos del animal.

"¿Qué?...Acaso eso fue un… ¿Zorro con cuernos?.. ¡Y azúl?"

Pensó que el no comer le estaba provocando algún problema en los ojos, y cierto es que cuando el cerebro no obtiene alimento puede distorsionar las cosas que vemos.

Estaba atónita por su visión, sin saber si era real o una percepción errónea de su entorno, cuando escuchó voces de hombres al parecer no muy lejos. Entonces prestó más atención a las voces y fue en dirección a ellas.

Fue entonces que tras una enorme roca encontró a dos hombres, uno joven y el otro mayor pero con porte de sabio, ambos hincados alrededor de un brote de plantas, parecía que recogían un poco de estas.

Anaïs reparó entonces en su ropa, no parecía muy moderna, era extraña, aun con todo sea aventuró a acercarse.

"Disculpen ¿Podrían ayudarme?"

Ambos hombres de inmediato voltearon a ver a la chica, llevaba ropas extrañas, de tejido desconocido pero de apariencia muy resistente, sin embargo pese a su fuerte apariencia estaba rasgada, eso los alarmó un poco ¿Que desgracia debía haber ocurrido a la chica para que una tela que parecía ser tan fuerte estuviera rasgada de ese modo? Pensaron con angustia.

Mas lo que ellos no sabían era que esa tela maciza no era otra cosa que mezclilla y las rasgaduras habían sido echas de fábrica, pues era una de la moda en esa clase de prendas: la tela rasgada.

El resto de la vestimenta de Anais, consistía en una blusa de vestir con holanes en la zona del pecho y una cinturilla de mezclilla también, y ya que entre la cinturilla y el corset hay mucho parecido, los hombres identificaron esta extraña prenda con una especie de armadura, ya que las barrillas le daban una apariencia rígida.

Así que completando su visión del atuendo, los hombres pensaron que esta chica debía ser una especie de guerrera, lo cual no era común en Céfiro, pues las únicas guerreras que se habían conocido y respetado como tales eran Las Guerreras mágicas. Fuera o no una especie de guerrera, esa mujer debía haber peleado contra alguien debido al mal estado de sus ropas, esto los extrañó mucho pues en un Céfiro de paz y seguridad total ¿Quién podría haberla atacado?.

"¡Señorita! ¿Qué le ha pasado? ¿Podemos ayudarla?" – preguntó el hombre mayor.

"Sí creo que sí, por favor podrían decirme dónde…- un unicornio enano y color violeta pasó corriendo al lado de ellos y esto paralizo a Anaïs – ¿Vieron eso?" – les inquirió sorprendida.

Los hombres voltearon hacia donde había ido el animal y de nuevo a ella, no parecían nada sorprendidos.

"Sí" - contestaron de lo más normal.

"¡Era un unicornio¡"

"¿Un qué?" – preguntaron confundidos.

"¡Un unicornio!"

"Eso era un Nimras señorita" – dijo el hombre mayor.

"¿Que es un unicuernio?"- pregunto el joven sin poder pronunciar bien la palabra que mencionara la chica.

"¿Un qué?... Se dice unicornio –corrigió Anaïs – Y eso era un unicornio señor – le aclaro al mayor –pero… Ustedes no parecen muy sorprendidos de ver a ese animal..."

"Pues claro que no, es parte de la fauna del lugar ¿Porque habríamos de sorprendernos?" – dijo el mayor con una sonrisa.

"Parece que nunca hubiera visto uno" – dijo burlón el chico

"Colt no seas inconsciente ni atrevido, esta mujer parece haber sufrido un accidente tal vez este aturdida por eso le causó tanta sorpresa ver a un simple nimras" – le reprendió el hombre.

"Es verdad maestro perdóneme, usted también señorita"

"Pero… pero como que no... No entiendo nada, primero que nada alguien podría decirme ¿Dónde estoy?" – dijo finalmente desesperada ante la confusa situación.

"En Faidel a las afueras de Miura, pero podemos ayudarla ¿Qué le ha ocurrido?"

"Señor disculpe pero no le entiendo, que es eso de faidel y Miura ¿un bosque? ¿un prado?"

"El campo de Faidel, Miura es el pueblo más cercano"

"No los conozco, nunca había oído hablar de ellos"

Ambos hombres se miraron, era extraño que nunca hubiera escuchado del pueblo. ¿Habría perdido la memoria? ¿Estaría muy aturdida?

"Señorita, usted… – iba a decirle que no se encontraba bien y tratar de convencerla de ir con él al pueblo para poder atenderla, pero reparando por segundos en su aspecto se decidió mejor a preguntar – es… Es usted extranjera?"

"No, no lo creo ¿Qué esto no es Japón?"

"¿Dónde?"

"Japón"

"¿Qué es eso?"

"Un país señor"

"Nunca lo había escuchado"

Anaïs no daba crédito, si bien sabía que había tribus en el mundo donde no tenían contacto con el mundo moderno ni la televisión, esos dos a pesar de sus ropas, se veían bastante civilizados ¿Cómo no conocían Japón?.

"Por favor dígame ¿Dónde es este lugar? Sé que me dijo que un pueblo pero ¿Dónde está ubicado? ¿Qué lugar es este?

El hombre no supo que más responder, pues Céfiro no tenía estados, ni países, solo sus grandes ciudades, pueblos y aldeas, así que no teniendo más información que brindar, se remitió a decir el nombre del planeta, de seguro ella era una extranjera, pero… si venía de un planeta vecino, él nunca había visto a nadie como a ella…

"Esto es Céfiro señorita"

"¿Céfiro? A caso… podría ser?"

"¿Perdón?" – pregunto el señor, pero Anaïs había hablado más para sí misma.

"Céfiro…" – susurró incrédula.

Anaïs miró entonces el entorno, sólo entonces le pareció familiar, esos árboles tan extraños, quiso creer que sería un sueño, pero era evidente que estaba despierta, y nadie más sabía de Céfiro para gastarle una broma de ese calibre, sólo "esas dos" sabían de este lugar y no las creía capaces, más que nada porque había perdido contacto con ellas y no tenían manera de enterarse de que ella volvía a Japón. Vio entonces un arboles de hojas azules y un recuerdo llegó como el golpe de una onda sónica, cuando ella estuvo ahí por primera vez, ese tipo de árboles había llamado su atención por sus hojas extrañas, tenía que ser verdad.

"No…" - escapo casi sin permiso de sus labios.

El mundo se le nubló un poco y cayó al suelo sobre sus rodillas alcanzando a detenerse con sus brazos que barrieron en tierra.

"¡Señorita!"- gritaron al unisonó ambos hombres preocupados corriendo hacia ella.

"No se preocupen…" - respondió Anaïs oculta tras su cabello en un tono plano y bajo.

"Señorita no está usted bien, permítame llevarla al pueblo, soy el chamán del lugar, curandero, ahí poder atenderla"

"No es necesario…"- el mismo tono sencillo otra vez vibraba su voz.

"¿Cómo que no? Si está a punto del desmayo"

"No es nada…"- dijo poniéndose en pie para sorpresa de ambos hombres que le miraban desde el suelo.

Anaïs iba a retirarse pero… ¿Que ganaría? No sabía a dónde ir ni qué hacer, tal vez aceptar la ayuda de ese hombre sería bueno para ella en ese momento.

Dio un largo suspiro de resignación y volteó a mirar a los hombres que seguían hincados observándola.

"Podría…? Verá buen hombre, no soy de aquí, tal vez necesite un poco de ayuda… ¿Me pueden decir dónde está la población más cercana?"

"Nosotros la llevaremos – dijo el mayor, después de todo para allá se dirigían – venga con nosotros por favor"

"Maestro, las hierbas…" – dijo el joven.

"Vendremos después. Sígame por favor" – dijo tendiendo la mano a Anaïs.

Anaïs se encaminó hacia el señor pero no tomó su mano, se paró a un lado suyo mirando al frente y sólo susurro un vamos

El señor no dijo más nada y comenzó a caminar con la chica a su lado, su aprendiz les seguía también.

Al cabo de un rato de caminar llegaron al pueblo, la extraña llamaba la atención por su peculiar vestimenta, ella lo notó, pero prefirió hacerse la desentendida.

Llegaron a una casa de tamaño mediano, le recordaba un poco a la de Presea, pero esta era un poco más chica. Una vez dentro se sintió un poco más tranquila, no le gustaba sentir la mirada discreta de las personas que le veían con curiosidad.

Suspiró de manera casi imperceptible, después miró alrededor con disimulo. La casa por dentro también le recordaba a la de Presea.

"Siéntese por favor –ofreció el señor mayor –Colt deja las hierbas que logramos recolectar en sus frascos, después irás por las que nos faltaron"

"Sí maestro"

El señor tomó asiento junto a Anaïs y preguntó – "Señorita, dígame ¿En qué puedo ayudarla? No quiero ser entrometido, pero ¿le ha sucedido algo? ¿Por qué… por qué su ropa está rasgada?

Anaïs escuchaba las preguntas pero en realidad no prestaba mucha atención, una parte suya estaba más sumergida en sus pensamientos que en esa sala.

"¿Señorita?"

"¿Sí?... Ah esto... Nada, no es importante, así estaba desde el principio"

"¿Rota?"

"Sí"

¿Una mujer con ropas rotas? ¿Desde el principio estaban rotas? ¿Sería una chica de muy limitados recursos? Los casos de pobreza no eran conocidos en Céfiro debido a que era un reino muy prospero desde la última gran batalla. No es que todos fueran acaudalados pero, pobreza era una palabra que se había borrado del todo.

"Yo podría conseguirle ropas decentes..."

"¿Que tienen de malo las mías?" - Interrumpió Anaïs.

"No, nada, es sólo que le conseguiría ropas en mejor estado" – le dijo con más tacto, no quería ofenderla.

"Gracias no hace falta, estoy cómoda con estas"

"Pero señorita…"

"No insista por favor, agradezco su preocupación, pero estoy más cómoda con la ropa de mi mundo" – se le había escapado la última frase sin pensar.

"¿Su mundo?" – preguntó sorprendido el hombre.

"Olvídelo por favor, gracias por su hospitalidad" - su estómago hizo un ruido conocido y fue perceptible para ambos hombres.

"Señorita, parece que no ha comido nada ¿Cierto? Espere aquí le traeré comida."

El señor no espero respuesta de la chica quien parecía no querer aceptar ayuda, así que sin darle oportunidad a decir "no gracias" se dirigió a su cocina a traer algo para Anaïs. Lejos estaba de saber que si había algo que Anaïs no rechazaría en ese momento era comida.

El chico después de guardar las cosas de su maestro y las hierbas que habían colectado, entró de nuevo a la sala de estar y se quedó mirando a la joven, la extraña era bastante llamativa, mas no en el sentido que ustedes creen, era... No sabría decirlo con palabras, esa mujer irradiaba un aura que él nunca había sentido en nadie de Céfiro, tan diferente…

"Podría saber... el por qué me miras con tanta insistencia?" – Preguntó la rubia.

El chico salió de golpe de sus pensamientos, sin darse cuenta había estado viendo fijamente a Anaïs todo el tiempo que meditaba, y esto terminó por incomodarla.

"¡Ah perdóneme por favor! No era mi intención ser descortés…"

¿Descortés? Pensó Anaïs, si bien no era propio que un chico desconocido te mirara con tal descaro, descortesía no era la palabra que usarían en su mundo. Al menos no en occidente, en Japón quizá sí… Pero ella se había occidentalizado tanto que ya no tomaba importancia a esas cosas.

"No es nada" -Anaïs volvió la mirada hacia la mesa ignorando al chico. Este se sintió un poco cohibido con su fuerte actitud, además ella le había hablado de y de forma muy directa, tal vez la había ofendido… eso pensaba él.

¿Porque aquí de nuevo?- Pensaba cuando fue interrumpida por una voz y un plato que apareció frente a ella, de la mano del señor mayor…

"Aquí tiene" – el plato contenía una especie de sopa, tal vez de verduras.

"Gracias... – Anaïs se dio cuenta que no había sido la más amable y trató de enmendarse un poco cambiando su tono de voz por uno un poco más amable- ...¿Disculpe que es esto?"

"Sopa de verduras"- respondió el hombre.

Anaïs rio un poco, algo familiar y sin embargo desagradable al mismo tiempo, que gracioso, en ese mundo definitivamente siempre tenía que enfrentarse a lo que no le gusta: La sopa de verduras en esta ocasión. Pero tenía tanta hambre que no importaba, de seguro lograría que le entraran al estómago, y al probarlas fue grande su sorpresa al descubrir que las verduras, aun cuando sabían a verduras, tenían un sabor delicioso en comparación a las verduras que ella había probado en su mundo.

Terminó su plato en silencio y soledad, el señor la había observado menos de un minuto y pensó que la chica se sentiría incomoda si se la pasaba ahí todo el tiempo sin decir ni hacer nada, sólo mirando, así que se retiró con su pupilo para dejarla comer en paz.

Después de terminar la sopa, sola en la mesa, con la vista fija en su plato vacío, Anaïs meditaba en todo y en nada, no sabía qué hacer, o qué pensar, qué decir y que no comentar.

"¡Ah veo que ha terminado señorita!" – decía el mayor regresando de una de las habitaciones.

"Así es, gracias. ¿Dónde puedo lavar mi plato?"

"No para nada, eres mi invitada – dijo el hombre retirando el plato-Colt toma llévalo a la cocina"

"Sí maestro"

"Y bien jovencita ¿puedo saber tu nombre?"

"¿Podría saber primero el suyo?"

"Oh claro, soy Enzo Cordia"

"Un placer"

"Ahora ¿Puedo saber el suyo?"

"A... – se detuvo a tiempo – A- Ah sí claro mi nombre, me llamo Melisa"

"¿Melisa? Es un... nombre poco común, extraño, pero bonito"

"Gracias. Bien me retiro, gracias por su hospitalidad"

"Pero ¿A dónde va?"

Anaïs se detuvo un momento, en verdad no tenía a dónde ir….El castillo…

"Señor ¿Sabe si el hechicero Gurú Clef sigue vivo?" - Anaïs no sabía cuánto tiempo había transcurrido en Céfiro, pues recordaba que el flujo del tiempo era muy diferente a como ocurría en la Tierra.

"¿Gurú Clef? ¿El gran maestro? Sí por supuesto señorita ¿le conoce?"

"¿En dónde se encuentra?"

"En el castillo de Céfiro, pero… ¿Es su alumna o conocida?"

"¿Está muy lejos el castillo?" – evadió de nuevo la pregunta.

"Sí bastante" – respondió Colt que volvía de la cocina.

"Vaya… ¿Pueden decirme como llegar ahí? Por favor…"

"Una caravana se dirige a la gran ciudad del norte, parten pasado mañana, podría unírseles si gusta" – dijo Colt.

"Gracias por la información pero, no tengo tiempo para esperar, ¿no hay otro medio?"

"Tendría que tomar rodantes a los pueblos vecinos, así llegaría hasta la ciudad si tiene el dinero para pagarlos, esa podría ser una solución para usted" –hablo finalmente el hombre mayor.

Anaïs sólo cerró los ojos con desaprobación, dinero... no había pensado en ese detalle, no podría pagarse nada en Céfiro "podría trabajar de pueblo en pueblo" pensó.

"¿Sabe si podría conseguir un trabajo por aquí?"

"¿Trabajo?" –el señor no comprendía

"Para pagar mi viaje" – aclaró la rubia.

"Lo siento señorita pero no sé de ninguna oferta de trabajo, me temo que estamos completos en este pueblo, si el dinero es el problema, espere un día más, puede unirse a la caravana, no le cobraran, yo puedo arreglar eso"

"Es muy amable, pero aun si me quedara a esperar, necesitaría dinero para pagar mi hospedaje, necesito trabajar"

"Si es por eso, le ofrezco quedarse en mi casa estos días"

"¿Con ustedes?"

"No se preocupe, soy el hechicero del pueblo no corre peligro conmigo, y este joven sabrá respetarla, es mi alumno Colt, aprendiz de chamán, sé que no es correcto proponerle eso a una joven respetable, pero todos me conocen y respetan, su reputación no se vería afectada se lo aseguro"

A Anaïs lo que menos le preocupaba era su reputación, ella sabía defenderse sola y ninguno de los dos tenía cara de pervertido, pero parecía ser que en Céfiro tenían lo que ella llamaría viejas costumbres. Pensó rápido, era una buena oferta y le convenía.

"Muy bien muchas gracias me quedaré, pero tendré que ayudar en algo, no aceptaré quedarme de a gratis"

Ambos hombres le miraron, luego una mirada entre ellos, los de Céfiro son muy hospitalarios, pero esta chica parecía tener mucha determinación, si no accedían a su petición seguro se iría, y sin dinero... Bueno no querían que tuviera dificultades así que aceptaron ellos también.

"Está bien jovencita, tengo la impresión de que si no accedo no te quedarás, así que de acuerdo. ¿Puedo preguntar algo?" –le dijo Enzo.

"Claro"

"¿Es usted extranjera?" – repitió la respuesta que quedó sin respuesta clara cuando la encontró en el campo.

"Así es"

"¿Puedo saber de dónde viene?"

"De… muy lejos"

El señor le miró, era obvio que no le sacaría una respuesta directa, la chica además era muy inteligente y sabía evadir preguntas, si ella no quería revelar más cosas no la obligaría, no parecía mala persona, a pesar de que su actitud hacía especular a cualquiera, él le daría hospedaje a la bella y esquiva chica.

"Está bien… - respondió con una sonrisa y cerrando sus ojos, la chica había ganado, se conformaba con esa respuesta. – Desde ahora es usted mi invitada, sígame por favor."

La guio a una habitación pequeña, sin embargo tan bien distribuida que la hacía parecer espaciosa, le indicó que esa sería su recamara. A pesar de que Anaïs quiso ayudar en algo, el hombre le dijo que le permitiría hacerlo desde mañana, hoy ella debía descansar, Anaïs se resignó, pues en verdad, sí necesitaba un descanso y más que nada, tiempo a solas para meditar la situación y sus posibilidades.

Después de instalarla, Enzo y Colt salieron a un compromiso. Colt le preguntó a su maestro si era seguro dejar a la desconocida sola en casa, pues aunque bella, era muy rara, y Enzo sólo le pidió que confiara en ella tal y como él lo hacía. Colt no tuvo más que objetar a su maestro y ambos continuaron su camino.