1 de Mayo de 2013
No… no puedo ni escribir cómo me sentí…
Los días pasaron y no volví a ver a esa chica de traje blanco. No me extrañó en absoluto.
Cada día después de trabajar, ensayar con la banda y estar un rato con Paula, iba a visitarla. La verdad es que nos lo pasamos muy bien, sobre todo el primer día.
El moreno dejó de abrazarla y se sentó en el bordillo de la cama, observando a la "fantasma"
Ésta no dejaba de soltar su mano, la tocaba y la entrelazaba con sus dedos.
- ¿Qué te ocurre con mi mano?- Preguntó el moreno embelesado, mirando a la chica. Era muy diferente a cuando era fantasma. Tenía brillo en los ojos, la piel era más clara pero no por ello dejaba de ser tersa.
- Por fin te puedo tocar como es debido.- Sonrió débilmente acorde a su estado.- Gracias Murdoc por venir…
Murdoc torció la boca.
- Fue Paula quien me guió hasta aquí… sin ella yo no te habría encontrado.
La chica abrió más los ojos.
- ¿En serio?- Dijo emocionada.- Dile que muchas gracias, y espero que algún día me visite.
El moreno asintió. Con una mano, dudoso, se acercó a la cara de ella y con cuidado le apartó el pelo de las mejillas que se habían quedado pegadas por culpa de la humedad de las lágrimas.
- Murdoc… ¿Te puedo pedir un favor?- Añadió tomando la misma mano que le había apartado el cabello. La acercó más a su mejilla.
- Lo que quieras.- Contestó el moreno.
- Yo… yo quiero salir afuera, aunque fuera un minuto.
No sabía si eso estaba permitido para pacientes graves. Murdoc frunció el entrecejo con pena y con el dedo pulgar acarició el cachete de ella.
- No sé si se puede…
- Por favor…- Suplicó.- Solo quiero sentir el aire en la cara…
Murdoc apartó la mano de su mejilla y se levantó de la cama.
- Ahora vuelvo, voy a preguntar.
La chica asintió. El moreno salió del cuarto y se dirigió a una pequeña recepción que había en la planta. Allí estaba la misma enfermera con la que habló antes.
- Hola señora.- Saludó.
La mujer le miró con una sonrisa.
- ¡Hola! ¿Qué tal ve a su hermana?- Preguntó.
- Genial… oiga, sólo quisiera saber si ella puede salir por un rato a la calle.- La doctora frunció la boca.- Sólo por un minuto. Se lo agradecería mucho.
- Escuche, es que estar tanto tiempo en cama, sin ejercitarse apenas… y encima en su estado.
El moreno sintió la urgencia de fumar un cigarrillo.
- Le vendría bien aire fresco.
Intentó persuadir a la doctora.
- Bueno… veamos primero qué tal está. Vamos.- Salió de detrás del mostrados y ambos entraron en la habitación de la chica, que, para su asombro, se había incorporado de tronco hacia arriba.
- Hola.- La doctora la saludó.- ¿Qué tal te encuentras? Te tomamos algunas muestras antes, todavía no han sido analizadas.
- Ah… no me di cuenta.- Habló.
- Estabas un poco en estado de shock; pero ya veo que estás bien.- Sonrió.- Tu hermano me dijo que querías salir a tomar el aire.
- ¿Mi herman…?- La chica vio a Murdoc hacer movimientos extraños por detrás de la doctora.- ¡Aaah! Sí sí, quiero salir y ver por un momento la claridad…
- Me parece buena idea.- Argumentó la mujer.- Pero debido a que has estado muchos meses en cama, tendrás que ir en silla de ruedas.
- ¿Qué? Yo… no… me da mucha vergüenza…
- Tiene que ser así, además.- La doctora señaló el gotero que conectaba por el brazo de la chica.- Tienes que llevar el suero hasta que se termine.
El moreno intervino, teniendo una idea.
- ¿Qué tal si la llevo yo en la espalda?
La chica miró esperanzada al moreno, la doctora con contrariedad.
- Eso es peligroso. Además, no creo que ella se agarrase bien…
- ¡Sí, sí, lo haré! Llévame Murdoc.- Ella se posicionó mejor en la cama y en un movimiento rápido tomó el gotero por el gancho que llevaba, con cuidado de que no se derramase.
El moreno se agachó y ella se agarró a su cuello con mucha destreza; la doctora no le dio tiempo a frenarlos.
- ¡O-oigan…!
Para cuando se quejó ya estaban fuera de la habitación.
- ¿Has visto la cara que se le ha quedado a la doctora?- Comenzó a reír Murdoc con parsimonia.
- Creo que no deberíamos de haberlo hecho.- La chica se agarró más a la espalda de Murdoc.- La hemos dejado con la palabra en la boca.
El moreno notó que no era muy pesada. Es más, la tenía más bien agarrada por el trasero, y no tenía tantas cachas como había visto cuando era fantasma. Tampoco notaba que tuviese demasiado pecho sobre su espalda.
La gente del hospital los miraban como si fueran monos. La chica escondió su cara en el cuello de Murdoc con vergüenza mientras que él sonreía, mostrando todos los dientes.
- Atenta, que salimos afuera.- Advirtió el moreno.
Ella levantó rápidamente la cara, mirando hacia la puerta del hospital. A estas horas estaba más bullicioso que cuando entró Murdoc por la mañana, y éste tenía más cuidado de que la chica no se cayera de su espalda.
Simplemente ella temblaba de la emoción, cosa que el moreno notó.
- Murdoc… sal ya… quiero notar todo…
El moreno se paró en la puerta de cristal.
- ¿Segura?
Ella asintió muy rápido y muchas veces.
Murdoc atravesó la primera puerta de cristal, y luego la segunda, dando completamente al mundo exterior.
El corazón de la chica latía con fuerza en su pecho.
La primera brisa apareció, dándole de lleno en la cara. Haciendo que el vello se le pusiera de punta. Inspiró tan hondo que incluso se hizo daño en las fosas nasales.
Los rayos de sol acariciaban sus brazos. Quiso más así que alzó una mano, intentando alcanzar más de lo que pudiera sentir.
Sin ninguna opresión más, rompió a llorar y en carcajadas. Escondiéndose en el cuello de Murdoc, agarrándose fuertemente a él, quien, quizás, sentía lo mismo que ella.
- Gracias, Murdoc…
Y ahí fue cuando el moreno sintió que su corazón podía salírsele del pecho.
