Hola a todos, me disculpo por haberme demorado tanto en actualizar. La semana pasada estuve muy ocupada con mis prácticas profesionales y se demoró la corrección de este capi. A mi gusto le falta emoción y misterio, pero era necesario para la continuación (lo entenderán al llegar a la última línea del relato).
Agradezco a MaryJu-chan, Zafir09, Phantom Claire y Gabitha por sus hermosos comentarios. Ya les respondí por privado, salvo a Gabitha (normalmente actualizo una vez por semana, la anterior no pude por lo que ya conté, me alegra muchísimo que te guste esta historia). También agradezco a los más de 3100 que leyeron hasta este momento, y a todos los que están pendientes de que actualice. Es super importante para mí su apoyo, también sus críticas y sus consejos, ya que no lucro con esta historia y bueno, es algo así como "el pan de cada día"...
En fin, espero que la entrega de hoy esté a la altura de sus expectativas. Nos leemos!
Aclaración: Bleach ni sus personajes son mios, sino del gran maestro Tite Kubo.
Anteriormente en Lazos…
- Rukia, tengo algo importante que decirte – dijo Ichigo, completamente decidido. No había media gota de vacilaciones en sus palabras o en su abrazo. Ella giró apenas su cabeza, pero no podía verlo. Sus mejillas se rozaban levemente.
- ¿Sí? – no se animó a preguntar más, ya sabía lo que podría pasar.
Ichigo soltó el aire que tenía dentro de sus pulmones, cerró los ojos y apretando el abrazo gritó en su oído.
- ¡Te amo enana!
- I… Ichigo… Yo… Arigatou, Ichigo. Yo… Yo también te amo. – se sintió completamente liviana luego de decirlo, la otra parte de su alma estaba completamente en lo cierto.
Lazos
Capítulo 12: Junto a tí
Dándose cuenta de la situación, y de lo incómodos que se sentirían si el patriarca de los Kurosaki los viera tan cerca, se soltaron y se sentaron uno al lado del otro sobre la piedra, frente a lo que quedaba de una pequeña fogata que sus hermanas y su padre habían armado hacía unas dos o tres horas atrás.
La noche había caído completamente, y se podían ver en el cielo más estrellas que en Karakura. A pesar de que no vivían en una ciudad grande o llena de luces, la pobre iluminación de la zona era suficiente para que no se pudieran apreciar desde allí todas las estrellas.
Las miradas de Ichigo y Rukia se encontraban perdidas en la inmensidad del cielo, y poco a poco sus manos se fueron acercando hasta sostenerse cálida y firmemente. Habían finalmente perdido la noción del tiempo.
- ¡Ichi-nii, Rukia-chan! – gritaron las gemelas al unísono mientras corrían saludando con sus manos entre los árboles. Habían dejado atrás a su padre. Quizás la energía se transmitía de generación en generación.
- Oe, Yuzu, ¿necesitas que te de una mano con la cena? – Ichigo no solía hacer este tipo de ofrecimientos ya que no era del todo bueno en la cocina, pero en vistas de que estaban acampando, podía intentar algo nuevo. – A propósito… ¿qué crees que vas a poder cocinar? – dijo viendo a su alrededor, que no había más que un arroyo.
- Ichi-nii, no debes preocuparte por ello. Papá ha pescado toda la tarde mientras nosotras nos divertíamos en el agua. – dijo Karin.
A unos pocos metros, estaba Isshin completamente cansado y rojo como un camarón, sosteniendo una cubeta con pescados limpios y listos para preparar. Evidentemente había estado pescando a pleno rayo del sol, y los efectos de las quemaduras no eran retardados.
La cena de esa noche era pescado asado, acompañado por unos deliciosos vegetales cortesía del supermercado de Karakura. Comían felices y entre risas sentados en el césped frente a una fogata.
- Sode, arigato… - pensaba mientras los veía disfrutar el momento. – Estás en lo cierto, probablemente no quiera irme de aquí jamás…
La cena se había terminado y sólo quedaban unas pocas brasas de lo que había sido la pequeña fogata de los Kurosaki. Isshin fue el primero en meterse a su tienda, las quemaduras del sol le habían afectado bastante. Luego Yuzu y Karin se fueron con él, había sido un día muy divertido y agotador para las niñas.
Los únicos que quedaban eran Rukia e Ichigo, que seguían sin poder asimilar lo que había sucedido entre ellos, a pesar de lo que sentían y que conocían lo que sentía el otro.
- Rukia… deberíamos entrar ya – dijo Ichigo mientras le ponía su campera en los hombros a Rukia. Había refrescado y sentía un poco de frio aunque no lo dijera e intentara disimularlo.
- Arigatou. Sí, será lo mejor.
No pudo decir mucho más porque el aroma de su perfume había invadido todos sus sentidos… Sumida en ese estado de placer, abrió el cierre de la tienda y se agachó hasta estar dentro. Ichigo la siguió y se acostaron frente a frente sobre sus bolsas de dormir.
- Rukia – dijo un Ichigo nervioso, que miraba para otro lado y se rascaba la cabeza para disminuir la tensión. – No tienes que irte a la Sociedad de Almas… Quiero que te quedes con nosotros. Pelearé con quien sea, con tu Nii-sama, con tu estúpido clan o con la maldita cámara completa de los treinta y uno…
Rukia se echó a reír.
- Son cuarenta y seis, baka. Y te agradezco por todo, yo… Yo también quiero quedarme.
Mientras tanto, en su mundo interno, Sode la felicitaba con una enorme sonrisa.
La mañana había llegado. El sol y su calor, comenzaban a dificultar el sueño, por lo que poco a poco los acampantes fueron despabilándose.
- ¡Ouch! – lo primero que se escuchó esa mañana, fue un fuerte grito de Rukia.
- ¡Oh, mi querida tercera hija, por favor discúlpame por pisarte, no era mi intención! – Isshin estaba completamente arrepentido, quizás por demás, de rodillas frente a la morena.
- No se preocupe, Isshin-san, no me ha ocurrido nada – dijo mientras se masajeaba el tobillo, intentando que el shinigami mayor no se percatara de la molestia en su gigai.
- ¡Puedo servirte el resto de mi vida para que me perdones!
- Etto… creo que no será necesario, con que me revise el gigai cuando lleguemos a Karakura estará bien – dijo mientras caía una gota estilo animé por detrás de su cabeza.
Al lado de Rukia, comenzaba a salir una cabeza con cabellos naranjas debajo de una montaña de bolsas de dormir.
- Viejo ya basta, aquí hay gente que quiere seguir durmiendo…
- Pero Ichigo, he venido a anunciarles a ti y a tu novia que tu bellísima hermana Yuzu ha preparado el desayuno para todos.
- ¡¿De dónde has sacado eso de que ella es mi novia?! – dijo completamente molesto por la típica impertinencia de su padre.
- Ejem – sonrió mientras los observaba detenidamente. – Desde que están los dos en el mismo saco de dormir… ¡Oh, gracias Masaki! ¡Tantos años pidiéndote que pronto nuestro hijo nos de unos hermosos nietos y mira, ya se ha hecho todo un hombre!
Como era de esperarse, recibió un golpe en la cara que lo knockeó. Rukia miró a Ichigo con cara de querer reprocharle lo que hizo, pero de cierto modo ella tampoco lo soportaría, así que no hay bien que por mal no venga.
- ¿Esa es manera de tratar a tu padre, Ichigo? – dijo Rukia en su tonada burlona de novela de antaño.
- Oe, a ti también te estaba molestando.
- Bueno, sí, pero igualmente no – Ichigo cerró la distancia existente entre ambos con un beso profundo. - Ichigo… - dijo como pudo. – Vamos, tus hermanas…
- ¿Y qué si no quiero? – en esa oportunidad, la voz de Ichigo sonó mucho más masculina y seductora que las otras veces, aunque sus frases no dejaban de ser pobres en cuanto a contenido. Aunque a ella mucho no le importaba, no necesitaba alguien que sepa usar las palabras, sólo quería estar con quien la hiciera verdaderamente feliz.
- Vamos con tus hermanas o te golpeo la cara – dijo Rukia mientras lo tiró de espaldas al suelo de la tienda, pero sin cortar el beso.
- Ichi-nii, Rukia-chan, ¿vienen? – Karin se encontraba bastante impaciente.
- ¡Un minuto, ahora salimos! – gritó un feliz Ichigo.
Se vistieron ambos dentro de la carpa, y aunque ganas no les faltaban, evitaron mirarse durante ese acto.
En esas colinas, había un lugar especial para Isshin Kurosaki. Había ido incontables veces a esa ladera de la colina, una que casi nadie visitaba, y donde la sombra de los sauces contrastaba con el brillante sol característico de los días de verano.
Se veía en su mirada que anhelaba profundamente ir a ese lugar. Hasta podrían pensar que una parte de él se había quedado en esa colina.
- ¡Mira, mi amada Masaki! ¡He vuelto al lugar donde hemos concebido a nuestro terco y maravilloso hijo mayor, y es ahora su primer nidito de amor! – gritó a los cuatro vientos, luego de haberse alejado del resto de la familia.
Los presentes no podían dar crédito a lo que oían, sinceramente querían no haber oído esa declaración nunca. No es algo que a los hijos nos guste saber.
- Te mataré, AAAAAAAAAA – un grito lleno de furia del chico de los cabellos naranjas se oyó irrumpiendo por segunda vez la paz del lugar. Rukia lo agarró fuertemente de la manga de su campera, esbozando una risa poco sonora pero llena de ternura.
- Tu padre sí que es raro…
- Y quiero que sepas que aún recuerdo cómo creamos a nuestro pequeño Ichigo… – se oía a Isshin hablar con una foto de Masaki.
- ¿¡Tú crees que yo quería saber eso, viejo degenerado!? – Yuzu y Karin lo veían con una gota detrás de su cabeza.
- ¡Si me dan nietos no me ofendo! – y antes de que Ichigo dijera algo, Isshin se había echado a correr en dirección al lago, sabía que no saldría impune luego de haber dicho eso.
- ¡Vuelve aquí, destruiré tu gigai!
Y los dos hombres de la familia Kurosaki se perdieron a lo lejos, sumidos en su pelea. Las tres chicas se sentaron frente a la laguna sin entender mucho a esperar que pase el tiempo y que regresen sin daños mayores.
- Rukia-chan, ¿es cierto que estás embarazada? – preguntó inocentemente Yuzu. Karin la golpeó con delicadeza por la espalda, a modo de reproche poco doloroso.
- Emmm, no. – atinó a decir Rukia, quien se había puesto completamente colorada por la pregunta. Ella sabía bien cómo era el procedimiento para tener bebés en la sociedad de almas, y suponía que en el mundo humano sería igual. Jamás olvidaría aquel día en que su Nii-sama le dio LA CHARLA. Vaya a saber de qué shoujo sacará esas ideas la ahora no tan pequeña Yuzu…
- Oe, Ichi-nii y papá se están tardando mucho, ¿no creen que será lo mejor empacar y bajar las cosas al auto?
Y así las tres terminaron por alistar todo lo que habían llevado para su campamento. Bajaron de las colinas por el mismo camino que habían recorrido al llegar.
En la base, no estaban Isshin ni Ichigo, por lo que se sentaron dentro del auto a esperar que llegaran. Recién un par de horas luego pudieron ver al mayor de los Kurosaki completamente arañado, con moretones y la ropa sucia y con hojas; y por detrás, un Ichigo furioso.
Fingiendo estar aterrado de su hijo, se subió al auto con la cabeza gacha y manejó de vuelta a Karakura.
Unos días después…
La vida en Karakura era muy tranquila. Por las noches los hollows habían estado particularmente molestos, así que se veían obligados a hacer guardias cada cuatro horas, dando tiempo al otro de tomar una siesta durante ese lapso, para luego volver a la tarea.
Esa noche, por suerte no había habido grandes sobresaltos, y Rukia e Ichigo se encontraban en la habitación a punto de dormir. Desde que habían dormido en la tienda esa noche en que acamparon, no habían vuelto a estar tan cerca ya que los huecos no lo permitían.
- Ichigo – dijo Rukia desde el armario, donde estaba recostada en su pequeño futón.
- Oe, es demasiado tarde, necesito descansar. Malditos hollows que no nos han dado tregua estos días… - El silencio que quedó luego de esas palabras fue interrumpido por una impaciente shinigami.
- Ichigo.
- ¿Qué ocurre enana? – normalmente se quedaba dormida muy rápido, pero notó que algo la preocupaba. Sus manos estaban un poco transpiradas.
- Puedo… ¿Puedo dormir contigo esta noche? Como en la tienda…
Ichigo se sorprendió, no esperaba que la morena continuara pensando en él de esa manera. Es más, pensó que sería lo mejor dejarla libre, para que pudiera hacer frente a sus obligaciones como noble, aunque no le gustara nada.
- C… Claro, ven. – y se corrió hacia la ventana, abriendo las sábanas para que pudiera recostarse junto a él.
El rojo invadía las mejillas de ambos. Ichigo la tapó con dulzura, y poco a poco la abrazó por la espalda hasta rodearla por completo.
- Duérmete, te protegeré de quien sea… - dijo Ichigo entre dormido.
Ella oyó entre sueños esa declaración, y sin que nadie lo viera (y sin darse cuenta) sonrió.
Unas horas después, el sol obligaba a los residentes de la ciudad de Karakura a despertarse. En la habitación con el número quince de la casa de los Kurosaki, unos jóvenes aún continuaban abrazados, en la misma posición que la noche anterior. La morena ya había entreabierto sus ojos violáceos, y esa mañana, mostraban un brillo muy particular. Era la primera vez que dormía junto a alguien, que dormía junto al chico que esperó durante dos vidas…
- ¿Es por eso que todos dicen que soy pequeña? – pensaba Rukia mientras ponía la palma de su mano sobre la de Ichigo. Esos minutos que él tardó el despertar luego de que ella lo hiciera, los aprovechó para hacer todo tipo de comparaciones entre su cuerpo y el de ella, y también para contemplar cada milímetro de su cuerpo.
- ¡Ya sé que estás ahí, viejo! – gritó el de los cabellos naranjas. Se sentía el reiatsu de Isshin, muy leve ya que lo escondía, pero no pasó desapercibido a sus sentidos ni al de la morena, a pesar de que no decía nada.
Isshin abrió la puerta y corrió en dirección a "sus dos hijos" para darles un "cariñoso" abrazo de buen día… En realidad el abrazo fue solo para Rukia, Ichigo recibió después de todo su saludo de siempre y, como siempre, terminó en una golpiza matutina.
Por detrás de la puerta, que se encontraba entreabierta, Yuzu los llamó con algo de vergüenza. Hacía rato estaban ellas y Karin esperándolos a desayunar ya que irían junto a unas amigas del instituto a una pileta municipal para pasar el día con menos calor y un tanto más de diversión.
- Baka, ¿cuándo piensas dejar de hacerte el vago y comenzar a trabajar? – una vez solos en la habitación, preguntó Rukia, buscando exasperarlo.
- Oe, enana, te recuerdo que si no voy a trabajar es porque mentiste a mi jefa.
- No soy ninguna enana, cabello raro.
El pelinaranja gruñó y se abalanzó sobre ella para ahorcarla, mitad de manera cariñosa, mitad porque no conocía hasta el momento otra manera de liberar tensión. Se quedaron un rato largo forcejeando y aplicándose llaves de judo entre risas, miradas y por qué no un poco de rencor por las palabras que se habían dirigido hacía unos momentos…
- Quiero… quiero pedirle a Nii-sama quedarme aquí…
