Los nombres de los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, pero la historia me pertenece.


Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que algún día,

cada uno pueda encontrar la suya.

El principito - Antoine de Saint-Exupéry.


Conociéndote.

- No pienses que voy a proponerte matrimonio, sería un idiota si lo hiciera, pero hay algo que si quiero que sepas; te amo, y quiero comprometerme en eso contigo, debes estar segura de que te querré siempre, sin importar las circunstancias.

Su atrevimiento no hizo más que quitarme el habla, estaba congelada como una estúpida, sin dar crédito a lo que sucedía, y él, al ver que no me movería, abrió el estuche con cautela.

Solté un leve dejo de sorpresa al ver las palabras platinadas: TIFFANY&Co. Cerré los ojos unos segundos implorando que esto no fuera real, pero en vez de eso la imagen del objeto no hizo más que darle claridad al momento; el anillo demandaba mi completa visión; en oro blanco macizo, con una estrella pequeña y sencilla en el centro hecha con el mismo mineral, no pude evitar el sonreír: era perfecto.

Demasiado sencillo, nada grande y aparatoso.

En un acto reflejo cargado de apreciación, mi mano izquierda se acercó a la sortija, y Edward, al ver mi disposición no perdió el tiempo; la tomó entre sus dedos con firmeza, y la situó en mi dedo anular, encajó de inmediato, lo cual no esperaba…

- ¿Cómo supiste cuál era mi medida?

Le pregunté aún sin poder creerlo.

Se puso de pie en un solo movimiento y me regaló una de mis sonrisas preferidas.

- Creo que no te has dado cuenta, pero tomo tus manos con frecuencia.

Me contestó, cómo si eso respondiera mi pregunta.

- No entiendo.

Negué con la cabeza, cerrando y abriendo la mano, acostumbrándome a su nuevo huésped.

- Un día te explicaré.

Tomé aire profundamente.

- Levántate.

Me pidió.

Tardé un poco en hacerlo, pues las piernas no me respondían, pero cuando lo logré, su pecho se hallaba frente a mí; aproximó su rostro al mío, iba a besarme, pero se arrepintió.

- Dímelo.

Me ordenó.

Inhale su aroma y nuevamente perdí la conciencia.

- Umm…

Atiné a decir.

Sus manos se deslizaron por mis costados, ardientes, hasta situarse en mis caderas, pegándome a su cuerpo.

- Di que lo aceptas, que quieres comprometerte como yo lo he hecho, di que quieres ser sólo mía.

Rogó, con la mirada perdida, con los ojos sombríos perdidos en el deseo.

Tragué saliva.

- Acepto.

Mi voz sonó clara y sin titubeos.

No pudo aguantar más e hizo lo inevitable, junto sus labios a los míos, robándome el aire, haciéndome abrirle el paso a su lengua juguetona y experta.

Posesioné las palmas en sus hombros y empujé con toda la fuerza que me quedaba.

- No me dejabas respirar.

Le dije con voz apagada.

- Tú nunca me dejas respirar.

Atajó.

Era de palabras rápidas y silenciadoras. ¿Quién lo diría?

- ¿Y bien? ¿Quieres dormir?

Quiso saber.

Negué.

- Quiero que hablemos, esto me ha hecho pensar que no te conozco lo suficiente, háblame de ti.

Susurré, tras aclararme la garganta.

La corbata de Edward aún se encontraba en el sofá, así que la coloqué en la mesita de enfrente y me acomodé para poder escucharle con atención. Él me imitó, sentándose a mi lado, guardando un poco de distancia.

Se disponía hablar, pero lo impedí.

- Espera, deja encender el televisor.

Su rostro se descompuso en una mueca graciosa de incredulidad.

- Mis padres hacían esto cuando hablaban de algo importante.

Le informé, me apoderé del alargado control remoto y baje casi el volumen completo.

Asentí, haciéndole saber que ya podía empezar.

- No sé muy bien que decir, las personas siempre saben quién soy y a lo que me dedico.

Contestó sincero.

Reí. - ¿Podrías empezar diciéndome que tipo de películas te gustan?

Pregunté, más bien sonando obvia.

- No miro películas.

Desvió la mirada. (Pregunta difícil)

- ¿Libro preferido? ¿Autor?

Suspiré con exageración. Tardaba en responder.

- No puedo elegir un autor, pero indudablemente mi libro preferido es El principito. ¿Qué me dices de ti?

Se llevó la mano derecha al mentón, indicando un ligero coqueteo seductor.

¿El principito? ¿Era broma? No, parecía que no. ¿Por qué sería?

- ¿Por qué El principito?

Bufó por debajo, cómo una queja por haber ignorado sus preguntas – Con el tiempo sabrás porque.

Odiaba ése tipo de respuestas.

- Tienes muchos misterios – le dije a modo de descontento – pero está bien, lo dejaré pasar por ahora. Mi libro preferido es Orgullo y Prejuicio, pero en autor… Me sucede lo mismo que a ti, no puedo elegir alguno.

Pasó la lengua por sus labios con rapidez, humedeciéndolos.

Enarcó una ceja y dijo:

- ¡Así que eres una chica Austen!

Murmuró apretando los dientes, intentando ocultar la risa.

- ¿Es gracioso?

Le interrogué.

- En absoluto, aparte de romántica, distraída, y guapa, eres inteligente.

Contestó, mirándome con fascinación.

- ¿Color? ¿Actividad? ¿Comida?

Le ataqué con preguntas, ocultando (en vano) mi sonrojo.

- Color: negro. Actividad: cuando tengo tiempo, disfruto de caminar. Y… Comida, ésa es complicada.

Meditó por un instante.

- Creo que varios platillos mexicanos están en mi lista, pero también disfruto de la comida Italiana.

Respondió al fin. - ¿Y tú?

Hice un puchero, después de haber conocido a Alice no había tenido que contestar a ésas preguntas de nuevo.

- El negro también es mi favorito, en actividad… Cocinar y leer; ambas.

Solté el aire, y llevé mis manos hasta mi cabello, exasperada.

- Comida, no lo sé. Creo que como un poco de todo, prefiero los postres.

Admití.

- Lo sé.

Murmuró jovial.

Apreté los labios sin saber a qué se refería.

- Tus ojos se iluminaron cuando mi madre dijo que el postre sería Selva Negra.

¡¿Lo recordaba?! ¡Sí! Lo recordaba. La primera cena que compartimos nunca la olvidaría.

Sentí el impulso de besarle y lo hice; un beso fugaz directo a su mejilla.

Abrió los ojos de par en par.

- Edward, ¿puedo preguntar algo… más personal?

Su quijada se endureció.

- Adelante.

Me animó.

- ¿Todavía quieres a Rosalie?

No estaba lista para una respuesta afirmativa, pero debía saberlo. Preparé estómago y corazón para lo peor.

La calma abandonó su rostro, estiró su mano hasta tomar la mía, y la sostuve con fuerza.

- Antes de que me mirarás, si, la quería. Pero acabaste con lo único que quedaba. Tus ojos oscuros, tu piel morena clara, tu cabello castaño, casi negro… Eras tan diferente a ella en todas las formas que… Quedé atrapado.

Lo observé mientras decía cada palabra, asegurándome de que fuera real todo lo que decía, y no mi imaginación.

- Ella me engaño, hace dos años exactamente, pero era de esperarse… Cuando nos casamos éramos demasiado jóvenes, ambos teníamos veintidós y estábamos enamorados. Tuve que esforzarme para ser lo que soy ahora. Estudié para hacerme de una profesión; después, cuando lo logré, dejé que mi padre me mostrará el manejo del negocio, lo aprendí fácilmente y me adentré en ello, no tenía tiempo para nada que no fuera el trabajo, y cuando llegó Carlie, la presión aumentó, quería que las dos estuvieran orgullosas de mí…

Se le quebró la voz.

- No dejaría que nadie dijera que había tomado la decisión equivocada al contraer matrimonio, pero Rosalie no pudo esperar… era cuestión de tiempo que pudiera hacerme cargo del Resort en Inglaterra. - Gruñó - Te ahorro los detalles repulsivos, sólo, un día lo supe. Ya lo sospechaba, pero la amaba como un tonto y no podía admitirlo, hasta que fue tan evidente que no pude negarlo; la perdone, porque me casé con ella para siempre, sin darme cuenta de que ella acabo con ése juramento.

No esperaba que me lo contara con tantos detalles.

Apreté su mano una vez, para consolarle.

- Ahora estoy seguro de que ya no siento nada por ella, únicamente el aprecio y agradecimiento por ser madre de mi hija.

Nos quedamos en silencio, con la confesión flotando sobre nuestras cabezas. ¿Quién se atrevería a decir que Edward era un mal hombre por estar conmigo?

Tal vez estaba equivocada al pensar así, pero eso no podía ser. Él no era malo, ni yo lo era… Más sin en cambio la situación sí que lo era: una total infamia.

- No pienso esconder esto por mucho tiempo, sólo el necesario. Pienso pedirle el divorcio.

Me giré bruscamente tras escuchar sus palabras.

- ¿Y Carlie?

Yo adoro a mi hija, y también es por ella que lo hago. Dudo que sea feliz viendo a su madre y a su padre ignorarse eternamente.

Refutó, estaba decidido.

- Es exorbitante, todo esto…

Le dije.

- Con el tiempo, no tendremos que escondernos más.

Susurró con anhelo en la voz.

- No hablemos de esto ahora, dejemos que el tiempo pase.

- Si, basta de preguntas por hoy, creo que ya sabes lo elemental. Vamos a dormir.

Sonreí.

Tomados de la mano caminamos hasta la habitación, y cuando estuvimos en ella dejamos nuestra conversación atrás.

Nos colocamos la ropa de dormir sin agregar un solo comentario, y luego, nos metimos a la cama. Me acurruqué a su lado, y sin pensar en nada más comencé a soñar…

- Chhsstt, Bella…

Me llamaba.

- Mmm – me quejé.

- No me dijiste si te gusta mirar películas...

- Mañana.

Dije en un murmullo, hundiendo el rostro en su pecho.

OoOoOoOoOo


Habíamos decidido acudir a un restaurante en el centro de la ciudad, si, era peligroso y llamativo, pero Edward había insistido. Al llegar al lugar, el mesero nos guió hasta un privado en el segundo piso.

¡Wow! Realmente era íntimo, tres muros en color beige nos envolvían.

Tomé asiento intentando no dañar el inmobiliario. ¡Vaya lujo!

- Espero que te guste la comida.

Dijo.

Cómo ya era costumbre, le permití que ordenara por mí.

- ¿Por qué siempre dejas que elija la comida?

Preguntó con un dejo de molestia en la voz.

Me encogí de hombros.

- No conozco los platillos, y tu sí.

Sonrió.

- Ya aprenderás.

Le devolví la sonrisa.

- Señor Cullen.

El mesero que nos había guiado hasta aquí, reclamó la atención de Edward.

- Si, dígame.

Dijo con voz autoritaria.

- La señorita Alice Cullen se encuentra aquí, lamento no haberle avisado antes, pero no lo sabía.

Mi corazón salió disparado hasta chocar contra mi pecho, estaba conmocionada.

- Gracias.

Tras pronunciar aquellas palabras, el hombre, ahora con rostro pálido, se marchó.

- Tranquila Bella, hablaré con el gerente.

¿Gerente? ¿Qué diablos? ¿Acaso planeaba que echaran a Alice de aquí?

- Sólo quiero pedirle que nos permita salir por la puerta de emergencia.

Dijo para tranquilizarme.

Asentí, desviando mi atención hacía las copas de cristal que había en la mesa; cuando la escuché: la risa de Alice... estaba saliendo del privado de junto, con alguien más que no alcancé a distinguir…

Sentía la boca seca.

¿Habrá visto a Edward? ¡No, no podía ser!

¡Mierda!

Ella me miró, yo la miré, y no tardó en aproximarse.

Sus ojos me decían que algo sospechaba.

- ¿Qué haces aquí Bella?

La mirada inquisitiva de Alice me estaba matando.

- Esperaba a mi tía pero creo que no vendrá.

Contesté con toda naturalidad, esperando que me creyera.

Frunció el ceño.

- ¿Sí? Me pareció ver a Edward, pero… - lo meditó un poco, y al parecerle imposible, continuó – Alucinaciones mías. Ven, vamos, Jasper vino conmigo.

Dijo emocionada, olvidándose de lo demás, y yo respiré aliviada.

Tecleé con rapidez un mensaje de texto.

"Tenían razón, Alice está aquí, me pidió que fuera con ella"

Enseguida recibí respuesta.

"Ve, pero no tardes. Te espero en casa. Cuídate por favor"

Suspiré y seguí a mi amiga, que minutos atrás, había estado a punto de descubrirnos…

Caminé junto a ella hasta llegar a la salida, pero una chica, que parecía ser la anfitriona, nos interceptó.

- ¿Señorita Swan?

- Si.

- Esto es para usted.

Dijo, entregándome una nota de papel doblada por la mitad. Me alejé de Alice y Jasper, quiénes esperaban que llegara el auto.

Creí que encontraría algún mensaje de Edward, pero no fue así. Cómo en todas las novelas de romance, mi villano acababa de aparecer.

"Voy a destruirte.

C."


HOLA!

Les traje un capítulo! Siii! En Miércoles!

Gracias a todas las que dejan sus Reviews, y a todas mis lectoras silenciosas, las quiero mucho a todas! Igualmente a las que escriben por Facebook!

Uuuu chicas! ¿Quien será C? Bella la pasará muy mal por su causa!

Nos vemos el sábado con otro capítulo.

Besos.

Anabelle.