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La magia de tu ser.
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Disclaimer: Los personajes de esta historia son propiedad de Stephenie Meyer y probablemente alguien más. El resto pertenecen a J. K. Rowling. El título del fic está inspirado en mi libro favorito de Johanna Lindsay, que tiene este mismo nombre. Esto es puro entretenimiento y no me reporta beneficio económico alguno.
Sumario:Harry ha tenido suficiente del Mundo Mágico. Después de pedir un favor, logra trasladarse a una pequeña oficina de Aurores en Port Ángeles, USA. Con veintitrés años, un hijo de cinco y su ahijado de siete, Harry cree que tendrá la vida pacífica que tanto esperaba. Sin embargo, un Quileute llamado Sam Uley demostrará lo contrario.
**Twilight x Harry Potter**
Parejas: Sam Uley/Harry Potter. Jacob Black/Edward Cullen. No sé si voy a mantener a los vampiros Cullen juntos, sépanlo. Más para el futuro.
Advertencias: MPreg. OOC. Universo Alternativo. Spoilers de los 7 libros de Harry Potter, pero no tengo en cuenta el epílogo. Probablemente spoilers de los 3 primeros libros de la Saga de Twilight, por ahora. Harry como uke.
Aclaraciones de lectura:
-Letra normal: dialogo, relato.
-Letra en cursiva: pensamientos de los personajes.
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Capítulo 11: Sorpresas.
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Harry pestañeó somnoliento y después abrió los ojos. Miró mareado hacia sus alrededores y notó que estaba en su habitación, recostado en su cama. Un movimiento a su derecha lo advirtió que no estaba solo, así que giró la cabeza y sonrió suavemente al ver a Sam. Su amante le devolvió la sonrisa.
—Ey, ojos verdes —saludó, dándole un beso en los labios—. Me asustaste allí afuera, ¿sabes?
—Yo…—frunció el ceño—, ¿me desmayé, cierto? ¿Hace cuánto tiempo? –Se incorporó en la cama, mirando aterrado al hombre lobo. — ¿Qué hay de los niños?
—Sí, te desmayaste, estás en esta cama desde hace aproximadamente dos horas y los niños están bien. –Usó una mano para recostarlo en la cama. –De hecho, fue Tommy el que me tranquilizó cuando no supe qué hacer después de que te desmayaste, él usó la chimenea para llamar a esa amiga tuya de la que me hablaste, Hermione.
— ¿Mione? ¿Ella está aquí?
—Sí, está abajo, hablando a mil por hora con los vampiros. Al parecer, nunca conoció a unos "vegetarianos" antes.
—Típico de ella –sonrió suavemente.
— ¡Oh, Harry! –Su amiga muy embarazada apareció en el umbral de su puerta y prácticamente se tiró a sus brazos. —¡Casi tengo a mi niña cuando Thomas me dijo que estabas inconsciente! ¡Y encima estaba sola en casa! Es de madrugada en Londres y Ron está en el trabajo, aunque la lechuza que le mandé ya le habrá avisado que vine.
—Wow, Hermione. Desacelera un poco, estoy bien, sólo fue un desmayo.
—Los desmayos ocurren por algo, Harry. –Su amiga le dio una mirada seria. –Y si me baso en lo que novio, el señor Uley me dijo, creo que ni hace falta que llamemos a Madame Pomfrey.
— ¿Eh? ¿Qué quieres decir con eso?
Hubo unos golpes a la puerta y la cabeza de Ron apareció en ella.
—Ey, recién ahora pude salir de la tienda –sonrió y se acercó a darle una palmada a su amigo en el hombro—. ¿Ni siquiera cuando te vas a otro país los problemas dejan de seguirte, eh compañero?
Harry hizo un puchero.
—Eso parece –gruñó.
Sam carraspeó, sentía como que se habían olvidado de él.
—Oh —dijo Ron, pestañeando al verlo—. Ron Weasley, un placer.
—Sam Uley, el placer es mío.
Estrecharon sus manos.
—Merlín, Harry. Te gustan altos y musculosos, ¿eh? –bromeó, al ver el tamaño de Sam.
Las mejillas del mago se tiñeron de rojo, mientras fulminaba a su mejor amigo con la mirada.
— ¡Ron! ¡No seas descortés! ¡Harry está en un estado delicado! –reprendió su esposa.
— ¿Uh? —Sus cejas pelirrojas se levantaron—. ¿Tú sabes lo que tiene?
—Um, bien. —Se quitó un mechón de pelo que la molestaba. –Sam me ha dicho lo del ataque del vampiro, pero Harry no usó mucha magia en ello, así que no puede ser agotamiento mágico. —Le dio a su amigo una mirada evaluativa. –Dime, Harry, ¿has estado con mucho sueño últimamente, con ganas de comer mucho y cosas raras o con algo de náuseas?
—Um, creo que tengo más sueño de lo normal, pero eso es porque todavía no me acostumbro al cambio de hora y bien… ayer como que tuve ganas de comer frutillas con mostaza. Y tal vez tenga algo de náuseas, pero se me pasan enseguida. ¿Por qué?
Hermione suspiró exasperada, mientras los ojos de Ron se abrían como platos.
— ¿Y no recuerdas la última vez que te sentiste de esta manera? ¿Más o menos hace cinco años?
— ¿Cinco años? –masculló para sí, frunciendo el ceño—. Recuerdo que me sentí así antes de que me dijeran que Tom crecía dentro de mí, pero no creo que el hacer un cuerpo para una segunda alma que tenía dentro de mí tenga que ver con los síntomas que tengo ahora.
—En serio, compañero –resopló Ron—. No puedes ser tan ignorante.
— ¿Disculpa? –se erizó.
— ¡Harry! ¡¿Cuántos años llevas viviendo en el Mundo Mágico?! ¡No puede ser que seas ignorante de estas cosas! ¡Sobre todo cuando ya pasaste por ello una vez! –chilló la bruja.
— ¡Pues explícamelo! –exclamó exasperado.
— ¿Ustedes dicen… ustedes creen que Harry… —la voz de Sam se fue haciendo más pequeña –creen que él está embarazado?
Sam no entendía nada. ¿Qué Tommy creció dentro de él? ¿Qué Harry tenía síntomas de una mujer embarazada? Harry miró a su amante como si estuviera loco.
— ¡Eso es imposible! ¡Los hombres no pueden embarazarse! –rió nervioso.
—Pues allá abajo hay un niño que demuestra lo contrario –masculló Ron.
— ¡Pero ese fue un caso especial!
—Que los magos se embaracen no tienen nada de especial, Harry –suspiró su amiga—. ¿Por qué crees que Ginny reaccionó tan mal cuando se enteró? ¿Qué hasta te acusó de acostarte con Ron?
Ambos amigos enrojecieron al recordar eso, y se asustaron al escuchar un gruñido a su derecha. Harry saltó y miró a Sam, quien estaba fulminando con la mirada al pelirrojo. El mago agarró una de sus manos gigantes y lo acarició con el pulgar, dándole tranquilidad.
—Fue sólo una acusación –susurró antes de sonreírle, luego se dio vuelta para mirar a su amiga—. Creí que ella dijo eso sólo porque estaba trastornada, nunca pensé que…
—Es común entre los magos homosexuales que tiene gran cantidad de magia o sangres puras, Harry. Si bien tú eres un mitad sangre, cumples el requisito de ser un gran mago. Así pues, no tiene que ser una sorpresa.
Aquello terminó por hacer que Harry cayera en la realidad de lo que podía estarle pasando. Tensó un poco su cuerpo y miró su estómago, de a poco, casi con miedo, puso su mano libre en su vientre. ¿Podría ser? ¿Un bebé suyo y de Sam estaba creciendo en su interior?
— ¿Cómo puedo confirmarlo? –susurró, apretando su agarre en la mano de Sam.
—Con un hechizo de un medimago o una poción. Creo que puedes pedir la poción por correo, pero creo que sería mejor que consultaras con un medimago, porque si tengo la razón, vas a necesitar alguien que siga tu embarazo.
—No confío en nadie más que la señora Pomfrey –mordió su labio inferior. Sam gruñó. —¿Qué?
—El líder de los vampiros es doctor –masculló pareciendo renuente de decirlo—. No deseo ninguna sanguijuela cerca de mi imprimado y cachorro, si es que en verdad estás embarazado, pero si vas a necesitar atención, creo que él es el único al que podemos recurrir en este caso en particular.
— ¿Cuándo dices sanguijuela te refieres a un vampiro? –inquirió Ron.
—Sí, Ron. Es un vampiro y doctor, ¿puedes creerlo? –preguntó su esposa, emocionada.
— ¿Y qué era un doctor?
Hermione suspiró, mientras Harry rió.
— ¡Ron! ¡Un doctor es lo mismo que un medimago para Muggles!
— ¿Qué…? ¿Pero cómo puede ser? –preguntó con incredulidad.
—Es por su férreo control, pero también por su gran poder de compasión –respondió Harry—. Por eso que dejo que los niños los visiten de seguido, porque casi todos sus "hijos" tienen un muy buen control también.
Sam refunfuñó algo ininteligible, pero Harry igual le dio una mirada de advertencia.
—Bueno, entonces creo que debes pedir esa poción, Harry –dijo Hermione—. Y como no creo estar equivocada, enhorabuena –sonrió y dio a su amigo un breve abrazo.
—Sí, compañero –Ron palmeó su hombro. –Creo que si mis cálculos no son erráticos, tu hijo va a ir a primer año con nuestra Rose a Hogwarts.
—Y tu sobrino –le recordó Hermione.
Esta vez fue el pelirrojo quien refunfuñó algo que sonó como "maldito hurón" y recibió una mirada de amonestación de su esposa.
— ¿Sobrino? –repitió Harry.
— ¿Te acuerdas que cuando te fuiste nos enteramos de Charlie y Malfoy?
Los ojos verdes de Potter se abrieron como platos.
—No me digas –susurró—. ¿Malfoy?
—Eso parece –gruñó Ron.
—Vaya.
—Ajá.
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Una semana más tarde, Harry Potter ya sabía que era el orgulloso padre de un feto de quince semanas, ¡quince! y Carlisle Cullen aceptó con mucho agrado y emoción el ser su doctor. Para él esto era novedoso e interesante, si bien nunca había tratado un caso igual antes, no quería dejar pasar la oportunidad. Además, Hermione Weasley prometió mandarle todos los libros de embarazo masculino mágico que ella pudiera conseguir en el Reino Unido.
Por supuesto, para este entonces, Sam ya sabía que Tommy no tenía otra madre, sino que Harry al fin le tuvo que confesar la verdad de su nacimiento. Decir que el lobo estaba sorprendido, era quedarse pequeño. Pero se enamoró aún más de su imprimado al comprender la magnitud de su amabilidad. Aunque no podía evitar ser cuidadoso de Thomas, ahora que sabía qué fue. Él supuso que se le pasaría.
En vista del inminente agrandamiento de la familia, Sam decretó que tendría que hacer una presentación oficial de Harry a los miembros de la tribu como su novio, aquellos que se iban a enterar de su embarazo serían sólo los que sabían de su condición de lobo, Jacob y Paul incluidos, el segundo se había transformado hace poco.
Ahora a Harry se le presentaba sólo un problema. Decirle a sus niños y luego a Bella.
— ¿A Bella? –Preguntó Sam, frunciendo el ceño—. ¿Por qué a ella?
—Ella es mi niñera, Sam. Tom y Teddy ya confían en ella, me daría pena despedirla sólo porque no quiero decirle mi secreto y buscar una niñera bruja que quiera vivir entre Muggles sería demasiado problema. Creo que decirle la verdad es la mejor solución y de paso prepararla para que me ayude a cuidar del bebé una vez que nazca. Porque recuerdo la primera vez que la vi, que me dijo que no era buena con bebés.
—Pero eso significaría que tengo que decirle que soy un lobo también, ¿sabes?
—Oh bien, entonces tú conoces alguien que pueda ayudarme con los niños y el bebé cuando nazca, ¿uh? –Se cruzó de brazos, desafiante. — ¿Quién? ¿Leah tal vez?
Sam hizo una mueca de dolor.
—No hace falta que te pongas en ese plan.
—Lo siento –Bajó los brazos, como desinflándose. –Es que todo esto del bebé me tiene tensionado, sé que Tommy no se lo va a tomar muy bien y hasta ahora tú no me has dicho nada –miró para otro lado que no sea la cara de su amante.
Hubo un prolongado silencio entre ellos, hasta que Sam habló.
—Si te soy sincero, en cuanto hablé con los miembros de mi tribu sobre mi imprimación en ti, todos nosotros, pero sobretodo mi papá y yo, nos resignamos que seríamos los últimos Uley. Pero al ser tú mi imprimado, al momento adopté a tus hijos como míos, así que el sentimiento de pérdida no fue muy doloroso. Ahora, sin embargo –Suspiró, dándole una corta mirada al estómago de su amante, para luego mirarlo a los ojos—, en vista de estos nuevos acontecimientos, no puedo decirte otra cosa que no sea que… estoy feliz.
Harry sonrió y Sam le devolvió la sonrisa.
—Si bien me asusta un poco, porque es inesperado y bien… tengo todavía veinte años –continuó, haciendo una mueca vergonzosa—, el saber que hemos creado una nueva vida, hace que mi lobo interno se llene de orgullo y regocijo, y esos mismos sentimientos me los transmite a mí.
— ¿Pero eres tú o el lobo el que está feliz por el bebé? –Frunció el ceño.
—Somos la misma persona, Harry.
—Oh. –Evidentemente, este tema era un poco confuso para él.
Un estruendo, seguido de un chillido, les dijo que los niños habían regresado de la escuela, o mejor dicho de sus clases extras, en vista de todas las que perdieron por tener que quedarse en casa, por culpa del asecho que sufrieron de los vampiros liderados por James.
—Bien, ahora o nunca –dijo Sam, tomando la mano de su amante, notando que se había puesto tenso—. Despediré a Bella y le diré que venga mañana para que se lo digamos a ella, tú trae a los niños a la habitación.
— ¿Aquí? –jadeó—. No quiero traer a los niños al lugar donde hicimos al bebé, Sam.
—Oh, vamos –El hombre lobo le dio una sonrisa maliciosa. — ¿En serio crees que lo hicimos aquí?
Harry se puso rojo como un tomate, mientras que Sam se iba, riéndose entre dientes. Y es que era verdad, el dormitorio de Harry no era el lugar exclusivo donde tuvieron sexo en el pasado. De hecho, mucho al enojo de Kreacher, cada rincón de la casa fue testigo de sus actos de amor carnal.
Así pues, luego de que Bella prometiera que volvería al día siguiente, Sam, Teddy, Harry y Tommy se sentaron en la cama de la habitación del dueño de casa. La pareja se sentó contra el cabecero de la cama, agarrados de las manos, mientras Teddy mascaba tranquilamente su rana de chocolate y Tom miraba a los adultos con los ojos verdes calculadores.
— ¿Qué pasa? –inquirió Tom.
—Sam y yo tenemos algo que decirles –empezó Harry, luego se relamió los labios—. Si recordarán, luego de que me deshiciera de ese vampiro, sufrí un desmayo y la tía Hermione me aconsejó que vea a un medimago.
—Pero tú no viste uno –dijo Teddy.
—No, no lo vi, porque Hermione me recomendó una poción y… después fui a ver al doctor Cullen, él tiene una pequeña clínica secreta en su casa. No sé porque la hizo, probablemente para practicar cuando estaba en casa o a lo mejor esperaba atender a alguien que conociera su secreto en el futuro y…
—Estás farfullando, papá –dijo Tom, con voz cansina.
—Er, cierto. Bien. –Miró a Sam, que le dio un cabeceo de aseguramiento. –No voy a darle vueltas al asunto, así que lo diré de una vez –Tomó un gran inspiración–, estoy embarazado. Sam y yo vamos a tener un bebé.
La cara de Tom perdió toda expresión, mientras Teddy paraba de comer su chocolate. La pareja compartió una mirada, no sabiendo qué pensar sobre esta reacción de los niños.
— ¿Eso es lo que querías decirnos? –preguntó Lupin al fin.
—Er… —Harry ladeó su cabeza. — ¿Sí?
—Ya lo sabía –se encogió de hombros.
— ¡¿Cómo?! –chilló Harry.
—Es por mi olfato –Se tocó la nariz. –Hueles igual que la tía Hermione –hizo una cara—. Es un olor raro, como a fresas, mezclado con menta y sumado al olor de Sam.
—Oh –masculló Harry y después miró a su hijo—. ¿Tommy?
—Teddy me dijo –respondió el niño, antes de cruzarse de brazos y mirar para otro lado—. Pero como nunca nos dijiste nada hasta ahora, esperaba que sea mentira. Quería que estuviera equivocado –susurró.
—Oh, cielo. –Harry soltó la mano de su amante y se arrastró en la cama, hasta llegar donde estaba su niño y encerrarlo en un abrazo. –Este nuevo bebé no va a cambiar nada, Thomas. Sé que tú sabes lo que pasó y nunca, ¿me oyes?, nunca voy a elegir a nadie por sobre ti o amar a alguien más o menos que a ti. No pasé por todo aquello, no perdoné tu alma sólo para desplazarte por la llegada de un nuevo bebé.
—Pero él será tu hijo de verdad.
—Tú eres mi hijo, Tommy. –Lo separó de su cuerpo, para mirarlo a los ojos. En estos momentos sus ojos le recordaban tanto a aquellos llenos de miedo y desconfianza que vio en los recuerdos de Dumbledore. El niño del orfanato. –Tu cuerpo se hizo con mi sangre y magia, estuviste nueve meses en mi vientre y, más allá de eso, te crié como mi hijo. Nada va a cambiar eso.
El niño pestañeó varias veces y Tom Riddle desapareció, dejando solamente a Tommy Potter. El pequeño sonrió.
—Entonces –masculló, posando su cabecita en el pecho de su papá—, ¿Sam y tú se van a casar?
—Er…
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Decirle la verdad a Bella resultó ser un desafío, si bien ella sospechaba ya que la familia para la que trabajaba guardaba un secreto, nunca en su vida se imaginó que todos ellos sean magos. Ni que Sam sea un hombre lobo. Así pues, Harry tuvo que demostrar su magia y Sam su transformación. Durante el mismo relato, ella misma dedujo el secreto de los Cullen, pero Carlisle perdonó el hecho, puesto que si ella iba a ser niñera del bebé y en general acompañar a Harry durante su embarazo, en algún momento se iba a enterar que el doctor que asistía a la "madre" no era humano.
Decir que la pobre muggle recibió más noticias de las que podía digerir en un solo día, era decir poco. Harry tuvo que darle una poción relajante y echarle un hechizo que prohibiera que ella dijera todo lo que escuchó hoy a otra persona. Ella no se enfadó por ese hecho, si había magia que pudiera atar su lengua, mucho mejor, así se iba a sentir más segura de no sucumbir a la tentación.
Conociendo ella la verdad, fue presentada a Kreacher que dejó expreso que no quería que lo toque (no que ella quisiera, claro está), un muggle nunca iba a poner sus manos en él. Harry se alegró que ya no tendría que ocultar todo lo mágico de la casa, cada vez que ella venía, Teddy le mostró su capacidad metamórfica y Tommy al fin pudo contarle sobre Quidditch. Parecía que, a pesar de que el alma de Tommy era de quien era, su sangre Potter era preponderante en la locura por el Quidditch.
Otra semana pasó en un abrir y cerrar de ojos y Harry recibió en su casa una visita inesperada.
— ¿Malfoy? ¿Qué…? –Su boca cayó abierta al ver el estómago muy hinchado de su ex némesis del colegio.
—Sí, Potter, me he hecho de tiempo para venir a visitarte a esta ciudad muggle –dijo con desprecio, mirando la sala de estar del moreno—. Y sí, estoy embarazado. Cierra tu boca de una vez.
— ¿Cómo…?
—Oh, vamos, cara-rajada –hizo una mueca de desdén y se sentó elegantemente en un butaca que tenía cerca, con las piernas un poco separadas, su panza gigante no le permitía sentarse más cómodo—. Si la comadreja no me mintió, tú sabes bien cómo es que quedé embarazado. –Enarcó una ceja.
Harry se ruborizó.
—Claro –carraspeó—. Por supuesto que lo sé. Lo que me pregunto es cómo no lo supe antes. —Miró la panza con interés. –Por lo visto hace mucho que estás en ese estado.
—Siete meses, para ser exactos.
—Oh, Merlín. No puedo creer que voy a decir esto y lo voy a negar si lo repites… pero me gustaría que hayas venido antes, Malfoy.
Draco enarcó una ceja, divertido.
— ¿Por qué? ¿Me extrañabas, Potter? –ronroneó.
—Ja, tú sueñas –rió sarcásticamente—. No, me gustaría que hayas venido antes, porque hasta hace tres semanas, yo no sabía que los magos podemos embarazarnos sólo por el sexo sin protección y no por otras razones más… complejas.
Draco se estremeció y miró sutilmente hacia sus alrededores, por eso le había costado venir antes, porque sabía que él vivía en esa casa.
—Sí, Charlie me dijo acerca de tu cerebro de mosquito, Potter –murmuró con voz cansina. Hubo un ligero ruido y Kreacher apareció con té y galletitas para Draco. Tsk, elfo alcahuete. Siempre que Harry tuviera una visita que él consideraba "digno", lo trataba como a un rey.
—Sí, bien –gruñó enfurruñado—. ¿A qué debo tu grata visita?
—Mi compromiso con Charles, por supuesto. –Tomó un sorbo de su té. –Como ya le dije a mi padre, no pienso casarme luciendo esta panza horrible, así que él quiere que al menos hagamos una fiesta de compromiso, cuando Scorpius esté aquí, recién vamos a contraer nupcias.
— ¿Scorpius?
El rubio lo miró con desdén.
—Es el nombre que elegí para nuestro hijo.
—¿Y Charlie está de acuerdo?
—Él no tiene que estar de acuerdo en el nombre del hijo que yo voy a parir, Potter —siseó—. Tiene suerte que voy a dejar que nuestro bebé tenga el apellido Weasley después del Malfoy.
—Todavía no entiendo por qué Charlie te quiere –susurró Harry.
— ¿Qué has dicho? –Draco angostó sus ojos en sospecha.
—Nada importante. –Agitó una mano. — ¿Y viniste a invitarme personalmente?
—Así es. —Asintió. —Mi pelirrojo insistió que a ti deberíamos traerte la invitación en persona. –Sacó su varita e hizo aparecer un sobre hermosamente labrado con letras en verde y dorado. –Pero el idiota tuvo una emergencia de último momento, así que tuve que venir solo. –Hizo una mueca. –La invitación no tiene cantidad de personas, así que puedes traer a todas las bolsas de pulgas que desees.
—Son hombres lobos –gruñó.
—Tengo entendido que no son hombres lobos como nosotros los conocemos —suspiró—. Sólo tú vienes al lugar muggle más aburrido del mundo, para encontrarte con vampiros y cambiadores, Potter. Sólo tú.
Harry se ruborizó.
—No tengo la culpa si atraigo a los problemas.
—Sí, sí, claro –dijo con voz cansina.
— ¡Papá, llegamos!
Draco se puso rígido en su asiento, cuando vio entrar a Thomas Potter por la puerta de entrada. El niño también lo vio y posó sus ojos verdes en él, antes de darle una sonrisa maliciosa.
—Señor Malfoy –murmuró Tom, arrastrando las palabras.
El rubio palideció y se levantó torpemente de su butaca.
—Nos vemos en dos semanas, Potter –susurró precipitadamente, antes de tomar algo de polvo flú y desaparecer en la chimenea.
—Tommy, ¿Cuántas veces que he dicho que no hagas eso? –suspiró el padre.
—Es divertido –rió el niño—. Lástima que no tiene el mismo efecto en Lucius.
—Thomas, Draco fue traumatizado por Voldemort, no le veo nada divertido al asunto. Y Lucius tiene demasiado entrenamiento como para temerle a un niño cruel que desea jugar con sus sentimientos.
Tommy hizo un puchero, viéndose absolutamente tierno.
—Está bien, está bien, no lo volveré a hacer –masculló, antes de partir rumbo a la cocina.
Su papá lo vio cruzar los dedos, sin embargo.
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*La Push*
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La presentación de Harry a los nuevos miembros de la manada y aquellos Quileutes que todavía no lo conocían se hizo un día de inesperado sol en la playa de la reserva. Si bien conocer a toda esa gente lo ponía algo nervioso, lo que más temía el mago era el encuentro con Leah Clearwater. Porque él sabía muy bien que ella fue novia de su amante, antes que todo esto de la imprimación pasara. No ayudaba que Sam le dijera que ella no era feliz con esto, pero que lo había aceptado de una cierta manera. No muy convincente para su gran sentido de la culpabilidad.
—Puede que ella diga cosas que te lastimen, Harry, pero el dolor que ella todavía siente es más grande que el que te puede causar.
—Lo sé, Joshua –murmuró Harry a su suegro—. Estoy acostumbrado a la gente que tiene celos de mí y que me dice cosas hirientes.
El papá de Sam le dio una mirada extraña, antes de encogerse de hombros e ir en busca de Teddy. Él y Tom estaban mirando con demasiado interés el asador para su tranquilidad. Todavía le costaba aceptar que ellos no supieran casi nada de las cosas básicas que las personas normales manejaban, así que siempre había que tener un ojo en ellos. La primera vez que vinieron a su casa de visita, casi le dio un ataque al corazón cuando vio al descendiente del lobo con su escopeta en mano y Tom parado enfrente de él.
— ¿Preparado para el tiroteo?
Harry giró su cabeza y enarcó una ceja en dirección de Jared, el más nuevo miembro de la manada de su amante.
— ¿Disculpa?
—Leah –Cabeceó en dirección de la hermosa morena que venía caminando de a poco a donde estaba él. –Te vio desde que llegaste, pero no se acercó a ti, porque estabas hablando con el señor Uley, pero ahora que no está…
— ¿Y tú vienes a disfrutar del espectáculo, no? –gruñó una nueva voz. Era Paul, que miraba con enfado al chico.
—Hey –Jared levantó sus manos en defensa. –Ella luce sexy cuando está en su faceta de perra.
—Hola, Potter.
Harry suspiró al escuchar la voz cargada de rabia mal suprimida.
Wow, ella suena casi igual que Snape. Él decía mi apellido sólo con un poquito más de desdén.
Continuará…
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-.-Importante: fíjate que te molestó en mi fic y que te agradó. Dímelo. Pero trata de mantener la cortesía y hazlo de una manera que pueda entender.-.-
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Notas finales: ¡¡¡Hola!!!
Sí, sí, muchos acertaron en lo que estaba "mal" con Harry y Draco hizo una aparición especial. Tommy es tan malo XD
Para las amantes del Jakedward, el capítulo que viene está dedicado exclusivamente a ellos, así que sólo tienen que esperar una semana más ;)
Por cierto, para cumplir con mi "tradición" que empezó hace dos años, como este domingo es San Valentín, tengo preparado un oneshot de Harry/Lucas. Así que estén atentas para leerlo :D
¡¡¡Gracias a Cherry Moon por betear este capítulo!!!
Atte: Uko-chan.
