Todavía no había terminado de amanecer cuando Remus se despertó la mañana siguiente. Aunque había pasado mucho tiempo con los centauros, nunca se había dado cuenta de lo temprano que empezaban sus días.

Varios de los centauros más grandes estaban techando una de sus cabañas, mientras dos de los más jóvenes se ocupaban de la fogata en el centro del campamento.

Miró alrededor y pronto encontró a Romulus hablando con Torin. Se preguntó si había dormido la noche anterior, pero si el pasto alrededor de Remus indicaba algo, parecía ser que su hermano no había ido a acostarse esa noche.

Miró a la gran olla encima del fuego y sintió que se le hacía agua la boca por el olor del desayuno.

-Parece que se quedan por un par de días, -habló Firenze desde atrás, haciendo que saltara un poco del susto.-

-¿Cómo haces eso? -Se quejó-

-¿Qué cosa?

-Lo de aparecer por cualquier lado.

-Mucha práctica, -Firenze sonrió.- ¿Vienes a quitarte el ayuno?

Remus asintió y se paró.- ¿Tu padre convenció a Rom? -Le preguntó mientras Firenze le daba un pequeño tazón y una cuchara.-

-Por supuesto, -resopló Firenze.- Le pidió que nos ayudara con el arroyo, y no puede rehusarse cuando les dimos refugio.

-Astuto, -comentó con una sonrisa mientras uno de los centauros que atendía el fuego le servía comida del caldero.- ¿De veras necesitan ayuda?

-Seguramente estaríamos bien sin su ayuda, pero será apreciada. En realidad mi padre no quiere que tome decisiones apresuradas ahora.

-¿El arroyo está por ahí? -Preguntó, señalando hacia los árboles con su cuchara.-

-Lo estaba, -murmuró Firenze.- La última tormenta rompió el embalse y cambió su curso. Debemos arreglarla si queremos tener agua de vuelta. Tenemos suficiente como para una o dos semanas, pero después estaremos en problemas.

-¿Y necesitan ayuda de Rom para cambiarlo de vuelta?

-Los pies humanos tienen mucho más equilibrio; nuestras pezuñas no son buenas para ese trabajo. La represa era natural, así que nunca habíamos tenido que hacer esto antes.

-Estoy seguro de que Rom los ayudará, yo también.

-Nos ayudarás con la despensa, -le recordó Firenze.- Theresa y Manus volverán con cosas esta tarde, así que padre quiere que nos aseguremos de estar tan listos como sea posible.

Remus asintió mientras comía. Esperaba tener en los próximos días tiempo para tratar de persuadir a Romulus de volver a Hogsmade.


-¿Entonces sigues aquí? -Le preguntó Peter mientras Sirius abría las cortinas de su cama, esforzándose para hacerle frente al día.-

-Supingo, -Le contestó burlonamente.- ¿Qué? ¿Te decepciona que no me expulsaran?

Peter parecía a punto de contestar que sí, estaba muy decepcionado, pero una extraña mirada de James hizo que dudara.-

-¿Tienes algo que decir, Potter? -Preguntó Sirius irritado.-

-¿En dónde estuviste la otra noche?

Sirius se rió y sacudió la cabeza, divertido.-

-¿Qué es tan gracioso? -Preguntó. Obviamente no había esperado esa reacción a su pregunta.-

-Tú, -le contestó- De verdad eres lo suficientemente arrogante y tonto como para pensar que te diré algo. Dónde estaba es asunto mío, y no tiene nada que ver contigo.

-Estabas visitando a ese chico raro del año pasado, ¿no?

-¿Qué te importa?

-Vive en Hogsmade, ¿no?

-¿Qué es esto? ¿Veinte preguntas? -Le preguntó mientras lo alejaba de su camino y caminaba hasta el baño. Desafortunadamente parecía que James no entendía las enormes indirectas que Sirius le daba, y lo siguió hasta la habitación de azulejos blancos.-

-¿Sabías que en unas semanas es mi cumpleaños? -Le preguntó, actuando como si no le importara lo que Sirius le contestara. Sirius lo ignoró.- Creímos que podíamos ir a Hogsmade ese día, o mejor dicho, esa noche.

-¿Y me lo dices porque...?

-Bueno, has estado yendo desde primer año, -explicó.- Así que debes saber cómo ir sin que te atrapen.

-¿Y creíste que te lo diría? -Sirius se rió y sacudió la cabeza.- ¿Qué te hace pensar que no voy a decirle a McGonagall lo que plenean, y burlarme cuando los castiguen?

-Porque te invito a venir con nosotros, -James contestó con una sonrisa.- De esa forma, si nos acusas, también estarás en problemas.

-¿Crees que quiero juntarme con ustedes? -Se volvió a reír.-

-Creí que te gustaría tener una oferta de amistad de mí y Pete.

-No necesito amigos como tú. -Se burló.-

-¿Entonces no nos vas a decir cómo llegar a Hogsmade sin pasar por las puertas principales? -Preguntó James, decepcionado.-

-No.

-Supongo que tendremos que encontrar otra forma de llegar a Cabeza de puerco.

-¿Cabeza de puerco?

-¿Lo conoces? -James parecía sorprendido, y sus siguientes palabras explicaron por qué.- No creí que fuera tu tipo de lugar.

-No sabes nada sobre mí ni "mi tipo de lugar", -le contestó.- Y claro que lo conozco. El hermano de Dumbledore es el dueño.

-¿Qué? -James lo miró sorprendido.- ¿Estás seguro? ¿Cómo lo sabes?

-Lo escuché de un amigo.

-¿De Remus?

-¿Por qué quieres saber? -Preguntó, levantando la voz, la preocupación por su amigo era lo único que podía pensar.- Te pasaste la mayoría del año pasado embrujándome, y este año me ignoraste. ¡Ahora, de repente, quieres conversar y juntarte conmigo! ¿Cuán tonto crees que soy?

-Yo...

-Eres patético, -le dijo. Se había pasado el año reprimiendo la rabia y frustración que sentía por como lo trataban los otros Gryffindor. Ahora era suficiente, y como James Potter era demasiado tonto como para callarse y dejarlo tranquilo, sería quien descubriera lo que era el enojo de los Black.

James retrocedió ligeramente mientras Sirius avanzaba.-

-¿Tienes miedo? -Le preguntó.- ¡Bien! ¡Ahora sabes como me sentí yo! ¡Soy Gryffindor, como tú! ¡No soy malo! ¡No soy un Slytherin! Tú eres el miedoso y cobarde. -Lo pinchó en el pecho.- Tienes miedo de Remus, y siempre recordaré cuando saliste corriendo como si te persiguieran unos hipogrifos enojados.

-M-me gruñó, -Le dijo James, al darse cuenta de que se había encerrado contra una pared.

Srius gruñó gravemente, acercándose más. La cara de James se puso blanca y se tropezó, acercándose a la puerta.-

-Así es, Potter, sal corriendo de nuevo. -Vió cómo James salía del baño. Sólo después de que se había ido se preguntó si había tomado la decisión correcta.

Romulus trabajaba para Aberforth Dumbledore, y ahora que Sirius conocía la verdadera situación de los hermanos Lupin, se dio cuenta de que sería difícil para Romulus conseguir otro trabajo. Sospechaba que no era coincidencia que trabajara para el hermano de Albus Dumbledore. Si los Lupin se estaban quedando cerca, Romulus seguiría trabajando ahí, ¿no?

Sirius lo pensó por los siguientes días, equivocándose seguido en sus clases por no prestar atención.

Si sólo pudiera ir a ver a Romulus y hacerle saber que jamás contaría su secreto. No le gustaba la idea de pasar tiempo con James y Peter, pero sabía que tenía que empezar por algún lado para arreglar las cosas con el hermano de Remus. Ir al campamento de los centauros era demasiado arriesgado, especialmente ahora que el director sabía que era probable que tratara de ir. Pero si Romulus estaba trabajando, no podía dejarlo solo; tendría que escucharlo.

Por fin había llegado a una decisión.-

-¿Siguen queriendo saber como llegar a Hogsmade? -Susurró, sentándose en el comedor, al frente del chico despeinado que había sido su palo en la rueda desde que llegaron a Hogwarts.

James quedó con la boca abierta, la mano que agarraba el tenedor lleno de pure de papa parecía estar congelada.-

-¿Sí o no? -Preguntó impacientemente.-

-Va a decirnos como y acusarnos, -susurró Peter, mirándolo venenosamente.-

-Voy con ustedes.

-¿Por qué? -Preguntó James una vez que había recuperado su voz.-

-No te interesa, -le contestó simplemente.- ¿Quieren mi ayuda o no?

-Bien, -James asintió, ignorando las protestas de Peter. Estiró la mano para dársela.-

-¿Tregua?

-Tregua, -le dijo James. Le dio un codazo a Peter, que hizo lo mismo, aunque de mala gana.


Nunca se había dado cuenta de lo difícil que era la vida en el campamento de los centauros. Los días eran largos y el trabajo terriblemente cansador. Pero Remus no se quejaba, no cuando la otra alternativa era dejar el campamento y andar por Europa, hacia lugares desconocidos.

Los uno o dos días pronto se volvieron una semana, y entonces dos. Romulus seguía hablando de irse, pero Remus notó, apenas conteniendo su alegría, que a Torin ya no le tomaba tantas horas convencerlo.

Remus sospechaba, o al menos esperaba, que si podían pasar la siguiente luna llena, iban a volver a casa. A menos que algo saliera terriblemente mal, Remus sabía que volvería a Hogsmade para la siguiente. Estaba seguro de que cuando volvieran sería mucho más fácil convencer a Romulus de quedarse.

-¿Y qué te hace creer que vas a volver allá para la luna llena? -Preguntó Romulus, cuando Remus por fin se animó a hablarle de ello.-

-Pero no puedo ir corriendo por el bosque, -contestó.- ¿Qué pasa si ataco a alguien?

-¿Y qué pasa si tu amigo Sirius te delató con el Ministerio? ¿Y si están esperando a que vuelvas la noche de la luna llena?

-No le dijo nada a nadie, -insistió-

-No lo sabes.

-No lo hizo.

-No puedes estar seguro.

-Estoy seguro.

Algo en su tono debía haber tenido más significado de lo que quería, porque Romulus lo miró concentradamente.- ¿Remus? -Preguntó sospechosamente.- ¿Qué has hecho? ¿Fuiste a la escuela de nuevo?

-No pudo haberlo hecho, -negó Torin.- Fue supervisado todo el tiempo. Por su seguridad.

Romulus suspiró, aliviado, pero no dejó de mirarlo.- Estoy esperando...

La mano de Remus se movió automáticamente a su bolsillo y al espejo dentro. Sabía que se había delatado cuando Romulus estiró la mano y le revisó los bolsillos.-

-No sabía que te preocupara tanto tu apariencia, -comentó de forma ligeramente sarcástica mientras tomaba el espejo.- Hey, reconozo esto... el día que nos fuimos te quejabas sobre un espejo... Se le cayó a Sirius...

-Es mío, -chilló, tratando de volver a agarrarlo.-

-No recuerdo haberte dado esto, -le dijo Romulus, inspeccionando el espejo cuidadosamente.- ¿Un regalo de Sirius?

-Sí, -murmuró-

-Un espejo comunicador, -adivinó.- Parece caro.

Romulus siguió mirando el espejo, antes de guardarlo en su propio bolsillo. Remus involuntariamente chilló y estiró la mano para quitárselo.-

-No puedes confiar en él, -le dijo en voz baja.- Ahora, dime la verdad, ¿le has dicho donde estamos?

Remus agachó la cabeza y asintió una vez.-

-¡Mierda, Remus! -Gritó- ¿Por cuánto tiempo lo supo? ¿Cuándo le dijiste?

-Lo sabía la primera noche que llegamos, -susurró- Creo que Dumbledore le dijo.

-¿Dumbledore? ¿Albus Dumbledore?

-Un buen hombre, -comentó Torin calmadamente.- No los traicionará.

-¿Conoces a Dumbledore? -Preguntó Romulus sorprendido.-

-Ha sido un buen amigo por muchos años.

Romulus asintió, pensativo.- No cambia el hecho de que Sirius pudo haberle dicho al Ministerio donde estamos.

-Creo que de haberlo hecho, hace rato estarían aquí, -comentó Torin sabiamente.-

-No le dirá a nadie, -Repitió Remus, por lo que pareció ser la millonésima vez.- Es mi amigo. Está aprendiendo encantamientos sanadores. Toma clases extra para ayudarme. Es...

-...Tu amigo. -Adivinó, asintiendo cansado.-

-No quiero estar suelto para la luna llena, -rogó- quiero volver a casa.

-Odias el sótano, -comentó Romulus.-

-Pero ahí estoy seguro, -susurró Remus.- Ahí no dejarás que nada me pase. Si estoy en el bosque, podría...

No se atrevió a terminar la oración, ni siquiera en su mente. Pero sabía que Romulus entendía exactamente de qué estaba asustado. Si atrapaban a Remus en la noche de la luna llena, las consecuencias serían mucho peores.


Sirius se arrastró por uno de los muchos túneles que llevaban del castillo de Hogwarts a la villa de Hogsmade. James y Peter estaban cerca suyo, emocionadamente rompiendo las reglas de la escuela, y haciendo mucho más ruido de lo que era necesario.-

-Entonces, ¿cómo supiste sobre este túnel? -Preguntó James.-

-Los Black vienen aquí desde antes que los Potter, -le contestó- Me sorprende que no lo supieras de antes.

-Los Potter no son conocidos por romper las reglas, -resopló James.-

-No como los Black, -murmuró Peter, que seguía no muy contento de juntarse con él.

Sirius se dio vuelta para mirarlo venenosamente por un momento.- Viniendo de alguien que está rompiendo muchas reglas de la escuela, tendrías que considerar callarte.

-Apenas rompemos una regla, -lo contradijo-

-¿En serio? -Preguntó, apenas ocultando lo gracioso que le parecía.- ¿Así que planeas volver al dormitorio antes de que sea de noche? Ya rompiste una regla. Además dejas el terreno de la escuela sin permiso, y supongo que querrás tomar algo en el bar. Lo último no es solamente romper una regla, es violar la ley.

-Bueno, como sea, -murmuró, interrumpiendo antes de que pudiera seguir con la lista.-

-Entonces, ¿nos dirás por qué acordaste venir con nosotros? -Preguntó James una vez que habían salido del túnel y estaban caminando por Hogsmade.-

-No.

-Mira Black, estoy esforzándome,

-Ay, no actúes como si quisieras ser mi amigo, -le contestó- Necesitabas venir al pueblo y yo era conveniente.

-No tenía que invitarte.

-No, es cierto, -le dijo- Podrías haberme dejado solo, con la esperanza de que no te acusara.

-¿Por qué no te quedaste?

Sirius frunció, preguntándose por qué había decidido ir con James y Peter. Al principio, se había dicho que era porque no quería que sospecharan y lo culparan si los atrapaban. Entonces se preguntó si en realidad estaba un poco celoso de la amistad que tenían entre ellos. Sin amigos de verdad en la escuela, había disfrutado planear con ellos los últimos días. Tenía que admitir, al menos a sí mismo, que cuando no estaban arruinando su vida, James y Peter eran buena compañía.-

-¿Y? -Preguntó James cuando estaban cerca del bar.-

-No sé, -le contestó, levantando los hombros mientras abría la vieja puerta de madera.-

-Iré a buscar la primera ronda, -les dijo Peter.-

-No, yo lo haré, -ofreció, mirando alrededor y notando que Romulus no estaba sirviendo.-

-Bueno, -le contestó Peter mientras iba con James hasta una mesa en la esquina.

Sirius se acercó al hombre que claramente era Aberforth Dumbledore. El parecido entre él y el director era demasiado como para que fuera alguien más.-

-Eres menor, -le dijo, frunciendo.- Ahora vete, antes de que envíe una lechuza a la escuela para decirles que tú y tus amigos se salieron.

-¿Romulus sigue trabajando aquí? -Preguntó, ignorando el comentario sobre su edad.-

-¿Quién pregunta?

-¿Puedes darle esto? -Pidió, sacando dos sobres de su túnica. El primero era una carta para Romulus que había pasado bastante tiempo escribiendo y reescribiendo. Esperaba haber explicado todo lo que sentía en la carta, y que ayudara a que volviera a confiar en él. La segunda era para Remus, escrita para mantener el acto de que no tenían forma de contactarse. Sirius frunció al darse cuenta de que habían pasado dos días desde que había hablado con él, y que quizás era cierto que no tenían forma de comunicarse.-

-Esto no es el maldito correo, -murmuró Aberforth, aunque tomó los sobres de la mano de Sirius.- Está en el sótano, si quieres hablarle.

-¿Sirius? -Habló una voz conocida, y Sirius vio como Romulus aparecía desde atrás de su jefe. Él tomó las cartas y las miró con curiosidad.-

-Sigues aquí, -le dijo, bastante aliviado.-

-De nuevo saliste de la escuela, -le contestó, levantando la ceja. Sirius creyó poder ver un poco del jóven que era antes de la luna llena mirandolo, detrás del cansancio y de la apenas oculta sospecha.- ¿Qué es esto?

-Cartas, -explicó Sirus.- Por favor no te lleves a Remus. Juro que no le diré a nadie...

-Basta, -lo interrumpió impacientemente. Miró nerviosamente alrededor y, ante la señas de Aberforth, hizo que Sirius lo siguiera a una habitación del bar.-

-Ahora podemos hablar sin que nadie nos escuche.

-Lo, lo siento, -tartamudeó- No creí que alguien estuviera escuchando.

-Por eso es tan peligroso que nos quedemos aquí, -suspiró Romulus- ¿Qué pasa si accidentalmente se te escapa algo sin que lo pienses?

Sirius sacudió la cabeza, decidido.- No lo haré, -insistió.- Por favor, no se vayan.

-No puedo creer que hayas venido al pueblo solamente para molestarme, -murmuró incrédulo.-

-También quería saber si Remus estaba bien, -explicó-

-¿En serio? -Preguntó Romulus, sacando un conocido espejo de su bolsillo.-

-Oh.

-Se lo devolveré cuando salga del trabajo, -le dijo, con un suspiro de resignación.- No puedo discutir con ustedes para siempre, y no quiero que vuelvas a venir, ¿entendido?

-¡Sí! -Repitió con una sonrisa.- No más bares.

-No más escaparse, a ningún lado. -Ordenó Romulus.

Sirius se masticó el labio, y de repente notó que las manchas del piso eran bastante interesantes.-

-Te expulsarán si te atrapan.

-Ya me atraparon, -confesó- Dumbledore me tiene en clases extra. Encantamientos sanadores y cosas así.

-Eso me dijeron.

-Quiero ayudar, -susurró- Después de la luna llena... quiero estar, para ayudar.

-No voy a darte permiso para que salgas de la escuela, -se rió- Incluso si pudiera hacerlo.

-Pero si estuviera pasando por ahí, no me enviarías de vuelta, ¿verdad?

-Supongo que aprenderás más si practicas, -sugirió en voz baja.- Hablaré con Abe sobre darte permiso para usar el túnel que llega hasta aquí.

-¿Hay un tunel hasta aquí? -Preguntó sorprendido.-

-Seguramente hay más túneles desde la escuela que no se conocen. Al menos si tienes el permiso de Abe, él puede vigilarte.

-No le dirá a su hermano, ¿o sí?

-Claro que sí, tonto. -Romulus resopló y sacudió la cabeza.- ¿Cómo crees que Dumbledore sabe todo de todos? Tiene espías en todos lados.

Un momento después apareció la cabeza de Aberforth por la puerta.- ¿Planeas trabajar hoy? -Preguntó impacientemente.- Y los amigos del chico se preguntan donde se metió.

-No son mis amigos, -murmuró-

-Bueno, el más alto parece preocupado, -le contestó- Amenaza con severas consecuencias si no apareces pronto.

-Ese es Potter, -suspiró Sirius- Cualquier excusa para embrujar gente.

-¿No será ese Potter? -Preguntó Romulus sorprendido.-

-Ese.

-Qué bueno que te lleves mejor con los chicos de Gryffindor.

-No diría eso, -le dijo Sirius, alejando la silla y yéndose.-

-Espera un segundo, Sirius, -Le habló, alejando a Aberforth hacia un lado para susurrarle una pregunta. Él pareció sorprendido, lo miró sospechosamente, y se resignó.-

-Está bien, apúrense, -dijo hacia la puerta donde James y Peter estaban esperando.- Malditos niños.

Sirius dejó que James y Peter se adelantaran mientras bajaban las escaleras hacia el sótano.-

-¿Adónde sale este túnel? -Preguntó-

-Tres retratos al este de la cocina, -le contestó- Cerca de la entrada de los dormitorios de Hufflepuff. Son los que más se meten por el túnel. -Envió una mirada hacia Romulus, que tuvo la decencia de ruborizarse. Sirius sonrió y trató de no reírse mientras veía como Aberforth abría una puerta escondida en uno de los barriles. Reveló un oscuro túnel que era lo suficientemente grande como para que pasaran por ahí.-

-Gracias, -le dijo, bajando por el túnel.- Nos vemos.

Romulus asintió y lo saludó antes de cerrar la puerta. Los tres quedaron en la oscuridad.

-¿Quién era ese? -Preguntó Peter mientras gateaban por el túnel, esperando a poder pararse.-

-No es asunto tuyo, -le contestó James antes de que Sirius pudiera abrir la boca.

Sirius inhaló bruscamente.-

-¿Eso ibas a decir, no? -Comentó James.- Y nos debes una bebida.

-No nos iban a servir, somos menores.

-Entonces tendrás que comprarla cuando seamos mayores, -sugirió Peter.-

-Asumiendo que para entonces no nos expulsaron, -murmuró Sirius.- Aberforth va a decile a Dumbledore que estábamos fuera.

-Pero no pueden probarlo, ¿o así? -Se burló James.

Sirius sacudió la cabeza y se paró. El techo del túnel era bajo y le rozaba la cabeza. Vio que a James le pasaba algo parecido, y sólo Peter era capaz de pararse en el poco espacio.

-Así que, ¿ese era hermano de Remus? -Preguntó casualmente. Sirius tropezó por la sorpresa ante la pregunta, que había sido hecha con tanta confianza que casi era una afirmación.- No soy totalmente tonto, -siguió- Se le parece mucho.

Sirius no se molestó en negar sus palabras; no tenía caso. Lo sorprendió que James observara tanto a Remus la única vez que lo conoció. Escondido por la oscuridad del túnel, Sirius sonrió para sí, pensando en la impresión que había hecho su amigo en el otro chico.

Siguieron caminando en silencio y pronto se encontraron en el pasillo que tenía la entrada hacia el retrato de Hufflepuff y la cocina.-

-¿Comemos algo? -Preguntó Peter, haciéndole cosquillas a la pera en la pintura que escondía la entrada a la cocina.-

-Claro, -Le dijo James- Hay que ver si hay torta.

Sirius iba a seguir por el pasillo que llegaba al comedor, pero la voz de James lo llamó.- ¿No quieres?

Dudó, esperando que la invitación hubiera sido una broma. Entonces James desapareció detrás de Peter dentro de la cocina, dejándolo solo en el pasillo.

Las risas desde la cocina lo atraían, como polilla a la llama. La entrada seguía abierta y los deliciosos olores de la comida le hacían agua la boca. Se acercó a la puerta y miró dentro. James y Peter estaban sentados, con una gran pila de postres en frente. Un trío de elfos doméstivos agregaba cosas a la pila, y Sirius se lamió los labios cuando vio su tarta de manzana favorita, todavía sin tocar al borde de la mesa.

-Se sale el calor, -le dijo James, antes de cortas un enorme pedazo de torta de chocolate.-

-Lo siento, -murmuró, cerrando la puerta detrás y dudosamente se acercó a ellos.-

-Bueno, come, -ordenó James con una sonrisa chocolatosa.

Sirius le dio una sonrisa mientras se rendía ante la tentación y agarraba la tarta de manzana. ¿Quizás los otros Gryffindor no eran tan melos después de todo?

A que no se esperaban eso... o capaz que sí. No sé, bueno, muchas gracias por los reviews, favs, etc. Nos vemos!