Oh, perdón por dejarlo botado, bueno, quizás después de este actualice por última vez "Padrino mágico" me dolerá dejarlo, pero en fin, enfoquémonos en esta historia, en Arthur y su Secu :3

Esto era desesperado, esto era loco, esto era como el amor…

Así se sintió Arthur en esos momentos, sumamente confuso y desorientado, a penas respondía, los pies perdían la fuerza necesaria y sintió uno de los brazos del americano rodearle con delicadeza, se sonrojó, pero su pecho seguía andando agitadamente, miró con horror como los policías se acercaban, no eran muchos, pero eran los suficientes para acabar con Secu, para alejarlo de él… y no quería, se aferró a sus ropas, el americano sólo sonrió con ternura mientras sus ojos depredadores se posaban frente a los oficiales.

Tomó al chico e hizo algo estúpido y osado, corrió justamente por donde ellos venían. Sujetó a Arthur con fuerza, el chico apretó los ojos, los abrió cuando sintió su cuerpo bajar, casi tocando el suelo, luego, con el impulso necesario y como si el inglés no pesara nada Secu dio una patada más desde abajo justo a la mandíbula del siguiente guardia. El inglés sintió la coqueta y tímida sonrisa del norteamericano nuevamente cerca de su rostro.

–Sonreíste Arthur… ¿quieres que lo logre, no? –

–N-No es así… es-estúpido, sólo no quería caerme…–

El inglés apretó su rostro al pecho de Secu cuando sintió que se elevaba del suelo nuevamente, era un estúpido que lo hacía ver a él como… un… bobo... aún más grande, alguien secuestrado… que quería permanecer un tiempo más así, sí, se sentía loco, el amor era loco… o lo que fuera que sintiera sobre su captor. Odiaba ese sentimiento, odiaba que Secu no sólo lo hubiera secuestrado a él... también se llevó su corazón.

El americano le dijo que se aferrara aún más, lo hizo subir a su espalda incluso, para que finalmente tuviera que sujetar con fuerza el cuello de Secu y rodear su espalda con las piernas. El norteamericano entonces empezó a escalar el muro contrario de donde venían los oficiales, lo hizo rápidamente, el inglés abría los ojos impresionado de las destrezas físicas del chico de la cancha. Habían atravesado el muro. Arthur escuchaba todo...

Todo, realmente todo, como los policías obligaban a Secu a detenerse entre gritos, que estaba infringiendo la ley, que era un fugitivo y una escoria de la humanidad, pero ni todos los gritos alzados pudieron hacer que lo soltara cuando el mayor empezó a correr lleno de callejones para perderlos, pasaron treinta minutos más corriendo después de no escuchar sus voces, Secu se dejó caer en la maltratada muralla llena de grafitis desordenados cuando dieron aquel prolongado descanso en un callejón sin salida, estaba exhausto, en cuanto al pequeño... no hubo día en que Kirkland no se sintiera más fuera de lugar.

Porque sabía que no debía estar allí, pero eligió estarlo, ya no lo podía negar, el americano trató de recobrar el aliento, tomó un pequeño celular desde el bolsillo de su ancho chaleco mientras no dejaba de observar al pequeño quien se acercaba con cautela, sentándose a su lado, sí, ahora sí que se sentía un completo estúpido.

–Hola heroína...–suspiró el americano al ver que al fin contestaba.

El inglés alzó la vista escuchando como una voz femenina que no alcanzaba a distinguir hablaba con Secu, infló un poco sus mejillas ¿no era su novia verdad? ¡era imposible que ese gordo tuviera novia, de seguro que la única mujer que lo llama es su mom! el menor se sentía más curioso que nunca, no es como si le importara con quien estaba hablando.

–No sucedió nada grave heroína, sí, tengo que decirte así, estamos en clave...sí, sí, cejas está conmigo.–

–¡Que no soy cejas imbécil!–el niño pataleó, el americano sujetó a Kirkland por la cadera, estrechándolo contra su cuerpo. Lo hizo callar con aquel ligero gesto.

El anglosajón casi da un jadeo del nervio que le producía el tacto, más cuando Secu apretó su cadera, estaba muy cerca, muuuy cerca.

–Está aquí, al lado mío... no, ya no está gritando...–sonrió triunfante el norteamericano, el inglés le dio un codazo en las costillas.

Secu se quejó molesto, ese era un punto para Arthur.

–Sí, me encontraron... ¿qué debería hacer?–la risa salió opaca y extrañó al menor, era raro ver al americano sin confiar plenamente en lo que hará, con nula disposición.

–¿Qué?–gruñó con fiereza al teléfono. –¿Estás loca? ¿cómo quieres que te arriesgue así?–repetía una y otra vez.

Estaban discutiendo, durante mucho tiempo lo estuvieron haciendo, parecía que ninguno de los dos cedía, el inglés no podía distraerse de la conversación, porque Secu apretaba un poco más el abrazo cuando se molestaba, dio gracias a dios que estaba muy ocupado en la conversación, no quería que ese idiota lo viera así... tan sonrojado y confundido... Arthur se retorció en culpa, es como si le hubiera dado la espalda a su familia.

–Está bien, lo haré, asegúrate de salir sin que nadie te vea, en serio, cuídate... deja llaves debajo de la planta... adiós, yo también te amo...–

Y el corazón de Arthur pareció petrificarse cuando se cortaron, abrió los ojos, casi tembló cuando Secu volvió a tomarlo, esta vez recargado como una damisela, agachó la cabeza... y todo empezó a doler.

–Su... ¿sucede algo, Artie...?–

–Nada i-idiot, nada. –

El chico apretó más la cabeza hacia su cuello, en una posición incomoda, sólo para que él no le viera su rostro. No quería saber nada más de aquello, de todo esto... de Secu rompiendo su corazón, de él enamorándolo aún más, de la novia que parecía sí existir... que estar enamorado de él era lo más irreal que pudo soñar. Que esto se acabará... que ya no tiene que tratar de postergar el adiós inútilmente. Duele... todo aquello duele. El americano dobló unas calles más, en un pasaje rústico había una casa de reja corta que Secu supo muy bien como abrirla, luego, la puerta de la casa la abrió con una llave debajo del macetero. El mayor lo elevó nuevamente entre los aires, el inglés dio un respingo viendo la delicada casa.

–Bienvenido Arthur, este será nuestro nuevo hogar...–

Y otra vez Kirkland no pudo evitar sonreír y sentirse el niño más afortunado del mundo al escuchar esa palabra "nuestro" sí, "nuestro hogar" porque si todo eso era una mentira que dolería demasiado descubrir... bueno, es la más hermosa , dulce y confusa que ha pasado y vivido.

En tanto, la casa de los Kirkland era invadida por la policía, la madre del pequeño Arthur corrió gritando si habían hallado a su hijo, nada. Scott estaba en el living aspirando con fuerza un cigarro, enfurecido, destrozado, todo eso era su culpa... y no podía hacer nada, se mordió los labios desgarrándoselos, incrustó su mirada al suelo. También miraba sus manos que temblaban de pura ansiedad y culpa, culpa... él la tiene.

–No se preocupe señora... hacemos lo que se puede...–

–¡Son unos mentirosos, traigan a mi hijo de vuelta! ¡por favor, es mi vida, nuestro pequeño! –la mujer chillaba histérica, lágrimas gruesas surcaban sus mejillas.

Scott llevó sus manos a la cabeza, ya no soportaba los gritos, lo hacían enloquecer, perdería el control a este ritmo, mataría a alguien, cuando escucha esas palabras.

–Fue visto con un chico rubio... enmascarado, cerca de los edificios "Storr"...–

Los ojos del escocés se abrieron casi destrozando sus párpados, el edificio... ese edificio... arrendaban... ellos arrendaban, los Jones... él iba para allá a conversar con él, así que... ese día en el bar no fue un sueño, no lo fue... ese niño tan familia era... ¿su hermano? se mordió los labios, se lavando de la mesa de manera bestial y empujó la mesita de cristal, desparramando los cuadros. Alfred... Alfred, maldita sea, él lo había hecho, de todos... tenía que ser su puto amigo, Alfred F. Jones, se destrozó los labios de tanta presión que ejerció en su labio inferior.

Sabía como encontrarlo... podría traer a su hermano de vuelta... lo haría, no importaba si tuviera que sacrificar a uno de sus pocos amigos en el proceso, realmente no importaba.

N.A: Y hasta allí se los dejo, recuerden que Alfred y Scott sí se conocen, empezará a salir más el escocés... en fin, lo dejo hasta aquí, espero que les guste :D