Capítulo 12: Se ha ido…

"...– Yo oigo voces en la cabeza y es a ti a quien le preocupa ser un bicho raro –se rió–. No te inquietes, es sólo una teoría… –su rostro se tensó–. Y eso nos trae de vuelta a ti..."

Edward, Crepúsculo-.

Luego de que Alice partiera de la casa, Bella fue a su habitación y se echó a llorar. Lloró como nunca antes lo había hecho, todo lo que estaba ocurriendo era increíble, parecía que el destino estaba jugando con ella. Nada de esto era justo, ni para ella, ni Edward ni tampoco para su bebé, que aún no había nacido.

En todo caso, necesitaba recomponerse y pensar las cosas con calma, aún debía decidir qué era lo que iba a hacer. Alice se había ido de la casa muy dolida y había dejado muy en claro su opinión acerca de no contarle a Edward sobre el embarazo. Pero esa tampoco era su intención, lo que Bella estaba tratando de hacer era que Edward no dejara de lado sus sueños por un hijo inesperado.

Desde luego que más adelante se lo contaría, pero primero tenía que lograr que aceptara el empleo en Londres; luego, cuando las cosas estuvieran bien, ella le diría que estaba embarazada y se iría con él a Londres. De lo contrario, si él se enteraba de su estado antes de tiempo, jamás se iría de su lado, aunque sea por un tiempo por el empleo. Las cosas no serían fáciles para nadie y mucho menos para ella. Ahora lo único que necesitaba era tener lista una explicación por lo cual dejar a Edward.

Si le decía las cosas tal cual estaban ocurriendo, él jamás se iría de Forks, pero tampoco aceptaría una ruptura simple y sosa para su relación. Edward era un hombre muy persistente y perspicaz, una mala jugada y él terminaría sabiendo toda la verdad. Necesitaba cortar con esto de una manera tajante, limpia y sin espacio para que él la convenciera de lo contrario.

Los minutos pasaron y Bella seguía buscando la manera de terminar su relación con Edward con el menor daño posible, aunque eso ya era imposible. Alejarse, de cualquier manera, de Edward suponía un dolor casi fatal para ella, pero seguir en una relación que perjudicaría el futuro de su gran amor, era lo más deshonesto que podía hacer. Al cabo de unas horas, Bella decidió la mejor manera de terminar con todo esto. Sólo tenía que esperar hasta la noche, específicamente, la hora en la que Edward llegaba a la casa, hecho que afortunadamente ocurriría en cuestión de dos horas.

Bella decidió matar el tiempo que le quedaba aseando la casa. Quince minutos después, todo estaba en orden. Cuando no se le ocurrió que más hacer decidió vestirse cómodamente ya que iría a la tienda de comestibles, haría una cena deliciosa para esa noche. Caminó absorta las tres calles que la separaban de su destino, una vez allí tomó todos los ingredientes que necesitaba. Todavía distraída pagó y volvió a su casa, cuando quiso darse cuenta estaba poniendo las patatas en el horno y condimentando los filetes. Vio la hora y se dijo que sería mejor asearse un poco, en treinta minutos Edward estaría allí.

Bella subió las escaleras hasta su habitación pensando en cómo sería la mejor forma de irse esa noche y en ese instante calló en cuenta que no tenía nada preparado para su partida. De manera apresurada buscó un bolso pequeño, metió unas camisetas y un jean, metió todo desordenado sin importarle como estaría la ropa luego. Se dio la vuelta y con una de sus manos tomo unos calcetines y con la otra algo de ropa interior, lo tiró hacia la cama y buscó algo de abrigo.

Luego de que metiera toda la ropa dentro del bolso, mientras peleaba para cerrarlo, caminó hacia su estantería, allí localizo su manoseado ejemplar de El mercader de Venecia. De entre medio de sus amarillentas hojas, sacó todo lo que le quedaba de sus ahorros, no eran más que unos cuantos dólares pero con eso sólo le bastaba para sobrevivir unos días fuera de Forks.

Una vez que tuvo todo listo, una maleta y un bolso pequeño en donde estaba el dinero y los documentos, salió de la casa. Miró hacia los lados, para no encontrarse con nadie y menos con Edward. Cuando estaba segura de que nadie la observaba abrió la puerta del copiloto de su Chevy y bajo el asiento, y con mucho esfuerzo, pudo meter la maleta y su bolso. Se aseguró de cerrar y que desde afuera no se viera nada y se metió rápidamente a la casa. Corrió al cuarto de baño y concienzudamente se ducho. No tardó más de unos minutos en salir de la ducha y en vestirse.

Bella volvió a hacer el camino hacia la cocina y le echó un vistazo a las patatas. Mientras se disponía a cocinar los filetes escuchó la puerta y junto con eso el ruido sordo de algo que se caía al piso, la mochila de Edward. Pudo visualizar en su mente cada paso de él: dejó las llaves a un lado de la puerta mientras que estiró su cuello y comenzó a olfatear como un animal para tratar de adivinar lo que cenarían esa noche. Comenzó a caminar con una sonrisa torcida en sus labios y entró a la cocina, Bella se giró para verlo y confirmar su sonrisa.

– Algo huele maravilloso –enredó sus brazos en torno a la cintura de Bella y pegó su nariz a la curva de su cuello–. Pero tú eres más apetecible que cualquier manjar. Te extrañé todo el día.

– Yo también te extrañé –contestó Bella con su ojos fuertemente cerrados, tratando de contener las lágrimas–. Deberías cambiarte, la cena estará en cinco minutos.

– Si capitán –Edward simuló un saludo militar. Bella lo miró con una sonrisa apagada–. Pero primero quiero lo que me corresponde.

Edward rozó tiernamente los labios de Bella, pero cuando ella abrió su boca ambos se olvidaron de la comida. Comenzaron una danza sensual entre sus lenguas, hasta que Bella cortó el beso repentinamente.

– La cena. Ya casi esta –dijo algo turbada.

Edward observó el rostro de su novia y tuvo el presentimiento de que algo no andaba bien, más no le dio importancia. Volvió a besar suavemente sus labios y antes de que ella pudiera siquiera corresponderle, Edward dio media vuelta y salió de la cocina.

Bella terminó la cena, puso la mesa y se sentó mientras esperaba por Edward. Cuando él apareció en la entrada de la cocina con sus jeans desgastados y una camiseta blanca pegada a su delicioso torso, y esos sexys pies descalzos, a Bella se le hizo agua la boca. Edward traía el pelo más desordenado de lo habitual y una toalla en su mano, con la que se venía secando el mismo. Se sentó en su lugar, frente a Bella, y la miró.

– ¿Cómo estuvo tu día? –la pregunta tomó por sorpresa dejándola algo turbada al contestar.

– Bien. Nada fuera de lo común –Mentirosa gritaba su conciencia– ¿Cómo ha ido el tuyo? –hizo caso omiso a su mente cuando preguntó.

– Nada fuera de lo común. Algunos accidentados, pero nada impresionante.

La cena continuó en silencio, un incómodo silencio. Edward podía sentir que algo no andaba bien, pero no quería presionar a Bella para que se lo contara. Cada tanto le dedicaba miradas fortuitas esperando encontrar alguna respuesta, una vez que terminaron y lavaron todo fueron a la habitación.

Bella entró seguida por Edward, ella le dio la espalda, no podía mirarlo a los ojos, sentía que estaba a punto de llorar. Y más aún cuando Edward se acercó por atrás y habló cerca de su oído.

– ¿Algo anda mal? Te noto muy tensa –Edward acarició con sus largos dedos los brazos de Bella mientras hablaba con una voz suave y seductora.

– Todo está perfecto –dijo titubeando –. Sólo quiero que me beses –dijo a la vez que se volteaba y enredaba sus dedos en el cabello de él.

Edward solo correspondió el beso de ella y encerró su cintura con sus brazos, mientras que Bella tironeó de sus cabellos, enredados en sus dedos, acercando más sus rostros. Momentos después no tardaron en terminar desnudos uno frente al otro.

– Eres hermosa. Jamás me cansaré de repetírtelo.

Edward la beso en los labios, para luego bajar hasta su mandíbula, seguir por su clavícula. Con una de sus manos acarició uno de sus pechos y con su boca beso el otro. Minutos después terminaron en la cama gimiendo en la boca del otro, para luego ambos culminar.

– Te amo, nunca lo olvides –algo en la expresión de Bella al pronunciar aquellas palabras le dijeron que quería decirle algo más a Edward.

– Lo sé, cariño, lo sé.

La noche transcurrió en calma y una vez que Bella pudo comprobar que Edward estaba profundamente dormido se levanto lentamente de la cama, recogió su ropa que estaba esparcida por toda la habitación. Una vez fuera se vistió rápidamente. Bajo las escaleras tratando de hacer el menor ruido posible, fue a la cocina y allí escribió una pequeña nota:

Edward:

Lamento tener que hacerlo de esta manera, pero las cosas no pueden continuar. Me he dado cuenta que nuestra relación no tiene futuro, nosotros no tenemos futuro.

Espero que puedas comprenderme, ya he tomado mi decisión. No te preocupes por mí, estaré en un lugar seguro. Tú sólo ve a Londres… es a dónde perteneces.

Bella.

Bella releyó su nota, se sintió miserable por hacer aquello. Sin duda Edward saldría muy lastimado y todo sería culpa de ella. Sacudió su cabeza y caminó hacia la puerta, lentamente la abrió y corrió hacia su Chevy, se sintió a salvo en el interior de su vehículo.

Por un momento temió que el ensordecedor sonido de su motor despertara a Edward, y sin esperar para comprobarlo aceleró. Después de dos horas de conducir se planteó la idea de regresar y decirle todo a Edward, pero se dijo que sería para peor.

Cuando estaba a punto de salir de Forks comenzó una disputa interna con su conciencia de hacia dónde ir, cómo la persona inteligente que era no había planeado previamente dónde seria su refugio. Ella sabía que el primer lugar al que probablemente Edward iría a buscarla sería Port Angels, ya que era un lugar alejado y con muchos hoteles en los cuales alejarse y cuando no la hallara allí iría a Seattle, con el mismo pensamiento en su mente. Era de conocimiento público que Forks no era el lugar ideal para esconderse de alguien que vive allí. Entonces, ¿cuál sería el mejor lugar para esconderse de él?

Estaba segura que Edward llamaría a Alice y Rose, y cuando ellas no supieran nada lo ayudarían a buscarla, pero el único lugar donde no la buscarían sería en el único lugar en el que nadie se escondería: La Push.

La pequeña reserva Quileute albergaba alrededor de doscientos habitantes y tenía un solo motel en el que nadie la iría a buscar. Bella dio vuelta en U y volvió su camino hacia la reserva, solo tendría que manejar unos cinco kilómetros ya estaría allí. Condujo nerviosa hasta que entro en la reserva, recién ahí pudo respirar tranquila de nuevo. Todavía en su automóvil dio vueltas por la reserva buscando el motel, y cuando por fin lo encontró estacionó frente a él, tratando de esconder su aparatosa camioneta lo mejor posible, se bajó. Con su maleta y bolso en las manos caminó hacia el interior del recinto.

Dentro la habitación estaba casi en silencio, a excepción del murmullo que se escuchaba de la estática de la TV encendida. Un mostrador separaba la habitación en la mitad, allí no se encontraba nadie, Bella estiró el cuello para ver si localizaba al dependiente. No lo hizo. Pero si distinguió una vieja campanilla en el mostrador, la golpeó y el ruido metálico de la campana resonó en toda la estancia.

Un hombre delgado, de aspecto desaliñado y con unas marcadas ojeras salió de la habitación de atrás. Su piel era de color oscura, al igual que su cabello, el cual lo llevaba recogido en una coleta baja. El hombre le dedicó una mirada de curiosidad y le habló:

– ¿Puedo ayudarla? –inquirió con verdadera curiosidad. La muchacha parada frente a él no tenía el aspecto habitual de sus inquilinos habituales.

– Quiero una habitación –Bella habló rápidamente. El joven frente a ella alzó ambas cejas cuando le respondió.

– ¿Para una o más personas? –Bella se sonrojó profundamente, se dio cuenta que quizás estuviera dando la impresión equivocada y de manera apresurada contestó.

– Para una sola.

El joven no dijo más, se dio la vuelta y tomó un juego de llaves. Bella lo miró y vio que el número 12 estaba impreso en el precario llavero. Ella miró al dependiente con duda. Antes de que ella hiciera la pregunta, él la contestó.

– Derecho por el corredor, doble a la izquierda y suba unas escaleras. Allí se encuentran las habitaciones del 10 al 20.

– Gracias.

Bella tomó su maleta del suelo y siguió la dirección que el muchacho le había indicado. Cuando localizó su habitación caminó con más entusiasmo que antes, no se había dado cuenta del cansancio que llevaba su cuerpo y cuánto deseaba llegar a su habitación. Una vez adentro dejó su maleta a un lado de la puerta y encendió la luz.

La habitación era bastante deprimente, sólo había una pequeña cama, una mesa y una silla. En una de las paredes había una puerta, que Bella suponía debía ser el baño. Las paredes estaban pintadas de un insípido color crema, y el piso estaba forrado con una moqueta vieja con olor a tabaco.

Bella no pudo sentirse aún más miserable dentro de esa habitación, aunque por un lado se sentía identificada con ella, de hecho sentía que la representaba. Caminó hacia la cama y se sentó en ella, tuvo que darle algo de crédito a la habitación, la cama era bastante mullida.

Repentinamente imágenes de Edward desesperado buscándola aparecieron en su mente. Las lágrimas comenzaron a recorrer sus mejillas. Se dijo que todo esto era por el bien de todos. Pensar en Edward le daba algo de fuerza, aunque en ese momento lo que necesitaba era tirar todo por la borda y llorar. La horripilante sensación de que estaba haciendo las cosas mal la abordo y la abatió, recostándose en la cama comenzó a llorar.

Un molesto ruido la sacó de su profundo sueño, se dio cuenta de que se había quedado dormida porque se sentía desorientada. Recorrió la habitación con la mirada y recordó las últimas horas. El molesto ruido volvió a sacarla de sus pensamientos. Se acercó a la mesa, donde se encontraba su bolso y dentro su móvil. Lo tomó con manos temblorosas y vio el número que la llamaba, era Edward.

Hola a todos Soy consciente de que merezco el odio de todo aquel que haya leído la historia, esta vez me he pasado con el tiempo de actualización. Pero les juro por lo que más quieran que tuve una serie de episodio que conspiraron en contra para que pudiera actualizar.

Ahora bien, sé que hay muchos a los cuales no les gusta leer las notas de los autores, así que no seré muy pesada.

Lo único que les pido (y esto es como un favor) es que por favor me puedan dejar rw con críticas constructivas, aparte de los que ya me dejan siempre.

¿Por qué les pido esto? Es que no tengo una betta, y con lo único que me guío son con sus hermosas palabras y mi intuición.

Igualmente las cosas no van a quedar así, podríamos llegar a hacer un trato… Yo ya tengo algunos capis escritos en mi netbook, podríamos hacer:

Más rw = Más pronto un capítulo nuevo.

¿Qué les parece?

Sin embargo, no tienen por qué preocuparse, en una semana aproximadamente actualizare nuevamente, pero es de suma importancia para mi sus rw, ¿sí?

En fin muchas gracias a todos los que leen y a quienes me apoyan con esas lindas palabras que tan feliz me hacen.

Por último quiero agradecer a Canada02, Lonefull beats, Carla, Bonxi, EddieIlove, Marta, y a todos quienes me leen y aún no se animan a dejarme un mensajito.

Hasta la próxima, Only Love.