Disclaimer: Los personajes aquí mencionados, no me pertenecen. Solo a la increíble SM. Espero que este capítulo les guste y pido disculpas por tardar mas de lo debido
Perdón (primera parte)
Prometí quererte para siempre,
Y era cierto,
No había dudas en mi mente,
Si el destino tuvo planes diferentes,
Y te herí por accidente,
Perdón,
El cielo estaba cubierto de estrellas y la luna que se reflejaba en el agua era un fondo perfecto para la romántica cena. Su primera cita formal fue cenar a bordo de un pequeño yate, propiedad del tío Eleazar, Edward gasto gran parte de sus ahorros en ese lujoso regalo de san Valentín. Sentados en la cubierta disfrutaron de la suculenta langosta, una sencilla ensalada y una botella de vino. Bella estaba fascinada, maravillada disfrutaba de este día.
Edward no podía evitar tener una gran sonrisa en el rostro, su novia ahora si formal ante la familia Cullen y Swan, tenía un brillo hermoso en sus preciosos ojos chocolate, el frio aire de la costa era tan agradable, pero al mirar a su derecha vio como la piel suave de su novia estaba erizada. Su ligera chaqueta negra que le proporcionaba calor, lo tomo entre sus manos y lo traslado al delicado cuerpo.
Bella le sonrió agradecida, le robo un beso en la mejilla, y suspirando se recostó en el pecho de su novio, Edward encerró entre sus brazos a Bella, proporcionándole el calor suficiente.
El silencio que estaba entre la pareja, era un silencio cómodo, escuchaban el suave siseo de las olas chocar en el yate, el ligero viento revolviendo el cabello, la luz de las estrellas iluminando todo el lugar.
Bella suspiro, cerró los ojos y sintiendo el suave aroma a mar, junto con el perfume suave de Edward se dijo que nunca dejaría de amar a ese gran hombre (en realidad joven de 19 años)
La universidad los estreso a ambos con los exámenes, más Edward nunca olvido que cada 14 de febrero era el día de los enamorados. El día en que Bella siempre le otorgaba una sorpresa, solo que esta vez la sorprendida fue la castaña.
—Edward—susurro Bella sin abrir los ojos
El cobrizo bajo la mirada hacia su novia, que tenía una gran sonrisa en el rostro, con las suaves pestañas chocar en sus sonrosadas mejillas, sus labios carnosos, siendo iluminados por el brillo de la luna, viéndose más antojable
Edward trago saliva, a pesar de llevar ya 4 años siendo novios, nunca habían pasado más que de unos besos, sabía que Bella aún no estaba preparada para dar ese paso. Pero ese día, el ambiente íntimo en el que estaban, tenía unas ganas insaciables de tener a esa mujer (en realidad joven de 18 años) entre sus brazos como uno solo, pero debía admitir que aunque tuviera ganas, tenía que respetarla.
—Si—Respondió Edward, alzando su vista hacia la luna y jurando entre dientes para quitarse esos deseos aun no saciados.
—¿Me seguirás queriendo aunque sea una anciana, viejita, con arrugas en el rostro y lonjas en el cuerpo? — Inquirió la castaña mientras abría sus ojos y alzaba la mirada expectante hacia su novio.
Edward frunció las cejas, mirándola directamente, no entendía la pregunta. Por supuesto que la amaría hasta el fin del mundo. Nunca se alejaría de ella, de esa niña que era su mejor amiga, su primer y único amor, su risa ante sus días estresados. Su diversión ante los días tristes, su alma gemela
—¿Qué preguntas Isabella?—la apreso aún más entre sus brazos, ocasionando que la rubia gimiera de dolor—por supuesto que sí, te seguiré queriendo aunque seas una anciana cascarrabias como la tía Carmen…aunque pensándolo bien…por favor no seas como la tía Carmen.
La risa burbujeante de Isabella fue tan contagiosa, que Edward soltó una carcajada estruendosa. Después de unos segundos, cuando las risas cesaron Edward interrogo –¿Y tú Bella, me seguirás queriendo aunque sea un anciano con bastón?
Por toda respuesta, Bella junto sus suaves labios rojos a los labios del pelirrojo.
El beso tierno que se profesaron, confirmo su respuesta.
Se amarían hasta que la luna dejara de brillar, hasta que el sol se extinguiera y el infierno se congele
Si me solté de ti,
Si no te defendí,
Fue que mi corazón estaba ciego,
Que estupidez perderte,
Para verlo,
Lo siento,
—¡Vamos, perezosa, sígueme! —le gritó Edward ya desde el agua.
Isabella miro hacia su novio acostada en la arena, estaban de vacaciones escolares, era el segundo año ya de su universidad, sus amigos hicieron una excursión a la playa más cercana, Alice y jasper se encontraban acurrucados en la sombra de un pequeño árbol. Ambos se besaban y comían la fruta que la pelinegra preparo.
Rose y Emmet como siempre discutían sobre quien gano el juego de voleibol improvisado, Bree estaba con su nueva conquista, luciendo un biquini mini pequeño. Edward volvió a gritarle cuando este se zabuía de nuevo en la playa, retándola a ingresar. Ella miro el agua cristalina, el sol cálido invitaba que ingresara al mar para disfrutar del agua, mas no quería, ya que no sabía nadar.
—Cobarde— no necesitó más, al escuchar La risa burlona de Edward , fue corriendo hacia la orilla, ingresando al agua sintiendo lo fresca que estaba. Al estar tan concentrada en su ingreso no se percató que Edward se zabuía de nuevo.
De pronto, algo la sujetó de un tobillo y la sumergió. Dos brazos fuertes rodearon su cuerpo cubierto por el bikini y una boca firme se apoderó de la suya. Bella se aferró a los hombros de Edward, sin que el agua mitigara la pasión que sentía tras el beso, cuando se prolongó; lo rodeó con sus piernas alrededor de las de él, hasta que al fin salieron a la superficie, aspirando aires jadeantes. Todavía abrazándola, Edward la miró a los ojos.
—¡Oh, Dios, te amo tanto Bella...!
—Y yo a ti —suspiró, y le echó los brazos al cuello.
Comprendió que él era todo lo que quería; nada en el mundo le importaba tanto como ese hombre. Por un segundo, su mirada se ensombreció. ¿Sería prudente estar tan obsesionada con una persona? Pero los labios de Edward de nuevo encontraron los de ella y todas sus dudas se desvanecieron.
No espero amor ni odio,
Ya tengo bastante con mi dolor,
Maldigo el episodio,
No llores que yo fui quien lo escribió,
Isabella sintió que boca era saqueada por una lengua traviesa y ella hizo lo mismo. El corazón le latía agitadamente cuando Edward deslizó una mano alrededor de su cuello, para quitarle la parte superior del bikini y cubrir con la palma un seno.
—Oh Dios—gimió
Edward sonrió, sus manos traviesas recorrieron el cuerpo de su novia. La luz de La luna ocultaba lo que estos dos jóvenes hacían. Tenían ya cinco días en la playa, sus amigos estaban dentro de la cabaña que rentaron para esas vacaciones. Habían disfrutado de todo lo que el paraíso del lugar les ofrecía, más El ojiverde no podía evitar sentir su cuerpo hervir cada que veía a su novia con esos trozos de tela que ocultaban unos suaves secretos.
Pero esta noche, era su noche.
Su pulgar acarició el rosado pezón, y Bella jadeó cuando lo sintió endurecerse bajo ese contacto. Echó la cabeza hacia atrás y Edward la besó a lo largo del cuello hasta llegar a un seno, cerrando la boca sobre la punta rígida, Bella dejó escapar un leve gemido.
La pasión que la castaña sentía en esos momentos era indescriptible, estaba enamorada, obsesionada, lujuriosa, lo sabía.
A pesar de que su madre había hablado con ella sobre la sexualidad, explicando tal cual la escena, la castaña nunca imagino que hacer el amor fuera tan excitante, tan vibrante, tan caliente, tan hermoso.
Supo que ese día, finalmente él sería suyo, y ella seria de él.
Su amor.
Con sus piernas, Bella sujetó con más fuerza los muslos de él y lo oyó gemir cuando, reacio, levantó la cabeza. Percibió el acalorado pulso de la excitación de Edward contra la parte más sensible de su ser; sólo la tela de la ropa los separaba de la unión que tanto ansiaban. El suave golpeteo del agua a su alrededor no hacía nada para mitigar el ardiente deseo de ambos.
—Creo que no podré soportar mucho más, Bella — jadeó, y empezó a caminar hacia la playa. Se detuvo y deslizó las manos desde la cintura de ella hasta las caderas y con suavidad la dejó en el suelo, curvó las manos sobre su trasero y la estrechó contra sus muslos—. Si quieres detenerme, tendrá que ser ahora, Bella. Siente lo que me haces —le dijo Edward con voz ronca—
—A mí me sucede lo mismo —murmuró Bella, y era cierto.
La pequeña cueva donde los amantes estaban refugiados, no impedía que parte de la marea ingresara. El mar bañaba los pies de ambos, y Bella estaba desnuda excepto por la parte inferior del bikini azul que portaba, pero no se sentía avergonzada, todo lo que había sucedido los últimos días, cada contacto, los besos y las caricias, la habían llevado a ese momento. Sus ojos recorrieron con adoración el magnífico torso de Edward, la piel blanca bajo el sol, el vello de su pecho. Lo vio respirar agitadamente y supo que a ella le sucedía lo mismo.
Se estremeció cuando Edward levantó las manos y le cubrió los senos. Luego, la cogió en brazos y la llevó fuera de la cueva, si hacían esto, tendría que ser en el lugar correcto y Edward quería que la primera vez de Bella fuera especial, no en un lugar perdido en la playa. Llegaron hasta la cabaña que era de las chicas, Isabella tenía las mejillas rojas de la excitación, miraba el rostro pétreo de su novio, este con su cuerpo trataba de cubrir el torso desnudo de su novia. Bajo su mirada verde hacia su novia, negó con la cabeza, y tomando la playera que tenía en sus manos y apretaba con fuerza, se lo puso a la castaña, cubriendo ese magnífico cuerpo.
Edward tenia celos, no quería que nadie descubriera que su novia, tiene un cuerpo de infarto que estaba seguro hasta su hermana tendría celos.
—Dios, eres tan bella —murmuró, bajando su mirada hacia los labios rosados, cubrió su boca con un beso sofocante, apasionado.
Bella gimió entre el beso, la excitación que la pareja sufría debía ser sofocada. Edward rompió el beso, poso sus labios por última vez en la mejilla de su novia, tomándola por la cintura, la llevo a su costado, la apreso entre sus brazos y juntos subieron hasta la habitación que sería testigo de una gran pasión.
Me esperan los demonios,
Que deja tu olvido,
Que juega conmigo,
Ya sé que es cobarde pedirte en una canción,
Perdón,
-.-.-.-.-.-.
Bebía tranquilamente de su vaso, veía a su familia política platicar, reír, comer, jugar hasta pelear por cosas absurdas. Tranquilamente tomo el tenedor, pincho un pedazo de carne que previamente había cortado y se lo llevo a la boca.
No sentía sabor alguno, solo comía por comer, a su izquierda su marido platicaba con su cuñada, la cual le explicaba sobre el juego de futbol que horas antes había finalizado dejando al equipo contrincante como ganador.
Ella solo veía como su marido, comía tranquilamente reflejando unos modales que heredó de su madre, vestía una camisa verde, un color que resaltaba el tono de sus ojos y el rojo de su cabello.
Desvió la mirada hacia al frente, su otra cuñada amamantaba al pequeño sobrino de cabellos rubios y ojos azules.
Bebió de nueva cuenta el líquido rojo con sabor a vino, aunque ella solo sentía el correr del líquido pero no sentía al típico dulzor de la bebida.
Se limpió la boca con el pañuelo a su lado, se tomó un respiro, antes de pararse, tomar su copa de vino, unan cuchara y golpear entre ellos llamando la atención de su familia.
Al escuchar el suave tintineo de la cuchara tocar al cristal de la copa, todos miraron hacia ella, curiosidad emanaba de sus ojos. Todos, hasta su marido que al fin después de horas comiendo a su lado le prestaba la atención adecuada.
Se volteo hacia el mismo, que la veía expectante y curioso, su cabello cobrizo se revolvió ligeramente a causa de la ligera brisa, ella le sonrió cálidamente, cerró los ojos.
Por un breve momento se permitió el recordar esta misma situación, pero era ella quien veía a su novio expectante antes de soltar
"Cásate conmigo"
Ahora las vueltas de la vida, ella con dignidad de mujer, el saber que desde hace dos años aproximadamente su matrimonio caía en picada, tomo el valor suficiente para soltar
"Me Divorcio de ti"
-.-.-.-.-.-.-.
"Dime ¿Quién es ella?"
El cobrizo la miro sorprendido, aun tratando de asimilar sus palabras
"¿Cómo?"
"Dime quien es ella"—Demando de nueva cuenta la castaña viéndolo a los ojos, con la furia emanando de ellos—"Dime quien es esa mujer ¿la conozco?, ¿quién es la mujer por la que te desvives? ¿Quién es la que me ha robado tu amor, tus sonrisas, tus preocupaciones ¡¿QUIEN?!"
Edward vio a su mujer llorando exigiendo explicaciones, la miraba sorprendido y arrepentido.
La castaña se acerco a su marido, con los puños en alto golpeo su pecho exigiendo respuesta
"CONTESTAME, MISERABLE, COBARDE."
"Lo siento"—respondió el—"lo siento"
"VETE A UN MOTEL"
¿Qué?
"Que te vayas, esta noche tú no dormirás en mi casa"
"Pero, pero…"
La castaña no lo dejo terminar, entre su armario saco dos maletas listas. Con un poco de esfuerzo las empujó fuera de su habitación, ingreso viendo a su atónito marido, si más con las pocas fuerzas que tenía, lo expulsó de la misma.
Cerró la puerta poniéndole seguro, y se derrumbó en lágrimas deslizándose hacia el piso.-.-.-.-.-.-.
"Porque una mujer muy sabia me recordó que los pétalos blancos significan pureza e inocencia, pero también tiene un significado muy profundo: Quiero estar contigo y formar un futuro sólido, quiero ser feliz y amarte por toda la eternidad. Ese es su verdadero significado. Amor puro, feliz y para siempre"
Bella lo veía con lágrimas en los ojos, pero no era la única su marido aun entre sus brazos la veía de igual manera. Ambos sonrieron por las palabras antes dichas.
Delicadamente como un rosa blanca, Edward le hizo el amor. Demostrando por medio de acciones sus palabras.
De esa forma los fantasmas y preocupaciones de Bella se esfumaron.
Al día siguiente, aun desnudos, en brazos de su marido Bella no pudo evitar preguntar
"¿Cariño si fueras mujer que flor elegirías: rosas rojas o pétalos blancos?"
Edward sonrió divertido en una carcajada, apretujo más a su esposa, beso sus labios tiernamente y entre ellos respondió.
"En definitiva me gustan los pétalos blancos"
Salió de sus recuerdos, tenía las lágrimas rodando sus mejillas, mas unas horribles nauseas le persiguieron. Rápidamente salió hasta el baño, vomitando lo que no había desayunado
Perdón,
Si pudiera regresar el tiempo,
Esta vez no escondería lo que siento,
El silencio fue el engaño más violento,
Mi terrible experimento falló
"déjame, suéltame"—Le grito Bella en el estacionamiento.
"No"—respondió el.
"¿Que deseas saber Edward, quieres verme suplicar de rodillas tu perdón?"—se burló ella herida.
"Deja de fingir ser Rosalie, no eres ella"—Gruño Edward mientras abría la puerta del carro, Bella bufando con los brazos cruzados subió al automóvil. Ella no hizo el amago de limpiar las lágrimas que corrían por su rostro.
"Por lo menos Rosalie tiene los pantalones en su casa, Emmet no la engañaría ni con el pensamiento"— musito la castaña mientras veía en la ventana las calles.
Se alejaban del edifico para ir a su casa.
"No eres ella, nunca serás como Rosalie-"-el ojiverde tenía los manos apretando el volante con furia.
"Y tu tampoco eres Emmet"—refuto
"Días como estos, odio tu amistad con Rosalie, odio que ella te meta ideas a la cabeza, Días como estos la odio a ella"
Un gemido de sorpresa se escuchó en el coche. Bella veía con ojos desorbitados a su marido, el cual tenía su mirada centrada en la carretera.
"Maldito idiota, estúpido, pendejo de mierda… Eres un… por ella nosotros nos conocimos, por ella nosotros somos MARIDO Y MUJER"
El cobrizo no tuvo como refutar dichas palabras, solo se quedó en silencio con el ceño fruncido.
Después de unos instantes, él se estaciono frente a la casa de color melón, Bella bajo furiosa de al auto, Edward le siguió pisándole los talones.
Ellos ingresaron a la silenciosa casa cuando todo se llenó de gritos.
Pelearon hasta agotar su saliva, se hirieron si demostrar al otro cuanto sufrían. Ella se mareo levemente, pero adjudico dicho malestar por su falta de alimento. Dando por terminada esa discusión
"Te vi con ella"—gruño Bella
"¿Quién es ella?"—inquirió Edward
"Ella, tu maldita amante, dime su nombre, dime quien es ella y juro por los cielos que te dejo en paz"
El ojiverde, se fue directo a la cocina, tomo un vaso llenándolo de agua, bebiendo ese frio líquido.
"Maldito Cobarde"
Segundos después un portazo se escuchaba en la planta superior.
Suspiro Hastiado, lastimado por tanto dolor.
Pero con las pocas fuerzas a reunir grito: " ES MI CASA Y ME QUEDO EN ELLA"
Si te alejé de mí,
Si te fallé y me fui,
Fue porque mis mentiras me daban miedo,
Tú me creíste y yo me volví tan bueno,
Fingiendo,
Subió los escalones, tenía un ramo de rosas blancas en sus manos, el reloj marcaba las 2. Dentro de dos horas y media su esposa llegaría.
La recibiría con besos, la colmaría de atenciones. La adoraría, ella era la única. Ella era suya, y nada ni nadie, ni siquiera un papel le separaría de su mujer.
Hoy el pondría en marcha su plan
"Conquistando a mi Isabella"
Sonrió con ternura, desde este día se encargaría con toda su alma a conquistar a su alma gemela.
Edward vio su reloj, era ya tarde y Bella no bajaba a comer… su comportamiento era extraño, pero a pesar de lo que sucedió, suponiendo que ella se hubiese disgustado ella no evitaba la horas de la comida. Ya que según sus propias palabras hay que alimentarse sanamente tres veces. Ella por más molesta que estuviese no evitaba comer.
No era golosa, pero si cuidaba mucho su salud.
La preocupación asomo en sus rostro, subió los escalones a paso lento. Vio la puerta de habitación ligeramente abierta sin sonido alguno.
¿Qué estaría haciendo?
Abrió la puerta y una sonrisa enternecedora asomo entre sus labios, su mujer agotada dormía a pierna suelta ocupando toda la cama.
Decidió cerrar las cortinas evitando los rayos del sol impactaran en ella incomodándola. Se sentó a la orilla de la cama, admirando su bello rostro, dormía con una sonrisa en el rostro, apretando en su cuerpo una almohada, que supo era la suya.
Le dio un beso en la frente cuidando de no despertarla, mas entonces ella se removió, entre sus labios su nombre fue emitido
"Edward"—
Casi, estuvo a punto de emitir una carcajada de felicidad… más sabiendo que la despertaría se cayó y sonrió para sus adentros.
Se alejó de puntillas a la puerta, volteo a verla por última vez, sin embargo se percató que su bolso y todo el contenido dentro de ello estaban fuera. Aun en puntillas se acercó para acomodarlos, mas entonces le llamo la atención el sobre con el nombre de ella y el sello de un hospital.
¿Isabella estará enferma?
Sabiendo que sería mala idea ver dichos documentos, los guardo de nuevo…pero la curiosidad mato al gato.
Si Bella estaba enferma, el no dudaría en cuidarla siendo grave o no dicha enfermedad.
Razón de más para evitar el divorcio.
Saco con sigilo los documentos del sobre, mas entonces al leer dichos documentos la boca y los ojos se le abrieron de lleno por la sorpresa.
Miro hacia su esposa, para luego volver a ver los papeles que se centraban en una sola palabra
Positivo
Acción que repitió miles de veces hasta que no pudo despegar su mirada de los documentos.
BELLA ESTABA EMBARAZADA. No espero amor ni odio,
Ya tengo bastante con mi dolor,
Maldigo el episodio,
Lo peor es que fui yo quien lo escribió,
—Eres mía, Isabella. Solo mía—Al momento de decir esas suaves palabras, Bella no pudo evitar gimotear, delicadamente Edward ingreso en ella, aun preso de la excitación, se preocupaba por ella. Los movimientos oscilatorios, dentro de ella era un paso más para alcanzar las estrellas.
Estaba en el cielo mismo.
El cuerpo de ambos se acoplaba y se amoldaban. Los gemido y gruñidos aumentaban a cada momento, cada embiste por parte de Edward, cada beso, cada susurro, era sinónimos del amor que Edward y Bella sentían por el otro. El momento culminante llego, era magnifico poder tocar las estrellas.
El reloj marcaba las 10 am, el sonido del teléfono despertó a la pareja del momento compartido. Edward aun enterrado en ella, sus labios apremiados de necesidad por los besos de su mujer, emitió un gruñido al escuchar ese sonido insistente.
—No—susurro con la voz ronca, al sentir como su esposa se removía entre su cuerpo—deja que la contestadora funcione.
La apreso entre sus brazos, besándola con suavidad, sin salirse de su cuerpo.
"Eddy, Amor mío"
La pareja se tensó al escuchar esa grabación, Bella que aún no bajaba de las estrellas, tuvo una caída fuerte al escuchar esa voz chillona de mujer
"Deseo que estés aquí conmigo, en mi cama cariño. Te extraño en las noches, te deseo en la mañana."
"Ven Eddy, ven conmigo."
"Ven Eddy , tu linda nena te espera impaciente"
El pitido que le siguió al terminar dicha grabación, fue lo único que se escuchaba en la casa.
Bella, presa de los remordimientos, por caer tan bajo, se removió entre los fuertes brazos de Edward.
Este no la dejo ir.
—Bella—el ojiverde estaba desesperado, no sabía quién era esa mujer.
Acuno el rostro de la castaña, la cual lloraba, alterada se removía entre los brazos de Edward
—Aléjate de Mí—grito iracunda, con la tristeza recorriendo su lindo rostro, la palidez entre en su piel, las náuseas acumuladas.
El momento de felicidad fue tan efímero que se difumino con la pesadilla de esa grabación.
—Bella por favor Mírame, escucha…Isabella no sé quién es ella… ¡Mírame maldita sea!—Bella le empujo, las náuseas aumentaban.
—Déjame
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Solo.
Así se sentía en estos momentos, solo, triste. Las últimas 2 semanas después de lo acontecido con Isabella, después de hacer el amor en la encimera de la cocina, suspirar porque al fin la podía tener en sus brazos.
Todo se fue al caño, por esa maldita grabación de voz.
Cuando al fin había alcanzado la felicidad de nueva cuenta, cuando creía que todo estaría en su lugar.
Suspiró
Un suspiro triste y acongojado.
Se levantó del escritorio donde se encontraba leyendo los documentos del investigador privado que contrató, con tal de saber quién era esa misteriosa mujer que atormentaba a Bella.
Esas semanas habían sido agobiantes tanto para él, como para su bella esposa.
Dio un golpe con el puño al escritorio de cedro, lastimándose los nudillos en el acto. Recordó como después de despertar entre los brazos de su mujer esta se alejó como si fuera un bicho asqueroso.
Su rostro lleno de tristeza, de asco y odio, no se le olvidaría nunca a Edward Cullen. El prestigioso Empresario, siendo derrumbado por su esposa. Se acercó hasta el mini bar donde las bebidas embriagantes le llamaban, sirviéndose una copa de Whisky lo bebió con premura, con ansias de aliviar su roto corazón, quemándole la garganta, ahogando el grito de sufrimiento.
.-.-.-.-.-.
Bella cumplía ya los 4 meses de embarazo, donde los peores síntomas habían pasado dando lugar a los mejores según Edward, pues estaba el hecho de que su pequeña Isabella siempre estaba cachonda y sus antojos no eran tan extravagantes como se temía.
Claro que había escuchado los consejos de sus primos con respecto a los embarazos, asustándolo por completo al escuchar que sus cuñadas comían cosas extrañas estando embarazadas de sus sobrinos.
Bella se levantó de la cama, se fue hacia el baño. Edward al sentir que el cálido cuerpo de su esposa no estaba a su lado se despertó ligeramente sobresaltado, pero al escuchar el agua del lavamanos sonar, supo que su esposa solo fue a hacer sus necesidades.
Mas el grito de terror de Bella le sobresalto. Inmediatamente se levantó de la cama ignorando el frio del suelo, y que el aire de las ventanas ingresaba erizando su piel.
Al entrar al baño se topó con una imagen terrorífica, Bella estaba parada en medio del baño, sus piernas tenían sangre, su piel blanca se volvió tan pálido como el papel y sus lágrimas bañaban su rostro.
Él estaba petrificado, pero reacciono, sin importar si se manchaba, tomo a su asustada esposa en brazos y con prisa se dirigió al hospital más cercano.
Las horas que siguieron desde que el doctor le detuviera para que no ingresara al quirófano, fueron las peores horas de su vida.
Tuvo que firmar infinitas cantidades de papeles, para asegurar la supervivencia de su hijo y de su esposa.
Hablo a su familia, que en señal de apoyo con el reloj marcando las 5 am, todos en tropel llegaron, sus mejores amigos le daban consuelo y ánimo. Su madre lloraba, su padre abrazaba a su madre consolándola, sus primos medio dormidos le daban palmadas de apoyo.
Todo esto fue algo de lo que estaría agradecido.
Mas las siguientes noticias que les dio el Doctor en turno fueron las peores para Edward y lógicamente catastróficas para Isabella.
Edward lloro desconsoladamente ese día, frente a su familia, frente a sus amigos. Pues no quería llorar frente a Bella, quería ser fuerte por ella.
Él volteo a mirar a su esposa, la cual aún tenía esa mirada desolada.
Acercando cautelosamente, se arrodillo frente a ella.
—Bella…Amor mío, lo siento.
Bella le miro a los ojos, opacos y vacíos.
Él la abrazo con toda su fuerza, ella sollozó en sus brazos.
Con delicadeza limpio sus lágrimas, con delicadeza alzo su mentón, fue allí mismo donde sentía el amor hacia su esposa de nuevo, quería verla recuperar ese brillo, quería hacer lo que años atrás después del aborto pudo hacer.
Verla brillar.
Verla Reír.
Verla amar.
Sus labios se unieron en un beso lleno de ternura, con suavidad recorría los mismos, sintiendo su dulce sabor, dejando que estos dijeran lo que las palabras no podían.
Te amo.
.-.-.-.-.-.-.
Me esperan los demonios,
Que deja tu olvido,
Que juega conmigo,
Ya sé que es cobarde pedirte en una canción,
Perdón,
Perdón.
No supo cómo llegaron a su dormitorio. Él la bajó despacio. Con la tenue luz que se filtraba desde el pasillo, Bella reconoció su habitación y la gran cama. Su mirada buscó la de él en la penumbra, y se quedó cautivada por la intensidad de los ojos verdes de su marido, las lágrimas habían dejado de recorrer sus bellos ojos. Ella desvió la mirada, pero los dedos de él tocaron su mejilla como si fuera la más frágil porcelana
—Bella—
Ella negó con la cabeza, No… no tenía que hacer esto, no tenía por qué regresar a un pasado triste
—Bella—la voz de él era agónico, triste, sonaba a un lobo herido, un hombre herido—Bella, amor, lo siento…
El nudo en la garganta de la castaña hizo que todas sus fuerzas se vieran quebradas como un cristal al chocar en el suelo. Agrietándose su corazón, lágrimas de dolor recorrieron sus mejillas.
—¡Bella no! —El susurro de Edward fue lo único que el cerebro de Bella escucho. Ella estaba harta de tanto dolor y sufrimiento.
—"¿Porque?"—Se preguntaba—porque ella de entre todas las personas tenía que sufrir.
Los brazos de su marido la apresaron, sus miradas se encontraron, ambos llorando, ambos encontrándose con el vacío que era sus almas.
—Edward—Dijo Bella en un suspiro—mi Edward.
—Solo te puedo pedir perdón ahora Bella, solo puedo ofrecer mi corazón en bandeja de plata, tu puedes hacer lo que quieras con él, pero por favor no me dejes, no me alejes de ti. No, te lo ruego.
La voz quebrada de Edward penetraba en los oídos de la castaña, quien se alejó. Él siempre tuvo su corazón, pero lo pisoteo como si fuera basura. Ahora ella no sabía que hacer.
—Bella—El ruego de Edward era tan grande, Bella sentía su corazón latir desaforado.
—¿Quien fue ella?—Interrogo la castaña—¿Por qué dejaste que entrara en nuestra familia? ¿Por qué me lastimaste? ¿Por qué?
Edward se alejó, trastrabillo como si hubiese sido golpeado. El vio el vacío en los ojos cristalinos de su esposa. La luz de la luna alumbraba a la castaña, el perfil de las sombras le mostro el vientre en donde crecía su bebe. Él quería tocarlo, deseaba tocarlo. Pero tenía miedo
—¿Por qué no dices nada? ¿Por qué siempre callas?—Exigió su esposa, su voz quebrada al realizar la pregunta, su nariz roja por las lágrimas.
Edward agacho la mirada, tenía que decir la verdad, una verdad tan simple que terminó siendo una mentira a los ojos de los demás.
—Yo te amo Edward…Lo hago aun cuando tu no lo haces…Te amo que duele tanto, tanto. Tengo miedo que mi corazón no lata más por ti. Por favor Edward, aléjate de mí. Déjame ir.
Edward sentía las lágrimas saladas cubrir su mejilla, su corazón se quebró al escuchar ese ruego doloroso de su esposa.
—Déjame ir
Grito…Grito lleno de rabia, de dolor, de frustración, Grito por ser un cobarde, por permitir que las sombras de la oscuridad empañaran su burbuja de felicidad, Grito por que el amor que nunca se terminaría, aun cuando el infierno se congele, se acababa en un par de horas.
Bella se abrazó a sí misma, el llanto, el sufrimiento que ella emitía, era el mismo que el Cobrizo.
Ella quien entrego todo a su matrimonio, a su familia de dos, ella que desde que era una niña amo a ese muchacho, quien una noche llena de estrellas, le juro amarla aunque fuera una anciana, el mismo quien sufría arrodillado delante de ella, el mismo que desgarraba su garganta al gritar. Un grito de dolor, de frustración.
Ella sintió a su bebe moverse, jadeo llena de sorpresa, las lágrimas cesaron. Toco su vientre, este se encontraba duro, pero al instante volvió a sentirlo. El bebé pateaba su vientre de escasos meses, el bebé se manifestaba, reclamando su lugar, siendo el tercero en discordia, el único que podía unir a sus padres.
—Por favor bebé—. Susurro Isabella a su vientre—por favor dime que puedo hacer—
El bebé, aun estando en el vientre materno, ese bebé que llego en un momento inesperado le dio la respuesta a Bella, Edward lloraba abrazado a sí mismo, no la veía a ella. Bella volvió a tocar su vientre. Miro hacia su marido.
Llego hasta él, se agacho aun con la mano en su vientre.
—Lo siento—Susurró
Edward alzo rápidamente su mirada esmeralda, vio a su bella esposa con una sonrisa en los labios, la luz de la luna la mostraba como un ángel caído del cielo.
El bebé en el vientre se agito, Bella sonrió más ampliamente, tomo la mano de su marido que aún conservaba la alianza de matrimonio, posándolo en su vientre.
Edward abrió los ojos con sorpresa, miro hacia el vientre de su mujer, luego alzando la vista lo poso hacia su esposa, quien sonrió como respuesta.
—Perdóname— dijo el
—Perdóname— respondió ella.
Perdón.
Gracias por leer
PD: ¿Alguien tendría sugerencias para crear concretamente el siguiente capítulo?
